jueves, 1 de octubre de 2026

1 DE OCTUBRE DE 1886: EL DÍA EN QUE SAN JUAN LE DIO FORMA INSTITUCIONAL A SU CORAZÓN CAPITALINO


1 de octubre de 1886 – En el corazón del Valle de Tulum, la ciudad que desde tiempos coloniales concentraba buena parte de la vida política, comercial y administrativa de San Juan dio un paso decisivo en su organización institucional. Ese día, la Legislatura sanjuanina sancionó la ley de creación de la Municipalidad de la Ciudad Capital, disposición que comenzó a regir el 1 de enero de 1887. Por eso, aunque muchas reseñas recuerdan la fecha como la “fundación del Departamento Capital”, históricamente resulta más preciso hablar de la creación y organización municipal de la Capital; la ciudad de San Juan era muchísimo más antigua, pues había sido fundada por Juan Jufré el 13 de junio de 1562 y trasladada hacia su actual núcleo urbano a fines del siglo XVI.  Desde entonces, Capital fue consolidándose como el gran centro institucional de la provincia, sede de organismos públicos, comercios, servicios y espacios culturales. Su historia urbana, sin embargo, quedaría partida en dos por una de las mayores tragedias argentinas del siglo XX: el terremoto del 15 de enero de 1944 destruyó casi por completo la antigua ciudad y obligó a emprender una reconstrucción que modificó para siempre su fisonomía, dando origen a las amplias avenidas, veredas arboladas y arquitectura moderna que hoy distinguen a San Juan.  Entre los extraordinarios sobrevivientes de aquella catástrofe se encuentra la Casa Natal de Domingo Faustino Sarmiento, primer inmueble declarado Monumento Histórico Nacional del país. El terremoto destruyó su sector norte, que posteriormente fue reconstruido siguiendo documentación y planos históricos, mientras que las habitaciones más antiguas del sector sur permanecieron en pie; incluso algunos de sus pisos actuales contienen ladrillos procedentes de la antigua Catedral destruida en 1944. También conserva una pieza excepcional de la ciudad anterior al terremoto el antiguo conjunto de Santo Domingo: el templo sufrió daños tan graves que debió ser demolido, pero sobrevivieron la Sala Capitular, una galería y la histórica celda donde se alojó José de San Martín durante su paso por San Juan en 1815, actualmente integrada al patrimonio sanmartiniano. Frente a la Plaza 25 de Mayo, la actual Catedral de San Juan Bautista simboliza directamente el renacimiento de la ciudad: fue levantada en el mismo sitio y con la misma orientación que la antigua iglesia mayor destruida por el sismo, pero adoptando una arquitectura moderna diseñada por Daniel Ramos Correa.  Esa transformación urbana continuó durante las décadas siguientes con obras que terminaron convirtiéndose en símbolos de la nueva Capital, entre ellas el Auditorio Juan Victoria, inaugurado en 1970 y concebido con una sala de 976 butacas reconocida por sus extraordinarias condiciones acústicas, y el Museo Provincial de Bellas Artes Franklin Rawson, poseedor de una de las colecciones patrimoniales más importantes del país.  Así, aquella decisión legislativa del 1 de octubre de 1886 terminó identificándose con el nacimiento institucional de una Capital que atravesó terremotos, reconstrucciones y profundas transformaciones sin perder su condición de centro político y cultural de San Juan. Hoy el Departamento Capital continúa reuniendo los distritos de Centro, Concepción, Trinidad y Desamparados y, según el Censo Nacional 2022, registraba 113.343 habitantes en viviendas particulares.  Una fecha que recuerda mucho más que la creación de una administración municipal: marca uno de los momentos en que San Juan comenzó a organizar formalmente el corazón urbano que, entre ruinas y renacimientos, llegaría hasta nuestros días. Fuente de origen: Municipalidad de la Ciudad de San Juan, Plan Estratégico Capital – Historia Departamental; Legislatura de San Juan y reseña histórica San Juan al Mundo, “1 de Octubre”; Secretaría de Turismo de San Juan, Ciudad de San Juan, Catedral San Juan Bautista, Santo Domingo y Ruta Sísmica; Museo y Biblioteca Casa Natal de Domingo Faustino Sarmiento, Ministerio de Cultura de la Nación; Instituto Nacional de Estadística y Censos, Censo Nacional 2022.  #SanJuan #SanJuanCapital #HistoriaArgentina #HistoriaDeSanJuan #Efemérides #1DeOctubre #ArgentinaAntigua #PatrimonioHistórico #TerremotoDe1944 #CasaDeSarmiento #DomingoFaustinoSarmiento #CatedralDeSanJuan #SantoDomingo #MemoriaHistórica #Cuyo #ArgentinaHistory #SanJuanArgentina #HistoricArgentina #ArgentineHistory #CulturalHeritage #HistoryLovers #OnThisDay #HistoricalArchitecture

EMMA WELKERLING: LA PIONERA QUE ABRIÓ CAMINO EN LA AGRONOMÍA Y CONVIRTIÓ EL CAMPO MENDOCINO EN SU GRAN AULA


Una fotografía rescatada de la historia universitaria mendocina conserva una escena que hoy adquiere un enorme valor: la ingeniera agrónoma Emma María Luisa Welkerling de Tacchini dando una clase a campo en la parcela de Fruticultura de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Cuyo. Entre árboles, cultivos y estudiantes, aquella imagen resume una manera de enseñar que marcaría toda su trayectoria: aprender la agronomía directamente sobre la tierra. Su historia había comenzado a romper barreras mucho antes. El 31 de mayo de 1948 rindió su última materia y se convirtió en la primera mujer egresada como Ingeniera Agrónoma de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNCuyo, un acontecimiento especialmente significativo en una profesión que durante aquellos años estaba integrada mayoritariamente por hombres. Su carrera, sin embargo, fue mucho más que una primicia académica. Welkerling se formó también en Italia, desarrolló una extensa actividad como docente e investigadora y desde 1968 ocupó la titularidad de la cátedra de Fruticultura. La propia Facultad destaca que su vocación por el medio rural hizo que privilegiara la enseñanza práctica y la formación a campo, justamente el instante que quedó inmortalizado en esta fotografía. Fue además autora de “Fruticultura Especial” y produjo investigaciones vinculadas directamente con cultivos fundamentales para la economía regional. Sus trabajos científicos permiten dimensionar esa trayectoria: en 1960 publicó un estudio sobre una singular variedad de nogal prácticamente desprovista de la cáscara habitual, resaltando su interés genético y fitotécnico; posteriormente investigó la compatibilidad floral de cerezos y guindos y estudió la polinización de variedades de nogal cultivadas en Mendoza. En aquellos ensayos la ciencia no quedaba encerrada en el laboratorio: flores eran aisladas, variedades comparadas y árboles observados durante distintas etapas para comprender mejor su comportamiento y trasladar esos conocimientos a la producción frutícola.  En 1967 apareció además su extensa obra “Descripción de los cultivares del peral de la Estación Experimental Agropecuaria Mendoza”, publicada por el INTA y posteriormente incorporada como bibliografía especializada en Fruticultura. Décadas después seguía vinculada con investigación aplicada: documentación de la Secretaría de Ciencia y Técnica de 1986 la registra como directora de un proyecto sobre micropropagación de especies frutales en la Universidad Nacional de Cuyo.  Su carrera recibió una distinción internacional en 1987, cuando obtuvo el Premio Internacional a la Participación de la Mujer en el Desarrollo Rural, otorgado por la Organización de los Estados Americanos. Al jubilarse, la Facultad de Ciencias Agrarias la nombró profesora emérita, reconocimiento reservado a trayectorias académicas extraordinarias.  Más de siete décadas después de aquel histórico egreso de 1948, la UNCuyo continúa recordándola oficialmente como una de sus grandes pioneras y como la primera graduada de Ingeniería Agronómica de la institución.   Por eso aquella antigua clase de campo es mucho más que una fotografía universitaria: muestra a una mujer que abrió un surco cuando muy pocas podían hacerlo, que convirtió los frutales mendocinos en objeto de investigación científica y que llevó generaciones de estudiantes desde el aula hasta la parcela para enseñar que buena parte de la agronomía comienza precisamente allí, observando la tierra. #EmmaWelkerling #Mendoza #HistoriaDeMendoza #MendozAntigua #UNCuyo #CienciasAgrarias #IngenieriaAgronomica #Fruticultura #MujeresPioneras #HistoriaArgentina #Agronomia #PatrimonioMendocino #WomenInEngineering #WomenInScience #AgriculturalHistory #ArgentineHistory #MendozaHistory #AgriculturalScience Fuente de la imagen: “Encuentro de saberes: 1939-2017. Historia de las facultades, institutos y colegios de la Universidad Nacional de Cuyo”, UNCUYO–EDIUNC, pág. 90. Epígrafe original: “La ingeniera agrónoma Emma María Luisa Welkerling, en una clase de campo en la parcela de Fruticultura”. 

1 DE OCTUBRE DE 1857 - EL DÍA EN QUE LA POLICÍA DE MENDOZA NO PODÍA VESTIR A SUS VIGILANTES: UNA CARTA REVELÓ LA PRECARIEDAD DETRÁS DEL ORDEN (IMAGEN ILUSTRATIVA)


En la Mendoza anterior al devastador terremoto de 1861, cuando la antigua Plaza Mayor todavía concentraba buena parte de la vida política y administrativa de la ciudad, un documento aparentemente rutinario dejó al descubierto uno de los problemas más concretos de aquel Estado provincial en formación: la Policía tenía hombres para vigilar, detener y custodiar, pero su propia caja no siempre alcanzaba siquiera para uniformarlos. El 1 de octubre de 1857, Melitón Arroyo dirigió una comunicación al ministro de Gobierno que hoy se conserva en el Archivo General de la Provincia de Mendoza como AGPM, Carpeta 172, Documento 4. La existencia, fecha y autoría del oficio están corroboradas por investigaciones de la historiadora Eugenia Molina, de IDEHESI-CONICET y la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo, quien utilizó específicamente este documento para estudiar la formación de las primeras fuerzas policiales mendocinas.  Arroyo no era un personaje ajeno a la institución: durante la década de 1850 había sido convocado repetidamente para hacerse cargo de la Jefatura de Policía, tanto como titular como en reemplazos interinos, y los balances de 1857 muestran que permaneció al frente de la repartición de manera estable entre julio y diciembre de ese año. El problema planteado aquel 1 de octubre era muy concreto. Aunque el presupuesto provincial contemplaba recursos para el funcionamiento policial, la caja del Departamento atravesaba dificultades para sostener algunos de los gastos básicos de su cuerpo armado. La investigación identifica precisamente el oficio del 1 de octubre de 1857 como evidencia de que fue necesario recurrir al Ministerio de Gobierno porque la Policía no podía afrontar con sus propios fondos el uniforme de la tropa. No era un detalle menor: en aquellos años la vestimenta comenzaba a convertirse en un elemento fundamental para distinguir a los agentes, hacer reconocible la autoridad pública y separar progresivamente al vigilante profesional de las antiguas partidas formadas circunstancialmente por vecinos o milicianos.  El cuerpo atravesaba entonces una transformación profunda. Las antiguas “partidas celadoras” y luego “Partidas de Policía” estaban dando paso al llamado “Piquete de Vigilantes”, una fuerza armada dependiente directamente del Departamento de Policía. Los balances de 1857 registran un comandante, oficiales, sargento, cabos y aproximadamente una treintena de soldados, mientras que los proyectos y presupuestos de los años inmediatamente anteriores buscaban consolidar un cuerpo cercano a cuarenta hombres. Su misión iba mucho más allá de caminar por las calles: los hombres se distribuían entre el cuartel de Policía, la custodia de presidiarios, la guardia del hospital, la Casa Departamental, tareas de ordenanza, caballerizas y partidas volantes destinadas a recorrer distintos sectores de la ciudad. El presupuesto de 1857 permite incluso observar la estructura económica de aquella fuerza: el teniente comandante recibía 40 pesos mensuales de sueldo y “diario”, el alférez 30 y el sargento 15, mientras numerosos efectivos destinados a guardias, custodias y patrullas figuraban con partidas de 10 pesos por hombre.  Mantener ese aparato requería mucho más que salarios. Los registros policiales mencionan de manera reiterada gastos en papel, tinta, velas, leña, agua, forraje, caballos, monturas, carros, armamento y vestuario. Incluso los balances del cuartel de Vigilantes anotaban gastos tan cotidianos como sal, pintura para la puerta y combustible. Aquella aparente pequeñez administrativa permite entender cómo se estaba construyendo materialmente el Estado mendocino: cada patrulla necesitaba hombres, pero cada hombre necesitaba sueldo, comida, armas y ropa; y cuando faltaba cualquiera de esos elementos, la maquinaria estatal comenzaba a mostrar sus límites.  El uniforme, además, tenía una importancia simbólica. Investigaciones sobre estos primeros cuerpos policiales muestran que desde décadas anteriores se destinaban fondos a botones, telas, divisas y otros elementos de vestuario porque la apariencia exterior del agente contribuía a marcar públicamente quién representaba la autoridad. Hacia mediados del siglo XIX se fortalecía la idea de que Mendoza debía contar con policías diferenciados de las milicias, remunerados regularmente y reconocibles por su indumentaria.  Todo esto ocurría durante el gobierno de Juan Cornelio Moyano y apenas cuatro años después de sancionada la Constitución Nacional, en momentos en que las provincias argentinas reorganizaban sus instituciones y ensayaban nuevas formas de administración. En Mendoza, el Departamento de Policía se había convertido progresivamente en uno de los principales brazos ejecutores del gobierno: intervenía en la seguridad, el orden urbano, las cárceles, hospitales, circulación de personas e incluso en múltiples tareas administrativas.  Por eso aquel oficio del 1 de octubre de 1857 tiene un valor excepcional. Detrás de una solicitud para conseguir dinero destinado a uniformes aparece una fotografía escrita de la vida cotidiana del Estado mendocino: vigilantes que debían recorrer una ciudad todavía construida mayoritariamente en adobe, custodiar presos y responder a las órdenes del Gobierno mientras la institución que los empleaba luchaba por conseguir los recursos indispensables para equiparlos. Un año después, en 1858, Anton Goering inmortalizaría aquella misma Mendoza en una célebre litografía de la Plaza Mayor, ofreciendo una de las representaciones visuales más próximas al escenario urbano por el que circulaban aquellos hombres. La obra procede de la Academia Nacional de la Historia y está identificada como de dominio público.  Una simple carta administrativa sobrevivió casi 170 años para recordarnos que la construcción del Estado también se escribió en estas pequeñas urgencias: cuánto costaba un uniforme, quién debía pagarlo y qué ocurría cuando ni siquiera la Policía tenía dinero suficiente para vestir a quienes debían imponer el orden. Fuente de origen: Archivo General de la Provincia de Mendoza (AGPM), Sección Policía, Carpeta 172, Documento 4, comunicación de Melitón Arroyo al ministro de Gobierno, 1 de octubre de 1857. Fuente académica de verificación y contextualización: Eugenia Molina, “De las partidas celadoras a los piquetes de vigilantes: configuración de la fuerza policial en el marco de la configuración del Estado provincial. Mendoza (1824-1860)”, Almanack/SciELO, 2025; Eugenia Molina, “Nuevos funcionarios para un nuevo orden político: los jefes de policía y la configuración provincial. Mendoza, 1828-1860”, Claves. Revista de Historia, 2023; Eugenia Molina, “La materialidad de la oficina o pensar la burocracia desde la práctica cotidiana. Reflexiones desde los inicios del Departamento de Policía, Mendoza 1828-1860”, en El Estado y sus burocracias, 2023.  #MendozAntigua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #HistoriaArgentina #PoliciaDeMendoza #Mendoza1857 #SigloXIX #ArchivoHistorico #AGPM #MemoriaMendocina #CiudadDeMendoza #HistoriaPolicial #PatrimonioHistorico #ArgentinaHistory #MendozaHistory #PoliceHistory #19thCentury #HistoricalArchives #ArgentineHistory #HistoricMendoza

1 DE OCTUBRE DE 1844: LA ORDEN QUE PUSO A LA POLICÍA TRAS LOS REOS — ASÍ FUNCIONABA LA JUSTICIA EN LA MENDOZA DE ADOBE



En una Mendoza que todavía se extendía alrededor de la antigua Plaza Mayor y donde las órdenes judiciales debían recorrer enormes distancias mediante oficios, comisarios y autoridades barriales, un documento fechado exactamente el 1 de octubre de 1844 dejó registrada una pequeña pero extraordinaria escena del funcionamiento cotidiano de la justicia provincial. Se trata de un oficio enviado por el Juez de Letras al jefe de Policía, actualmente identificado en el Archivo General de la Provincia de Mendoza como AGPM, Carpeta 171, Documento 12. La investigación histórica permite ir bastante más allá de la simple referencia del catálogo: la historiadora Eugenia Molina, investigadora del CONICET, utilizó ese documento para reconstruir la relación entre la justicia ordinaria y el naciente aparato policial mendocino. Según el estudio, el juez se dirigió al jefe policial en su condición de autoridad encargada de efectuar capturas y le indicó que, si eran localizados los individuos buscados, fueran remitidos a la justicia y se reunieran “noticias” sobre ellos, incluso valiéndose del comisario que, por encontrarse más próximo al lugar, podía obtener información que resultaba difícil conseguir desde la ciudad.  Aquel procedimiento revela cómo funcionaba una verdadera red territorial de información y persecución judicial hace más de 180 años: el juez impartía la diligencia, el jefe de Policía la canalizaba y los comisarios y autoridades locales aportaban conocimiento directo sobre personas, movimientos y acontecimientos de cada zona. No era un mecanismo improvisado. El Reglamento de Policía de 1828 había organizado la provincia en departamentos encabezados por comisarios y subdivididos en cuarteles bajo la responsabilidad de decuriones; además, establecía entre las funciones del jefe de Policía la aprehensión de delincuentes y disponía que los detenidos fueran puestos a disposición de la justicia ordinaria indicando las causas de su prisión.  El documento del 1 de octubre adquiere todavía mayor valor porque la misma referencia archivística es empleada por Molina para situar a José Benito Rodríguez al frente de la Jefatura de Policía mendocina durante octubre de 1844, dentro de una reconstrucción sistemática de quienes ocuparon ese cargo entre 1828 y 1860.  Estamos, por lo tanto, ante mucho más que una nota burocrática olvidada: aquellas pocas líneas permiten observar la maquinaria real de la justicia mendocina del siglo XIX, cuando encontrar a una persona buscada podía depender del conocimiento de un comisario, de las noticias aportadas en un distrito y de una cadena de oficios manuscritos que conectaba al juzgado con autoridades dispersas por toda la provincia. La consulta directa de la foja original permitirá en el futuro precisar íntegramente los nombres de las personas perseguidas, el lugar en que eran buscadas y la causa judicial que originó la orden; mientras tanto, la documentación académica confirma con precisión la fecha, la comunicación entre el Juez de Letras y el jefe policial y el objetivo de utilizar a la estructura de Policía para localizar, capturar y reunir información sobre los reos. Fuente de origen: Archivo General de la Provincia de Mendoza (AGPM), Carpeta 171, Documento 12, “Juez de Letras al jefe de policía”, 1 de octubre de 1844. Referencias académicas: Eugenia Molina, “¿Contravenciones o delitos? La praxis policial entre la norma y la administración de justicia. Mendoza, 1828-1860”, Revista de Historia de las Prisiones, n.º 14, 2023, pp. 42-61; Eugenia Molina, “Nuevos funcionarios para un nuevo orden político: los jefes de policía y la configuración provincial. Mendoza, 1828-1860”, Claves. Revista de Historia, vol. 9, n.º 16, 2023.  #Mendoza #MendozAntigua #HistoriaDeMendoza #ArchivoGeneralDeMendoza #HistoriaArgentina #PoliciaDeMendoza #Justicia #SigloXIX #DocumentosHistoricos #MemoriaHistorica #PatrimonioHistorico #MendozaHistory #OldMendoza #ArgentineHistory #HistoricalDocuments #PoliceHistory #LegalHistory #19thCenturyHistory #Archives

1 DE OCTUBRE DE 1844 - EL DÍA EN QUE MENDOZA PUSO LEY AL AGUA: 21 ARTÍCULOS QUE COMENZARON A ORDENAR EL DESTINO DEL OASIS


En una provincia donde cada acequia, canal y turno de riego podía significar la diferencia entre una tierra productiva y el desierto, el 1 de octubre de 1844 quedó sancionado uno de los documentos centrales de la historia hídrica mendocina: el Reglamento para el Juzgado de Aguas. José Félix Aldao, gobernador de Mendoza entre 1841 y 1845, aprobó por decreto aquel cuerpo normativo compuesto por 21 artículos, elaborado por una comisión integrada por Benito González, José Silvestre Videla, Juan Estrella, Alejo Mallea y Juan Moyano. No se trataba simplemente de decidir por dónde debía correr el agua: el reglamento buscaba ordenar su aprovechamiento, las concesiones, derechos y restricciones, la administración de los cauces, los conflictos entre usuarios, el régimen económico y la organización de las autoridades encargadas de hacer cumplir las disposiciones.  La regulación de las aguas mendocinas tenía una historia mucho más antigua. Durante siglos, la vida económica y urbana se había desarrollado alrededor de una compleja red de canales y acequias; después de la Independencia se dictaron sucesivas normas y en 1833 se había restablecido formalmente el cargo de Juez General de Aguas. El Reglamento de 1844 no creó desde cero aquella magistratura: la fortaleció, precisó sus atribuciones administrativas y judiciales y convirtió al Juez General de Aguas en la autoridad superior de un sistema que debía intervenir tanto en la distribución del recurso como en los litigios que generaba.  Para dimensionar la fuerza que adquiría aquella autoridad basta observar algunas de sus facultades: el Juez General tenía jurisdicción ordinaria en los asuntos de aguas de mayor cuantía —los que superaban los 50 pesos—, debía tramitar por escrito esas causas y podía intervenir en cuestiones vinculadas con cauces, obras y administración. También debía controlar la percepción de la prorrata destinada al sostenimiento del sistema y presentar presupuestos de los trabajos necesarios en los canales. Por debajo actuaban los llamados jueces de hijuela o de acequia, encargados de cuestiones menores y del cuidado de los cauces, tomas, compuertas, puentes y reparaciones dentro de sus respectivas jurisdicciones. Una disposición particularmente reveladora estableció que, en materia de aguas, quedaban sujetos al régimen incluso quienes gozaban de fueros eclesiásticos o militares, mostrando hasta qué punto se pretendía establecer una autoridad común sobre un recurso indispensable para toda la sociedad. Aquel documento acompañaría durante décadas una enorme transformación del territorio. El agua hacía posible las chacras, los potreros, los molinos, los frutales y las viñas; controlar su reparto significaba también organizar la expansión económica de una provincia asentada en una región naturalmente árida. Estudios históricos sobre el sistema mendocino señalan que el área irrigada creció de manera considerable durante el siglo XIX, mientras canales y acequias avanzaban sobre nuevas superficies productivas.  El Reglamento de Aldao permaneció como una referencia general durante aproximadamente cuarenta años, hasta la sanción de la Ley General de Aguas de 1884, uno de los grandes hitos posteriores de la organización hídrica provincial.  Pero existe además un detalle extraordinario para la memoria histórica mendocina: aquel texto no sobrevivió únicamente en transcripciones o libros. El Departamento General de Irrigación confirma que una página del documento original continúa conservándose en el Archivo General de Mendoza y ha difundido públicamente su reproducción. En la hoja manuscrita todavía puede leerse el encabezamiento “Reglamento para el juzgado de Aguas”, seguido de los primeros artículos escritos hace más de 180 años.  Ese papel amarillento es mucho más que una antigua disposición administrativa: es el testimonio material de una Mendoza que comprendía que, en un territorio modelado por la aridez, ordenar el agua equivalía a ordenar buena parte de su futuro agrícola, económico y territorial. Fuente de origen: Archivo General de la Provincia de Mendoza (AGPM), Época Independiente, Reglamento del Juzgado de Aguas de 1844; la investigación académica de Inés Sanjurjo de Driollet lo referencia como AGPM, Independiente, Carpeta 198. Departamento General de Irrigación, Centro de Documentación, Patrimonio Histórico y Cultura del Agua. Pedro Santos Martínez, “Consideraciones histórico-jurídicas sobre el reglamento mendocino de aguas de 1844”, Revista de Historia del Derecho Nº 14, 1986. Matías Edgardo Pascualotto, “Las políticas hídricas y el proceso constitucional de Mendoza”.  #Mendoza #MendozAntigua #HistoriaDeMendoza #HistoriaArgentina #Agua #Irrigación #Acequias #JoséFélixAldao #ArchivoHistórico #PatrimonioMendocino #1DeOctubre #MendozaHistory #ArgentinaHistory #WaterHistory #IrrigationHistory #HistoricalDocuments #WaterManagement #CulturalHeritage

1960: CUANDO MENDOZA FORMABA A LOS HOMBRES Y MUJERES QUE DEFENDERÍAN SUS VIÑEDOS CON CIENCIA


Frente a la imponente sede de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Cuyo, en Chacras de Coria, quedó inmortalizada una generación de estudiantes que se preparaba para intervenir directamente en uno de los pilares económicos de Mendoza: la agricultura. La fotografía muestra a alumnos de tercer año reunidos en la explanada de acceso a la Facultad junto al profesor de Fitopatología, ingeniero agrónomo Rafael Edmundo Pontis Videla, ubicado en el centro y reconocible por sus anteojos. La identificación y la fecha aparecen documentadas en “Encuentro de saberes: 1939-2017. Historia de las facultades, institutos y colegios de la Universidad Nacional de Cuyo”, obra institucional editada por EDIUNC en 2017. Aquella escena condensaba décadas de transformación de la enseñanza agrícola mendocina. La institución había comenzado sus actividades el 16 de agosto de 1939 como Escuela Superior de Agronomía; en 1940 se trasladó a la histórica Quinta Agronómica y en 1944 egresó su primera promoción, integrada por 18 ingenieros agrónomos. El 31 de diciembre de 1946, mediante el Decreto Nº 25.621, alcanzó la categoría de Facultad de Ciencias Agrarias. Finalmente, el 2 de abril de 1954 comenzó el cierre definitivo de una etapa con la despedida de la Quinta Agronómica y el traslado de las cátedras hacia la nueva sede de Chacras de Coria.  Por eso, cuando esta fotografía fue tomada en 1960, los jóvenes retratados estudiaban en una Facultad que llevaba apenas unos años instalada plenamente en aquel enorme predio de Luján de Cuyo. Pero quien aporta una dimensión todavía mayor a la imagen es Rafael Pontis Videla. Nacido en Mendoza el 11 de enero de 1911, se graduó de ingeniero agrónomo en la Universidad de Buenos Aires en 1933 y desde 1934 se dedicó a la Patología Vegetal. En 1935 ya dirigía el Laboratorio Regional de Patología Vegetal del Ministerio de Agricultura en Mendoza y simultáneamente enseñaba en la antigua Escuela de Agricultura y Enología, antecedente directo de Ciencias Agrarias. Entre 1941 y 1943 perfeccionó sus conocimientos como Research Fellow en el Departamento de Patología Vegetal de la Universidad de California en Berkeley; luego desarrolló tareas científicas en Colombia, Venezuela, Holanda y Suiza, hasta regresar a Mendoza y hacerse cargo en 1956 de la Cátedra de Fitopatología de la Facultad de Ciencias Agrarias.  Su trabajo no quedó encerrado en las aulas. Investigó enfermedades capaces de afectar cultivos fundamentales y realizó aportes sobre patologías vegetales en distintos países. En 1958 publicó en la Revista de la Facultad de Ciencias Agrarias un “Registro de enfermedades de las plantas, nuevas o poco conocidas en la provincia de Mendoza”; y en 1963, junto con José M. Feldman, publicó un trabajo sobre Xiphinema index y X. americanum hallados en suelos de viñedos mendocinos. La presencia de Xiphinema index tenía enorme importancia fitosanitaria por tratarse del nematodo relacionado con la transmisión de la degeneración infecciosa de la vid; su trayectoria académica registra que en 1964 fue invitado a la Universidad de California en Davis para profundizar precisamente esos estudios.  Pontis Videla continuó formando investigadores durante décadas, integró desde 1958 la Comisión Asesora Regional de Cuyo del CONICET, recibió subsidios que permitieron incorporar invernáculos destinados al estudio de virosis vegetales y en 1982 fue distinguido como Profesor Extraordinario Emérito. Dos años después ingresó como Académico Correspondiente en Mendoza de la Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria. Falleció en su provincia natal el 15 de abril de 1997.  Vista más de seis décadas después, esta fotografía ya no representa simplemente a un grupo de estudiantes posando frente a una facultad: muestra una Mendoza que comenzaba a consolidar una estructura científica propia alrededor de la vid, los frutales, las hortalizas, los suelos y las enfermedades vegetales. Detrás de aquellos guardapolvos blancos había futuros profesionales; en el centro estaba uno de los grandes especialistas mendocinos en fitopatología, y detrás de todos ellos se levantaba una institución heredera de una tradición agronómica iniciada en el siglo XIX y destinada a acompañar la transformación productiva de la provincia. Aquella mañana de 1960, sin saberlo, alumnos y profesor dejaron congelado uno de esos instantes en los que la historia de Mendoza, la universidad y la ciencia quedaron reunidas en una sola imagen. Fuente de la fotografía: Universidad Nacional de Cuyo – EDIUNC, “Encuentro de saberes: 1939-2017. Historia de las facultades, institutos y colegios de la Universidad Nacional de Cuyo”, 1.ª edición, Mendoza, 2017. La obra identifica la imagen como: “1960. Alumnos de tercer año en la explanada de acceso a la Facultad, acompañados por el profesor de Fitopatología, el ingeniero agrónomo Rafael Pontis Videla (en el centro, con anteojos)”.  #MendozAntigua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #UNCuyo #CienciasAgrarias #Agronomía #Fitopatología #ChacrasDeCoria #LujánDeCuyo #HistoriaArgentina #Vitivinicultura #Agricultura #RafaelPontisVidela #MemoriaMendocina #FotosAntiguas #MendozaHistory #ArgentineHistory #AgriculturalScience #Agronomy #PlantPathology #Viticulture #HistoricMendoza #OldPhotos

1 DE OCTUBRE DE 1862, NACE LA MENDOCINA QUE CONQUISTÓ LAS LETRAS: ROSARIO PUEBLA DE GODOY, LA VOZ QUE CONVIRTIÓ LA HISTORIA DE MENDOZA EN LITERATURA


En una Mendoza que todavía conservaba muy próximas las heridas de las guerras civiles y donde la presencia femenina en los círculos literarios y periodísticos era excepcional, nació Rosario Puebla de Godoy, una de las figuras pioneras de las letras mendocinas de fines del siglo XIX y comienzos del XX. Hija de José Manuel Puebla y Pola Peñaloza, pertenecía a familias de antiguo arraigo provincial. El 30 de septiembre de 1882 contrajo matrimonio en la iglesia de Santo Domingo con Isaac Godoy, quien desempeñaría distintos cargos judiciales; cuando este fue nombrado juez de la Cámara de Apelaciones de La Plata, el matrimonio se trasladó a esa ciudad, circunstancia que acercó a Rosario a los grandes ámbitos intelectuales y editoriales de Buenos Aires y La Plata. Allí su nombre comenzó a trascender ampliamente las fronteras mendocinas. Cultivó poesía lírica, narrativa, ensayo y periodismo de opinión, colaborando en publicaciones de enorme circulación y prestigio como Caras y Caretas, La Prensa, La Nación y Búcaro Americano. Publicó Nubes de incienso en 1901 y Al pie de los Andes en 1902; su producción llegó incluso a despertar elogios de Carlos Guido y Spano. Pero su obra fundamental apareció en 1904: La ciudad heroica, novela histórica ambientada principalmente en la convulsionada Mendoza de la década de 1840. Su importancia excede largamente la curiosidad bibliográfica: investigaciones académicas actuales consideran a esta obra el punto de partida de la ficción histórica mendocina. En sus páginas combinó personajes reales y ficticios, recuerdos familiares, escenarios y costumbres de la antigua Mendoza con acontecimientos vinculados a los enfrentamientos entre unitarios y federales. La propia autora reconoció que parte de aquel material procedía de relatos transmitidos por ancianas de su familia, e incorporó incluso a miembros de la rama materna de los Peñaloza y referencias a la finca familiar de El Retamo. Estudios de la Universidad Nacional de Cuyo señalan además que el título La ciudad heroica posee un doble sentido: por una parte, la representación de la resistencia de sectores mendocinos al gobierno de José Félix Aldao entre 1841 y 1845 y, por otra, la memoria del aporte de Mendoza a la campaña libertadora de San Martín.  El libro alcanzó repercusión en los círculos literarios porteños y fue llevado a escena en el Teatro Nacional durante los primeros meses de 1906. Rosario escribió también el poema épico La leyenda de los Andes, representado en ese mismo teatro, mientras que en el diario El Debate difundió poesías y, en 1910, una primera versión de Leyenda Blanca, posteriormente incorporada a otro volumen.  Su reconocimiento quedó registrado de una manera extraordinaria el 1 de septiembre de 1906, cuando Búcaro Americano, la influyente publicación dirigida por la escritora peruana Clorinda Matto de Turner, colocó el retrato de Rosario Puebla en su portada. En aquel número 48, la sección “Nuestras Miniaturas” se ocupó de La ciudad heroica y Al pie de los Andes y publicó además su poema Lúgubre historia; posteriormente la revista difundió también Cantares viejos. Aquella portada constituye hoy uno de los testimonios gráficos más valiosos de la escritora mendocina.  Su actividad, sin embargo, fue mucho más allá de escribir libros. Fue socia fundadora de la Biblioteca Social de Mujeres, donde ofreció conferencias destinadas a obreras; desde 1902 integró una comisión dedicada a distribuir libros en cárceles y fábricas y participó activamente del Consejo Nacional de Mujeres de la República Argentina, trabajando especialmente en su biblioteca y fomentando la lectura y la escritura entre las trabajadoras. Murió en Buenos Aires en 1924. Más de un siglo después, el valor de Rosario Puebla de Godoy adquiere una dimensión todavía mayor: escribió cuando publicar siendo mujer implicaba abrirse camino dentro de un universo cultural dominado mayoritariamente por hombres, llevó la historia y los paisajes de Mendoza a los grandes círculos intelectuales del país y dejó, con La ciudad heroica, una obra que la investigación literaria contemporánea sitúa en el nacimiento mismo de la narrativa histórica mendocina. Su nombre merece regresar al lugar que alguna vez ocupó entre libros, periódicos y escenarios: el de una mendocina que transformó memoria, historia y cordillera en literatura.  Fuente principal: Gloria Hintze, “Memoria, historia y ficción en la escritura femenina del siglo XIX. La ciudad heroica de Rosario Puebla de Godoy”, Cuadernos del CILHA, Universidad Nacional de Cuyo; Marta Elena Castellino, estudios sobre literatura mendocina, UNCuyo y Cuadernos de Literatura, Universidad Nacional del Nordeste; Búcaro Americano, Nº 48, 1 de septiembre de 1906. #RosarioPueblaDeGodoy #Mendoza #MendozAntigua #HistoriaDeMendoza #LiteraturaMendocina #EscritorasArgentinas #MujeresEnLaHistoria #LaCiudadHeroica #HistoriaArgentina #CulturaMendocina #Efemerides #UnDiaComoHoy #MendozaHistory #ArgentineHistory #WomenWriters #ArgentineLiterature #HistoricalFiction #WomenInHistory

1 DE OCTUBRE DE 1750 - EL DOCUMENTO QUE ABRIÓ UNA BODEGA: VIÑAS, ADOBE Y VINO EN EL CORAZÓN DE LA MENDOZA COLONIAL


Mucho antes de que Mendoza fuera reconocida mundialmente como tierra del vino, cuando Cuyo todavía integraba el Reino de Chile y faltaban más de dos décadas para su incorporación al Virreinato del Río de la Plata, un documento judicial dejó congelada en el papel una extraordinaria imagen de aquella temprana cultura vitivinícola. Ese día quedó registrado el inventario de bienes de Joseph de Coria, conservado actualmente en el Archivo General de la Provincia de Mendoza, dentro de la Época Colonial, Sección Judicial, Carpeta 238, Documento 10. No se trata simplemente de una sucesión: sus páginas permiten atravesar casi tres siglos y entrar en una auténtica hacienda vitivinícola mendocina del siglo XVIII. La documentación describe una vivienda de adobe, con 16 tijeras de sauce, una ventana hacia el patio y una puerta realizada con tablas de alerce; junto a ella se levantaba una bodega construida con pared pisada y adobe que alcanzaba 30 varas de longitud —aproximadamente 25 metros—, sostenida por 31 tijerales de sauce, con una gran puerta de dos hojas provista de cerradura y llave y una ventana orientada hacia el poniente. En su interior funcionaba un lagar destinado al procesamiento de la uva, construido con una parte de adobe y otras de argamasa y cascajo. Estos elementos coinciden con las características documentadas para las bodegas cuyanas coloniales: construcciones largas y angostas, levantadas fundamentalmente con tierra cruda, madera de sauce, caña y materiales disponibles en el propio territorio.  Pero el inventario de Coria guarda todavía un dato más sorprendente. Investigaciones académicas basadas en la misma documentación establecen que su propiedad tenía una viña de 5.874 plantas de “uva negra”, una de las variedades fundamentales de la viticultura tradicional de la región. También aparece registrado un parral con 13 pies de moscatel sostenidos por horcones de algarrobo y otro sector con 210 cepas de moscatel y uva negra. Es decir, aquel establecimiento no era únicamente una casa rural con algunas vides: reunía viñedo, instalaciones para elaborar vino y una bodega específicamente construida para conservar la producción, revelando el grado de desarrollo que la actividad había alcanzado en Mendoza a mediados del siglo XVIII.  La trascendencia de esta fuente es enorme porque buena parte de la arquitectura colonial del antiguo núcleo mendocino desapareció tras el terremoto de 1861. Por eso, inventarios, testamentos y expedientes judiciales como el de Joseph de Coria permiten reconstruir aquello que ya no puede observarse físicamente: el tamaño de las bodegas, los materiales empleados, la disposición de sus puertas y ventanas, los lagares, las variedades de uva y hasta la organización cotidiana de aquellas haciendas. Estudios especializados señalan que las bodegas coloniales mendocinas solían tener alrededor de cinco varas de altura, seis o siete de ancho y entre 30 y 80 varas de longitud, dimensiones entre las que encaja perfectamente la propiedad de Coria. Así, aquel inventario levantado en 1750 se convierte en algo mucho mayor que una enumeración de bienes: es una ventana directa hacia una Mendoza de adobe, acequias, lagares y miles de cepas, donde el vino ya formaba parte de la economía y de la vida cotidiana más de un siglo antes de la gran transformación vitivinícola de fines del siglo XIX. La Mendoza del vino no nació de repente con las grandes bodegas modernas: sus raíces estaban profundamente afirmadas en la tierra mucho antes, y documentos como el de Joseph de Coria permiten escucharlas hablar casi trescientos años después.  Fuente de origen: Archivo General de la Provincia de Mendoza —denominado Archivo Histórico de Mendoza en buena parte de la bibliografía académica—, Época Colonial, Sección Judicial, Carpeta Nº 238, Documento Nº 10, especialmente fojas 8, 9 y 9v.; Inventario de bienes de Joseph de Coria, Mendoza, 1 de octubre de 1750. La identificación archivística y la fecha aparecen reproducidas en Pablo Lacoste, “La hacienda vitivinícola (Mendoza y San Juan, siglo XVIII)”, Revista Universum, Universidad de Talca, 2007, y en Pablo Lacoste et al., “Variedades de uva en Chile y Argentina (1550-1850). Genealogía del torrontés”, Mundo Agrario, UNLP, 2010.Nota documental: una tesis posterior de Estela Premat reproduce esta misma testamentaría con fecha “1 de julio de 1750”, mientras que los trabajos de Lacoste de 2007 y 2010 citan reiteradamente “1 de octubre de 1750”; para esta publicación se mantiene el 1 de octubre por ser la fecha coincidente en varias referencias académicas directas al expediente.  #Mendoza #MendozAntigua #HistoriaDeMendoza #MendozaColonial #Vitivinicultura #HistoriaDelVino #VinoArgentino #BodegasDeMendoza #ArchivoHistorico #PatrimonioMendocino #HistoriaArgentina #WineHistory #MendozaWine #ArgentineWine #ColonialHistory #WineHeritage #HistoricMendoza #Viticulture #WineCulture #ArgentinaHistory


miércoles, 30 de septiembre de 2026

1 DE OCTUBRE DE 1882 - EL DÍA EN QUE EL ALAMITO VOLVIÓ A SER CAMPO DE COMBATE: MARIANO VEGA Y LA ÚLTIMA FRONTERA DEL SUR MENDOCINO - MALARGÜE (IMAGEN ILUSTRATIVA)


1 de octubre de 1882 – En el extremo sur de Mendoza, cuando la presencia del Estado argentino avanzaba sobre territorios hasta entonces controlados o habitados por distintas comunidades indígenas, ocurrió uno de aquellos enfrentamientos menores que rara vez ocuparon las grandes páginas de la historia nacional, pero que formaron parte del violento proceso de transformación de la frontera. Una cronología histórica de las campañas militares registra que aquel 1 de octubre el teniente primero Mariano Vega derrotó a una partida indígena que había atacado en “El Alamito”, en territorio mendocino. La referencia es breve y no proporciona el número de hombres que participaron, bajas, nombres de jefes indígenas ni un parte detallado del combate, datos que por prudencia histórica no corresponde agregar sin documentación que los respalde.  El escenario, sin embargo, puede reconstruirse con bastante mayor precisión. El Alamito era el paraje donde se encontraba el Fuerte General San Martín, levantado en 1876 en el actual departamento de Malargüe. Fuentes mendocinas ubican aquel establecimiento al sur del río Atuel, próximo a la confluencia con el río Salado, y señalan que había sido creado como pieza defensiva y avanzada de la frontera meridional. Desde ese mismo fuerte había partido el 21 de abril de 1879 una de las columnas de la denominada Campaña del Desierto, comandada por Napoleón Uriburu, lo que demuestra la importancia estratégica que alcanzó el lugar en aquellos años.  Hay además un dato documental especialmente interesante sobre el protagonista del episodio. El Escalafón General de Oficiales de Línea del Ejército Argentino, conservado y digitalizado oficialmente, registra a Mariano Vega entre los oficiales de Caballería: había ingresado al Ejército el 23 de agosto de 1875 y, apenas ocho días después del episodio de El Alamito, el 9 de octubre de 1882, alcanzó el empleo de capitán. El mismo documento lo ubica posteriormente destinado en el Regimiento 5 de Caballería. La coincidencia cronológica resulta notable: cuando se produjo el enfrentamiento del 1 de octubre todavía era teniente primero; poco más de una semana después aparece fechado su ascenso. El combate ocurrió cuando la gran ofensiva de 1879 ya había terminado, pero las operaciones militares sobre las fronteras indígenas continuaban. El propio año 1882 registra numerosos movimientos, persecuciones y enfrentamientos en distintos puntos del territorio argentino, señal de que el control estatal de aquellas enormes extensiones todavía estaba en proceso de consolidación. La historia posterior de El Alamito revela además que aquel fuerte fue mucho más que una simple guarnición perdida entre montañas y desierto. Investigaciones académicas contemporáneas sobre Mendoza durante y después de las campañas militares señalan que el lugar también integró una red de espacios donde fueron concentrados indígenas capturados, muchos de los cuales luego fueron trasladados y distribuidos hacia diferentes puntos de la provincia.  Con el paso de los años la frontera desapareció, el territorio cambió profundamente y sobre aquella región comenzó a consolidarse la futura Malargüe. En 1886 se dispuso precisamente la fundación de la Villa de Malargüe tomando como referencia el antiguo Fuerte General San Martín o Fortín El Alamito.  Así, aquella escueta anotación del 1 de octubre de 1882 permite recuperar una escena de una Mendoza muy diferente: soldados de caballería, fortines aislados, enormes distancias sin caminos modernos y pueblos indígenas enfrentados al avance militar del Estado. En ese escenario apareció Mariano Vega, un oficial cuya existencia y trayectoria pueden comprobarse en los propios registros del Ejército y cuyo nombre quedó unido a un episodio ocurrido en uno de los puntos más remotos de la frontera mendocina hace 144 años. Fuente de origen: El Arcón de la Historia Argentina, Cronología, 1 de octubre de 1882; Escalafón General de Oficiales de Línea del Ejército Argentino, 1887, Ministerio de Guerra, registro de Mariano Vega, pág. 100; Universidad Nacional de Cuyo–Dirección General de Escuelas, Historia de General Alvear y Malargüe; Boletín Oficial de la Provincia de Mendoza, antecedentes históricos del Fuerte General San Martín–El Alamito; Biblioteca Nacional de Maestros, No estamos extinguidos: memorias, presencia y proyectos de los pueblos originarios de Cuyo; investigaciones académicas de Diego Escolar sobre indígenas capturados durante las campañas militares. #Mendoza #MendozaAntigua #HistoriaDeMendoza #Malargüe #ElAlamito #FuerteGeneralSanMartín #HistoriaArgentina #Efemérides #1DeOctubre #SigloXIX #FronteraSur #PueblosOriginarios #EjércitoArgentino #MemoriaHistórica #Historia #Argentina #MendozaHistory #ArgentineHistory #Malargue #ElAlamito #History #19thCentury #IndigenousHistory #ArgentinaHistory


1 DE OCTUBRE DE 1898 - EL DÍA EN QUE 51 COLONOS DESAFIARON AL GRANIZO: EN PIGÜÉ NACIÓ UNA DE LAS GRANDES SEMILLAS DEL COOPERATIVISMO ARGENTINO


En las llanuras del sudoeste bonaerense, donde una tormenta podía destruir en minutos el trabajo de todo un año, un grupo de agricultores decidió que la mejor defensa frente a la adversidad sería permanecer unido. El 1 de octubre de 1898, a las dos de la tarde, se reunió en Pigüé un grupo de colonos y productores para constituir “El Progreso Agrícola de Pigüé”, una sociedad cooperativa de seguros mutuos destinada inicialmente a proteger las cosechas contra la “piedra”, como entonces se denominaba habitualmente al granizo. El acontecimiento no es una simple tradición local: el acta fundacional fue reproducida años después en documentación oficial del Tercer Censo Nacional de 1914 y establece con precisión la fecha, la hora, los nombres de los participantes y el objetivo de aquella histórica reunión. Miguel E. Simon presentó el proyecto y los agricultores, reunidos bajo la presidencia de Clemente Cabanettes, debatieron y aprobaron sus estatutos.
 Detrás de la iniciativa había una necesidad muy concreta. Una intensa granizada durante la campaña de 1897-1898 había golpeado a los productores de la región y generado serios cuestionamientos sobre las indemnizaciones ofrecidas por compañías aseguradoras. Frente al riesgo de volver a perder sus cosechas, los agricultores resolvieron crear su propio sistema de protección: un fondo organizado y administrado por ellos mismos, destinado a responder cuando alguno sufriera un siniestro.La idea era sorprendentemente avanzada para aquella Argentina de fines del siglo XIX. El estatuto definía a la institución como una sociedad de seguro mutuo a prima fija contra el granizo sobre las cosechas en pie, formada “por y para los agricultores”: los propios productores aportaban el capital, vigilaban la administración, intervenían en los acuerdos de indemnización y podían repartirse los excedentes una vez atendidas las obligaciones de la entidad. Incluso se contemplaba que, cuando los recursos lo permitieran, pudieran ayudarse mediante préstamos entre cosechas. Buena parte de aquellos pioneros pertenecía a la comunidad francesa de Pigüé, vinculada a inmigrantes llegados desde Aveyron, y entre las figuras decisivas de la fundación aparecen Miguel Simon, Cipriano Alric y Clemente Cabanettes, este último también estrechamente relacionado con la creación de la colonia de Pigüé. La bibliografía especializada señala que fueron 51 colonos franceses quienes dieron base a aquella cooperativa. Su trascendencia terminaría superando ampliamente las fronteras de la localidad: CONINAGRO considera a El Progreso Agrícola, fundada en 1898, como la primera manifestación del cooperativismo en el medio rural argentino, mientras que la Confederación Cooperativa de la República Argentina la identifica como la primera entidad del cooperativismo de seguros del país.  El Archivo Histórico del Cooperativismo también la registra como la primera cooperativa argentina del ámbito rural y conserva testimonios gráficos extraordinarios de su actividad, entre ellos antiguos avisos convocando a sus agricultores a las asambleas generales. Más de un siglo después, aquella experiencia iniciada para defender unas cosechas amenazadas por el cielo dejó una continuidad histórica notable: la actual El Progreso Seguros S.A. reconoce oficialmente sus orígenes en Pigüé en 1898 y su raíz cooperativista.  Por eso, aquel 1 de octubre no nació solamente una institución aseguradora: nació una forma colectiva de enfrentarse a la incertidumbre. Donde un productor aislado podía perderlo todo, aquellos colonos entendieron que cincuenta manos podían sostener lo que una sola no podía salvar. Y así, frente al granizo, la desconfianza y la imprevisibilidad de la naturaleza, Pigüé escribió una página fundamental de la historia cooperativa argentina. Fuente de origen: Tercer Censo Nacional de la República Argentina de 1914, Tomo X, pág. 145 y siguientes, reproducción del acta constitutiva de “El Progreso Agrícola de Pigüé”; Archivo Histórico del Cooperativismo; Confederación Cooperativa de la República Argentina (COOPERAR); CONINAGRO; Ministerio de Desarrollo Agrario de la Provincia de Buenos Aires; historia institucional de El Progreso Seguros.  #Pigüé #HistoriaArgentina #Cooperativismo #ElProgresoAgrícola #BuenosAires #HistoriaRural #InmigraciónFrancesa #ColonosFranceses #Seguros #Granizo #Efemérides #ArgentinaAntigua #PatrimonioHistórico #Historia #Cooperativas #Agricultura #Pigue #ArgentineHistory #Cooperativism #FrenchImmigration #AgriculturalHistory #RuralHistory #Argentina #HistoricalArgentina 

EL INVENCIBLE DE CARTÓN ESTEVEN SEAGAL, DEL REY INDESTRUCTIBLE DEL VIDEOCLUB AL HOMBRE QUE TERMINÓ VIVIENDO DENTRO DE SU PROPIO MITO


La edad dorada del cine de acción convirtió los años ochenta y noventa en un gigantesco campo de batalla poblado por músculos imposibles, explosiones, frases demoledoras y héroes capaces de sobrevivir a cualquier cosa. Stallone tenía a Rambo y Rocky; Schwarzenegger parecía construido en una fábrica secreta de Terminators; Jean-Claude Van Damme convertía cada pelea en una exhibición de elasticidad y Chuck Norris ya comenzaba a transformarse en leyenda popular. Pero había uno que jugaba con reglas diferentes: Steven Seagal. Alto, silencioso, vestido casi siempre de negro, con una mirada pétrea y aquella inseparable cola de caballo, sus coreografías estaban construidas para que pareciera prácticamente intocable. No intercambiaba golpes: neutralizaba adversarios. No corría demasiado: esperaba. Y cuando alguien cometía el error de acercarse, aparecían las palancas, torsiones y derribos que transformaron su figura en una de las más reconocibles del cine de acción. Lo curioso es que detrás del personaje cinematográfico existía una base marcial auténtica. Seagal pasó años en Japón dedicado al aikido y, ya en 1986, Los Angeles Times lo presentaba como el primer occidental que había llegado a poseer y dirigir su propio dojo en Japón; antes de ser estrella cinematográfica, realmente enseñaba artes marciales.
 Hollywood detectó rápidamente el potencial. Después de una demostración de aikido organizada ante ejecutivos de Warner Bros., el prácticamente desconocido Seagal obtuvo un lanzamiento excepcional: Above the Law —conocida en muchos países como Nico— llegó a los cines en 1988 y recaudó unos 18,9 millones de dólares solamente en Estados Unidos. Después llegaron Hard to Kill, Marked for Death y Out for Justice, hasta que en 1992 apareció el gran golpe de su carrera: Under Siege —Alerta máxima—. La película recaudó aproximadamente 156,5 millones de dólares en todo el mundo y consiguió algo extraordinario para una producción protagonizada por Seagal: dos nominaciones al Oscar, por sonido y edición de efectos sonoros.  Por un momento parecía que Hollywood había encontrado al sucesor definitivo de los grandes héroes de acción. Pero mientras crecía el personaje también se expandía la leyenda personal. Seagal habló durante años de supuestas conexiones con la CIA y de trabajos realizados junto a miembros de inteligencia en Asia. El propio Los Angeles Times recogió esas afirmaciones antes incluso de su debut cinematográfico, aunque posteriormente el mismo periódico informó que fuentes familiarizadas con la CIA consideraban improbable la versión de que hubiese sido asesor de la agencia. Es decir: existe constancia de que Seagal contó aquellas historias, pero no documentación pública sólida que permita tratarlas como operaciones secretas comprobadas.  Y entonces comenzó una segunda película, mucho más extraña que cualquiera de sus guiones: la construcción del mito de Steven Seagal fuera de la pantalla. Una de las historias más famosas ocurrió alrededor de Jean-Claude Van Damme. Según contó Sylvester Stallone años después, durante una fiesta en su casa de Miami hacia 1996 o 1997, Van Damme se cansó de escuchar que Seagal aseguraba que podía derrotarlo y lo desafió a resolver la cuestión allí mismo. Stallone relató que Seagal abandonó la fiesta y que Van Damme volvió a buscarlo posteriormente en un club nocturno. La pelea jamás ocurrió, por lo que todo aquello pertenece al terreno de una anécdota narrada por Stallone, no al de un combate comprobable. Todavía más célebre es la historia del legendario judoca y especialista de Hollywood Gene LeBell. Durante décadas circuló la versión de que, en el rodaje de Out for Justice, Seagal afirmó que nadie podía dejarlo inconsciente mediante un estrangulamiento y LeBell aceptó el desafío, supuestamente reduciéndolo hasta hacerlo perder el conocimiento y el control intestinal. Aquí la realidad es mucho menos cinematográfica: LeBell insinuó públicamente que entre ambos había existido un altercado, pero nunca confirmó todos los detalles de la leyenda; Seagal negó tajantemente que hubiese sido estrangulado hasta quedar inconsciente y otro especialista que afirmó haber presenciado el episodio describió una confrontación diferente. Por lo tanto, la célebre historia de los pantalones debe contarse como una leyenda disputada de Hollywood, no como un hecho demostrado.  La caída comercial, en cambio, puede medirse. En 1994 Seagal dirigió y protagonizó On Deadly Ground, una superproducción de unos 50 millones de dólares que recaudó alrededor de 38,6 millones en Estados Unidos; hacia finales de aquella década, buena parte de su producción comenzaría a abandonar las grandes salas y a desplazarse hacia el mercado doméstico.  A las dificultades cinematográficas se sumaron controversias mucho más graves. Diversas mujeres realizaron durante años acusaciones de agresión o conducta sexual inapropiada contra el actor, denuncias que Seagal negó. En 2018 fiscales del condado de Los Ángeles descartaron presentar cargos en distintos casos debido, según el expediente correspondiente, a la prescripción de los hechos o a problemas de suficiencia probatoria; por eso esas acusaciones deben diferenciarse de una condena judicial, que no se produjo en esos expedientes.  También hubo problemas perfectamente documentados fuera del cine: en 2020 la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos, la SEC, anunció un acuerdo con Seagal por haber promocionado una oferta de criptomonedas sin revelar adecuadamente la compensación que recibiría. Sin admitir ni negar las conclusiones de la SEC, aceptó pagar 157.000 dólares correspondientes a beneficios obtenidos, intereses y otros 157.000 dólares de multa, además de abstenerse durante tres años de promocionar valores.  Y hasta su dimensión espiritual tuvo un capítulo extraordinario. No fue simplemente Seagal quien se proclamó reencarnación de un lama: en 1997 la revista budista Tricycle informó que Penor Rinpoche, entonces una de las principales autoridades de la tradición nyingma del budismo tibetano, lo había reconocido como tulku y vinculado con la figura de un maestro reencarnado. Es un dato importante porque cambia una de las versiones más repetidas de su biografía: la proclamación no surgió únicamente de una declaración del actor.  El último giro de esta historia parece escrito por un guionista decidido a superar cualquier película de los noventa. Vladímir Putin le concedió la ciudadanía rusa en 2016 y, desde 2018, Seagal ocupa un cargo honorífico como representante especial del Ministerio de Exteriores ruso para vínculos humanitarios; Reuters todavía lo describía ejerciendo ese papel en 2026, cuando participó en el Foro Económico Internacional de San Petersburgo. También recibió la Orden de la Amistad rusa, condecoración otorgada por decreto en 2023 y entregada posteriormente en una ceremonia oficial.  Así, el hombre que entró en Hollywood interpretando a policías, agentes secretos, comandos y guerreros prácticamente indestructibles terminó convirtiéndose en algo mucho más difícil de clasificar: actor de culto, maestro de aikido, músico, figura espiritual reconocida por una autoridad budista, protagonista de leyendas de rodaje, personaje recurrente de internet y representante cultural ruso. Quizás allí se encuentre la verdadera paradoja de Steven Seagal: su carrera comenzó porque Hollywood descubrió a un artista marcial capaz de interpretar convincentemente a un héroe imposible, pero con el tiempo resultó cada vez más difícil determinar dónde terminaba Casey Ryback, Nico Toscani o cualquiera de sus personajes… y dónde comenzaba Steven Seagal. El cine construyó al hombre invulnerable; las décadas siguientes demostraron que detrás de aquella mirada de acero había una historia mucho más extraña, contradictoria y fascinante que cualquiera de sus películas. Fuentes consultadas: Los Angeles Times, Academy of Motion Picture Arts and Sciences, Box Office Mojo, U.S. Securities and Exchange Commission, Tricycle, Reuters y registros periodísticos sobre la Fiscalía del Condado de Los Ángeles. #StevenSeagal #CineDeAccion #Hollywood #CineDeLos90 #AlertaMaxima #Nico #ArtesMarciales #Aikido #HistoriaDelCine #CuriosidadesDelCine #CineRetro #LeyendasDeHollywood #ActionMovies #StevenSeagal #UnderSiege #MartialArts #Aikido #HollywoodHistory #90sMovies #ActionCinema #MovieHistory #CultMovies

1 DE OCTUBRE DE 1902 - EL DÍA EN QUE UNA NUEVA LUZ DESAFIÓ AL FIN DEL MUNDO: EL FARO AÑO NUEVO ENCENDIÓ EL ATLÁNTICO SUR


En uno de los confines más remotos y difíciles para la navegación del Atlántico Sur, una luz comenzó a atravesar la oscuridad y la niebla: ese día fue encendido por primera vez el Faro Año Nuevo,  levantado por la Armada Argentina en la Isla Observatorio, perteneciente al archipiélago de Año Nuevo, inmediatamente al norte de la Isla de los Estados, en la actual provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur. Una precisión histórica resulta fundamental: el Faro Año Nuevo no era originalmente el célebre “Faro del Fin del Mundo”; vino a reemplazar al Faro de San Juan de Salvamento, inaugurado en 1884 en la Isla de los Estados y posteriormente inmortalizado con aquel nombre. Al comenzar a funcionar el nuevo faro en octubre de 1902, incluso se trasladó hasta allí el antiguo libro de guardia de San Juan de Salvamento, estableciendo una continuidad simbólica entre ambas luces australes. Argentina La historia del Faro Año Nuevo había comenzado algunos años antes. En el VII Congreso Internacional de Geografía celebrado en Berlín en 1899, la Real Sociedad Geográfica de Londres solicitó la colaboración del Gobierno argentino con el programa internacional de investigaciones antárticas. Argentina respondió impulsando en aquel remoto territorio austral un importante conjunto científico y marítimo: las obras comenzaron en 1901 e incluyeron el faro, instalaciones meteorológicas, un observatorio magnético, viviendas y depósitos. De ese modo, Isla Observatorio se transformó simultáneamente en puesto de ayuda a la navegación, centro de investigación científica y punto de apoyo para las expediciones que se aventuraban hacia las regiones polares. Argentina El emplazamiento no estaba sobre la Isla de los Estados propiamente dicha, como suele repetirse, sino en la Isla Observatorio, la mayor y más septentrional del archipiélago de Año Nuevo, situada aproximadamente en los 54°39′ de latitud sur y 64°08′ de longitud oeste. Desde allí, la nueva señal reemplazó al viejo faro de San Juan de Salvamento como referencia luminosa para los navegantes del Atlántico Sur. Argentina Aquel pequeño enclave adquirió además una sorprendente importancia dentro de la historia de la exploración polar: por sus instalaciones pasaron expediciones vinculadas con Jean-Baptiste Charcot y Otto Nordenskjöld, y también recaló la corbeta Uruguay durante las operaciones relacionadas con el rescate de la expedición antártica sueca. El observatorio y las restantes instalaciones científicas funcionaron hasta alrededor de 1917; después fueron desactivadas, mientras el faro permaneció como testimonio de aquella avanzada argentina en los mares australes. Argentina Más de un siglo después, esa torre continúa siendo uno de los grandes símbolos del patrimonio marítimo fueguino. En 1999 el Estado argentino declaró al Faro Año Nuevo Monumento Histórico Nacional mediante el Decreto 64/1999, reconociendo su importancia para la navegación, las ciencias geográficas, la exploración antártica y la presencia argentina en aquel remoto territorio. Infología Así, aquel 1 de octubre de 1902 no se encendió solamente una lámpara: comenzó a brillar una avanzada de ciencia, navegación y exploración en los confines del Atlántico Sur, una luz destinada a sobrevivir al aislamiento, los temporales y más de un siglo de historia. Fuente de origen: Comisión Nacional de Monumentos, de Lugares y de Bienes Históricos / Argentina.gob.ar; Ministerio de Defensa y Servicio de Hidrografía Naval; Decreto Nacional N.º 64/1999; Decreto N.º 929/2016 sobre la Reserva Natural Silvestre Isla de los Estados y Archipiélago de Año Nuevo.  #FaroAñoNuevo #IslaObservatorio #IslaDeLosEstados #TierraDelFuego #HistoriaArgentina #HistoriaMarítima #ArmadaArgentina #AtlánticoSur #ExploraciónAntártica #PatrimonioHistórico #FarosDeArgentina #Efemérides #Argentina #LighthouseHistory #MaritimeHistory #TierraDelFuego #SouthAtlantic #AntarcticExploration #ArgentineHistory #HistoricLighthouse

24 DE MARZO DE 1989 - EXXON VALDEZ: LA NOCHE EN QUE UNA CADENA DE ERRORES CONVIRTIÓ ALASKA EN UNA MAR NEGRA


El Exxon Valdez parecía representar la potencia de la industria petrolera estadounidense de finales del siglo XX: 301 metros de eslora, casco de acero, sofisticados equipos de navegación y capacidad para transportar más de un millón de barriles de crudo. Pero cuando ocurrió la tragedia ni siquiera era un barco viejo. Había sido construido por National Steel and Shipbuilding Company, en San Diego, y entregado a Exxon el 11 de diciembre de 1986; llevaba poco más de dos años navegando cuando su nombre quedó grabado para siempre en la historia de las catástrofes ambientales. Pertenecía a Exxon Shipping Company, vinculada entonces a Exxon Corporation: ExxonMobil todavía no existía, ya que la fusión entre Exxon y Mobil recién se concretaría en 1999.  La noche del 23 de marzo de 1989 el gigantesco petrolero zarpó de la terminal de Valdez, Alaska, rumbo a California transportando alrededor de 53 millones de galones de crudo de Prudhoe Bay. Un práctico condujo el buque durante la salida por las aguas próximas al puerto y después devolvió el mando al capitán Joseph Hazelwood. Más adelante, debido a la presencia de hielo procedente del glaciar Columbia, el barco abandonó temporalmente su corredor normal de navegación, una maniobra que exigía luego regresar con precisión a la ruta establecida. Hazelwood dejó el puente poco antes de esa fase crítica y quedó al mando de la navegación el tercer oficial Gregory Cousins, acompañado por el timonel Robert Kagan. El buque había utilizado el piloto automático y debía efectuar el giro de regreso en las proximidades de Busby Light, pero la maniobra comenzó demasiado tarde. Poco después de la medianoche del 24 de marzo el coloso terminó golpeando Bligh Reef, un bajo rocoso perfectamente cartografiado en Prince William Sound.  Durante décadas la historia popular quedó reducida a la imagen de “un capitán borracho que chocó un petrolero”, pero la investigación oficial fue bastante más compleja. La National Transportation Safety Board determinó como causas probables la incorrecta maniobra del tercer oficial, afectado por fatiga y una carga excesiva de trabajo; la falta de una guardia de navegación adecuada por parte del capitán, cuya actuación la NTSB relacionó con deterioro por alcohol; la responsabilidad de Exxon Shipping Company por no proporcionar un capitán apto y una tripulación suficientemente numerosa y descansada; además de deficiencias en el sistema de control de tráfico marítimo y en los servicios de practicaje. Es decir, la catástrofe no nació de un único error, sino de una cadena de decisiones humanas, organizativas y operativas que se acumularon hasta resultar irreversibles. El impacto fue brutal. Ocho de los once tanques de carga resultaron dañados y durante las primeras horas escaparon aproximadamente 10,9 millones de galones de petróleo, unos 41 millones de litros: cerca de una quinta parte de los 53 millones de galones transportados, y no la totalidad de la carga como muchas veces se ha contado. El crudo se extendió por una de las regiones naturales más espectaculares y sensibles de Alaska y terminó afectando más de 1.300 millas de costa. NOAA estima que murieron alrededor de 250.000 aves marinas, 2.800 nutrias marinas, 300 focas de puerto y 250 águilas calvas, además de enormes cantidades de huevos de salmón y arenque y otros organismos. La respuesta alcanzó dimensiones extraordinarias: en su punto máximo participaron más de 11.000 personas, unos 1.400 barcos y 85 aeronaves. Se utilizaron barreras, embarcaciones recolectoras, dispersantes, quema controlada, bioremediación y lavado de costas. Pero incluso la limpieza dejó lecciones dolorosas: NOAA comprobó posteriormente que el empleo de agua caliente a alta presión en algunas playas eliminó petróleo, pero también destruyó organismos intermareales y en ciertos sectores causó daños adicionales al ecosistema.  Y la cicatriz no desapareció simplemente con el paso de los años. Investigaciones posteriores localizaron petróleo enterrado bajo playas de grava décadas después del accidente. La situación actual es, sin embargo, más matizada de lo que suele afirmarse: numerosas especies y recursos ya son considerados recuperados, entre ellos águilas calvas, nutrias marinas, focas, salmones rosados y rojos, mejillones y varias especies de aves; pero el Exxon Valdez Oil Spill Trustee Council todavía clasifica al arenque del Pacífico, al mérgulo jaspeado, al arao pichón y a la población de orcas AT1 entre los recursos que “no se están recuperando”, mientras que sedimentos, comunidades intermareales y la manada de orcas AB continúan bajo la categoría de recuperación. El monitoreo del petróleo residual sigue activo en 2026.  La batalla judicial también fue enorme. En 1991 Exxon acordó un pago de 25 millones de dólares dentro del acuerdo penal, 100 millones en restitución penal y 900 millones en un acuerdo civil destinado a restauración y compensaciones. Hazelwood, por su parte, fue juzgado por varios cargos: el jurado lo absolvió de operar el buque bajo intoxicación y de las acusaciones más graves, pero lo declaró culpable de descarga negligente de petróleo. Recibió una condena suspendida, una multa de 1.000 dólares, 1.000 horas de trabajo comunitario relacionado con la restauración y una orden de restitución de 50.000 dólares. Por eso tampoco es correcto afirmar que judicialmente quedó demostrada su ebriedad como causa exclusiva de la tragedia: existió una diferencia importante entre las conclusiones técnicas de la NTSB y lo que pudo probarse en el juicio penal. Paradójicamente, el barco sobrevivió. Tras reparaciones de unos 30 millones de dólares volvió a navegar en 1990 con otro nombre: Exxon Mediterranean. La Oil Pollution Act de 1990 terminó prohibiendo específicamente que buques responsables de derrames superiores a un millón de galones regresaran a Prince William Sound y aceleró el abandono de los petroleros monocasco en aguas estadounidenses. Más tarde el antiguo Exxon Valdez pasó a llamarse SeaRiver Mediterranean, S/R Mediterranean y Mediterranean. En 2008 fue vendido a Hong Kong Bloom Shipping, rebautizado Dong Fang Ocean, registrado en Panamá y transformado en granelero. Después sería llamado Oriental Nicety hasta que finalmente, en agosto de 2012, fue varado en Alang, India, para su desguace. El acero desapareció; el nombre, no.   Y todavía quedaba un extraño epílogo en la cultura popular. En Waterworld, la superproducción protagonizada por Kevin Costner en 1995, la fortaleza flotante de los “Smokers” liderados por Deacon lleva precisamente el nombre Exxon Valdez. Dentro del barco aparece incluso un retrato de Joseph Hazelwood convertido irónicamente en “Saint Joe”. El crítico Roger Ebert ya destacó aquella referencia al reseñar la película en su estreno. El auténtico Exxon Valdez, mientras tanto, seguía navegando bajo otro nombre. Fuente de origen y verificación histórica: National Transportation Safety Board, Marine Accident Report NTSB/MAR-90/04; National Oceanic and Atmospheric Administration — NOAA, Office of Response and Restoration y NOAA Fisheries; Exxon Valdez Oil Spill Trustee Council, Estado de Alaska; U.S. Coast Guard; documentación histórica de ExxonMobil; registros judiciales y cobertura contemporánea de UPI y Los Angeles Times; referencia cinematográfica de Waterworld, 1995.  #ExxonValdez #Alaska #DesastreAmbiental #DerrameDePetroleo #HistoriaMaritima #PrinceWilliamSound #Historia #MedioAmbiente #Petroleo #CatastrofeAmbiental #OilSpill #ExxonValdezDisaster #AlaskaHistory #MaritimeHistory #EnvironmentalDisaster #PrinceWilliamSound #OilPollution #EnvironmentalHistory

01 DE OCTUBRE DE 1914 — AMALIA FIGUEREDO DESAFIÓ LOS CIELOS Y ABRIÓ PARA SIEMPRE LAS PUERTAS DE LA AVIACIÓN A LAS MUJERES DE SUDAMÉRICA


El 1 de octubre de 1914, cuando volar todavía era una aventura reservada a unos pocos audaces y los aeroplanos de madera, tela y cables apenas comenzaban a conquistar los cielos, una joven argentina de 19 años escribió una página extraordinaria de la historia aeronáutica: Amalia Celia Figueredo obtuvo el brevet internacional de Piloto Aviador Nº 58 expedido por el Aero Club Argentino, convirtiéndose en la primera mujer aviadora de la Argentina y, de acuerdo con documentación histórica del ámbito cultural argentino, también de Sudamérica.  Había nacido en Rosario el 18 de febrero de 1895 y siendo muy joven se trasladó con su familia a Buenos Aires. Su destino cambiaría al vivir cerca del aeródromo de Villa Lugano, uno de los grandes escenarios de la naciente aviación nacional. Allí conoció al constructor y piloto francés Paul Castaibert y también a Jorge Newbery, quien la alentó a acercarse al mundo del vuelo. Comenzó su aprendizaje con un monoplano Castaibert-Anzani de 25 HP y posteriormente continuó su preparación en San Fernando, donde se entrenó con un biplano Farman equipado con motor Gnome de 50 HP.  Su camino estuvo lejos de ser sencillo: el 6 de septiembre de 1914 intentó rendir el examen y sufrió un accidente del que salió sin lesiones graves. Menos de un mes después regresó decidida a intentarlo nuevamente. Aquella madrugada del 1 de octubre, ante examinadores del Aero Club Argentino, realizó las exigentes series de “ochos”, maniobras de precisión, ascensos y un descenso planeado con el motor detenido hasta aterrizar en el sector indicado. Esta vez la prueba fue superada y el cielo argentino acababa de ganar una pionera.  Su hazaña adquiere todavía mayor dimensión si recordamos que la francesa Raymonde de Laroche había recibido en 1910 el primer brevet de piloto concedido a una mujer en el mundo: apenas cuatro años después, una argentina comenzaba a ocupar su propio lugar entre las grandes precursoras internacionales.  Figueredo continuó realizando exhibiciones aéreas y en 1915 voló hacia su Rosario natal, despertando admiración en una sociedad donde incluso conducir un automóvil todavía era algo excepcional para una mujer. Con el paso de las décadas, su trayectoria recibió reconocimientos oficiales: en 1964 fue distinguida como Aviador Militar Honoris Causa y, el 21 de enero de 1970, la Ley Nacional 18.559 la incluyó expresamente entre los “Precursores de la Aeronáutica Argentina”, registrando su brevet Nº 58 y la histórica fecha del 1º de octubre de 1914.  Falleció en Buenos Aires el 8 de octubre de 1985, a los 90 años, pero aquel vuelo de 1914 ya había hecho imposible borrarla de la historia: Amalia Celia Figueredo no solamente aprendió a dominar una de aquellas frágiles máquinas voladoras; demostró que el cielo tampoco tenía género y abrió una ruta que incontables aviadoras recorrerían después.  FUENTES DE ORIGEN Y VERIFICACIÓN: Ley Nacional 18.559, “Precursor de la Aeronáutica Argentina”, Argentina.gob.ar / InfoLEG; Centro Cultural y Museo “Jorge Newbery”, boletín histórico Newberianos, Cultura.gob.ar; Smithsonian Education, “Amalia Celia Figueredo de Pietra, Argentina”. Nota documental: algunas fuentes oficiales registran su nombre como “Amelia”, mientras que Smithsonian y publicaciones históricas del ámbito cultural argentino utilizan “Amalia”.  #AmaliaFigueredo #AviaciónArgentina #HistoriaArgentina #Pioneras #MujeresAviadoras #HistoriaDeLaAviación #AeroClubArgentino #Efemérides #UnDíaComoHoy #MujeresQueHicieronHistoria #ArgentineAviation #WomenInAviation #AviationHistory #FemalePilots #AviationPioneer #WomenWhoMadeHistory #ArgentinaHistory #EarlyAviation

EL PADRINO QUE SERGIO LEONE RECHAZÓ Y LA OBRA MAESTRA QUE HOLLYWOOD DESTROZÓ: LA INCREÍBLE HISTORIA DE ÉRASE UNA VEZ EN AMÉRICA


El 19 de mayo de 1984, el Festival de Cannes fue escenario de uno de esos acontecimientos que terminan convertidos en leyenda cinematográfica. Fuera de competencia se proyectó Once Upon a Time in America —Érase una vez en América—, la monumental obra con la que Sergio Leone cerraría su carrera como director. Robert De Niro, James Woods, Elizabeth McGovern, Tuesday Weld, Joe Pesci y una jovencísima Jennifer Connelly formaban parte de una historia de amistad, ambición, violencia, amor, memoria y traición que atravesaba varias décadas de la vida de un grupo de jóvenes del Lower East Side de Nueva York. La versión presentada en Cannes duraba cerca de tres horas y cincuenta minutos y conservaba la estructura concebida por Leone: un gigantesco rompecabezas narrativo que viajaba entre pasado y presente siguiendo los recuerdos de David “Noodles” Aaronson.  Pero para comprender el nacimiento de aquella película hay que retroceder muchos años. Después de revolucionar el western con Por un puñado de dólares, Por unos dólares más y El bueno, el feo y el malo, Leone quedó fascinado por The Hoods, el libro publicado en 1952 por Harry Grey sobre el mundo criminal neoyorquino. El proyecto terminaría obsesionándolo durante años hasta convertirse en la película más ambiciosa de su carrera. AFI documenta que Leone comenzó a imaginar una adaptación después de terminar El bueno, el malo y el feo, mucho antes de que pudiera finalmente llevarla ante las cámaras. Y aquí aparece uno de los cruces más fascinantes de la historia del cine: El Padrino. El propio Leone declaró en una entrevista realizada en Cannes en 1984 que Mario Puzo había llegado hasta él antes de que Francis Ford Coppola dirigiera la célebre película de 1972 y que rechazó el proyecto. Décadas después, la historia sigue siendo recordada como una de las grandes bifurcaciones posibles de Hollywood: Leone pudo haber dirigido The Godfather, pero finalmente Coppola convirtió la novela de Puzo en una de las películas fundamentales del siglo XX.  Leone tomó otro camino. Su película no sería simplemente “otro Padrino”. Érase una vez en América transformaría el género de gánsteres en una amarga reflexión sobre el paso del tiempo. Noodles y Max, interpretados en su etapa adulta por Robert De Niro y James Woods, comienzan como muchachos de un barrio pobre y avanzan hacia el crimen organizado durante los años de la Prohibición. Pero Leone rompe continuamente la cronología: los recuerdos aparecen, desaparecen y regresan como fragmentos de una vida que su protagonista intenta reconstruir. El director necesitó años de preparación y un enorme despliegue internacional para levantar aquel universo de calles, estaciones, bares, automóviles, hoteles y barrios de otra época. La fotografía de Tonino Delli Colli y la música de Ennio Morricone terminaron siendo piezas inseparables de esa atmósfera.  Morricone, amigo y antiguo compañero de escuela de Leone, compuso una de las bandas sonoras más recordadas de su carrera. Sin embargo, la partitura quedó fuera de la competencia por el Oscar: el catálogo del American Film Institute señala que la música no fue formalmente presentada para consideración de la Academia.  Cuando llegó el momento del montaje comenzó el verdadero drama detrás de cámaras. Leone imaginaba una obra de más de cuatro horas y llegó a trabajar con una versión ideal cercana a las cuatro horas y veinticinco minutos. Él mismo realizó importantes sacrificios hasta obtener la versión europea de aproximadamente tres horas y cuarenta y nueve minutos exhibida en Cannes.  Para el mercado estadounidense, sin embargo, ocurrió algo radical: la película fue reducida a aproximadamente dos horas y veinte minutos y, todavía más grave para su concepción narrativa, los saltos temporales fueron reorganizados en orden cronológico. AFI documenta que Leone se opuso públicamente a esa decisión y describió aquel montaje estadounidense como irreconocible e incomprensible; el instituto registra además distintos metrajes de aquella edición comercial, entre 135 y 147 minutos.La alteración había cambiado precisamente aquello que constituía el corazón de la obra: el tiempo, los recuerdos y la incertidumbre. La versión estadounidense llegó a los cines el 1 de junio de 1984 y terminó siendo un fracaso comercial; AFI señala una recaudación aproximada de 5,3 millones de dólares tras su estreno.  El contraste resultó extraordinario: mientras la versión extensa comenzaba a ser defendida como una obra cinematográfica de enorme ambición, millones de espectadores estadounidenses habían recibido una película profundamente recortada y estructuralmente diferente. Esa batalla por el montaje es justamente uno de los núcleos de la historia transmitida durante décadas alrededor del film. Atrapado por Markdown Sergio Leone murió el 30 de abril de 1989 sin volver a dirigir otra película. Sin embargo, la historia de Érase una vez en América todavía guardaba un último capítulo. En 2012, casi tres décadas después de aquel estreno, el Festival de Cannes volvió a recibirla dentro de Cannes Classics mediante una restauración impulsada por The Film Foundation, presidida por Martin Scorsese, y realizada por la Cineteca di Bologna junto con L’Immagine Ritrovata, Andrea Leone Films y Regency Enterprises. El proyecto recuperó alrededor de 25 minutos de material adicional y reconstruyó una versión de más de cuatro horas, intentando aproximarse todavía más al montaje que Leone había imaginado.Así, la película que Hollywood había reducido y reorganizado terminó regresando, décadas después, a Cannes para recuperar una parte de aquello que el tiempo le había quitado. Hay una ironía extraordinaria en toda la historia: Sergio Leone pudo dirigir El Padrino y lo rechazó; Francis Ford Coppola convirtió aquella oportunidad en una leyenda. Leone, en cambio, dedicó buena parte de su vida a levantar su propia visión del crimen y del sueño americano. El resultado fue Érase una vez en América, una película donde los gánsteres envejecen, los amigos se traicionan, los amores desaparecen y hasta los recuerdos pueden mentir. No fue simplemente la respuesta de Leone a El Padrino: fue su despedida del cine y una reflexión gigantesca sobre algo mucho más poderoso que cualquier mafia: el tiempo. #ÉraseUnaVezEnAmérica #OnceUponATimeInAmerica #SergioLeone #RobertDeNiro #JamesWoods #EnnioMorricone #HistoriaDelCine #CineClásico #ElPadrino #TheGodfather #FrancisFordCoppola #Cannes #CineItaliano #Gangsters #Hollywood #CinemaHistory #ClassicCinema #FilmHistory #ItalianCinema #MovieLegends #GangsterMovies #CannesFilmFestival #CinemaMasterpiece Fuente de origen: Festival de Cannes — archivos de Once Upon a Time in America y Cannes Classics 2012; American Film Institute, AFI Catalog; Cineteca di Bologna; Los Angeles Times, entrevistas y archivo histórico sobre Sergio Leone y El Padrino. 

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