El 2 de agosto de 1922, en Beinn Bhreagh, su residencia y laboratorio frente al lago Bras d’Or, en Nueva Escocia, Canadá, moría Alexander Graham Bell, una de las figuras fundamentales de la historia de las comunicaciones. Tenía 75 años y dejaba tras de sí mucho más que un aparato capaz de transmitir palabras: había contribuido a transformar para siempre la manera en que la humanidad podía vencer las distancias. Nacido el 3 de marzo de 1847 en Edimburgo, Escocia, Bell creció en una familia profundamente vinculada con la voz, la pronunciación y la enseñanza del habla. Su madre había perdido gran parte de la audición y su padre, Alexander Melville Bell, desarrolló el sistema fonético denominado “Habla Visible”, destinado a representar gráficamente la posición de los órganos vocales. Aquella experiencia familiar despertó en el joven Alexander una fascinación permanente por el sonido, la acústica y la educación de las personas sordas. Después de establecerse con su familia en Canadá y trabajar posteriormente como maestro de estudiantes sordos en Estados Unidos, Bell comenzó a experimentar con la posibilidad de transmitir distintos sonidos mediante impulsos eléctricos. El 7 de marzo de 1876 obtuvo la patente estadounidense número 174.465 para un sistema capaz de transmitir la voz telegráficamente. Solo tres días después, durante una prueba realizada junto con su asistente Thomas Watson, consiguió reproducir palabras inteligibles a través del dispositivo, marcando uno de los momentos decisivos del nacimiento del teléfono moderno. Sin embargo, la historia del teléfono no pertenece a un único hombre. Antes que Bell, inventores como Johann Philipp Reis, Elisha Gray y especialmente el italiano Antonio Meucci habían desarrollado sistemas destinados a transportar la voz por medios eléctricos. Meucci trabajaba en su “teletrófono” desde mediados del siglo XIX y presentó en 1871 una advertencia provisional de patente que no pudo mantener por dificultades económicas. En 2002, la Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó una resolución que reconoció su vida, sus investigaciones y su trabajo en la invención del teléfono. Aquella decisión no anuló la patente de Bell ni declaró oficialmente a Meucci inventor exclusivo, pero confirmó que el nacimiento de la telefonía fue un proceso colectivo, complejo y atravesado por disputas científicas, económicas y judiciales. Bell tampoco se detuvo en el teléfono. Junto con Charles Sumner Tainter y otros colaboradores del Laboratorio Volta, perfeccionó el grafófono, que utilizaba cilindros recubiertos de cera para registrar y reproducir sonidos. También desarrolló el fotófono, un extraordinario sistema experimental que permitía transmitir la voz mediante un haz de luz y que anticipó, conceptualmente, las futuras comunicaciones ópticas. En sus últimos años, desde Beinn Bhreagh, investigó enormes cometas tetraédricas, estructuras aeronáuticas y embarcaciones con hidroalas. Esos trabajos culminaron en el HD-4, que en 1919 alcanzó un récord mundial de velocidad sobre el agua. Alexander Graham Bell fue científico, educador, investigador e inventor, pero su legado no debe entenderse como la obra aislada de un genio solitario. El teléfono surgió de décadas de ensayos realizados por diferentes creadores, aunque Bell consiguió convertir aquellas ideas en un sistema patentado, funcional y destinado a extenderse por el planeta. Cuando murió aquel 2 de agosto de 1922, la voz humana ya había comenzado a viajar por cables, atravesar ciudades y unir continentes. El mundo nunca volvería a comunicarse de la misma manera. #AlexanderGrahamBell #HistoriaDelTeléfono #HistoriaDeLaTecnología #Inventores #HistoriaDeLaCiencia #Comunicaciones #Efemérides #UnDíaComoHoy #AntonioMeucci #RevoluciónTecnológica #TelephoneHistory #HistoryOfTechnology #Inventors #ScienceHistory #OnThisDay #CommunicationHistory #Innovation #Telecommunications
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domingo, 2 de agosto de 2020
2 DE AGOSTO DE 1922: EL HOMBRE QUE HIZO VIAJAR LA VOZ — BELL Y LA INVENCIÓN QUE ROMPIÓ LAS DISTANCIAS
El 2 de agosto de 1922, en Beinn Bhreagh, su residencia y laboratorio frente al lago Bras d’Or, en Nueva Escocia, Canadá, moría Alexander Graham Bell, una de las figuras fundamentales de la historia de las comunicaciones. Tenía 75 años y dejaba tras de sí mucho más que un aparato capaz de transmitir palabras: había contribuido a transformar para siempre la manera en que la humanidad podía vencer las distancias. Nacido el 3 de marzo de 1847 en Edimburgo, Escocia, Bell creció en una familia profundamente vinculada con la voz, la pronunciación y la enseñanza del habla. Su madre había perdido gran parte de la audición y su padre, Alexander Melville Bell, desarrolló el sistema fonético denominado “Habla Visible”, destinado a representar gráficamente la posición de los órganos vocales. Aquella experiencia familiar despertó en el joven Alexander una fascinación permanente por el sonido, la acústica y la educación de las personas sordas. Después de establecerse con su familia en Canadá y trabajar posteriormente como maestro de estudiantes sordos en Estados Unidos, Bell comenzó a experimentar con la posibilidad de transmitir distintos sonidos mediante impulsos eléctricos. El 7 de marzo de 1876 obtuvo la patente estadounidense número 174.465 para un sistema capaz de transmitir la voz telegráficamente. Solo tres días después, durante una prueba realizada junto con su asistente Thomas Watson, consiguió reproducir palabras inteligibles a través del dispositivo, marcando uno de los momentos decisivos del nacimiento del teléfono moderno. Sin embargo, la historia del teléfono no pertenece a un único hombre. Antes que Bell, inventores como Johann Philipp Reis, Elisha Gray y especialmente el italiano Antonio Meucci habían desarrollado sistemas destinados a transportar la voz por medios eléctricos. Meucci trabajaba en su “teletrófono” desde mediados del siglo XIX y presentó en 1871 una advertencia provisional de patente que no pudo mantener por dificultades económicas. En 2002, la Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó una resolución que reconoció su vida, sus investigaciones y su trabajo en la invención del teléfono. Aquella decisión no anuló la patente de Bell ni declaró oficialmente a Meucci inventor exclusivo, pero confirmó que el nacimiento de la telefonía fue un proceso colectivo, complejo y atravesado por disputas científicas, económicas y judiciales. Bell tampoco se detuvo en el teléfono. Junto con Charles Sumner Tainter y otros colaboradores del Laboratorio Volta, perfeccionó el grafófono, que utilizaba cilindros recubiertos de cera para registrar y reproducir sonidos. También desarrolló el fotófono, un extraordinario sistema experimental que permitía transmitir la voz mediante un haz de luz y que anticipó, conceptualmente, las futuras comunicaciones ópticas. En sus últimos años, desde Beinn Bhreagh, investigó enormes cometas tetraédricas, estructuras aeronáuticas y embarcaciones con hidroalas. Esos trabajos culminaron en el HD-4, que en 1919 alcanzó un récord mundial de velocidad sobre el agua. Alexander Graham Bell fue científico, educador, investigador e inventor, pero su legado no debe entenderse como la obra aislada de un genio solitario. El teléfono surgió de décadas de ensayos realizados por diferentes creadores, aunque Bell consiguió convertir aquellas ideas en un sistema patentado, funcional y destinado a extenderse por el planeta. Cuando murió aquel 2 de agosto de 1922, la voz humana ya había comenzado a viajar por cables, atravesar ciudades y unir continentes. El mundo nunca volvería a comunicarse de la misma manera. #AlexanderGrahamBell #HistoriaDelTeléfono #HistoriaDeLaTecnología #Inventores #HistoriaDeLaCiencia #Comunicaciones #Efemérides #UnDíaComoHoy #AntonioMeucci #RevoluciónTecnológica #TelephoneHistory #HistoryOfTechnology #Inventors #ScienceHistory #OnThisDay #CommunicationHistory #Innovation #Telecommunications
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