jueves, 30 de abril de 2026

30 de abril: el día en que el rock, el jazz, el reggae y el pop dejaron discos para la historia


Cada 30 de abril, la historia de la música recuerda una larga lista de discos editados en distintas décadas, géneros y países. Es una fecha curiosa del calendario musical porque reúne nombres enormes del rock and roll, el jazz, el reggae, el folk, el country, el pop, el rock progresivo, el punk, el new wave y el rock argentino. El recorrido comienza en los años sesenta con títulos como Twistin’ Round the World de Chubby Checker, publicado en 1962, en plena fiebre mundial del twist; y Dizzy on the French Riviera, de Dizzy Gillespie, también de 1962, un álbum donde el gran trompetista exploró sonoridades vinculadas al jazz moderno, el latin jazz y la bossa nova, con producción de Quincy Jones y arreglos de Lalo Schifrin. La fecha también marca lanzamientos de artistas fundamentales de la cultura popular: Bill Haley & His Comets, Bo Diddley, Joan Manuel Serrat, Marvin Gaye, The Doobie Brothers, Thin Lizzy, Lou Reed, Wings, Bob Marley & The Wailers, Elton John, Cat Stevens, Johnny Cash y Emmylou Harris, entre muchos otros. Cada disco representa una época distinta: desde el nacimiento del rock juvenil hasta la madurez del reggae, el soul, el folk y el rock de estadio. Entre los lanzamientos más simbólicos aparece Rastaman Vibration de Bob Marley & The Wailers, editado en 1976, una obra clave para la expansión internacional del reggae; Red Rose Speedway de Wings, con Paul McCartney al frente; y The Pros and Cons of Hitch Hiking, el primer álbum solista de Roger Waters tras su etapa central con Pink Floyd. El 30 de abril también tiene un lugar especial en la música argentina. En 1997 se editó Spinetta y los Socios del Desierto, el poderoso álbum doble de Luis Alberto Spinetta junto a Marcelo Torres y Daniel Wirtz, lanzado por Sony/Columbia. Fue recibido como una obra mayor del rock nacional de los años noventa y se agotó rápidamente en su primera edición. La lista llega hasta el siglo XXI con discos como The Minutes de Alison Moyet, Ready to Die de Iggy Pop & The Stooges, Fool Metal Jack de Os Mutantes, y lanzamientos de 2021 como How Blue Can You Get de Gary Moore, Juanito y el Carposaurio de Pappo & Juanse y Live at Knebworth 1990 de Pink Floyd, publicado oficialmente el 30 de abril de 2021 en CD, vinilo y plataformas digitales. Así, el 30 de abril no pertenece a un solo género ni a una sola generación. Es una fecha atravesada por guitarras eléctricas, trompetas de jazz, voces soul, himnos reggae, experimentos progresivos, canciones de autor y clásicos del rock. Un verdadero mosaico sonoro que demuestra cómo la música, década tras década, sigue dejando huellas capaces de unir épocas, estilos y memorias.

Discos recordados un 30 de abril

1962: Chubby Checker – Twistin’ Round the World; Dizzy Gillespie – Dizzy on the French Riviera
1964: Bill Haley & His Comets – Surf Surf Surf
1966: Bo Diddley – The Originator
1969: Joan Manuel Serrat – Joan Manuel Serrat; Marvin Gaye – M.P.G.
1971: The Doobie Brothers – The Doobie Brothers; Thin Lizzy – Thin Lizzy
1972: Lou Reed – Lou Reed
1973: Wings – Red Rose Speedway
1976: Bob Marley & The Wailers – Rastaman Vibration; Elton John – Here and There
1977: Cat Stevens – Izitso
1978: Johnny Cash – I Would Like to See You Again
1980: Duffo – The Disappearing Boy; Emmylou Harris – Roses in the Snow; Sniff ’n’ the Tears – The Game’s Up
1981: Kit Hain – Spirits Walking Out
1982: Cheap Trick – One on One
1984: Charley Pride – The Power of Love; John Kay & Steppenwolf – Paradox; OMD – Junk Culture; Roger Waters – The Pros and Cons of Hitch Hiking
1987: Strawbs – Don’t Say Goodbye
1991: Violent Femmes – Why Do Birds Sing?; Yes – Union
1992: Barón Rojo – Desafío
1996: Afrika Bambaataa – Lost Generation; Dave Matthews Band – Crash; Desperado – Bloodied But Unbowed
1997: Spinetta y los Socios del Desierto – Spinetta y los Socios del Desierto
1998: Dio – Angry Inferno
2001: Bill Wyman’s Rhythm Kings – Double Bill; Deacon Blue – Homesick
2007: Ocean Colour Scene – On the Leyline; The Mission – God Is a Bullet
2013: Alison Moyet – The Minutes; Iggy Pop & The Stooges – Ready to Die; Os Mutantes – Fool Metal Jack
2021: Gary Moore – How Blue Can You Get; Pappo & Juanse – Juanito y el Carposaurio; Pink Floyd – Live at Knebworth 1990#30DeAbril #HistoriaDeLaMúsica #DiscosClásicos #RockAndRoll #Jazz #Reggae #RockArgentino #Spinetta #BobMarley #PinkFloyd #LouReed #DizzyGillespie #ChubbyChecker #RogerWaters #Pappo #MendozAntigua #MusicHistory #ClassicAlbums #RockHistory #VinylCulture

La cocina oculta de la Casa Blanca: la fotografía de 1893 que reveló el trabajo silencioso detrás del poder


Entre 1891 y 1893, la fotógrafa estadounidense Frances Benjamin Johnston registró una escena poco habitual para la historia oficial de la Casa Blanca: una mujer afroamericana trabajando en la antigua cocina presidencial. La imagen, conservada por la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, aparece catalogada como “White House kitchen” y fue tomada por Johnston durante aquellos años. La escena resulta poderosa por su sencillez. No muestra salones diplomáticos, retratos presidenciales ni ceremonias de Estado, sino el corazón doméstico de la residencia presidencial: estanterías simples, utensilios de cocina, ollas, mesas de trabajo y un antiguo sistema de cocción previo a la llegada masiva de las cocinas modernas y los electrodomésticos. La White House Historical Association identifica otra imagen relacionada como la vieja cocina del sótano de la Casa Blanca hacia 1891. La mujer retratada no está identificada con certeza. La White House Historical Association señala que la fotografía representa a una cocinera en la cocina de la Casa Blanca en 1893 y recuerda que, durante la presidencia de Benjamin Harrison, trabajaron allí cocineras como Dolly Johnson, Mary Robinson y Lucy Branch. Dolly Johnson, oriunda de Louisville, Kentucky, llegó a Washington en 1889 para desempeñarse como cocinera principal del presidente Harrison. La autora de la imagen, Frances Benjamin Johnston, fue una figura excepcional para su época. Nacida en 1864, se convirtió en una de las primeras mujeres estadounidenses en destacarse profesionalmente como fotógrafa y fotoperiodista. El MoMA la considera una de las primeras mujeres dedicadas a la fotografía de prensa en Estados Unidos, con trabajos sobre arquitectura, retratos y acontecimientos públicos. Gracias a sus vínculos sociales y a su talento, Johnston tuvo acceso a espacios reservados del poder político estadounidense. Fotografió la Casa Blanca, realizó retratos de figuras públicas y dejó un valioso registro de escenas cotidianas que rara vez ocupaban el centro de la memoria oficial. La White House Historical Association destaca su papel como temprana fotoperiodista y documentalista, además de su trabajo posterior en instituciones como Hampton y Tuskegee. Con el tiempo, Johnston también se convirtió en una reconocida fotógrafa de arquitectura y preservación histórica. Su mirada ayudó a documentar edificios, jardines y espacios que estaban cambiando o desapareciendo, especialmente en el sur de Estados Unidos. Por eso, esta fotografía tiene un valor especial. No solo muestra cómo era una cocina de la Casa Blanca antes de la modernización del siglo XX: también permite ver el trabajo invisible de mujeres afroamericanas que sostuvieron la vida cotidiana de la residencia presidencial. En ese espacio de ollas, fuego, madera, esfuerzo y silencio, Johnston capturó una parte menos conocida de la historia: la del trabajo doméstico detrás del escenario del poder. #FrancesBenjaminJohnston #CasaBlanca #WhiteHouseKitchen #HistoriaFotográfica #MujeresFotógrafas #FotografíaHistórica #CocinaAntigua #HistoriaDoméstica #MujeresAfroamericanas #HistoriaInvisible #EstadosUnidos #SigloXIX #MemoriaHistórica #MendozAntigua #HistoricPhotography #WhiteHouseHistory #WomenPhotographers #AfricanAmericanHistory #DomesticHistory #HiddenHistory

Bill Haley and His Comets: el chasquido que despertó al rock and roll y cambió para siempre a la juventud


En 1954, Bill Haley and His Comets no parecían, a simple vista, una amenaza cultural. Con sus trajes combinados, moños prolijos, sonrisas de orquesta y cabellos engominados, podían confundirse con muchas agrupaciones populares heredadas de los años cuarenta. Pero bastaron los primeros golpes rítmicos de “Rock Around the Clock” para que algo cambiara de manera irreversible La canción fue grabada por Bill Haley and His Comets el 12 de abril de 1954. No fue la primera grabación de rock and roll ni tampoco el primer tema rockero de Haley, pero la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos la considera el “acontecimiento sísmico” que impulsó la revolución del rock. Curiosamente, en aquella sesión fue registrada casi como complemento: el lado principal del disco era “Thirteen Women”, mientras que “Rock Around the Clock” quedó como cara B. Su verdadera explosión llegó en 1955, cuando fue incluida como tema central de la película Blackboard Jungle —conocida en español como Semilla de maldad—, un film sobre violencia juvenil y conflicto generacional. Britannica recuerda que fue una de las primeras grandes películas en incorporar rock and roll en su banda sonora, y esa combinación entre cine, rebeldía adolescente y ritmo acelerado convirtió la canción en un símbolo de época. El impacto fue inmediato. Mientras muchos adultos la veían como una música ruidosa, peligrosa o descontrolada, miles de jóvenes la recibieron como una señal de identidad propia. En julio de 1955, “Rock Around the Clock” llegó al número uno de las listas de Billboard y vendió millones de copias, convirtiéndose en uno de los primeros grandes himnos masivos del rock and roll. El fenómeno también provocó reacciones de alarma. Hubo disturbios, bailes espontáneos, butacas rotas y episodios de censura vinculados sobre todo a las exhibiciones de Blackboard Jungle y a la euforia juvenil que generaba la canción. Conviene hacer una precisión: no hay evidencia sólida de una prohibición federal general de “Rock Around the Clock” por parte del gobierno de Estados Unidos, pero sí se registraron rechazos, censuras locales y prohibiciones en algunas ciudades o salas, especialmente asociadas al film y al temor moral que despertaba el rock entre sectores conservadores. Así nació uno de los grandes mitos fundacionales del rock: una canción de poco más de dos minutos que unió rhythm and blues, country, swing y energía adolescente. Bill Haley no inventó solo el rock and roll, pero sí ayudó a llevarlo al centro de la cultura popular mundial. Con ese ritmo frenético, los adolescentes dejaron de ser simples espectadores del entretenimiento adulto y empezaron a reconocerse como una fuerza cultural propia. “Rock Around the Clock” no fue solo una canción exitosa: fue una campanada histórica. Después de ella, la música popular, el cine, la moda, el baile y la juventud ya no volvieron a ser iguales. #BillHaley #BillHaleyAndHisComets #RockAroundTheClock #RockAndRoll #HistoriaDelRock #Rockabilly #BlackboardJungle #SemillaDeMaldad #CulturaJuvenil #Años50 #MúsicaPopular #RevoluciónDelRock #MendozAntigua #RockHistory #RockAndRollHistory #TeenCulture #ClassicRock #MusicHistory #1950sMusic #YouthCulture

30 de Abril de 1902 - Nueva Era: el periódico obrero que encendió la voz de los trabajadores mendocinos


El 30 de abril de 1902 apareció en Mendoza Nueva Era, considerado uno de los primeros intentos de periodismo obrero en la provincia. Se presentaba como órgano de las sociedades gremiales obreras, es decir, como una publicación destinada a expresar las necesidades, reclamos y aspiraciones de los trabajadores organizados en una Mendoza que comenzaba a sentir con fuerza la llamada “cuestión social”. Las reseñas sobre el periodismo mendocino señalan que Nueva Era fue el más antiguo de estos ensayos de prensa obrera local. Su aparición no fue casual. A fines del siglo XIX y comienzos del XX, Mendoza atravesaba transformaciones profundas: expansión ferroviaria, crecimiento urbano, vitivinicultura en ascenso, llegada de inmigrantes y formación de nuevos sectores asalariados. En 1896 se produjo una de las primeras huelgas importantes, protagonizada por obreros italianos vinculados al ferrocarril mendocino. Estudios sobre los conflictos sociales de la provincia indican que las primeras huelgas relevantes estuvieron ligadas a los trabajadores que construían el tendido ferroviario hacia Chile y a obreros ferroviarios que reclamaban mejoras salariales o actuaban en solidaridad con compañeros de otras provincias. En 1900 se fundó el Centro Socialista mendocino, mientras comenzaban a organizarse las primeras sociedades de resistencia, antecedentes de los actuales gremios. Entre 1900 y 1902, esas agrupaciones obreras empezaron a dar forma a una red de organización, solidaridad y reclamo. En 1902 también aparecieron protestas vinculadas con la desocupación, especialmente relacionadas con la construcción de ramales ferroviarios, y ese mismo año se registraron los primeros desfiles del 1.º de Mayo en la ciudad de Mendoza. En ese contexto, Nueva Era fue mucho más que una hoja impresa: representó el intento de los trabajadores mendocinos de construir una voz propia. No se trataba solo de informar, sino de denunciar desigualdades, promover la organización gremial, discutir derechos laborales y dar visibilidad a sectores que rara vez ocupaban un lugar central en la prensa tradicional. La experiencia se vincula también con el clima obrero nacional. En Buenos Aires, desde fines del siglo XIX, publicaciones socialistas y anarquistas habían comenzado a difundir ideas sobre jornada laboral, salarios, organización sindical, derechos políticos y justicia social. El periódico El Obrero, fundado por Germán Avé Lallemant en 1890, fue una referencia temprana del periodismo obrero y socialista argentino. El CEDINCI recuerda a Avé Lallemant como ingeniero y naturalista de origen alemán, radicado en San Luis, y como pionero del periodismo obrero, del socialismo y del marxismo en la Argentina. La presencia de Avé Lallemant en Mendoza refuerza ese vínculo. A comienzos de 1903, el Centro Socialista mendocino lo eligió como secretario general, y ese mismo año apareció El Obrero en Mendoza, una publicación que posiblemente estuvo relacionada con su actividad intelectual y política. Su participación muestra que la provincia no estaba aislada de los debates sociales que atravesaban al país: también aquí circulaban ideas socialistas, experiencias gremiales y discusiones sobre el lugar del trabajador en la Argentina moderna. Así, la aparición de Nueva Era el 30 de abril de 1902 marcó un punto significativo en la historia social mendocina. Fue una señal temprana de que los trabajadores no solo se organizaban en talleres, vías férreas, bodegas o ramales en construcción, sino que también buscaban intervenir en la opinión pública. En sus páginas —hoy difíciles de rastrear— quedó simbolizado el nacimiento de una prensa obrera local, surgida en medio de huelgas, inmigración, socialismo, resistencia gremial y reclamos por trabajo. Más que un periódico efímero, Nueva Era fue el anuncio de una conciencia nueva: la de una clase trabajadora mendocina que empezaba a nombrarse, a organizarse y a reclamar un lugar en la historia. #NuevaEra #PrensaObrera #Mendoza1902 #HistoriaDeMendoza #MovimientoObrero #SociedadesDeResistencia #CentroSocialistaMendocino #Gremios #FerrocarrilTrasandino #TrabajadoresMendocinos #PrimeroDeMayo #GermánAvéLallemant #ElObrero #PeriodismoObrero #MendozAntigua #LaborHistory #WorkersPress #ArgentineHistory #SocialHistory #MendozaHistory

30 de Abril de 1914 - Del Smart Palace al Lola Membrives: la sala porteña que nació como cine y terminó escribiendo historia teatral


El 30 de abril de 1914, según la efeméride tradicional, el empresario italiano Domingo Perrupato inauguró en la avenida Corrientes de Buenos Aires el Cine-Teatro Smart Palace, una sala que con el tiempo se convertiría en parte esencial de la memoria teatral porteña. Algunos estudios especializados ubican su fundación pocos días antes, el 20 de abril de 1914, y señalan que el edificio original se levantó en Corrientes 1280, entre Talcahuano y Libertad, en pleno corazón de una avenida que comenzaba a consolidarse como eje cultural de la ciudad. En sus primeros años, el Smart Palace estuvo ligado principalmente al cine, una actividad que por entonces crecía con enorme rapidez. La pantalla empezaba a disputar público al teatro tradicional, y Buenos Aires vivía una verdadera transformación en sus consumos culturales: salas nuevas, espectáculos populares, compañías teatrales, funciones cinematográficas y una avenida Corrientes cada vez más asociada a la noche, los cafés y los escenarios. A partir de la década de 1920, la historia del Smart cambió. Fuentes de la ciudad indican que en 1924 la sala fue adquirida por la actriz Blanca Podestá y su esposo, el empresario Alberto Ballerini. Poco después, la actividad teatral ganó protagonismo y el edificio original quedó vinculado a una serie de transformaciones, mudanzas y remodelaciones que dieron origen a dos espacios emparentados: el antiguo Smart, luego convertido en Teatro Cómico y más tarde en Teatro Lola Membrives, y el nuevo teatro de enfrente, en Corrientes 1283, que sería conocido como Teatro Blanca Podestá. Blanca Podestá no fue una figura menor. Integrante de una familia fundamental para la escena rioplatense, fue actriz, empresaria y una de las grandes impulsoras del teatro nacional. Bajo su conducción, la sala desarrolló una intensa labor de difusión teatral, ayudando a consolidar a Corrientes como la gran calle de los espectáculos porteños. Tras su muerte, en 1967, el teatro ubicado en Corrientes 1283 pasó a llevar su nombre como homenaje. El viejo edificio del Smart, en cambio, tuvo otra evolución. Luego de quedar cerrado, fue rediseñado con una estética ecléctica que combinaba rasgos del rococó y el neoclasicismo, y fue reinaugurado en 1927 como Teatro Cómico. Con los años, esa sala se transformó en el actual Teatro Lola Membrives, ubicado en avenida Corrientes 1280, uno de los teatros tradicionales de Buenos Aires. La confusión entre nombres y direcciones se explica porque la historia del Smart Palace, el Blanca Podestá, el Teatro Cómico, el Lola Membrives y el actual Multiteatro está profundamente cruzada. El espacio de Corrientes 1283, que llevó el nombre de Blanca Podestá, fue remodelado y desde 2001 funciona como Multiteatro, mientras que el antiguo edificio del Smart/Cómico continúa su historia como Teatro Lola Membrives. Así, aquella inauguración de 1914 no fue solo la apertura de una sala más. Fue el comienzo de una larga cadena de transformaciones culturales: del cine mudo al teatro comercial, del sainete a la comedia, de las grandes actrices empresarias a los complejos teatrales modernos. En cada cambio de nombre, de edificio y de escenario, quedó escrita una parte de la historia de la avenida Corrientes, esa calle porteña donde Buenos Aires aprendió a verse, reírse, emocionarse y reconocerse frente a un telón. #SmartPalace #TeatroLolaMembrives #BlancaPodestá #TeatroCómico #AvenidaCorrientes #BuenosAiresAntigua #HistoriaDelTeatro #TeatroArgentino #DomingoPerrupato #AlbertoBallerini #CulturaPorteña #TeatroPorteño #CineTeatro #Multiteatro #MendozAntigua #BuenosAiresHistory #TheatreHistory #ArgentineTheatre #CulturalHeritage #VintageBuenosAires

30 de Abril de 1890. El Independiente: el periódico mendocino que se apagó y dejó una huella en la prensa provincial


El 30 de abril de 1890 dejó de publicarse en Mendoza El Independiente, un diario fundado en 1889 por Julio Leónidas Aguirre, quien también fue su primer director. Al momento de su desaparición, la conducción estaba en manos de Luis A. Mohr. Las reseñas sobre el periodismo mendocino lo recuerdan como una publicación de vida breve, pero inserta en una etapa de intensa actividad política y periodística en la provincia. Su aparición debe entenderse dentro de una Mendoza que, durante el siglo XIX, había convertido a la prensa en un verdadero campo de debate público. Desde los primeros periódicos de la década de 1820, como El Termómetro del Día y luego El Aura Mendocina, los diarios y hojas políticas funcionaron como espacios de opinión, disputa ideológica y defensa de intereses locales. En ese contexto, El Independiente formó parte de una tradición periodística donde los diarios no solo informaban: también intervenían en la vida política, discutían proyectos de provincia, acompañaban o cuestionaban gobiernos y daban voz a sectores sociales e intelectuales. La Mendoza de fines del siglo XIX era una provincia en transformación, marcada por la reconstrucción posterior al terremoto de 1861, el crecimiento urbano, la expansión vitivinícola y la consolidación de nuevos actores políticos y culturales. La figura de Julio Leónidas Aguirre le da especial interés a esta publicación. Nacido en Mendoza el 22 de marzo de 1861, apenas dos días después del gran terremoto que destruyó la ciudad antigua, Aguirre se formó en Paraná, regresó a la provincia en 1885 y fue inspector general de Enseñanza Secundaria. Más tarde se destacaría como educador y rector del Colegio Nacional entre 1898 y 1906. Aunque El Independiente desapareció rápidamente, su breve existencia habla de una época en la que fundar un periódico era una forma de participar en la vida pública. Detrás de cada imprenta, de cada redactor y de cada hoja publicada, había una Mendoza que discutía su rumbo, sus ideas y su lugar dentro de la Argentina moderna. El cierre de El Independiente el 30 de abril de 1890 no fue solo el final de un diario: fue una pequeña señal dentro del movimiento constante de la prensa mendocina, hecha de proyectos fugaces, voces combativas y páginas que hoy permiten reconstruir la memoria política y cultural de la provincia. #ElIndependiente #PrensaMendocina #Mendoza1890 #JulioLeónidasAguirre #LuisAMohr #HistoriaDeMendoza #PeriodismoMendocino #PrensaArgentina #DiariosAntiguos #MendozaAntigua #HistoriaArgentina #CulturaMendocina #SigloXIX #MemoriaPeriodística #MendozAntigua #MendozaHistory #ArgentinePress #PressHistory #HistoricalNewspapers #CulturalHeritage

30 de Abril de 1917, nace El Colono Judío: la voz rural que nació en Entre Ríos para defender a los agricultores de las colonias


El 30 de abril de 1917, en la provincia de Entre Ríos, la Sociedad Agrícola Israelita de Basavilbaso y el Fondo Comunal de Villa Domínguez comenzaron a editar un periódico destinado a expresar las inquietudes, necesidades y reclamos de la población rural de la región. La efeméride lo recuerda como El Colono Judío, aunque en archivos cooperativos aparece registrado como El Colono Cooperador, órgano periodístico del Fondo Comunal Cooperativa Agrícola Limitada, publicado desde abril de 1917. La publicación nació en el corazón de las colonias judías agrícolas entrerrianas, un mundo formado por familias inmigrantes que habían llegado al país desde fines del siglo XIX, muchas de ellas impulsadas por la acción de la Jewish Colonization Association, creada por el barón Mauricio de Hirsch para promover asentamientos rurales judíos en distintos países. En Entre Ríos, localidades como Basavilbaso, Villa Domínguez, Villa Clara e Ingeniero Sajaroff conservaron una fuerte memoria de aquel proceso colonizador. La Sociedad Agrícola Israelita de Basavilbaso, luego conocida como Cooperativa Agrícola Lucienville, fue una institución fundamental. El municipio de Basavilbaso la recuerda como la primera cooperativa agrícola de Sudamérica, fundada el 12 de agosto de 1900 en la Colonia Lucienville. Su nombre homenajeaba a Lucien Hirsch, hijo del barón Hirsch. El Fondo Comunal de Villa Domínguez, por su parte, había sido fundado en 1904 y se transformó en otro pilar del cooperativismo agrario judío. El Archivo Histórico del Cooperativismo señala que El Colono Cooperador comenzó a publicarse en abril de 1917 como órgano de esa cooperativa, con el objetivo de combatir la indiferencia de los socios y crear un espacio de difusión y debate sobre el ideario cooperativista. La aparición de este periódico no fue un detalle menor. En las colonias rurales, la prensa cumplía una función social decisiva: informaba sobre problemas del campo, precios, cosechas, herramientas, créditos, cooperativas, salud, educación, caminos, transporte y vida comunitaria. También ayudaba a unir a familias dispersas en extensas zonas agrícolas, muchas de ellas atravesadas por las dificultades propias de la inmigración, la adaptación al trabajo rural y la construcción de una identidad colectiva. En ese sentido, El Colono Judío —o El Colono Cooperador, según las fuentes archivísticas— fue mucho más que una hoja informativa. Fue una voz del cooperativismo, una herramienta de organización y un espacio donde los agricultores podían reconocerse como parte de una comunidad. En sus páginas se expresaban preocupaciones económicas, sociales y culturales de hombres y mujeres que buscaban arraigarse en la tierra entrerriana sin perder su memoria de origen. La experiencia se inscribe en una historia mayor: la de los llamados “gauchos judíos”, aquellos inmigrantes que pasaron de los shtetl europeos a las colonias agrícolas argentinas, aprendieron a trabajar la tierra, organizaron cooperativas, fundaron escuelas, bibliotecas, sinagogas, mutuales y periódicos. La DAIA recuerda que el cooperativismo judío en Argentina tuvo un desarrollo temprano en Entre Ríos y que, en las décadas siguientes, la comunidad judía produjo numerosos periódicos y revistas en castellano, ídish y otros idiomas. Aquel 30 de abril de 1917 marcó, entonces, un momento clave de la prensa rural y cooperativa argentina. Desde Basavilbaso y Villa Domínguez, una comunidad agrícola decidió poner por escrito sus problemas, sus esperanzas y su proyecto colectivo. En una provincia marcada por el trabajo del campo, El Colono Judío dejó testimonio de una historia de inmigración, esfuerzo, cooperación y arraigo. #ElColonoJudío #ElColonoCooperador #Basavilbaso #VillaDomínguez #EntreRíos #ColoniasJudías #GauchosJudíos #CooperativismoAgrario #SociedadAgrícolaIsraelita #FondoComunal #Lucienville #HistoriaArgentina #HistoriaJudíaArgentina #PrensaRural #MendozAntigua #JewishColonies #JewishArgentineHistory #RuralPress #AgriculturalCooperatives #ImmigrantHistory

El 30 de abril de 1826 apareció en Mendoza El Aura Mendocina, el periódico que en 1826 encendió la discusión política sobre la deuda nacional (Imagen Ilustrativa)


El 30 de abril de 1826 apareció en Mendoza El Aura Mendocina, un periódico breve, pero significativo dentro de los primeros años de la prensa cuyana. Fue dirigido por el canónigo José Lorenzo Güiraldes y contó con la colaboración de Juan Gualberto Godoy, una de las voces literarias y políticas más importantes de la Mendoza del siglo XIX. Estudios sobre la prensa mendocina señalan que el periódico fue editado en la Imprenta de Escalante y que su existencia se extendió hasta el 20 de agosto de 1826, con un total de 14 números publicados. La publicación salía tres veces al mes y tuvo una vida efímera, pero su propósito era claro: intervenir en una discusión clave para los intereses provinciales. Su campaña principal buscaba demostrar los perjuicios que podía ocasionar a Mendoza la consolidación de la deuda nacional, en un momento en que el país intentaba organizarse bajo un poder central y atravesaba tensiones económicas, políticas e institucionales. El contexto era delicado. En 1826, Bernardino Rivadavia asumió como presidente de las Provincias Unidas del Río de la Plata, en plena Guerra del Brasil y en medio de debates sobre centralización, financiamiento público, deuda, organización nacional y autonomía provincial. La Casa Rosada consigna que Rivadavia gobernó entre el 8 de febrero de 1826 y el 27 de junio de 1827, cuando renunció. En ese escenario, El Aura Mendocina representó una voz local frente a decisiones tomadas desde el centro político. Su preocupación no era menor: la consolidación de deudas podía comprometer recursos, bienes o intereses provinciales en beneficio de una estructura nacional todavía discutida y resistida por muchos sectores del interior. Por eso, el periódico debe leerse como parte de una prensa temprana que no solo informaba, sino que también combatía, argumentaba y defendía posiciones políticas. La participación de Juan Gualberto Godoy agrega especial interés a la publicación. Godoy fue militar, político y escritor; el sitio oficial de Monumentos del Gobierno argentino lo recuerda como diputado por San Juan en la primera legislatura del Congreso de la Confederación Argentina en 1854. También es reconocido como una figura central de la literatura mendocina y como precursor de la poesía gauchesca. Sin embargo, algunos estudios advierten que, debido al carácter anónimo de muchos artículos de la época, no siempre es sencillo confirmar con precisión qué textos pertenecieron a cada redactor. El surgimiento de El Aura Mendocina formó parte de una etapa intensa del periodismo cuyano. Apenas unos años antes, Mendoza había comenzado a consolidar su vida impresa, y hacia la década de 1820 aparecieron distintos periódicos de fuerte contenido político. Los Andes recuerda que El Aura Mendocina apareció el 30 de abril de 1826, dirigido por Lorenzo Güiraldes y con el aporte de Godoy, dentro de una secuencia de publicaciones que irían marcando el pulso ideológico de la provincia. Aunque desapareció pocos meses después, su importancia reside en haber sido una tribuna mendocina en una hora decisiva. El Aura Mendocina expresó la preocupación del interior frente a los proyectos centralizadores, defendió intereses locales y dejó testimonio de una Mendoza que ya participaba activamente en los grandes debates nacionales. Más que un periódico olvidado, fue una señal temprana de opinión pública provincial: una hoja impresa que, desde Mendoza, intentó discutir el rumbo económico y político de la Nación. #ElAuraMendocina #PrensaMendocina #Mendoza1826 #LorenzoGüiraldes #JuanGualbertoGodoy #HistoriaDeMendoza #PeriodismoCuyano #PrensaArgentina #DeudaNacional #Rivadavia #HistoriaArgentina #Cuyo #ImprentaDeEscalante #MendozAntigua #MendozaHistory #ArgentineHistory #PressHistory #PoliticalPress #CuyoHistory #HistoricalMemory

miércoles, 29 de abril de 2026

Olleras de Malargüe: las mujeres del barro que mantuvieron vivo un saber ancestral del sur mendocino


En el extremo sur de Mendoza, entre los paisajes ásperos de Malargüe, existió un oficio antiguo, humilde y profundamente ligado a la vida cotidiana: el de las olleras, mujeres que fabricaban a mano ollas, jarras, platos, vasos y otros recipientes de barro cocido. Ese saber, transmitido de madre a hija, fue rescatado por la mirada del artista, docente e investigador Vicente Orlando Agüero Blanch, quien dejó una semblanza fundamental sobre una de sus últimas cultoras: doña Cristobalina González. “La última ollera de Malargüe”, de 1971, permitió poner en valor esta práctica artesanal del sur mendocino. Agüero Blanch, nacido en Merlo, San Luis, llegó a Mendoza en los primeros años de la década de 1940 para incorporarse a la recién creada Escuela Superior de Artes Plásticas de la Universidad Nacional de Cuyo. Su vocación principal era la pintura, pero su sensibilidad lo llevó también hacia la investigación histórica, arqueológica y etnográfica. Mientras su hermano, Antonio Esteban Agüero, se destacaba como poeta, Vicente orientó su mirada hacia los paisanos, los oficios, los objetos y las memorias del territorio cuyano. Su vida no estuvo separada de la política. En la Argentina convulsionada de 1945 y 1946, sus ideas sobre la libertad individual le trajeron dificultades, y eligió el exilio interior antes que renunciar a sus convicciones. Durante casi una década vivió en Bardas Blancas, por entonces un pequeño poblado a orillas del río Grande, en el departamento más austral y despoblado de Mendoza. Allí, su esposa Regina Adaro, hija del aficionado a la arqueología Dalmiro Adaro, se desempeñó como directora de la escuela, mientras él trabajaba en un Registro Civil volante. Ese contacto directo con la gente del lugar le permitió conocer prácticas, relatos y saberes que luego serían claves para la historia regional. Cuando Agüero Blanch llegó a la comarca, supo que aún vivían dos o tres mujeres dedicadas a la fabricación de cerámica utilitaria. Hacia fines de la década de 1960, Cristobalina González, de 88 años, parecía ser la última que conservaba plenamente el oficio. Vivía en el paraje El Puelche, distrito de Río Grande, y era hija de mapuches chilenos que habían cruzado la cordillera buscando mejores condiciones de vida. Había nacido entre los cerros nevados de Malargüe y aprendió de su madre el arte de trabajar la greda. Su técnica era totalmente manual. Primero buscaba arcilla y reconocía su calidad al frotarla entre las manos. Luego limpiaba la greda, retiraba raíces y piedritas, la amasaba con agua sobre una piedra laja y le agregaba arenilla o ceniza volcánica como desgrasante. Ella advertía que la proporción era fundamental: si había poca ceniza, la pieza podía rajarse al calentarse; si había demasiada, los líquidos se filtraban. Después formaba una base y levantaba el recipiente con la técnica del “chorizo” de greda, en espiral ascendente, uniendo y alisando las vueltas con los dedos. La cocción también formaba parte de ese conocimiento fino del territorio. Doña Cristobalina preparaba una quema con varillas de chacay o molle, leña de vaca, carrizo, algarrobo y otros combustibles del lugar. Las piezas se acomodaban en forma circular, de mayor a menor, y se cocían durante varias horas. Luego se las dejaba enfriar lentamente bajo brasas y cenizas para evitar que se quebraran. Las vasijas destinadas a contener líquidos podían ser “curadas” con grasa de choique y una lejía hecha con agua, ñaco de maíz y flor de ceniza. Sus piezas no buscaban el lujo ni la decoración abundante: eran objetos nacidos de la necesidad. Ollas, jarras, platos y vasos de boca ancha, cuerpo abultado y base estable, pensados para cocinar, guardar alimentos o contener líquidos. Justamente allí estaba su valor: no eran productos industriales ni piezas de adorno, sino una forma de inteligencia popular aplicada a la vida diaria. La Facultad de Artes y Diseño de la UNCuyo destaca que el testimonio de Cristobalina aportó datos valiosos sobre el contexto de producción, la técnica y la transmisión de saberes de las mujeres ceramistas, y propone pensar estas obras como arte popular, no solo como artesanía manual. El propio Agüero Blanch comprendió que la importancia de esos cacharros no residía únicamente en su forma exterior, sino en las condiciones en que habían sido producidos: sin máquinas, sin división industrial del trabajo, con materiales locales, con saberes heredados y con una adaptación perfecta al ambiente. Su investigación sobre Malargüe reunió información etnográfica de enorme valor sobre la primera mitad del siglo XX, incluyendo actividades ganaderas, prácticas de puesteros, remedieras, fiestas populares, toponimia indígena, canciones, refranes y otros aspectos de la vida regional. La desaparición de las olleras estuvo ligada al avance de los utensilios industriales, al cambio de gustos y a cierta vergüenza social hacia lo hecho en greda, asociado injustamente con lo pobre o lo indígena. Pero lo que para algunos parecía tosco o atrasado, hoy aparece como patrimonio cultural: una tecnología doméstica, femenina, territorial y ancestral. En cada olla de Cristobalina había barro, fuego, agua y paciencia, pero también memoria mapuche, experiencia campesina y conocimiento profundo del paisaje malargüino. Juan Schobinger recordaría a Agüero Blanch como un hombre entusiasta de la tierra y de sus paisanos, investigador serio, laborioso, excelente dibujante y buen colaborador. Esa definición resume bien su aporte: supo mirar donde otros no miraban. Gracias a él, la figura de doña Cristobalina González no quedó perdida en el silencio de los puestos del sur, sino convertida en símbolo de una tradición alfarera que merece ser rescatada sin vergüenza y puesta en el lugar que le corresponde dentro de la memoria cultural mendocina. #OllerasDeMalargüe #CristobalinaGonzález #VicenteAgüeroBlanch #Malargüe #BardasBlancas #RíoGrande #ElPuelche #CerámicaAncestral #Greda #ArtePopular #MujeresArtesanas #PatrimonioCultural #HistoriaDeMendoza #MendozaAntigua #CulturaCuyana #MendozAntigua #MendozaHistory #AncestralPottery #FolkArt #WomenInArt #CulturalHeritage #PatagonianAndes. (por Aníbal Cuadros) https://www.lamelesca.com.ar/

Saavedra rural: el tambo perdido que sobrevivió en una foto de 1920


Esta imagen, tomada hacia 1920, muestra un rincón casi desconocido del antiguo barrio de Saavedra, en la zona de Republiquetas y avenida de los Constituyentes: el tambo de la Chacra Saavedra. La fotografía, conservada por el Museo Histórico de Buenos Aires Cornelio de Saavedra y difundida con colaboración de Rumbo Sur, permite ver una Buenos Aires que todavía conservaba fuertes rasgos rurales: vacas, corrales, caminos de tierra, arboledas, alambrados y construcciones de chacra. La escena resulta valiosa porque recuerda que Saavedra no siempre fue un barrio plenamente urbano. Antes de sus avenidas, casas, clubes y calles consolidadas, esa zona formó parte de extensas tierras vinculadas a la familia Saavedra. La actual sede del Museo Saavedra fue originalmente la casa de la chacra de Luis María Saavedra, construida entre 1870 y 1880, una villa familiar de estilo italianizante que contaba con dependencias de servicio, cocheras, galpones, corrales, palomar y también un tambo. La Chacra Saavedra ocupaba un amplio sector del norte porteño. Investigaciones sobre el museo señalan que esas tierras se extendían entre sectores que hoy corresponden a avenidas y calles como Constituyentes, Crisólogo Larralde, las vías del ferrocarril y el arroyo Medrano, además de otras fracciones que llegaban hacia el límite con la provincia de Buenos Aires. En 1920, cuando fue tomada esta fotografía, el paisaje del lugar todavía mezclaba campo y ciudad. El ganado lechero, los corrales y el tambo muestran una actividad cotidiana fundamental para el abastecimiento de leche en una Buenos Aires que crecía aceleradamente. Aquellos espacios productivos, que hoy parecen lejanísimos, formaban parte de la vida diaria de los bordes urbanos. Años después, la historia del sitio cambiaría por completo. El Museo Histórico de Buenos Aires Cornelio de Saavedra nació en 1921 como Museo Municipal de Buenos Aires y recién en 1941 se resolvió destinar el edificio de la ex estancia Saavedra como su sede definitiva. El museo abrió allí el 25 de mayo de 1942, y hoy resguarda más de 23.000 objetos vinculados con la historia argentina y porteña. Por eso, esta foto no muestra solo un tambo. Muestra una Buenos Aires desaparecida, una frontera entre la ciudad y el campo, un Saavedra de arboledas, animales y vida productiva. Donde hoy vemos calles, tránsito y urbanización, alguna vez hubo corrales, leche recién ordeñada y una chacra que dejó su huella en la memoria del barrio. #Saavedra #ChacraSaavedra #TamboDeSaavedra #BuenosAiresAntigua #Republiquetas #AvenidaDeLosConstituyentes #MuseoSaavedra #CornelioDeSaavedra #HistoriaPorteña #BuenosAires1920 #BarriosDeBuenosAires #VidaRuralPorteña #MemoriaUrbana #RumboSur #MendozAntigua #BuenosAiresHistory #UrbanMemory #HistoricBuenosAires #RuralPast #CityHistory

Noviembre 1926 - Cuando la cerveza mendocina fue puesta bajo sospecha: la dura denuncia contra Quilmes, Palermo y Andes (Imagen Ilustrativa)


Un antiguo recorte periodístico mendocino plantea una crítica frontal contra la calidad de las cervezas Quilmes, Palermo y Andes, comparándolas con los estándares de elaboración vigentes en los países de mayor tradición cervecera. El texto parte de una idea central: en las naciones donde la industria cervecera estaba más desarrollada, la cerveza debía elaborarse con ingredientes básicos y nobles: cebada o trigo, lúpulo, levadura y agua. La referencia remite directamente a la tradición europea, especialmente a la Ley de Pureza bávara de 1516, conocida como Reinheitsgebot, que originalmente establecía que la cerveza debía producirse con agua, cebada y lúpulo; la levadura no figuraba en la norma inicial porque su papel en la fermentación fue comprendido científicamente mucho después. Con el tiempo, la fórmula clásica quedó asociada a la idea de cerveza pura: malta, lúpulo, agua y levadura. El artículo afirma que, en esos países, alterar la composición de la cerveza era visto como una falta grave. En Baviera, por ejemplo, se consideraba falsificada toda bebida elaborada con materias ajenas a esa fórmula tradicional, y los fabricantes podían recibir sanciones severas. Desde esa mirada, el recorte denunciaba que las cervezas vendidas en Mendoza bajo las marcas Quilmes, Palermo y Andes no respondían a esos criterios de pureza y eran presentadas como mezclas de sabor fuerte, olor desagradable y efectos perjudiciales para la digestión. Conviene leer esa acusación dentro de su contexto: se trata de una denuncia periodística de época, escrita con un tono combativo y posiblemente vinculada a disputas comerciales, sanitarias o de consumo. No debe trasladarse automáticamente al presente ni tomarse como una descripción actual de esas marcas. Hoy, en Argentina, el Código Alimentario Argentino define la cerveza como una bebida resultante de fermentar con levadura cervecera un mosto de cebada malteada o extracto de malta, cocido y adicionado con lúpulo; además permite que una parte de la malta sea reemplazada por adjuntos cerveceros, bajo límites reglamentarios. La dureza del texto muestra también cómo, a comienzos del siglo XX, la discusión sobre la calidad de los alimentos y bebidas formaba parte de una preocupación pública más amplia. El consumidor empezaba a reclamar productos más genuinos, mejor control sanitario y mayor transparencia en la fabricación. La cerveza no era solo una bebida popular: era también un producto industrial sometido a sospechas, comparaciones internacionales y exigencias de autenticidad. Las marcas mencionadas tenían historias importantes dentro de la industria cervecera argentina. Quilmes comenzó a vender su cerveza en 1890, impulsada por la familia Bemberg, y llegó a convertirse en una de las marcas más reconocidas del país. Palermo fue otra cervecería relevante de Buenos Aires, constituida a fines del siglo XIX y asociada luego al crecimiento del sector cervecero nacional. Andes, por su parte, quedó ligada a Mendoza: la Cervecería y Maltería de los Andes tuvo un papel destacado en la historia industrial provincial, en una tierra tradicionalmente identificada con el vino. Por eso, este recorte resulta valioso más allá de la polémica. Habla de una Mendoza donde la cerveza ya formaba parte del consumo urbano, pero también de una época en la que la prensa podía convertirse en tribunal público frente a los productos industriales. Entre acusaciones, comparaciones con Baviera y reclamos de pureza, aparece una pregunta que sigue vigente: ¿qué debe garantizar una bebida para merecer la confianza del público? #CervezaArgentina #Quilmes #CervezaPalermo #CervezaAndes #HistoriaCervecera #MendozaAntigua #IndustriaArgentina #ConsumoPopular #LeyDePureza #Reinheitsgebot #HistoriaDeMendoza #CerveceríasAntiguas #PrensaAntigua #MendozAntigua #BeerHistory #ArgentineBeer #BrewingHistory #VintageAdvertising #FoodHistory #ConsumerHistory (Diario La Palabra) 

Mendoza, Noviembre de 1926: corsos de flores, bodas elegantes y noches de cine en la vida social de una provincia que brillaba (Imagen Ilustrativa)


En noviembre de 1926, la vida social mendocina aparecía retratada con una intensidad notable: fiestas benéficas, bodas, tés de despedida, funciones de cine, retretas musicales y bailes organizados por damas de la sociedad daban forma a una agenda cargada de encuentros públicos y privados. Uno de los acontecimientos destacados era el Corso de Flores en Godoy Cruz, previsto en la plaza departamental a beneficio del Hospital El Carmen. La fiesta era organizada por una comisión de damas que trabajaba con entusiasmo para reunir fondos y dar brillo al acto. Entre las presidentas honorarias figuraban Angélica de B. de Orfila y Olaya P. de Tomba, esta última vinculada a una familia clave en la historia solidaria de Godoy Cruz. El Hospital El Carmen es recordado por fuentes oficiales como el centro asistencial más antiguo en funcionamiento de Mendoza; en sus orígenes estuvo ligado a la Sociedad de Beneficencia San Vicente de Paul y, hacia 1900, gracias al impulso de Olaya Pescara de Tomba, se consolidó como hospital referente de la provincia. La comisión del corso estaba presidida por la señora Fidela P. de Lencinas, acompañada por Elena M. Pensarola, Ramona I. de Cejas, Eufemia L. de Bravo, Adelina C. de Moyano, Matilde del E. de Aguilera y una extensa nómina de vocales, entre ellas mujeres de familias muy conocidas de la sociedad mendocina y godoycruceña. El dato no es menor: estas fiestas benéficas muestran el papel que tenían las redes femeninas en la organización social, la beneficencia, la salud pública y la recaudación de fondos para instituciones comunitarias. La misma columna anunciaba también el enlace de Bertha Godoy Vergelín con Ovidio Mayorga, ceremonia prevista en la iglesia de San Francisco. La boda prometía reunir a numerosas amistades de los contrayentes y convertirse en una de las notas sociales más destacadas de la temporada. Como padrinos de la novia se mencionaba al señor Nicolás P. Godoy y a Manuela Godoy de Aguilar, mientras que por parte del novio participarían sus padres, José Mayorga y Blanca Lencinas de Mayorga. En honor de la señorita Elena Pagés, sus amigas ofrecerían un té en el Club Español, como despedida de su vida de soltera. También se preparaba otro té para Bertha Godoy Vergelín en el salón de fiestas del Plaza Hotel, acompañado por una misa blanca organizada por el Centro de Ex Alumnas del Colegio de la Misericordia. El Plaza Hotel formaba parte del proyecto de modernización urbana impulsado en la década de 1920 junto al Teatro Independencia y el casino, pensado para dar a Mendoza una infraestructura cultural y social de mayor jerarquía. La música también tenía su lugar. En el Rosedal, siguiendo el programa de la temporada de verano, la banda de policía ofrecería una retreta nocturna entre las 21.30 y las 23.30. Estos conciertos al aire libre eran verdaderos puntos de reunión familiar y social, donde el paseo, la música y la vida pública se mezclaban bajo el clima de las noches mendocinas. El Teatro Independencia aparecía como otro centro de atracción. La sala había reunido a un numeroso público con un programa cinematográfico variado y selecto. Conviene recordar que el Teatro Independencia había sido inaugurado oficialmente el 18 de noviembre de 1925, apenas un año antes de esta crónica social, y rápidamente se convirtió en uno de los grandes escenarios culturales de Mendoza. El Cine Avenida también registraba una concurrencia importante, con largas listas de señoras y señoritas asistentes, una costumbre muy propia de las crónicas sociales de la época. Estos listados funcionaban casi como un mapa de sociabilidad: nombraban familias, amistades, círculos de pertenencia y formas de prestigio urbano. La agenda continuaba con una cena en la rotisserie El Progreso, donde los amigos de Ovidio Mayorga lo despedirían de la vida de soltero; un baile y lunch en la Municipalidad de Godoy Cruz, organizado por la comisión protectora de la escuela Juan Martínez de Rosas; el anuncio del enlace de Celia Fader con Bernardino Larraya; y un banquete del Nacional Sports Club en honor de Bernardino Larraya y Poncio Gassó, también como despedida de solteros. Detrás de esta página social aparece una Mendoza de salones, plazas, cines, iglesias, clubes, hoteles y paseos públicos. Pero también se revela algo más profundo: la vida comunitaria de una provincia que combinaba beneficencia, espectáculo, sociabilidad, tradición familiar y modernización urbana. El Corso de Flores pro Hospital El Carmen no era solo una fiesta: era una expresión de una sociedad que se reunía, se mostraba, colaboraba y dejaba registrada su memoria cotidiana en las páginas del diario. #Mendoza1926 #VidaSocialMendocina #GodoyCruz #CorsoDeFlores #HospitalElCarmen #OlayaPescaraDeTomba #TeatroIndependencia #PlazaHotel #CineAvenida #Rosedal #MendozaAntigua #HistoriaDeMendoza #Beneficencia #SociedadMendocina #MendozAntigua #MendozaHistory #SocialHistory #VintageMendoza #ArgentineHistory #CulturalHeritage

Julio de 1920: la delegación indígena que llegó a Buenos Aires para reclamar justicia y tierras


En julio de 1920, durante la presidencia de Hipólito Yrigoyen, se realizó en la ciudad de Buenos Aires un hecho de enorme valor histórico: un Congreso de delegados indígenas, integrado por representantes de comunidades de los territorios argentinos, especialmente de la Patagonia. La imagen, registrada por el Archivo General de la Nación bajo la referencia AGN 138958 – Inventario, muestra a caciques y delegados que viajaron hasta la capital para hacer oír sus reclamos ante el Estado nacional El texto original del reverso de la fotografía los define como “caciques y representantes de tribus” que concurrieron al congreso para exponer las aspiraciones de los pueblos originarios que vivían en los territorios argentinos. Aquella delegación se presentó ante el Presidente de la República, reclamando justicia y el reconocimiento de los derechos legítimos sobre las tierras que habitaban. Según investigaciones recientes, en julio de 1920 se reunió en Buenos Aires un congreso de 22 delegados indígenas de la Patagonia, presidido por José Colón, que decía representar a “siete mil indígenas del sur”. Entre los nombres registrados aparecen Emilio Choaiman, Mariano Ayalef, Manuel Gonzales, Francisco Cañumil, Felipe Collhuin, Emilio Cañumil, José M. Padilla, Juan Filipin, Pedro Cheuquel, Lorenzo Huentecol, Justo Colón, Tomás Payalef, Martín Morales, Segundo Epuilan, Francisco Quipildor, Juan Méndez, Juan de Dios Martín, Luis Millán y José Colón. El Bolettino Salesiano destacó el esfuerzo del viaje: algunos delegados recorrieron enormes distancias a caballo hasta Zapala y luego continuaron en tren hacia Buenos Aires. Uno de los casos más conmovedores fue el de Mariano Ayalef, delegado de la Colonia San Martín, en Chubut, quien tenía cerca de noventa años y, según la crónica salesiana, atravesó nieve, cabalgó más de mil kilómetros y luego viajó decenas de horas en tren para llegar al congreso. También se menciona a Pedro Cheuquel, de Mallín de los Caballos, Neuquén, otro delegado de edad avanzada que participó de aquella movilización. La reunión no fue un hecho aislado. Formaba parte de un proceso de organización indígena iniciado al menos desde 1919, cuando en la Colonia 16 de Octubre, en Chubut, se realizó una asamblea de representantes de distintos territorios y se fundó una Sociedad Indígena, antecedente de la posterior Asociación Nacional de Aborígenes. Esa organización buscaba visibilizar conflictos territoriales, denunciar abusos y establecer diálogo con autoridades estatales, jueces de paz y organismos de tierras. La presencia de estos delegados en Buenos Aires despertó la atención de la prensa, del público y de sectores del Estado. Entre el 9 y el 22 de julio de 1920, los representantes indígenas realizaron manifestaciones, defendieron sus derechos y fueron recibidos por el ministro de Agricultura y por el presidente Yrigoyen. Incluso, el 13 de julio, en medio de una nevada en Buenos Aires, el congreso votó la declaración del “Día del Aborigen”. Poco después, en agosto de 1920, se fundó la Asociación Nacional del Aborigen, dirigida por José Colón. Fue una organización con sede en la Capital Federal y fuerte base territorial en Santa Cruz, Chubut, Río Negro y Neuquén. Su actividad durante la década de 1920 buscó convertir a los pueblos indígenas en interlocutores visibles frente al Estado, especialmente en reclamos por tierras, personería, representación y defensa comunitaria. Esta fotografía no es solo un retrato grupal. Es la imagen de una demanda histórica: hombres que atravesaron distancias enormes para reclamar reconocimiento, justicia y derechos sobre territorios que habitaban desde generaciones. En sus rostros, en sus trajes, en sus documentos y en su presencia solemne ante la cámara, aparece una parte profunda de la historia argentina: la de los pueblos originarios que, después de la conquista militar de la Patagonia, no desaparecieron ni quedaron en silencio, sino que se organizaron para hacer oír su voz. #CongresoIndígena #PueblosOriginarios #HistoriaArgentina #PatagoniaArgentina #JoséColón #AsociaciónNacionalDeAborígenes #HipólitoYrigoyen #AGN #ArchivoGeneralDeLaNación #MemoriaIndígena #DerechosIndígenas #TerritoriosPatagónicos #HistoriaOculta #MendozAntigua #IndigenousHistory #ArgentineHistory #PatagoniaHistory #NativePeoples #HistoricalMemory #IndigenousRights

Octubre de 1989 - La tasa del granizo: cuando el campo sanrafaelino denunció que debía pagar por una protección que no llegaba - Mendoza


En octubre de 1989, una nota publicada por Los Andes desde San Rafael puso en evidencia un fuerte malestar del sector rural mendocino: la aplicación de la tasa de lucha antigranizo, impuesta por la Ley 4956, estaba generando serias dificultades entre los productores agropecuarios. El artículo señalaba que el sistema, pensado para proteger los cultivos frente a las tormentas de granizo, terminaba afectando económicamente a numerosos propietarios de inmuebles rurales ubicados en zonas consideradas “bajo riego”. Según el productor Roberto N. González Parejas, entrevistado por el diario, la norma había creado una situación “extremadamente grave”, reflejada en el bajo nivel de cancelaciones de la tasa. El problema central era quién debía pagar. La ley consideraba sujetos pasivos de la tasa a propietarios o poseedores de inmuebles rurales con derecho de agua o pozo, destinados a cultivos permanentes o anuales, como retribución por el servicio de lucha antigranizo. Pero los productores cuestionaban que se cobrara de manera generalizada, incluso a inmuebles que no recibían una protección efectiva o que no cultivaban toda su superficie. La crítica también apuntaba a la falta de relación clara entre prestación y contraprestación. Para González Parejas, una tasa debía corresponder a un beneficio concreto, particular y verificable para el contribuyente. Si el servicio seguía en etapa experimental o sus resultados eran limitados frente a los daños reales del granizo, el cobro resultaba discutible. La nota recordaba además que la Cámara de Comercio, Industria y Agropecuaria del sur mendocino ya había advertido que no solo el productor rural se beneficiaba de la defensa antigranizo: también lo hacían viviendas, comercios, industrias, automotores y la comunidad en general. En ese sentido, se planteaba que la producción agrícola cumplía una función social y que sus beneficios circulaban hacia toda la economía regional. Otro punto conflictivo era la forma de liquidación. El artículo menciona actualizaciones mediante Unidad Tributaria, pagos atrasados y montos que, según los productores, crecían de manera desproporcionada. La queja era clara: muchos contribuyentes sentían que debían afrontar una deuda acumulada por un servicio cuya eficacia todavía era motivo de debate. El contexto ayuda a entender el conflicto. La lucha antigranizo en Mendoza tenía una larga historia: los estudios comenzaron en la década de 1960 y el sistema se aplicó por primera vez en 1984, con siembra de núcleos de condensación mediante cohetes. Años después, la provincia siguió reformulando el financiamiento del servicio, siempre atravesado por el mismo dilema: cómo proteger una actividad agrícola vital sin cargar todo el costo sobre productores que muchas veces sufrían pérdidas severas por granizo. La defensa antigranizo buscaba disminuir los daños provocados por las tormentas, reduciendo el tamaño y la energía de las piedras antes de que impactaran sobre los cultivos. Ese objetivo sigue siendo central en los sistemas de mitigación utilizados en zonas agrícolas mendocinas, donde la vid, los frutales y otras producciones dependen de una protección climática cada vez más compleja. La imagen de la Estación La Llave también es significativa: muestra la importancia que ya tenían los radares para detectar tormentas y organizar la respuesta operativa. Hoy, el Gobierno de Mendoza continúa utilizando mapas de reflectividad de su red de radares meteorológicos para monitorear los oasis productivos de la provincia. Aquel reclamo de 1989 no fue solamente una disputa por una boleta. Fue el reflejo de una tensión histórica entre clima, producción, tecnología, Estado y justicia tributaria. En una provincia donde una tormenta puede destruir en minutos el trabajo de todo un año, la pregunta sigue teniendo vigencia: ¿quién debe pagar la protección contra el granizo cuando el beneficio —o el daño evitado— alcanza a toda la comunidad? #LuchaAntigranizo #SanRafaelMendoza #MendozaAntigua #Granizo #CampoMendocino #ProductoresRurales #HistoriaDeMendoza #LosAndes #EstaciónLaLlave #RadarMeteorológico #AgroMendoza #ContingenciasClimáticas #Viticultura #OasisSur #MendozAntigua #HailProtection #MendozaHistory #AgriculturalHistory #RuralMemory #ClimateRisk

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