Cada 20 de junio se conmemora el Día Mundial de la Distrofia Muscular Facioescapulohumeral, conocida por sus siglas FSHD, una fecha destinada a visibilizar una enfermedad rara, genética y progresiva que afecta a miles de familias en todo el mundo. Su nombre parece difícil, pero describe con precisión las zonas que suele comprometer: facio, por los músculos de la cara; escápulo, por la región de los hombros y omóplatos; y humeral, por la parte superior de los brazos. En otras palabras, es una distrofia muscular que puede debilitar la expresión facial, la fuerza de los hombros, la movilidad de los brazos y, con el tiempo, otros grupos musculares. La FSHD no siempre avanza igual en todas las personas. En algunos casos puede manifestarse de forma leve y permitir una vida autónoma durante muchos años. En otros, puede generar limitaciones importantes, dolor, fatiga, dificultad para levantar los brazos, cerrar bien los ojos, silbar, sonreír, caminar largas distancias o realizar tareas cotidianas que para muchos parecen simples. Uno de sus signos más característicos es la debilidad progresiva y muchas veces asimétrica: un lado del cuerpo puede verse más afectado que el otro. También puede aparecer la llamada “escápula alada”, cuando los omóplatos sobresalen por la debilidad de los músculos que deberían mantenerlos firmes contra la espalda. En algunos pacientes se comprometen los músculos de las piernas, especialmente la zona anterior de la pierna, lo que puede provocar tropiezos o dificultad para levantar el pie al caminar. La historia médica de esta enfermedad se remonta al siglo XIX. Fue descrita con detalle por los médicos franceses Louis Landouzy y Joseph Dejerine en 1885, por eso durante mucho tiempo también se la conoció como enfermedad de Landouzy-Dejerine. Hoy se sabe que la FSHD tiene una base genética compleja, vinculada principalmente a alteraciones en la región D4Z4 del cromosoma 4 y a la activación anómala del gen DUX4 en el músculo. El diagnóstico suele requerir evaluación clínica por especialistas en enfermedades neuromusculares, estudios genéticos, análisis complementarios, electromiografía y controles según cada caso. También pueden recomendarse evaluaciones de visión, audición, función respiratoria o cardiológica cuando el cuadro lo justifica. Aunque todavía no existe una cura definitiva, el acompañamiento médico y la rehabilitación pueden mejorar la calidad de vida. La fisioterapia, la terapia ocupacional, el manejo del dolor, el cuidado postural, las ayudas para la movilidad, la adaptación de actividades diarias y, en casos seleccionados, ciertos procedimientos quirúrgicos sobre la escápula pueden ayudar a conservar autonomía y reducir complicaciones. Este día no se trata solamente de hablar de una enfermedad. Se trata de mirar a las personas que conviven con ella. De comprender que detrás de cada diagnóstico hay familias, historias, esfuerzos silenciosos, tratamientos, miedos, esperanzas y una enorme necesidad de investigación. La FSHD puede afectar músculos, pero no define el valor de una persona. Puede limitar movimientos, pero no debe apagar proyectos. Puede hacer más difícil sonreír, levantar los brazos o caminar, pero no puede borrar la dignidad, la fuerza y la lucha de quienes la enfrentan cada día. El 20 de junio, el mundo recuerda que visibilizar también es cuidar. Que investigar también es acompañar. Y que cada avance científico puede convertirse en esperanza para quienes viven con Distrofia Muscular Facioescapulohumeral. Día Mundial de la FSHD: conocer, comprender, acompañar e impulsar la investigación. #WorldFSHDDay, #FSHD, #FacioscapulohumeralMuscularDystrophy, #MuscularDystrophy, #RareDisease, #RareDiseaseAwareness, #GeneticDisease, #NeuromuscularDisease, #DisabilityAwareness, #MedicalResearch, #HealthAwareness, #DíaMundialFSHD, #DistrofiaMuscular, #DistrofiaFacioescapulohumeral, #EnfermedadesRaras, #Concientización, #Salud, #InvestigaciónMédica, #Inclusión, #20DeJunio, #Efemérides, #MendozAntigua
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martes, 20 de junio de 2023
20 de Junio: Día Mundial de la Distrofia Muscular Facioescapulohumeral, la enfermedad silenciosa que puede robar hasta una sonrisa
Cada 20 de junio se conmemora el Día Mundial de la Distrofia Muscular Facioescapulohumeral, conocida por sus siglas FSHD, una fecha destinada a visibilizar una enfermedad rara, genética y progresiva que afecta a miles de familias en todo el mundo. Su nombre parece difícil, pero describe con precisión las zonas que suele comprometer: facio, por los músculos de la cara; escápulo, por la región de los hombros y omóplatos; y humeral, por la parte superior de los brazos. En otras palabras, es una distrofia muscular que puede debilitar la expresión facial, la fuerza de los hombros, la movilidad de los brazos y, con el tiempo, otros grupos musculares. La FSHD no siempre avanza igual en todas las personas. En algunos casos puede manifestarse de forma leve y permitir una vida autónoma durante muchos años. En otros, puede generar limitaciones importantes, dolor, fatiga, dificultad para levantar los brazos, cerrar bien los ojos, silbar, sonreír, caminar largas distancias o realizar tareas cotidianas que para muchos parecen simples. Uno de sus signos más característicos es la debilidad progresiva y muchas veces asimétrica: un lado del cuerpo puede verse más afectado que el otro. También puede aparecer la llamada “escápula alada”, cuando los omóplatos sobresalen por la debilidad de los músculos que deberían mantenerlos firmes contra la espalda. En algunos pacientes se comprometen los músculos de las piernas, especialmente la zona anterior de la pierna, lo que puede provocar tropiezos o dificultad para levantar el pie al caminar. La historia médica de esta enfermedad se remonta al siglo XIX. Fue descrita con detalle por los médicos franceses Louis Landouzy y Joseph Dejerine en 1885, por eso durante mucho tiempo también se la conoció como enfermedad de Landouzy-Dejerine. Hoy se sabe que la FSHD tiene una base genética compleja, vinculada principalmente a alteraciones en la región D4Z4 del cromosoma 4 y a la activación anómala del gen DUX4 en el músculo. El diagnóstico suele requerir evaluación clínica por especialistas en enfermedades neuromusculares, estudios genéticos, análisis complementarios, electromiografía y controles según cada caso. También pueden recomendarse evaluaciones de visión, audición, función respiratoria o cardiológica cuando el cuadro lo justifica. Aunque todavía no existe una cura definitiva, el acompañamiento médico y la rehabilitación pueden mejorar la calidad de vida. La fisioterapia, la terapia ocupacional, el manejo del dolor, el cuidado postural, las ayudas para la movilidad, la adaptación de actividades diarias y, en casos seleccionados, ciertos procedimientos quirúrgicos sobre la escápula pueden ayudar a conservar autonomía y reducir complicaciones. Este día no se trata solamente de hablar de una enfermedad. Se trata de mirar a las personas que conviven con ella. De comprender que detrás de cada diagnóstico hay familias, historias, esfuerzos silenciosos, tratamientos, miedos, esperanzas y una enorme necesidad de investigación. La FSHD puede afectar músculos, pero no define el valor de una persona. Puede limitar movimientos, pero no debe apagar proyectos. Puede hacer más difícil sonreír, levantar los brazos o caminar, pero no puede borrar la dignidad, la fuerza y la lucha de quienes la enfrentan cada día. El 20 de junio, el mundo recuerda que visibilizar también es cuidar. Que investigar también es acompañar. Y que cada avance científico puede convertirse en esperanza para quienes viven con Distrofia Muscular Facioescapulohumeral. Día Mundial de la FSHD: conocer, comprender, acompañar e impulsar la investigación. #WorldFSHDDay, #FSHD, #FacioscapulohumeralMuscularDystrophy, #MuscularDystrophy, #RareDisease, #RareDiseaseAwareness, #GeneticDisease, #NeuromuscularDisease, #DisabilityAwareness, #MedicalResearch, #HealthAwareness, #DíaMundialFSHD, #DistrofiaMuscular, #DistrofiaFacioescapulohumeral, #EnfermedadesRaras, #Concientización, #Salud, #InvestigaciónMédica, #Inclusión, #20DeJunio, #Efemérides, #MendozAntigua
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