La imagen de 1910 muestra el exterior del establecimiento vitivinícola La Pyramid, propiedad de Luis Filippini, en Godoy Cruz, Mendoza. La escena deja ver una arquitectura sobria y funcional, con grandes naves de bodega, árboles en el frente y un entorno todavía semi rural, propio de un departamento que por entonces era uno de los grandes motores de la expansión vitivinícola mendocina. Más que una simple vista edilicia, la fotografía retrata una etapa en la que Godoy Cruz consolidaba su perfil productivo y el vino comenzaba a definir buena parte de su identidad económica y urbana. Luis Filippini había nacido en Italia en 1872 y llegó a Mendoza desde la Toscana en 1888. Después de algunos años de trabajos modestos, en 1901 inauguró su propia bodega y champañera, dando origen a una empresa que con el tiempo alcanzaría notable prestigio dentro de la industria local. La elección del nombre “La Pyramid” no pasó inadvertida: estudios sobre marcas vitivinícolas mendocinas la citan como uno de los casos más singulares de denominaciones “exóticas” dentro del universo bodeguero de comienzos del siglo XX. La trayectoria de la firma fue amplia y diversa. La bodega Filippini elaboró distintas clases de vinos y bebidas, entre ellas el célebre Passito del Santo, el Gran Filippini en variedades rosada y tinta, las grappas Coihué y Traguito, el Oporto Don Andrés, además de vinos blancos comercializados como Chateau San Rafael, Selecto Chablis y Viña del Cerro. En el rubro espumante, llegó a producir unas 300.000 botellas anuales, una cifra que habla del crecimiento alcanzado por la empresa en su etapa de madurez. La bodega prosperó durante décadas y dejó una huella profunda en Godoy Cruz. Investigaciones históricas sobre el boom vitivinícola mendocino señalan que La Pyramid se mantuvo como una firma relevante hasta bien entrada la década de 1960, aunque luego comenzó un proceso de declive que desembocó en su quiebra en 1979. Incluso en el siglo XXI su memoria siguió presente en el paisaje urbano: la antigua champañera fue finalmente demolida en 2012, mientras calles y espacios públicos del departamento continúan homenajeando a la familia Filippini. Vista hoy, esta fotografía de 1910 no solo documenta el exterior de una bodega. También conserva la imagen de una Mendoza en pleno auge vitivinícola, cuando inmigrantes emprendedores como Luis Filippini levantaban establecimientos que terminarían marcando la historia económica, social y urbana de Godoy Cruz. La Pyramid fue una de esas casas que ayudaron a convertir al departamento en un nombre inseparable del vino mendocino. #LaPyramid #LuisFilippini #GodoyCruz #Mendoza #HistoriaVitivinícola #BodegasDeMendoza #PatrimonioMendocino #VinoArgentino #MemoriaDelVino #FotosAntiguas #LaPyramid #LuisFilippini #GodoyCruzHistory #MendozaWine #WineHeritage #HistoricWinery #ArgentineWine #CulturalHeritage #VintagePhotography #WineHistory
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martes, 21 de abril de 2026
Vista Exterior de La Pyramid, 1910: la bodega de Godoy Cruz que convirtió a Luis Filippini en uno de los grandes nombres del vino mendocino
La imagen de 1910 muestra el exterior del establecimiento vitivinícola La Pyramid, propiedad de Luis Filippini, en Godoy Cruz, Mendoza. La escena deja ver una arquitectura sobria y funcional, con grandes naves de bodega, árboles en el frente y un entorno todavía semi rural, propio de un departamento que por entonces era uno de los grandes motores de la expansión vitivinícola mendocina. Más que una simple vista edilicia, la fotografía retrata una etapa en la que Godoy Cruz consolidaba su perfil productivo y el vino comenzaba a definir buena parte de su identidad económica y urbana. Luis Filippini había nacido en Italia en 1872 y llegó a Mendoza desde la Toscana en 1888. Después de algunos años de trabajos modestos, en 1901 inauguró su propia bodega y champañera, dando origen a una empresa que con el tiempo alcanzaría notable prestigio dentro de la industria local. La elección del nombre “La Pyramid” no pasó inadvertida: estudios sobre marcas vitivinícolas mendocinas la citan como uno de los casos más singulares de denominaciones “exóticas” dentro del universo bodeguero de comienzos del siglo XX. La trayectoria de la firma fue amplia y diversa. La bodega Filippini elaboró distintas clases de vinos y bebidas, entre ellas el célebre Passito del Santo, el Gran Filippini en variedades rosada y tinta, las grappas Coihué y Traguito, el Oporto Don Andrés, además de vinos blancos comercializados como Chateau San Rafael, Selecto Chablis y Viña del Cerro. En el rubro espumante, llegó a producir unas 300.000 botellas anuales, una cifra que habla del crecimiento alcanzado por la empresa en su etapa de madurez. La bodega prosperó durante décadas y dejó una huella profunda en Godoy Cruz. Investigaciones históricas sobre el boom vitivinícola mendocino señalan que La Pyramid se mantuvo como una firma relevante hasta bien entrada la década de 1960, aunque luego comenzó un proceso de declive que desembocó en su quiebra en 1979. Incluso en el siglo XXI su memoria siguió presente en el paisaje urbano: la antigua champañera fue finalmente demolida en 2012, mientras calles y espacios públicos del departamento continúan homenajeando a la familia Filippini. Vista hoy, esta fotografía de 1910 no solo documenta el exterior de una bodega. También conserva la imagen de una Mendoza en pleno auge vitivinícola, cuando inmigrantes emprendedores como Luis Filippini levantaban establecimientos que terminarían marcando la historia económica, social y urbana de Godoy Cruz. La Pyramid fue una de esas casas que ayudaron a convertir al departamento en un nombre inseparable del vino mendocino. #LaPyramid #LuisFilippini #GodoyCruz #Mendoza #HistoriaVitivinícola #BodegasDeMendoza #PatrimonioMendocino #VinoArgentino #MemoriaDelVino #FotosAntiguas #LaPyramid #LuisFilippini #GodoyCruzHistory #MendozaWine #WineHeritage #HistoricWinery #ArgentineWine #CulturalHeritage #VintagePhotography #WineHistory
1910 - La Banderita: la histórica bodega de Godoy Cruz que nació entre viñedos y vio crecer a Mendoza a su alrededor
La imagen muestra una vista de la Bodega La Banderita, el establecimiento vitivinícola de don Simón Moreno, ubicado en Godoy Cruz, Mendoza, en un sector que por entonces todavía conservaba rasgos rurales, aunque ya se encontraba a muy poca distancia de la capital. La escena deja ver un ámbito de trabajo y producción dominado por los toneles en primer plano, la arboleda que protege el patio y el edificio de la bodega al fondo, una composición que resume muy bien el paisaje vitivinícola mendocino de comienzos del siglo XX. En esos años, Godoy Cruz era todavía un departamento donde la urbanización no había avanzado del todo y una de sus actividades principales seguía siendo la agrícola, especialmente la vinculada al vino. La descripción de época sitúa al establecimiento sobre la calle Colón, en el distrito y barrio llamado La Banderita, en una zona alta y pintoresca desde la cual se ofrecía uno de los panoramas más interesantes de la provincia. El texto subraya, además, que la expansión constante de la ciudad terminaría por absorber ese sector, algo que con el paso del tiempo efectivamente ocurrió en buena parte del antiguo cinturón vitivinícola del Gran Mendoza. La elección del lugar no era casual: se trataba de un punto cercano a la capital, pero todavía apto para el desarrollo de fincas, bodegas y casas de familia ligadas a la producción. La finca había sido fundada en 1890 por don Eliseo Marenco Aberastain, recordado como un vecino muy conocido de Mendoza. Fue él quien plantó los viñedos del establecimiento y también inició la construcción del edificio de la bodega, poniendo en marcha una obra que más tarde terminaría de completar Simón Moreno. Hasta 1907, año en que Moreno la adquirió, la finca y la bodega pasaron por distintas manos. En catálogos académicos recientes sobre patrimonio vitivinícola mendocino, La Banderita aparece mencionada entre los establecimientos de Godoy Cruz vinculados a Simón Moreno, lo que confirma la importancia histórica que tuvo dentro del paisaje productivo local. Según esa misma descripción, la propiedad ocupaba entonces veintitrés hectáreas y media: una hectárea estaba destinada a la bodega, sus dependencias y la casa de familia, mientras que las veintidós hectáreas y media restantes correspondían a viñedos en plena producción. Allí se cultivaban uvas consignadas en la publicación como Malbee, Verdoc, Semillón y Moscatel, una combinación que refleja la diversidad varietal con la que trabajaban muchas bodegas mendocinas en la etapa de consolidación de la industria. La presencia de estos establecimientos en Godoy Cruz se enlaza con una tradición fuerte del departamento, donde varias bodegas pioneras ayudaron a convertir a la zona en uno de los grandes núcleos de la vitivinicultura provincial. Mirada hoy, esta fotografía no es solo el registro de una bodega antigua. Es también el testimonio de una Mendoza en expansión, cuando los viñedos todavía convivían con los primeros avances urbanos y cuando nombres como La Banderita formaban parte del entramado económico que dio identidad a Godoy Cruz. Incluso un catálogo académico de imágenes vitivinícolas señala que la bodega de Simón Moreno funcionó hasta aproximadamente 1920, dato que prolonga la importancia de este establecimiento más allá de su etapa fundacional. #LaBanderita #SimónMoreno #GodoyCruz #Mendoza #HistoriaDelVino #BodegaHistórica #PatrimonioMendocino #Vitivinicultura #HistoriaDeMendoza #MemoriaVitivinícola #WineHistory #HistoricWinery #MendozaWine #GodoyCruzHistory #WineHeritage #ArgentineWine #VineyardHistory #CulturalHeritage #OldMendoza #HistoricPhotography
lunes, 20 de abril de 2026
1910: así se movía el corazón del vino en Godoy Cruz, en la bodega de Justo Pellegrina - Mendoza
La imagen, fechada hacia 1910, retrata el sector de expedición y filtros del establecimiento vitivinícola de don Justo Pellegrina, identificado en Belgrano, Godoy Cruz, Mendoza. No se trata de un rincón menor de la bodega, sino de una de sus áreas más importantes: el espacio donde el vino pasaba por la filtración y quedaba listo para su fraccionamiento, envasado y salida comercial, es decir, el tramo final de un proceso decisivo para llevar la producción a los mercados. Los estudios sobre las bodegas mendocinas de comienzos del siglo XX describen justamente a los departamentos de envase y expedición como los sectores donde se realizaban esas tareas finales. La escena también permite entender el grado de desarrollo que había alcanzado la vitivinicultura mendocina en esos años. Hacia 1910, Godoy Cruz figuraba entre los departamentos con mayor peso bodeguero de la provincia, y las publicaciones de época exhibían interiores de naves, cavas, maquinarias y etiquetas como prueba visible de esa modernización. En esos mismos años se expandió en Mendoza el uso de prensas, moledoras y filtros importados —y luego adaptados o fabricados localmente—, mientras la electricidad y la fuerza motriz consolidaban el paso de la bodega artesanal a la bodega industrial. En el caso de Justo Pellegrina, además, la documentación histórica lo menciona entre los bodegueros que utilizaban el nombre completo del propietario como marca, una práctica frecuente en la Mendoza vitivinícola de principios del siglo XX. Su firma también aparece asociada a la marca “La Granadina”, con representación comercial en Buenos Aires entre 1910 y 1913, lo que muestra que su producción no quedaba limitada al mercado local, sino que formaba parte de una red de distribución más amplia. Por eso, esta imagen vale mucho más que como simple registro industrial: resume un momento en que Mendoza consolidaba su identidad vitivinícola y convertía al vino en uno de los grandes motores de su economía y de su prestigio. #JustoPellegrina #GodoyCruz #BelgranoGodoyCruz #Mendoza #HistoriaDelVino #Vitivinicultura #BodegasHistóricas #PatrimonioMendocino #IndustriaDelVino #MemoriaVitivinícola #WineHistory #MendozaWine #HistoricWinery #WineHeritage #IndustrialHeritage #ArgentineWine #VintageWinery #CulturalHeritage
1910 - La postal del vino que hizo grande a Godoy Cruz: así trabajaba la histórica bodega de Honorio Barraquero
La imagen retrata la carga de cascos de vino en la planchada de expedición de la Bodega y Viñedos de don Honorio Barraquero, en Godoy Cruz, Mendoza, uno de los establecimientos más antiguos y representativos del desarrollo vitivinícola local. El origen de la bodega se ubica hacia 1870, tal como señala la tradición histórica del establecimiento. La casa estaba situada en las actuales calles San Martín y Brasil, y fue reconocida como una de las primeras bodegas del departamento, donde se produjo vino bajo la marca “Baco”. La escena no muestra solo una tarea cotidiana: resume una época entera de la vitivinicultura mendocina. La planchada de expedición era la plataforma sobreelevada desde la cual se cargaban primero los carros y más tarde los vagones del ferrocarril, una pieza clave en la logística del vino hacia los mercados. En el caso de Barraquero, además, el crecimiento de la firma fue notable: en su establecimiento llegaron a trabajar 300 operarios, y la bodega se consolidó entre las grandes empresas del sector. Para 1903, la Testamentaría Honorio Barraquero, con dos bodegas, figuraba entre las principales firmas vitivinícolas mendocinas, con una producción de 5.475.400 litros, equivalente al 7,13% del total provincial registrado en esa nómina. La historia de la bodega también estuvo marcada por episodios decisivos. El establecimiento sufrió un incendio en 1882, pero ya al año siguiente funcionaba nuevamente en un edificio renovado que contaba con túneles, señal de la magnitud y modernización alcanzadas por la empresa. Sus vinos, además, integraron el grupo de productos mendocinos distinguidos en la Exposición Universal de París de 1889, donde Honorio Barraquero aparece entre los premiados por vino blanco y tinto. La bodega dejó de funcionar hacia 1920, pero su nombre quedó ligado para siempre al crecimiento industrial y patrimonial de Godoy Cruz. #HonorioBarraquero #BodegaBarraquero #GodoyCruz #Mendoza #HistoriaDelVino #Vitivinicultura #PatrimonioMendocino #HistoriaDeMendoza #BodegasHistóricas #MemoriaDelVino #WineHistory #MendozaWine #ArgentineWine #WineHeritage #HistoricWineries
domingo, 19 de abril de 2026
Malbec y vino argentino: la historia épica que convirtió a Mendoza en la gran capital del brindis mundial
¿Qué sabemos realmente sobre la historia del vino y del Malbec en la Argentina? Mucho más de lo que parece a simple vista. La tradición vitivinícola del país hunde sus raíces en el tiempo de la colonización española, cuando la vid llegó a América impulsada por fines religiosos, productivos y culturales. En territorio argentino, las referencias históricas más tempranas ubican las primeras plantaciones en el siglo XVI, primero en el norte y luego en Cuyo, donde Mendoza y San Juan comenzaron a desarrollar viñedos entre 1569 y 1590. En esos años, el vino era imprescindible para la liturgia cristiana y también funcionaba como emblema cultural de la monarquía hispánica. Antes de ese proceso americano, la vid ya tenía una larga historia en otras latitudes. Existen relatos nórdicos sobre la mítica “Vinland”, nombrada por los vikingos en torno al año 1000, pero la implantación sistemática de la viticultura en América no vino de allí sino de la expansión española, con México como uno de los primeros grandes puntos de introducción de cepas europeas. En América del Norte ya había especies silvestres del género Vitis, pero la tradición del vino tal como luego se expandió en Hispanoamérica estuvo ligada a las variedades llevadas por conquistadores, religiosos y colonos. En la Argentina, la vid empezó a cultivarse primero con un sentido utilitario y sacramental, de la mano de encomenderos y órdenes religiosas. Más tarde, otra circunstancia histórica cambió el destino del vino argentino: la crisis de la filoxera en Europa durante el siglo XIX. Ese insecto devastó millones de hectáreas de viñedos en Francia y en otros países del continente, y coincidió con un momento en que la Argentina, y especialmente Mendoza, empezaba a consolidarse como tierra de oportunidad para agricultores, técnicos y empresarios del vino. La llegada de inmigrantes europeos especializados, junto con el riego artificial, la tierra seca, el sol intenso y la cercanía de los Andes, creó el escenario perfecto para el gran despegue vitivinícola de Cuyo. Entre las bodegas tradicionales que hicieron historia y ayudaron a forjar el prestigio del vino argentino figuran nombres fundamentales: Colomé en Salta, fundada en 1831; Goyenechea en San Rafael en 1868; Graffigna en San Juan en 1870; La Abeja en 1883; Trapiche en 1883; Escorihuela Gascón en 1884; La Rural en 1885; Giol y Gargantini también en 1885; Santa Ana en 1891; Michel Torino en 1892; López en 1898; Luigi Bosca en 1901; Catena en 1902; Humberto Canale en 1909; Flichman en 1910; y Norton en 1919. Varias de ellas siguen activas y forman parte del patrimonio histórico, económico y cultural de la vitivinicultura argentina. En Mendoza, además, la Finca González Videla es señalada como poseedora de una de las cavas más antiguas de América Latina, fechada en 1830. Argentina es además un caso singular en el mundo: fue el primer país en declarar al vino como Bebida Nacional. Esa decisión quedó establecida por el Decreto 1800/2010 y luego ratificada por el Congreso mediante la Ley 26.870 en 2013. A partir de ello, el 24 de noviembre quedó consagrado como el Día del Vino Argentino, Bebida Nacional, en reconocimiento al peso cultural, productivo, turístico y simbólico del vino en la identidad del país. Si hablamos del Malbec argentino, hay una fecha insoslayable: el 17 de abril de 1853. Ese día se presentó en Mendoza el proyecto para fundar la Quinta Normal de Agricultura, una institución decisiva para el desarrollo agrícola provincial. Allí aparece la figura de Domingo Faustino Sarmiento, que impulsó la creación de una escuela agronómica moderna, y también la del agrónomo francés Michel Aimé Pouget, convocado para traer nuevas variedades y estudiar su adaptación a los suelos locales. La Facultad de Ciencias Agrarias de la UNCuyo reconoce esa genealogía y señala que la Quinta Normal fue el punto de partida de una larga historia de investigación y formación agrícola en Mendoza. Fue precisamente Pouget quien introdujo el Malbec en la Argentina y quien advirtió su extraordinaria adaptación al clima mendocino. Desde 2011, por iniciativa de Wines of Argentina, el 17 de abril se celebra en todo el mundo el Malbec World Day, justamente para recordar aquel momento fundacional de 1853. Hay especialistas que señalan que otras cepas francesas pudieron haber llegado también por distintas vías migratorias, pero el papel de Pouget como gran impulsor del éxito del Malbec en Mendoza y su posterior proyección internacional es ampliamente reconocido. En ese mismo proceso aparece también Justo Castro, un personaje menos conocido pero muy importante. Comerciante salteño vinculado al tráfico de mulas y con relaciones en Chile, Castro se integró a esa corriente modernizadora que ayudó a llevar conocimientos, cepas y experiencia técnica hacia la región cuyana. Esa red de vínculos entre Chile, Mendoza, San Juan y Europa fue clave para que el vino argentino dejara de ser una producción casi rudimentaria y se convirtiera en una verdadera industria. El resultado de todo ese recorrido es impactante. Según el INV, el Malbec sigue siendo la variedad más emblemática del país. En 2025, alcanzó 46.890 hectáreas, equivalentes al 23,9 % de toda la superficie de vid argentina. Mendoza concentró 39.771 hectáreas, es decir el 84,8 % del Malbec nacional. En comercio exterior, las exportaciones de Malbec y sus cortes llegaron a 1.172.721 hectolitros, generaron 404,7 millones de dólares y alcanzaron 114 países, representando el 71,9 % del volumen total de varietales exportados por la Argentina. Por eso, hablar del vino y del Malbec no es solo hablar de una bebida. Es hablar de religión, inmigración, ciencia, comercio, paisaje, identidad y cultura. Es hablar de Mendoza, de sus oasis y de su dirigencia visionaria; de bodegueros, agrónomos y trabajadores de viña; y de una historia que convirtió al desierto irrigado en una de las grandes capitales vitivinícolas del planeta. Como sugirió Borges en sus versos al vino, cada copa puede ser también una manera de mirar la propia historia. Y pocas historias argentinas son tan intensas, profundas y universales como la del vino. #Malbec #VinoArgentino #BebidaNacional #HistoriaDelVino #Mendoza #MalbecWorldDay #MichelAimePouget #Sarmiento #Vitivinicultura #CulturaDelVino #ArgentineWine #WineHistory #MendozaWine #MalbecArgentino #WineCulture #Vineyards #AndesTerroir #VinoYHistoria
Malbec: el viaje épico que convirtió a Mendoza en la capital mundial del vino argentino
Desde Cahors hasta los Andes, el Malbec protagonizó una travesía extraordinaria de resiliencia, adaptación e identidad. Cada 17 de abril, cuando en Mendoza el otoño empieza a teñir los viñedos de oro, se celebra el Día Mundial del Malbec, una fecha que no solo honra a una cepa: también resume una historia de inmigración, ciencia, trabajo y arraigo. La conmemoración recuerda el proyecto presentado en 1853 para fundar la Quinta Normal de Agricultura de Mendoza, hecho que luego dio origen a esta celebración global impulsada por Wines of Argentina desde 2011. La historia del varietal comenzó mucho antes de llegar a la Argentina, en el sudoeste de Francia, donde el Malbec fue cultivado históricamente en Cahors y también tuvo presencia en Burdeos. Durante siglos fue asociado al célebre “vino negro”, famoso por su color profundo, su estructura y su rusticidad. La tradición enológica incluso vincula esos vinos con la época de Leonor de Aquitania y la expansión de los gustos de la corte anglofrancesa. Pero en Europa la cepa sufrió golpes durísimos: la filoxera devastó los viñedos franceses en el siglo XIX, y el Malbec perdió gran parte del terreno que había tenido en su lugar de origen. El renacimiento americano del Malbec tuvo un capítulo decisivo en Cuyo. En tiempos de su exilio en Chile, Domingo Faustino Sarmiento comprendió que la modernización agrícola requería nuevas variedades y formación técnica. Por eso impulsó ante el gobernador mendocino Pedro Pascual Segura la creación de una quinta agronómica modelo, y el 17 de abril de 1853 quedó fundada la Quinta Normal de Agricultura de Mendoza. Para conducirla fue convocado el agrónomo francés Michel Aimé Pouget, quien introdujo distintas cepas europeas, entre ellas el Malbec, y sentó las bases de la vitivinicultura moderna argentina. La propia Facultad de Ciencias Agrarias de la UNCUYO reconoce esa genealogía histórica como parte de su origen institucional. A esa línea fundacional se sumó después otra figura clave: Aarón Pavlovsky, designado en 1884 como director de la Escuela de Agricultura de Mendoza. La UNCUYO lo recuerda como uno de los hombres que dieron impulso inicial y científico a la vitivinicultura mendocina, reforzando el vínculo entre conocimiento técnico, docencia y desarrollo industrial. En ese largo proceso, el Malbec dejó de ser una variedad importada para convertirse en un producto cultural profundamente argentino. No por casualidad, el historiador Pablo Lacoste define su recorrido como un “viaje de ida y vuelta”: una cepa nacida en Europa que echó raíces en Sudamérica y luego volvió al mundo convertida en símbolo de identidad y calidad. La consolidación del Malbec no fue inmediata. Durante décadas fue cultivado por viticultores e inmigrantes que sostuvieron la actividad casi en silencio, y recién a fines del siglo XX —con la reconversión tecnológica, la mejora enológica y la apertura exportadora— dio su gran salto internacional. Hoy, según el INV, el Malbec está presente en 18 de las 20 provincias vitivinícolas del país y suma 46.890 hectáreas, equivalentes al 23,9% de toda la superficie de vid argentina. Mendoza concentra 39.771 hectáreas, es decir, el 84,8% del Malbec nacional, y los departamentos de Luján de Cuyo, San Carlos, Tunuyán, Tupungato y Maipú son algunos de sus grandes bastiones. Ese liderazgo también se ve en los mercados. En 2025, el Malbec representó el 54% de las ventas internas de vinos varietales y, en exportación, alcanzó 1.172.721 hectolitros, generó 404,7 millones de dólares y llegó a 114 países. Además, explicó el 71,9% del volumen total de los varietales argentinos exportados. Por eso puede decirse que Mendoza es hoy el gran corazón mundial de esta cepa: desde la elegancia clásica de Luján de Cuyo hasta los perfiles de altura del Valle de Uco y la versatilidad del Este provincial, el Malbec mendocino expresa una diversidad extraordinaria. Más que un vino, es una síntesis de desierto, cordillera, riego, ciencia, inmigración y trabajo. Brindar por el Malbec es, en definitiva, brindar por una historia que convirtió un desafío geográfico en una marca global de excelencia. #Malbec #DiaMundialDelMalbec #MalbecWorldDay #Mendoza #VinoArgentino #HistoriaDelVino #MichelAimePouget #Sarmiento #PedroPascualSegura #AarónPavlovsky #UNCUYO #Vitivinicultura #Cahors #WineHistory #ArgentineWine #MendozaWine #Terroir #WineLovers #HistoriaArgentina #OrgulloMendocino
sábado, 11 de abril de 2026
La imponente postal de una Mendoza que crecía con el vino: el chalet Piccione y la entrada a una bodega emblemática de Rodeo de la Cruz

La imagen adjunta muestra el chalet y el acceso a la bodega de la familia Piccione, en una escena de enorme valor documental para la historia vitivinícola mendocina. La propiedad estaba ubicada sobre el antiguo Carril Nacional, en Rodeo de la Cruz, Guaymallén, y reunía en un mismo conjunto la residencia familiar, las oficinas, los locales comerciales y el sector industrial de la bodega. La casa se desplegaba hacia el norte en forma de “L”, articulada por un gran patio que la vinculaba con el área de trabajo, mientras la fachada sobre la calle exhibía ladrillo visto, ventanas coronadas por frontones y una larga balaustrada superior que remataba el frente con un aire sobrio pero distinguido. La imagen pertenece a la Colección Cerezo-Sanmartino del Archivo de Fotografía Histórica y fue incluida en un trabajo académico sobre patrimonio vitivinícola mendocino. En el sector principal se distinguían la casa patronal, las oficinas y, sobre la planta alta del área habitacional, los dormitorios y el estudio personal de Cayetano Piccione. Hacia la izquierda se abría el ingreso vehicular a la bodega, mientras que hacia la derecha funcionaban dependencias comerciales con sus respectivas vidrieras. No era, por lo tanto, una construcción aislada: era una pieza de arquitectura pensada para expresar al mismo tiempo vivienda, empresa, trabajo y prestigio, algo muy característico de las grandes familias bodegueras mendocinas de comienzos del siglo XX. La presencia de la Bodega Piccione en relevamientos patrimoniales dedicados a Guaymallén confirma, además, la importancia histórica de este establecimiento dentro del paisaje industrial del departamento. La fotografía también ofrece una escena callejera riquísima en detalles. Se observan dos automóviles con sus choferes y acompañantes, probablemente vinculados a la firma bodeguera, en una posición que sugiere el inicio de la marcha hacia el oeste. A eso se suman dos obreros regando la calle desde ambos costados, utilizando baldes atados con sogas para extraer agua de las acequias laterales, una práctica típica de la Mendoza de entonces. También llaman la atención los puentes improvisados, apenas resueltos con una tabla sobre los cauces, un detalle que podría indicar obras de urbanización en curso o una infraestructura todavía en transición entre lo rural y lo urbano. Más allá de la belleza de la construcción, la foto remite al auge de Rodeo de la Cruz en los años en que inmigrantes y bodegueros transformaron ese sector de Guaymallén. Fuentes sobre la historia del distrito recuerdan que el condominio Piccione-Sanmartino estuvo ligado a la refundación del pueblo en 1912, y que Agustín Piccione e Hijos figuraba entre los comercios que abastecían a la población, mientras la bodega Piccione-Sanmartino aparecía entre los establecimientos de mayor auge local. Incluso en 1916, “Agustín Piccione e hijos” aparece registrado entre los bodegueros netos mendocinos, señal del peso económico que la firma había alcanzado en la provincia. #Mendoza #Guaymallen #RodeoDeLaCruz #HistoriaDeMendoza #Vitivinicultura #BodegasDeMendoza #Patrimonio #MemoriaFotografica #ArchivoHistorico #FamiliaPiccione #HistoriaArgentina #Vintage #OldPhotos #HistoricPhotography #WineHistory #MendozaHistory #Heritage #ArgentineHistory #Archive #HistoryLovers #History,
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sábado, 21 de marzo de 2026
La foto que lo dice todo: la familia Streich y la elegancia con que los viñedos también contaban poder en la Mendoza antigua
Esta impactante imagen de la familia Streich, conservada en la Colección García Pujadas (AFH), retrata a propietarios de origen alemán vinculados a un emprendimiento vitivinícola en la zona de Luján de Cuyo. Más que una simple foto familiar, la escena parece cuidadosamente construida para mostrar posición social, prosperidad y pertenencia a una Mendoza rural que crecía al ritmo de la viña. Un estudio académico sobre fotografía e imaginarios vitivinícolas identifica justamente esta toma como parte de ese universo visual de familias bodegueras e inmigrantes en Mendoza. La propia imagen aporta detalles muy elocuentes: el grupo posa entre vides podadas en cabeza, con árboles altos al fondo, probablemente álamos, y en primer plano aparecen dos perros, un recurso visual que también sugiere comodidad material y vida de finca. Se distinguen hombres con traje, corbata y botas, mujeres con vestidos largos y pañoletas, un niño alzado sobre los hombros de uno de los varones y una disposición casi teatral, bien equilibrada, donde las figuras cierran la composición como si cada lugar hubiese sido pensado de antemano. Todo transmite orden, dominio del espacio y orgullo por la propiedad. Ese modo de mirar no era casual. Augusto Streich, fotógrafo alemán radicado en Mendoza desde 1890, fue uno de los grandes retratistas de la sociedad mendocina y dejó cientos de imágenes hoy valiosas para reconstruir la vida de la provincia a comienzos del siglo XX. Fuentes oficiales y periodísticas coinciden en señalarlo como uno de los fotógrafos más relevantes de la Mendoza de aquella época. Por eso esta foto no muestra solo una familia posando entre viñas. Muestra algo más profundo: el momento en que ciertos inmigrantes europeos ya no querían retratar únicamente su rostro, sino también su ascenso, su tierra y su lugar conquistado en la sociedad mendocina. #FamiliaStreich #MendozaAntigua #LujanDeCuyo #Vitivinicultura #HistoriaMendocina #AugustoStreich #Inmigrantes #Viñedos #MemoriaVisual #MendozAntigua
miércoles, 18 de marzo de 2026
La foto que retrata a los pioneros del vino en San Rafael: inmigración, caballos y una finca naciendo en la Mendoza profunda
Esta imagen de la colección Juan Pi. Fotografías 1903-1933 muestra una escena rural cargada de identidad y de memoria: varios hombres posan de frente al fotógrafo, rodeados por cuatro caballos y un perro que llama la atención al aparecer sobre una montura. Por su porte, su forma de presentarse ante la cámara y su vestimenta de trabajo, todo sugiere que se trata de integrantes del grupo propietario o dirigente de un emprendimiento vitivinícola. Un catálogo académico sobre estas fotos interpreta precisamente que podrían ser los propietarios de una finca del área de San Rafael, y destaca además detalles como las botas de media caña aptas para cabalgadura, las barbas recortadas, los aperos de cuero sin adornos metálicos y el carácter técnico de la viña que aparece en primer plano. Desde el punto de vista productivo, la escena también tiene enorme valor documental. El mismo relevamiento identifica en la fotografía un sector de viña baja o espaldero de dos hilos con uva criolla, un dato clave para entender cómo se organizaba parte de la vitivinicultura del sur mendocino en esos años. No es una simple postal de campo: es una imagen del trabajo, de la propiedad rural y de una economía regional que estaba tomando forma entre cepas, animales y esfuerzo humano. La figura de Juan Pi vuelve todavía más importante esta fotografía. Fue un fotógrafo suizo-argentino, nacido en 1875, que se instaló en San Rafael en 1903 y desde allí documentó de manera sistemática el crecimiento del departamento, sus paisajes, construcciones, viñedos y frutales, además de retratos y acontecimientos históricos. Por eso sus imágenes hoy no solo tienen valor artístico: son también una fuente extraordinaria para reconstruir la vida social y económica del sur mendocino. Visto así, esta foto no retrata únicamente a un grupo de hombres con sus caballos: retrata una época. La de los inmigrantes y pobladores que ayudaron a levantar fincas, a organizar el trabajo agrícola y a consolidar la identidad vitivinícola de San Rafael. En esa mezcla de tierra, vid, animales y mirada fija a la cámara quedó congelado un instante fundamental de la historia rural mendocina. La identificación de estos hombres como inmigrantes europeos y propietarios es una inferencia histórica apoyada en la lectura del catálogo y en la propia imagen, no una certeza absoluta sobre cada persona retratada. #SanRafael #Mendoza #Vitivinicultura #JuanPi #Inmigrantes #Viñedos #Memoria #HistoriaRural #Patrimonio #MendozAntigua
martes, 17 de marzo de 2026
1910 - La postal del origen: la vieja Bodega Toso de San José donde empezó a forjarse una leyenda del vino mendocino. En calle Alberdi, entre Pascual Toso y Godoy Cruz, del distrito San José” Guaymallén
Esta imagen del exterior de la bodega Toso en San José, hacia 1910, nos devuelve a los años en que Pascual Toso ya había convertido su apellido en sinónimo de trabajo, visión y crecimiento dentro de la vitivinicultura mendocina. La historia oficial de la bodega señala que Toso fundó su empresa en 1890, convirtiéndola con el tiempo en una de las casas más antiguas y reconocidas de Mendoza. La sede de San José, en Guaymallén, fue uno de los primeros grandes núcleos de ese desarrollo. Distintas reconstrucciones históricas recuerdan que, tras llegar desde Italia, Pascual Toso comenzó a abrirse camino en Mendoza hasta lanzarse a su propio emprendimiento vitivinícola junto a sus hermanos y socios, en una etapa clave para la modernización del vino argentino. Lo más atractivo de esta postal es justamente su sobriedad. No muestra una arquitectura ostentosa, sino una propiedad rural amplia, funcional y ordenada, propia de una empresa que estaba creciendo sobre bases concretas: viñedos, trabajo constante y expansión comercial. Esa lógica fue la que le permitió a Toso proyectarse luego hacia otras zonas productivas de Mendoza, especialmente Barrancas, Maipú, donde su firma también dejó huella duradera. Más de un siglo después, el nombre Pascual Toso sigue ligado a la memoria del vino mendocino. La bodega continúa presentando ese origen de 1890 como parte central de su identidad, prueba de que aquella casa y aquel establecimiento de San José no fueron solo una propiedad de época, sino el punto de partida de una historia que todavía perdura. #PascualToso, #SanJose, #Guaymallen, #Mendoza, #Historia, #Vino, #Bodega, #Patrimonio, #Memoria, #MendozAntigua
1910 - La finca que ayudó a convertir a Mendoza en tierra de gigantes del vino: la postal perdida de Pascual Toso en Barrancas - Mendoza
Esta imagen nos devuelve a una escena clave de la historia vitivinícola mendocina: la Finca Toso en Barrancas, hacia 1910, cuando el nombre de Pascual Toso ya empezaba a consolidarse como uno de los grandes emblemas del vino argentino. Después de fundar su primera bodega en San José, Guaymallén, en 1890, Toso decidió expandirse a Maipú a comienzos del siglo XX, donde adquirió viñedos y levantó una nueva bodega en su finca de Las Barrancas, dedicada al cultivo de uvas de alta calidad. No fue un paso menor. Esa expansión mostró la visión de un inmigrante italiano que entendió antes que muchos el enorme potencial de los suelos mendocinos. Una reconstrucción histórica de la familia señala que en Barrancas llegó a reunir centenares de hectáreas y que esa finca se transformó en uno de los núcleos productivos más importantes de su empresa, al punto de integrar viñedos, olivares y una segunda bodega que amplió decisivamente su escala. Más de un siglo después, ese legado sigue vivo. El sitio oficial de la bodega y la promoción turística de Mendoza todavía presentan a Pascual Toso como una de las casas históricas del vino local, con producción asentada en Barrancas, Maipú, una de las zonas tradicionales de la vitivinicultura mendocina. #PascualToso, #Barrancas, #Maipu, #Mendoza, #Historia, #Vino, #Bodegueros, #Patrimonio, #Memoria, #MendozAntigua
Pascual Toso - El inmigrante que llegó con casi nada y terminó dejando un apellido eterno en el vino mendocino
Hablar de Pascual Toso es hablar de una de esas historias que ayudaron a moldear la Mendoza moderna. Su vida resume el recorrido de muchos inmigrantes italianos que cruzaron el océano con poco equipaje, pero con una enorme voluntad de progreso. Nacido el 24 de octubre de 1859 en Canale d’Alba, en el Piamonte, llegó a la Argentina en la década de 1880 y terminó convirtiéndose en uno de los nombres más recordados de la vitivinicultura mendocina. La propia historia de la bodega lo presenta como el fundador de una de las casas vitivinícolas más antiguas y prestigiosas del país. Al instalarse en Mendoza, Toso empezó desde abajo. Una obra histórica sobre Guaymallén recuerda que arribó desde Italia a los 25 años, trabajó primero en un molino del departamento y luego se vinculó de lleno al mundo del vino. Ese aprendizaje, sumado a la tradición agrícola que traía desde su familia piamontesa, fue la base de un crecimiento que no se detuvo. El gran salto llegó en 1890, cuando fundó su propia bodega en San José, Guaymallén. Otras investigaciones sobre la historia del vino mendocino señalan que entre 1891 y 1896 fue socio de Bautista Gargantini en la elaboración y comercio de vino, y que Pascual Toso integró el grupo de pioneros inmigrantes que impulsaron la expansión vitivinícola de Mendoza tras el terremoto de 1861. Pero su huella no quedó solo en la bodega. También ganó peso en la vida pública de Guaymallén. Una publicación de la Universidad Nacional de Cuyo lo menciona como vecino notable y recuerda que fue uno de los firmantes del Acta de fundación de Villa Nueva en 1896, señal de que su influencia ya excedía el mundo empresario. No sorprende, entonces, que su apellido haya quedado grabado también en la geografía mendocina. Con el paso de los años, la firma familiar siguió creciendo y el nombre Pascual Toso quedó asociado a una tradición bodeguera que atravesó generaciones. Según fuentes ligadas a la historia de la bodega y a la memoria familiar, murió el 25 de agosto de 1929 en su pueblo natal, Canale d’Alba, pero su legado siguió vivo en Mendoza, donde sus descendientes continuaron el camino iniciado por él. Más de un siglo después de aquella fundación, su apellido sigue siendo sinónimo de trabajo, visión y vino argentino. #PascualToso #Mendoza #Vino #Historia #Guaymallen #Bodegueros #Inmigracion #Piamonte #Legado #MendozAntigua
jueves, 12 de marzo de 2026
La familia que ayudó a transformar Mendoza en tierra de gigantes del vino: la historia de los Arizu
Hablar de los Arizu es hablar de una de las familias que dejaron una huella decisiva en la historia vitivinícola mendocina. Como tantos inmigrantes llegados desde Europa a fines del siglo XIX, trajeron trabajo, saber técnico y una cultura del esfuerzo que cambió para siempre el paisaje económico de la provincia. En el caso de los Arizu, ese origen estuvo en Unzué, Navarra, y su desembarco en Mendoza dio forma a uno de los grandes emporios bodegueros de la época. La documentación oficial del Archivo Bodega Arizu señala que la empresa comenzó como Sociedad Arizu Hermanos en 1888, y que la familia era precisamente originaria de Unzué. El primero en emigrar fue Balbino Arizu, entusiasmado por las oportunidades que ofrecía Mendoza en tiempos de expansión agrícola y de obras de riego. Esa misma reseña oficial indica que Balbino llegó impulsado por su coterráneo Bernardino Izuel, que ya trabajaba en la provincia en la construcción de canales, y que más tarde se sumaron sus hermanos para iniciar juntos la empresa vitivinícola. No fue un salto menor: de una vida campesina en Navarra pasaron a integrarse al corazón de una Mendoza que estaba entrando en su gran ciclo de modernización del vino. La expansión fue extraordinaria. El casco de la bodega comenzó a levantarse desde 1891 en el actual eje de San Martín 1515, en Godoy Cruz, y con el tiempo la firma se convirtió en uno de los principales emporios del sector. El archivo oficial de Godoy Cruz sostiene que, durante la edad de oro de la vitivinicultura mendocina, entre 1910 y 1930, Arizu se encontraba entre las siete bodegas más importantes de Mendoza. Esa sola referencia alcanza para medir su peso en la economía y en la identidad de la provincia. La historia de los Arizu no se quedó en el oasis norte. También fueron pioneros en el sur mendocino, especialmente en Villa Atuel, donde se lanzaron a cultivar extensos viñedos y a levantar una gran bodega. Un estudio de Eusko Ikaskuntza sobre la presencia vasca en Mendoza los describe como verdaderos pioneros de esa zona y recuerda que allí llegaron a poner en producción miles de hectáreas, en lo que fue considerado uno de los mayores paños de viña del mundo. Además, de ese mismo tronco familiar surgieron otras ramas decisivas para el vino argentino. La fuente de Eusko Ikaskuntza vincula a Leoncio Arizu con la continuidad empresaria que, con el tiempo, derivó en los reconocidos vinos Luigi Bosca, mostrando que el apellido Arizu no solo fue clave en Godoy Cruz y Villa Atuel, sino también en la proyección posterior de la vitivinicultura mendocina en el mercado nacional e internacional. El final de la empresa original también forma parte de la memoria mendocina. La familia Arizu mantuvo la propiedad hasta 1978, luego la bodega pasó al Grupo Greco, fue intervenida en 1980 y cerró definitivamente en 1991. Aun así, su legado no desapareció: el predio fue declarado Monumento Histórico Nacional en 1999, y hoy su archivo y su edificio forman parte del patrimonio de Godoy Cruz, recuperados como símbolo de la historia industrial y social del vino mendocino. En definitiva, la historia de los Arizu es mucho más que la historia de una bodega. Es la historia de una familia inmigrante que encontró en Mendoza una oportunidad, la convirtió en trabajo, luego en empresa y finalmente en legado. Y en esa trayectoria quedó grabada una parte esencial de la identidad vitivinícola argentina. #Arizu #MendozaAntigua #HistoriaMendocina #Vitivinicultura #GodoyCruz #VillaAtuel #Navarra #Inmigracion #VinoArgentino
miércoles, 11 de marzo de 2026
El corazón del vino que hizo grande a Mendoza: la imponente sala de fermentación de la Bodega Arizu en Godoy Cruz - Mendoza
Esta imagen retrata uno de los espacios más impactantes de la vieja Bodega Arizu, en Godoy Cruz: su sala de fermentación, verdadero corazón industrial de una empresa que ayudó a transformar a Mendoza en potencia vitivinícola. Entre enormes toneles, pasillos simétricos y una arquitectura pensada para producir a gran escala, la escena resume una época en la que el vino no solo era trabajo y progreso, sino también identidad. La bodega fue fundada en 1888, y su núcleo original quedó como testimonio del gran salto de la vitivinicultura mendocina hacia la industrialización. Arizu no fue una bodega más. Su conjunto edilicio, levantado en distintas etapas y con tecnologías que fueron del adobe al hormigón armado, es considerado un caso excepcional dentro del patrimonio argentino, justamente porque permite leer la evolución de la arquitectura bodeguera de Mendoza. En sus naves de producción, como esta sala de fermentación, se concentraba el pulso de una actividad que marcó la economía, el paisaje y la vida cotidiana de toda una región. Con el paso del tiempo, la ex Bodega Arizu dejó de producir, pero no perdió su valor histórico. Cerró definitivamente en 1991 y más tarde fue declarada Monumento Histórico Nacional por el Estado argentino. Hoy, recuperada como Espacio Arizu, también resguarda un archivo vitivinícola de enorme importancia, considerado por la Municipalidad de Godoy Cruz como el más completo del país conservado en su lugar de origen. Por eso esta foto no muestra solo toneles y ladrillos: muestra el alma de una industria que moldeó a Godoy Cruz y a Mendoza. Es la imagen de un tiempo en que cada vendimia, cada cuba y cada sala de fermentación formaban parte de una epopeya productiva que todavía late en la memoria del vino argentino. #BodegaArizu #GodoyCruz #MendozaAntigua #Vino #Patrimonio #HistoriaMendocina #ArquitecturaIndustrial #MemoriaVitiva
🍇 EL ARQUITECTO DEL OASIS: Jacinto Arizu y la dinastía que puso a Mendoza en el mapa del mundo
Jacinto nació en 1853 en el pequeño pueblo de Unzué, Navarra. Como tantos otros inmigrantes vascos, llegó a la Argentina con un capital limitado en dinero, pero incalculable en cultura de trabajo y conocimientos agrícolas. Tras un breve paso por Buenos Aires, cruzó el país atraído por la promesa de las tierras cuyanas. En sociedad con su hermano Sotero, Jacinto fundó en Godoy Cruz la emblemática Bodega Arizu. Mientras Sotero se enfocaba a menudo en la expansión comercial y estratégica, Jacinto fue el guardián de la tierra y el motor de la producción: Fue uno de los primeros en entender que Mendoza no solo necesitaba cantidad, sino calidad. Introdujo variedades europeas y perfeccionó los sistemas de injertos para combatir plagas de la época. En una provincia donde el agua es oro, Jacinto aplicó técnicas de ingeniería hidráulica para que cada gota del deshielo alimentara sus viñedos, extendiendo el oasis hacia zonas que se creían incultivables. Los Arizu no solo hacían vino; crearon una comunidad. Su bodega contaba con viviendas para obreros, talleres propios y una logística que utilizaba el ferrocarril para llevar el Malbec mendocino a las mesas más exigentes de Buenos Aires y el exterior. A principios del siglo XX, la firma Arizu llegó a ser una de las más grandes del planeta, con miles de hectáreas cultivadas y una capacidad de almacenamiento que asombraba a los visitantes europeos. Jacinto no solo fue un bodeguero, fue un colonizador del progreso. Jacinto Arizu representaba la seriedad y la palabra empeñada. Su fallecimiento marcó el fin de una era, pero su apellido quedó grabado en el patrimonio arquitectónico y cultural de Mendoza. Hoy, las cavas de su antigua bodega en Godoy Cruz siguen siendo testigos silenciosos de su grandeza. #JacintoArizu #BodegasArizu #HistoriaDeMendoza #PionerosDelVino #MendozaAntigua #VinoArgentino #LegadoVasco #Inmigrantes
Balbino Arizu: el inmigrante que ayudó a levantar el gigante del vino mendocino
Este retrato de comienzos de 1908 nos devuelve la imagen de Balbino Arizu, una de las figuras decisivas en la historia vitivinícola de Mendoza. Nacido en Unzué, Navarra, en 1858, llegó a la provincia en 1883 y comenzó trabajando en la órbita de la bodega Benegas. Muy pronto dio el salto como empresario: junto a sus hermanos impulsó la firma familiar Arizu Hermanos y, años después, consolidó la poderosa Bodegas Arizu, una de las grandes protagonistas del auge del vino argentino. Su crecimiento fue impresionante. Arizu combinó experiencia agrícola, visión comercial y una apuesta fuerte por la producción a gran escala. Expandió viñedos, invirtió en nuevas tierras y fue clave en el desarrollo de Villa Atuel, donde su emprendimiento dejó una marca tan profunda que hoy forma parte del patrimonio histórico nacional. Los estudios sobre la empresa Arizu lo señalan, además, como uno de los grandes empresarios del vino de la Argentina en las primeras décadas del siglo XX. Pero Balbino Arizu no fue solamente un bodeguero exitoso. También tuvo una fuerte presencia en la vida social e institucional mendocina: fue director del Banco Provincia de Mendoza durante largos años, participó en la Sociedad Española de Socorros Mutuos, en el Club Español y en distintas obras comunitarias y filantrópicas, entre ellas el impulso a iniciativas que ayudaron a fortalecer a la colectividad española en la provincia. Murió en Mendoza en 1936, dejando una herencia que no solo transformó la industria del vino, sino también la historia económica y social mendocina. #BalbinoArizu #Mendoza #Historia #Vino #Vendimia #Patrimonio #Memoria #Bodegas #Efemerides #Argentina #mendozantigua
martes, 10 de marzo de 2026
1913 🍷 De Benicarló a la Argentina: la foto de 1913 que une emigración, vino y memoria en una sola imagen
domingo, 8 de marzo de 2026
🍇 Cuando Mendoza cambió para siempre: inmigración, crédito y poder detrás del nacimiento del imperio del vino
A fines del siglo XIX, Mendoza dejó de ser solo una provincia agroganadera para convertirse en el corazón de una nueva economía regional. La vieja élite mercantil y ganadera mendocina se reconfiguró junto con empresarios llegados de la inmigración europea, y de esa fusión nació una burguesía industrial regional que empujó la transformación vitivinícola. No fue un cambio improvisado: fue el resultado de capital acumulado, nuevas inversiones, tecnología y una estrecha relación entre poder económico y poder político. Ese proceso se sostuvo sobre varias palancas a la vez. La expansión del ferrocarril, la modernización del riego, los altos salarios iniciales, la difusión del crédito institucional a través de bancos como el de Mendoza, el Nacional y el Hipotecario, y las exenciones impositivas permitieron que muchos trabajadores y productores accedieran al ahorro, la capitalización y, en no pocos casos, a la pequeña propiedad. Pero, al mismo tiempo, también avanzó una concentración de la propiedad vitícola en manos del grupo dominante y de nuevos empresarios capitalizados, muchos de ellos de origen inmigrante. El Estado provincial tuvo un papel decisivo. Diversos estudios coinciden en que las administraciones de Francisco Civit, Elías Villanueva y Tiburcio Benegas fueron centrales para estimular la vitivinicultura moderna mediante exenciones impositivas, formación de recursos humanos, fomento del crédito y políticas para atraer inmigrantes. De hecho, ya en 1879 se presentó un proyecto para eximir de impuestos a viñedos, olivos y nogales, y la ley aprobada en 1881 abrió un ciclo de beneficios que se prolongó, con cambios, hasta comienzos del siglo XX. La llegada de inmigrantes no fue librada al azar. Entre 1884 y 1885, la misión de Santiago Soglieri, respaldada por el gobierno de Mendoza y la Comisión de Inmigración local, buscó traer desde Italia 400 familias de agricultores y vitivinicultores. Más adelante, en 1895, el gobernador Francisco Moyano dictó un decreto que fijó una subvención para trasladar inmigrantes a la provincia y designó un agente en Buenos Aires para seleccionarlos y atraerlos hacia Mendoza. Con el tiempo, muchos de esos inmigrantes o sus descendientes desplegaron una capacidad empresarial extraordinaria. A comienzos del siglo XX, la estructura productiva mendocina mostraba un fuerte predominio de capitales extranjeros: un estudio clásico estima que hacia 1910 había alrededor de doce grandes bodegueros, de los cuales diez eran extranjeros, y que los llamados “dueños del vino” eran mayoritariamente italianos y españoles. Ese crecimiento también se apoyó en redes familiares, asociaciones entre connacionales y alianzas económicas que luego llegaron a influir en la esfera pública. La historiografía sobre Mendoza muestra que muchos empresarios no avanzaron solos: se asociaron con hermanos, cuñados, sobrinos o paisanos, formando entramados que articularon producción, comercio, crédito y política. En otras palabras, la vitivinicultura no solo cambió el paisaje: también cambió las relaciones sociales, el reparto del poder y la estructura misma de la provincia. #Mendoza #Vitivinicultura #Inmigración #HistoriaMendocina #Bodegas #Viñedos #EconomíaRegional #MendozAntigua. La idea de que “a comienzos de 1910 las bodegas más grandes pertenecían a extranjeros” está bien respaldada por la bibliografía académica, pero conviene expresarla como predominio mayoritario y no como una totalidad absoluta.
1956 🍇🚚 ¡EL SUDOR DE NUESTRA HISTORIA! Cosechando el Malbec en Luján de Cuyo: una postal de Vendimia que te hará llorar de orgullo. Mendoza
¿Sentís el aroma a mosto y el crujir de las uvas en los tachos? Viajamos a Luján de Cuyo, la legendaria "Tierra del Malbec", en pleno 1956, para revivir la Vendimia de nuestros abuelos. Con esfuerzo puro, completan la carga de este histórico camión Ford modelo "Torito" que ya era una leyenda en las fincas. El Tacho de Cosecha: El tacho de mimbre o madera era un elemento icónico, un rito de Vendimia puro, antes de ser reemplazado por los modernos de plástico. El peón "volteador" vaciaba el contenido en la caja del camión con una destreza única. El Camión "Torito": Este Ford modelo 1935/36, muy popular en la Mendoza de antaño, era el verdadero motor del progreso. Se nota por la forma del capó y la rejilla. En la foto, se lee "LLEGO EL TORITO" en el parachoques cromado. La Finca "El Progreso": Ubicada en Luján de Cuyo, el corazón histórico del Malbec, esta finca es un nombre emblemático que hoy vive en la memoria de sus trabajadores y familias. La Revolución Vitivinícola: En aquellos años, la Vendimia era 100% manual, un esfuerzo colectivo puro. La inmigración europea trajo nuevas técnicas de producción y la cultura del trabajo que nos define hasta el día de hoy. #MendozAntigua #Vendimia1956 #LujánDeCuyo #TierraDelMalbec #CosechaManual #TachoDeMimbre #CamiónTorito #FincaElProgreso #RaícesMendocinas
sábado, 7 de marzo de 2026
ca.1900🍇 La Colina de Oro: la bodega mendocina que anticipó el imperio del vino y cambió para siempre el paisaje de Maipú
Hacia 1900, la bodega La Colina de Oro ya era una de las postales más elocuentes de la nueva Mendoza vitivinícola. La imagen, conservada por el Archivo General de la Nación, retrata una escena de vendimia y trabajo en uno de los establecimientos que mejor simbolizaron el gran salto productivo de fines del siglo XIX. La historia de esta firma está ligada a dos inmigrantes decisivos para la vitivinicultura mendocina: Juan Giol y Bautista Gargantini, quienes formaron sociedad en 1896, compraron 44 hectáreas en Maipú y, hacia 1899, levantaron los primeros edificios de la bodega. Con el tiempo, La Colina de Oro alcanzó su gran auge en la década de 1910 y quedó asociada al crecimiento industrial y social del vino mendocino. La foto conmueve porque muestra mucho más que una cosecha: muestra el momento en que Mendoza consolidaba su transformación. Aunque la provincia tenía viñedos y bodegas desde los siglos XVI y XVII, fue entre fines del siglo XIX y comienzos del XX cuando la actividad dio un salto extraordinario, impulsada por inmigrantes, nuevas técnicas y una escala de producción mucho más ambiciosa. En ese proceso, establecimientos como La Colina de Oro pasaron a encarnar la vitivinicultura moderna mendocina. Más que una simple bodega, La Colina de Oro fue parte del nacimiento de una identidad. Allí donde hoy vemos toneles, canastos y vendimiadores, también empezó a tomar forma una provincia que terminaría siendo sinónimo de vino en la Argentina y en el mundo. #LaColinaDeOro #Mendoza #Maipú #Vendimia #HistoriaMendocina #VinoArgentino #AGN #MendozAntigua “La Colina de Oro” no fue literalmente una de las primeras bodegas de Mendoza en sentido absoluto, porque la provincia tenía bodegas desde la época colonial; sí fue una de las más emblemáticas de la vitivinicultura moderna e industrial de fines del siglo XIX y comienzos del XX.




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