El 16 de agosto de 1869, cuando la Guerra de la Triple Alianza ya transitaba su etapa final, los campos de Acosta Ñu, en las cercanías de la actual ciudad paraguaya de Eusebio Ayala, quedaron convertidos en escenario de una de las jornadas más dolorosas y controvertidas de la historia sudamericana. Paraguay llevaba años soportando una guerra devastadora y su capacidad militar estaba prácticamente agotada. Durante la denominada Campaña de las Cordilleras, Francisco Solano López consiguió reunir nuevas fuerzas formadas en gran medida por ancianos, adolescentes y menores de edad, pobremente armados y alimentados. Tras el retiro del marqués de Caxias, el emperador Pedro II nombró a su yerno Gastón de Orléans, conde d’Eu, para conducir la última fase de las operaciones. Pedro II, contrariamente a una versión que suele repetirse, no había abdicado: continuaría siendo emperador hasta la caída de la monarquía brasileña en 1889. En Acosta Ñu, el general paraguayo Bernardino Caballero tuvo que enfrentar con una fuerza enormemente inferior a un ejército aliado que rondaba los 20.000 hombres, fundamentalmente brasileños y con participación de tropas argentinas. Las estimaciones sobre el contingente paraguayo y, especialmente, sobre la cantidad exacta de niños varían considerablemente según las fuentes: la Secretaría Nacional de Cultura de Paraguay menciona entre 3.500 y 5.000 paraguayos, incluidos ancianos, mujeres y aproximadamente 700 niños, mientras otras instituciones paraguayas y reconstrucciones históricas elevan considerablemente la proporción de menores. Esa diferencia documental aconseja no repetir como cifra incontrovertible que exactamente 3.500 niños combatieron o murieron allí. La lucha comenzó durante la mañana. Caballero intentaba proteger la retirada hacia Caraguatay mientras sus hombres eran presionados por infantería, artillería y caballería muy superiores. Los paraguayos resistieron durante horas, cruzaron cursos de agua, formaron cuadros defensivos y rechazaron sucesivos ataques, pero terminaron desbordados. La propia Secretaría Nacional de Cultura paraguaya recuerda que, cuando desaparecieron los veteranos que constituían el núcleo de la resistencia, quedaron principalmente jóvenes y jinetes deficientemente montados intentando sostener una defensa ya imposible. Tampoco existe una única cifra aceptada de víctimas. Una publicación histórica del Ejército Brasileño, basada entre otras fuentes en documentos de la época, registra alrededor de 2.000 paraguayos muertos y 1.200 prisioneros, frente a 26 muertos y 259 heridos brasileños; otras reconstrucciones ofrecen números diferentes. Lo que ninguna estadística consigue transmitir es la dimensión humana de una batalla en la que niños y adolescentes quedaron atrapados en una guerra que prácticamente había destruido la capacidad militar y demográfica paraguaya. Uno de los capítulos más sensibles es el incendio producido durante y después del combate. Durante décadas circuló la versión de que el conde d’Eu había ordenado incendiar los pajonales para acabar con heridos y sobrevivientes paraguayos. Esa acusación forma parte de una extensa tradición historiográfica y memorial paraguaya, pero no constituye un hecho aceptado sin discusión por todos los historiadores: otras reconstrucciones, apoyadas en testimonios como los del vizconde de Taunay, sostienen que los paraguayos encendieron inicialmente los pastizales para ocultar movimientos y que las llamas terminaron propagándose por el campo. Por eso, presentar como absolutamente demostrada una orden directa del conde d’Eu para quemar vivos a los sobrevivientes iría más allá de lo que permiten afirmar las fuentes disponibles. Acosta Ñu fue la última gran batalla de la Guerra de la Triple Alianza, pero no el final de la contienda. Solano López continuó su retirada hacia el norte hasta que el 1 de marzo de 1870 fue alcanzado y muerto en Cerro Corá, episodio que puso fin definitivamente a una guerra que había comenzado en 1864 y dejado a Paraguay devastado. Bernardino Caballero sobrevivió a aquella jornada, fue posteriormente capturado y años después alcanzó la Presidencia de Paraguay, ejerciendo entre 1880 y 1886. Pero Acosta Ñu dejó una herida que trascendió el campo militar. El 19 de julio de 1948, el presidente provisional paraguayo Juan Manuel Frutos firmó el Decreto N.º 27.484, estableciendo oficialmente el 16 de agosto como Día del Niño del Paraguay en memoria de quienes participaron y murieron en aquella batalla. La conmemoración continúa formando parte de la memoria nacional paraguaya y en 2026 la Cámara de Diputados volvió a destacar oficialmente el aniversario de Acosta Ñu y el Día del Niño como fechas de interés cultural y patriótico. Más de un siglo y medio después, Acosta Ñu sigue obligando a mirar de frente uno de los extremos más terribles de cualquier guerra: el momento en que una nación agotada termina colocando a sus propios niños en medio del fuego. Detrás de las discusiones sobre cifras, responsabilidades y versiones contrapuestas permanece una certeza mucho más poderosa: aquel 16 de agosto de 1869 miles de vidas quedaron destrozadas en un campo paraguayo y la infancia pasó a ocupar para siempre un lugar central en la memoria de la tragedia. Por eso, cada 16 de agosto Paraguay no recuerda simplemente una antigua batalla: recuerda a sus niños. #AcostaÑu #BatallaDeAcostaÑu #GuerraDeLaTripleAlianza #GuerraDelParaguay #Paraguay #HistoriaDelParaguay #HistoriaSudamericana #NiñosMártires #DíaDelNiñoParaguay #BernardinoCaballero #SolanoLópez #CondeDEu #Historia #MemoriaHistórica #WarOfTheTripleAlliance #ParaguayanWar #BattleOfAcostaNu #ParaguayHistory #SouthAmericanHistory #ChildrenOfAcostaNu #HistoricalMemory
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domingo, 16 de agosto de 2020
16 DE AGOSTO DE 1869: ACOSTA ÑU — EL DÍA EN QUE LA GUERRA ARRASTRÓ A LOS NIÑOS DE PARAGUAY AL CAMPO DE BATALLA
El 16 de agosto de 1869, cuando la Guerra de la Triple Alianza ya transitaba su etapa final, los campos de Acosta Ñu, en las cercanías de la actual ciudad paraguaya de Eusebio Ayala, quedaron convertidos en escenario de una de las jornadas más dolorosas y controvertidas de la historia sudamericana. Paraguay llevaba años soportando una guerra devastadora y su capacidad militar estaba prácticamente agotada. Durante la denominada Campaña de las Cordilleras, Francisco Solano López consiguió reunir nuevas fuerzas formadas en gran medida por ancianos, adolescentes y menores de edad, pobremente armados y alimentados. Tras el retiro del marqués de Caxias, el emperador Pedro II nombró a su yerno Gastón de Orléans, conde d’Eu, para conducir la última fase de las operaciones. Pedro II, contrariamente a una versión que suele repetirse, no había abdicado: continuaría siendo emperador hasta la caída de la monarquía brasileña en 1889. En Acosta Ñu, el general paraguayo Bernardino Caballero tuvo que enfrentar con una fuerza enormemente inferior a un ejército aliado que rondaba los 20.000 hombres, fundamentalmente brasileños y con participación de tropas argentinas. Las estimaciones sobre el contingente paraguayo y, especialmente, sobre la cantidad exacta de niños varían considerablemente según las fuentes: la Secretaría Nacional de Cultura de Paraguay menciona entre 3.500 y 5.000 paraguayos, incluidos ancianos, mujeres y aproximadamente 700 niños, mientras otras instituciones paraguayas y reconstrucciones históricas elevan considerablemente la proporción de menores. Esa diferencia documental aconseja no repetir como cifra incontrovertible que exactamente 3.500 niños combatieron o murieron allí. La lucha comenzó durante la mañana. Caballero intentaba proteger la retirada hacia Caraguatay mientras sus hombres eran presionados por infantería, artillería y caballería muy superiores. Los paraguayos resistieron durante horas, cruzaron cursos de agua, formaron cuadros defensivos y rechazaron sucesivos ataques, pero terminaron desbordados. La propia Secretaría Nacional de Cultura paraguaya recuerda que, cuando desaparecieron los veteranos que constituían el núcleo de la resistencia, quedaron principalmente jóvenes y jinetes deficientemente montados intentando sostener una defensa ya imposible. Tampoco existe una única cifra aceptada de víctimas. Una publicación histórica del Ejército Brasileño, basada entre otras fuentes en documentos de la época, registra alrededor de 2.000 paraguayos muertos y 1.200 prisioneros, frente a 26 muertos y 259 heridos brasileños; otras reconstrucciones ofrecen números diferentes. Lo que ninguna estadística consigue transmitir es la dimensión humana de una batalla en la que niños y adolescentes quedaron atrapados en una guerra que prácticamente había destruido la capacidad militar y demográfica paraguaya. Uno de los capítulos más sensibles es el incendio producido durante y después del combate. Durante décadas circuló la versión de que el conde d’Eu había ordenado incendiar los pajonales para acabar con heridos y sobrevivientes paraguayos. Esa acusación forma parte de una extensa tradición historiográfica y memorial paraguaya, pero no constituye un hecho aceptado sin discusión por todos los historiadores: otras reconstrucciones, apoyadas en testimonios como los del vizconde de Taunay, sostienen que los paraguayos encendieron inicialmente los pastizales para ocultar movimientos y que las llamas terminaron propagándose por el campo. Por eso, presentar como absolutamente demostrada una orden directa del conde d’Eu para quemar vivos a los sobrevivientes iría más allá de lo que permiten afirmar las fuentes disponibles. Acosta Ñu fue la última gran batalla de la Guerra de la Triple Alianza, pero no el final de la contienda. Solano López continuó su retirada hacia el norte hasta que el 1 de marzo de 1870 fue alcanzado y muerto en Cerro Corá, episodio que puso fin definitivamente a una guerra que había comenzado en 1864 y dejado a Paraguay devastado. Bernardino Caballero sobrevivió a aquella jornada, fue posteriormente capturado y años después alcanzó la Presidencia de Paraguay, ejerciendo entre 1880 y 1886. Pero Acosta Ñu dejó una herida que trascendió el campo militar. El 19 de julio de 1948, el presidente provisional paraguayo Juan Manuel Frutos firmó el Decreto N.º 27.484, estableciendo oficialmente el 16 de agosto como Día del Niño del Paraguay en memoria de quienes participaron y murieron en aquella batalla. La conmemoración continúa formando parte de la memoria nacional paraguaya y en 2026 la Cámara de Diputados volvió a destacar oficialmente el aniversario de Acosta Ñu y el Día del Niño como fechas de interés cultural y patriótico. Más de un siglo y medio después, Acosta Ñu sigue obligando a mirar de frente uno de los extremos más terribles de cualquier guerra: el momento en que una nación agotada termina colocando a sus propios niños en medio del fuego. Detrás de las discusiones sobre cifras, responsabilidades y versiones contrapuestas permanece una certeza mucho más poderosa: aquel 16 de agosto de 1869 miles de vidas quedaron destrozadas en un campo paraguayo y la infancia pasó a ocupar para siempre un lugar central en la memoria de la tragedia. Por eso, cada 16 de agosto Paraguay no recuerda simplemente una antigua batalla: recuerda a sus niños. #AcostaÑu #BatallaDeAcostaÑu #GuerraDeLaTripleAlianza #GuerraDelParaguay #Paraguay #HistoriaDelParaguay #HistoriaSudamericana #NiñosMártires #DíaDelNiñoParaguay #BernardinoCaballero #SolanoLópez #CondeDEu #Historia #MemoriaHistórica #WarOfTheTripleAlliance #ParaguayanWar #BattleOfAcostaNu #ParaguayHistory #SouthAmericanHistory #ChildrenOfAcostaNu #HistoricalMemory
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Efemérides
Mendoza, Argentina
030704 Acosta Ñu, Paraguay
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