miércoles, 5 de agosto de 2020

5 DE AGOSTO DE 2014: LA VERDAD VENCIÓ AL TERROR Y ESTELA ENCONTRÓ A GUIDO


El 5 de agosto de 2014, después de treinta y seis años de incertidumbre, lucha y esperanza, una prueba de ADN logró quebrar el silencio impuesto por la última dictadura argentina. El Banco Nacional de Datos Genéticos informó a la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad y a la Justicia que aquel músico de Olavarría que buscaba conocer su origen era hijo de Laura Estela Carlotto y Walmir Oscar Montoya. Era el nieto restituido número 114 por Abuelas de Plaza de Mayo y el nieto que Estela de Carlotto había buscado durante más de media vid Hasta entonces había vivido como Ignacio Hurban, criado en la zona rural de Olavarría y convencido de que había nacido el 2 de junio de 1978. Desde muy joven encontró en la música su gran lenguaje: estudió piano, composición y arreglos, formó agrupaciones de jazz y desarrolló una reconocida carrera artística. Lo que todavía ignoraba era que aquel vínculo profundo con la música también habitaba en su sangre: su verdadero padre había sido baterista, su abuelo paterno saxofonista y su abuelo materno, Guido Carlotto, un apasionado del jazz. Las dudas sobre su identidad habían comenzado a crecer años antes. En 2010 participó de un encuentro de Músicos por la Identidad y, según recordaría después, allí quedó sembrada una pregunta que ya no desaparecería. En junio de 2014, tras recibir información sobre las circunstancias irregulares de su llegada a la familia que lo había criado, se comunicó voluntariamente con Abuelas de Plaza de Mayo. Luego de entrevistas y averiguaciones, la CONADI coordinó la extracción de una muestra genética que fue analizada por el BNDG. La respuesta llegó aquel inolvidable 5 de agosto: el estudio confirmó con una certeza del 99,999 por ciento que era hijo de Laura y Walmir. Claudia Carlotto, entonces titular de la CONADI, tuvo la extraordinaria responsabilidad de comunicarle que era el nieto de Estela y, además, revelarle que ella misma era su tía. En unas pocas palabras, Ignacio descubrió que detrás de su historia había otra familia que lo había esperado durante décadas. Su madre, Laura Estela Carlotto, tenía 22 años y estaba embarazada de dos meses y medio cuando fue secuestrada el 26 de noviembre de 1977. Permaneció cautiva en el centro clandestino de detención La Cacha. El 26 de junio de 1978 dio a luz en un hospital militar a un niño al que llamó Guido, en homenaje a su padre. Poco después del parto, el bebé fue separado de ella y Laura regresó al centro clandestino sin su hijo. El 25 de agosto de ese mismo año fue asesinada. Walmir Oscar Montoya, oriundo de Comodoro Rivadavia y conocido entre sus familiares como “Puño”, también había sido secuestrado a fines de noviembre de 1977. Sus restos, enterrados como NN en el cementerio de Berazategui, fueron identificados en 2009 por el Equipo Argentino de Antropología Forense. Los restos de Laura habían sido identificados por ese mismo organismo en 1985. Después de conocer que Laura había tenido un hijo durante su cautiverio, Estela convirtió el dolor en una búsqueda incansable. Se incorporó a Abuelas de Plaza de Mayo y sumó el nombre de Guido a los centenares de niños nacidos en cautiverio o secuestrados junto a sus padres. No pidió venganza: exigió verdad, justicia e identidad. Durante treinta y seis años conservó un lugar vacío, fotografías sin rostro y la esperanza de abrazarlo antes de morir. Al día siguiente de conocerse la noticia, Estela y su familia pudieron finalmente encontrarse con Ignacio en una reunión íntima realizada en La Plata. Poco después también conoció a su familia paterna y abrazó a Hortensia “Tenchi” Ardura de Montoya, la madre de Walmir. La identidad que la dictadura había intentado borrar comenzaba a reconstruirse desde sus dos ramas familiares. Ignacio decidió conservar el nombre con el que había construido su vida y sumar los apellidos de sus verdaderos padres: Ignacio Montoya Carlotto. Su grupo musical también pasó a llevar su nueva identidad. La música, que durante tantos años había sido su refugio, se transformó en un puente inesperado hacia la memoria familiar. La restitución del nieto 114 no fue solamente el final de una búsqueda familiar. Fue una victoria de la memoria sobre el ocultamiento, de la ciencia sobre la mentira y del amor sobre el terror. Como expresó Estela aquel día, se había cumplido una antigua certeza de las Abuelas: mientras ellas continuaban buscando a sus nietos, algunos de esos nietos también comenzaban a buscarlas. Treinta y seis años después de ser arrancado de los brazos de Laura, Guido regresó a su historia. Y con él, simbólicamente, también regresaron Laura, Walmir y todos aquellos a quienes la dictadura quiso condenar al olvido. Porque la identidad no prescribe, la memoria no desaparece y la verdad, incluso después de décadas, siempre encuentra el camino de regreso. #IgnacioMontoyaCarlotto #GuidoCarlotto #EstelaDeCarlotto #AbuelasDePlazaDeMayo #Nieto114 #DerechoALaIdentidad #MemoriaVerdadYJusticia #NuncaMás #BancoNacionalDeDatosGenéticos #CONADI #LaCacha #TerrorismoDeEstado #HistoriaArgentina #DerechosHumanos #Identidad #Argentina #GrandmothersOfPlazaDeMayo #RightToIdentity #MemoryTruthAndJustice #NeverAgain #HumanRights #ArgentineHistory #RecoveredIdentity


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