sábado, 5 de septiembre de 2026

🔥🇦🇷📚 SARMIENTO Y MALVINAS: LA FRASE QUE INCOMODA A LA HISTORIA… CUANDO EL “PADRE DEL AULA” VIO EN LA EXPANSIÓN BRITÁNICA UNA FUERZA DE “CIVILIZACIÓN” ⚔️🌊


Domingo Faustino Sarmiento ocupa un lugar gigantesco y, al mismo tiempo, profundamente discutido dentro de la historia argentina. Fue escritor, periodista, educador, diplomático, gobernador de San Juan y presidente de la Nación entre 1868 y 1874; impulsó una formidable expansión de la escolarización, las escuelas normales, las bibliotecas populares, el ferrocarril, el telégrafo y las instituciones científicas. Sin embargo, sus escritos también contienen afirmaciones que hoy resultan difíciles de conciliar con la imagen casi exclusivamente escolar del “Padre del Aula”. Una de las más polémicas está relacionada con las Islas Malvinas. La atribución no es una invención reciente: el 28 de noviembre de 1842, cuando Sarmiento se encontraba exiliado en Chile y era uno de los principales redactores de El Progreso de Santiago, publicó un artículo en el contexto de sus reflexiones sobre la expansión europea, la navegación y la colonización. La Biblioteca Nacional de Chile confirma que El Progreso había comenzado a circular ese mismo mes y que Sarmiento era entonces su primer redactor editorial. En aquel escrito afirmó, refiriéndose a la presencia británica en las Malvinas, que Inglaterra se había establecido allí y utilizó términos extraordinariamente controvertidos desde nuestra perspectiva actual. La frase suele circular resumida como: “Seamos francos; su invasión es útil a la civilización y al progreso”. Pero aquí aparece un detalle fundamental: esa forma viral no reproduce literalmente todo el pasaje. Fuentes académicas que remiten al artículo de El Progreso del 28 de noviembre de 1842 ofrecen una versión más extensa en la que Sarmiento reconoce que aquella expansión europea podía resultar “perjudicial y ruinosa” para los pueblos americanos, aunque sostenía que era beneficiosa para “la humanidad y el comercio”; inmediatamente después vinculaba la expansión europea con focos de riqueza y civilización. Es decir, la esencia de la polémica es auténtica, pero conviene no convertir una versión abreviada difundida durante décadas en una transcripción textual completa. El contexto histórico vuelve todavía más significativa aquella opinión: el Reino Unido había ocupado las islas el 3 de enero de 1833, nueve años antes del artículo de Sarmiento. La posición oficial argentina sostiene que aquel día fuerzas británicas expulsaron a las autoridades argentinas y desde entonces la Argentina mantuvo su reclamo; la existencia de una disputa de soberanía entre Argentina y el Reino Unido fue reconocida posteriormente por la Asamblea General de las Naciones Unidas mediante la Resolución 2065 de 1965. Pero en 1842 Sarmiento todavía no era presidente ni hablaba en nombre de un gobierno argentino: era un intelectual exiliado en Chile, profundamente influido por la concepción decimonónica de “civilización y barbarie” y convencido de que determinados modelos europeos —y más tarde el estadounidense— representaban motores de modernización económica, educativa e institucional. Esa mirada atravesaría buena parte de su obra y alcanzaría su expresión más famosa en Facundo, publicado en 1845. Por eso, interpretar aquella frase únicamente con categorías actuales puede ocultar su contexto; contextualizarla, sin embargo, tampoco significa borrar su enorme carga política ni las críticas que merece. Sarmiento podía defender simultáneamente la educación como herramienta para construir ciudadanía y expresar opiniones sumamente despectivas hacia pueblos indígenas, gauchos y otros sectores que consideraba obstáculos para su proyecto de modernización. Su figura contiene esas contradicciones. Su legado educativo fue extraordinario: durante su presidencia la población escolar pasó, según registros oficiales, aproximadamente de 30.000 a más de 100.000 alumnos; se multiplicaron las escuelas, se promovió la formación de maestros, se creó la Comisión Protectora de Bibliotecas Populares, se realizó el primer Censo Nacional de 1869 y se impulsaron instituciones como el Observatorio Astronómico de Córdoba, el Colegio Militar y la Escuela Naval, además de ampliar las redes ferroviarias y telegráficas. También hay una precisión biográfica que suele pasar inadvertida: fuentes del Museo Histórico Sarmiento señalan que Faustino Valentín Quiroga Sarmiento nació realmente el 14 de febrero de 1811 y fue inscripto el 15 en San Juan, aunque tradicionalmente se ha conmemorado el 15 como su natalicio. Murió en Asunción, Paraguay, el 11 de septiembre de 1888. Esa fecha fue adoptada en 1943 por la Conferencia Interamericana de Educación reunida en Panamá para homenajear a los docentes y, en Argentina, la conmemoración fue oficializada en 1945. Así aparece uno de los personajes más complejos del siglo XIX argentino: el hombre que convirtió la educación en una obsesión de Estado, ayudó a transformar las comunicaciones y la ciencia del país y dejó algunas de las páginas más influyentes de nuestra literatura, pero que también sostuvo concepciones sobre territorio, población y “civilización” capaces de provocar un intenso debate casi dos siglos después. Conocer a Sarmiento no exige convertirlo ni en estatua intocable ni en caricatura: exige leerlo completo. Y justamente por eso aquella página de El Progreso de 1842 resulta tan poderosa: nos recuerda que la historia está hecha por seres humanos atravesados por las ideas, los prejuicios y las contradicciones de su tiempo. #Sarmiento #DomingoFaustinoSarmiento #IslasMalvinas #MalvinasArgentinas #HistoriaArgentina #Historia #EducacionArgentina #PadreDelAula #SigloXIX #Soberania #MemoriaHistorica #Argentina #PatrimonioHistorico #MendozAntigua #FalklandIslands #ArgentineHistory #History #HistoricalMemory #EducationHistory #SouthAtlantic #NineteenthCentury #HistoryMatters

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