Desde el terremoto de 1861, la plaza Pedro del Castillo y con ella la Ciudad Vieja habían sido abandonas por los agentes del campo político, situación que se mantuvo casi setenta años. El espacio de la plaza pasó de ser un vacío urbano a utilizarse como corral de los animales que llevaban al matadero, instalado frente a él. El interés por recuperarlo como paseo apareció en 1929, cuando al poco tiempo de estar en ejercicio la intervención de Carlos Borzani en la provincia, venció la cesión que el Gobierno municipal había hecho a la Liga Mendocina de Foot-ball (sic) de la plaza Pedro del Castillo por cinco años, para que se desarrollaran en esta los partidos de dicha federación Quien cumplía las veces de comisionado municipal, Carmelo Puciarelli, decidió comenzar con la rehabilitación y el embellecimiento de la histórica plaza, encargando la obra al entonces director de Obras Públicas de la comuna, Arq. Alfredo Nenciolini. Simultáneamente y para obtener una recopilación de los datos históricos de la plaza, a fin de establecer la forma correcta en que deberían efectuarse los trabajos, se nombró una comisión ad-honorem integrada por Lucio Funes, Manuel Lugones, Carlos Puebla y el vicario Juan Peralta. Se completaba así, con agentes provenientes de los campos intelectual y religioso, el grupo que daría «respaldo histórico» a la intervención proyectada. Todos fueron seleccionados por el campo político de acuerdo a su capital simbólico y claro, el pertenecer a la Junta de Estudios Históricos, entidad que agrupaba intelectuales adherentes a la ideología nacionalista pronta a asumir el mando nacional; pero sobre todo debe haber prevalecido en la elección la capacidad de estos agentes de poder seleccionar el mejor argumento para honrar al fundador de Mendoza, figura elegida para recuperar una parte del pasado cuyano tanto tiempo olvidado. La Revolución de 1930 precipitó la resolución de las obras relacionadas a la plaza y se proyectó en ella una rápida transformación que consistió en la colocación de botijones seculares para darle un «sabor colonial» a los diversos sectores del paseo (aparentemente la elección de los botijones provino del campo político ya que estos no estaban contemplados en el proyecto publicado de Nenciolini). El nuevo intendente municipal uriburista Cecilio López Buchardo, espíritu nutrido de vasta cultura histórica y artística, dice la editorial de LQS, comprobando la magnitud y belleza patriótica de iniciativa, prometió brindar apoyo a las relegadas obras, secundando las gestiones de la Junta Ejecutiva de Homenaje a Pedro del Castillo, rama desprendida de la Liga Solidaria Argentina para tributar «justicia póstuma» al fundador de Mendoza. (Del Libro Plaza Fundacionales de Mendoza. Cecilia Raffa)
Bienvenidos al sitio con mayor cantidad de Fotos antiguas de la provincia de Mendoza, Argentina. (mendozantigua@gmail.com) Para las nuevas generaciones, no se olviden que para que Uds. vivan como viven y tengan lo que tienen, primero fue necesario que pase y exista lo que existió... que importante sería que lo comprendan
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martes, 25 de marzo de 2025
Stadium Pedro del Castillo, hacia 1923. Ciudad de Mendoza
Desde el terremoto de 1861, la plaza Pedro del Castillo y con ella la Ciudad Vieja habían sido abandonas por los agentes del campo político, situación que se mantuvo casi setenta años. El espacio de la plaza pasó de ser un vacío urbano a utilizarse como corral de los animales que llevaban al matadero, instalado frente a él. El interés por recuperarlo como paseo apareció en 1929, cuando al poco tiempo de estar en ejercicio la intervención de Carlos Borzani en la provincia, venció la cesión que el Gobierno municipal había hecho a la Liga Mendocina de Foot-ball (sic) de la plaza Pedro del Castillo por cinco años, para que se desarrollaran en esta los partidos de dicha federación Quien cumplía las veces de comisionado municipal, Carmelo Puciarelli, decidió comenzar con la rehabilitación y el embellecimiento de la histórica plaza, encargando la obra al entonces director de Obras Públicas de la comuna, Arq. Alfredo Nenciolini. Simultáneamente y para obtener una recopilación de los datos históricos de la plaza, a fin de establecer la forma correcta en que deberían efectuarse los trabajos, se nombró una comisión ad-honorem integrada por Lucio Funes, Manuel Lugones, Carlos Puebla y el vicario Juan Peralta. Se completaba así, con agentes provenientes de los campos intelectual y religioso, el grupo que daría «respaldo histórico» a la intervención proyectada. Todos fueron seleccionados por el campo político de acuerdo a su capital simbólico y claro, el pertenecer a la Junta de Estudios Históricos, entidad que agrupaba intelectuales adherentes a la ideología nacionalista pronta a asumir el mando nacional; pero sobre todo debe haber prevalecido en la elección la capacidad de estos agentes de poder seleccionar el mejor argumento para honrar al fundador de Mendoza, figura elegida para recuperar una parte del pasado cuyano tanto tiempo olvidado. La Revolución de 1930 precipitó la resolución de las obras relacionadas a la plaza y se proyectó en ella una rápida transformación que consistió en la colocación de botijones seculares para darle un «sabor colonial» a los diversos sectores del paseo (aparentemente la elección de los botijones provino del campo político ya que estos no estaban contemplados en el proyecto publicado de Nenciolini). El nuevo intendente municipal uriburista Cecilio López Buchardo, espíritu nutrido de vasta cultura histórica y artística, dice la editorial de LQS, comprobando la magnitud y belleza patriótica de iniciativa, prometió brindar apoyo a las relegadas obras, secundando las gestiones de la Junta Ejecutiva de Homenaje a Pedro del Castillo, rama desprendida de la Liga Solidaria Argentina para tributar «justicia póstuma» al fundador de Mendoza. (Del Libro Plaza Fundacionales de Mendoza. Cecilia Raffa)
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