El 6 de agosto de 2005, La Habana despedía a Ibrahim Ferrer, una de las voces más cálidas, elegantes e inolvidables de la música cubana. Su historia parece escrita para demostrar que el talento puede permanecer oculto durante décadas, pero nunca pierde su oportunidad de conmover al mundo. Había nacido el 20 de febrero de 1927 en San Luis, cerca de Santiago de Cuba, mientras su madre asistía a un baile en un club social. Creció en Los Hoyos, un barrio donde la conga, la rumba y el son formaban parte de la vida cotidiana. Cuando su madre murió, Ibrahim tenía apenas 12 años y debió salir adelante realizando distintos trabajos: fue vendedor callejero, carpintero y estibador, mientras buscaba en la música un refugio contra la pobreza y la soledad. En 1941, con solo 14 años, creó junto con un primo Los Jóvenes del Son. Por aquella primera actuación recibió un peso con cincuenta centavos y sintió que acababa de convertirse en millonario. Su voz comenzó a recorrer las agrupaciones de Santiago: cantó con la Orquesta Chepín-Chovén, con la que popularizó “El Platanal de Bartolo”, fue vocalista de Pacho Alonso, trabajó con Los Bocucos y llegó a compartir el camino musical con el legendario Beny Moré. Sin embargo, durante gran parte de su carrera permaneció lejos de los grandes reconocimientos. Aunque poseía un extraordinario talento para el son, la guaracha y la improvisación, soñaba especialmente con interpretar los boleros lentos y románticos que tanto amaba. Cansado de vivir siempre en segundo plano, se retiró en 1991. Su pequeña pensión no alcanzaba y tuvo que vender billetes de lotería y volver a lustrar zapatos para sobrevivir. Parecía que su voz quedaría sepultada en el pasado, hasta que una tarde de 1996 el músico y productor Juan de Marcos González fue a buscarlo. Ry Cooder necesitaba una voz suave para cantar un bolero durante las sesiones que darían origen a Buena Vista Social Club. Ferrer dejó los zapatos que estaba limpiando, acudió a los estudios EGREM y terminó cantando en once de las catorce canciones del histórico álbum. La voz que Cuba conocía desde hacía medio siglo estaba a punto de conquistar el planeta. El éxito llegó cuando Ibrahim tenía casi 70 años. El disco obtuvo reconocimiento internacional, el documental dirigido por Wim Wenders llevó su rostro y su historia a las pantallas y, el 1 de julio de 1998, Buena Vista Social Club actuó en el mítico Carnegie Hall de Nueva York. En 1999 apareció su verdadero debut solista, Buena Vista Social Club Presents Ibrahim Ferrer; un año después recibió el Latin Grammy como mejor artista nuevo a los 72 años, una de las ironías más hermosas de la historia musical. En 2003 publicó Buenos Hermanos, álbum que obtuvo el Grammy al mejor disco tropical latino. Durante sus últimos años recorrió Europa, América y Japón, cantó ante multitudes y recibió finalmente el reconocimiento que le había sido negado durante décadas. Después de regresar enfermo de una gira europea, murió en La Habana el 6 de agosto de 2005, a los 78 años, como consecuencia de una falla multiorgánica. Su último trabajo, Mi Sueño, dedicado a los boleros que siempre había querido grabar, fue publicado de manera póstuma en 2007. Ibrahim Ferrer pasó más de medio siglo sembrando canciones y apenas unos pocos años recogiendo la gloria, pero fueron suficientes para convertirlo en una leyenda. El hombre que alguna vez lustró zapatos para poder comer terminó pisando los escenarios más prestigiosos del mundo, demostrando que para una voz eterna jamás es demasiado tarde. #IbrahimFerrer #BuenaVistaSocialClub #SonCubano #BoleroCubano #MúsicaCubana #Cuba #HistoriaDeLaMúsica #LeyendasDeLaMúsica #CulturaCubana #CarnegieHall #LatinGrammy #SonCuba #CubanMusic #CubanSon #AfroCubanMusic #WorldMusic #MusicLegend #BuenaVista #LatinMusic #GrammyWinner
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jueves, 6 de agosto de 2020
6 DE AGOSTO DE 2005: IBRAHIM FERRER, DEL LUSTRABOTAS AL TRONO DEL SON CUBANO
El 6 de agosto de 2005, La Habana despedía a Ibrahim Ferrer, una de las voces más cálidas, elegantes e inolvidables de la música cubana. Su historia parece escrita para demostrar que el talento puede permanecer oculto durante décadas, pero nunca pierde su oportunidad de conmover al mundo. Había nacido el 20 de febrero de 1927 en San Luis, cerca de Santiago de Cuba, mientras su madre asistía a un baile en un club social. Creció en Los Hoyos, un barrio donde la conga, la rumba y el son formaban parte de la vida cotidiana. Cuando su madre murió, Ibrahim tenía apenas 12 años y debió salir adelante realizando distintos trabajos: fue vendedor callejero, carpintero y estibador, mientras buscaba en la música un refugio contra la pobreza y la soledad. En 1941, con solo 14 años, creó junto con un primo Los Jóvenes del Son. Por aquella primera actuación recibió un peso con cincuenta centavos y sintió que acababa de convertirse en millonario. Su voz comenzó a recorrer las agrupaciones de Santiago: cantó con la Orquesta Chepín-Chovén, con la que popularizó “El Platanal de Bartolo”, fue vocalista de Pacho Alonso, trabajó con Los Bocucos y llegó a compartir el camino musical con el legendario Beny Moré. Sin embargo, durante gran parte de su carrera permaneció lejos de los grandes reconocimientos. Aunque poseía un extraordinario talento para el son, la guaracha y la improvisación, soñaba especialmente con interpretar los boleros lentos y románticos que tanto amaba. Cansado de vivir siempre en segundo plano, se retiró en 1991. Su pequeña pensión no alcanzaba y tuvo que vender billetes de lotería y volver a lustrar zapatos para sobrevivir. Parecía que su voz quedaría sepultada en el pasado, hasta que una tarde de 1996 el músico y productor Juan de Marcos González fue a buscarlo. Ry Cooder necesitaba una voz suave para cantar un bolero durante las sesiones que darían origen a Buena Vista Social Club. Ferrer dejó los zapatos que estaba limpiando, acudió a los estudios EGREM y terminó cantando en once de las catorce canciones del histórico álbum. La voz que Cuba conocía desde hacía medio siglo estaba a punto de conquistar el planeta. El éxito llegó cuando Ibrahim tenía casi 70 años. El disco obtuvo reconocimiento internacional, el documental dirigido por Wim Wenders llevó su rostro y su historia a las pantallas y, el 1 de julio de 1998, Buena Vista Social Club actuó en el mítico Carnegie Hall de Nueva York. En 1999 apareció su verdadero debut solista, Buena Vista Social Club Presents Ibrahim Ferrer; un año después recibió el Latin Grammy como mejor artista nuevo a los 72 años, una de las ironías más hermosas de la historia musical. En 2003 publicó Buenos Hermanos, álbum que obtuvo el Grammy al mejor disco tropical latino. Durante sus últimos años recorrió Europa, América y Japón, cantó ante multitudes y recibió finalmente el reconocimiento que le había sido negado durante décadas. Después de regresar enfermo de una gira europea, murió en La Habana el 6 de agosto de 2005, a los 78 años, como consecuencia de una falla multiorgánica. Su último trabajo, Mi Sueño, dedicado a los boleros que siempre había querido grabar, fue publicado de manera póstuma en 2007. Ibrahim Ferrer pasó más de medio siglo sembrando canciones y apenas unos pocos años recogiendo la gloria, pero fueron suficientes para convertirlo en una leyenda. El hombre que alguna vez lustró zapatos para poder comer terminó pisando los escenarios más prestigiosos del mundo, demostrando que para una voz eterna jamás es demasiado tarde. #IbrahimFerrer #BuenaVistaSocialClub #SonCubano #BoleroCubano #MúsicaCubana #Cuba #HistoriaDeLaMúsica #LeyendasDeLaMúsica #CulturaCubana #CarnegieHall #LatinGrammy #SonCuba #CubanMusic #CubanSon #AfroCubanMusic #WorldMusic #MusicLegend #BuenaVista #LatinMusic #GrammyWinner
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