El 9 de agosto de 1958, en uno de los episodios más tensos y hoy menos recordados de la historia entre Argentina y Chile, un diminuto islote rocoso del canal Beagle se convirtió en el centro de una crisis capaz de enfrentar militarmente a dos países vecinos. Se llamaba Snipe y tenía apenas alrededor de un kilómetro de largo por 300 metros de ancho. Sin embargo, detrás de aquella pequeña formación situada entre Tierra del Fuego y la isla Navarino había algo mucho mayor: dos interpretaciones enfrentadas sobre la soberanía de los canales e islas australes. La crisis no comenzó aquel 9 de agosto. El 12 de enero de 1958, Chile instaló en Snipe una baliza inicialmente sin iluminación y, el 1 de mayo, el patrullero Lientur la convirtió en una señal luminosa. Argentina interpretó aquel acto como una alteración de la situación existente en una zona cuya soberanía consideraba pendiente de resolución. El 7 de mayo, el aviso ARA Guaraní retiró la estructura chilena y colocó otra argentina; pocos días después, marinos chilenos desmontaron la señal argentina. El 8 de junio, Chile volvió a instalar un faro en el islote. En cuestión de meses, aquella roca había pasado de ser casi desconocida a transformarse en un tablero de ajedrez diplomático y naval. La tensión ya había producido una escena extraordinaria el 14 de mayo. Mientras el Lientur trabajaba junto al islote, tres fragatas argentinas aparecieron por el paso McKinley y se acercaron hasta unos 3.000 metros. Los cañones y ametralladoras apuntaban hacia la zona y la situación se volvió peligrosísima. El comandante chileno ordenó reunir a sus hombres mediante tres pitazos; desde las naves argentinas interpretaron la señal como un saludo y respondieron de la misma manera. Aquel curioso malentendido ayudó a que un encuentro cargado de tensión terminara sin disparos. Pero el verdadero salto de escala ocurrió tres meses después. El 7 de agosto, la Cancillería argentina presentó formalmente su posición sobre las islas y el canal Beagle. Dos días después, en la tarde del 9 de agosto, el destructor ARA San Juan, al mando del capitán de fragata Carlos Coda, llegó a Snipe. La documentación naval chilena confirma que el buque efectuó cuatro disparos de cañón sobre el promontorio, tras lo cual desembarcó personal de Infantería de Marina, destruyó la señal chilena y tomó temporalmente el control del islote. Aquí aparece un detalle histórico especialmente interesante: las fuentes no coinciden sobre cuántos argentinos desembarcaron. Una reconstrucción realizada desde Argentina habla de unos 80 infantes de marina, mientras documentación y estudios publicados por la Armada de Chile mencionan una compañía de 120 hombres. La discrepancia merece conservarse, porque muestra cómo incluso un acontecimiento relativamente reciente puede presentar diferencias según los archivos y testimonios utilizados. En Santiago la reacción fue inmediata. El gobierno del presidente Carlos Ibáñez del Campo presentó una dura protesta diplomática, retiró a su embajador en Buenos Aires y ordenó preparar a la Armada para recuperar Snipe. La escuadra chilena, que realizaba ejercicios frente a Coquimbo, recibió instrucciones de reabastecerse y dirigirse hacia el sur. En Talcahuano se embarcaron efectivos de Infantería de Marina y el 14 de agosto una fuerza recibió una orden concreta: embarcar en las fragatas Baquedano y Covadonga, llegar al islote y desalojar a las tropas argentinas. Los preparativos chilenos revelan hasta qué punto aquello había dejado de ser simplemente una discusión diplomática. La fuerza reunida disponía de morteros, ametralladoras, fusiles automáticos y lanzallamas, aunque afrontaba una seria escasez de munición: para parte del armamento inicialmente disponible se calculaba una autonomía de fuego de apenas unos quince minutos, circunstancia que obligó a cambiar fusiles y ametralladoras por modelos de otro calibre para aprovechar mayores reservas. Incluso faltaban mochilas, ropa impermeable y sacos de dormir adecuados para una operación en los canales australes. Al otro lado de la cordillera tampoco se trataba ya de un simple gesto simbólico. Según una reconstrucción argentina basada en testimonios navales, junto con el envío del San Juan se dispuso el traslado desde Punta Indio hacia Río Gallegos de dos divisiones de cazabombarderos F4U-5 Corsair de la Aviación Naval, que permanecieron en alerta por si la crisis derivaba en algo mayor. En otras palabras, mientras los diplomáticos intercambiaban notas, buques, infantes de marina y aviones comenzaban a colocarse en posición. Por fortuna, los cañones no volvieron a hablar. El 17 de agosto de 1958, apenas ocho días después de los disparos del San Juan, Buenos Aires y Santiago acordaron desactivar la crisis. La situación debía retrotraerse a la existente antes del 12 de enero: las fuerzas se retirarían y Snipe quedaría nuevamente sin las señales instaladas unilateralmente durante aquellos meses, mientras ambos gobiernos reiteraban que la controversia debía resolverse por medios pacíficos. Aun así, documentación naval chilena señala que el estado de alerta no desapareció completamente hasta mediados de septiembre. Lo extraordinario es la desproporción entre el tamaño del escenario y la magnitud de lo que estuvo en juego: un islote de aproximadamente 1.000 por 300 metros consiguió movilizar buques de guerra, infantes de marina, aviones, cancillerías, embajadores y gobiernos enteros. Veinte años más tarde, el Beagle volvería a colocar a Argentina y Chile al borde de un conflicto mucho más grave. Finalmente, el Tratado de Paz y Amistad firmado el 29 de noviembre de 1984 estableció el marco definitivo para superar el diferendo austral y consagró el compromiso de solucionar las controversias bilateralmente por medios pacíficos; Snipe quedó bajo soberanía chilena. Snipe demuestra que la historia no siempre necesita un gran territorio para producir una enorme crisis. En agosto de 1958 bastaron una roca perdida en el Beagle, un faro, cuatro cañonazos y dos banderas para que Argentina y Chile comenzaran a mover sus fuerzas. La guerra no llegó, pero durante aquellos días estuvo mucho más cerca de lo que hoy suele recordarse. #IsloteSnipe #CanalBeagle #Argentina #Chile #ArturoFrondizi #CarlosIbáñezDelCampo #ARASanJuan #ArmadaArgentina #ArmadaDeChile #HistoriaArgentina #HistoriaDeChile #HistoriaNaval #TierraDelFuego #Patagonia #Beagle #RelacionesArgentinaChile #MendozAntigua #SnipeIncident #BeagleChannel #ArgentineHistory #ChileanHistory #NavalHistory #ArgentinaChile #SouthAmericanHistory
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domingo, 9 de agosto de 2026
9 DE AGOSTO DE 1958: CUATRO CAÑONAZOS EN EL BEAGLE — EL DÍA QUE ARGENTINA OCUPÓ SNIPE Y CHILE PUSO SU FLOTA RUMBO AL SUR
El 9 de agosto de 1958, en uno de los episodios más tensos y hoy menos recordados de la historia entre Argentina y Chile, un diminuto islote rocoso del canal Beagle se convirtió en el centro de una crisis capaz de enfrentar militarmente a dos países vecinos. Se llamaba Snipe y tenía apenas alrededor de un kilómetro de largo por 300 metros de ancho. Sin embargo, detrás de aquella pequeña formación situada entre Tierra del Fuego y la isla Navarino había algo mucho mayor: dos interpretaciones enfrentadas sobre la soberanía de los canales e islas australes. La crisis no comenzó aquel 9 de agosto. El 12 de enero de 1958, Chile instaló en Snipe una baliza inicialmente sin iluminación y, el 1 de mayo, el patrullero Lientur la convirtió en una señal luminosa. Argentina interpretó aquel acto como una alteración de la situación existente en una zona cuya soberanía consideraba pendiente de resolución. El 7 de mayo, el aviso ARA Guaraní retiró la estructura chilena y colocó otra argentina; pocos días después, marinos chilenos desmontaron la señal argentina. El 8 de junio, Chile volvió a instalar un faro en el islote. En cuestión de meses, aquella roca había pasado de ser casi desconocida a transformarse en un tablero de ajedrez diplomático y naval. La tensión ya había producido una escena extraordinaria el 14 de mayo. Mientras el Lientur trabajaba junto al islote, tres fragatas argentinas aparecieron por el paso McKinley y se acercaron hasta unos 3.000 metros. Los cañones y ametralladoras apuntaban hacia la zona y la situación se volvió peligrosísima. El comandante chileno ordenó reunir a sus hombres mediante tres pitazos; desde las naves argentinas interpretaron la señal como un saludo y respondieron de la misma manera. Aquel curioso malentendido ayudó a que un encuentro cargado de tensión terminara sin disparos. Pero el verdadero salto de escala ocurrió tres meses después. El 7 de agosto, la Cancillería argentina presentó formalmente su posición sobre las islas y el canal Beagle. Dos días después, en la tarde del 9 de agosto, el destructor ARA San Juan, al mando del capitán de fragata Carlos Coda, llegó a Snipe. La documentación naval chilena confirma que el buque efectuó cuatro disparos de cañón sobre el promontorio, tras lo cual desembarcó personal de Infantería de Marina, destruyó la señal chilena y tomó temporalmente el control del islote. Aquí aparece un detalle histórico especialmente interesante: las fuentes no coinciden sobre cuántos argentinos desembarcaron. Una reconstrucción realizada desde Argentina habla de unos 80 infantes de marina, mientras documentación y estudios publicados por la Armada de Chile mencionan una compañía de 120 hombres. La discrepancia merece conservarse, porque muestra cómo incluso un acontecimiento relativamente reciente puede presentar diferencias según los archivos y testimonios utilizados. En Santiago la reacción fue inmediata. El gobierno del presidente Carlos Ibáñez del Campo presentó una dura protesta diplomática, retiró a su embajador en Buenos Aires y ordenó preparar a la Armada para recuperar Snipe. La escuadra chilena, que realizaba ejercicios frente a Coquimbo, recibió instrucciones de reabastecerse y dirigirse hacia el sur. En Talcahuano se embarcaron efectivos de Infantería de Marina y el 14 de agosto una fuerza recibió una orden concreta: embarcar en las fragatas Baquedano y Covadonga, llegar al islote y desalojar a las tropas argentinas. Los preparativos chilenos revelan hasta qué punto aquello había dejado de ser simplemente una discusión diplomática. La fuerza reunida disponía de morteros, ametralladoras, fusiles automáticos y lanzallamas, aunque afrontaba una seria escasez de munición: para parte del armamento inicialmente disponible se calculaba una autonomía de fuego de apenas unos quince minutos, circunstancia que obligó a cambiar fusiles y ametralladoras por modelos de otro calibre para aprovechar mayores reservas. Incluso faltaban mochilas, ropa impermeable y sacos de dormir adecuados para una operación en los canales australes. Al otro lado de la cordillera tampoco se trataba ya de un simple gesto simbólico. Según una reconstrucción argentina basada en testimonios navales, junto con el envío del San Juan se dispuso el traslado desde Punta Indio hacia Río Gallegos de dos divisiones de cazabombarderos F4U-5 Corsair de la Aviación Naval, que permanecieron en alerta por si la crisis derivaba en algo mayor. En otras palabras, mientras los diplomáticos intercambiaban notas, buques, infantes de marina y aviones comenzaban a colocarse en posición. Por fortuna, los cañones no volvieron a hablar. El 17 de agosto de 1958, apenas ocho días después de los disparos del San Juan, Buenos Aires y Santiago acordaron desactivar la crisis. La situación debía retrotraerse a la existente antes del 12 de enero: las fuerzas se retirarían y Snipe quedaría nuevamente sin las señales instaladas unilateralmente durante aquellos meses, mientras ambos gobiernos reiteraban que la controversia debía resolverse por medios pacíficos. Aun así, documentación naval chilena señala que el estado de alerta no desapareció completamente hasta mediados de septiembre. Lo extraordinario es la desproporción entre el tamaño del escenario y la magnitud de lo que estuvo en juego: un islote de aproximadamente 1.000 por 300 metros consiguió movilizar buques de guerra, infantes de marina, aviones, cancillerías, embajadores y gobiernos enteros. Veinte años más tarde, el Beagle volvería a colocar a Argentina y Chile al borde de un conflicto mucho más grave. Finalmente, el Tratado de Paz y Amistad firmado el 29 de noviembre de 1984 estableció el marco definitivo para superar el diferendo austral y consagró el compromiso de solucionar las controversias bilateralmente por medios pacíficos; Snipe quedó bajo soberanía chilena. Snipe demuestra que la historia no siempre necesita un gran territorio para producir una enorme crisis. En agosto de 1958 bastaron una roca perdida en el Beagle, un faro, cuatro cañonazos y dos banderas para que Argentina y Chile comenzaran a mover sus fuerzas. La guerra no llegó, pero durante aquellos días estuvo mucho más cerca de lo que hoy suele recordarse. #IsloteSnipe #CanalBeagle #Argentina #Chile #ArturoFrondizi #CarlosIbáñezDelCampo #ARASanJuan #ArmadaArgentina #ArmadaDeChile #HistoriaArgentina #HistoriaDeChile #HistoriaNaval #TierraDelFuego #Patagonia #Beagle #RelacionesArgentinaChile #MendozAntigua #SnipeIncident #BeagleChannel #ArgentineHistory #ChileanHistory #NavalHistory #ArgentinaChile #SouthAmericanHistory
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