📸 ¡Retrocedamos exactamente 125 años, hasta una Mendoza donde la vitivinicultura experimentaba una extraordinaria transformación y un grupo de religiosos comenzaba a escribir una de las páginas más fascinantes de nuestra historia educativa e industrial! ¡En 1901, en Rodeo del Medio, departamento de Maipú, la obra salesiana Don Bosco daba sus primeros grandes pasos en la enseñanza de la viticultura y la enología, sentando las bases de una institución que llegaría a convertirse en un verdadero símbolo del progreso mendocino! ¡Observemos los impresionantes detalles de esta fotografía histórica difundida por la Agencia iNfo Salesiana! En el interior de una antigua instalación bodeguera sobresalen enormes toneles de madera, algunos de dimensiones verdaderamente colosales, distribuidos en hileras que ocupan buena parte del establecimiento. Sobre ellos aparecen numerosas personas con vestimentas de época, sombreros y largos utensilios de trabajo, mientras otras permanecen junto a las grandes cubas. En el sector superior central destaca la figura de un religioso vestido con sotana, contemplando aquella singular escena. ¡UNA EXTRAORDINARIA POSTAL DEL ESFUERZO HUMANO Y DE LOS ORÍGENES DE UNA TRADICIÓN VITIVINÍCOLA CENTENARIA! La historia de esta institución había comenzado en 1898, cuando los salesianos llegaron a Rodeo del Medio y recibieron el decisivo apoyo de Lucila Barrionuevo Pescara de Bombal, quien facilitó tierras e instalaciones para impulsar una escuela agrícola y una capilla destinadas a la comunidad. En 1901, bajo el impulso del padre Luis Botta y con la participación fundamental del sacerdote Pablo Robotti y del hermano Ernesto Frigerio, comenzó a organizarse la enseñanza vitivinícola y se emprendió el desarrollo de la Bodega Experimental, aprovechando instalaciones anteriores, entre ellas una histórica cava vinculada con una construcción de 1880. ¡PERO EL 17 DE ABRIL DE 1901 OCURRIÓ UN ACONTECIMIENTO QUE QUEDARÍA GRABADO PARA SIEMPRE EN LA MEMORIA SALESIANA! Según las crónicas de la institución, aquel día se filtró por primera vez el vino de misa elaborado por el padre Robotti. La documentación conserva una frase reveladora: «Hoy filtramos el primer vino de Misa». Semanas después, el 5 de mayo, el propio sacerdote comunicaba con satisfacción el resultado de aquella primera elaboración. ¡AQUEL VINO REPRESENTÓ MUCHO MÁS QUE UNA PRODUCCIÓN RELIGIOSA: SIMBOLIZÓ EL NACIMIENTO DE UNA EXTRAORDINARIA TRADICIÓN DE EDUCACIÓN Y TRABAJO! La formación teórico-práctica se consolidó desde 1903 y, en 1905, la institución incorporó su primer laboratorio enológico. En 1909 se inauguró el majestuoso Santuario de María Auxiliadora, que terminaría convirtiéndose en uno de los grandes emblemas arquitectónicos de Rodeo del Medio. Décadas después, en 1965, nació allí la primera Facultad de Enología de Latinoamérica, un acontecimiento fundamental para la formación de profesionales especializados. ¡Hoy, 125 años después de aquel histórico primer filtrado, la obra Don Bosco continúa vinculando educación, viñedos, bodega, investigación y tradición religiosa! Esta imagen nos invita a recordar una época en la que enormes recipientes de madera, el esfuerzo cotidiano y los conocimientos transmitidos entre generaciones ayudaron a construir una institución profundamente ligada a la identidad de Mendoza. ¡UN LEGADO DE FE, CIENCIA, TRABAJO Y VINO QUE ATRAVESÓ MÁS DE UN SIGLO DE HISTORIA! 🍇🍷🇦🇷 #MendozAntigua #RodeoDelMedio #Maipú #MendozaAntigua #HistoriaDeMendoza #BodegaDonBosco #Salesianos #Vitivinicultura #Enología #VinoArgentino #PatrimonioHistórico #HistoriaDelVino #WineHistory #MendozaWine #ArgentineWine #HistoricPhotography #WineHeritage #DonBosco Fuentes: Agencia iNfo Salesiana (ANS); Archivo Histórico Salesiano, investigación de Agustín Borzi; Obra Don Bosco; Iván Ariel Fresia (UNCuyo, 2013); Los Andes (2026). Fotografía: Imagen histórica publicada por la Agencia iNfo Salesiana (ANS). Autor no identificado en la publicación consultada. La fotografía se presenta asociada a 1901, aunque no se ha corroborado independientemente la fecha exacta de la toma.
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martes, 27 de octubre de 2026
🍷🔥 1901: ENTRE GIGANTESCOS TONELES NACIÓ UNA LEYENDA DEL VINO MENDOCINO EN RODEO DEL MEDIO 🇦🇷
📸 ¡Retrocedamos exactamente 125 años, hasta una Mendoza donde la vitivinicultura experimentaba una extraordinaria transformación y un grupo de religiosos comenzaba a escribir una de las páginas más fascinantes de nuestra historia educativa e industrial! ¡En 1901, en Rodeo del Medio, departamento de Maipú, la obra salesiana Don Bosco daba sus primeros grandes pasos en la enseñanza de la viticultura y la enología, sentando las bases de una institución que llegaría a convertirse en un verdadero símbolo del progreso mendocino! ¡Observemos los impresionantes detalles de esta fotografía histórica difundida por la Agencia iNfo Salesiana! En el interior de una antigua instalación bodeguera sobresalen enormes toneles de madera, algunos de dimensiones verdaderamente colosales, distribuidos en hileras que ocupan buena parte del establecimiento. Sobre ellos aparecen numerosas personas con vestimentas de época, sombreros y largos utensilios de trabajo, mientras otras permanecen junto a las grandes cubas. En el sector superior central destaca la figura de un religioso vestido con sotana, contemplando aquella singular escena. ¡UNA EXTRAORDINARIA POSTAL DEL ESFUERZO HUMANO Y DE LOS ORÍGENES DE UNA TRADICIÓN VITIVINÍCOLA CENTENARIA! La historia de esta institución había comenzado en 1898, cuando los salesianos llegaron a Rodeo del Medio y recibieron el decisivo apoyo de Lucila Barrionuevo Pescara de Bombal, quien facilitó tierras e instalaciones para impulsar una escuela agrícola y una capilla destinadas a la comunidad. En 1901, bajo el impulso del padre Luis Botta y con la participación fundamental del sacerdote Pablo Robotti y del hermano Ernesto Frigerio, comenzó a organizarse la enseñanza vitivinícola y se emprendió el desarrollo de la Bodega Experimental, aprovechando instalaciones anteriores, entre ellas una histórica cava vinculada con una construcción de 1880. ¡PERO EL 17 DE ABRIL DE 1901 OCURRIÓ UN ACONTECIMIENTO QUE QUEDARÍA GRABADO PARA SIEMPRE EN LA MEMORIA SALESIANA! Según las crónicas de la institución, aquel día se filtró por primera vez el vino de misa elaborado por el padre Robotti. La documentación conserva una frase reveladora: «Hoy filtramos el primer vino de Misa». Semanas después, el 5 de mayo, el propio sacerdote comunicaba con satisfacción el resultado de aquella primera elaboración. ¡AQUEL VINO REPRESENTÓ MUCHO MÁS QUE UNA PRODUCCIÓN RELIGIOSA: SIMBOLIZÓ EL NACIMIENTO DE UNA EXTRAORDINARIA TRADICIÓN DE EDUCACIÓN Y TRABAJO! La formación teórico-práctica se consolidó desde 1903 y, en 1905, la institución incorporó su primer laboratorio enológico. En 1909 se inauguró el majestuoso Santuario de María Auxiliadora, que terminaría convirtiéndose en uno de los grandes emblemas arquitectónicos de Rodeo del Medio. Décadas después, en 1965, nació allí la primera Facultad de Enología de Latinoamérica, un acontecimiento fundamental para la formación de profesionales especializados. ¡Hoy, 125 años después de aquel histórico primer filtrado, la obra Don Bosco continúa vinculando educación, viñedos, bodega, investigación y tradición religiosa! Esta imagen nos invita a recordar una época en la que enormes recipientes de madera, el esfuerzo cotidiano y los conocimientos transmitidos entre generaciones ayudaron a construir una institución profundamente ligada a la identidad de Mendoza. ¡UN LEGADO DE FE, CIENCIA, TRABAJO Y VINO QUE ATRAVESÓ MÁS DE UN SIGLO DE HISTORIA! 🍇🍷🇦🇷 #MendozAntigua #RodeoDelMedio #Maipú #MendozaAntigua #HistoriaDeMendoza #BodegaDonBosco #Salesianos #Vitivinicultura #Enología #VinoArgentino #PatrimonioHistórico #HistoriaDelVino #WineHistory #MendozaWine #ArgentineWine #HistoricPhotography #WineHeritage #DonBosco Fuentes: Agencia iNfo Salesiana (ANS); Archivo Histórico Salesiano, investigación de Agustín Borzi; Obra Don Bosco; Iván Ariel Fresia (UNCuyo, 2013); Los Andes (2026). Fotografía: Imagen histórica publicada por la Agencia iNfo Salesiana (ANS). Autor no identificado en la publicación consultada. La fotografía se presenta asociada a 1901, aunque no se ha corroborado independientemente la fecha exacta de la toma.
jueves, 22 de octubre de 2026
¡1904: LOS ROSTROS OLVIDADOS DE LA GIGANTESCA BODEGA URIBURU, DONDE EL VINO SE ELABORABA ENTRE MÁQUINAS COLOSALES Y JORNADAS DE SOL A SOL! CAUCETE - SAN JUAN
¡Una extraordinaria fotografía reunió frente a un imponente edificio a decenas de hombres, mujeres y niños que formaban parte del mundo vitivinícola sanjuanino! ¡En 1904, el establecimiento de Francisco Uriburu, ubicado en Caucete, al pie de la sierra de Pie de Palo, representaba uno de los emprendimientos industriales más avanzados de la Argentina! La imagen, identificada originalmente como «Establecimiento Sr. Uriburu, personal permanente. Caucete», muestra una multitud cuidadosamente acomodada frente al monumental portón de entrada, coronado por el apellido Uriburu. A la izquierda predominan los hombres con sombreros, chalecos y trajes de trabajo; a la derecha aparecen mujeres con vestidos claros, mientras varios niños ocupan los primeros planos. ¡Pero detrás de aquellos rostros se escondía una historia verdaderamente fascinante! El médico y abogado Juan Bialet Massé visitó el establecimiento durante su investigación sobre las condiciones laborales argentinas, encomendada por el gobierno del presidente Julio Argentino Roca y su ministro Joaquín V. González. ¡LO QUE DESCRIBIÓ EN SU INFORME FUE EXTRAORDINARIO! La propiedad, cuyos orígenes estaban vinculados al pionero Justo Castro, contaba con unas 250 hectáreas de viñedos, instalaciones frigoríficas, enormes recipientes de fermentación, sistemas de bombeo y maquinaria capaz de moler aproximadamente 115.000 kilogramos de uva diarios. Un poderoso generador eléctrico de más de 120 kilovatios alimentaba las instalaciones durante la cosecha. Bialet Massé quedó tan impresionado que consideró aquella bodega un verdadero modelo de organización científica e industrial. ¡Sin embargo, las cifras sobre sus trabajadores revelan otra cara de aquella época! Según su informe, la bodega, los talleres y las máquinas empleaban a unas 150 personas, mientras que durante la vendimia trabajaban en los viñedos aproximadamente 200 hombres, 400 mujeres y entre 60 y 70 niños. Las jornadas eran de sol a sol, aunque se respetaba el descanso dominical. El jornal general de los peones era de 1,20 pesos, además de alojamiento y alimentos; las mujeres percibían 50 centavos más la ración, y algunos menores recibían apenas 40 centavos diarios. ¡UNA REALIDAD QUE DEMUESTRA CUÁNTO CAMBIARON LAS CONDICIONES LABORALES EN MÁS DE UN SIGLO! Pese a admirar la tecnología del establecimiento, Bialet Massé recomendó mejorar los salarios, ampliar las viviendas obreras y establecer la jornada de ocho horas. ¡Y EXISTE UNA ANÉCDOTA SORPRENDENTE! Durante el regreso de aquella visita, su carruaje quedó atrapado en las aguas del río San Juan y sus ocupantes debieron ser rescatados, mientras el investigador estuvo a punto de perder sus aparatos fotográficos y las anotaciones del viaje. ¡Hoy, esta fotografía constituye mucho más que un antiguo retrato colectivo: es un testimonio excepcional de los protagonistas de la vitivinicultura cuyana, de sus sacrificios cotidianos y de una industria que comenzaba a transformarse mediante la ciencia, el trabajo y la tecnología! ¡UNA VERDADERA JOYA DEL PATRIMONIO FOTOGRÁFICO ARGENTINO QUE RESCATA DEL OLVIDO A GENERACIONES ENTERAS! #MendozAntigua #SanJuan1904 #Caucete #BodegaUriburu #FranciscoUriburu #JuanBialetMasse #HistoriaDeSanJuan #HistoriaDeCuyo #Vitivinicultura #BodegasAntiguas #HistoriaDelVino #TrabajadoresRurales #HistoriaLaboral #PatrimonioIndustrial #FotografiaHistorica #Vendimia #ArgentinaHistory #SanJuanArgentina #WineHistory #HistoricWinery #VintagePhotography #WinemakingHistory #IndustrialHeritage #LaborHistory Fuentes: Juan Bialet Massé, Informe sobre el estado de las clases obreras en el interior de la República, 1904, capítulo dedicado a San Juan, sección «Establecimiento vitivinícola del señor don Francisco Uriburu en Caucete», páginas 385-397 de la reedición del Ministerio de Trabajo de la Provincia de Buenos Aires; Proyecto Bialet, colección fotográfica histórica; diario Los Andes, 21 de mayo de 2015; investigación de Ignacio Giorgio y Mariela Staude sobre las fotografías del informe. Fotografía: atribuida al fotógrafo de apellido Rosich, colaborador del registro fotográfico de Bialet Massé en 1904. La autoría individual de esta imagen no está acreditada de manera concluyente.
sábado, 17 de octubre de 2026
¡1904: ENTRE GIGANTESCOS ALAMBIQUES Y MÁQUINAS DE VAPOR, LOS TRABAJADORES DE LA GERMANIA PROTAGONIZABAN UNA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL EN CUYO!
¡Una extraordinaria fotografía de 1904 nos transporta hacia el pasado, hasta el interior de la histórica Bodega Germania, en la provincia de San Juan, cuando la industria vitivinícola argentina experimentaba una transformación sin precedentes! ¡La imagen constituye un verdadero tesoro documental y revela un aspecto poco conocido de aquella época: la tecnología utilizada para concentrar productos derivados de la uva y obtener alcohol mediante complejos sistemas de destilación! ¡OBSÉRVESE ESTA IMPRESIONANTE ESCENA INDUSTRIAL DE PRINCIPIOS DEL SIGLO XX! En el centro sobresalen dos enormes aparatos metálicos de forma cónica, conectados mediante tuberías, conductos y mecanismos industriales. A su alrededor aparecen plataformas elevadas, escaleras, grandes ruedas y estructuras de transmisión mecánica, mientras varios trabajadores posan junto a las instalaciones. ¡Uno de ellos permanece de pie, junto a las imponentes máquinas, y otro observa desde el sector derecho, dejando para la posteridad los rostros de quienes hicieron funcionar aquellos establecimientos! El conjunto permite apreciar la magnitud de las inversiones técnicas realizadas en las bodegas cuyanas, cuando el trabajo manual comenzaba a combinarse con complejos procedimientos de producción industrial. ¡Pero detrás de estas máquinas existía una historia todavía más sorprendente! La Germania formaba parte de una empresa vinculada al empresario alemán Germán Wiedenbrüg, con sede central en Rosario y establecimientos en Mendoza y San Juan. Según la investigación de la historiadora Patricia Barrio de Villanueva, la sociedad se había constituido en 1900 y comenzó a expandir sus inversiones hacia Cuyo en 1901. ¡En pocos años alcanzó dimensiones industriales extraordinarias! El propio Juan Bialet Massé, durante su investigación sobre las condiciones laborales de los argentinos, describió la bodega sanjuanina y dejó cifras verdaderamente reveladoras: contaba con dos máquinas moledoras capaces de procesar hasta 40.000 kilogramos de uva por día, grandes recipientes de fermentación, una vía férrea industrial Decauville, una bodega subterránea y dos alambiques del reconocido fabricante francés Egrot. ¡Su capacidad de elaboración había crecido de 6.000 a 28.000 bordalesas de vino! El establecimiento empleaba habitualmente a 50 trabajadores, cifra que ascendía a 140 durante la vendimia. Sin embargo, aquel impresionante progreso tecnológico escondía una realidad mucho menos favorable para los obreros. ¡Bialet Massé denunció deficiencias en las medidas de seguridad y criticó duramente el reglamento interno de La Germania, que imponía sanciones económicas de hasta diez pesos por determinadas infracciones! La fotografía formó parte del extraordinario registro documental incorporado a su investigación de 1904, realizada por encargo del gobierno nacional durante la presidencia de Julio Argentino Roca. ¡Y EXISTE UN DETALLE HISTÓRICO FUNDAMENTAL! Aunque La Germania también poseía establecimientos en Mendoza, particularmente en Godoy Cruz, la fotografía que contemplamos corresponde específicamente a sus instalaciones de SAN JUAN, ¡HOY, 122 AÑOS DESPUÉS, AQUELLOS ALAMBIQUES, ENORMES TUBERÍAS Y TRABAJADORES INMORTALIZADOS POR UNA CÁMARA NOS RECUERDAN QUE LA GRANDEZA VITIVINÍCOLA DE CUYO SE CONSTRUYÓ ENTRE INVERSIONES, INNOVACIONES, SACRIFICIOS Y EL ESFUERZO COTIDIANO DE GENERACIONES ENTERAS! ¡UNA VERDADERA JOYA DE NUESTRO PATRIMONIO INDUSTRIAL QUE MERECE SER RECORDADA! Fuente: Juan Bialet Massé, Informe sobre el estado de las clases obreras argentinas, tomo II, capítulo dedicado a San Juan (1904); Proyecto Bialet; Patricia Barrio de Villanueva, CONICET–UNCuyo, Grandes empresarios vitivinícolas en crisis. Fotografía: atribuida al fotógrafo de apellido Rosich, vinculado al registro fotográfico del informe de 1904. La autoría individual de esta toma no está acreditada de manera concluyente. #MendozAntigua #SanJuan1904 #BodegaGermania #HistoriaDeSanJuan #HistoriaDeMendoza #HistoriaDeCuyo #Vitivinicultura #BodegasAntiguas #IndustriaVitivinicola #Alambiques #Destilacion #HistoriaDelVino #PatrimonioIndustrial #BialetMasse #FotografiaHistorica #TrabajadoresDelVino #WineHistory #ArgentineWine #MendozaWine #SanJuanArgentina #HistoricWinery #WinemakingHistory #IndustrialHeritage #VintagePhotography #WineIndustry #ArgentinaHistory
miércoles, 14 de octubre de 2026
1904: ¡EL GIGANTE DE HIERRO QUE TRANSFORMABA LAS UVAS EN VINO! LA EXTRAORDINARIA MÁQUINA MOLEDORA DE LA BODEGA BORELL Y CALLISSE EN LA MENDOZA DE HACE MÁS DE 120 AÑOS
¡Cuando Mendoza comenzaba a consolidarse como una de las grandes potencias vitivinícolas de la Argentina, enormes máquinas, ingeniosos sistemas mecánicos y el esfuerzo de cientos de trabajadores protagonizaban una auténtica revolución industrial! ¡Esta extraordinaria fotografía histórica de 1904 nos transporta al interior de la bodega de los señores Borell y Callisse, donde una imponente máquina moledora de uvas representa uno de los grandes avances tecnológicos que estaban transformando para siempre la elaboración del vino argentino! En la imagen observamos a varios trabajadores junto a una instalación equipada con mecanismos de transmisión y grandes recipientes utilizados durante el procesamiento de la cosecha. ¡Era el corazón de una actividad que combinaba fuerza humana, maquinaria y producción a gran escala! Aquellas moledoras permitían estrujar las uvas para liberar el mosto, dando comienzo a una de las etapas fundamentales de la vinificación. ¡Pero detrás de esta imagen existe una historia todavía más fascinante! La fotografía integró el extraordinario relevamiento realizado en 1904 por Juan Bialet Massé, médico y abogado que, por encargo del gobierno del presidente Julio Argentino Roca y del ministro Joaquín V. González, investigó las condiciones laborales de los trabajadores argentinos. Su informe documentó las transformaciones industriales, pero también denunció extensas jornadas, bajos salarios y graves deficiencias de seguridad e higiene. ¡Mientras las máquinas multiplicaban la capacidad productiva de las bodegas, miles de trabajadores sostenían con su esfuerzo cotidiano el crecimiento de la industria! Godoy Cruz fue uno de los grandes escenarios de aquella transformación, impulsada por establecimientos de familias como Benegas, Tomba, Arizu, Escorihuela y Calise. Precisamente, el Museo Virtual de Godoy Cruz documenta que los hermanos Francisco y Víctor Calise, inmigrantes italianos establecidos en Mendoza en 1894, comenzaron a elaborar vinos en una bodega alquilada en 1898 y desarrollaron posteriormente un importante establecimiento propio, fundado en 1906. Su trayectoria quedó vinculada a la historia industrial del distrito de Benegas. ¡Hoy, más de un siglo después, esta fotografía constituye una impresionante ventana hacia aquella Mendoza de hierro, poleas, vendimias y trabajo, cuando la industria del vino comenzaba a conquistar una dimensión extraordinaria! ¡Un testimonio de los hombres y las máquinas que ayudaron a construir el legado vitivinícola mendocino! #MendozAntigua #MendozaAntigua #BorellYCallisse #BodegasAntiguas #GodoyCruz #Benegas #HistoriaDeMendoza #Vitivinicultura #Vendimia #IndustriaVitivinicola #JuanBialetMasse #PatrimonioHistorico #WineHistory #MendozaWine #OldWineries #HistoricPhotography #ArgentineWine #IndustrialHeritage #WineMaking. Fuentes: Juan Bialet Massé, Informe sobre el estado de las clases obreras en el interior de la República (1904); Proyecto Bialet; Museo Virtual de Godoy Cruz, investigación de Cecilia Raffa (INCIHUSA–CONICET); Ministerio de Trabajo de la Nación. Autor de la fotografía: no identificado en la documentación consultada; Juan Bialet Massé fue el responsable del informe que incorporó la imagen.
viernes, 9 de octubre de 2026
1904: ¡LA BODEGA PALENCIA Y LOS CARROS REPLETOS DE UVA QUE HICIERON HISTORIA EN SAN MARTÍN! EL IMPRESIONANTE TESTIMONIO DE LA MENDOZA VITIVINÍCOLA
¡Cuando la vitivinicultura mendocina experimentaba una transformación extraordinaria, una cámara inmortalizó una escena que hoy nos transporta al corazón de la industria del vino en el Este provincial! En 1904, la histórica Bodega del señor Palencia, ubicada en San Martín, quedó registrada en una excepcional fotografía incorporada al célebre Informe sobre el estado de las clases obreras en el interior de la República, elaborado por Juan Bialet Massé. ¡CARROS TIRADOS POR CABALLOS, ENORMES CANECAS REPLETAS DE UVA, TRABAJADORES Y UNA BODEGA EN PLENA ACTIVIDAD! La imagen muestra el intenso movimiento de la vendimia, con numerosos recipientes de madera aguardando su descarga y una estructura de trabajo destinada a facilitar las operaciones del establecimiento. La descripción histórica destaca que los carros llegaban con las canecas llenas y que la carga se realizaba manualmente en la moledora. Detrás de aquella impresionante actividad se encontraba Ricardo Palencia, un destacado empresario vitivinícola relacionado con el antiguo molino El Ibérico, posteriormente transformado en bodega. Su trayectoria también quedó vinculada a la histórica propiedad del general José de San Martín, conocida como Las Bóvedas, donde desarrolló cultivos de vid y frutales. ¡Pero la historia de Palencia trascendió las fronteras mendocinas! En 1910, su firma figuró entre los expositores vitivinícolas de la Exposición Industrial del Centenario, mientras su vino Moscatel Rosado Palencia se promocionaba en la célebre revista Caras y Caretas. La fotografía adquiere todavía mayor importancia porque formó parte de una investigación impulsada por el gobierno nacional para conocer las condiciones laborales de los trabajadores argentinos. Bialet Massé documentó las profundas desigualdades sociales existentes detrás del crecimiento económico. Hoy, aquellos carros, las antiguas instalaciones y los hombres que aparecen trabajando representan mucho más que una vendimia desaparecida: son testimonio de una época en la que el esfuerzo humano, la expansión ferroviaria y el crecimiento de los viñedos transformaron para siempre el paisaje del Este mendocino. ¡UNA IMAGEN EXTRAORDINARIA QUE NOS RECUERDA QUE LA GRANDEZA DEL VINO MENDOCINO TAMBIÉN FUE CONSTRUIDA POR MILES DE TRABAJADORES CUYOS NOMBRES MERECEN PERMANECER EN NUESTRA MEMORIA! Fuente: Juan Bialet Massé, Informe sobre el estado de las clases obreras, 1904; Proyecto Bialet; María E. Furlani de Civit, Boletín de Estudios Geográficos, UNCuyo, 1964; Patricia S. Favre y Daniel Grilli (coords.), Imágenes y vitivinicultura, EDIFYL-UNCuyo; revista Caras y Caretas, 1910. Fotografía: Rosich (S. C. Rosich), hacia 1904. #MendozAntigua #Mendoza1904 #BodegaPalencia #RicardoPalencia #SanMartinMendoza #HistoriaDeMendoza #EsteMendocino #Vitivinicultura #VendimiaAntigua #HistoriaDelVino #BodegasHistoricas #PatrimonioVitivinicola #JuanBialetMasse #FotografiaHistorica #MemoriaMendocina #MendozaWine #WineHistory #HistoricWinery #ArgentineWine #VintageHarvest #WinemakingHistory #WineHeritage #HistoricPhotography #ArgentinaHistory
miércoles, 7 de octubre de 2026
1903: EL CORAZÓN DE MADERA DEL VINO MENDOCINO — LA TONELERÍA DE BARRAQUERO QUE AYUDÓ A FORJAR UNA POTENCIA
Hay fotografías que conservan un edificio y otras que conservan todo un mundo de trabajo. Esta extraordinaria escena pertenece a la Bodega Barraquero de Mendoza y muestra su sección de tonelería en 1903, identificación y fecha que pueden confirmarse con documentación oficial: una publicación del Estado argentino la reproduce expresamente como “Tonelería en Bodega Barraquero, prov. de Mendoza, año 1903” y señala como fuente al Museo Roca. La misma imagen aparece entre las fotografías vinculadas al célebre Informe sobre el estado de las clases obreras en el interior de la República, elaborado por Juan Bialet Massé después de sus recorridos de 1904. Ante la cámara quedó detenido uno de los oficios fundamentales de la antigua industria del vino: hombres rodeados de bordalesas, toneles, duelas y aros, trabajando cuando una parte decisiva de la elaboración, conservación y transporte del vino dependía todavía de recipientes construidos y reparados a mano. La identificación correcta del establecimiento es Bodega Barraquero —no “Barruero”—, una de las grandes casas vitivinícolas que marcaron el crecimiento industrial de la antigua villa de Belgrano, actual Godoy Cruz. La empresa había sido fundada por Honorio Barraquero hacia 1870, en el sector de las actuales avenida San Martín y Brasil, y alcanzó una dimensión extraordinaria para su tiempo. Bialet Massé contó que ya había conocido aquella bodega en 1873 y que, cuando regresó décadas después, la encontró completamente transformada: describió un enorme establecimiento con altos muros de adobe, grandes vasijas, sótanos con cubas de fermentación, iluminación eléctrica, bombas, cañerías, motores y un poderoso sistema de ventilación destinado a extraer el peligroso anhídrido carbónico acumulado durante la fermentación. Aquella combinación de arquitectura tradicional y maquinaria moderna resume perfectamente la transición que estaba viviendo la vitivinicultura mendocina. Los números permiten comprender mejor la magnitud de Barraquero: en 1899 la firma Sucesores de Honorio Barraquero aparecía entre las mayores productoras de Mendoza, con unos 60.000 hectolitros, mientras que estudios sobre el mundo laboral vitivinícola señalan que en 1904 mantenía alrededor de 60 peones permanentes y elevaba su dotación a entre 150 y 200 trabajadores durante la vendimia. Para 1910, investigaciones históricas ubican su capacidad en torno a los 100.000 hectolitros. En ese engranaje industrial, el tonelero ocupaba un lugar privilegiado: era un trabajador especializado capaz de seleccionar y preparar las duelas, dar forma al recipiente, ajustar los aros y mantener vasijas sometidas permanentemente a humedad, peso y uso intensivo. La demanda era tal que ya en 1897 Honorio Barraquero publicaba avisos buscando toneleros incluso fuera de Mendoza. La fotografía de 1903 adquiere así una dimensión mucho mayor: no estamos observando simplemente a un grupo de hombres junto a unos barriles, sino a los artesanos que mantenían funcionando uno de los grandes establecimientos de la provincia mientras Mendoza se convertía, a velocidad extraordinaria, en el corazón vitivinícola argentino. Detrás de cada tonel aparecen el ruido del martillo sobre los aros, el olor de la madera y del vino, el esfuerzo físico de largas jornadas y una cadena de oficios —toneleros, carreros, peones, herreros, carpinteros, mecánicos y bodegueros— sin la cual aquella transformación industrial habría sido imposible. Más de ciento veinte años después, sus rostros y herramientas siguen recordándonos que la grandeza del vino mendocino no nació solamente de la tierra y de la vid: también fue construida, duela por duela y golpe de martillo tras golpe de martillo, por miles de trabajadores. Autor de la fotografía: no identificado en las fichas documentales consultadas. #BodegaBarraquero #Tonelería #Mendoza1903 #HistoriaDeMendoza #GodoyCruz #Vitivinicultura #VinoMendocino #PatrimonioVitivinícola #HistoriaDelVino #MendozaAntigua #TrabajadoresDelVino #BodegasHistóricas #WineHistory #MendozaWine #ArgentineWine #WineHeritage #HistoricWinery #Cooperage #WineWorkers #ArgentinaHistory - Fuentes: Museo Roca; Argentina.gob.ar; Juan Bialet Massé, Informe sobre el estado de las clases obreras en el interior de la República (1904); Proyecto Bialet; Museo Virtual de Godoy Cruz; estudios de Patricia Barrio y Rodolfo Richard-Jorba. Crédito fotográfico: Museo Roca; reproducción digital: Proyecto Bialet.
martes, 21 de abril de 2026
Vista Exterior de La Pyramid, 1910: la bodega de Godoy Cruz que convirtió a Luis Filippini en uno de los grandes nombres del vino mendocino
La imagen de 1910 muestra el exterior del establecimiento vitivinícola La Pyramid, propiedad de Luis Filippini, en Godoy Cruz, Mendoza. La escena deja ver una arquitectura sobria y funcional, con grandes naves de bodega, árboles en el frente y un entorno todavía semi rural, propio de un departamento que por entonces era uno de los grandes motores de la expansión vitivinícola mendocina. Más que una simple vista edilicia, la fotografía retrata una etapa en la que Godoy Cruz consolidaba su perfil productivo y el vino comenzaba a definir buena parte de su identidad económica y urbana. Luis Filippini había nacido en Italia en 1872 y llegó a Mendoza desde la Toscana en 1888. Después de algunos años de trabajos modestos, en 1901 inauguró su propia bodega y champañera, dando origen a una empresa que con el tiempo alcanzaría notable prestigio dentro de la industria local. La elección del nombre “La Pyramid” no pasó inadvertida: estudios sobre marcas vitivinícolas mendocinas la citan como uno de los casos más singulares de denominaciones “exóticas” dentro del universo bodeguero de comienzos del siglo XX. La trayectoria de la firma fue amplia y diversa. La bodega Filippini elaboró distintas clases de vinos y bebidas, entre ellas el célebre Passito del Santo, el Gran Filippini en variedades rosada y tinta, las grappas Coihué y Traguito, el Oporto Don Andrés, además de vinos blancos comercializados como Chateau San Rafael, Selecto Chablis y Viña del Cerro. En el rubro espumante, llegó a producir unas 300.000 botellas anuales, una cifra que habla del crecimiento alcanzado por la empresa en su etapa de madurez. La bodega prosperó durante décadas y dejó una huella profunda en Godoy Cruz. Investigaciones históricas sobre el boom vitivinícola mendocino señalan que La Pyramid se mantuvo como una firma relevante hasta bien entrada la década de 1960, aunque luego comenzó un proceso de declive que desembocó en su quiebra en 1979. Incluso en el siglo XXI su memoria siguió presente en el paisaje urbano: la antigua champañera fue finalmente demolida en 2012, mientras calles y espacios públicos del departamento continúan homenajeando a la familia Filippini. Vista hoy, esta fotografía de 1910 no solo documenta el exterior de una bodega. También conserva la imagen de una Mendoza en pleno auge vitivinícola, cuando inmigrantes emprendedores como Luis Filippini levantaban establecimientos que terminarían marcando la historia económica, social y urbana de Godoy Cruz. La Pyramid fue una de esas casas que ayudaron a convertir al departamento en un nombre inseparable del vino mendocino. #LaPyramid #LuisFilippini #GodoyCruz #Mendoza #HistoriaVitivinícola #BodegasDeMendoza #PatrimonioMendocino #VinoArgentino #MemoriaDelVino #FotosAntiguas #LaPyramid #LuisFilippini #GodoyCruzHistory #MendozaWine #WineHeritage #HistoricWinery #ArgentineWine #CulturalHeritage #VintagePhotography #WineHistory
1910 - La Banderita: la histórica bodega de Godoy Cruz que nació entre viñedos y vio crecer a Mendoza a su alrededor
La imagen muestra una vista de la Bodega La Banderita, el establecimiento vitivinícola de don Simón Moreno, ubicado en Godoy Cruz, Mendoza, en un sector que por entonces todavía conservaba rasgos rurales, aunque ya se encontraba a muy poca distancia de la capital. La escena deja ver un ámbito de trabajo y producción dominado por los toneles en primer plano, la arboleda que protege el patio y el edificio de la bodega al fondo, una composición que resume muy bien el paisaje vitivinícola mendocino de comienzos del siglo XX. En esos años, Godoy Cruz era todavía un departamento donde la urbanización no había avanzado del todo y una de sus actividades principales seguía siendo la agrícola, especialmente la vinculada al vino. La descripción de época sitúa al establecimiento sobre la calle Colón, en el distrito y barrio llamado La Banderita, en una zona alta y pintoresca desde la cual se ofrecía uno de los panoramas más interesantes de la provincia. El texto subraya, además, que la expansión constante de la ciudad terminaría por absorber ese sector, algo que con el paso del tiempo efectivamente ocurrió en buena parte del antiguo cinturón vitivinícola del Gran Mendoza. La elección del lugar no era casual: se trataba de un punto cercano a la capital, pero todavía apto para el desarrollo de fincas, bodegas y casas de familia ligadas a la producción. La finca había sido fundada en 1890 por don Eliseo Marenco Aberastain, recordado como un vecino muy conocido de Mendoza. Fue él quien plantó los viñedos del establecimiento y también inició la construcción del edificio de la bodega, poniendo en marcha una obra que más tarde terminaría de completar Simón Moreno. Hasta 1907, año en que Moreno la adquirió, la finca y la bodega pasaron por distintas manos. En catálogos académicos recientes sobre patrimonio vitivinícola mendocino, La Banderita aparece mencionada entre los establecimientos de Godoy Cruz vinculados a Simón Moreno, lo que confirma la importancia histórica que tuvo dentro del paisaje productivo local. Según esa misma descripción, la propiedad ocupaba entonces veintitrés hectáreas y media: una hectárea estaba destinada a la bodega, sus dependencias y la casa de familia, mientras que las veintidós hectáreas y media restantes correspondían a viñedos en plena producción. Allí se cultivaban uvas consignadas en la publicación como Malbee, Verdoc, Semillón y Moscatel, una combinación que refleja la diversidad varietal con la que trabajaban muchas bodegas mendocinas en la etapa de consolidación de la industria. La presencia de estos establecimientos en Godoy Cruz se enlaza con una tradición fuerte del departamento, donde varias bodegas pioneras ayudaron a convertir a la zona en uno de los grandes núcleos de la vitivinicultura provincial. Mirada hoy, esta fotografía no es solo el registro de una bodega antigua. Es también el testimonio de una Mendoza en expansión, cuando los viñedos todavía convivían con los primeros avances urbanos y cuando nombres como La Banderita formaban parte del entramado económico que dio identidad a Godoy Cruz. Incluso un catálogo académico de imágenes vitivinícolas señala que la bodega de Simón Moreno funcionó hasta aproximadamente 1920, dato que prolonga la importancia de este establecimiento más allá de su etapa fundacional. #LaBanderita #SimónMoreno #GodoyCruz #Mendoza #HistoriaDelVino #BodegaHistórica #PatrimonioMendocino #Vitivinicultura #HistoriaDeMendoza #MemoriaVitivinícola #WineHistory #HistoricWinery #MendozaWine #GodoyCruzHistory #WineHeritage #ArgentineWine #VineyardHistory #CulturalHeritage #OldMendoza #HistoricPhotography
lunes, 20 de abril de 2026
1910: así se movía el corazón del vino en Godoy Cruz, en la bodega de Justo Pellegrina - Mendoza
La imagen, fechada hacia 1910, retrata el sector de expedición y filtros del establecimiento vitivinícola de don Justo Pellegrina, identificado en Belgrano, Godoy Cruz, Mendoza. No se trata de un rincón menor de la bodega, sino de una de sus áreas más importantes: el espacio donde el vino pasaba por la filtración y quedaba listo para su fraccionamiento, envasado y salida comercial, es decir, el tramo final de un proceso decisivo para llevar la producción a los mercados. Los estudios sobre las bodegas mendocinas de comienzos del siglo XX describen justamente a los departamentos de envase y expedición como los sectores donde se realizaban esas tareas finales. La escena también permite entender el grado de desarrollo que había alcanzado la vitivinicultura mendocina en esos años. Hacia 1910, Godoy Cruz figuraba entre los departamentos con mayor peso bodeguero de la provincia, y las publicaciones de época exhibían interiores de naves, cavas, maquinarias y etiquetas como prueba visible de esa modernización. En esos mismos años se expandió en Mendoza el uso de prensas, moledoras y filtros importados —y luego adaptados o fabricados localmente—, mientras la electricidad y la fuerza motriz consolidaban el paso de la bodega artesanal a la bodega industrial. En el caso de Justo Pellegrina, además, la documentación histórica lo menciona entre los bodegueros que utilizaban el nombre completo del propietario como marca, una práctica frecuente en la Mendoza vitivinícola de principios del siglo XX. Su firma también aparece asociada a la marca “La Granadina”, con representación comercial en Buenos Aires entre 1910 y 1913, lo que muestra que su producción no quedaba limitada al mercado local, sino que formaba parte de una red de distribución más amplia. Por eso, esta imagen vale mucho más que como simple registro industrial: resume un momento en que Mendoza consolidaba su identidad vitivinícola y convertía al vino en uno de los grandes motores de su economía y de su prestigio. #JustoPellegrina #GodoyCruz #BelgranoGodoyCruz #Mendoza #HistoriaDelVino #Vitivinicultura #BodegasHistóricas #PatrimonioMendocino #IndustriaDelVino #MemoriaVitivinícola #WineHistory #MendozaWine #HistoricWinery #WineHeritage #IndustrialHeritage #ArgentineWine #VintageWinery #CulturalHeritage
1910 - La postal del vino que hizo grande a Godoy Cruz: así trabajaba la histórica bodega de Honorio Barraquero
La imagen retrata la carga de cascos de vino en la planchada de expedición de la Bodega y Viñedos de don Honorio Barraquero, en Godoy Cruz, Mendoza, uno de los establecimientos más antiguos y representativos del desarrollo vitivinícola local. El origen de la bodega se ubica hacia 1870, tal como señala la tradición histórica del establecimiento. La casa estaba situada en las actuales calles San Martín y Brasil, y fue reconocida como una de las primeras bodegas del departamento, donde se produjo vino bajo la marca “Baco”. La escena no muestra solo una tarea cotidiana: resume una época entera de la vitivinicultura mendocina. La planchada de expedición era la plataforma sobreelevada desde la cual se cargaban primero los carros y más tarde los vagones del ferrocarril, una pieza clave en la logística del vino hacia los mercados. En el caso de Barraquero, además, el crecimiento de la firma fue notable: en su establecimiento llegaron a trabajar 300 operarios, y la bodega se consolidó entre las grandes empresas del sector. Para 1903, la Testamentaría Honorio Barraquero, con dos bodegas, figuraba entre las principales firmas vitivinícolas mendocinas, con una producción de 5.475.400 litros, equivalente al 7,13% del total provincial registrado en esa nómina. La historia de la bodega también estuvo marcada por episodios decisivos. El establecimiento sufrió un incendio en 1882, pero ya al año siguiente funcionaba nuevamente en un edificio renovado que contaba con túneles, señal de la magnitud y modernización alcanzadas por la empresa. Sus vinos, además, integraron el grupo de productos mendocinos distinguidos en la Exposición Universal de París de 1889, donde Honorio Barraquero aparece entre los premiados por vino blanco y tinto. La bodega dejó de funcionar hacia 1920, pero su nombre quedó ligado para siempre al crecimiento industrial y patrimonial de Godoy Cruz. #HonorioBarraquero #BodegaBarraquero #GodoyCruz #Mendoza #HistoriaDelVino #Vitivinicultura #PatrimonioMendocino #HistoriaDeMendoza #BodegasHistóricas #MemoriaDelVino #WineHistory #MendozaWine #ArgentineWine #WineHeritage #HistoricWineries
domingo, 19 de abril de 2026
Malbec y vino argentino: la historia épica que convirtió a Mendoza en la gran capital del brindis mundial
¿Qué sabemos realmente sobre la historia del vino y del Malbec en la Argentina? Mucho más de lo que parece a simple vista. La tradición vitivinícola del país hunde sus raíces en el tiempo de la colonización española, cuando la vid llegó a América impulsada por fines religiosos, productivos y culturales. En territorio argentino, las referencias históricas más tempranas ubican las primeras plantaciones en el siglo XVI, primero en el norte y luego en Cuyo, donde Mendoza y San Juan comenzaron a desarrollar viñedos entre 1569 y 1590. En esos años, el vino era imprescindible para la liturgia cristiana y también funcionaba como emblema cultural de la monarquía hispánica. Antes de ese proceso americano, la vid ya tenía una larga historia en otras latitudes. Existen relatos nórdicos sobre la mítica “Vinland”, nombrada por los vikingos en torno al año 1000, pero la implantación sistemática de la viticultura en América no vino de allí sino de la expansión española, con México como uno de los primeros grandes puntos de introducción de cepas europeas. En América del Norte ya había especies silvestres del género Vitis, pero la tradición del vino tal como luego se expandió en Hispanoamérica estuvo ligada a las variedades llevadas por conquistadores, religiosos y colonos. En la Argentina, la vid empezó a cultivarse primero con un sentido utilitario y sacramental, de la mano de encomenderos y órdenes religiosas. Más tarde, otra circunstancia histórica cambió el destino del vino argentino: la crisis de la filoxera en Europa durante el siglo XIX. Ese insecto devastó millones de hectáreas de viñedos en Francia y en otros países del continente, y coincidió con un momento en que la Argentina, y especialmente Mendoza, empezaba a consolidarse como tierra de oportunidad para agricultores, técnicos y empresarios del vino. La llegada de inmigrantes europeos especializados, junto con el riego artificial, la tierra seca, el sol intenso y la cercanía de los Andes, creó el escenario perfecto para el gran despegue vitivinícola de Cuyo. Entre las bodegas tradicionales que hicieron historia y ayudaron a forjar el prestigio del vino argentino figuran nombres fundamentales: Colomé en Salta, fundada en 1831; Goyenechea en San Rafael en 1868; Graffigna en San Juan en 1870; La Abeja en 1883; Trapiche en 1883; Escorihuela Gascón en 1884; La Rural en 1885; Giol y Gargantini también en 1885; Santa Ana en 1891; Michel Torino en 1892; López en 1898; Luigi Bosca en 1901; Catena en 1902; Humberto Canale en 1909; Flichman en 1910; y Norton en 1919. Varias de ellas siguen activas y forman parte del patrimonio histórico, económico y cultural de la vitivinicultura argentina. En Mendoza, además, la Finca González Videla es señalada como poseedora de una de las cavas más antiguas de América Latina, fechada en 1830. Argentina es además un caso singular en el mundo: fue el primer país en declarar al vino como Bebida Nacional. Esa decisión quedó establecida por el Decreto 1800/2010 y luego ratificada por el Congreso mediante la Ley 26.870 en 2013. A partir de ello, el 24 de noviembre quedó consagrado como el Día del Vino Argentino, Bebida Nacional, en reconocimiento al peso cultural, productivo, turístico y simbólico del vino en la identidad del país. Si hablamos del Malbec argentino, hay una fecha insoslayable: el 17 de abril de 1853. Ese día se presentó en Mendoza el proyecto para fundar la Quinta Normal de Agricultura, una institución decisiva para el desarrollo agrícola provincial. Allí aparece la figura de Domingo Faustino Sarmiento, que impulsó la creación de una escuela agronómica moderna, y también la del agrónomo francés Michel Aimé Pouget, convocado para traer nuevas variedades y estudiar su adaptación a los suelos locales. La Facultad de Ciencias Agrarias de la UNCuyo reconoce esa genealogía y señala que la Quinta Normal fue el punto de partida de una larga historia de investigación y formación agrícola en Mendoza. Fue precisamente Pouget quien introdujo el Malbec en la Argentina y quien advirtió su extraordinaria adaptación al clima mendocino. Desde 2011, por iniciativa de Wines of Argentina, el 17 de abril se celebra en todo el mundo el Malbec World Day, justamente para recordar aquel momento fundacional de 1853. Hay especialistas que señalan que otras cepas francesas pudieron haber llegado también por distintas vías migratorias, pero el papel de Pouget como gran impulsor del éxito del Malbec en Mendoza y su posterior proyección internacional es ampliamente reconocido. En ese mismo proceso aparece también Justo Castro, un personaje menos conocido pero muy importante. Comerciante salteño vinculado al tráfico de mulas y con relaciones en Chile, Castro se integró a esa corriente modernizadora que ayudó a llevar conocimientos, cepas y experiencia técnica hacia la región cuyana. Esa red de vínculos entre Chile, Mendoza, San Juan y Europa fue clave para que el vino argentino dejara de ser una producción casi rudimentaria y se convirtiera en una verdadera industria. El resultado de todo ese recorrido es impactante. Según el INV, el Malbec sigue siendo la variedad más emblemática del país. En 2025, alcanzó 46.890 hectáreas, equivalentes al 23,9 % de toda la superficie de vid argentina. Mendoza concentró 39.771 hectáreas, es decir el 84,8 % del Malbec nacional. En comercio exterior, las exportaciones de Malbec y sus cortes llegaron a 1.172.721 hectolitros, generaron 404,7 millones de dólares y alcanzaron 114 países, representando el 71,9 % del volumen total de varietales exportados por la Argentina. Por eso, hablar del vino y del Malbec no es solo hablar de una bebida. Es hablar de religión, inmigración, ciencia, comercio, paisaje, identidad y cultura. Es hablar de Mendoza, de sus oasis y de su dirigencia visionaria; de bodegueros, agrónomos y trabajadores de viña; y de una historia que convirtió al desierto irrigado en una de las grandes capitales vitivinícolas del planeta. Como sugirió Borges en sus versos al vino, cada copa puede ser también una manera de mirar la propia historia. Y pocas historias argentinas son tan intensas, profundas y universales como la del vino. #Malbec #VinoArgentino #BebidaNacional #HistoriaDelVino #Mendoza #MalbecWorldDay #MichelAimePouget #Sarmiento #Vitivinicultura #CulturaDelVino #ArgentineWine #WineHistory #MendozaWine #MalbecArgentino #WineCulture #Vineyards #AndesTerroir #VinoYHistoria
Malbec: el viaje épico que convirtió a Mendoza en la capital mundial del vino argentino
Desde Cahors hasta los Andes, el Malbec protagonizó una travesía extraordinaria de resiliencia, adaptación e identidad. Cada 17 de abril, cuando en Mendoza el otoño empieza a teñir los viñedos de oro, se celebra el Día Mundial del Malbec, una fecha que no solo honra a una cepa: también resume una historia de inmigración, ciencia, trabajo y arraigo. La conmemoración recuerda el proyecto presentado en 1853 para fundar la Quinta Normal de Agricultura de Mendoza, hecho que luego dio origen a esta celebración global impulsada por Wines of Argentina desde 2011. La historia del varietal comenzó mucho antes de llegar a la Argentina, en el sudoeste de Francia, donde el Malbec fue cultivado históricamente en Cahors y también tuvo presencia en Burdeos. Durante siglos fue asociado al célebre “vino negro”, famoso por su color profundo, su estructura y su rusticidad. La tradición enológica incluso vincula esos vinos con la época de Leonor de Aquitania y la expansión de los gustos de la corte anglofrancesa. Pero en Europa la cepa sufrió golpes durísimos: la filoxera devastó los viñedos franceses en el siglo XIX, y el Malbec perdió gran parte del terreno que había tenido en su lugar de origen. El renacimiento americano del Malbec tuvo un capítulo decisivo en Cuyo. En tiempos de su exilio en Chile, Domingo Faustino Sarmiento comprendió que la modernización agrícola requería nuevas variedades y formación técnica. Por eso impulsó ante el gobernador mendocino Pedro Pascual Segura la creación de una quinta agronómica modelo, y el 17 de abril de 1853 quedó fundada la Quinta Normal de Agricultura de Mendoza. Para conducirla fue convocado el agrónomo francés Michel Aimé Pouget, quien introdujo distintas cepas europeas, entre ellas el Malbec, y sentó las bases de la vitivinicultura moderna argentina. La propia Facultad de Ciencias Agrarias de la UNCUYO reconoce esa genealogía histórica como parte de su origen institucional. A esa línea fundacional se sumó después otra figura clave: Aarón Pavlovsky, designado en 1884 como director de la Escuela de Agricultura de Mendoza. La UNCUYO lo recuerda como uno de los hombres que dieron impulso inicial y científico a la vitivinicultura mendocina, reforzando el vínculo entre conocimiento técnico, docencia y desarrollo industrial. En ese largo proceso, el Malbec dejó de ser una variedad importada para convertirse en un producto cultural profundamente argentino. No por casualidad, el historiador Pablo Lacoste define su recorrido como un “viaje de ida y vuelta”: una cepa nacida en Europa que echó raíces en Sudamérica y luego volvió al mundo convertida en símbolo de identidad y calidad. La consolidación del Malbec no fue inmediata. Durante décadas fue cultivado por viticultores e inmigrantes que sostuvieron la actividad casi en silencio, y recién a fines del siglo XX —con la reconversión tecnológica, la mejora enológica y la apertura exportadora— dio su gran salto internacional. Hoy, según el INV, el Malbec está presente en 18 de las 20 provincias vitivinícolas del país y suma 46.890 hectáreas, equivalentes al 23,9% de toda la superficie de vid argentina. Mendoza concentra 39.771 hectáreas, es decir, el 84,8% del Malbec nacional, y los departamentos de Luján de Cuyo, San Carlos, Tunuyán, Tupungato y Maipú son algunos de sus grandes bastiones. Ese liderazgo también se ve en los mercados. En 2025, el Malbec representó el 54% de las ventas internas de vinos varietales y, en exportación, alcanzó 1.172.721 hectolitros, generó 404,7 millones de dólares y llegó a 114 países. Además, explicó el 71,9% del volumen total de los varietales argentinos exportados. Por eso puede decirse que Mendoza es hoy el gran corazón mundial de esta cepa: desde la elegancia clásica de Luján de Cuyo hasta los perfiles de altura del Valle de Uco y la versatilidad del Este provincial, el Malbec mendocino expresa una diversidad extraordinaria. Más que un vino, es una síntesis de desierto, cordillera, riego, ciencia, inmigración y trabajo. Brindar por el Malbec es, en definitiva, brindar por una historia que convirtió un desafío geográfico en una marca global de excelencia. #Malbec #DiaMundialDelMalbec #MalbecWorldDay #Mendoza #VinoArgentino #HistoriaDelVino #MichelAimePouget #Sarmiento #PedroPascualSegura #AarónPavlovsky #UNCUYO #Vitivinicultura #Cahors #WineHistory #ArgentineWine #MendozaWine #Terroir #WineLovers #HistoriaArgentina #OrgulloMendocino
sábado, 11 de abril de 2026
La imponente postal de una Mendoza que crecía con el vino: el chalet Piccione y la entrada a una bodega emblemática de Rodeo de la Cruz

La imagen adjunta muestra el chalet y el acceso a la bodega de la familia Piccione, en una escena de enorme valor documental para la historia vitivinícola mendocina. La propiedad estaba ubicada sobre el antiguo Carril Nacional, en Rodeo de la Cruz, Guaymallén, y reunía en un mismo conjunto la residencia familiar, las oficinas, los locales comerciales y el sector industrial de la bodega. La casa se desplegaba hacia el norte en forma de “L”, articulada por un gran patio que la vinculaba con el área de trabajo, mientras la fachada sobre la calle exhibía ladrillo visto, ventanas coronadas por frontones y una larga balaustrada superior que remataba el frente con un aire sobrio pero distinguido. La imagen pertenece a la Colección Cerezo-Sanmartino del Archivo de Fotografía Histórica y fue incluida en un trabajo académico sobre patrimonio vitivinícola mendocino. En el sector principal se distinguían la casa patronal, las oficinas y, sobre la planta alta del área habitacional, los dormitorios y el estudio personal de Cayetano Piccione. Hacia la izquierda se abría el ingreso vehicular a la bodega, mientras que hacia la derecha funcionaban dependencias comerciales con sus respectivas vidrieras. No era, por lo tanto, una construcción aislada: era una pieza de arquitectura pensada para expresar al mismo tiempo vivienda, empresa, trabajo y prestigio, algo muy característico de las grandes familias bodegueras mendocinas de comienzos del siglo XX. La presencia de la Bodega Piccione en relevamientos patrimoniales dedicados a Guaymallén confirma, además, la importancia histórica de este establecimiento dentro del paisaje industrial del departamento. La fotografía también ofrece una escena callejera riquísima en detalles. Se observan dos automóviles con sus choferes y acompañantes, probablemente vinculados a la firma bodeguera, en una posición que sugiere el inicio de la marcha hacia el oeste. A eso se suman dos obreros regando la calle desde ambos costados, utilizando baldes atados con sogas para extraer agua de las acequias laterales, una práctica típica de la Mendoza de entonces. También llaman la atención los puentes improvisados, apenas resueltos con una tabla sobre los cauces, un detalle que podría indicar obras de urbanización en curso o una infraestructura todavía en transición entre lo rural y lo urbano. Más allá de la belleza de la construcción, la foto remite al auge de Rodeo de la Cruz en los años en que inmigrantes y bodegueros transformaron ese sector de Guaymallén. Fuentes sobre la historia del distrito recuerdan que el condominio Piccione-Sanmartino estuvo ligado a la refundación del pueblo en 1912, y que Agustín Piccione e Hijos figuraba entre los comercios que abastecían a la población, mientras la bodega Piccione-Sanmartino aparecía entre los establecimientos de mayor auge local. Incluso en 1916, “Agustín Piccione e hijos” aparece registrado entre los bodegueros netos mendocinos, señal del peso económico que la firma había alcanzado en la provincia. #Mendoza #Guaymallen #RodeoDeLaCruz #HistoriaDeMendoza #Vitivinicultura #BodegasDeMendoza #Patrimonio #MemoriaFotografica #ArchivoHistorico #FamiliaPiccione #HistoriaArgentina #Vintage #OldPhotos #HistoricPhotography #WineHistory #MendozaHistory #Heritage #ArgentineHistory #Archive #HistoryLovers #History,
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sábado, 21 de marzo de 2026
La foto que lo dice todo: la familia Streich y la elegancia con que los viñedos también contaban poder en la Mendoza antigua
Esta impactante imagen de la familia Streich, conservada en la Colección García Pujadas (AFH), retrata a propietarios de origen alemán vinculados a un emprendimiento vitivinícola en la zona de Luján de Cuyo. Más que una simple foto familiar, la escena parece cuidadosamente construida para mostrar posición social, prosperidad y pertenencia a una Mendoza rural que crecía al ritmo de la viña. Un estudio académico sobre fotografía e imaginarios vitivinícolas identifica justamente esta toma como parte de ese universo visual de familias bodegueras e inmigrantes en Mendoza. La propia imagen aporta detalles muy elocuentes: el grupo posa entre vides podadas en cabeza, con árboles altos al fondo, probablemente álamos, y en primer plano aparecen dos perros, un recurso visual que también sugiere comodidad material y vida de finca. Se distinguen hombres con traje, corbata y botas, mujeres con vestidos largos y pañoletas, un niño alzado sobre los hombros de uno de los varones y una disposición casi teatral, bien equilibrada, donde las figuras cierran la composición como si cada lugar hubiese sido pensado de antemano. Todo transmite orden, dominio del espacio y orgullo por la propiedad. Ese modo de mirar no era casual. Augusto Streich, fotógrafo alemán radicado en Mendoza desde 1890, fue uno de los grandes retratistas de la sociedad mendocina y dejó cientos de imágenes hoy valiosas para reconstruir la vida de la provincia a comienzos del siglo XX. Fuentes oficiales y periodísticas coinciden en señalarlo como uno de los fotógrafos más relevantes de la Mendoza de aquella época. Por eso esta foto no muestra solo una familia posando entre viñas. Muestra algo más profundo: el momento en que ciertos inmigrantes europeos ya no querían retratar únicamente su rostro, sino también su ascenso, su tierra y su lugar conquistado en la sociedad mendocina. #FamiliaStreich #MendozaAntigua #LujanDeCuyo #Vitivinicultura #HistoriaMendocina #AugustoStreich #Inmigrantes #Viñedos #MemoriaVisual #MendozAntigua
miércoles, 18 de marzo de 2026
La foto que retrata a los pioneros del vino en San Rafael: inmigración, caballos y una finca naciendo en la Mendoza profunda
Esta imagen de la colección Juan Pi. Fotografías 1903-1933 muestra una escena rural cargada de identidad y de memoria: varios hombres posan de frente al fotógrafo, rodeados por cuatro caballos y un perro que llama la atención al aparecer sobre una montura. Por su porte, su forma de presentarse ante la cámara y su vestimenta de trabajo, todo sugiere que se trata de integrantes del grupo propietario o dirigente de un emprendimiento vitivinícola. Un catálogo académico sobre estas fotos interpreta precisamente que podrían ser los propietarios de una finca del área de San Rafael, y destaca además detalles como las botas de media caña aptas para cabalgadura, las barbas recortadas, los aperos de cuero sin adornos metálicos y el carácter técnico de la viña que aparece en primer plano. Desde el punto de vista productivo, la escena también tiene enorme valor documental. El mismo relevamiento identifica en la fotografía un sector de viña baja o espaldero de dos hilos con uva criolla, un dato clave para entender cómo se organizaba parte de la vitivinicultura del sur mendocino en esos años. No es una simple postal de campo: es una imagen del trabajo, de la propiedad rural y de una economía regional que estaba tomando forma entre cepas, animales y esfuerzo humano. La figura de Juan Pi vuelve todavía más importante esta fotografía. Fue un fotógrafo suizo-argentino, nacido en 1875, que se instaló en San Rafael en 1903 y desde allí documentó de manera sistemática el crecimiento del departamento, sus paisajes, construcciones, viñedos y frutales, además de retratos y acontecimientos históricos. Por eso sus imágenes hoy no solo tienen valor artístico: son también una fuente extraordinaria para reconstruir la vida social y económica del sur mendocino. Visto así, esta foto no retrata únicamente a un grupo de hombres con sus caballos: retrata una época. La de los inmigrantes y pobladores que ayudaron a levantar fincas, a organizar el trabajo agrícola y a consolidar la identidad vitivinícola de San Rafael. En esa mezcla de tierra, vid, animales y mirada fija a la cámara quedó congelado un instante fundamental de la historia rural mendocina. La identificación de estos hombres como inmigrantes europeos y propietarios es una inferencia histórica apoyada en la lectura del catálogo y en la propia imagen, no una certeza absoluta sobre cada persona retratada. #SanRafael #Mendoza #Vitivinicultura #JuanPi #Inmigrantes #Viñedos #Memoria #HistoriaRural #Patrimonio #MendozAntigua
martes, 17 de marzo de 2026
1910 - La postal del origen: la vieja Bodega Toso de San José donde empezó a forjarse una leyenda del vino mendocino. En calle Alberdi, entre Pascual Toso y Godoy Cruz, del distrito San José” Guaymallén
Esta imagen del exterior de la bodega Toso en San José, hacia 1910, nos devuelve a los años en que Pascual Toso ya había convertido su apellido en sinónimo de trabajo, visión y crecimiento dentro de la vitivinicultura mendocina. La historia oficial de la bodega señala que Toso fundó su empresa en 1890, convirtiéndola con el tiempo en una de las casas más antiguas y reconocidas de Mendoza. La sede de San José, en Guaymallén, fue uno de los primeros grandes núcleos de ese desarrollo. Distintas reconstrucciones históricas recuerdan que, tras llegar desde Italia, Pascual Toso comenzó a abrirse camino en Mendoza hasta lanzarse a su propio emprendimiento vitivinícola junto a sus hermanos y socios, en una etapa clave para la modernización del vino argentino. Lo más atractivo de esta postal es justamente su sobriedad. No muestra una arquitectura ostentosa, sino una propiedad rural amplia, funcional y ordenada, propia de una empresa que estaba creciendo sobre bases concretas: viñedos, trabajo constante y expansión comercial. Esa lógica fue la que le permitió a Toso proyectarse luego hacia otras zonas productivas de Mendoza, especialmente Barrancas, Maipú, donde su firma también dejó huella duradera. Más de un siglo después, el nombre Pascual Toso sigue ligado a la memoria del vino mendocino. La bodega continúa presentando ese origen de 1890 como parte central de su identidad, prueba de que aquella casa y aquel establecimiento de San José no fueron solo una propiedad de época, sino el punto de partida de una historia que todavía perdura. #PascualToso, #SanJose, #Guaymallen, #Mendoza, #Historia, #Vino, #Bodega, #Patrimonio, #Memoria, #MendozAntigua
1910 - La finca que ayudó a convertir a Mendoza en tierra de gigantes del vino: la postal perdida de Pascual Toso en Barrancas - Mendoza
Esta imagen nos devuelve a una escena clave de la historia vitivinícola mendocina: la Finca Toso en Barrancas, hacia 1910, cuando el nombre de Pascual Toso ya empezaba a consolidarse como uno de los grandes emblemas del vino argentino. Después de fundar su primera bodega en San José, Guaymallén, en 1890, Toso decidió expandirse a Maipú a comienzos del siglo XX, donde adquirió viñedos y levantó una nueva bodega en su finca de Las Barrancas, dedicada al cultivo de uvas de alta calidad. No fue un paso menor. Esa expansión mostró la visión de un inmigrante italiano que entendió antes que muchos el enorme potencial de los suelos mendocinos. Una reconstrucción histórica de la familia señala que en Barrancas llegó a reunir centenares de hectáreas y que esa finca se transformó en uno de los núcleos productivos más importantes de su empresa, al punto de integrar viñedos, olivares y una segunda bodega que amplió decisivamente su escala. Más de un siglo después, ese legado sigue vivo. El sitio oficial de la bodega y la promoción turística de Mendoza todavía presentan a Pascual Toso como una de las casas históricas del vino local, con producción asentada en Barrancas, Maipú, una de las zonas tradicionales de la vitivinicultura mendocina. #PascualToso, #Barrancas, #Maipu, #Mendoza, #Historia, #Vino, #Bodegueros, #Patrimonio, #Memoria, #MendozAntigua
Pascual Toso - El inmigrante que llegó con casi nada y terminó dejando un apellido eterno en el vino mendocino
Hablar de Pascual Toso es hablar de una de esas historias que ayudaron a moldear la Mendoza moderna. Su vida resume el recorrido de muchos inmigrantes italianos que cruzaron el océano con poco equipaje, pero con una enorme voluntad de progreso. Nacido el 24 de octubre de 1859 en Canale d’Alba, en el Piamonte, llegó a la Argentina en la década de 1880 y terminó convirtiéndose en uno de los nombres más recordados de la vitivinicultura mendocina. La propia historia de la bodega lo presenta como el fundador de una de las casas vitivinícolas más antiguas y prestigiosas del país. Al instalarse en Mendoza, Toso empezó desde abajo. Una obra histórica sobre Guaymallén recuerda que arribó desde Italia a los 25 años, trabajó primero en un molino del departamento y luego se vinculó de lleno al mundo del vino. Ese aprendizaje, sumado a la tradición agrícola que traía desde su familia piamontesa, fue la base de un crecimiento que no se detuvo. El gran salto llegó en 1890, cuando fundó su propia bodega en San José, Guaymallén. Otras investigaciones sobre la historia del vino mendocino señalan que entre 1891 y 1896 fue socio de Bautista Gargantini en la elaboración y comercio de vino, y que Pascual Toso integró el grupo de pioneros inmigrantes que impulsaron la expansión vitivinícola de Mendoza tras el terremoto de 1861. Pero su huella no quedó solo en la bodega. También ganó peso en la vida pública de Guaymallén. Una publicación de la Universidad Nacional de Cuyo lo menciona como vecino notable y recuerda que fue uno de los firmantes del Acta de fundación de Villa Nueva en 1896, señal de que su influencia ya excedía el mundo empresario. No sorprende, entonces, que su apellido haya quedado grabado también en la geografía mendocina. Con el paso de los años, la firma familiar siguió creciendo y el nombre Pascual Toso quedó asociado a una tradición bodeguera que atravesó generaciones. Según fuentes ligadas a la historia de la bodega y a la memoria familiar, murió el 25 de agosto de 1929 en su pueblo natal, Canale d’Alba, pero su legado siguió vivo en Mendoza, donde sus descendientes continuaron el camino iniciado por él. Más de un siglo después de aquella fundación, su apellido sigue siendo sinónimo de trabajo, visión y vino argentino. #PascualToso #Mendoza #Vino #Historia #Guaymallen #Bodegueros #Inmigracion #Piamonte #Legado #MendozAntigua
jueves, 12 de marzo de 2026
La familia que ayudó a transformar Mendoza en tierra de gigantes del vino: la historia de los Arizu
Hablar de los Arizu es hablar de una de las familias que dejaron una huella decisiva en la historia vitivinícola mendocina. Como tantos inmigrantes llegados desde Europa a fines del siglo XIX, trajeron trabajo, saber técnico y una cultura del esfuerzo que cambió para siempre el paisaje económico de la provincia. En el caso de los Arizu, ese origen estuvo en Unzué, Navarra, y su desembarco en Mendoza dio forma a uno de los grandes emporios bodegueros de la época. La documentación oficial del Archivo Bodega Arizu señala que la empresa comenzó como Sociedad Arizu Hermanos en 1888, y que la familia era precisamente originaria de Unzué. El primero en emigrar fue Balbino Arizu, entusiasmado por las oportunidades que ofrecía Mendoza en tiempos de expansión agrícola y de obras de riego. Esa misma reseña oficial indica que Balbino llegó impulsado por su coterráneo Bernardino Izuel, que ya trabajaba en la provincia en la construcción de canales, y que más tarde se sumaron sus hermanos para iniciar juntos la empresa vitivinícola. No fue un salto menor: de una vida campesina en Navarra pasaron a integrarse al corazón de una Mendoza que estaba entrando en su gran ciclo de modernización del vino. La expansión fue extraordinaria. El casco de la bodega comenzó a levantarse desde 1891 en el actual eje de San Martín 1515, en Godoy Cruz, y con el tiempo la firma se convirtió en uno de los principales emporios del sector. El archivo oficial de Godoy Cruz sostiene que, durante la edad de oro de la vitivinicultura mendocina, entre 1910 y 1930, Arizu se encontraba entre las siete bodegas más importantes de Mendoza. Esa sola referencia alcanza para medir su peso en la economía y en la identidad de la provincia. La historia de los Arizu no se quedó en el oasis norte. También fueron pioneros en el sur mendocino, especialmente en Villa Atuel, donde se lanzaron a cultivar extensos viñedos y a levantar una gran bodega. Un estudio de Eusko Ikaskuntza sobre la presencia vasca en Mendoza los describe como verdaderos pioneros de esa zona y recuerda que allí llegaron a poner en producción miles de hectáreas, en lo que fue considerado uno de los mayores paños de viña del mundo. Además, de ese mismo tronco familiar surgieron otras ramas decisivas para el vino argentino. La fuente de Eusko Ikaskuntza vincula a Leoncio Arizu con la continuidad empresaria que, con el tiempo, derivó en los reconocidos vinos Luigi Bosca, mostrando que el apellido Arizu no solo fue clave en Godoy Cruz y Villa Atuel, sino también en la proyección posterior de la vitivinicultura mendocina en el mercado nacional e internacional. El final de la empresa original también forma parte de la memoria mendocina. La familia Arizu mantuvo la propiedad hasta 1978, luego la bodega pasó al Grupo Greco, fue intervenida en 1980 y cerró definitivamente en 1991. Aun así, su legado no desapareció: el predio fue declarado Monumento Histórico Nacional en 1999, y hoy su archivo y su edificio forman parte del patrimonio de Godoy Cruz, recuperados como símbolo de la historia industrial y social del vino mendocino. En definitiva, la historia de los Arizu es mucho más que la historia de una bodega. Es la historia de una familia inmigrante que encontró en Mendoza una oportunidad, la convirtió en trabajo, luego en empresa y finalmente en legado. Y en esa trayectoria quedó grabada una parte esencial de la identidad vitivinícola argentina. #Arizu #MendozaAntigua #HistoriaMendocina #Vitivinicultura #GodoyCruz #VillaAtuel #Navarra #Inmigracion #VinoArgentino
miércoles, 11 de marzo de 2026
El corazón del vino que hizo grande a Mendoza: la imponente sala de fermentación de la Bodega Arizu en Godoy Cruz - Mendoza
Esta imagen retrata uno de los espacios más impactantes de la vieja Bodega Arizu, en Godoy Cruz: su sala de fermentación, verdadero corazón industrial de una empresa que ayudó a transformar a Mendoza en potencia vitivinícola. Entre enormes toneles, pasillos simétricos y una arquitectura pensada para producir a gran escala, la escena resume una época en la que el vino no solo era trabajo y progreso, sino también identidad. La bodega fue fundada en 1888, y su núcleo original quedó como testimonio del gran salto de la vitivinicultura mendocina hacia la industrialización. Arizu no fue una bodega más. Su conjunto edilicio, levantado en distintas etapas y con tecnologías que fueron del adobe al hormigón armado, es considerado un caso excepcional dentro del patrimonio argentino, justamente porque permite leer la evolución de la arquitectura bodeguera de Mendoza. En sus naves de producción, como esta sala de fermentación, se concentraba el pulso de una actividad que marcó la economía, el paisaje y la vida cotidiana de toda una región. Con el paso del tiempo, la ex Bodega Arizu dejó de producir, pero no perdió su valor histórico. Cerró definitivamente en 1991 y más tarde fue declarada Monumento Histórico Nacional por el Estado argentino. Hoy, recuperada como Espacio Arizu, también resguarda un archivo vitivinícola de enorme importancia, considerado por la Municipalidad de Godoy Cruz como el más completo del país conservado en su lugar de origen. Por eso esta foto no muestra solo toneles y ladrillos: muestra el alma de una industria que moldeó a Godoy Cruz y a Mendoza. Es la imagen de un tiempo en que cada vendimia, cada cuba y cada sala de fermentación formaban parte de una epopeya productiva que todavía late en la memoria del vino argentino. #BodegaArizu #GodoyCruz #MendozaAntigua #Vino #Patrimonio #HistoriaMendocina #ArquitecturaIndustrial #MemoriaVitiva










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