domingo, 8 de marzo de 2026

🍇 Cuando Mendoza cambió para siempre: inmigración, crédito y poder detrás del nacimiento del imperio del vino


A fines del siglo XIX, Mendoza dejó de ser solo una provincia agroganadera para convertirse en el corazón de una nueva economía regional. La vieja élite mercantil y ganadera mendocina se reconfiguró junto con empresarios llegados de la inmigración europea, y de esa fusión nació una burguesía industrial regional que empujó la transformación vitivinícola. No fue un cambio improvisado: fue el resultado de capital acumulado, nuevas inversiones, tecnología y una estrecha relación entre poder económico y poder político. Ese proceso se sostuvo sobre varias palancas a la vez. La expansión del ferrocarril, la modernización del riego, los altos salarios iniciales, la difusión del crédito institucional a través de bancos como el de Mendoza, el Nacional y el Hipotecario, y las exenciones impositivas permitieron que muchos trabajadores y productores accedieran al ahorro, la capitalización y, en no pocos casos, a la pequeña propiedad. Pero, al mismo tiempo, también avanzó una concentración de la propiedad vitícola en manos del grupo dominante y de nuevos empresarios capitalizados, muchos de ellos de origen inmigrante. El Estado provincial tuvo un papel decisivo. Diversos estudios coinciden en que las administraciones de Francisco Civit, Elías Villanueva y Tiburcio Benegas fueron centrales para estimular la vitivinicultura moderna mediante exenciones impositivas, formación de recursos humanos, fomento del crédito y políticas para atraer inmigrantes. De hecho, ya en 1879 se presentó un proyecto para eximir de impuestos a viñedos, olivos y nogales, y la ley aprobada en 1881 abrió un ciclo de beneficios que se prolongó, con cambios, hasta comienzos del siglo XX. La llegada de inmigrantes no fue librada al azar. Entre 1884 y 1885, la misión de Santiago Soglieri, respaldada por el gobierno de Mendoza y la Comisión de Inmigración local, buscó traer desde Italia 400 familias de agricultores y vitivinicultores. Más adelante, en 1895, el gobernador Francisco Moyano dictó un decreto que fijó una subvención para trasladar inmigrantes a la provincia y designó un agente en Buenos Aires para seleccionarlos y atraerlos hacia Mendoza. Con el tiempo, muchos de esos inmigrantes o sus descendientes desplegaron una capacidad empresarial extraordinaria. A comienzos del siglo XX, la estructura productiva mendocina mostraba un fuerte predominio de capitales extranjeros: un estudio clásico estima que hacia 1910 había alrededor de doce grandes bodegueros, de los cuales diez eran extranjeros, y que los llamados “dueños del vino” eran mayoritariamente italianos y españoles. Ese crecimiento también se apoyó en redes familiares, asociaciones entre connacionales y alianzas económicas que luego llegaron a influir en la esfera pública. La historiografía sobre Mendoza muestra que muchos empresarios no avanzaron solos: se asociaron con hermanos, cuñados, sobrinos o paisanos, formando entramados que articularon producción, comercio, crédito y política. En otras palabras, la vitivinicultura no solo cambió el paisaje: también cambió las relaciones sociales, el reparto del poder y la estructura misma de la provincia. #Mendoza #Vitivinicultura #Inmigración #HistoriaMendocina #Bodegas #Viñedos #EconomíaRegional #MendozAntigua. La idea de que “a comienzos de 1910 las bodegas más grandes pertenecían a extranjeros” está bien respaldada por la bibliografía académica, pero conviene expresarla como predominio mayoritario y no como una totalidad absoluta.

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