El 10 de agosto de 1814, a las 3:30 de la tarde, nacía en una casa de la Töngesgasse de Fráncfort del Meno un niño llamado Heinrich Nestle, undécimo de catorce hermanos. Nadie podía imaginar que aquel hijo de una familia vinculada al comercio del vidrio terminaría dando su apellido a una de las marcas más reconocibles del planeta. Su propia infancia ofrece un dato estremecedor: de los catorce hijos de su madre, siete murieron antes de alcanzar la edad adulta. Sin embargo, la biografía histórica de Nestlé advierte contra una leyenda repetida durante años: no existen pruebas de que aquellas muertes familiares fueran la causa directa que décadas después lo llevó a estudiar la alimentación infantil. Después de formarse como aprendiz de farmacia en Fráncfort, Heinrich terminó instalándose en la Suiza francófona y adaptó su nombre al francés: Henri Nestlé. En 1839 rindió en Lausana el examen que lo habilitó como ayudante de farmacéutico; obtuvo una buena calificación en química y quedó autorizado para efectuar experimentos, preparar recetas y vender medicamentos. Entre 1839 y 1843 trabajó en la Pharmacie Centrale de Vevey, ciudad a orillas del lago Lemán que terminaría siendo inseparable de su historia. En 1843 se lanzó por cuenta propia. Mucho antes de fabricar alimentos para niños, aquel inquieto experimentador produjo una extraordinaria variedad de cosas: aceites de colza y nuez, vinagre, licores, ron, absenta, fertilizante de harina de huesos, agua mineral, limonada, combustibles para iluminación e incluso cemento. No fue el típico fundador que acertó con su primer producto: pasó más de veinte años buscando una actividad capaz de sostenerse comercialmente. El 23 de mayo de 1860 se casó en Fráncfort con Anna Clémentine Therese Ehemant, diecinueve años menor. Clémentine tendría un papel importante en el posterior negocio de alimentos infantiles y, según los archivos de la compañía, colaboró activamente en su expansión. El gran giro llegó cuando Nestlé ya superaba los 50 años. En la Europa industrial del siglo XIX, alimentar de manera segura a un bebé que no podía ser amamantado podía convertirse en una cuestión de vida o muerte. La urbanización había complicado todavía más el problema: investigaciones históricas muestran que la leche de vaca transportada hacia las ciudades podía contaminarse con bacterias o ser adulterada, mientras que los niños no amamantados sufrían riesgos de mortalidad notablemente mayores. Fue en ese contexto cuando Nestlé comenzó a experimentar con leche de vaca, harina de trigo y azúcar, estudiando además la composición de la leche humana y buscando que el cereal resultara más digerible. En 1867 lanzó en Vevey la “Farine Lactée Henri Nestlé”, destinada especialmente a niños que no podían ser alimentados con leche materna. Aquí conviene corregir una versión muy difundida: Henri Nestlé no inventó la leche en polvo ni fue el creador absoluto del sustituto de la leche materna. Su gran innovación consistió en desarrollar y convertir en un producto industrial práctico uno de los primeros alimentos infantiles comerciales a base de leche, siguiendo una línea de investigación en la que también había sido fundamental el químico alemán Justus von Liebig. El Smithsonian describe la Farine Lactée precisamente como uno de los primeros productos comerciales de alimentación láctea infantil. Tampoco Nestlé defendía que su producto reemplazara indiscriminadamente la lactancia: en folletos enviados a médicos y farmacéuticos afirmaba que amamantar debía seguir siendo la opción natural, reservando su preparado para los casos en que fuese necesario. Una historia difundida desde aquellos primeros años relata que el preparado fue suministrado a un bebé extremadamente débil cuya supervivencia parecía improbable y que el pequeño mejoró rápidamente. El episodio hizo correr la voz entre médicos, madres, parteras y nodrizas del área del lago Lemán. Más allá de la dimensión legendaria que posteriormente adquirió aquel caso, lo comprobable es el impresionante crecimiento comercial: Nestlé pasó de vender aproximadamente 8.600 envases en 1868 a 670.000 en 1874, y en 1875 superó el millón anual. En apenas siete años había comercializado alrededor de 1,6 millones de envases, y para 1874 existían redes o agentes de distribución en más de 18 países. Henri comprendió además algo extraordinariamente moderno: un buen producto necesitaba una imagen imposible de olvidar. Su apellido, Nestle, estaba relacionado en dialecto suabo con la idea de un pequeño nido. Tomó el antiguo escudo familiar y lo transformó en la escena de una madre pájaro alimentando a sus crías. Hacia 1868 aquel nido ya funcionaba como marca comercial y, con modificaciones, sobrevivió más de un siglo y medio. Otra aclaración interesante: la conocida leche NIDO no nació directamente con Henri Nestlé. Esa marca apareció muchas décadas después; en 2014 la propia compañía señalaba que Nido llevaba alrededor de 70 años en el mercado, es decir, desde aproximadamente la década de 1940. El histórico nido de Henri inspiró la identidad corporativa de Nestlé, pero no debe confundirse con el nacimiento posterior de esa marca de leche en polvo. En 1875, cuando tenía 60 años, Henri decidió retirarse y vendió fábrica, negocio, marca y derechos por la extraordinaria cifra de un millón de francos suizos a Pierre-Samuel Roussy, Jules Monnerat y Gustave Marquis. El contrato encerraba un detalle insólito: entregó también comercialmente su propio nombre, su firma y el emblema del nido. Desde entonces, para evitar confusiones con la empresa que acababa de vender, tuvo que firmar “Nestlé-Ehmant”. Lejos de desaparecer, pasó sus últimos años entre Glion y Montreux, ayudando con préstamos a personas de la zona y respaldando mejoras de infraestructura local. Murió en su casa de Glion el 7 de julio de 1890, después de una breve enfermedad. Su empresa siguió creciendo y en 1905 se fusionó con Anglo-Swiss Condensed Milk Company, dando origen a Nestlé & Anglo-Swiss Milk Company. La historia que comenzó aquel 10 de agosto de 1814 resulta todavía más fascinante cuando se separa el mito de los hechos: Henri Nestlé no “inventó la leche en polvo” ni puede atribuirse a un solo producto la caída de la mortalidad infantil europea. Lo que sí hizo fue identificar uno de los grandes problemas sanitarios de su tiempo, aplicar química, industria y comercialización para ofrecer una alternativa destinada a niños que no podían ser amamantados y construir alrededor de ella una marca reconocible en varios continentes. De una botica, un pequeño laboratorio y un dibujo familiar nació un nombre que acabaría recorriendo el mundo. #HenriNestlé #Nestlé #10DeAgosto #Efemérides #Historia #HistoriaDeLaCiencia #HistoriaDeLaMedicina #NutriciónInfantil #RevoluciónIndustrial #Suiza #Frankfurt #Vevey #Inventores #Emprendedores #CuriosidadesHistóricas #MendozAntigua #HenriNestle #NestleHistory #OnThisDay #History #HistoryOfScience #MedicalHistory #InfantNutrition #IndustrialRevolution #SwissHistory #Innovation #HistoricalFacts
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lunes, 10 de agosto de 2020
10 DE AGOSTO DE 1814: NACIÓ EL HOMBRE DEL NIDO — HENRI NESTLÉ, EL FARMACÉUTICO QUE ENFRENTÓ LA MORTALIDAD INFANTIL Y CONVIRTIÓ UNA FÓRMULA EN UNA MARCA MUNDIAL
El 10 de agosto de 1814, a las 3:30 de la tarde, nacía en una casa de la Töngesgasse de Fráncfort del Meno un niño llamado Heinrich Nestle, undécimo de catorce hermanos. Nadie podía imaginar que aquel hijo de una familia vinculada al comercio del vidrio terminaría dando su apellido a una de las marcas más reconocibles del planeta. Su propia infancia ofrece un dato estremecedor: de los catorce hijos de su madre, siete murieron antes de alcanzar la edad adulta. Sin embargo, la biografía histórica de Nestlé advierte contra una leyenda repetida durante años: no existen pruebas de que aquellas muertes familiares fueran la causa directa que décadas después lo llevó a estudiar la alimentación infantil. Después de formarse como aprendiz de farmacia en Fráncfort, Heinrich terminó instalándose en la Suiza francófona y adaptó su nombre al francés: Henri Nestlé. En 1839 rindió en Lausana el examen que lo habilitó como ayudante de farmacéutico; obtuvo una buena calificación en química y quedó autorizado para efectuar experimentos, preparar recetas y vender medicamentos. Entre 1839 y 1843 trabajó en la Pharmacie Centrale de Vevey, ciudad a orillas del lago Lemán que terminaría siendo inseparable de su historia. En 1843 se lanzó por cuenta propia. Mucho antes de fabricar alimentos para niños, aquel inquieto experimentador produjo una extraordinaria variedad de cosas: aceites de colza y nuez, vinagre, licores, ron, absenta, fertilizante de harina de huesos, agua mineral, limonada, combustibles para iluminación e incluso cemento. No fue el típico fundador que acertó con su primer producto: pasó más de veinte años buscando una actividad capaz de sostenerse comercialmente. El 23 de mayo de 1860 se casó en Fráncfort con Anna Clémentine Therese Ehemant, diecinueve años menor. Clémentine tendría un papel importante en el posterior negocio de alimentos infantiles y, según los archivos de la compañía, colaboró activamente en su expansión. El gran giro llegó cuando Nestlé ya superaba los 50 años. En la Europa industrial del siglo XIX, alimentar de manera segura a un bebé que no podía ser amamantado podía convertirse en una cuestión de vida o muerte. La urbanización había complicado todavía más el problema: investigaciones históricas muestran que la leche de vaca transportada hacia las ciudades podía contaminarse con bacterias o ser adulterada, mientras que los niños no amamantados sufrían riesgos de mortalidad notablemente mayores. Fue en ese contexto cuando Nestlé comenzó a experimentar con leche de vaca, harina de trigo y azúcar, estudiando además la composición de la leche humana y buscando que el cereal resultara más digerible. En 1867 lanzó en Vevey la “Farine Lactée Henri Nestlé”, destinada especialmente a niños que no podían ser alimentados con leche materna. Aquí conviene corregir una versión muy difundida: Henri Nestlé no inventó la leche en polvo ni fue el creador absoluto del sustituto de la leche materna. Su gran innovación consistió en desarrollar y convertir en un producto industrial práctico uno de los primeros alimentos infantiles comerciales a base de leche, siguiendo una línea de investigación en la que también había sido fundamental el químico alemán Justus von Liebig. El Smithsonian describe la Farine Lactée precisamente como uno de los primeros productos comerciales de alimentación láctea infantil. Tampoco Nestlé defendía que su producto reemplazara indiscriminadamente la lactancia: en folletos enviados a médicos y farmacéuticos afirmaba que amamantar debía seguir siendo la opción natural, reservando su preparado para los casos en que fuese necesario. Una historia difundida desde aquellos primeros años relata que el preparado fue suministrado a un bebé extremadamente débil cuya supervivencia parecía improbable y que el pequeño mejoró rápidamente. El episodio hizo correr la voz entre médicos, madres, parteras y nodrizas del área del lago Lemán. Más allá de la dimensión legendaria que posteriormente adquirió aquel caso, lo comprobable es el impresionante crecimiento comercial: Nestlé pasó de vender aproximadamente 8.600 envases en 1868 a 670.000 en 1874, y en 1875 superó el millón anual. En apenas siete años había comercializado alrededor de 1,6 millones de envases, y para 1874 existían redes o agentes de distribución en más de 18 países. Henri comprendió además algo extraordinariamente moderno: un buen producto necesitaba una imagen imposible de olvidar. Su apellido, Nestle, estaba relacionado en dialecto suabo con la idea de un pequeño nido. Tomó el antiguo escudo familiar y lo transformó en la escena de una madre pájaro alimentando a sus crías. Hacia 1868 aquel nido ya funcionaba como marca comercial y, con modificaciones, sobrevivió más de un siglo y medio. Otra aclaración interesante: la conocida leche NIDO no nació directamente con Henri Nestlé. Esa marca apareció muchas décadas después; en 2014 la propia compañía señalaba que Nido llevaba alrededor de 70 años en el mercado, es decir, desde aproximadamente la década de 1940. El histórico nido de Henri inspiró la identidad corporativa de Nestlé, pero no debe confundirse con el nacimiento posterior de esa marca de leche en polvo. En 1875, cuando tenía 60 años, Henri decidió retirarse y vendió fábrica, negocio, marca y derechos por la extraordinaria cifra de un millón de francos suizos a Pierre-Samuel Roussy, Jules Monnerat y Gustave Marquis. El contrato encerraba un detalle insólito: entregó también comercialmente su propio nombre, su firma y el emblema del nido. Desde entonces, para evitar confusiones con la empresa que acababa de vender, tuvo que firmar “Nestlé-Ehmant”. Lejos de desaparecer, pasó sus últimos años entre Glion y Montreux, ayudando con préstamos a personas de la zona y respaldando mejoras de infraestructura local. Murió en su casa de Glion el 7 de julio de 1890, después de una breve enfermedad. Su empresa siguió creciendo y en 1905 se fusionó con Anglo-Swiss Condensed Milk Company, dando origen a Nestlé & Anglo-Swiss Milk Company. La historia que comenzó aquel 10 de agosto de 1814 resulta todavía más fascinante cuando se separa el mito de los hechos: Henri Nestlé no “inventó la leche en polvo” ni puede atribuirse a un solo producto la caída de la mortalidad infantil europea. Lo que sí hizo fue identificar uno de los grandes problemas sanitarios de su tiempo, aplicar química, industria y comercialización para ofrecer una alternativa destinada a niños que no podían ser amamantados y construir alrededor de ella una marca reconocible en varios continentes. De una botica, un pequeño laboratorio y un dibujo familiar nació un nombre que acabaría recorriendo el mundo. #HenriNestlé #Nestlé #10DeAgosto #Efemérides #Historia #HistoriaDeLaCiencia #HistoriaDeLaMedicina #NutriciónInfantil #RevoluciónIndustrial #Suiza #Frankfurt #Vevey #Inventores #Emprendedores #CuriosidadesHistóricas #MendozAntigua #HenriNestle #NestleHistory #OnThisDay #History #HistoryOfScience #MedicalHistory #InfantNutrition #IndustrialRevolution #SwissHistory #Innovation #HistoricalFacts
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