miércoles, 29 de abril de 2026

Olleras de Malargüe: las mujeres del barro que mantuvieron vivo un saber ancestral del sur mendocino


En el extremo sur de Mendoza, entre los paisajes ásperos de Malargüe, existió un oficio antiguo, humilde y profundamente ligado a la vida cotidiana: el de las olleras, mujeres que fabricaban a mano ollas, jarras, platos, vasos y otros recipientes de barro cocido. Ese saber, transmitido de madre a hija, fue rescatado por la mirada del artista, docente e investigador Vicente Orlando Agüero Blanch, quien dejó una semblanza fundamental sobre una de sus últimas cultoras: doña Cristobalina González. “La última ollera de Malargüe”, de 1971, permitió poner en valor esta práctica artesanal del sur mendocino. Agüero Blanch, nacido en Merlo, San Luis, llegó a Mendoza en los primeros años de la década de 1940 para incorporarse a la recién creada Escuela Superior de Artes Plásticas de la Universidad Nacional de Cuyo. Su vocación principal era la pintura, pero su sensibilidad lo llevó también hacia la investigación histórica, arqueológica y etnográfica. Mientras su hermano, Antonio Esteban Agüero, se destacaba como poeta, Vicente orientó su mirada hacia los paisanos, los oficios, los objetos y las memorias del territorio cuyano. Su vida no estuvo separada de la política. En la Argentina convulsionada de 1945 y 1946, sus ideas sobre la libertad individual le trajeron dificultades, y eligió el exilio interior antes que renunciar a sus convicciones. Durante casi una década vivió en Bardas Blancas, por entonces un pequeño poblado a orillas del río Grande, en el departamento más austral y despoblado de Mendoza. Allí, su esposa Regina Adaro, hija del aficionado a la arqueología Dalmiro Adaro, se desempeñó como directora de la escuela, mientras él trabajaba en un Registro Civil volante. Ese contacto directo con la gente del lugar le permitió conocer prácticas, relatos y saberes que luego serían claves para la historia regional. Cuando Agüero Blanch llegó a la comarca, supo que aún vivían dos o tres mujeres dedicadas a la fabricación de cerámica utilitaria. Hacia fines de la década de 1960, Cristobalina González, de 88 años, parecía ser la última que conservaba plenamente el oficio. Vivía en el paraje El Puelche, distrito de Río Grande, y era hija de mapuches chilenos que habían cruzado la cordillera buscando mejores condiciones de vida. Había nacido entre los cerros nevados de Malargüe y aprendió de su madre el arte de trabajar la greda. Su técnica era totalmente manual. Primero buscaba arcilla y reconocía su calidad al frotarla entre las manos. Luego limpiaba la greda, retiraba raíces y piedritas, la amasaba con agua sobre una piedra laja y le agregaba arenilla o ceniza volcánica como desgrasante. Ella advertía que la proporción era fundamental: si había poca ceniza, la pieza podía rajarse al calentarse; si había demasiada, los líquidos se filtraban. Después formaba una base y levantaba el recipiente con la técnica del “chorizo” de greda, en espiral ascendente, uniendo y alisando las vueltas con los dedos. La cocción también formaba parte de ese conocimiento fino del territorio. Doña Cristobalina preparaba una quema con varillas de chacay o molle, leña de vaca, carrizo, algarrobo y otros combustibles del lugar. Las piezas se acomodaban en forma circular, de mayor a menor, y se cocían durante varias horas. Luego se las dejaba enfriar lentamente bajo brasas y cenizas para evitar que se quebraran. Las vasijas destinadas a contener líquidos podían ser “curadas” con grasa de choique y una lejía hecha con agua, ñaco de maíz y flor de ceniza. Sus piezas no buscaban el lujo ni la decoración abundante: eran objetos nacidos de la necesidad. Ollas, jarras, platos y vasos de boca ancha, cuerpo abultado y base estable, pensados para cocinar, guardar alimentos o contener líquidos. Justamente allí estaba su valor: no eran productos industriales ni piezas de adorno, sino una forma de inteligencia popular aplicada a la vida diaria. La Facultad de Artes y Diseño de la UNCuyo destaca que el testimonio de Cristobalina aportó datos valiosos sobre el contexto de producción, la técnica y la transmisión de saberes de las mujeres ceramistas, y propone pensar estas obras como arte popular, no solo como artesanía manual. El propio Agüero Blanch comprendió que la importancia de esos cacharros no residía únicamente en su forma exterior, sino en las condiciones en que habían sido producidos: sin máquinas, sin división industrial del trabajo, con materiales locales, con saberes heredados y con una adaptación perfecta al ambiente. Su investigación sobre Malargüe reunió información etnográfica de enorme valor sobre la primera mitad del siglo XX, incluyendo actividades ganaderas, prácticas de puesteros, remedieras, fiestas populares, toponimia indígena, canciones, refranes y otros aspectos de la vida regional. La desaparición de las olleras estuvo ligada al avance de los utensilios industriales, al cambio de gustos y a cierta vergüenza social hacia lo hecho en greda, asociado injustamente con lo pobre o lo indígena. Pero lo que para algunos parecía tosco o atrasado, hoy aparece como patrimonio cultural: una tecnología doméstica, femenina, territorial y ancestral. En cada olla de Cristobalina había barro, fuego, agua y paciencia, pero también memoria mapuche, experiencia campesina y conocimiento profundo del paisaje malargüino. Juan Schobinger recordaría a Agüero Blanch como un hombre entusiasta de la tierra y de sus paisanos, investigador serio, laborioso, excelente dibujante y buen colaborador. Esa definición resume bien su aporte: supo mirar donde otros no miraban. Gracias a él, la figura de doña Cristobalina González no quedó perdida en el silencio de los puestos del sur, sino convertida en símbolo de una tradición alfarera que merece ser rescatada sin vergüenza y puesta en el lugar que le corresponde dentro de la memoria cultural mendocina. #OllerasDeMalargüe #CristobalinaGonzález #VicenteAgüeroBlanch #Malargüe #BardasBlancas #RíoGrande #ElPuelche #CerámicaAncestral #Greda #ArtePopular #MujeresArtesanas #PatrimonioCultural #HistoriaDeMendoza #MendozaAntigua #CulturaCuyana #MendozAntigua #MendozaHistory #AncestralPottery #FolkArt #WomenInArt #CulturalHeritage #PatagonianAndes. (por Aníbal Cuadros) https://www.lamelesca.com.ar/

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