jueves, 1 de octubre de 2026

CUANDO LA RIQUEZA TENÍA CUERNOS: HACENDADOS, VAQUERÍAS Y EL GANADO QUE FORJÓ EL PODER EN EL RÍO DE LA PLATA


Durante buena parte de la época colonial y los primeros años del siglo XIX, en el Río de la Plata la riqueza podía literalmente caminar sobre cuatro patas. En Buenos Aires, el Litoral y la Banda Oriental, la palabra “hacienda” adquirió una fuerte asociación con el ganado —especialmente el vacuno— y ser propietario de animales, marcas, derechos de captura o grandes rodeos podía representar un capital extraordinario. Pero aquel mundo era bastante más complejo que la imagen tradicional del gran estanciero dueño absoluto de enormes campos. Desde comienzos del siglo XVII existieron los llamados “accioneros” o poseedores de “acciones sobre el ganado”: vecinos reconocidos por las autoridades con derecho a organizar vaquerías, capturar ganado cimarrón y, en determinados casos, reunir animales para poblar o repoblar estancias. Es decir, durante una etapa temprana el derecho sobre el ganado y el dominio de la tierra podían ser cuestiones relacionadas, pero no necesariamente idénticas.  En aquellas llanuras inmensas, los descendientes del ganado introducido por los europeos encontraron condiciones extraordinarias para multiplicarse. Las vaquerías se internaban en la campaña para reunir o sacrificar animales, obteniendo sobre todo cueros, mientras que los rodeos domésticos fueron ganando importancia a medida que disminuían los grandes conjuntos de ganado cimarrón. Con el tiempo, aquella economía basada en animales dispersos y derechos de captura fue dando paso a explotaciones más estables. Las estancias se especializaron principalmente en ganadería, aunque la investigación histórica actual advierte algo fundamental: el campo bonaerense del siglo XVIII no fue un territorio exclusivamente ganadero ni estuvo compuesto únicamente por enormes latifundios. Existieron establecimientos de muy diferentes dimensiones, junto con chacras, quintas y unidades mixtas donde se criaban animales y también se cultivaban trigo, hortalizas, forrajes y frutales.  De allí nacieron términos que muchas veces aparecen mezclados en los documentos: estanciero, criador, ganadero y hacendado. No siempre significaban exactamente lo mismo ni definían una categoría social rígida; su utilización dependía del lugar y del momento histórico. Sin embargo, hacia comienzos del siglo XIX “hacendado” comenzó a quedar fuertemente asociado con los productores rurales de mayor patrimonio, capaces de reunir tierras, animales y capital. Esa riqueza contrastaba con la situación de numerosos labradores. Manuel Belgrano conocía perfectamente aquel desequilibrio. Ya en su Memoria del Consulado de 1796 había colocado a la agricultura en el centro de su programa económico y afirmaba que “todo depende y resulta del cultivo de las tierras”. Años después, desde el Correo de Comercio, iniciado en 1810, volvió sobre la situación de los agricultores, reclamó mejoras de caminos, puentes y riego, impulsó mejores métodos de cultivo y llegó a señalar la falta de acceso a la propiedad de la tierra como uno de los grandes problemas de los labradores.  La ganadería, mientras tanto, tenía una ventaja decisiva: podía desarrollarse sobre enormes superficies con una demanda de trabajo relativamente menor y generaba productos capaces de insertarse en circuitos comerciales que iban mucho más allá de Buenos Aires. La carne abastecía a las ciudades; los cueros encontraban compradores en el comercio atlántico; el sebo servía para fabricar velas y jabón y, con la expansión de los saladeros durante el siglo XIX, el tasajo se transformó también en un producto de exportación. La economía ganadera bonaerense terminó creciendo al ritmo de la apertura comercial, la ampliación de la frontera y la incorporación de nuevas tierras, proceso que también implicó el avance de las estancias sobre territorios ocupados por pueblos indígenas.  Por eso aquellas antiguas palabras guardan mucho más de lo que parece. “Hacienda” no era simplemente una finca; podía representar animales, capital, prestigio y poder. Una marca grabada sobre el cuero identificaba propiedad, una vaquería podía significar una pequeña fortuna y detrás de cada estancia coexistían patrones, mayordomos, peones, esclavizados, agregados, pequeños productores y familias rurales. Antes de que la Argentina fuese conocida mundialmente por sus carnes y sus pampas, allí ya se estaba formando una estructura económica y social que marcaría durante generaciones la historia del país. Las extraordinarias escenas dejadas por viajeros y artistas permiten imaginar aquel universo: Emeric Essex Vidal retrató hacia 1817-1820 el trabajo con el ganado y las estancias rioplatenses, mientras que César Hipólito Bacle inmortalizó en 1834 “La hierra”, una espectacular escena de marcación donde caballos, peones, reses y corrales condensan visualmente todo aquel mundo rural. F
uente: nota de Clarín/Viva. Actualización histórica se contrastó además con trabajos de Mundo Agrario–Universidad Nacional de La Plata; Magallánica, Revista de Historia Moderna de la Universidad Nacional de Mar del Plata; documentos oficiales sobre los escritos económicos de Manuel Belgrano publicados por Argentina.gob.ar; y materiales históricos de la Dirección General de Cultura y Educación de la Provincia de Buenos Aires.#HistoriaArgentina #HistoriaDelRíoDeLaPlata #Hacendados #Estancias #Ganadería #Vaquerías #BuenosAiresColonial #ManuelBelgrano #HistoriaRural #GanadoCriollo #ArgentineHistory #RiverPlateHistory #RanchingHistory #CattleHistory #ColonialHistory

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