domingo, 2 de agosto de 2020

2 DE AGOSTO DE 1994: EL CINE PERDIÓ AL HOMBRE QUE MIRABA AL SUDESTE — HUGO SOTO, EL ARTISTA QUE CONVIRTIÓ EL SILENCIO EN ETERNIDAD


El 2 de agosto de 1994, Buenos Aires despedía prematuramente a Hugo Soto, uno de los intérpretes más magnéticos, singulares y enigmáticos del cine argentino. Tenía apenas 41 años, pero le había bastado una breve e intensa trayectoria para construir personajes que todavía hoy permanecen grabados en la memoria cultural del país. Había nacido el 15 de enero de 1953 en la provincia de Corrientes y, hacia 1972, se instaló en Buenos Aires decidido a encontrar su lugar en el arte. Antes de que el público conociera su rostro en la pantalla, Soto ya era pintor, dibujante, escultor y escenógrafo. Durante tres años trabajó en el taller del reconocido artista Carlos Gorriarena, abordando la pintura con la misma entrega física y emocional que más tarde desplegaría sobre un escenario. El teatro se convirtió en uno de sus grandes territorios. Integró el elenco estable del Teatro Municipal General San Martín y participó en obras de Shakespeare, Molière, Strindberg, Schiller, Arthur Miller, Bertolt Brecht e Ibsen. Sin embargo, fue el cine el que transformó definitivamente su figura en leyenda. En 1986, Eliseo Subiela le confió el papel de Rantés en Hombre mirando al sudeste: un interno de un hospital psiquiátrico que afirmaba haber llegado desde otro planeta para estudiar la irracionalidad humana. Con el rostro casi inmóvil, la mirada perdida en un horizonte invisible y una serenidad inquietante, Soto consiguió transmitir ternura, dolor, lucidez y misterio sin necesidad de grandes gestos. Por aquella interpretación obtuvo el Cóndor de Plata a la Revelación Masculina, mientras la película se convertía en una de las obras fundamentales del cine fantástico y filosófico argentino. Su presencia volvió a imponerse en títulos como Lo que vendrá, Los amores de Kafka, Nunca estuve en Viena, Yo, la peor de todas, Dios los cría y Cuatro caras para Victoria. Subiela también lo convocó para Últimas imágenes del naufragio, donde interpretó a Claudio, un joven que iba eliminando de su vocabulario aquellas palabras que consideraba deformadas o utilizadas incorrectamente, hasta quedar progresivamente encerrado en el silencio. Era un personaje profundamente poético y perturbador, ideal para un actor capaz de convertir una pausa, un movimiento mínimo o una mirada en una escena inolvidable. Soto también aportó su talento como escultor a El lado oscuro del corazón, demostrando que para él no existían fronteras entre actuar, pintar y modelar la materia. Su obra plástica alcanzó galerías de Estados Unidos, Suiza e Italia, y en 1983 obtuvo el Premio ESSO de Escultura en Madera, organizado por el Museo Sívori. Diez años después de su muerte, el Centro Cultural Recoleta recuperó buena parte de ese legado en la exposición Paisajes internos, impulsada, entre otros, por Eliseo Subiela. El director lo recordó como un artista de una intensidad excepcional y escribió que quienes lo conocieron nunca aceptarían que su presencia hubiera terminado por completo. Hugo Soto murió por complicaciones relacionadas con el sida, en una época en la que la enfermedad todavía estaba rodeada de miedo, prejuicios y silencios. Su vida fue breve, pero su obra no lo fue. Cada vez que Rantés vuelve a mirar hacia el sudeste, cada vez que Claudio renuncia a una palabra o que una de sus pinturas reaparece ante el público, Hugo Soto regresa. Como aquellos personajes que parecían no pertenecer enteramente a este mundo, se convirtió en un artista nómade y atemporal: alguien que partió demasiado pronto, pero que jamás dejó de estar presente. #HugoSoto #HombreMirandoAlSudeste #Rantés #EliseoSubiela #CineArgentino #HistoriaDelCine #CulturaArgentina #ActoresArgentinos #ArteArgentino #ÚltimasImágenesDelNaufragio #ArgentineCinema #ManFacingSoutheast #FilmHistory #ArgentineActor #CultCinema #LatinAmericanCinema #CinemaLegacy

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