¿Te imaginás un verano sin jugar con bombitas de agua, sin pomos de espuma y sin corsos en el barrio? Un 22 de febrero de 1844, las calles de Buenos Aires se quedaron en absoluto silencio. El todopoderoso gobernador Juan Manuel de Rosas firmó un decreto fulminante: quedaba totalmente abolido y prohibido el tradicional juego de Carnaval.
📜 ¿Por qué le declaró la guerra a la alegría?: Una batalla campal: En aquella época, el carnaval no era un desfile organizado. Era un caos total donde los vecinos se arrojaban baldes de agua desde las azoteas, huevos de ñandú vaciados y rellenados con agua perfumada (y muchas veces con agua sucia), e incluso se arrojaban objetos contundentes. Control y castigo: Para el gobierno rosista, que pregonaba el orden estricto, esta festividad era sinónimo de descontrol, inmoralidad y un peligro para la seguridad pública. Las penas por desobedecer el decreto eran durísimas: iban desde multas económicas y días de prisión, hasta castigos físicos para los sectores más vulnerables.
🥁 El triunfo de la cultura popular: La prohibición de Rosas silenció los tambores durante ocho años, hasta su caída en la Batalla de Caseros en 1852. A partir de allí, el festejo regresó a las calles, pero comenzó a organizarse de una forma más civilizada, dando origen con las décadas a los corsos, las comparsas y los disfraces. Como un hermoso testimonio de que la alegría siempre vuelve, en la fotografía histórica que acompaña esta nota podemos ver a la pintoresca Murga del carnaval de Junín en el año 1916, posando con sus instrumentos y disfraces para celebrar la fiesta popular más grande de todas. Un pueblo que no pierde su capacidad de reír y celebrar, es un pueblo vivo. #CarnavalArgentino #HistoriaArgentina #JuanManuelDeRosas #Efemérides #Murga #22DeFebrero #BuenosAiresAntiguo #CulturaPopular #mendozantigua
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