martes, 21 de abril de 2026

21 de abril de 1994 murió en Buenos Aires Raúl Soldi, el pintor argentino que llevó su arte de Glew al Vaticano y convirtió la belleza en eternidad


Fue uno de los artistas argentinos más reconocidos del siglo XX, pintor, muralista y escenógrafo de proyección internacional. Había nacido en la misma ciudad el
27 de marzo de 1905 y se formó inicialmente en la Academia Nacional de Bellas Artes. Muy joven viajó a Europa: pasó por Alemania y luego se instaló en Italia, donde continuó sus estudios en la Academia de Brera de Milán, una experiencia decisiva para su formación y para su contacto con el ambiente artístico moderno de la época. Su carrera creció pronto más allá de la Argentina. Ya de regreso en el país, y luego de obtener una beca de la Comisión Nacional de Cultura, viajó a Estados Unidos, donde trabajó como escenógrafo en Hollywood, una faceta menos conocida pero fundamental dentro de su trayectoria. Desde fines de la década de 1930 y comienzos de la de 1940 su obra comenzó a circular con fuerza en el exterior, con presencia en muestras y salones que consolidaron su prestigio fuera del país. Entre todas sus realizaciones, una de las más entrañables y recordadas fue la que comenzó en 1953 en la Iglesia Santa Ana de Glew, en la provincia de Buenos Aires. Allí pintó durante veintitrés veranos una serie de frescos que terminaron convirtiéndose en una de las obras religiosas más singulares del arte argentino. La Secretaría de Cultura recuerda que fueron trece murales dedicados a la historia de Santa Ana, ejecutados principalmente con la técnica del fresco renacentista. Su talento también dejó una marca imborrable en otros espacios emblemáticos. En 1966 emprendió la decoración de la cúpula del Teatro Colón, una obra monumental que representa el universo teatral en un gran mural de 53 figuras desplegadas sobre unos 400 metros cuadrados. Dos años después, en 1968, viajó a Israel para realizar un fresco en la Basílica de la Anunciación de Nazaret, inspirado en el milagro de la Virgen de Luján, trabajo que concluyó en apenas sesenta días. Otro de sus grandes orgullos llegó en 1987, cuando los Museos del Vaticano incorporaron a su patrimonio sacro la obra “La Virgen y el Niño”; además, allí también quedó catalogada “Santa Ana y la Virgen Niña”, un reconocimiento extraordinario que confirmó el alcance universal de su pintura. Para entonces, Soldi ya era visto como una de las grandes figuras del arte argentino, un creador de sensibilidad poética cuya obra había trascendido fronteras y se había ganado un lugar en colecciones y espacios de gran prestigio internacional. La muerte lo encontró serenamente en su casa de Buenos Aires, a los 89 años. Pero su legado siguió creciendo. Hoy Raúl Soldi es recordado no solo por la delicadeza de sus figuras, la musicalidad de sus composiciones y la atmósfera soñada de sus escenas, sino también por haber unido la pintura con la emoción, la fe, el teatro y la memoria. Su obra hizo de la armonía una forma de arte, y de esa armonía, una huella perdurable en la cultura argentina. #RaúlSoldi #ArteArgentino #PinturaArgentina #HistoriaDelArte #SantaAnaDeGlew #TeatroColón #Nazaret #MuseosDelVaticano #CulturaArgentina #GrandesArtistas #RaulSoldi #ArgentineArt #LatinAmericanArt #ModernArt #Muralism #ArtHistory #TeatroColon #SacredArt #BuenosAiresArt #CulturalHeritage

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