lunes, 20 de abril de 2026

Así construyó Mendoza su modernidad: la historia de las oficinas públicas que moldearon la ciudad, la universidad y la vivienda social


La consolidación del ejercicio profesional en Mendoza estuvo estrechamente ligada a la expansión de las agencias estatales. Desde la década de 1920, especialmente durante los gobiernos lencinistas, la obra pública fue adquiriendo una estructura burocrática cada vez más compleja, y los concursos junto con los temas urbanos comenzaron a ocupar un lugar cada vez más relevante dentro del debate arquitectónico. En ese proceso se afianzaron o cobraron nuevo impulso organismos decisivos para la provincia, entre ellos Arquitectura, Turismo, Vialidad, Parques, Calles y Paseos, el Instituto Provincial de la Vivienda y, más tarde, el Departamento de Obras de la Universidad Nacional de Cuyo. En conjunto, esas reparticiones no solo produjeron edificios y ciudad: también consolidaron la inserción del arquitecto en la función pública y lo convirtieron en un actor central del desarrollo territorial mendocino. Uno de los núcleos fundamentales de ese proceso fue la Dirección de Arquitectura. Su antecedente legal apareció en 1908, cuando la Sección Arquitectura fue incorporada al organigrama del Ministerio de Industrias y Obras Públicas por la Ley de Presupuesto 435. A partir de allí, esa oficina fue ganando peso en el diseño, dirección y ejecución de la obra pública provincial. Permaneció bajo la Dirección General de Obras Públicas hasta 1935 y, al año siguiente, mediante la Ley de Presupuesto 1193, fue elevada al rango de Dirección de Arquitectura de la Provincia. Más tarde atravesó varias transformaciones institucionales: en 1954 fue absorbida por la Dirección de Planificación de la Secretaría Técnica de la Gobernación; en 1956, por la Ley 2368, volvió a la órbita del Ministerio de Economía, Obras Públicas y Riego como Dirección de Arquitectura y Urbanismo; en 1967 pasó a llamarse Dirección de Arquitectura y Planeamiento por el Decreto-Acuerdo 3862; en 1987 recuperó el nombre de Dirección de Arquitectura y Urbanismo; y en 1995 adoptó la denominación DACOP, Dirección de Administración de Contratos y Obras Públicas. La propia documentación oficial mendocina subraya que esta repartición fue clave en el desarrollo urbano y patrimonial de la provincia. Los primeros nombres fuertes de esa etapa fueron Manuel Civit —director entre 1936 y 1939—, Arturo Civit —entre 1939 y 1941— y Ewald Weyland, que continuó luego esa línea. Durante el primer peronismo, la repartición quedó en manos de los ingenieros Alberto Beltrán Plos y Francisco Guiñazú; después asumieron temporalmente Raúl Panelo Gelly y más tarde Aniceto Puig. Tras 1955 se sucedieron Gerónimo Tomba, Ricardo Casnati, nuevamente Manuel Civit, Juan Carlos Rogé, Segundo Godoy Nievas, Mario Day Arenas, otra vez Rogé, Miguel Britos García, Juan José Lemos y César Carubín. En paralelo, la segunda mitad del siglo XX estuvo marcada por la formación de equipos técnicos mixtos, donde convivieron arquitectos con experiencia en obra pública y jóvenes profesionales que hicieron allí sus primeras armas. La Dirección creció en especialidades y sumó calculistas, proyectistas, inspectores y expertos en instalaciones, organizando duplas y equipos según áreas como arquitectura escolar, sanitaria o institucional. Dentro de esa “escuela-taller” de arquitectura pública se destacaron, entre otros, Arístides Cottini, Hipólito Corti, Raúl Panelo Gelly, Héctor León, Raúl Gellón, Heriberto Forte, Jesús Corti, Hugo Raina, Manuel Benegas, Jorge Vico, Michel Giraud, Edgardo Alfaro y Hugo Cuervo. A ellos se sumaron profesionales llegados a Mendoza por las oportunidades laborales que ofrecía la provincia —muchos provenientes de Córdoba— y algunos de los primeros titulados locales: Miguel Guisasola, Manuel Blasco, Eugenia Bargna, Marta López, Victorio del Fiol, Hugo Dalla Torre, Liliana Salvo, Ricardo Bekerman, Susana Fasciolo, Miguel Rosso, Osvaldo Cocconi, Francisco Pittella, Antonio Genovart, Gilberto Olguín, Alicia Bevilacqua, Ana Coloma, Juan Bochaca, Carlos Andía, Jaime Perelló y Jorge Cremaschi. Esa acumulación de trayectorias afianzó una capacidad técnica sostenida que permitió a la repartición intervenir durante décadas en educación, salud, seguridad, administración, turismo y cultura, al punto de convertirse en una referencia positiva para el ingreso de arquitectos a la función pública. Otro hito decisivo fue el Departamento de Obras de la Universidad Nacional de Cuyo. La UNCuyo, creada a fines de la década de 1930, articuló centros preexistentes y nuevas unidades académicas en Mendoza, San Juan y San Luis, con sede de gobierno en Mendoza. Durante años funcionó dispersa en más de cincuenta inmuebles y, tras un concurso frustrado en la década de 1940 para crear un núcleo universitario, el proyecto del campus comenzó a volverse realidad alrededor de 1960 con la formación de una oficina técnica especializada. Bajo la conducción del arquitecto Aniceto Puig, ese departamento sostuvo durante más de treinta años un plan de trabajo continuo, con criterios de economía de recursos, adaptación al ambiente y experimentación arquitectónica en una zona sísmica. La propia UNCUYO recuerda que las obras requirieron unos cuatro años de acondicionamiento, proyecto y construcción, y que para 1969 se había ejecutado alrededor del 60% de los 100.000 m² previstos para el Centro Universitario, inaugurado ese mismo año. Entre 1965 y 1968 comenzaron a definirse las piezas iniciales del campus. Tras las obras de urbanización proyectadas por Simón Lacerna, se decidió reutilizar la estructura inconclusa del antiguo Hospital de Niños de la Fundación Eva Perón para instalar la Facultad de Ciencias Médicas, mientras otro edificio incompleto fue adaptado para el Rectorado. Los primeros edificios proyectados específicamente para el nuevo centro fueron el cuerpo central de Filosofía y Letras por Benegas y Aveni; el cuerpo de enseñanza de Ciencias Económicas por Héctor León; el bloque de investigaciones de Ingeniería en Petróleos por Jacques Caspi; y la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales por Juan Brugiavini. En simultáneo, Mario Pagés diseñó el refugio de alta montaña en Vallecitos y el sector de Maestranza; Lacerna y Raúl Maroi trabajaron el área deportiva y los vestuarios; Lacerna proyectó además el puente sobre Avenida Champagnat; y Juan Dalessandro intervino en Ciencias Agrarias y en la fábrica de aceite para la cátedra de Industrias Agrarias. Durante los años setenta y ochenta el conjunto siguió creciendo con el Hogar y Club Universitario —hoy Comedor Universitario—, la ampliación del Rectorado, nuevas aulas para Filosofía y Letras, el edificio del Colegio del Magisterio, el refugio en Villa La Angostura, el conjunto para el CRICYT, el Liceo Agrícola y Enológico Domingo F. Sarmiento y el edificio del Departamento de Asistencia Médico Social Universitario. Más adelante, Dalessandro proyectó aulas para Ingeniería, el sector de clínicas de Odontología, el edificio del Instituto Tecnológico Universitario, el DAD, aulas interdisciplinarias para Artes y Diseño y el edificio de Derecho; a fines de los noventa, Juan Brugiavini proyectó la Biblioteca Central, inaugurada en 2001. En términos formales, la etapa inicial estuvo signada por el aluminio, el plástico, el ladrillo semiprensado, el vidrio templado y la exploración del hormigón armado; desde aproximadamente 1980 se impuso un lenguaje más ligado al ladrillo visto, carpinterías de vidrio repartido, muros enlucidos y algunos techos inclinados. La tercera gran agencia estatal de este proceso fue el Instituto Provincial de la Vivienda (IPV), creado en 1947 bajo el gobierno de Faustino Picallo por la Ley 1658, con la misión de dar vivienda confortable, económica y antisísmica a las familias mendocinas de menores recursos. La documentación oficial del propio instituto y del Gobierno de Mendoza lo reconoce como el primer organismo provincial del país dedicado específicamente a atender el problema habitacional. Su directorio combinaba perfiles técnicos y representativos: presidente, directores profesionales —arquitectos, ingenieros o contadores—, y delegados obrero, empleado y patronal. Además de construir barrios urbanos y rurales para venta o alquiler, debía promover saneamiento, renovación del parque habitacional, estímulos fiscales para edificaciones de bajo costo y la obligación de dotar de vivienda a cuidadores o contratistas de fincas con cultivos permanentes. Durante el ciclo peronista levantó alrededor de 3.000 viviendas, sin alcanzar todavía a cubrir el déficit existente. En las décadas de 1960 y 1970, los cambios culturales y políticos llevaron a priorizar soluciones habitacionales más ajustadas al contexto local. En ese clima también circularon las ideas de John Turner, que defendían la participación de los usuarios en la producción de su hábitat. El IPV amplió entonces su planta profesional: además de técnicos y arquitectos, incorporó trabajadores sociales, que intervenían junto a los equipos proyectuales en los programas de erradicación, acompañando a las familias en cuestiones de salud, trabajo, organización y apropiación del proyecto. Entre los profesionales ligados al organismo se destacaron Ricardo Bekerman, Adolfo Grinfeld, Vittorio Allegrini, Juan José Schmidt y, en cargos directivos, Carlos Gainza. Uno de los hitos de esa etapa fue la experiencia de Ayuda Mutua, considerada pionera en el Cono Sur: en 1967 la provincia adhirió al Plan de Erradicación de Villas de Emergencia y se puso en marcha la primera etapa del Barrio San Martín, dirigida por el arquitecto Bozidar Bajuk. La creación del FONAVI en 1972 fue modificando ese esquema y empujó el paso hacia el modelo de viviendas terminadas “llave en mano”, construido por empresas contratistas. Ese giro se reforzó desde 1977, cuando el IPV alcanzó un nuevo estatus institucional y aumentó fuertemente su productividad. Allí se abrieron nuevas oportunidades para arquitectos vinculados a empresas constructoras o ganadores de concursos impulsados por el IPV y el Banco Hipotecario, entre ellos Mario Romano, Graciela Hidalgo, Mario Pagés, Aldo Oliva y José María Tonidandel. Con el retorno democrático y, sobre todo, tras el sismo de enero de 1985, la emergencia habitacional se agravó. La respuesta llegó por varias vías —Comité de Reconstrucción, IPV, Banco Hipotecario y municipios— y dio lugar al llamado Plan Sismo, cuyas viviendas se completaron hacia 1991. Entre los barrios resultantes estuvieron La Estanzuela, Pedro Molina, Los Toneles y Los Glaciares; en La Estanzuela la dirección de obra estuvo a cargo de Eduardo Duek. Desde 1992, la transferencia directa de fondos FONAVI a las provincias promovió una nueva política habitacional más descentralizada. El IPV dejó de concentrar funciones financieras, sociales, legales y de planificación integral, que pasaron en parte a bancos, municipios y entidades intermedias. En ese marco crecieron las direcciones municipales de vivienda y se conformó un consejo técnico consultivo junto con el IPV. El instituto, ya con menor personal, quedó más orientado a la administración de recursos, auditoría, evaluación de programas y otorgamiento de créditos priorizados por los municipios. A esta etapa estuvieron vinculados Ana Gibert, Fernando Armani, Mirta Almenara y Juan Carlos Lemos. También se abrió un nuevo campo profesional para los arquitectos a través de cooperativas, mutuales, sindicatos y uniones vecinales que presentaban sus propios proyectos. Hacia el final del siglo, el Gobierno provincial reforzó nuevamente el papel de contralor del IPV, impulsó registros de empresas y profesionales y sostuvo programas nuevos o derivados de la vieja tradición de ayuda mutua. Dentro del recorte que señalás, una de las últimas obras emblemáticas fue la de la Nueva Villa de Potrerillos en 2001, con participación de Ernesto Martinelli y Dino Fantozzi. Como dato adicional, el propio Gobierno de Mendoza informó que el IPV superó las 100.000 soluciones habitacionales entregadas en sus primeras siete décadas, lo que ayuda a dimensionar su peso histórico en la provincia. En síntesis, la profesionalización de la arquitectura mendocina desde el Estado no fue un fenómeno secundario sino estructural. La Dirección de Arquitectura, el Departamento de Obras de la UNCuyo y el IPV operaron como verdaderas usinas de proyecto, formación y ensayo técnico. Desde escuelas, hospitales y comisarías hasta facultades, barrios obreros, complejos universitarios y planes de reconstrucción, esas agencias hicieron mucho más que administrar obra pública: ayudaron a construir la Mendoza moderna, consolidaron el prestigio profesional de los arquitectos y dejaron una huella material que todavía organiza buena parte de la vida cotidiana de la provincia. #ArquitecturaMendocina #ObraPública #HistoriaDeMendoza #PatrimonioArquitectónico #DirecciónDeArquitectura #UNCuyo #CentroUniversitario #IPV #ViviendaSocial #Urbanismo #Mendoza #ArquitecturaArgentina #MendozaArchitecture #PublicWorks #ArchitecturalHeritage #UrbanHistory #SocialHousing #CampusHistory #ArgentineArchitecture #StateAndCity

20 de Abril de 1997 - Murió en Mendoza, pero su voz quedó para siempre en Cuyo: Clemente Cancielo, el cantor que volvió eterna la tonada


El 20 de abril de 1997 murió en Mendoza Antonio Clemente Cancielo, una de las voces más recordadas del cancionero cuyano. Cantor y compositor de fuerte raíz popular, había nacido el 23 de noviembre de 1923 en La Dormida, departamento de Santa Rosa, y falleció a los 73 años, dejando una huella profunda en la música regional. Las referencias biográficas disponibles coinciden en esos datos y lo ubican entre los intérpretes más representativos del folklore de Cuyo. Cancielo fue reconocido como la última primera voz de Los Trovadores de Cuyo, el célebre conjunto ligado a Hilario Cuadros, con quien cantó a dúo y grabó diecisiete temas. Las mismas fuentes lo describen además como hijo de inmigrantes italianos y destacan que, tras la muerte de Cuadros, continuó esa línea artística con un estilo propio, siempre ligado a la tonada, la cueca y la identidad mendocina. Como dato adicional, en 1966 la revista Folklore ya lo mencionaba como director de “Los Cantares de la Cañadita”, señal de la proyección que había alcanzado dentro del ambiente folklórico. Y años más tarde, su nombre quedó incorporado también a la memoria pública mendocina: una ordenanza oficial de Guaymallén bautizó una calle del Barrio Hilario Cuadros con el nombre Clemente Cancielo, reconocimiento institucional a su aporte cultural. Así, su muerte no marcó solo la despedida de un artista: significó la partida de una de esas voces que ayudaron a darle forma, sentimiento y permanencia a la música cuyana. Aunque el tiempo haya pasado, Clemente Cancielo sigue vivo en la memoria de Mendoza y en el eco de sus canciones #ClementeCancielo #FolkloreCuyano #Mendoza #LaDormida #SantaRosaMendoza #HistoriaDeMendoza #MúsicaCuyana #TonadaCuyana #LosTrovadoresDeCuyo #HilarioCuadros #Cuyo #PatrimonioCultural #ClementeCancielo #CuyanFolklore #MendozaHistory #ArgentineFolklore #TraditionalMusic #CulturalHeritage #LatinAmericanMusic #FolkLegacy

1910 - La postal del vino que hizo grande a Godoy Cruz: así trabajaba la histórica bodega de Honorio Barraquero


La imagen retrata la carga de cascos de vino en la planchada de expedición de la Bodega y Viñedos de don Honorio Barraquero, en Godoy Cruz, Mendoza, uno de los establecimientos más antiguos y representativos del desarrollo vitivinícola local. El origen de la bodega se ubica hacia 1870, tal como señala la tradición histórica del establecimiento. La casa estaba situada en las actuales calles San Martín y Brasil, y fue reconocida como una de las primeras bodegas del departamento, donde se produjo vino bajo la marca “Baco”. La escena no muestra solo una tarea cotidiana: resume una época entera de la vitivinicultura mendocina. La planchada de expedición era la plataforma sobreelevada desde la cual se cargaban primero los carros y más tarde los vagones del ferrocarril, una pieza clave en la logística del vino hacia los mercados. En el caso de Barraquero, además, el crecimiento de la firma fue notable: en su establecimiento llegaron a trabajar 300 operarios, y la bodega se consolidó entre las grandes empresas del sector. Para 1903, la Testamentaría Honorio Barraquero, con dos bodegas, figuraba entre las principales firmas vitivinícolas mendocinas, con una producción de 5.475.400 litros, equivalente al 7,13% del total provincial registrado en esa nómina. La historia de la bodega también estuvo marcada por episodios decisivos. El establecimiento sufrió un incendio en 1882, pero ya al año siguiente funcionaba nuevamente en un edificio renovado que contaba con túneles, señal de la magnitud y modernización alcanzadas por la empresa. Sus vinos, además, integraron el grupo de productos mendocinos distinguidos en la Exposición Universal de París de 1889, donde Honorio Barraquero aparece entre los premiados por vino blanco y tinto. La bodega dejó de funcionar hacia 1920, pero su nombre quedó ligado para siempre al crecimiento industrial y patrimonial de Godoy Cruz. #HonorioBarraquero #BodegaBarraquero #GodoyCruz #Mendoza #HistoriaDelVino #Vitivinicultura #PatrimonioMendocino #HistoriaDeMendoza #BodegasHistóricas #MemoriaDelVino #WineHistory #MendozaWine #ArgentineWine #WineHeritage #HistoricWineries

20 de abril de 1907: Manuel Iglesias el gallego de Campana que inventó el "mataperros", el primer auto 100% argentino, y el porteño que lo puso a competir en Europa


Un 20 de abril de 1907, en su taller de la calle Colón 226 de Campana, provincia de Buenos Aires, el mecánico Manuel Iglesias mostró al pueblo el vehículo que había armado pieza por pieza con sus propias manos. Era el primer automóvil construido íntegramente en el país. Iglesias no era ingeniero de título. Había nacido el 22 de enero de 1870 en Vila de Cruces, Pontevedra, y llegó a la Argentina con 14 años. Aprendió el oficio en los talleres del Ferrocarril Central Argentino en San Martín, donde se hizo mecánico leyendo revistas técnicas. Entre 1903 y 1907, en sus ratos libres, fabricó un torno a pedal y luego un chasis rectangular con eje rígido, ruedas de madera con llantas de hierro, y un motor monocilíndrico de 1.938 cm³ sin acelerador que giraba a 400 rpm. Solo compró afuera la bujía y el magneto. Alcanzaba 12 km/h y se arrancaba a manivela. La leyenda local cuenta que lo sacó por primera vez el 20 de noviembre de 1907 para el cumpleaños de su esposa María, y que tuvo que voltear el tapial de su casa para sacarlo a la calle. Los vecinos lo bautizaron "mataperros" por el ruido, aunque nunca atropelló a ninguno. Con los años lo desarmó para usar el motor como bomba de agua. Iglesias murió en el anonimato el 15 de enero de 1955, sin saber que Campana sería declarada "Cuna del Primer Automóvil Argentino" en 1975 y que cada último domingo de noviembre se celebraría el Día del Automóvil Argentino, con un monumento inaugurado en 1973. Cuatro años después del "mataperros", la historia dio el salto a la serie. Horacio Anasagasti, ingeniero porteño de origen vasco nacido el 16 de julio de 1879 y recibido en la UBA a los 23 años, ya había fundado el Automóvil Club Argentino en 1904. El 30 de diciembre de 1909 abrió su fábrica en la Avenida Alvear. Tras un viaje a Europa, en julio de 1911 terminó su primer prototipo y lo presentó oficialmente el 17 de septiembre de 1911 en la carrera Rosario-Córdoba-Rosario, corriendo bajo el seudónimo "Samurai". Era un paso adelante: carrocería nacional, motor francés Ballot de 2.125 cm³ y 15 HP importado, capaz de superar los 50 km/h. Lo vendía a $6.500 al contado o en cuotas de $200, un sistema inédito para la época. Entre 1912 y 1915 fabricó unas cincuenta unidades, las primeras en serie del país, y las llevó a competir a Europa, donde ganó la exigente París-Madrid de 1.500 km. La Primera Guerra Mundial cortó el suministro de piezas y obligó a cerrar la empresa en 1915. Anasagasti murió el 8 de abril de 1932 en Bariloche, donde impulsó la creación del Parque Nacional Nahuel Huapi. Dos pioneros, dos caminos: Iglesias, el artesano que lo hizo todo a mano en Campana; Anasagasti, el ingeniero que soñó con una industria y puso un auto argentino a correr en Europa. #PrimerAutoArgentino #ManuelIglesias #Mataperros #Campana #20deAbril #HoracioAnasagasti #Anasagasti1911 #IndustriaArgentina #HistoriaArgentina #AutosClasicos #MadeInArgentina #FirstArgentineCar #AutomotiveHistory #VintageCars #Ballot #SouthAmericanCars

20 de Abril de 1878. Nace Francisco Bernareggi. De Gualeguay a Picasso y Venecia: el argentino que pintó Mallorca y terminó enseñando en Mendoza


Un 20 de abril de 1878 nacía en Gualeguay, Entre Ríos, Francisco Bernareggi González Calderón, hijo de padre español y madre entrerriana. Dibujante y pintor de vocación temprana, cruzó tres veces el Atlántico con su familia hasta radicarse en Barcelona en 1895, con 17 años.  En la Escuela Oficial de Bellas Artes de Barcelona estudió escultura, grabado y pintura, y trabajó en el taller de Lluís Graner. Allí compartió banco con Pallarés Grau y con un joven Pablo Picasso, con quien entabló amistad en 1897 y se sumó al modernismo catalán. El viaje a Madrid lo puso frente a Velázquez, El Greco y Goya en el Prado. Después vino París, donde tomó cursos en la Academia Fontaine de Lefèvre y absorbió de primera mano a Renoir, Degas, Monet y Manet.  En 1903 eligió Mallorca como casa y taller. Durante años pintó la isla sin prisa, obsesionado con la luz del valle de Sóller. El estallido llegó en 1920, cuando expuso en Madrid doce paisajes mallorquines. La prensa habló de "ruidoso triunfo artístico": Anglada Camarasa dijo que eran "lo mejor que he visto en este género", Santiago Rusiñol lo llamó "sencillamente extraordinario" y los doce cuadros se vendieron entre 20.000 y 30.000 pesetas cada uno, con homenaje incluido de la Municipalidad de Palma.  La consagración europea siguió en la XIII Exposición Internacional de Arte de Venecia, donde compartió sala con Tito Cittadini, Fernando Fader y Antonio Alice. En 1923 la Bienal de Venecia le otorgó el primer premio por "Sol de Abril", obra que hoy se cita como su gran golpe internacional.  El estallido de la Guerra Civil lo trajo de vuelta. En diciembre de 1936 desembarcó en Buenos Aires, ya con nombre hecho, trabajó como escenógrafo en el Teatro Cervantes y, becado, se fue a pintar a los lagos del sur. En 1946 la Universidad Nacional de Cuyo lo contrató en Mendoza como profesor de dibujo y pintura en la Facultad de Artes y Diseño, donde formó a varias camadas de artistas cuyanos.  El punto alto argentino llegó en 1947, en el XXXVII Salón Nacional de Artes Plásticas (Salón de Primavera): su tela "Tarde en la Quinta", pintada en Mendoza, ganó el Gran Premio Adquisición Presidente de la Nación.  Casado con una mallorquina y con varias propiedades en la isla, vinculado a círculos liberales, Bernareggi decidió volver a Mallorca en 1949 tras los años difíciles del peronismo. Falleció el 8 de abril de 1959 en Roma, según la memoria familiar difundida en Argentina, aunque las biografías baleares y la prensa local documentan su muerte ese mismo día en Palma de Mallorca, a los 81 años.  #FranciscoBernareggi #DíaDeLaPinturaArgentina #Gualeguay #EntreRíos #Picasso #Mallorca #ArteArgentino #UNCuyo #MendozaCultural #Venecia1923 #SolDeAbril #TardeEnLaQuinta #HistoriaDelArte #Patrimonio #ArtHistory #ArgentineArt #Modernism #LandscapePainting #CulturalHeritage

domingo, 19 de abril de 2026

1856 - Cuando Buenos Aires se iluminó por primera vez: la usina inglesa de Retiro que cambió para siempre la noche porteña (Imagen Ilustrativa)


Frente a la actual estación de Retiro, en la hoy Plaza Fuerza Aérea Argentina, donde se levanta la Torre Monumental —conocida durante décadas como Torre de los Ingleses—, funcionó la antigua Usina de Gas de Retiro, vinculada a la histórica Compañía Primitiva de Gas, de capital británico. Ese predio tuvo un papel decisivo en la transformación urbana de Buenos Aires, ya que desde allí se distribuyó combustible destinado al alumbrado público de una ciudad que comenzaba a dejar atrás la oscuridad colonial. La propia Ciudad de Buenos Aires recuerda que la Torre fue construida en 1916 justamente en el terreno donde antes se encontraba esa usina distribuidora del gas para el alumbrado público. La iluminación pública a gas fue inaugurada oficialmente en Buenos Aires en 1856, un paso fundamental en la modernización porteña. Diversas investigaciones históricas coinciden en señalar que para entonces la red comenzaba a expandirse por las calles céntricas, alcanzando faroles y puntos clave del casco urbano. El dato sobre los 1.071 faroles encaja con ese proceso temprano de expansión, aunque no encontré en esta búsqueda una fuente oficial en línea que confirme exactamente esa cifra puntual; por eso conviene presentarla como un dato tradicionalmente citado, salvo que luego quieras que te la verifique en bibliografía específica. En sus inicios, el alumbrado a gas no cubría toda la ciudad, sino que se concentraba sobre todo en calles principales y en el exterior de algunos edificios relevantes del centro, como la Recova, el Cabildo y el Departamento de Policía. Era una iluminación todavía selectiva, pensada para los espacios de mayor circulación, representación política y actividad comercial. Aun así, su aparición cambió la vida urbana: extendió horarios, mejoró la seguridad en ciertas zonas y alteró la percepción nocturna de Buenos Aires, que empezaba a parecerse cada vez más a una capital moderna. Con el correr de las décadas, el sistema a gas fue perdiendo terreno frente a la electricidad. Acá hay un matiz importante: no conviene decir que el alumbrado eléctrico apareció recién a partir de 1900, porque en Buenos Aires ya hubo ensayos e instalaciones eléctricas desde la década de 1880, y hacia 1896 la Municipalidad contaba con cientos de focos eléctricos, aunque el gas seguía predominando ampliamente. Recién en los comienzos del siglo XX la electricidad empezó a imponerse de manera más firme sobre el viejo sistema de faroles a gas Cuando la luz eléctrica avanzó, la antigua compañía gasífera dejó atrás su papel central y el terreno de Retiro terminó cediéndose para nuevos usos urbanos. Sobre ese mismo solar se levantó después la Torre Monumental, uno de los hitos visuales del barrio. Así, en un mismo lugar de la ciudad quedaron superpuestas dos etapas decisivas de la historia porteña: primero, la del gas que encendió las noches de Buenos Aires; después, la del monumento que aún hoy domina el paisaje frente a Retiro. #BuenosAiresAntiguo #Retiro #TorreMonumental #HistoriaPorteña #AlumbradoAGas #UsinaDeGas #CiudadDeBuenosAires #MemoriaUrbana #PatrimonioHistorico #ModernizacionUrbana #OldBuenosAires #UrbanHistory #GasLighting #CityHistory #HistoricRetiro #BuenosAiresHistory #Heritage #PublicLighting

Seis avisos, una ciudad entera: lo que estas publicidades de 1898 revelan sobre la vida cotidiana en Buenos Aires


A primera vista, esta página parece apenas una reunión de avisos comerciales antiguos. Pero en realidad es mucho más que eso: es una pequeña radiografía de la vida cotidiana porteña de fines del siglo XIX. En una sola lámina aparecen comida, cerveza, pintura para el hogar, tintorería, restaurante y servicios fúnebres. Es decir: placer, consumo, mantenimiento, sociabilidad, higiene y muerte. Todo lo que atravesaba la experiencia urbana de una gran ciudad que ya se pensaba moderna, activa y en transformación. La composición reúne seis publicidades ilustradas con fuerte carga humorística, un recurso muy usado entonces para captar la atención del lector y fijar el nombre del comercio en la memoria.

1. Aue’s Keller
En el ángulo superior izquierdo aparece Aue’s Keller, asociado a bebidas y gastronomía. La escena muestra a dos hombres inclinados hacia una puerta abierta, como si el aroma que sale del local fuera tan intenso que pudiera “alimentar” por sí solo. El texto juega justamente con esa idea: exagera el perfume de la cocina hasta convertirlo en una forma de atracción irresistible. La publicidad apela al humor y a la hipérbole para presentar al negocio como un lugar tentador, donde la comida promete abundancia y sabor. Es un aviso que vende con ingenio, no con solemnidad.

2. Bier Convent
En el extremo superior derecho se ve Bier Convent, definido como bar y restaurant. La ilustración es una de las más dinámicas de toda la página: una multitud se empuja para entrar, mientras el texto remarca el apuro de los clientes y bromea con la idea de que comida no iba a faltar. La escena transmite éxito comercial, convocatoria y bullicio. No vende solamente un local: vende fama, concurrencia y movimiento. El mensaje es claro: si tanta gente quiere entrar, es porque el lugar vale la pena.

3. Frescoral
En la mitad izquierda aparece Frescoral, una pintura o producto vinculado al mantenimiento del hogar. La escena muestra a un personaje desesperado en un paisaje abierto, frente a una casa que parece necesitar cuidado, mientras el texto bromea con el calor insoportable y con la mala suerte de no haber pintado la vivienda con ese producto. Aquí la publicidad mezcla paisaje, caricatura y exageración para convertir la pintura en solución práctica frente al clima. Es un aviso muy interesante porque muestra cómo ya se asociaban ciertos productos domésticos con bienestar, confort y mejora del hogar.

4. Tintorería A. Prat
En el centro derecho está la Tintorería de A. Prat, uno de los avisos más llamativos desde lo gráfico. La figura principal, con cabeza desproporcionada y gesto caricaturesco, se dirige hacia el local mientras el texto pregunta por las manchas. El énfasis está puesto en la limpieza de la ropa y en la resolución de un problema cotidiano muy concreto. A diferencia de otros anuncios más ligados al ocio, este remite al cuidado personal, a la presentación pública y a una sociedad donde la apariencia comenzaba a tener cada vez más peso en la vida urbana. Además, incluye varias direcciones, señal de una empresa con presencia más amplia en la ciudad.

5. Restaurant Americano de Domingo Gando
En el ángulo inferior izquierdo figura el Restaurant Americano, de Domingo Gando, con una escena de mesa compartida, comensales bien vestidos y un mozo atendiendo. El aviso pone el acento en dos cosas muy valoradas por el público: economía y buena cocina. La imagen sugiere sociabilidad, conversación y cierta elegancia accesible. No es solo comer: es comer bien, acompañado y en un ambiente agradable. La publicidad conecta con una Buenos Aires cada vez más habituada al restaurante como espacio de encuentro y experiencia urbana.

6. Fontana y Gutiérrez, empresa fúnebre
En el sector inferior derecho aparece Fontana y Gutiérrez, una empresa fúnebre. Es quizá el aviso más sorprendente por su tono: en lugar de ser grave o solemne, recurre también al humor, mostrando a un hombre extremadamente flaco y debilitado, sentado en un sillón. El texto sugiere, en clave irónica, que lo primero que pidió fue que no lo enterraran. Ese tratamiento humorístico de un servicio funerario hoy puede parecer extraño, pero justamente revela una sensibilidad publicitaria distinta, mucho más inclinada a la caricatura y al impacto visual. También recuerda que la ciudad comercializaba incluso los momentos más delicados de la existencia.

Vista en conjunto, la página deja algo muy claro: estas publicidades no solo promocionaban negocios, también retrataban costumbres, preocupaciones y deseos de la sociedad porteña de 1898. Comer bien, salir, vestir correctamente, mantener la casa, mostrarse presentable y resolver las necesidades de la vida diaria eran parte de una modernidad urbana que ya estaba plenamente en marcha. La combinación de humor, dibujo y verso publicitario muestra además un lenguaje comercial mucho más teatral que el actual, donde cada aviso intentaba entretener al lector mientras le vendía una solución. Por eso, esta lámina vale hoy como documento histórico: en sus cuadros no solo hay comercios, hay una ciudad entera latiendo. #PublicidadAntigua #BuenosAires1898 #BuenosAiresAntiguo #VidaCotidiana #HistoriaPorteña #MemoriaUrbana #ConsumoYCostumbres #PatrimonioGrafico #NostalgiaPorteña #HistoriaArgentina #VintageAds #OldBuenosAires #AdvertisingHistory #UrbanHistory #DailyLifeHistory #HistoricBuenosAires #BelleEpoque #CulturalMemory

 

19 de Abril de 1964 - El día que San Rafael encendió su propia pantalla: el nacimiento de Canal 6 y la TV que marcó al sur mendocino


El 19 de abril de 1964 quedó inaugurada en San Rafael LV 84 TV Canal 6 Río Diamante, una fecha decisiva para la historia de la comunicación en el sur de Mendoza. Distintas reseñas periodísticas y conmemorativas coinciden en señalar que aquella jornada marcó el comienzo de la televisión local en la región, con una primera salida al aire realizada con enorme esfuerzo técnico y humano. En sus primeros tiempos, la programación era reducida y muy apoyada en el vivo, con una televisión artesanal en la que el conductor tenía un papel central dentro del estudio y debía sostener gran parte de lo que ocurría en escena. Esa etapa pionera también estuvo marcada por la presencia de orquestas en vivo, artistas que concurrían con frecuencia y un clima de cercanía que convirtió al canal en un verdadero acontecimiento social: salir en televisión o visitar sus instalaciones era, para muchos vecinos, un hecho inolvidable. Con el paso de los años, por esa pantalla desfilaron periodistas, músicos, conductores, artistas y miles de ciudadanos comunes que dejaron allí su voz, su imagen y sus recuerdos. Por eso, más que un medio de comunicación, Canal 6 terminó siendo un espacio de encuentro permanente para la sociedad del sur mendocino, un punto de referencia afectivo y cultural para varias generaciones. Décadas más tarde, la emisora fue conocida públicamente como Telesur, aunque para buena parte de la memoria popular siguió siendo simplemente Canal 6, identificado además por el recordado “indiecito”, una creación atribuida al artista plástico Héctor Julio Pérez. Hubo un día en que San Rafael dejó de imaginar la televisión y empezó a vivirla. El 19 de abril de 1964, LV 84 TV Canal 6 Río Diamante encendió por primera vez su señal y abrió una nueva etapa para todo el sur mendocino. Aquella pantalla naciente tenía poco de sofisticación y mucho de coraje: programas en vivo, conductores que sostenían el ritmo casi a pulmón, músicos tocando en el estudio, artistas entrando y saliendo del canal, y una comunidad entera fascinada con la magia de verse por televisión. Con el tiempo, ese canal se transformó en parte de la vida cotidiana de miles de familias. Allí quedaron testimonios, noticias, emociones, figuras inolvidables y escenas que forman parte de la memoria grande del sur provincial. Más tarde sería conocido como Telesur, pero para muchísimos mendocinos siguió siendo el querido Canal 6, el del entrañable indiecito que lo volvió inconfundible. #Canal6 #LV84 #Telesur #SanRafael #Mendoza #HistoriaDeLaTelevision #MemoriaMendocina #SurMendocino #PatrimonioCultural #NostalgiaArgentina #TelevisionHistory #LocalTV #BroadcastHistory #SanRafaelMendoza #MendozaHistory #ArgentineTelevision #MediaMemory #VintageTV

1898 - Cuando Buenos Aires se detenía por el turf: el Gran Premio Nacional y una pasión que desbordaba el Hipódromo


Hubo un tiempo en que el turf no era apenas un deporte: era una verdadera ceremonia social. En la Buenos Aires de fines del siglo XIX, el Gran Premio Nacional ocupaba un lugar central en la vida pública y convertía al Hipódromo Argentino en escenario de una de las jornadas más esperadas del calendario. Allí se reunían la emoción de la competencia, el fervor de los aficionados y el brillo de una ciudad que vivía las carreras como un espectáculo total. En octubre de 1898, un testimonio de época deja ver con claridad la magnitud de aquel acontecimiento. El resultado de la prueba ya era conocido por el público, pero aun así el evento seguía despertando interés por su fuerza visual, su impacto social y su carácter de cita clásica para los amantes del turf. No se trataba solo de saber quién había ganado, sino de revivir el clima de una jornada que condensaba entusiasmo popular, elegancia y pasión deportiva. El hipódromo era entonces mucho más que una pista. Era un punto de encuentro donde se cruzaban sectores sociales diversos, donde las carreras se mezclaban con la moda, la conversación, la expectativa y el ritual colectivo de ver y ser visto. Cada gran premio aportaba algo más que una definición deportiva: ofrecía una postal del país que se modernizaba, de una Buenos Aires vibrante, y de una sociedad que encontraba en estos espectáculos una de sus grandes celebraciones urbanas. Volver hoy sobre aquel Gran Premio Nacional es asomarse a una escena en la que el deporte, la vida social y la memoria de la ciudad se funden en una sola imagen. Porque en aquel Buenos Aires de 1898, el turf no solo llenaba tribunas: también marcaba una época. #GranPremioNacional #HipodromoArgentino #TurfArgentino #BuenosAiresAntiguo #HistoriaDelDeporte #NostalgiaPorteña #MemoriaPorteña #PatrimonioHistorico #BuenosAires1898 #DeporteYSociedad #ArgentineTurf #HorseRacingHistory #VintageBuenosAires #SportHistory #HistoricBuenosAires #BelleEpoque

Polvaredas, entre rieles y cordillera: las imágenes que muestran la memoria viva del Trasandino mendocino


Estas imágenes del ayer y de hoy rescatan la historia de la Estación Polvaredas, una de las postales más evocadoras del Ferrocarril Trasandino en Mendoza. En ellas se ve cómo el tiempo transformó el entorno, pero no logró borrar la fuerza simbólica de este enclave ferroviario de alta montaña, donde los trenes, los andenes y la arquitectura de piedra quedaron ligados para siempre a la épica del cruce cordillerano. Las fotos antiguas muestran el movimiento de pasajeros, formaciones detenidas y jornadas invernales en plena nieve; las actuales, en cambio, revelan el silencio del edificio, las vías vacías y la persistencia de un paisaje imponente dominado por la cordillera. Polvaredas no fue una estación cualquiera. Su importancia creció dentro del sistema del Trasandino Los Andes–Mendoza, la línea internacional inaugurada oficialmente en 1910 para unir Argentina y Chile a través de la montaña, una de las grandes obras de ingeniería ferroviaria de Sudamérica. El trazado mendocino del Trasandino había comenzado a habilitarse por etapas desde fines del siglo XIX, pero la estación de Polvaredas adquirió un papel especial más tarde, cuando el aluvión de 1934 destruyó parte de la vieja traza y obligó a levantar una nueva línea en una zona más segura. Esa reconstrucción convirtió a Polvaredas en una estación clave y en reemplazo funcional de sectores arrasados como Zanjón Amarillo. Ese contexto explica por qué las imágenes tienen tanto valor. No solo muestran un edificio ferroviario: muestran un punto neurálgico de la vida cordillerana mendocina, ligado al transporte, al comercio, al turismo y a la comunicación binacional. El antiguo poblado de Polvaredas, hoy reconocido por Mendoza como poblado histórico y patrimonio cultural, conserva precisamente esa memoria del esfuerzo humano que hizo posible sostener un ferrocarril en uno de los paisajes más duros y espectaculares de la provincia. El contraste entre las tomas antiguas y las actuales conmueve porque deja ver dos tiempos superpuestos: el de la estación viva, con pasajeros, coches motores y actividad cotidiana, y el del presente, donde sobreviven el andén, la cartelería y las construcciones como testigos de una era ferroviaria que marcó profundamente a la alta montaña mendocina. Por eso, estas fotos no solo documentan una estación: retratan una parte esencial de la historia de Mendoza y del sueño trasandino que alguna vez unió los rieles con la cordillera. #Polvaredas #FerrocarrilTrasandino #MendozaAntigua #HistoriaDeMendoza #AltaMontaña #PatrimonioFerroviario #TrenTrasandino #CordilleraDeLosAndes #MemoriaHistórica #PatrimonioMendocino #PolvaredasStation #TransandineRailway #RailwayHistory #HistoricMendoza #MountainRailway #CulturalHeritage (imagen gentileza de: 
Gastón Rafael Zamagna)

19 de abril: el día que América reconoce la memoria viva de sus pueblos originarios


Cada 19 de abril se conmemora en gran parte del continente el Día del Indio Americano, también difundido hoy en muchos ámbitos como una jornada de reflexión sobre los pueblos indígenas de América. La fecha recuerda a las comunidades originarias que habitaban el continente mucho antes de la llegada europea y reconoce que sus culturas, lenguas, saberes, creencias y formas de organización dejaron una huella decisiva en la identidad de nuestras sociedades actuales. En la Argentina, el INAI señala que esta conmemoración remite al Primer Congreso Indigenista Interamericano, realizado en Pátzcuaro, México, entre el 14 y el 24 de abril de 1940. Aquellos pueblos originarios no solo fueron los primeros habitantes del territorio americano: también construyeron las bases culturales, simbólicas y materiales de muchas de las realidades que hoy conforman nuestras naciones. Sus conocimientos sobre la tierra, el agua, la agricultura, la medicina, la organización comunitaria y la espiritualidad sobrevivieron a siglos de despojo, resistencia y transformación. Por eso, más que una efeméride meramente recordatoria, esta fecha invita a valorar la continuidad histórica de culturas preexistentes que siguen vivas en todo el continente. En la Argentina, el INAI vincula esta semana con la necesidad de promover derechos vinculados a la participación, la salud, la educación y el acceso a la tierra. La recordación fue instituida a partir del encuentro celebrado en Pátzcuaro, del que surgió también el Instituto Indigenista Interamericano, creado por la convención de 1940 y luego incorporado al sistema interamericano. La OEA recuerda que ese organismo nació precisamente a partir de la Convención de Pátzcuaro con el objetivo de colaborar en la coordinación de políticas indígenas, promover investigación y fortalecer el conocimiento sobre los pueblos originarios del hemisferio. En ese marco, la fecha del 19 de abril quedó asociada al compromiso de salvaguardar y proyectar las culturas indígenas americanas. Hoy, la efeméride también puede leerse desde una mirada más amplia y contemporánea. Aunque el nombre tradicional sigue circulando, en muchos espacios institucionales y educativos se prefiere hablar de pueblos originarios o pueblos indígenas, términos que reflejan mejor el reconocimiento actual de sus derechos colectivos, su preexistencia y su diversidad cultural. En ese sentido, el 19 de abril sigue siendo una fecha valiosa no solo para homenajear el pasado, sino también para pensar el presente y el futuro de las comunidades indígenas en América. #DíaDelIndioAmericano #PueblosOriginarios #PueblosIndígenas #MemoriaAncestral #CulturaAmericana #HistoriaDeAmérica #IdentidadCultural #PatrimonioIndígena #AbyaYala #DiversidadCultural #IndigenousPeoples #NativeAmericanHeritage #IndigenousHistory #CulturalMemory #FirstNations #LatinAmericanHistory

Malbec y vino argentino: la historia épica que convirtió a Mendoza en la gran capital del brindis mundial


¿Qué sabemos realmente sobre la historia del vino y del Malbec en la Argentina? Mucho más de lo que parece a simple vista. La tradición vitivinícola del país hunde sus raíces en el tiempo de la colonización española, cuando la vid llegó a América impulsada por fines religiosos, productivos y culturales. En territorio argentino, las referencias históricas más tempranas ubican las primeras plantaciones en el siglo XVI, primero en el norte y luego en Cuyo, donde Mendoza y San Juan comenzaron a desarrollar viñedos entre 1569 y 1590. En esos años, el vino era imprescindible para la liturgia cristiana y también funcionaba como emblema cultural de la monarquía hispánica. Antes de ese proceso americano, la vid ya tenía una larga historia en otras latitudes. Existen relatos nórdicos sobre la mítica “Vinland”, nombrada por los vikingos en torno al año 1000, pero la implantación sistemática de la viticultura en América no vino de allí sino de la expansión española, con México como uno de los primeros grandes puntos de introducción de cepas europeas. En América del Norte ya había especies silvestres del género Vitis, pero la tradición del vino tal como luego se expandió en Hispanoamérica estuvo ligada a las variedades llevadas por conquistadores, religiosos y colonos. En la Argentina, la vid empezó a cultivarse primero con un sentido utilitario y sacramental, de la mano de encomenderos y órdenes religiosas. Más tarde, otra circunstancia histórica cambió el destino del vino argentino: la crisis de la filoxera en Europa durante el siglo XIX. Ese insecto devastó millones de hectáreas de viñedos en Francia y en otros países del continente, y coincidió con un momento en que la Argentina, y especialmente Mendoza, empezaba a consolidarse como tierra de oportunidad para agricultores, técnicos y empresarios del vino. La llegada de inmigrantes europeos especializados, junto con el riego artificial, la tierra seca, el sol intenso y la cercanía de los Andes, creó el escenario perfecto para el gran despegue vitivinícola de Cuyo. Entre las bodegas tradicionales que hicieron historia y ayudaron a forjar el prestigio del vino argentino figuran nombres fundamentales: Colomé en Salta, fundada en 1831; Goyenechea en San Rafael en 1868; Graffigna en San Juan en 1870; La Abeja en 1883; Trapiche en 1883; Escorihuela Gascón en 1884; La Rural en 1885; Giol y Gargantini también en 1885; Santa Ana en 1891; Michel Torino en 1892; López en 1898; Luigi Bosca en 1901; Catena en 1902; Humberto Canale en 1909; Flichman en 1910; y Norton en 1919. Varias de ellas siguen activas y forman parte del patrimonio histórico, económico y cultural de la vitivinicultura argentina. En Mendoza, además, la Finca González Videla es señalada como poseedora de una de las cavas más antiguas de América Latina, fechada en 1830. Argentina es además un caso singular en el mundo: fue el primer país en declarar al vino como Bebida Nacional. Esa decisión quedó establecida por el Decreto 1800/2010 y luego ratificada por el Congreso mediante la Ley 26.870 en 2013. A partir de ello, el 24 de noviembre quedó consagrado como el Día del Vino Argentino, Bebida Nacional, en reconocimiento al peso cultural, productivo, turístico y simbólico del vino en la identidad del país. Si hablamos del Malbec argentino, hay una fecha insoslayable: el 17 de abril de 1853. Ese día se presentó en Mendoza el proyecto para fundar la Quinta Normal de Agricultura, una institución decisiva para el desarrollo agrícola provincial. Allí aparece la figura de Domingo Faustino Sarmiento, que impulsó la creación de una escuela agronómica moderna, y también la del agrónomo francés Michel Aimé Pouget, convocado para traer nuevas variedades y estudiar su adaptación a los suelos locales. La Facultad de Ciencias Agrarias de la UNCuyo reconoce esa genealogía y señala que la Quinta Normal fue el punto de partida de una larga historia de investigación y formación agrícola en Mendoza. Fue precisamente Pouget quien introdujo el Malbec en la Argentina y quien advirtió su extraordinaria adaptación al clima mendocino. Desde 2011, por iniciativa de Wines of Argentina, el 17 de abril se celebra en todo el mundo el Malbec World Day, justamente para recordar aquel momento fundacional de 1853. Hay especialistas que señalan que otras cepas francesas pudieron haber llegado también por distintas vías migratorias, pero el papel de Pouget como gran impulsor del éxito del Malbec en Mendoza y su posterior proyección internacional es ampliamente reconocido. En ese mismo proceso aparece también Justo Castro, un personaje menos conocido pero muy importante. Comerciante salteño vinculado al tráfico de mulas y con relaciones en Chile, Castro se integró a esa corriente modernizadora que ayudó a llevar conocimientos, cepas y experiencia técnica hacia la región cuyana. Esa red de vínculos entre Chile, Mendoza, San Juan y Europa fue clave para que el vino argentino dejara de ser una producción casi rudimentaria y se convirtiera en una verdadera industria. El resultado de todo ese recorrido es impactante. Según el INV, el Malbec sigue siendo la variedad más emblemática del país. En 2025, alcanzó 46.890 hectáreas, equivalentes al 23,9 % de toda la superficie de vid argentina. Mendoza concentró 39.771 hectáreas, es decir el 84,8 % del Malbec nacional. En comercio exterior, las exportaciones de Malbec y sus cortes llegaron a 1.172.721 hectolitros, generaron 404,7 millones de dólares y alcanzaron 114 países, representando el 71,9 % del volumen total de varietales exportados por la Argentina. Por eso, hablar del vino y del Malbec no es solo hablar de una bebida. Es hablar de religión, inmigración, ciencia, comercio, paisaje, identidad y cultura. Es hablar de Mendoza, de sus oasis y de su dirigencia visionaria; de bodegueros, agrónomos y trabajadores de viña; y de una historia que convirtió al desierto irrigado en una de las grandes capitales vitivinícolas del planeta. Como sugirió Borges en sus versos al vino, cada copa puede ser también una manera de mirar la propia historia. Y pocas historias argentinas son tan intensas, profundas y universales como la del vino. #Malbec #VinoArgentino #BebidaNacional #HistoriaDelVino #Mendoza #MalbecWorldDay #MichelAimePouget #Sarmiento #Vitivinicultura #CulturaDelVino #ArgentineWine #WineHistory #MendozaWine #MalbecArgentino #WineCulture #Vineyards #AndesTerroir #VinoYHistoria

Neuquén 1972: el mapa que reveló una provincia en plena construcción entre rutas, ríos y distancias inmensas


En 1972 se publicó este mapa de la Provincia del Neuquén, editado por la Secretaría de Estado de Obras Públicas y Transporte y la Dirección Nacional de Vialidad, con participación del Automóvil Club Argentino. Más que una simple pieza cartográfica, el documento funciona como una radiografía territorial de una provincia todavía joven —Neuquén había sido creada como provincia en 1955— y muestra con claridad la importancia estratégica que ya tenía la red vial para unir ciudades, parajes, pasos cordilleranos y zonas de producción en un espacio inmenso y de geografía compleja. Al observarlo en detalle, lo primero que impacta es la forma alargada y vertical del territorio neuquino, apretado entre Chile al oeste, Mendoza al norte, Río Negro al este y sur, y La Pampa en el ángulo noreste. El mapa está dominado por una gran trama de ríos, lagos, caminos y cordones montañosos, con una cartela superior que identifica convenciones viales y un pequeño recuadro de situación relativa dentro de la Argentina. En la parte superior derecha aparece además un sello fechado “5 JUN 1972”, lo que refuerza su valor documental como pieza de época. La composición deja ver una provincia atravesada por grandes distancias, donde el agua y los caminos organizaban el territorio casi tanto como los límites políticos. La red vial es el gran corazón visual del plano. Se distinguen caminos pavimentados, mejorados, de tierra y sendas, además de tramos “en construcción” o proyectados, algo que transmite la idea de una provincia en pleno proceso de integración física. Resalta con fuerza el eje del alto valle y el corredor hacia la ciudad de Neuquén, mientras otras rutas se abren hacia Zapala, Cutral Có, Plaza Huincul, Chos Malal, San Martín de los Andes, Junín de los Andes, Aluminé, Las Lajas y distintos pasos cordilleranos. La presencia del inserto urbano de Neuquén capital en el ángulo inferior derecho también sugiere el peso creciente de la capital provincial dentro del sistema vial y administrativo. Ese protagonismo encaja con el papel histórico de Vialidad Nacional como organismo rector de la red troncal argentina. Otro aspecto llamativo es la convivencia entre dos Neuquenes en una misma lámina. Por un lado, aparece el Neuquén andino, con lagos encadenados, pasos internacionales, montañas y nombres de parajes vinculados a la cordillera. Por otro, se ve el Neuquén de la estepa y los valles, donde los ríos Neuquén, Limay y Colorado estructuran la comunicación y el poblamiento. El mapa no solo sirve para ubicarse: también cuenta una historia silenciosa sobre cómo la vialidad ayudó a coser una provincia heterogénea, donde cada ruta era una promesa de conexión, comercio, soberanía y presencia estatal. En ese sentido, esta pieza de 1972 no retrata un territorio terminado, sino uno en expansión, todavía organizándose a través de sus caminos. #Neuquén #CartografíaHistórica #MapaHistórico #Vialidad #HistoriaArgentina #Patagonia #ArchivoGeneralDeLaNación #HistoriaPatagónica #RutasArgentinas #GeografíaArgentina #HistoricMap #HistoricalCartography #PatagoniaArgentina #RoadHistory #ArgentineHistory #VintageMap #OnThisDay #MapLovers

Parque Angélica: el vergel perdido de Chacras de Coria que deslumbró al pie de los cerros mendocinos




Las imágenes muestran el portal de ingreso y una vista general del Parque Angélica, en Chacras de Coria, Mendoza, donde los cuidados canteros floridos, los senderos prolijos y las plantaciones de árboles componían un paisaje sorprendente que contrastaba con la aridez de los cerros del fondo. Más que un simple jardín, el lugar fue recordado como uno de los espacios verdes más singulares de la zona, una postal en la que la mano del hombre y la naturaleza mendocina parecían dialogar en perfecta armonía. Las referencias históricas coinciden en que el Parque Angélica fue un predio de gran escala, de unas 10 hectáreas, levantado sobre una colina y poblado con una notable variedad de especies, entre ellas coníferas, eucaliptos, palmeras, magnolias, fresnos, castaños de la India y liquidámbares. Esa diversidad vegetal, sumada al diseño de sus jardines, lo convirtió en un verdadero pulmón verde dentro de Chacras de Coria y en uno de los rincones más evocadores del viejo paisaje residencial mendocino Distintas reconstrucciones de memoria local señalan además que el parque fue concebido en 1912 por José Benito de San Martín y que más tarde sería conocido como un hito del urbanismo y de la vida social de Chacras. Algunas de esas crónicas también afirman que fue diseñado por el paisajista francés Jules Vacherot y que incluso contó con un lago artificial, aunque esos datos aparecen sobre todo en relatos de rescate patrimonial y no siempre en estudios académicos formales. Con el paso del tiempo, aquel gran parque fue loteado entre las décadas de 1960 y 1970, pero según las memorias locales todavía conserva parte de su antiguo patrimonio forestal gracias a la persistencia del arbolado original y al cuidado de los vecinos. Por eso estas fotos no solo muestran un acceso elegante y una avenida bordeada de flores: muestran también un fragmento del Chacras de Coria histórico, cuando el oasis cultivado mendocino todavía se imponía visualmente sobre la sequedad de los cerros. #ParqueAngélica #ChacrasDeCoria #MendozaAntigua #HistoriaDeMendoza #PatrimonioMendocino #MemoriaVisual #JardinesHistóricos #PaisajeMendocino #ChacrasAntigua #OasisMendocino #HistoricMendoza #GardenHistory #CulturalHeritage #VintageMendoza #HistoricGardens #ArchivePhoto

19 de abril de 1916: Enriqueta Fruchard de Jarfelt conquistó el cielo y abrió camino a las aviadoras argentinas


El 19 de abril de 1916, Enriqueta Fruchard de Jarfelt obtuvo su brevet de Piloto Aviador, un logro que la ubicó entre las grandes pioneras de la aeronáutica nacional. Ese examen lo rindió sobre un biplano Farman-Gnome de 50 HP, después de una formación exigente que por fin la llevó a alcanzar la licencia que tanto ambicionaba. Años más tarde, la legislación argentina la reconocería oficialmente como Piloto Aviador N.º 101 y como una de las figuras precursoras de la aviación civil del país. Su nombre ocupa un lugar especial en la historia aérea argentina. Fuentes oficiales la recuerdan como una de las primeras mujeres aviadoras del país y también como la primera aviadora y paracaidista argentina, una trayectoria excepcional en tiempos en que volar seguía siendo una actividad riesgosa, experimental y dominada casi por completo por los varones. El Museo Nacional de Aeronáutica la incluye entre las mujeres fundamentales de ese origen heroico de la aviación argentina. La dimensión de su figura no terminó en ese brevet de 1916. Décadas después, se desempeñó al frente del Taller de Paracaídas de la Escuela de Tropas Aerotransportadas y fue recordada con afecto por generaciones de paracaidistas militares. Su papel fue tan importante que, tras su muerte, recibió el reconocimiento oficial de “Precursora de la Aeronáutica Argentina”, distinción otorgada por ley a quienes ayudaron a fundar y desarrollar la actividad aérea en el país. Hay un matiz histórico útil, Enriqueta Fruchard fue una pionera fundamental, pero la primera mujer en obtener el título de piloto aviador en la Argentina fue Amelia Celia Figueredo de Pietra, en 1914; Enriqueta logró el suyo en 1916. Eso no le quita relevancia: su nombre sigue ligado a los primeros pasos de las mujeres en la aviación argentina y a una vida dedicada al aire, el riesgo y la vocación. #EnriquetaFruchard #EnriquetaFruchardDeJarfelt #AviaciónArgentina #PionerasDelAire #HistoriaArgentina #MujeresEnLaAviación #Efemérides #PilotoAviador #Paracaidismo #AeronauticaArgentina #ArgentineAviation #WomenInAviation #AviationHistory #PioneeringWomen #OnThisDay #HistoricWomen

19 de abril de 1924: Roberto Casaux llevó a escena “Giacomo” y encendió una nueva chispa del teatro de Discépolo


El 19 de abril de 1924, Roberto Casaux estrenó “Giacomo”, una obra de Armando Discépolo escrita en colaboración con Rafael José De Rosa, en un momento clave de la evolución del teatro rioplatense. La pieza fue presentada por la Compañía de Roberto Casaux y quedó inscripta en la etapa en que Discépolo todavía trabajaba en colaboración, poco antes de afirmarse plenamente como una de las voces mayores del teatro argentino. “Giacomo” suele ser ubicada por la crítica dentro del proceso que llevó a Discépolo desde la comedia asainetada hacia las formas más maduras del grotesco criollo, el gran género con el que terminaría marcando una época. Un estudio académico señala que esta obra fue dada a conocer precisamente por la compañía de Casaux el 19 de abril, y la considera parte del período canónico que desembocaría luego en títulos decisivos como “Mateo”, “Stéfano” y “Cremona”. El dato también permite dimensionar el papel de Roberto Casaux en la escena porteña de aquellos años. Casaux no fue solo un actor popular, sino también uno de los grandes impulsores del repertorio nacional, al frente de una compañía estable que desde 1924 ocupó un lugar importante en la cartelera de Buenos Aires. En ese marco, el estreno de “Giacomo” aparece como parte de una relación artística muy fecunda con el universo dramático de Discépolo. #RobertoCasaux #ArmandoDiscépolo #Giacomo #TeatroArgentino #HistoriaDelTeatro #GrotescoCriollo #EscenaPorteña #CulturaArgentina #Efemérides #TeatroNacional #ArgentineTheatre #TheatreHistory #ArmandoDiscepolo #BuenosAiresCulture #OnThisDay #HistoricTheatre

19 de Abril de 1909 - nace José Manuel Gil: el gran colorista mendocino que convirtió el paisaje cuyano en pura fuerza y emoción


El 19 de abril de 1909 nació en San Carlos, Mendoza, José Manuel Gil, uno de los nombres más representativos de la plástica mendocina del siglo XX. Se formó en la Academia Provincial de Bellas Artes de Mendoza, de la que egresó en 1941, y muy pronto pasó a ocupar un lugar central en la vida artística de la provincia: fue socio fundador y también presidente de la Asociación de Artistas Plásticos de Mendoza, una institución clave para la organización y proyección del arte regional. De hecho, la historiografía del arte cuyano lo ubica al frente de la filial mendocina de la SAAP en la inauguración del Primer Salón de Cuyo de 1942, señal del peso que ya tenía en el ambiente cultural local. Desde 1940 comenzó a participar en los salones oficiales de Cuyo y desplegó una producción amplia y versátil. Incursionó en dibujo, óleo, pastel y témpera, y además trabajó en murales, esculturas e hierro batido, lo que muestra una obra abierta a distintos lenguajes y materiales. Expuso en espacios artísticos de Mendoza y de varias ciudades cuyanas, participó en el Salón Nacional desde 1946 y sus trabajos llegaron también a muestras en Estados Unidos y Chile. En 1952 recibió una beca de la Municipalidad de San Juan para pintar paisajes, y entre sus reconocimientos se destacan el Segundo Premio Adquisición en el Tercer Salón Libre de Pintura de San Rafael de 1954 y el Premio Adquisición del Salón Vendimia de Mendoza de 1958. Aunque no se ajustó de manera rígida a los cánones académicos, su pintura se distinguió por una gran vitalidad y por la fuerza del color, rasgo que terminó convirtiéndose en una de sus marcas personales. Su tema predilecto fue el paisaje, aunque también cultivó retratos, naturalezas muertas y flores, siempre con una mirada donde el color pesaba más que el claroscuro. Esa intensidad cromática lo volvió una figura muy reconocible dentro del paisaje artístico mendocino. No por casualidad, hoy su obra integra el patrimonio del Museo Provincial de Bellas Artes Emiliano Guiñazú – Casa de Fader, donde sigue formando parte de la memoria visual de la provincia. José Manuel Gil murió en 1985 en El Challao, Las Heras, Mendoza, dejando una trayectoria profundamente ligada al arte regional, al paisaje cuyano y a la construcción de instituciones culturales que ayudaron a consolidar la plástica mendocina del siglo pasado #JoséManuelGil #ArteMendocino #Mendoza #SanCarlosMendoza #PaisajeCuyano #PinturaArgentina #HistoriaDelArte #ArtistasPlásticos #SalónNacional #CasaDeFader #ArgentineArt #ArtHistory #LandscapePainting #MendozaArt #Cuyo #CulturalHeritage #ColorInArt #HistoricArtists

19 de Abril de 1891 - Ernesto Valls: el discípulo de Sorolla que encontró en Mendoza su gran musa americana


El 19 de abril de 1891 nació en Valencia Ernesto Valls Sanmartín, pintor formado en la Real Academia de San Carlos y vinculado a la gran tradición luminista valenciana. En sus primeros años se movió en un ambiente artístico en el que resonaban nombres como Emilio Sala, Antonio Muñoz Degrain, Hermenegildo Anglada y, sobre todo, Joaquín Sorolla, de quien fue considerado discípulo. También integró el clima renovador de la Juventud Artística Valenciana, un grupo de jóvenes creadores que absorbió con entusiasmo el influjo de Sorolla y ayudó a proyectar la pintura valenciana de comienzos del siglo XX. Muy pronto comenzó a ganar reconocimiento. Distintos repertorios biográficos coinciden en que obtuvo premios en España y que su nombre empezó a circular fuera de su tierra; además, biografías de catálogo le atribuyen participaciones destacadas en la Exposición Nacional Española de Pintura y en la Muestra de Arte Decorativo de México de 1917, así como exhibiciones en San Pablo, Londres y Nueva York. A comienzos de 1916 presentó en el Río de la Plata una serie de telas reunidas bajo el título “Escenas valencianas”, que mostró en Buenos Aires, Rosario, Santa Fe y Montevideo, en un momento en que el arte español gozaba de gran prestigio entre los coleccionistas argentinos. Ese mismo 1916 llegó a la Argentina para exponer sus obras, encontró aquí un mercado receptivo y decidió quedarse. Se casó con la argentina Dolores Chocón y se estableció en San Vicente, en la provincia de Buenos Aires, donde formó su hogar y desde donde proyectó una parte central de su carrera. Desde entonces participó activamente en la vida artística local: debutó en el Salón Nacional en 1918 y volvería a concurrir en años posteriores. También trabajó como restaurador del Museo Nacional de Bellas Artes y realizó murales para el Ministerio de Obras Públicas de la Nación, la Sala de Audiencias en lo Penal de Córdoba y el Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia. Su obra, marcada por una fuerte huella de Sorolla, cambió la luz mediterránea por los paisajes argentinos. Valls dejó atrás el resplandor valenciano para concentrarse en el paisaje nacional, en especial en el Valle de Potrerillos, en Mendoza, así como en su gente, sus trabajos y sus costumbres. Ese cruce entre sensibilidad española y territorio argentino es una de las claves de su pintura. Murió en 1941 mientras trabajaba en Mendoza en encargos vinculados al Museo Bernardino Rivadavia; sobre la fecha exacta hay una pequeña diferencia entre las biografías consultadas, que la ubican entre el 31 de enero y el 1 de febrero, pero coinciden en que su final llegó de manera repentina en plena labor artística. #ErnestoValls #Valencia #Sorolla #PinturaValenciana #ArteArgentino #HistoriaDelArte #SanVicente #Mendoza #Potrerillos #PaisajeArgentino #MuseoBellasArtes #BernardinoRivadavia #ValencianArt #ArgentineArt #ArtHistory #SpanishPainters #LandscapePainting #CulturalHeritage

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