La acción gremial de los arquitectos en Mendoza no nació de un día para otro, pero sí encontró un punto de inflexión decisivo en 1959, cuando lo local empezó a ganar autonomía frente al histórico peso de la Sociedad Central de Arquitectos de Buenos Aires. El camino, en realidad, había comenzado antes: en 1952 un pequeño grupo de profesionales mendocinos impulsó la creación de una filial provincial, y el 21 de diciembre de 1953 quedó aprobada la División Mendoza de la SCA, formalmente constituida pocos días después. Sobre esa base, el 14 de diciembre de 1959, en una asamblea realizada en el Hotel Americano, nació la Sociedad de Arquitectos de Mendoza (SAM), ya como entidad independiente de alcance provincial, con estatuto propio y vocación de representar con voz propia a los arquitectos mendocinos. La nueva institución no se limitó a ser un sello administrativo. Su estatuto fijó objetivos amplios y ambiciosos: fortalecer la unión entre colegas, representar a los arquitectos ante autoridades e instituciones, defender los intereses legítimos de la profesión, difundir la función social del arquitecto, promover el perfeccionamiento profesional, colaborar con la enseñanza de la arquitectura y el urbanismo, estimular a la industria de la construcción, mediar en conflictos entre profesionales, sostener vínculos con asociaciones del país y del exterior y auspiciar congresos y encuentros especializados. A ese impulso inicial se sumó un dato que ayuda a medir su importancia: la SAM fue constituida por 29 arquitectos, y su primera comisión directiva, formada el 19 de diciembre de 1959, tuvo como presidente a Aniceto Puig. Más tarde, el 9 de septiembre de 1968, el Decreto 4060 del Poder Ejecutivo provincial aprobó sus estatutos y le otorgó la personería jurídica, consolidando legalmente una trayectoria que ya era relevante en la vida profesional mendocina. Desde entonces, la SAM se convirtió en mucho más que un espacio corporativo: fue un actor activo en el debate urbano, normativo y cultural de Mendoza. En sus actas aparecen discusiones gremiales, como la necesidad de una caja de previsión para profesionales, pero también intervenciones sobre planeamiento, urbanismo, reforma de leyes y promoción de concursos. Ya desde su etapa previa como División Mendoza, los arquitectos habían impulsado llamados a concurso y colaborado en la elaboración de antecedentes para un Código de Edificación de la ciudad. Incluso a fines de 1958 organizaron en Mendoza las Terceras Jornadas Argentinas de Arquitectos, donde el tema propuesto fue “Arquitectura en zona sísmica”, una cuestión clave para la provincia. Más adelante, la SAM promovió o acompañó concursos para obras como el Hospital Italiano, el Palacio Policial, el Banco de Previsión Social, el Banco Unión Comercial e Industrial (BUCI) y el Palacio Nacional de la Vid y el Vino, entre otros. Ya en la recta final del siglo XX, también quedó asociada a debates y concursos urbanos de gran peso, como el del Parque Central, cuyo proyecto ganador surgió de un concurso nacional en 1999. En ese largo recorrido fueron apareciendo figuras que tendrían fuerte gravitación dentro de la institución y en la vida pública mendocina. Entre 1962 y 1969 presidieron la entidad Juan Carlos Rogé, Jacques Caspi, Pedro Merlo, Ricardo Casnati y Mario Day Arenas, mientras nuevos nombres como Gilberto Olguín, Carlos y Gerardo Andía, Mario Pagés, Juan Brugiavini, Bozidar Bajuk, Antonio Abramo y Carlos Gainza empezaban a ganar protagonismo. La SAM, además, no actuó aislada: fue respaldo institucional de procesos decisivos, como la discusión del Código de Edificación, la incidencia de muchos de sus miembros en reparticiones públicas y universidades, y la creación de la primera Facultad de Arquitectura en Mendoza. Esa presencia explica por qué terminó funcionando como una verdadera plataforma de influencia profesional, urbana y cultural en la provincia. En las décadas siguientes, la entidad continuó ampliando su campo de acción. Entre sus hitos más recordados figura la organización del Primer Congreso Internacional de Ciudad y Arquitectura en Zona Sísmica, previsto para 1987, en cuya comisión participaron representantes de la SAM, la UNCuyo, la Universidad de Mendoza, el CRICYT, la Federación Panamericana de Arquitectos y la Federación Argentina de Sociedades de Arquitectos. En esos mismos años también impulsó el proyecto de colegiación de los arquitectos mendocinos, una discusión que terminaría cambiando la estructura institucional de la profesión en la provincia. Ese cambio llegó con la Ley 5350, sancionada el 16 de octubre de 1988 y publicada en el Boletín Oficial el 16 de diciembre de ese año, norma que reguló el ejercicio profesional y dio marco al Colegio de Arquitectos de Mendoza (CAM), ya operativo desde 1989. A partir de entonces, el colegio pasó a concentrar la organización de la matrícula, el control del ejercicio profesional, los aspectos éticos y administrativos y el vínculo institucional de los matriculados con el Estado. En paralelo, la función gremial que durante décadas había encarnado la SAM comenzó a desdibujarse. El CAM se transformó en el organismo central de la profesión, mientras la vieja sociedad fue perdiendo peso hasta que su última comisión directiva se disolvió en 2006. Vista en perspectiva, la historia de la Sociedad de Arquitectos de Mendoza no fue solamente la de una asociación profesional. Fue la historia de cómo un colectivo de arquitectos buscó organizarse, ganar autonomía, influir sobre la ciudad y participar activamente en la construcción institucional, urbana y cultural de Mendoza. Desde concursos y códigos hasta congresos, debates patrimoniales y proyectos de colegiación, la SAM dejó una marca profunda: ayudó a que la arquitectura mendocina dejara de depender exclusivamente del centro porteño y adquiriera una identidad propia, con voz, agenda y peso específico en la provincia. #SociedadDeArquitectosDeMendoza #SAM #ArquitecturaMendocina #HistoriaDeMendoza #Urbanismo #PatrimonioArquitectónico #ColegioDeArquitectos #CAMZA #ObraPública #PlaneamientoUrbano #ConcursosDeArquitectura #ArquitectosDeMendoza #Mendoza #MendozaArchitecture #ArchitecturalHeritage #UrbanHistory #PublicArchitecture #CityPlanning #ArchitectsAssociation #ProfessionalHistory #ArgentineArchitecture #ArchitecturalCulture
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martes, 21 de abril de 2026
Cuando los arquitectos mendocinos levantaron su propia voz: la historia de la SAM, la entidad que ayudó a moldear la Mendoza moderna (Imagen Ilustrativa)
La acción gremial de los arquitectos en Mendoza no nació de un día para otro, pero sí encontró un punto de inflexión decisivo en 1959, cuando lo local empezó a ganar autonomía frente al histórico peso de la Sociedad Central de Arquitectos de Buenos Aires. El camino, en realidad, había comenzado antes: en 1952 un pequeño grupo de profesionales mendocinos impulsó la creación de una filial provincial, y el 21 de diciembre de 1953 quedó aprobada la División Mendoza de la SCA, formalmente constituida pocos días después. Sobre esa base, el 14 de diciembre de 1959, en una asamblea realizada en el Hotel Americano, nació la Sociedad de Arquitectos de Mendoza (SAM), ya como entidad independiente de alcance provincial, con estatuto propio y vocación de representar con voz propia a los arquitectos mendocinos. La nueva institución no se limitó a ser un sello administrativo. Su estatuto fijó objetivos amplios y ambiciosos: fortalecer la unión entre colegas, representar a los arquitectos ante autoridades e instituciones, defender los intereses legítimos de la profesión, difundir la función social del arquitecto, promover el perfeccionamiento profesional, colaborar con la enseñanza de la arquitectura y el urbanismo, estimular a la industria de la construcción, mediar en conflictos entre profesionales, sostener vínculos con asociaciones del país y del exterior y auspiciar congresos y encuentros especializados. A ese impulso inicial se sumó un dato que ayuda a medir su importancia: la SAM fue constituida por 29 arquitectos, y su primera comisión directiva, formada el 19 de diciembre de 1959, tuvo como presidente a Aniceto Puig. Más tarde, el 9 de septiembre de 1968, el Decreto 4060 del Poder Ejecutivo provincial aprobó sus estatutos y le otorgó la personería jurídica, consolidando legalmente una trayectoria que ya era relevante en la vida profesional mendocina. Desde entonces, la SAM se convirtió en mucho más que un espacio corporativo: fue un actor activo en el debate urbano, normativo y cultural de Mendoza. En sus actas aparecen discusiones gremiales, como la necesidad de una caja de previsión para profesionales, pero también intervenciones sobre planeamiento, urbanismo, reforma de leyes y promoción de concursos. Ya desde su etapa previa como División Mendoza, los arquitectos habían impulsado llamados a concurso y colaborado en la elaboración de antecedentes para un Código de Edificación de la ciudad. Incluso a fines de 1958 organizaron en Mendoza las Terceras Jornadas Argentinas de Arquitectos, donde el tema propuesto fue “Arquitectura en zona sísmica”, una cuestión clave para la provincia. Más adelante, la SAM promovió o acompañó concursos para obras como el Hospital Italiano, el Palacio Policial, el Banco de Previsión Social, el Banco Unión Comercial e Industrial (BUCI) y el Palacio Nacional de la Vid y el Vino, entre otros. Ya en la recta final del siglo XX, también quedó asociada a debates y concursos urbanos de gran peso, como el del Parque Central, cuyo proyecto ganador surgió de un concurso nacional en 1999. En ese largo recorrido fueron apareciendo figuras que tendrían fuerte gravitación dentro de la institución y en la vida pública mendocina. Entre 1962 y 1969 presidieron la entidad Juan Carlos Rogé, Jacques Caspi, Pedro Merlo, Ricardo Casnati y Mario Day Arenas, mientras nuevos nombres como Gilberto Olguín, Carlos y Gerardo Andía, Mario Pagés, Juan Brugiavini, Bozidar Bajuk, Antonio Abramo y Carlos Gainza empezaban a ganar protagonismo. La SAM, además, no actuó aislada: fue respaldo institucional de procesos decisivos, como la discusión del Código de Edificación, la incidencia de muchos de sus miembros en reparticiones públicas y universidades, y la creación de la primera Facultad de Arquitectura en Mendoza. Esa presencia explica por qué terminó funcionando como una verdadera plataforma de influencia profesional, urbana y cultural en la provincia. En las décadas siguientes, la entidad continuó ampliando su campo de acción. Entre sus hitos más recordados figura la organización del Primer Congreso Internacional de Ciudad y Arquitectura en Zona Sísmica, previsto para 1987, en cuya comisión participaron representantes de la SAM, la UNCuyo, la Universidad de Mendoza, el CRICYT, la Federación Panamericana de Arquitectos y la Federación Argentina de Sociedades de Arquitectos. En esos mismos años también impulsó el proyecto de colegiación de los arquitectos mendocinos, una discusión que terminaría cambiando la estructura institucional de la profesión en la provincia. Ese cambio llegó con la Ley 5350, sancionada el 16 de octubre de 1988 y publicada en el Boletín Oficial el 16 de diciembre de ese año, norma que reguló el ejercicio profesional y dio marco al Colegio de Arquitectos de Mendoza (CAM), ya operativo desde 1989. A partir de entonces, el colegio pasó a concentrar la organización de la matrícula, el control del ejercicio profesional, los aspectos éticos y administrativos y el vínculo institucional de los matriculados con el Estado. En paralelo, la función gremial que durante décadas había encarnado la SAM comenzó a desdibujarse. El CAM se transformó en el organismo central de la profesión, mientras la vieja sociedad fue perdiendo peso hasta que su última comisión directiva se disolvió en 2006. Vista en perspectiva, la historia de la Sociedad de Arquitectos de Mendoza no fue solamente la de una asociación profesional. Fue la historia de cómo un colectivo de arquitectos buscó organizarse, ganar autonomía, influir sobre la ciudad y participar activamente en la construcción institucional, urbana y cultural de Mendoza. Desde concursos y códigos hasta congresos, debates patrimoniales y proyectos de colegiación, la SAM dejó una marca profunda: ayudó a que la arquitectura mendocina dejara de depender exclusivamente del centro porteño y adquiriera una identidad propia, con voz, agenda y peso específico en la provincia. #SociedadDeArquitectosDeMendoza #SAM #ArquitecturaMendocina #HistoriaDeMendoza #Urbanismo #PatrimonioArquitectónico #ColegioDeArquitectos #CAMZA #ObraPública #PlaneamientoUrbano #ConcursosDeArquitectura #ArquitectosDeMendoza #Mendoza #MendozaArchitecture #ArchitecturalHeritage #UrbanHistory #PublicArchitecture #CityPlanning #ArchitectsAssociation #ProfessionalHistory #ArgentineArchitecture #ArchitecturalCulture
21 de abril de 1863 se produjo el Combate de Villaprima, el golpe que frenó a Felipe Varela en Catamarca y encendió otro capítulo de las guerras civiles
También citado en varias fuentes como Huillapima, en el actual departamento Capayán, provincia de Catamarca. Allí, fuerzas vinculadas a Manuel Taboada —y, según algunas cronologías tradicionales, con un destacamento al mando del comandante Maldonado— derrotaron a Felipe Varela, en un episodio que marcó uno de los choques decisivos de la ofensiva contra las montoneras federales en el noroeste argentino. La cronología oficial del Atlas de Catamarca ubica en Huillapima la primera derrota de Varela en esa campaña. El combate no fue un hecho aislado. Venía precedido por un clima de fuerte tensión política tras la reorganización del país después de Pavón y por el avance de las rebeliones federales ligadas a Ángel Vicente Peñaloza. En Catamarca, el gobernador Ramón Rosa Correa había pedido ayuda ante la amenaza de una invasión riojana, y a fines de marzo las fuerzas de Varela ya habían entrado en la provincia. Según la reconstrucción histórica oficial catamarqueña, la operación para sofocar la montonera se organizó con apoyo de Santiago del Estero y Tucumán, quedando Taboada encargado del avance sobre Capayán, donde se había concentrado Varela. El valor histórico de Villaprima radica en que abrió una secuencia de derrotas para el caudillo catamarqueño. Distintas síntesis coinciden en que allí fue batida la vanguardia de Varela, compuesta por unos 200 hombres, y que al día siguiente la campaña continuó en Chumbicha, profundizando el retroceso federal en la zona. A partir de ese primer revés, Taboada avanzó sobre la resistencia montonera y empujó la lucha hacia La Rioja, en el marco de una guerra civil que todavía estaba lejos de cerrarse. Como dato adicional, conviene señalar que no todas las cronologías coinciden exactamente en la fecha: mientras el Atlas de Catamarca ubica la derrota de Varela en Huillapima el 21 de abril, otro informe técnico sobre el área de Catamarca la consigna el 22 de abril de 1863. Esa diferencia no altera el núcleo del hecho: en Capayán, Taboada consiguió quebrar la posición de Varela y dar un paso clave en la campaña contra los caudillos federales del oeste. #CombateDeVillaprima #Huillapima #FelipeVarela #ManuelTaboada #Catamarca #Capayán #GuerrasCivilesArgentinas #HistoriaArgentina #CaudillosFederales #SigloXIX #Villaprima #ArgentineHistory #CivilWars #FelipeVarela #CatamarcaHistory #FederalCaudillos #19thCenturyHistory #ArgentineCaudillos #HistoricalMemory #SouthAmericanHistory
21 de Abril de 1929, nace Armando Tejada Gómez: el mendocino que convirtió la poesía del pueblo en himno de América Latina
El 21 de abril de 1929 nació en Mendoza —más precisamente en Guaymallén— Armando Tejada Gómez, una de las voces más profundas de la poesía y la canción popular argentina. Provenía de una familia de trabajadores rurales, de ascendencia huarpe y de muy escasos recursos. Quedó huérfano de padre siendo niño, fue criado durante un tiempo por su tía Fidela Pavón, quien le enseñó a leer, y desde muy temprano conoció la dureza de la vida: vendió diarios, trabajó como lustrabotas y más tarde también como albañil. Esa infancia atravesada por la pobreza y el esfuerzo marcaría para siempre su mirada social y su obra. Autodidacta y dueño de una voz notable, en 1950 comenzó a trabajar como locutor en LV10 Radio de Cuyo, empleo que alternó con la construcción. A la par fue forjando su formación literaria por cuenta propia, alentado por lecturas decisivas como el Martín Fierro. En esos años inició su sociedad artística con Oscar Matus, una dupla fundamental de la cultura mendocina y argentina, de la que surgieron canciones memorables. Junto con Mercedes Sosa, Tito Francia, Eduardo Aragón y otros artistas, fue además uno de los impulsores del Nuevo Cancionero, presentado en Mendoza en 1963, un movimiento nacido para renovar la música popular desde una raíz cuyana, social y contemporánea. Su trayectoria literaria y musical fue enorme. Publicó obras como Pachamama, Profeta en su tierra y Canto popular de las comidas, entre muchas otras. En el plano de los reconocimientos, recibió el Premio Casa de las Américas por Canto popular de las comidas; además, su novela Dios era olvido fue distinguida en Bilbao, mientras que la Fundación Konex lo ubicó entre las figuras centrales de la autoría folklórica argentina. Como letrista dejó una huella inmensa en el cancionero latinoamericano. Fue autor de piezas como “Zamba del riego” con música de Oscar Matus; “Zamba azul” y “Regreso a la tonada” con Tito Francia; “Volveré siempre a San Juan” con Ariel Ramírez; “Canción para un niño en la calle” con Ángel “Cacho” Ritro; y, junto a César Isella, “Canción con todos”, obra que con el tiempo se volvió un verdadero emblema de la unidad latinoamericana. Su producción registrada ronda los 220 temas, y varias de sus canciones fueron difundidas por grandes intérpretes del continente. Armando Tejada Gómez murió en Buenos Aires el 3 de noviembre de 1992, pero su palabra sigue viva. Su legado no se limita a la poesía ni a la canción: ayudó a darle voz a los olvidados, a renovar la cultura popular desde Mendoza y a convertir la identidad cuyana en una expresión con resonancia nacional y latinoamericana. #ArmandoTejadaGómez #NuevoCancionero #Mendoza #Guaymallén #PoesíaArgentina #FolkloreArgentino #CanciónConTodos #OscarMatus #MercedesSosa #CulturaPopular #IdentidadCuyana #PoetaMendocino #LatinAmericanSong #ArgentinePoetry #ArgentineFolklore #NuevoCancionero #CulturalHeritage #Songwriter #MendozaCulture #LatinAmericanIdentity
lunes, 20 de abril de 2026
1910: así se movía el corazón del vino en Godoy Cruz, en la bodega de Justo Pellegrina - Mendoza
La imagen, fechada hacia 1910, retrata el sector de expedición y filtros del establecimiento vitivinícola de don Justo Pellegrina, identificado en Belgrano, Godoy Cruz, Mendoza. No se trata de un rincón menor de la bodega, sino de una de sus áreas más importantes: el espacio donde el vino pasaba por la filtración y quedaba listo para su fraccionamiento, envasado y salida comercial, es decir, el tramo final de un proceso decisivo para llevar la producción a los mercados. Los estudios sobre las bodegas mendocinas de comienzos del siglo XX describen justamente a los departamentos de envase y expedición como los sectores donde se realizaban esas tareas finales. La escena también permite entender el grado de desarrollo que había alcanzado la vitivinicultura mendocina en esos años. Hacia 1910, Godoy Cruz figuraba entre los departamentos con mayor peso bodeguero de la provincia, y las publicaciones de época exhibían interiores de naves, cavas, maquinarias y etiquetas como prueba visible de esa modernización. En esos mismos años se expandió en Mendoza el uso de prensas, moledoras y filtros importados —y luego adaptados o fabricados localmente—, mientras la electricidad y la fuerza motriz consolidaban el paso de la bodega artesanal a la bodega industrial. En el caso de Justo Pellegrina, además, la documentación histórica lo menciona entre los bodegueros que utilizaban el nombre completo del propietario como marca, una práctica frecuente en la Mendoza vitivinícola de principios del siglo XX. Su firma también aparece asociada a la marca “La Granadina”, con representación comercial en Buenos Aires entre 1910 y 1913, lo que muestra que su producción no quedaba limitada al mercado local, sino que formaba parte de una red de distribución más amplia. Por eso, esta imagen vale mucho más que como simple registro industrial: resume un momento en que Mendoza consolidaba su identidad vitivinícola y convertía al vino en uno de los grandes motores de su economía y de su prestigio. #JustoPellegrina #GodoyCruz #BelgranoGodoyCruz #Mendoza #HistoriaDelVino #Vitivinicultura #BodegasHistóricas #PatrimonioMendocino #IndustriaDelVino #MemoriaVitivinícola #WineHistory #MendozaWine #HistoricWinery #WineHeritage #IndustrialHeritage #ArgentineWine #VintageWinery #CulturalHeritage
19 de Abril de 2026 - Muere Luis Brandoni: se fue un gigante de la escena argentina, pero su obra ya es eterna
Hoy es un día profundamente triste, el dolor obliga: la cultura argentina acaba de perder a uno de sus nombres imprescindibles. Luis Brandoni murió este 20 de abril de 2026 a los 86 años, y con su partida se va mucho más que un actor extraordinario: se apaga una figura central del cine, el teatro y la televisión nacional, un artista que durante más de seis décadas supo convertir personajes, gestos y frases en parte viva de la memoria popular argentina. Nacido como Adalberto Luis Brandoni en Dock Sud el 18 de abril de 1940, debutó en teatro en 1962 y desde muy temprano dejó en claro que su talento no tenía fronteras. Si bien el gran público lo abrazó con pasión por su notable vis cómica, su carrera demostró que podía moverse con la misma solvencia en el drama, la sátira social y esa zona tan difícil y tan rica donde conviven la emoción y el humor. Con el tiempo, esa mezcla de sensibilidad, ironía, ternura y potencia interpretativa lo convirtió en uno de los grandes dueños de la comedia dramática argentina. Brandoni fue, además, uno de esos pocos actores capaces de atravesar generaciones sin perder vigencia. Su trayectoria dejó títulos fundamentales en el drama, como La Patagonia rebelde, La tregua, Darse cuenta, Made in Argentina y, ya en tiempos más recientes, Un gallo para Esculapio. En la comedia quedó asociado para siempre a obras y películas que el público convirtió en clásicos afectivos, entre ellas Cien veces no debo, El verso y, por supuesto, la inmortal Esperando la carroza, cuya ferocidad costumbrista sigue resonando en el habla cotidiana de los argentinos. En sus últimos años redondeó una etapa brillante con títulos como Mi obra maestra, El cuento de las comadrejas, La odisea de los giles, Parque Lezama y la serie Nada, donde sumó un capítulo singular al compartir pantalla con Robert De Niro, con quien mantenía una amistad de décadas. Por eso Luis Brandoni no fue solamente un actor célebre: fue una parte constitutiva de nuestra cultura. Supo trabajar con algunas de las figuras más grandes del espectáculo argentino y dejó una galería de personajes que ya pertenecen al patrimonio emocional del país. En 2025, la Secretaría de Cultura de la Nación lo distinguió como Personalidad Emérita de la Cultura, reconocimiento que él decidió acompañar con la donación del premio económico a la Casa del Teatro, un gesto que volvió a mostrar la dimensión humana detrás del artista. También hubo en él una dimensión ética y gremial que merece ser recordada. En la Asociación Argentina de Actores fue secretario general entre 1972 y 1983, luego volvió a ocupar ese cargo en 1996, y en 1974 debió dejar el país por amenazas. Dos años más tarde, en 1976, fue secuestrado al salir del Teatro Lasalle junto con Marta Bianchi y una amiga, y llevado a Automotores Orletti; más tarde denunció esos hechos ante la Justicia y su testimonio quedó ligado a la memoria de los años más oscuros del país. Esa experiencia ayuda a entender por qué su compromiso excedió siempre el escenario. Su carrera también recibió reconocimientos mayores, entre ellos el Konex de 1991 y el Konex de Platino 2021, además de premios Martín Fierro, Cóndor de Plata y Estrella de Mar. Pero por encima de cualquier distinción, lo que queda es algo más difícil de alcanzar: el cariño de un público que lo sintió cercano, necesario y verdadero. Con su muerte no solo se va un intérprete formidable; se despide una voz inconfundible de la Argentina contemporánea. Y como ocurre con los grandes de verdad, su ausencia ya empezó a convertirse en legado. Como homenaje final, más que repetir literalmente aquel célebre intercambio de Esperando la carroza, vale recordar lo que logró esa escena: convertir una conversación doméstica, absurda y feroz sobre la pobreza, la apariencia y la hipocresía familiar en uno de los momentos más inolvidables del cine argentino. Eso también era Brandoni: la rara capacidad de volver eterno lo cotidiano. #LuisBrandoni #AdiosBrandoni #CineArgentino #TeatroArgentino #TelevisionArgentina #CulturaArgentina #EsperandoLaCarroza #LaPatagoniaRebelde #LaTregua #LaOdiseaDeLosGiles #ParqueLezama #Nada #RobertDeNiro #MemoriaCultural #GrandesActores #LuisBrandoni #ArgentineCinema #ArgentineTheatre #ArgentineCulture #ClassicCinema #FilmLegend #TVIcon #CulturalLegacy #LatinAmericanCinema #ScreenAndStage
Así construyó Mendoza su modernidad: la historia de las oficinas públicas que moldearon la ciudad, la universidad y la vivienda social
La consolidación del ejercicio profesional en Mendoza estuvo estrechamente ligada a la expansión de las agencias estatales. Desde la década de 1920, especialmente durante los gobiernos lencinistas, la obra pública fue adquiriendo una estructura burocrática cada vez más compleja, y los concursos junto con los temas urbanos comenzaron a ocupar un lugar cada vez más relevante dentro del debate arquitectónico. En ese proceso se afianzaron o cobraron nuevo impulso organismos decisivos para la provincia, entre ellos Arquitectura, Turismo, Vialidad, Parques, Calles y Paseos, el Instituto Provincial de la Vivienda y, más tarde, el Departamento de Obras de la Universidad Nacional de Cuyo. En conjunto, esas reparticiones no solo produjeron edificios y ciudad: también consolidaron la inserción del arquitecto en la función pública y lo convirtieron en un actor central del desarrollo territorial mendocino. Uno de los núcleos fundamentales de ese proceso fue la Dirección de Arquitectura. Su antecedente legal apareció en 1908, cuando la Sección Arquitectura fue incorporada al organigrama del Ministerio de Industrias y Obras Públicas por la Ley de Presupuesto 435. A partir de allí, esa oficina fue ganando peso en el diseño, dirección y ejecución de la obra pública provincial. Permaneció bajo la Dirección General de Obras Públicas hasta 1935 y, al año siguiente, mediante la Ley de Presupuesto 1193, fue elevada al rango de Dirección de Arquitectura de la Provincia. Más tarde atravesó varias transformaciones institucionales: en 1954 fue absorbida por la Dirección de Planificación de la Secretaría Técnica de la Gobernación; en 1956, por la Ley 2368, volvió a la órbita del Ministerio de Economía, Obras Públicas y Riego como Dirección de Arquitectura y Urbanismo; en 1967 pasó a llamarse Dirección de Arquitectura y Planeamiento por el Decreto-Acuerdo 3862; en 1987 recuperó el nombre de Dirección de Arquitectura y Urbanismo; y en 1995 adoptó la denominación DACOP, Dirección de Administración de Contratos y Obras Públicas. La propia documentación oficial mendocina subraya que esta repartición fue clave en el desarrollo urbano y patrimonial de la provincia. Los primeros nombres fuertes de esa etapa fueron Manuel Civit —director entre 1936 y 1939—, Arturo Civit —entre 1939 y 1941— y Ewald Weyland, que continuó luego esa línea. Durante el primer peronismo, la repartición quedó en manos de los ingenieros Alberto Beltrán Plos y Francisco Guiñazú; después asumieron temporalmente Raúl Panelo Gelly y más tarde Aniceto Puig. Tras 1955 se sucedieron Gerónimo Tomba, Ricardo Casnati, nuevamente Manuel Civit, Juan Carlos Rogé, Segundo Godoy Nievas, Mario Day Arenas, otra vez Rogé, Miguel Britos García, Juan José Lemos y César Carubín. En paralelo, la segunda mitad del siglo XX estuvo marcada por la formación de equipos técnicos mixtos, donde convivieron arquitectos con experiencia en obra pública y jóvenes profesionales que hicieron allí sus primeras armas. La Dirección creció en especialidades y sumó calculistas, proyectistas, inspectores y expertos en instalaciones, organizando duplas y equipos según áreas como arquitectura escolar, sanitaria o institucional. Dentro de esa “escuela-taller” de arquitectura pública se destacaron, entre otros, Arístides Cottini, Hipólito Corti, Raúl Panelo Gelly, Héctor León, Raúl Gellón, Heriberto Forte, Jesús Corti, Hugo Raina, Manuel Benegas, Jorge Vico, Michel Giraud, Edgardo Alfaro y Hugo Cuervo. A ellos se sumaron profesionales llegados a Mendoza por las oportunidades laborales que ofrecía la provincia —muchos provenientes de Córdoba— y algunos de los primeros titulados locales: Miguel Guisasola, Manuel Blasco, Eugenia Bargna, Marta López, Victorio del Fiol, Hugo Dalla Torre, Liliana Salvo, Ricardo Bekerman, Susana Fasciolo, Miguel Rosso, Osvaldo Cocconi, Francisco Pittella, Antonio Genovart, Gilberto Olguín, Alicia Bevilacqua, Ana Coloma, Juan Bochaca, Carlos Andía, Jaime Perelló y Jorge Cremaschi. Esa acumulación de trayectorias afianzó una capacidad técnica sostenida que permitió a la repartición intervenir durante décadas en educación, salud, seguridad, administración, turismo y cultura, al punto de convertirse en una referencia positiva para el ingreso de arquitectos a la función pública. Otro hito decisivo fue el Departamento de Obras de la Universidad Nacional de Cuyo. La UNCuyo, creada a fines de la década de 1930, articuló centros preexistentes y nuevas unidades académicas en Mendoza, San Juan y San Luis, con sede de gobierno en Mendoza. Durante años funcionó dispersa en más de cincuenta inmuebles y, tras un concurso frustrado en la década de 1940 para crear un núcleo universitario, el proyecto del campus comenzó a volverse realidad alrededor de 1960 con la formación de una oficina técnica especializada. Bajo la conducción del arquitecto Aniceto Puig, ese departamento sostuvo durante más de treinta años un plan de trabajo continuo, con criterios de economía de recursos, adaptación al ambiente y experimentación arquitectónica en una zona sísmica. La propia UNCUYO recuerda que las obras requirieron unos cuatro años de acondicionamiento, proyecto y construcción, y que para 1969 se había ejecutado alrededor del 60% de los 100.000 m² previstos para el Centro Universitario, inaugurado ese mismo año. Entre 1965 y 1968 comenzaron a definirse las piezas iniciales del campus. Tras las obras de urbanización proyectadas por Simón Lacerna, se decidió reutilizar la estructura inconclusa del antiguo Hospital de Niños de la Fundación Eva Perón para instalar la Facultad de Ciencias Médicas, mientras otro edificio incompleto fue adaptado para el Rectorado. Los primeros edificios proyectados específicamente para el nuevo centro fueron el cuerpo central de Filosofía y Letras por Benegas y Aveni; el cuerpo de enseñanza de Ciencias Económicas por Héctor León; el bloque de investigaciones de Ingeniería en Petróleos por Jacques Caspi; y la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales por Juan Brugiavini. En simultáneo, Mario Pagés diseñó el refugio de alta montaña en Vallecitos y el sector de Maestranza; Lacerna y Raúl Maroi trabajaron el área deportiva y los vestuarios; Lacerna proyectó además el puente sobre Avenida Champagnat; y Juan Dalessandro intervino en Ciencias Agrarias y en la fábrica de aceite para la cátedra de Industrias Agrarias. Durante los años setenta y ochenta el conjunto siguió creciendo con el Hogar y Club Universitario —hoy Comedor Universitario—, la ampliación del Rectorado, nuevas aulas para Filosofía y Letras, el edificio del Colegio del Magisterio, el refugio en Villa La Angostura, el conjunto para el CRICYT, el Liceo Agrícola y Enológico Domingo F. Sarmiento y el edificio del Departamento de Asistencia Médico Social Universitario. Más adelante, Dalessandro proyectó aulas para Ingeniería, el sector de clínicas de Odontología, el edificio del Instituto Tecnológico Universitario, el DAD, aulas interdisciplinarias para Artes y Diseño y el edificio de Derecho; a fines de los noventa, Juan Brugiavini proyectó la Biblioteca Central, inaugurada en 2001. En términos formales, la etapa inicial estuvo signada por el aluminio, el plástico, el ladrillo semiprensado, el vidrio templado y la exploración del hormigón armado; desde aproximadamente 1980 se impuso un lenguaje más ligado al ladrillo visto, carpinterías de vidrio repartido, muros enlucidos y algunos techos inclinados. La tercera gran agencia estatal de este proceso fue el Instituto Provincial de la Vivienda (IPV), creado en 1947 bajo el gobierno de Faustino Picallo por la Ley 1658, con la misión de dar vivienda confortable, económica y antisísmica a las familias mendocinas de menores recursos. La documentación oficial del propio instituto y del Gobierno de Mendoza lo reconoce como el primer organismo provincial del país dedicado específicamente a atender el problema habitacional. Su directorio combinaba perfiles técnicos y representativos: presidente, directores profesionales —arquitectos, ingenieros o contadores—, y delegados obrero, empleado y patronal. Además de construir barrios urbanos y rurales para venta o alquiler, debía promover saneamiento, renovación del parque habitacional, estímulos fiscales para edificaciones de bajo costo y la obligación de dotar de vivienda a cuidadores o contratistas de fincas con cultivos permanentes. Durante el ciclo peronista levantó alrededor de 3.000 viviendas, sin alcanzar todavía a cubrir el déficit existente. En las décadas de 1960 y 1970, los cambios culturales y políticos llevaron a priorizar soluciones habitacionales más ajustadas al contexto local. En ese clima también circularon las ideas de John Turner, que defendían la participación de los usuarios en la producción de su hábitat. El IPV amplió entonces su planta profesional: además de técnicos y arquitectos, incorporó trabajadores sociales, que intervenían junto a los equipos proyectuales en los programas de erradicación, acompañando a las familias en cuestiones de salud, trabajo, organización y apropiación del proyecto. Entre los profesionales ligados al organismo se destacaron Ricardo Bekerman, Adolfo Grinfeld, Vittorio Allegrini, Juan José Schmidt y, en cargos directivos, Carlos Gainza. Uno de los hitos de esa etapa fue la experiencia de Ayuda Mutua, considerada pionera en el Cono Sur: en 1967 la provincia adhirió al Plan de Erradicación de Villas de Emergencia y se puso en marcha la primera etapa del Barrio San Martín, dirigida por el arquitecto Bozidar Bajuk. La creación del FONAVI en 1972 fue modificando ese esquema y empujó el paso hacia el modelo de viviendas terminadas “llave en mano”, construido por empresas contratistas. Ese giro se reforzó desde 1977, cuando el IPV alcanzó un nuevo estatus institucional y aumentó fuertemente su productividad. Allí se abrieron nuevas oportunidades para arquitectos vinculados a empresas constructoras o ganadores de concursos impulsados por el IPV y el Banco Hipotecario, entre ellos Mario Romano, Graciela Hidalgo, Mario Pagés, Aldo Oliva y José María Tonidandel. Con el retorno democrático y, sobre todo, tras el sismo de enero de 1985, la emergencia habitacional se agravó. La respuesta llegó por varias vías —Comité de Reconstrucción, IPV, Banco Hipotecario y municipios— y dio lugar al llamado Plan Sismo, cuyas viviendas se completaron hacia 1991. Entre los barrios resultantes estuvieron La Estanzuela, Pedro Molina, Los Toneles y Los Glaciares; en La Estanzuela la dirección de obra estuvo a cargo de Eduardo Duek. Desde 1992, la transferencia directa de fondos FONAVI a las provincias promovió una nueva política habitacional más descentralizada. El IPV dejó de concentrar funciones financieras, sociales, legales y de planificación integral, que pasaron en parte a bancos, municipios y entidades intermedias. En ese marco crecieron las direcciones municipales de vivienda y se conformó un consejo técnico consultivo junto con el IPV. El instituto, ya con menor personal, quedó más orientado a la administración de recursos, auditoría, evaluación de programas y otorgamiento de créditos priorizados por los municipios. A esta etapa estuvieron vinculados Ana Gibert, Fernando Armani, Mirta Almenara y Juan Carlos Lemos. También se abrió un nuevo campo profesional para los arquitectos a través de cooperativas, mutuales, sindicatos y uniones vecinales que presentaban sus propios proyectos. Hacia el final del siglo, el Gobierno provincial reforzó nuevamente el papel de contralor del IPV, impulsó registros de empresas y profesionales y sostuvo programas nuevos o derivados de la vieja tradición de ayuda mutua. Dentro del recorte que señalás, una de las últimas obras emblemáticas fue la de la Nueva Villa de Potrerillos en 2001, con participación de Ernesto Martinelli y Dino Fantozzi. Como dato adicional, el propio Gobierno de Mendoza informó que el IPV superó las 100.000 soluciones habitacionales entregadas en sus primeras siete décadas, lo que ayuda a dimensionar su peso histórico en la provincia. En síntesis, la profesionalización de la arquitectura mendocina desde el Estado no fue un fenómeno secundario sino estructural. La Dirección de Arquitectura, el Departamento de Obras de la UNCuyo y el IPV operaron como verdaderas usinas de proyecto, formación y ensayo técnico. Desde escuelas, hospitales y comisarías hasta facultades, barrios obreros, complejos universitarios y planes de reconstrucción, esas agencias hicieron mucho más que administrar obra pública: ayudaron a construir la Mendoza moderna, consolidaron el prestigio profesional de los arquitectos y dejaron una huella material que todavía organiza buena parte de la vida cotidiana de la provincia. #ArquitecturaMendocina #ObraPública #HistoriaDeMendoza #PatrimonioArquitectónico #DirecciónDeArquitectura #UNCuyo #CentroUniversitario #IPV #ViviendaSocial #Urbanismo #Mendoza #ArquitecturaArgentina #MendozaArchitecture #PublicWorks #ArchitecturalHeritage #UrbanHistory #SocialHousing #CampusHistory #ArgentineArchitecture #StateAndCity
20 de Abril de 1997 - Murió en Mendoza, pero su voz quedó para siempre en Cuyo: Clemente Cancielo, el cantor que volvió eterna la tonada
El 20 de abril de 1997 murió en Mendoza Antonio Clemente Cancielo, una de las voces más recordadas del cancionero cuyano. Cantor y compositor de fuerte raíz popular, había nacido el 23 de noviembre de 1923 en La Dormida, departamento de Santa Rosa, y falleció a los 73 años, dejando una huella profunda en la música regional. Las referencias biográficas disponibles coinciden en esos datos y lo ubican entre los intérpretes más representativos del folklore de Cuyo. Cancielo fue reconocido como la última primera voz de Los Trovadores de Cuyo, el célebre conjunto ligado a Hilario Cuadros, con quien cantó a dúo y grabó diecisiete temas. Las mismas fuentes lo describen además como hijo de inmigrantes italianos y destacan que, tras la muerte de Cuadros, continuó esa línea artística con un estilo propio, siempre ligado a la tonada, la cueca y la identidad mendocina. Como dato adicional, en 1966 la revista Folklore ya lo mencionaba como director de “Los Cantares de la Cañadita”, señal de la proyección que había alcanzado dentro del ambiente folklórico. Y años más tarde, su nombre quedó incorporado también a la memoria pública mendocina: una ordenanza oficial de Guaymallén bautizó una calle del Barrio Hilario Cuadros con el nombre Clemente Cancielo, reconocimiento institucional a su aporte cultural. Así, su muerte no marcó solo la despedida de un artista: significó la partida de una de esas voces que ayudaron a darle forma, sentimiento y permanencia a la música cuyana. Aunque el tiempo haya pasado, Clemente Cancielo sigue vivo en la memoria de Mendoza y en el eco de sus canciones #ClementeCancielo #FolkloreCuyano #Mendoza #LaDormida #SantaRosaMendoza #HistoriaDeMendoza #MúsicaCuyana #TonadaCuyana #LosTrovadoresDeCuyo #HilarioCuadros #Cuyo #PatrimonioCultural #ClementeCancielo #CuyanFolklore #MendozaHistory #ArgentineFolklore #TraditionalMusic #CulturalHeritage #LatinAmericanMusic #FolkLegacy
1910 - La postal del vino que hizo grande a Godoy Cruz: así trabajaba la histórica bodega de Honorio Barraquero
La imagen retrata la carga de cascos de vino en la planchada de expedición de la Bodega y Viñedos de don Honorio Barraquero, en Godoy Cruz, Mendoza, uno de los establecimientos más antiguos y representativos del desarrollo vitivinícola local. El origen de la bodega se ubica hacia 1870, tal como señala la tradición histórica del establecimiento. La casa estaba situada en las actuales calles San Martín y Brasil, y fue reconocida como una de las primeras bodegas del departamento, donde se produjo vino bajo la marca “Baco”. La escena no muestra solo una tarea cotidiana: resume una época entera de la vitivinicultura mendocina. La planchada de expedición era la plataforma sobreelevada desde la cual se cargaban primero los carros y más tarde los vagones del ferrocarril, una pieza clave en la logística del vino hacia los mercados. En el caso de Barraquero, además, el crecimiento de la firma fue notable: en su establecimiento llegaron a trabajar 300 operarios, y la bodega se consolidó entre las grandes empresas del sector. Para 1903, la Testamentaría Honorio Barraquero, con dos bodegas, figuraba entre las principales firmas vitivinícolas mendocinas, con una producción de 5.475.400 litros, equivalente al 7,13% del total provincial registrado en esa nómina. La historia de la bodega también estuvo marcada por episodios decisivos. El establecimiento sufrió un incendio en 1882, pero ya al año siguiente funcionaba nuevamente en un edificio renovado que contaba con túneles, señal de la magnitud y modernización alcanzadas por la empresa. Sus vinos, además, integraron el grupo de productos mendocinos distinguidos en la Exposición Universal de París de 1889, donde Honorio Barraquero aparece entre los premiados por vino blanco y tinto. La bodega dejó de funcionar hacia 1920, pero su nombre quedó ligado para siempre al crecimiento industrial y patrimonial de Godoy Cruz. #HonorioBarraquero #BodegaBarraquero #GodoyCruz #Mendoza #HistoriaDelVino #Vitivinicultura #PatrimonioMendocino #HistoriaDeMendoza #BodegasHistóricas #MemoriaDelVino #WineHistory #MendozaWine #ArgentineWine #WineHeritage #HistoricWineries
20 de abril de 1907: Manuel Iglesias el gallego de Campana que inventó el "mataperros", el primer auto 100% argentino, y el porteño que lo puso a competir en Europa
Un 20 de abril de 1907, en su taller de la calle Colón 226 de Campana, provincia de Buenos Aires, el mecánico Manuel Iglesias mostró al pueblo el vehículo que había armado pieza por pieza con sus propias manos. Era el primer automóvil construido íntegramente en el país. Iglesias no era ingeniero de título. Había nacido el 22 de enero de 1870 en Vila de Cruces, Pontevedra, y llegó a la Argentina con 14 años. Aprendió el oficio en los talleres del Ferrocarril Central Argentino en San Martín, donde se hizo mecánico leyendo revistas técnicas. Entre 1903 y 1907, en sus ratos libres, fabricó un torno a pedal y luego un chasis rectangular con eje rígido, ruedas de madera con llantas de hierro, y un motor monocilíndrico de 1.938 cm³ sin acelerador que giraba a 400 rpm. Solo compró afuera la bujía y el magneto. Alcanzaba 12 km/h y se arrancaba a manivela. La leyenda local cuenta que lo sacó por primera vez el 20 de noviembre de 1907 para el cumpleaños de su esposa María, y que tuvo que voltear el tapial de su casa para sacarlo a la calle. Los vecinos lo bautizaron "mataperros" por el ruido, aunque nunca atropelló a ninguno. Con los años lo desarmó para usar el motor como bomba de agua. Iglesias murió en el anonimato el 15 de enero de 1955, sin saber que Campana sería declarada "Cuna del Primer Automóvil Argentino" en 1975 y que cada último domingo de noviembre se celebraría el Día del Automóvil Argentino, con un monumento inaugurado en 1973. Cuatro años después del "mataperros", la historia dio el salto a la serie. Horacio Anasagasti, ingeniero porteño de origen vasco nacido el 16 de julio de 1879 y recibido en la UBA a los 23 años, ya había fundado el Automóvil Club Argentino en 1904. El 30 de diciembre de 1909 abrió su fábrica en la Avenida Alvear. Tras un viaje a Europa, en julio de 1911 terminó su primer prototipo y lo presentó oficialmente el 17 de septiembre de 1911 en la carrera Rosario-Córdoba-Rosario, corriendo bajo el seudónimo "Samurai". Era un paso adelante: carrocería nacional, motor francés Ballot de 2.125 cm³ y 15 HP importado, capaz de superar los 50 km/h. Lo vendía a $6.500 al contado o en cuotas de $200, un sistema inédito para la época. Entre 1912 y 1915 fabricó unas cincuenta unidades, las primeras en serie del país, y las llevó a competir a Europa, donde ganó la exigente París-Madrid de 1.500 km. La Primera Guerra Mundial cortó el suministro de piezas y obligó a cerrar la empresa en 1915. Anasagasti murió el 8 de abril de 1932 en Bariloche, donde impulsó la creación del Parque Nacional Nahuel Huapi. Dos pioneros, dos caminos: Iglesias, el artesano que lo hizo todo a mano en Campana; Anasagasti, el ingeniero que soñó con una industria y puso un auto argentino a correr en Europa. #PrimerAutoArgentino #ManuelIglesias #Mataperros #Campana #20deAbril #HoracioAnasagasti #Anasagasti1911 #IndustriaArgentina #HistoriaArgentina #AutosClasicos #MadeInArgentina #FirstArgentineCar #AutomotiveHistory #VintageCars #Ballot #SouthAmericanCars
20 de Abril de 1878. Nace Francisco Bernareggi. De Gualeguay a Picasso y Venecia: el argentino que pintó Mallorca y terminó enseñando en Mendoza
Un 20 de abril de 1878 nacía en Gualeguay, Entre Ríos, Francisco Bernareggi González Calderón, hijo de padre español y madre entrerriana. Dibujante y pintor de vocación temprana, cruzó tres veces el Atlántico con su familia hasta radicarse en Barcelona en 1895, con 17 años. En la Escuela Oficial de Bellas Artes de Barcelona estudió escultura, grabado y pintura, y trabajó en el taller de Lluís Graner. Allí compartió banco con Pallarés Grau y con un joven Pablo Picasso, con quien entabló amistad en 1897 y se sumó al modernismo catalán. El viaje a Madrid lo puso frente a Velázquez, El Greco y Goya en el Prado. Después vino París, donde tomó cursos en la Academia Fontaine de Lefèvre y absorbió de primera mano a Renoir, Degas, Monet y Manet. En 1903 eligió Mallorca como casa y taller. Durante años pintó la isla sin prisa, obsesionado con la luz del valle de Sóller. El estallido llegó en 1920, cuando expuso en Madrid doce paisajes mallorquines. La prensa habló de "ruidoso triunfo artístico": Anglada Camarasa dijo que eran "lo mejor que he visto en este género", Santiago Rusiñol lo llamó "sencillamente extraordinario" y los doce cuadros se vendieron entre 20.000 y 30.000 pesetas cada uno, con homenaje incluido de la Municipalidad de Palma. La consagración europea siguió en la XIII Exposición Internacional de Arte de Venecia, donde compartió sala con Tito Cittadini, Fernando Fader y Antonio Alice. En 1923 la Bienal de Venecia le otorgó el primer premio por "Sol de Abril", obra que hoy se cita como su gran golpe internacional. El estallido de la Guerra Civil lo trajo de vuelta. En diciembre de 1936 desembarcó en Buenos Aires, ya con nombre hecho, trabajó como escenógrafo en el Teatro Cervantes y, becado, se fue a pintar a los lagos del sur. En 1946 la Universidad Nacional de Cuyo lo contrató en Mendoza como profesor de dibujo y pintura en la Facultad de Artes y Diseño, donde formó a varias camadas de artistas cuyanos. El punto alto argentino llegó en 1947, en el XXXVII Salón Nacional de Artes Plásticas (Salón de Primavera): su tela "Tarde en la Quinta", pintada en Mendoza, ganó el Gran Premio Adquisición Presidente de la Nación. Casado con una mallorquina y con varias propiedades en la isla, vinculado a círculos liberales, Bernareggi decidió volver a Mallorca en 1949 tras los años difíciles del peronismo. Falleció el 8 de abril de 1959 en Roma, según la memoria familiar difundida en Argentina, aunque las biografías baleares y la prensa local documentan su muerte ese mismo día en Palma de Mallorca, a los 81 años. #FranciscoBernareggi #DíaDeLaPinturaArgentina #Gualeguay #EntreRíos #Picasso #Mallorca #ArteArgentino #UNCuyo #MendozaCultural #Venecia1923 #SolDeAbril #TardeEnLaQuinta #HistoriaDelArte #Patrimonio #ArtHistory #ArgentineArt #Modernism #LandscapePainting #CulturalHeritage
domingo, 19 de abril de 2026
1856 - Cuando Buenos Aires se iluminó por primera vez: la usina inglesa de Retiro que cambió para siempre la noche porteña (Imagen Ilustrativa)
Frente a la actual estación de Retiro, en la hoy Plaza Fuerza Aérea Argentina, donde se levanta la Torre Monumental —conocida durante décadas como Torre de los Ingleses—, funcionó la antigua Usina de Gas de Retiro, vinculada a la histórica Compañía Primitiva de Gas, de capital británico. Ese predio tuvo un papel decisivo en la transformación urbana de Buenos Aires, ya que desde allí se distribuyó combustible destinado al alumbrado público de una ciudad que comenzaba a dejar atrás la oscuridad colonial. La propia Ciudad de Buenos Aires recuerda que la Torre fue construida en 1916 justamente en el terreno donde antes se encontraba esa usina distribuidora del gas para el alumbrado público. La iluminación pública a gas fue inaugurada oficialmente en Buenos Aires en 1856, un paso fundamental en la modernización porteña. Diversas investigaciones históricas coinciden en señalar que para entonces la red comenzaba a expandirse por las calles céntricas, alcanzando faroles y puntos clave del casco urbano. El dato sobre los 1.071 faroles encaja con ese proceso temprano de expansión, aunque no encontré en esta búsqueda una fuente oficial en línea que confirme exactamente esa cifra puntual; por eso conviene presentarla como un dato tradicionalmente citado, salvo que luego quieras que te la verifique en bibliografía específica. En sus inicios, el alumbrado a gas no cubría toda la ciudad, sino que se concentraba sobre todo en calles principales y en el exterior de algunos edificios relevantes del centro, como la Recova, el Cabildo y el Departamento de Policía. Era una iluminación todavía selectiva, pensada para los espacios de mayor circulación, representación política y actividad comercial. Aun así, su aparición cambió la vida urbana: extendió horarios, mejoró la seguridad en ciertas zonas y alteró la percepción nocturna de Buenos Aires, que empezaba a parecerse cada vez más a una capital moderna. Con el correr de las décadas, el sistema a gas fue perdiendo terreno frente a la electricidad. Acá hay un matiz importante: no conviene decir que el alumbrado eléctrico apareció recién a partir de 1900, porque en Buenos Aires ya hubo ensayos e instalaciones eléctricas desde la década de 1880, y hacia 1896 la Municipalidad contaba con cientos de focos eléctricos, aunque el gas seguía predominando ampliamente. Recién en los comienzos del siglo XX la electricidad empezó a imponerse de manera más firme sobre el viejo sistema de faroles a gas Cuando la luz eléctrica avanzó, la antigua compañía gasífera dejó atrás su papel central y el terreno de Retiro terminó cediéndose para nuevos usos urbanos. Sobre ese mismo solar se levantó después la Torre Monumental, uno de los hitos visuales del barrio. Así, en un mismo lugar de la ciudad quedaron superpuestas dos etapas decisivas de la historia porteña: primero, la del gas que encendió las noches de Buenos Aires; después, la del monumento que aún hoy domina el paisaje frente a Retiro. #BuenosAiresAntiguo #Retiro #TorreMonumental #HistoriaPorteña #AlumbradoAGas #UsinaDeGas #CiudadDeBuenosAires #MemoriaUrbana #PatrimonioHistorico #ModernizacionUrbana #OldBuenosAires #UrbanHistory #GasLighting #CityHistory #HistoricRetiro #BuenosAiresHistory #Heritage #PublicLighting
Seis avisos, una ciudad entera: lo que estas publicidades de 1898 revelan sobre la vida cotidiana en Buenos Aires
A primera vista, esta página parece apenas una reunión de avisos comerciales antiguos. Pero en realidad es mucho más que eso: es una pequeña radiografía de la vida cotidiana porteña de fines del siglo XIX. En una sola lámina aparecen comida, cerveza, pintura para el hogar, tintorería, restaurante y servicios fúnebres. Es decir: placer, consumo, mantenimiento, sociabilidad, higiene y muerte. Todo lo que atravesaba la experiencia urbana de una gran ciudad que ya se pensaba moderna, activa y en transformación. La composición reúne seis publicidades ilustradas con fuerte carga humorística, un recurso muy usado entonces para captar la atención del lector y fijar el nombre del comercio en la memoria.
Vista en conjunto, la página deja algo muy claro: estas publicidades no solo promocionaban negocios, también retrataban costumbres, preocupaciones y deseos de la sociedad porteña de 1898. Comer bien, salir, vestir correctamente, mantener la casa, mostrarse presentable y resolver las necesidades de la vida diaria eran parte de una modernidad urbana que ya estaba plenamente en marcha. La combinación de humor, dibujo y verso publicitario muestra además un lenguaje comercial mucho más teatral que el actual, donde cada aviso intentaba entretener al lector mientras le vendía una solución. Por eso, esta lámina vale hoy como documento histórico: en sus cuadros no solo hay comercios, hay una ciudad entera latiendo. #PublicidadAntigua #BuenosAires1898 #BuenosAiresAntiguo #VidaCotidiana #HistoriaPorteña #MemoriaUrbana #ConsumoYCostumbres #PatrimonioGrafico #NostalgiaPorteña #HistoriaArgentina #VintageAds #OldBuenosAires #AdvertisingHistory #UrbanHistory #DailyLifeHistory #HistoricBuenosAires #BelleEpoque #CulturalMemory
19 de Abril de 1964 - El día que San Rafael encendió su propia pantalla: el nacimiento de Canal 6 y la TV que marcó al sur mendocino
El 19 de abril de 1964 quedó inaugurada en San Rafael LV 84 TV Canal 6 Río Diamante, una fecha decisiva para la historia de la comunicación en el sur de Mendoza. Distintas reseñas periodísticas y conmemorativas coinciden en señalar que aquella jornada marcó el comienzo de la televisión local en la región, con una primera salida al aire realizada con enorme esfuerzo técnico y humano. En sus primeros tiempos, la programación era reducida y muy apoyada en el vivo, con una televisión artesanal en la que el conductor tenía un papel central dentro del estudio y debía sostener gran parte de lo que ocurría en escena. Esa etapa pionera también estuvo marcada por la presencia de orquestas en vivo, artistas que concurrían con frecuencia y un clima de cercanía que convirtió al canal en un verdadero acontecimiento social: salir en televisión o visitar sus instalaciones era, para muchos vecinos, un hecho inolvidable. Con el paso de los años, por esa pantalla desfilaron periodistas, músicos, conductores, artistas y miles de ciudadanos comunes que dejaron allí su voz, su imagen y sus recuerdos. Por eso, más que un medio de comunicación, Canal 6 terminó siendo un espacio de encuentro permanente para la sociedad del sur mendocino, un punto de referencia afectivo y cultural para varias generaciones. Décadas más tarde, la emisora fue conocida públicamente como Telesur, aunque para buena parte de la memoria popular siguió siendo simplemente Canal 6, identificado además por el recordado “indiecito”, una creación atribuida al artista plástico Héctor Julio Pérez. Hubo un día en que San Rafael dejó de imaginar la televisión y empezó a vivirla. El 19 de abril de 1964, LV 84 TV Canal 6 Río Diamante encendió por primera vez su señal y abrió una nueva etapa para todo el sur mendocino. Aquella pantalla naciente tenía poco de sofisticación y mucho de coraje: programas en vivo, conductores que sostenían el ritmo casi a pulmón, músicos tocando en el estudio, artistas entrando y saliendo del canal, y una comunidad entera fascinada con la magia de verse por televisión. Con el tiempo, ese canal se transformó en parte de la vida cotidiana de miles de familias. Allí quedaron testimonios, noticias, emociones, figuras inolvidables y escenas que forman parte de la memoria grande del sur provincial. Más tarde sería conocido como Telesur, pero para muchísimos mendocinos siguió siendo el querido Canal 6, el del entrañable indiecito que lo volvió inconfundible. #Canal6 #LV84 #Telesur #SanRafael #Mendoza #HistoriaDeLaTelevision #MemoriaMendocina #SurMendocino #PatrimonioCultural #NostalgiaArgentina #TelevisionHistory #LocalTV #BroadcastHistory #SanRafaelMendoza #MendozaHistory #ArgentineTelevision #MediaMemory #VintageTV
1898 - Cuando Buenos Aires se detenía por el turf: el Gran Premio Nacional y una pasión que desbordaba el Hipódromo
Hubo un tiempo en que el turf no era apenas un deporte: era una verdadera ceremonia social. En la Buenos Aires de fines del siglo XIX, el Gran Premio Nacional ocupaba un lugar central en la vida pública y convertía al Hipódromo Argentino en escenario de una de las jornadas más esperadas del calendario. Allí se reunían la emoción de la competencia, el fervor de los aficionados y el brillo de una ciudad que vivía las carreras como un espectáculo total. En octubre de 1898, un testimonio de época deja ver con claridad la magnitud de aquel acontecimiento. El resultado de la prueba ya era conocido por el público, pero aun así el evento seguía despertando interés por su fuerza visual, su impacto social y su carácter de cita clásica para los amantes del turf. No se trataba solo de saber quién había ganado, sino de revivir el clima de una jornada que condensaba entusiasmo popular, elegancia y pasión deportiva. El hipódromo era entonces mucho más que una pista. Era un punto de encuentro donde se cruzaban sectores sociales diversos, donde las carreras se mezclaban con la moda, la conversación, la expectativa y el ritual colectivo de ver y ser visto. Cada gran premio aportaba algo más que una definición deportiva: ofrecía una postal del país que se modernizaba, de una Buenos Aires vibrante, y de una sociedad que encontraba en estos espectáculos una de sus grandes celebraciones urbanas. Volver hoy sobre aquel Gran Premio Nacional es asomarse a una escena en la que el deporte, la vida social y la memoria de la ciudad se funden en una sola imagen. Porque en aquel Buenos Aires de 1898, el turf no solo llenaba tribunas: también marcaba una época. #GranPremioNacional #HipodromoArgentino #TurfArgentino #BuenosAiresAntiguo #HistoriaDelDeporte #NostalgiaPorteña #MemoriaPorteña #PatrimonioHistorico #BuenosAires1898 #DeporteYSociedad #ArgentineTurf #HorseRacingHistory #VintageBuenosAires #SportHistory #HistoricBuenosAires #BelleEpoque
Polvaredas, entre rieles y cordillera: las imágenes que muestran la memoria viva del Trasandino mendocino
Estas imágenes del ayer y de hoy rescatan la historia de la Estación Polvaredas, una de las postales más evocadoras del Ferrocarril Trasandino en Mendoza. En ellas se ve cómo el tiempo transformó el entorno, pero no logró borrar la fuerza simbólica de este enclave ferroviario de alta montaña, donde los trenes, los andenes y la arquitectura de piedra quedaron ligados para siempre a la épica del cruce cordillerano. Las fotos antiguas muestran el movimiento de pasajeros, formaciones detenidas y jornadas invernales en plena nieve; las actuales, en cambio, revelan el silencio del edificio, las vías vacías y la persistencia de un paisaje imponente dominado por la cordillera. Polvaredas no fue una estación cualquiera. Su importancia creció dentro del sistema del Trasandino Los Andes–Mendoza, la línea internacional inaugurada oficialmente en 1910 para unir Argentina y Chile a través de la montaña, una de las grandes obras de ingeniería ferroviaria de Sudamérica. El trazado mendocino del Trasandino había comenzado a habilitarse por etapas desde fines del siglo XIX, pero la estación de Polvaredas adquirió un papel especial más tarde, cuando el aluvión de 1934 destruyó parte de la vieja traza y obligó a levantar una nueva línea en una zona más segura. Esa reconstrucción convirtió a Polvaredas en una estación clave y en reemplazo funcional de sectores arrasados como Zanjón Amarillo. Ese contexto explica por qué las imágenes tienen tanto valor. No solo muestran un edificio ferroviario: muestran un punto neurálgico de la vida cordillerana mendocina, ligado al transporte, al comercio, al turismo y a la comunicación binacional. El antiguo poblado de Polvaredas, hoy reconocido por Mendoza como poblado histórico y patrimonio cultural, conserva precisamente esa memoria del esfuerzo humano que hizo posible sostener un ferrocarril en uno de los paisajes más duros y espectaculares de la provincia. El contraste entre las tomas antiguas y las actuales conmueve porque deja ver dos tiempos superpuestos: el de la estación viva, con pasajeros, coches motores y actividad cotidiana, y el del presente, donde sobreviven el andén, la cartelería y las construcciones como testigos de una era ferroviaria que marcó profundamente a la alta montaña mendocina. Por eso, estas fotos no solo documentan una estación: retratan una parte esencial de la historia de Mendoza y del sueño trasandino que alguna vez unió los rieles con la cordillera. #Polvaredas #FerrocarrilTrasandino #MendozaAntigua #HistoriaDeMendoza #AltaMontaña #PatrimonioFerroviario #TrenTrasandino #CordilleraDeLosAndes #MemoriaHistórica #PatrimonioMendocino #PolvaredasStation #TransandineRailway #RailwayHistory #HistoricMendoza #MountainRailway #CulturalHeritage (imagen gentileza de: Gastón Rafael Zamagna)
19 de abril: el día que América reconoce la memoria viva de sus pueblos originarios
Cada 19 de abril se conmemora en gran parte del continente el Día del Indio Americano, también difundido hoy en muchos ámbitos como una jornada de reflexión sobre los pueblos indígenas de América. La fecha recuerda a las comunidades originarias que habitaban el continente mucho antes de la llegada europea y reconoce que sus culturas, lenguas, saberes, creencias y formas de organización dejaron una huella decisiva en la identidad de nuestras sociedades actuales. En la Argentina, el INAI señala que esta conmemoración remite al Primer Congreso Indigenista Interamericano, realizado en Pátzcuaro, México, entre el 14 y el 24 de abril de 1940. Aquellos pueblos originarios no solo fueron los primeros habitantes del territorio americano: también construyeron las bases culturales, simbólicas y materiales de muchas de las realidades que hoy conforman nuestras naciones. Sus conocimientos sobre la tierra, el agua, la agricultura, la medicina, la organización comunitaria y la espiritualidad sobrevivieron a siglos de despojo, resistencia y transformación. Por eso, más que una efeméride meramente recordatoria, esta fecha invita a valorar la continuidad histórica de culturas preexistentes que siguen vivas en todo el continente. En la Argentina, el INAI vincula esta semana con la necesidad de promover derechos vinculados a la participación, la salud, la educación y el acceso a la tierra. La recordación fue instituida a partir del encuentro celebrado en Pátzcuaro, del que surgió también el Instituto Indigenista Interamericano, creado por la convención de 1940 y luego incorporado al sistema interamericano. La OEA recuerda que ese organismo nació precisamente a partir de la Convención de Pátzcuaro con el objetivo de colaborar en la coordinación de políticas indígenas, promover investigación y fortalecer el conocimiento sobre los pueblos originarios del hemisferio. En ese marco, la fecha del 19 de abril quedó asociada al compromiso de salvaguardar y proyectar las culturas indígenas americanas. Hoy, la efeméride también puede leerse desde una mirada más amplia y contemporánea. Aunque el nombre tradicional sigue circulando, en muchos espacios institucionales y educativos se prefiere hablar de pueblos originarios o pueblos indígenas, términos que reflejan mejor el reconocimiento actual de sus derechos colectivos, su preexistencia y su diversidad cultural. En ese sentido, el 19 de abril sigue siendo una fecha valiosa no solo para homenajear el pasado, sino también para pensar el presente y el futuro de las comunidades indígenas en América. #DíaDelIndioAmericano #PueblosOriginarios #PueblosIndígenas #MemoriaAncestral #CulturaAmericana #HistoriaDeAmérica #IdentidadCultural #PatrimonioIndígena #AbyaYala #DiversidadCultural #IndigenousPeoples #NativeAmericanHeritage #IndigenousHistory #CulturalMemory #FirstNations #LatinAmericanHistory
Malbec y vino argentino: la historia épica que convirtió a Mendoza en la gran capital del brindis mundial
¿Qué sabemos realmente sobre la historia del vino y del Malbec en la Argentina? Mucho más de lo que parece a simple vista. La tradición vitivinícola del país hunde sus raíces en el tiempo de la colonización española, cuando la vid llegó a América impulsada por fines religiosos, productivos y culturales. En territorio argentino, las referencias históricas más tempranas ubican las primeras plantaciones en el siglo XVI, primero en el norte y luego en Cuyo, donde Mendoza y San Juan comenzaron a desarrollar viñedos entre 1569 y 1590. En esos años, el vino era imprescindible para la liturgia cristiana y también funcionaba como emblema cultural de la monarquía hispánica. Antes de ese proceso americano, la vid ya tenía una larga historia en otras latitudes. Existen relatos nórdicos sobre la mítica “Vinland”, nombrada por los vikingos en torno al año 1000, pero la implantación sistemática de la viticultura en América no vino de allí sino de la expansión española, con México como uno de los primeros grandes puntos de introducción de cepas europeas. En América del Norte ya había especies silvestres del género Vitis, pero la tradición del vino tal como luego se expandió en Hispanoamérica estuvo ligada a las variedades llevadas por conquistadores, religiosos y colonos. En la Argentina, la vid empezó a cultivarse primero con un sentido utilitario y sacramental, de la mano de encomenderos y órdenes religiosas. Más tarde, otra circunstancia histórica cambió el destino del vino argentino: la crisis de la filoxera en Europa durante el siglo XIX. Ese insecto devastó millones de hectáreas de viñedos en Francia y en otros países del continente, y coincidió con un momento en que la Argentina, y especialmente Mendoza, empezaba a consolidarse como tierra de oportunidad para agricultores, técnicos y empresarios del vino. La llegada de inmigrantes europeos especializados, junto con el riego artificial, la tierra seca, el sol intenso y la cercanía de los Andes, creó el escenario perfecto para el gran despegue vitivinícola de Cuyo. Entre las bodegas tradicionales que hicieron historia y ayudaron a forjar el prestigio del vino argentino figuran nombres fundamentales: Colomé en Salta, fundada en 1831; Goyenechea en San Rafael en 1868; Graffigna en San Juan en 1870; La Abeja en 1883; Trapiche en 1883; Escorihuela Gascón en 1884; La Rural en 1885; Giol y Gargantini también en 1885; Santa Ana en 1891; Michel Torino en 1892; López en 1898; Luigi Bosca en 1901; Catena en 1902; Humberto Canale en 1909; Flichman en 1910; y Norton en 1919. Varias de ellas siguen activas y forman parte del patrimonio histórico, económico y cultural de la vitivinicultura argentina. En Mendoza, además, la Finca González Videla es señalada como poseedora de una de las cavas más antiguas de América Latina, fechada en 1830. Argentina es además un caso singular en el mundo: fue el primer país en declarar al vino como Bebida Nacional. Esa decisión quedó establecida por el Decreto 1800/2010 y luego ratificada por el Congreso mediante la Ley 26.870 en 2013. A partir de ello, el 24 de noviembre quedó consagrado como el Día del Vino Argentino, Bebida Nacional, en reconocimiento al peso cultural, productivo, turístico y simbólico del vino en la identidad del país. Si hablamos del Malbec argentino, hay una fecha insoslayable: el 17 de abril de 1853. Ese día se presentó en Mendoza el proyecto para fundar la Quinta Normal de Agricultura, una institución decisiva para el desarrollo agrícola provincial. Allí aparece la figura de Domingo Faustino Sarmiento, que impulsó la creación de una escuela agronómica moderna, y también la del agrónomo francés Michel Aimé Pouget, convocado para traer nuevas variedades y estudiar su adaptación a los suelos locales. La Facultad de Ciencias Agrarias de la UNCuyo reconoce esa genealogía y señala que la Quinta Normal fue el punto de partida de una larga historia de investigación y formación agrícola en Mendoza. Fue precisamente Pouget quien introdujo el Malbec en la Argentina y quien advirtió su extraordinaria adaptación al clima mendocino. Desde 2011, por iniciativa de Wines of Argentina, el 17 de abril se celebra en todo el mundo el Malbec World Day, justamente para recordar aquel momento fundacional de 1853. Hay especialistas que señalan que otras cepas francesas pudieron haber llegado también por distintas vías migratorias, pero el papel de Pouget como gran impulsor del éxito del Malbec en Mendoza y su posterior proyección internacional es ampliamente reconocido. En ese mismo proceso aparece también Justo Castro, un personaje menos conocido pero muy importante. Comerciante salteño vinculado al tráfico de mulas y con relaciones en Chile, Castro se integró a esa corriente modernizadora que ayudó a llevar conocimientos, cepas y experiencia técnica hacia la región cuyana. Esa red de vínculos entre Chile, Mendoza, San Juan y Europa fue clave para que el vino argentino dejara de ser una producción casi rudimentaria y se convirtiera en una verdadera industria. El resultado de todo ese recorrido es impactante. Según el INV, el Malbec sigue siendo la variedad más emblemática del país. En 2025, alcanzó 46.890 hectáreas, equivalentes al 23,9 % de toda la superficie de vid argentina. Mendoza concentró 39.771 hectáreas, es decir el 84,8 % del Malbec nacional. En comercio exterior, las exportaciones de Malbec y sus cortes llegaron a 1.172.721 hectolitros, generaron 404,7 millones de dólares y alcanzaron 114 países, representando el 71,9 % del volumen total de varietales exportados por la Argentina. Por eso, hablar del vino y del Malbec no es solo hablar de una bebida. Es hablar de religión, inmigración, ciencia, comercio, paisaje, identidad y cultura. Es hablar de Mendoza, de sus oasis y de su dirigencia visionaria; de bodegueros, agrónomos y trabajadores de viña; y de una historia que convirtió al desierto irrigado en una de las grandes capitales vitivinícolas del planeta. Como sugirió Borges en sus versos al vino, cada copa puede ser también una manera de mirar la propia historia. Y pocas historias argentinas son tan intensas, profundas y universales como la del vino. #Malbec #VinoArgentino #BebidaNacional #HistoriaDelVino #Mendoza #MalbecWorldDay #MichelAimePouget #Sarmiento #Vitivinicultura #CulturaDelVino #ArgentineWine #WineHistory #MendozaWine #MalbecArgentino #WineCulture #Vineyards #AndesTerroir #VinoYHistoria
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