En 1898, cuando el RMS Titanic todavía no había sido diseñado, la editorial neoyorquina M. F. Mansfield publicó Futility, una breve novela marítima escrita por Morgan Robertson que, catorce años más tarde, sería contemplada con asombro y hasta con temor. Su protagonista no era únicamente un marinero caído en desgracia, sino también una gigantesca embarcación llamada Titan: el transatlántico más grande y veloz de su tiempo, considerado prácticamente insumergible y construido con todos los adelantos que la ingeniería podía imaginar. Robertson describió un coloso de unos 244 metros de eslora, movido por tres hélices y capaz de alcanzar 25 nudos. A pesar de disponer de unas 3.000 plazas, llevaba apenas 24 botes salvavidas, suficientes para alrededor de 500 personas. Durante una noche de abril, mientras atravesaba el Atlántico Norte a toda velocidad y entre la niebla, el Titan chocaba contra un iceberg, se inclinaba violentamente sobre uno de sus costados y desaparecía con casi todos sus ocupantes. La coincidencia se convirtió en leyenda después de la noche del 14 de abril de 1912. El Titanic, de 269 metros de largo y también impulsado por tres hélices, navegaba a unos 21,5 nudos cuando rozó un iceberg por estribor durante su viaje inaugural entre Southampton y Nueva York. Transportaba aproximadamente 2.208 personas y contaba con 20 embarcaciones de salvamento cuya capacidad total era de 1.176 plazas. El buque se hundió a las 2:20 de la madrugada del 15 de abril; más de 1.500 personas murieron y 705 lograron sobrevivir. Sin embargo, la realidad no reprodujo exactamente la ficción: el Titan no realizaba su primer viaje, navegaba en sentido contrario —desde Nueva York hacia Europa—, se precipitaba sobre el hielo y volcaba casi inmediatamente, mientras que el Titanic permaneció a flote durante dos horas y cuarenta minutos y terminó partiéndose en dos. Morgan Robertson tampoco era un adivino surgido de la nada. Nacido en Oswego, Nueva York, el 30 de septiembre de 1861 e hijo de un capitán de los Grandes Lagos, había navegado entre 1877 y 1886 y llegó de grumete a primer oficial. Su conocimiento de los barcos, la competencia por construir transatlánticos cada vez más grandes y veloces y unas normas que permitían llevar botes insuficientes le dieron los elementos necesarios para imaginar una catástrofe técnicamente posible. Tras el hundimiento del Titanic, Futility fue reeditada en 1912 con el título The Wreck of the Titan, or Futility y alcanzó una difusión que nunca había conseguido en 1898. Robertson murió en Atlantic City el 24 de marzo de 1915, sin saber que su olvidada novela seguiría alimentando durante más de un siglo una pregunta fascinante: ¿había anticipado el porvenir o simplemente comprendió, antes que muchos, que la confianza ciega en la tecnología también podía conducir al desastre? #MorganRobertson #Futilidad #ElNaufragioDelTitan #Titan #Titanic #HistoriaMarítima #Literatura #MisteriosDeLaHistoria #Efemérides #MendozAntigua #Futility #TheWreckOfTheTitan #MaritimeHistory #HistoricalMysteries #OceanLiner #TitanicHistory
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domingo, 16 de agosto de 2020
1898: EL LIBRO QUE PARECIÓ PROFETIZAR EL TITANIC — EL TITÁN QUE NAUFRAGÓ 14 AÑOS ANTES EN LA FICCIÓN
En 1898, cuando el RMS Titanic todavía no había sido diseñado, la editorial neoyorquina M. F. Mansfield publicó Futility, una breve novela marítima escrita por Morgan Robertson que, catorce años más tarde, sería contemplada con asombro y hasta con temor. Su protagonista no era únicamente un marinero caído en desgracia, sino también una gigantesca embarcación llamada Titan: el transatlántico más grande y veloz de su tiempo, considerado prácticamente insumergible y construido con todos los adelantos que la ingeniería podía imaginar. Robertson describió un coloso de unos 244 metros de eslora, movido por tres hélices y capaz de alcanzar 25 nudos. A pesar de disponer de unas 3.000 plazas, llevaba apenas 24 botes salvavidas, suficientes para alrededor de 500 personas. Durante una noche de abril, mientras atravesaba el Atlántico Norte a toda velocidad y entre la niebla, el Titan chocaba contra un iceberg, se inclinaba violentamente sobre uno de sus costados y desaparecía con casi todos sus ocupantes. La coincidencia se convirtió en leyenda después de la noche del 14 de abril de 1912. El Titanic, de 269 metros de largo y también impulsado por tres hélices, navegaba a unos 21,5 nudos cuando rozó un iceberg por estribor durante su viaje inaugural entre Southampton y Nueva York. Transportaba aproximadamente 2.208 personas y contaba con 20 embarcaciones de salvamento cuya capacidad total era de 1.176 plazas. El buque se hundió a las 2:20 de la madrugada del 15 de abril; más de 1.500 personas murieron y 705 lograron sobrevivir. Sin embargo, la realidad no reprodujo exactamente la ficción: el Titan no realizaba su primer viaje, navegaba en sentido contrario —desde Nueva York hacia Europa—, se precipitaba sobre el hielo y volcaba casi inmediatamente, mientras que el Titanic permaneció a flote durante dos horas y cuarenta minutos y terminó partiéndose en dos. Morgan Robertson tampoco era un adivino surgido de la nada. Nacido en Oswego, Nueva York, el 30 de septiembre de 1861 e hijo de un capitán de los Grandes Lagos, había navegado entre 1877 y 1886 y llegó de grumete a primer oficial. Su conocimiento de los barcos, la competencia por construir transatlánticos cada vez más grandes y veloces y unas normas que permitían llevar botes insuficientes le dieron los elementos necesarios para imaginar una catástrofe técnicamente posible. Tras el hundimiento del Titanic, Futility fue reeditada en 1912 con el título The Wreck of the Titan, or Futility y alcanzó una difusión que nunca había conseguido en 1898. Robertson murió en Atlantic City el 24 de marzo de 1915, sin saber que su olvidada novela seguiría alimentando durante más de un siglo una pregunta fascinante: ¿había anticipado el porvenir o simplemente comprendió, antes que muchos, que la confianza ciega en la tecnología también podía conducir al desastre? #MorganRobertson #Futilidad #ElNaufragioDelTitan #Titan #Titanic #HistoriaMarítima #Literatura #MisteriosDeLaHistoria #Efemérides #MendozAntigua #Futility #TheWreckOfTheTitan #MaritimeHistory #HistoricalMysteries #OceanLiner #TitanicHistory
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