viernes, 13 de marzo de 2026

El terremoto que destruyó la ciudad… y también reinventó su memoria: cómo Mendoza borró su propio pasado (Imagen Ilustrativa)


El terremoto del 20 de marzo de 1861 no solo arrasó con gran parte de la estructura física de Mendoza: también partió en dos su historia urbana, social y simbólica. La catástrofe dejó cerca de 4.500 muertos, desaparecidos y emigrados, y transformó para siempre la relación de los mendocinos con la vieja ciudad colonial. Más que un desastre natural, fue un quiebre que alteró la memoria colectiva, la forma de habitar el espacio y hasta la manera de contar el pasado. Con el tiempo, la ciudad antigua quedó asociada a la ruina, al abandono y a un pasado que las nuevas élites liberales no querían heredar. La Mendoza posterior al sismo comenzó a construirse como una ciudad “nueva”, separada de aquella trama colonial que había quedado bajo los escombros. Investigaciones de la UNCuyo remarcan justamente que el terremoto de 1861 empujó la aparición de una ciudad moderna diferenciada de la “vieja ciudad” destruida. Ese proceso no fue solo material: también fue cultural. Los restos visibles de la ciudad arrasada se redujeron casi por completo. Hoy, las Ruinas de San Francisco son señaladas por el Estado nacional como los únicos restos visibles que se conservan de la ciudad antigua, levantada en el área fundacional y destruida por el terremoto. A eso se suman hallazgos arqueológicos posteriores, como vestigios del Cabildo, de la antigua fuente y de otros edificios religiosos, que permitieron reconstruir parcialmente una historia que durante décadas quedó tapada por el olvido. Después del sismo, la vieja ciudad fue perdiendo centralidad y prestigio. Según la investigación histórica y arqueológica de Daniel Schávelzon, sobre el antiguo Cabildo se instaló luego el matadero, mientras que sucesivas intervenciones urbanas —como nivelaciones, la traza de la Costanera y el entubamiento del Zanjón— terminaron agravando el anegamiento de esa zona. La Cuarta Sección quedó así cada vez más ligada al barro, al desagüe y a un paisaje social que las clases altas preferían dejar atrás. Uno de los aportes más impactantes de estos estudios es que desmontan varias de las leyendas repetidas durante generaciones. No hay base firme para afirmar que el terremoto ocurrió en Viernes Santo, ni que hubiera 7.000 muertos, ni que una novia muriera frente al altar, ni que un jesuita hubiera anunciado la destrucción de Mendoza como castigo divino. La propia investigación arqueológica e histórica muestra que muchas de esas escenas pertenecen más al imaginario construido después que a lo sucedido realmente aquella noche. Por eso, estudiar el terremoto mendocino no consiste solo en medir daños o contar víctimas. También implica entender cómo una sociedad interpreta una tragedia, cómo convierte ciertos relatos en verdades indiscutidas y cómo usa el espacio urbano para recordar… o para borrar. En Mendoza, el sismo de 1861 no destruyó únicamente edificios: también abrió una disputa por la memoria, la identidad y el sentido mismo de la ciudad. #Mendoza1861 #TerremotoDeMendoza #HistoriaDeMendoza #MemoriaUrbana #SanFrancisco #ÁreaFundacional #Patrimonio #CiudadVieja #MemoriaColectiva #MendozAntigua

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