miércoles, 5 de agosto de 2020

5 DE AGOSTO DE 1939: LAS TRECE ROSAS, LAS VOCES QUE EL FRANQUISMO NO PUDO BORRAR


En la madrugada del 5 de agosto de 1939, poco más de cuatro meses después del final de la Guerra Civil Española, trece jóvenes fueron conducidas desde la abarrotada cárcel de mujeres de Ventas hasta las tapias del Cementerio del Este de Madrid, actualmente conocido como Cementerio de la Almudena. Allí, frente a un pelotón de fusilamiento, el régimen franquista terminó con sus vidas junto a otros 43 hombres. Eran Carmen Barrero Aguado, Martina Barroso García, Blanca Brisac Vázquez, Pilar Bueno Ibáñez, Julia Conesa Conesa, Adelina García Casillas, Elena Gil Olaya, Virtudes González García, Ana López Gallego, Joaquina López Laffite, Dionisia Manzanero Salas, Victoria Muñoz García y Luisa Rodríguez de la Fuente. Tenían entre 18 y 29 años; muchas eran modistas, costureras o trabajadoras, y varias no habían cumplido todavía los 21. La mayoría había pertenecido a las Juventudes Socialistas Unificadas o colaborado con organizaciones de izquierda que intentaban reconstruirse clandestinamente después de la caída de Madrid. Detenidas entre mayo y junio, fueron encerradas en Ventas, una prisión concebida para unas pocas centenas de reclusas que, hacia finales de 1939, llegó a concentrar a más de cinco mil mujeres en condiciones de hacinamiento y extrema precariedad. Cuando el comandante de la Guardia Civil Isaac Gabaldón, su hija y su conductor fueron asesinados en un atentado, ellas ya se encontraban encarceladas. Sin embargo, el crimen fue utilizado como telón de fondo para endurecer la represión y ofrecer un castigo ejemplificador. El 3 de agosto comparecieron ante un consejo de guerra sumarísimo, sin garantías judiciales, dentro de la causa 30.426. Fueron acusadas de «adhesión a la rebelión» y condenadas a muerte; apenas dos días después, sin esperar siquiera el plazo previsto para una eventual revisión de las sentencias, fueron sacadas de sus celdas y fusiladas. Durante sus últimas horas algunas escribieron cartas a sus familias. Julia Conesa, de 19 años, dejó una frase que atravesó generaciones: «Que mi nombre no se borre de la historia». Su deseo se cumplió. La literatura, el teatro, los documentales y el cine recuperaron las vidas de aquellas jóvenes, convertidas en un símbolo universal de la represión franquista, la resistencia y la memoria democrática. Entre abril de 1939 y febrero de 1944, casi tres mil personas fueron ejecutadas en aquel cementerio madrileño. Hoy, la tapia sur donde tantas vidas fueron apagadas está reconocida oficialmente como Lugar de Memoria Democrática. Las balas pudieron silenciar sus voces, pero jamás consiguieron borrar sus nombres. #LasTreceRosas #QueMiNombreNoSeBorre #MemoriaHistórica #MemoriaDemocrática #GuerraCivilEspañola #Franquismo #MujeresEnLaHistoria #DerechosHumanos #NuncaMás #TheThirteenRoses #SpanishHistory #HistoricalMemory #WomenInHistory #HumanRights #NeverForget


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