sábado, 6 de junio de 2026

LA MOLIENDA: EL SUDOR INVISIBLE QUE CONVIRTIÓ LA UVA MENDOCINA EN VINO


La imagen, titulada “La molienda” y perteneciente a la Colección García Pujada – AFH, nos abre una ventana directa al corazón del antiguo trabajo vitivinícola mendocino. Allí no aparece la fiesta, ni la copa servida, ni el brindis final: aparece el esfuerzo. Después de la cosecha, las uvas llegaban en canecas transportadas en carros, muchas veces tirados por mulas, para iniciar el proceso de elaboración del vino. La escena muestra una Mendoza donde la producción todavía dependía casi por completo de la fuerza humana. Obreros descargan los recipientes llenos, trasladan la uva, alimentan la moledora, retiran el escobajo y trabajan con el mosto que luego sería llevado a las cubas. Cada movimiento revela una cadena de tareas duras, precisas y repetidas, donde el vino nacía antes que nada del cuerpo, del oficio y de la resistencia. El centro de la imagen es la molienda, uno de los pasos decisivos en la transformación de la uva. La máquina que aparece allí ha sido identificada como una moledora “Marmonier”, de origen francés, una innovación que reemplazaba el antiguo sistema de pisar la uva “a pata” en lagares. Según estudios sobre imágenes de la vitivinicultura mendocina, este tipo de maquinaria permitía mejorar el rendimiento y separar el escobajo del resto de lo molido, marcando un avance importante en la elaboración artesanal del vino. La vitivinicultura mendocina tenía raíces muy antiguas. Las primeras cepas llegaron con los asentamientos españoles del siglo XVI, y Mendoza fue consolidándose desde temprano como un territorio ligado al cultivo de la vid. Durante la época colonial y hasta mediados del siglo XIX, la elaboración era todavía rudimentaria: bodegas pequeñas, lagares de cuero o madera, pisado manual y procesos domésticos o semiartesanales. Pero hacia fines del siglo XIX comenzó una transformación profunda. La década de 1880 fue una bisagra para Mendoza: la expansión del riego, la llegada del ferrocarril Buenos Aires al Pacífico en 1885, el crecimiento del mercado nacional y el aporte de inmigrantes europeos ayudaron a convertir a la provincia en la gran región vitivinícola argentina. En esa transición, imágenes como esta tienen un valor enorme. Muestran el punto exacto donde se cruzan dos mundos: el de la bodega antigua, sostenida por el esfuerzo manual, y el de la industria moderna, impulsada por nuevas máquinas, bombas trasegadoras, moledoras portátiles y conocimientos técnicos llegados de Europa. Hay detalles mínimos que hablan con fuerza: el obrero que acciona la manivela, los trabajadores junto al carro, las canecas llenas, la rampa de descarga, la bomba para trasegar el mosto y hasta los relojes que asoman en algunos chalecos, señal de una jornada ya marcada por tiempos de trabajo más organizados que el viejo ritmo “de sol a sol”. Esta fotografía no retrata solo una tarea de bodega. Retrata una época. Una Mendoza laboriosa, silenciosa, de manos manchadas por la uva, donde cada racimo debía pasar por el sacrificio antes de convertirse en vino. Allí, entre madera, hierro, sudor y mosto, se fue construyendo una identidad que todavía late en la memoria cuyana. #LaMolienda #VitiviniculturaMendocina #HistoriaDeMendoza #MendozaAntigua #MendozAntigua #VendimiaAntigua #BodegasDeMendoza #UvaYVino #CulturaDelVino #MemoriaCuyana #TrabajoVitivinicola #PatrimonioMendocino #WineHistory #MendozaWine #VintageHarvest #WinemakingHistory #CuyoHeritage #ArgentineWine #VineyardHistory #CulturalHeritage

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