domingo, 16 de agosto de 2020

16 DE AGOSTO DE 2003: MURIÓ IDI AMIN — EL DICTADOR QUE CONVIRTIÓ UGANDA EN OCHO AÑOS DE TERROR


El 16 de agosto de 2003 moría en Yeda, Arabia Saudita, lejos del país que había gobernado mediante el miedo, Idi Amin Dada, uno de los dictadores más notorios y extravagantes del siglo XX. Falleció en el King Faisal Specialist Hospital después de permanecer internado y en coma, con insuficiencia renal y un progresivo deterioro de su salud. Terminaban así décadas de exilio para un hombre que gobernó Uganda entre 1971 y 1979 y que nunca llegó a responder ante un tribunal por las atrocidades atribuidas a su régimen. Incluso sus primeros años están rodeados de cierta incertidumbre histórica. Las fuentes sitúan su nacimiento entre 1925 y 1927 en el noroeste de Uganda, habitualmente en la región de Koboko. Con escasa educación formal, ingresó en 1946 a los King’s African Rifles, las fuerzas coloniales británicas de África Oriental. Participó posteriormente en operaciones británicas en Kenia y fue ascendiendo hasta alcanzar el rango de effendi, equivalente a suboficial, uno de los puestos más elevados entonces disponibles para un africano negro dentro de aquella estructura colonial. Había además otro aspecto sorprendente en su biografía: fue un destacado boxeador y durante buena parte de la década de 1950 ostentó el campeonato ugandés de los pesos pesados. Tras la independencia de Uganda en 1962, Amin continuó trepando posiciones dentro del nuevo ejército nacional hasta transformarse en uno de los militares más poderosos del país. El 25 de enero de 1971, mientras el presidente Milton Obote se encontraba fuera de Uganda, las Fuerzas Armadas tomaron el poder y Amin quedó al frente del Estado. Al comienzo prometió reconciliación, estabilidad y reformas; muy pronto aquellas expectativas fueron reemplazadas por persecuciones, ejecuciones extrajudiciales, desapariciones, torturas y purgas dirigidas contra militares, opositores políticos, funcionarios, intelectuales y determinados grupos étnicos. Las cifras continúan siendo materia de discusión histórica: Amnesty International manejó estimaciones de entre 100.000 y 500.000 personas asesinadas durante aquellos años. Una de sus decisiones más dramáticas llegó el 4 de agosto de 1972. Amin ordenó que gran parte de la población de origen asiático abandonara Uganda en apenas 90 días. Las estimaciones varían entre unas 55.000 y 80.000 personas afectadas. Familias establecidas desde hacía generaciones debieron dejar propiedades, comercios y buena parte de sus bienes. Cerca de 40.000 terminaron instalándose en el Reino Unido. La expulsión también provocó un enorme daño económico: aquella pequeña comunidad tenía un peso extraordinario en el comercio y en los ingresos fiscales del país, y la confiscación y redistribución improvisada de sus empresas contribuyó al deterioro de la economía ugandesa. La paradoja internacional alcanzó dimensiones increíbles. En 1975, mientras las denuncias por atrocidades se acumulaban, Amin llegó a presidir la Organización de la Unidad Africana. Un año después Uganda volvió a quedar en el centro de la atención mundial por el secuestro del vuelo 139 de Air France. El avión terminó en el aeropuerto de Entebbe y documentos diplomáticos estadounidenses de la época registraron posteriormente la percepción de una cooperación del gobierno ugandés con los secuestradores. En la madrugada del 4 de julio de 1976 fuerzas israelíes irrumpieron en Entebbe y rescataron a la mayor parte de los rehenes. El episodio representó una espectacular humillación para Amin y profundizó todavía más su aislamiento. Su comportamiento público, mientras tanto, se volvía cada vez más teatral. Se proclamó presidente vitalicio, se otorgó el rango de mariscal de campo, acumuló condecoraciones y llegó a presentarse como “Conquistador del Imperio Británico”. Su fascinación por Escocia fue igualmente extravagante: vestía kilts, admiraba las bandas de gaitas e incluso llegó a considerarse una especie de “rey no coronado de Escocia”. Aquella caricaturesca megalomanía podía resultar absurda vista desde afuera, pero detrás del espectáculo permanecía un aparato estatal responsable de detenciones, asesinatos y terror. El final comenzó en 1978, cuando fuerzas ugandesas penetraron en territorio de Tanzania y ocuparon la región de Kagera. El presidente tanzano Julius Nyerere respondió militarmente. Sus tropas, acompañadas por exiliados ugandeses, avanzaron sobre Uganda y en abril de 1979 tomaron Kampala. El régimen se derrumbó. Amin huyó primero hacia Libia y pasó también por Irak antes de instalarse definitivamente en Arabia Saudita, donde se le permitió vivir mientras permaneciera apartado de la política. Allí permaneció durante más de dos décadas. Nunca fue extraditado ni procesado por los crímenes cometidos durante su gobierno. Cuando murió aquel 16 de agosto de 2003, Uganda no despidió simplemente a un antiguo presidente: desaparecía uno de los símbolos más perturbadores de la historia política africana del siglo XX, un personaje capaz de mezclar brutalidad extrema, propaganda, humor grotesco, nacionalismo, excentricidad y una desmesurada construcción de su propia figura. Detrás de los uniformes cargados de medallas y de sus títulos grandilocuentes quedaba, sin embargo, una realidad imposible de convertir en caricatura: decenas o cientos de miles de muertos, una población perseguida, comunidades expulsadas y un país profundamente devastado por ocho años de dictadura. #IdiAmin #Uganda #Historia #HistoriaMundial #Efemerides #Africa #Dictadura #DerechosHumanos #MemoriaHistorica #SigloXX #HistoriaAfricana #MendozAntigua #IdiAminDada #UgandanHistory #AfricanHistory #WorldHistory #History #OnThisDay #HumanRights #Dictatorship #HistoricalMemory #20thCenturyHistory


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