El 21 de abril de 1822 se libró el Combate de Riobamba —también conocido como Combate de Tapi— en territorio del actual Ecuador, una acción decisiva de la campaña independentista dirigida por el mariscal Antonio José de Sucre. En ese escenario se destacó de manera extraordinaria Juan Galo de Lavalle, al frente de 96 Granaderos a Caballo de los Andes, enviados como parte del apoyo sanmartiniano a las operaciones libertadoras del norte. Con esa pequeña fuerza, Lavalle atacó a una caballería realista muy superior en número y, tras quebrarla, impulsó su persecución hasta desorganizar por completo a las tropas españolas. La jornada quedó grabada como una de las acciones de caballería más brillantes de la guerra de independencia sudamericana. El propio Instituto Nacional Sanmartiniano recuerda que el combate se resolvió con cargas de caballería y armas blancas, mientras que el Ministerio de Defensa argentino subraya que el triunfo de Riobamba fue vital porque obligó a los realistas a retroceder hacia Quito, preparando el camino para la victoria patriota en Pichincha apenas un mes más tarde. En Ecuador, la tradición militar también considera este episodio como una acción heroica que abrió las puertas de la libertad. La actuación de Lavalle fue tan impactante que Sucre elogió su arrojo y el de sus hombres, y la tradición histórica terminó consagrándolo como el “León de Riobamba”. A partir de aquel combate, el nombre de Lavalle quedó unido para siempre a una de las gestas más recordadas de los Granaderos de San Martín, una carga épica que convirtió a ese puñado de jinetes en símbolo de coraje, velocidad y decisión en los campos de la independencia americana. #CombateDeRiobamba #Riobamba #Tapi #JuanGaloLavalle #GranaderosDeLosAndes #JoséDeSanMartín #AntonioJoséDeSucre #IndependenciaDeAmérica #HistoriaArgentina #HistoriaDeEcuador #GuerrasDeIndependencia #LeónDeRiobamba #BattleOfRiobamba #Lavalle #Granaderos #SouthAmericanIndependence #MilitaryHistory #ArgentineHistory #EcuadorHistory #Sucre
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martes, 21 de abril de 2026
21 de Abril de 1822 - COMBATE DE RÍO BAMBA, la carga de JUAN GALO DE LAVALLE con 96 granaderos que abrió el camino hacia la libertad de Ecuador
El 21 de abril de 1822 se libró el Combate de Riobamba —también conocido como Combate de Tapi— en territorio del actual Ecuador, una acción decisiva de la campaña independentista dirigida por el mariscal Antonio José de Sucre. En ese escenario se destacó de manera extraordinaria Juan Galo de Lavalle, al frente de 96 Granaderos a Caballo de los Andes, enviados como parte del apoyo sanmartiniano a las operaciones libertadoras del norte. Con esa pequeña fuerza, Lavalle atacó a una caballería realista muy superior en número y, tras quebrarla, impulsó su persecución hasta desorganizar por completo a las tropas españolas. La jornada quedó grabada como una de las acciones de caballería más brillantes de la guerra de independencia sudamericana. El propio Instituto Nacional Sanmartiniano recuerda que el combate se resolvió con cargas de caballería y armas blancas, mientras que el Ministerio de Defensa argentino subraya que el triunfo de Riobamba fue vital porque obligó a los realistas a retroceder hacia Quito, preparando el camino para la victoria patriota en Pichincha apenas un mes más tarde. En Ecuador, la tradición militar también considera este episodio como una acción heroica que abrió las puertas de la libertad. La actuación de Lavalle fue tan impactante que Sucre elogió su arrojo y el de sus hombres, y la tradición histórica terminó consagrándolo como el “León de Riobamba”. A partir de aquel combate, el nombre de Lavalle quedó unido para siempre a una de las gestas más recordadas de los Granaderos de San Martín, una carga épica que convirtió a ese puñado de jinetes en símbolo de coraje, velocidad y decisión en los campos de la independencia americana. #CombateDeRiobamba #Riobamba #Tapi #JuanGaloLavalle #GranaderosDeLosAndes #JoséDeSanMartín #AntonioJoséDeSucre #IndependenciaDeAmérica #HistoriaArgentina #HistoriaDeEcuador #GuerrasDeIndependencia #LeónDeRiobamba #BattleOfRiobamba #Lavalle #Granaderos #SouthAmericanIndependence #MilitaryHistory #ArgentineHistory #EcuadorHistory #Sucre
El 21 de abril de 1941 quedó inaugurado el monumento al Combate de Ensenada de las Pulgas, la batalla que tiñó de heroísmo al Río Quinto y quedó grabada para siempre en Villa Mercedes
Levantado para mantener viva la memoria del enfrentamiento ocurrido el 11 de marzo de 1821 sobre la margen derecha del río Quinto. Allí chocaron las fuerzas del general chileno José Miguel Carrera con las milicias puntanas dirigidas por el coronel Dolores Videla, en uno de los episodios más duros de la historia regional. El lugar no era un sitio cualquiera: la propia documentación municipal lo identifica como parte del antiguo paraje de Las Pulgas, un enclave histórico a orillas del Quinto que antecedió a la futura Villa Mercedes. Al reconstruir aquel combate en su Historia de la Provincia de San Luis, Juan W. Gez dejó una de las descripciones más dramáticas del episodio. Señaló que la caballería puntana fue rechazada, que la infantería formó cuadro y resistió “hasta consumir el último cartucho”, y que en esa defensa cayeron Dolores Videla y Juan Daract, peleando hasta el final. El mismo Gez sostuvo que en el campo quedaron 180 muertos, una cifra que transmite la magnitud de la matanza. Sin embargo, otras síntesis históricas locales reducen el número de caídos puntanos a 101, lo que muestra que, aun dentro de la memoria provincial, las cifras no siempre coinciden, aunque sí lo hace la idea central: fue una jornada feroz y decisiva, convertida con el tiempo en símbolo de sacrificio y valor puntano. Por eso, el monumento inaugurado en 1941 no recuerda solo una batalla: recuerda un episodio que marcó a fuego la historia de la región y que quedó unido para siempre al paisaje del río Quinto y a la identidad histórica de Villa Mercedes. Más que una simple obra conmemorativa, es una señal de memoria pública sobre uno de los combates más sangrientos y heroicos del pasado puntano. #EnsenadaDeLasPulgas #VillaMercedes #SanLuis #RíoQuinto #HistoriaPuntana #CombatesHistóricos #DoloresVidela #JuanDaract #JoséMiguelCarrera #MemoriaHistórica #EnsenadaDeLasPulgas #VillaMercedesHistory #SanLuisHistory #RioQuinto #HistoricBattle #ArgentineHistory #HistoricalMemory #SouthAmericanHistory #RegionalHistory #HeroesOfHistory
1961: la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Mendoza que cambió para siempre la arquitectura mendocina y formó la voz moderna de toda una generación
La creación de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Mendoza, en 1961, fue uno de los hechos más decisivos para la consolidación del campo arquitectónico en Mendoza y para la difusión del pensamiento moderno en la provincia. Nacida por decisión del Directorio del ICEI, la puesta en marcha de una facultad privada de arquitectura en el interior del país tuvo una resonancia que excedió lo local y se volvió un acontecimiento de importancia nacional dentro del contexto político y cultural de la época. La nueva casa de estudios comenzó a tomar forma a partir de una trama de vínculos profesionales y personales en la que confluyeron Daniel Ramos Correas, Enrico Tedeschi, Raúl Panelo Gelly y el ingeniero Justo Pedro Gascón, quienes participaron activamente de su fundación. Al frente del proyecto quedó Enrico Tedeschi, que fue decano, organizador y docente hasta 1972, impulsando una experiencia pedagógica singular, marcada por la modernidad, la vanguardia y una profunda vocación experimental. También proyectó el edificio destinado a albergar los cinco cursos de la carrera, con colaboración en el plano estructural y con intervención de Daniel Ramos Correas en el patio-atrio. Luego, el conjunto universitario se completó con otras obras del propio Tedeschi, como las facultades de Ingeniería y de Ciencias Jurídicas y Sociales. En esa institución, Tedeschi pudo desplegar un programa de enseñanza de avanzada, casi como un laboratorio intelectual en condiciones de relativo aislamiento, donde los vínculos académicos se elegían con gran exigencia entre referentes del país y del exterior. La pequeña escuela sostuvo lazos con figuras de enorme peso como Marina Waisman, Jorge Sacriste, Jorge Scrimaglio, Miguel Ángel Roca, José Le Pera y Diego Díaz Puertas, entre otros. En ese clima, la teoría no se enseñaba separada del proyecto: se integraba a la práctica con una mirada que buscaba equilibrar identidad local, tradición y modernidad, funcionalidad abierta, y respeto por los valores constructivos y estructurales de la arquitectura. La vida académica de la FAU-UM fue, desde el inicio, mucho más que cursadas y exámenes. Se organizaban concursos de proyectos para estudiantes con auspicio de empresas e instituciones del medio, como Pescarmona y la UIA, y se realizaban exposiciones de trabajos en museos, como las promovidas por la docente Liliana Rainis en el Museo Municipal de Arte Moderno. Además, filósofos, artistas, arquitectos e ingenieros visitantes dictaban cursos y cursillos, mientras los propios profesores de la facultad guiaban instancias de formación complementaria que reforzaban la idea de una escuela abierta a la cultura y al debate. La apertura de la carrera permitió también que muchos arquitectos ya radicados en Mendoza encontraran un espacio para ejercer la docencia universitaria. Entre los integrantes del cuerpo docente inicial estuvieron, entre otros, Raúl Panelo Gelly, Carlos Andía, Edgardo Alfaro, Vittorio Allegrini, Miguel Rosso, Miguel Villanueva, Gerardo Andía, Hugo Dalla Torre, Martín Abraham, Aniceto Puig, Pedro Merlo, Héctor León, Gilberto Olguín, Carlos Caporalini, Miguel Ángel Martínez, Liliana Rainis, Juan Brugiavini, Jaime Perelló, Osvaldo Cocconi, Luis Casnati, Ernesto Martinelli, Hugo Raina, Ricardo Bekerman, Julio Díaz Valentín, Jorge Vico, Daniel Ramos Correas, Carlos Gainza, María Cristina Díaz Valentín, Miguel Ángel Guisasola, Raúl Amprimo, Juan José Schmidt, Enrico Tedeschi, Miguel Giraud, Jacques Caspi y Hernán Godoy. Esa nómina muestra hasta qué punto la facultad se convirtió en un verdadero centro de irradiación profesional para la arquitectura mendocina. Durante sus primeros años, la institución mantuvo un promedio cercano a veinte alumnos por año, y en 1965 comenzaron a recibirse los primeros arquitectos formados íntegramente en esa novel facultad. El primer egresado fue Miguel Rosso, en 1965. Luego, en 1966, se graduaron Raúl Amprimo, Enrique Casetti y Julio Díaz Valentín. En 1967 lo hicieron Francisco Coppo, Ricardo Bekerman, Vittorio Allegrini, Ernesto Martinelli, Miguel Guisasola, Eduardo Duek y Hernán Godoy. De esa camada también formó parte María Cristina Díaz Valentín, recordada como la primera arquitecta recibida en Mendoza. Uno de los aportes más valiosos de la FAU-UM fue haber abierto de manera concreta la posibilidad de ingreso de mujeres a la carrera. Con el tiempo, su matrícula fue creciendo hasta equipararse con la de sus compañeros varones. Hasta entonces, en Mendoza había muy pocas arquitectas en ejercicio, y casi todas provenían de otras provincias como Buenos Aires, Córdoba o Santa Fe. Para muchas mendocinas, estudiar fuera de la provincia no era una opción frecuente, tanto por razones económicas como por limitaciones culturales respecto del acceso femenino a la educación superior. En ese sentido, la cercanía de la nueva facultad fue clave, y más aún porque desde sus primeros años previó un sistema de becas. En 1968 se instituyó la beca “Edgardo Alfaro”, sostenida por los propios profesores, a la que se sumaron ayudas de la Universidad de Mendoza y apoyos financiados por empresas del medio. Ese mismo 1968 mostró un crecimiento notable en el número de egresados. Entre quienes se recibieron entonces figuran Juan José Schmidt, Leonardo Aveta, Myrta Abraham, Gustavo Serrano, Hernán Costarelli, Augusto Armani, Susana Fasciolo, Pedro Mazzoni, Jorge Grinspan, Francisco Castorino, Rodolfo Sardi, Luis Decurgez, Pedro Mayol, Rosa Mazzoni, Mónica Itoiz, Carlos Diez y Adolfo Danino. Todo esto confirmó que la experiencia inicial ya se había transformado en una cantera decisiva para la arquitectura local. A fines de 1972, Tedeschi dejó el decanato. Aunque siguió ligado a la institución como profesor de Arquitectura 5-6 y del Taller de Tesis hasta aproximadamente 1975, empezó a dedicar más tiempo a la investigación científica. Su paso por la facultad fue considerado ejemplar por la originalidad del enfoque, la articulación entre enseñanza e investigación y su permanente promoción de la cultura. Pero el clima político del país pronto alteró la vida interna de la institución. A comienzos de 1973 asumió como decano Gerardo Andía, aunque poco después la facultad fue tomada por un grupo de estudiantes, con apoyo de algunos docentes, que reclamaban la estatización, cambios en el plan de estudios y un gobierno tripartito con participación estudiantil. La toma comenzó el 14 de junio de 1973, se levantó a fines de ese mes y las clases siguieron suspendidas, al menos, hasta septiembre. Luego vinieron la renovación del Consejo, la asunción transitoria de Carlos Caporalini en el decanato y, más tarde, la intervención de la Universidad de Mendoza por parte del gobierno nacional, con la designación del arquitecto Ricardo Freire como interventor de la FAU. La facultad fue restituida a sus autoridades estatutarias en enero de 1974, en medio de un fuerte desmembramiento del plantel docente. En febrero fue designado decano Raúl Amprimo, pero una nueva amenaza de intervención generó una inmediata reacción del medio profesional: setenta y cinco arquitectos firmaron una solicitada pública pidiendo el cese de esa medida. Pocos días después se anunció la designación de Antonio Abramo como delegado interventor. Finalmente, tras el decreto 1308/74 firmado por Juan Domingo Perón, Amprimo pudo asumir el decanato y permaneció en ese cargo hasta 1978. Desde 1979 y hasta 2009, la Facultad de Arquitectura fue dirigida por el arquitecto Ricardo Bekerman, abriendo una nueva etapa en la historia institucional de la casa de estudios. Como dato adicional, el edificio de la actual FAUD de la Universidad de Mendoza es hoy una obra emblemática de la arquitectura moderna argentina: fue construido entre 1962 y 1964, fue declarado Monumento Histórico Nacional por el Decreto 791/2019, y además fue seleccionado en 2015 para la muestra “Latin America in Construction: Architecture 1955–1980” del MoMA de Nueva York. La propia Universidad de Mendoza sigue reconociendo a Enrico Tedeschi como el autor del edificio y su primer decano. #FAUUM #UniversidadDeMendoza #ArquitecturaMendocina #HistoriaDeMendoza #EnricoTedeschi #ArquitecturaModerna #EducaciónSuperior #ArquitecturaArgentina #PatrimonioArquitectónico #ModernidadEnMendoza #WomenInArchitecture #MendozaArchitecture #ModernArchitecture #ArchitecturalHeritage #UniversityHistory #EnricoTedeschi #ArgentineArchitecture #DesignEducation #MonumentoHistórico #MoMANYC
21 de abril de 1822 nació en Montevideo Torcuato de Alvear, el hombre que empezó a transformar Buenos Aires en una ciudad moderna
El 21 de abril de 1822 nació en Montevideo Torcuato de Alvear, mientras su padre, el general Carlos María de Alvear, permanecía exiliado allí a raíz de la crisis política desatada en Buenos Aires tras los acontecimientos de 1820. Décadas más tarde, Torcuato quedaría inscripto en la historia argentina como el primer intendente de la ciudad de Buenos Aires, cargo para el que fue nombrado el 10 de mayo de 1883. Su gestión fue breve en años, pero enorme en consecuencias. Durante su administración impulsó una política urbana decididamente modernizadora: promovió la apertura de la Avenida de Mayo, alentó la demolición de la Recova que dividía la actual Plaza de Mayo, reformó plazas, arboló calles y empujó un fuerte proceso de embellecimiento y renovación edilicia que cambió para siempre la fisonomía porteña. La propia documentación del Gobierno de la Ciudad lo recuerda como una figura clave para que Buenos Aires dejara de ser una “gran aldea” y comenzara a proyectarse como una capital moderna, ordenada e higiénica. La apertura de la Avenida de Mayo fue una de sus obras más emblemáticas. El proyecto empezó a tomar forma en 1884, en un contexto en el que la ciudad buscaba mejorar el tránsito, unir el puerto con la estación Once y responder también a las preocupaciones sanitarias que habían dejado las epidemias de fiebre amarilla de la década anterior. Para concretarla, Alvear encargó el trazado y la dirección de las obras al arquitecto Juan Antonio Buschiazzo, y aunque no llegó a verla terminada, fue el gran impulsor de esa transformación urbana. Torcuato de Alvear murió el 8 de diciembre de 1890, pero su legado quedó unido para siempre al progreso material de Buenos Aires. Más que un funcionario eficaz, fue uno de los grandes promotores del adelanto edilicio, del ordenamiento del espacio público y de la modernización urbana de la capital argentina. #TorcuatoDeAlvear #HistoriaArgentina #BuenosAires #AvenidaDeMayo #PlazaDeMayo #PrimerIntendente #PatrimonioPorteño #HistoriaDeBuenosAires #ModernizaciónUrbana #ArquitecturaHistórica #TorcuatoDeAlvear #ArgentineHistory #BuenosAiresHistory #AvenidaDeMayo #UrbanHistory #CityHeritage #HistoricBuenosAires #PublicSpace #ArchitecturalHeritage #LatinAmericanHistory
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21 de abril de 1885 nació en San Luis, Carmen Quiroga de Chena, la maestra puntana que convirtió la cultura y la educación en una misión de vida
Una figura destacada de la cultura cuyana, recordada como profesora, poeta y prosista. Fue hija de Lindor Quiroga, uno de los nombres fuertes de la política puntana de fines del siglo XIX, y muy pronto orientó su vida hacia la formación intelectual y la docencia. Las reseñas biográficas la presentan como profesora de Filosofía y Letras, con una trayectoria que la proyectó tanto en San Luis como en otras provincias argentinas. Tras completar su formación y ampliar estudios fuera de su provincia, se dedicó de lleno a la enseñanza. Ejerció como profesora y directora en establecimientos educativos y dictó materias como Moral Cívica y Política, Psicología, Geografía, Historia, Pedagogía, Literatura y Francés. Su carrera la llevó a ocupar puestos de conducción en las escuelas normales de San Luis, San Juan y Chivilcoy, donde dejó una huella profunda por su impulso cultural, su defensa de la educación y su capacidad de liderazgo dentro del magisterio. Uno de sus aportes más valiosos llegó en 1928, cuando fundó y dirigió en la ciudad de San Luis la Revista Cultural, publicación que se transformó en una expresión clave de la intelectualidad femenina puntana. Según la investigación académica sobre su trayectoria, esa revista buscó cultivar el lenguaje, despertar vocaciones literarias en alumnas y docentes, proyectar la influencia de la escuela en la sociedad y ofrecer a las mujeres de la provincia un espacio para expresar por escrito sus ideas sobre asuntos de interés general. La revista circuló hasta 1933, durante su etapa al frente de la Escuela Normal “Paula Domínguez de Bazán”. Su actividad no se limitó al aula. También tuvo una intensa presencia en la vida intelectual regional: participó en congresos culturales, promovió conferencias y respaldó iniciativas literarias y educativas. Como dato adicional, durante su gestión en la Escuela Normal de Chivilcoy ingresó como profesor Julio Cortázar, quien además ofreció allí conferencias sobre literatura e historia; en ese mismo clima cultural también hubo conciertos en los que participó Ariel Ramírez. Estos detalles ayudan a dimensionar la importancia del ámbito que Carmen Quiroga de Chena supo construir alrededor de la escuela como centro de irradiación cultural. Fue autora de una obra de considerable valor, entre la que se destacan Voces de San Luis —publicada en 1947 y convertida en una obra de consulta sobre las letras puntanas—, Poemas (1960), Homenajes y discursos (1966) y Visiones sanluiseñas (1967). También dejó proyectados otros trabajos, entre ellos La Revolución de 1874, basada en el archivo de su padre, además de otros textos de carácter histórico y lírico. En 1970 recibió el Escudo de Chancay, otorgado por la Asociación Sanmartiniana de San Luis a personalidades destacadas, y fue incorporada a la Sociedad Argentina de Escritores, filial San Juan. Murió en San Juan el 19 de octubre de 1977. Tomando como base su fecha de nacimiento, tenía 92 años. Su legado permanece unido a la historia de la educación, la literatura y la cultura de San Luis: fue una mujer que supo enseñar, escribir, dirigir y abrir espacios para que otras voces —sobre todo las femeninas— también pudieran hacerse oír. #CarmenQuirogaDeChena #SanLuis #HistoriaDeSanLuis #MujeresDeLaCultura #EducaciónArgentina #LiteraturaPuntana #PoetasArgentinas #RevistaCultural #IntelectualesArgentinas #PatrimonioCultural #CarmenQuirogaDeChena #SanLuisHistory #WomenInCulture #ArgentineLiterature #WomenWriters #EducationalHistory #CulturalHeritage #LatinAmericanWomen #RegionalLiterature #HistoricWomen
Cuando los arquitectos mendocinos levantaron su propia voz: la historia de la SAM, la entidad que ayudó a moldear la Mendoza moderna (Imagen Ilustrativa)
La acción gremial de los arquitectos en Mendoza no nació de un día para otro, pero sí encontró un punto de inflexión decisivo en 1959, cuando lo local empezó a ganar autonomía frente al histórico peso de la Sociedad Central de Arquitectos de Buenos Aires. El camino, en realidad, había comenzado antes: en 1952 un pequeño grupo de profesionales mendocinos impulsó la creación de una filial provincial, y el 21 de diciembre de 1953 quedó aprobada la División Mendoza de la SCA, formalmente constituida pocos días después. Sobre esa base, el 14 de diciembre de 1959, en una asamblea realizada en el Hotel Americano, nació la Sociedad de Arquitectos de Mendoza (SAM), ya como entidad independiente de alcance provincial, con estatuto propio y vocación de representar con voz propia a los arquitectos mendocinos. La nueva institución no se limitó a ser un sello administrativo. Su estatuto fijó objetivos amplios y ambiciosos: fortalecer la unión entre colegas, representar a los arquitectos ante autoridades e instituciones, defender los intereses legítimos de la profesión, difundir la función social del arquitecto, promover el perfeccionamiento profesional, colaborar con la enseñanza de la arquitectura y el urbanismo, estimular a la industria de la construcción, mediar en conflictos entre profesionales, sostener vínculos con asociaciones del país y del exterior y auspiciar congresos y encuentros especializados. A ese impulso inicial se sumó un dato que ayuda a medir su importancia: la SAM fue constituida por 29 arquitectos, y su primera comisión directiva, formada el 19 de diciembre de 1959, tuvo como presidente a Aniceto Puig. Más tarde, el 9 de septiembre de 1968, el Decreto 4060 del Poder Ejecutivo provincial aprobó sus estatutos y le otorgó la personería jurídica, consolidando legalmente una trayectoria que ya era relevante en la vida profesional mendocina. Desde entonces, la SAM se convirtió en mucho más que un espacio corporativo: fue un actor activo en el debate urbano, normativo y cultural de Mendoza. En sus actas aparecen discusiones gremiales, como la necesidad de una caja de previsión para profesionales, pero también intervenciones sobre planeamiento, urbanismo, reforma de leyes y promoción de concursos. Ya desde su etapa previa como División Mendoza, los arquitectos habían impulsado llamados a concurso y colaborado en la elaboración de antecedentes para un Código de Edificación de la ciudad. Incluso a fines de 1958 organizaron en Mendoza las Terceras Jornadas Argentinas de Arquitectos, donde el tema propuesto fue “Arquitectura en zona sísmica”, una cuestión clave para la provincia. Más adelante, la SAM promovió o acompañó concursos para obras como el Hospital Italiano, el Palacio Policial, el Banco de Previsión Social, el Banco Unión Comercial e Industrial (BUCI) y el Palacio Nacional de la Vid y el Vino, entre otros. Ya en la recta final del siglo XX, también quedó asociada a debates y concursos urbanos de gran peso, como el del Parque Central, cuyo proyecto ganador surgió de un concurso nacional en 1999. En ese largo recorrido fueron apareciendo figuras que tendrían fuerte gravitación dentro de la institución y en la vida pública mendocina. Entre 1962 y 1969 presidieron la entidad Juan Carlos Rogé, Jacques Caspi, Pedro Merlo, Ricardo Casnati y Mario Day Arenas, mientras nuevos nombres como Gilberto Olguín, Carlos y Gerardo Andía, Mario Pagés, Juan Brugiavini, Bozidar Bajuk, Antonio Abramo y Carlos Gainza empezaban a ganar protagonismo. La SAM, además, no actuó aislada: fue respaldo institucional de procesos decisivos, como la discusión del Código de Edificación, la incidencia de muchos de sus miembros en reparticiones públicas y universidades, y la creación de la primera Facultad de Arquitectura en Mendoza. Esa presencia explica por qué terminó funcionando como una verdadera plataforma de influencia profesional, urbana y cultural en la provincia. En las décadas siguientes, la entidad continuó ampliando su campo de acción. Entre sus hitos más recordados figura la organización del Primer Congreso Internacional de Ciudad y Arquitectura en Zona Sísmica, previsto para 1987, en cuya comisión participaron representantes de la SAM, la UNCuyo, la Universidad de Mendoza, el CRICYT, la Federación Panamericana de Arquitectos y la Federación Argentina de Sociedades de Arquitectos. En esos mismos años también impulsó el proyecto de colegiación de los arquitectos mendocinos, una discusión que terminaría cambiando la estructura institucional de la profesión en la provincia. Ese cambio llegó con la Ley 5350, sancionada el 16 de octubre de 1988 y publicada en el Boletín Oficial el 16 de diciembre de ese año, norma que reguló el ejercicio profesional y dio marco al Colegio de Arquitectos de Mendoza (CAM), ya operativo desde 1989. A partir de entonces, el colegio pasó a concentrar la organización de la matrícula, el control del ejercicio profesional, los aspectos éticos y administrativos y el vínculo institucional de los matriculados con el Estado. En paralelo, la función gremial que durante décadas había encarnado la SAM comenzó a desdibujarse. El CAM se transformó en el organismo central de la profesión, mientras la vieja sociedad fue perdiendo peso hasta que su última comisión directiva se disolvió en 2006. Vista en perspectiva, la historia de la Sociedad de Arquitectos de Mendoza no fue solamente la de una asociación profesional. Fue la historia de cómo un colectivo de arquitectos buscó organizarse, ganar autonomía, influir sobre la ciudad y participar activamente en la construcción institucional, urbana y cultural de Mendoza. Desde concursos y códigos hasta congresos, debates patrimoniales y proyectos de colegiación, la SAM dejó una marca profunda: ayudó a que la arquitectura mendocina dejara de depender exclusivamente del centro porteño y adquiriera una identidad propia, con voz, agenda y peso específico en la provincia. #SociedadDeArquitectosDeMendoza #SAM #ArquitecturaMendocina #HistoriaDeMendoza #Urbanismo #PatrimonioArquitectónico #ColegioDeArquitectos #CAMZA #ObraPública #PlaneamientoUrbano #ConcursosDeArquitectura #ArquitectosDeMendoza #Mendoza #MendozaArchitecture #ArchitecturalHeritage #UrbanHistory #PublicArchitecture #CityPlanning #ArchitectsAssociation #ProfessionalHistory #ArgentineArchitecture #ArchitecturalCulture
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21 de abril de 1863 se produjo el Combate de Villaprima, el golpe que frenó a Felipe Varela en Catamarca y encendió otro capítulo de las guerras civiles
También citado en varias fuentes como Huillapima, en el actual departamento Capayán, provincia de Catamarca. Allí, fuerzas vinculadas a Manuel Taboada —y, según algunas cronologías tradicionales, con un destacamento al mando del comandante Maldonado— derrotaron a Felipe Varela, en un episodio que marcó uno de los choques decisivos de la ofensiva contra las montoneras federales en el noroeste argentino. La cronología oficial del Atlas de Catamarca ubica en Huillapima la primera derrota de Varela en esa campaña. El combate no fue un hecho aislado. Venía precedido por un clima de fuerte tensión política tras la reorganización del país después de Pavón y por el avance de las rebeliones federales ligadas a Ángel Vicente Peñaloza. En Catamarca, el gobernador Ramón Rosa Correa había pedido ayuda ante la amenaza de una invasión riojana, y a fines de marzo las fuerzas de Varela ya habían entrado en la provincia. Según la reconstrucción histórica oficial catamarqueña, la operación para sofocar la montonera se organizó con apoyo de Santiago del Estero y Tucumán, quedando Taboada encargado del avance sobre Capayán, donde se había concentrado Varela. El valor histórico de Villaprima radica en que abrió una secuencia de derrotas para el caudillo catamarqueño. Distintas síntesis coinciden en que allí fue batida la vanguardia de Varela, compuesta por unos 200 hombres, y que al día siguiente la campaña continuó en Chumbicha, profundizando el retroceso federal en la zona. A partir de ese primer revés, Taboada avanzó sobre la resistencia montonera y empujó la lucha hacia La Rioja, en el marco de una guerra civil que todavía estaba lejos de cerrarse. Como dato adicional, conviene señalar que no todas las cronologías coinciden exactamente en la fecha: mientras el Atlas de Catamarca ubica la derrota de Varela en Huillapima el 21 de abril, otro informe técnico sobre el área de Catamarca la consigna el 22 de abril de 1863. Esa diferencia no altera el núcleo del hecho: en Capayán, Taboada consiguió quebrar la posición de Varela y dar un paso clave en la campaña contra los caudillos federales del oeste. #CombateDeVillaprima #Huillapima #FelipeVarela #ManuelTaboada #Catamarca #Capayán #GuerrasCivilesArgentinas #HistoriaArgentina #CaudillosFederales #SigloXIX #Villaprima #ArgentineHistory #CivilWars #FelipeVarela #CatamarcaHistory #FederalCaudillos #19thCenturyHistory #ArgentineCaudillos #HistoricalMemory #SouthAmericanHistory
21 de Abril de 1929, nace Armando Tejada Gómez: el mendocino que convirtió la poesía del pueblo en himno de América Latina
El 21 de abril de 1929 nació en Mendoza —más precisamente en Guaymallén— Armando Tejada Gómez, una de las voces más profundas de la poesía y la canción popular argentina. Provenía de una familia de trabajadores rurales, de ascendencia huarpe y de muy escasos recursos. Quedó huérfano de padre siendo niño, fue criado durante un tiempo por su tía Fidela Pavón, quien le enseñó a leer, y desde muy temprano conoció la dureza de la vida: vendió diarios, trabajó como lustrabotas y más tarde también como albañil. Esa infancia atravesada por la pobreza y el esfuerzo marcaría para siempre su mirada social y su obra. Autodidacta y dueño de una voz notable, en 1950 comenzó a trabajar como locutor en LV10 Radio de Cuyo, empleo que alternó con la construcción. A la par fue forjando su formación literaria por cuenta propia, alentado por lecturas decisivas como el Martín Fierro. En esos años inició su sociedad artística con Oscar Matus, una dupla fundamental de la cultura mendocina y argentina, de la que surgieron canciones memorables. Junto con Mercedes Sosa, Tito Francia, Eduardo Aragón y otros artistas, fue además uno de los impulsores del Nuevo Cancionero, presentado en Mendoza en 1963, un movimiento nacido para renovar la música popular desde una raíz cuyana, social y contemporánea. Su trayectoria literaria y musical fue enorme. Publicó obras como Pachamama, Profeta en su tierra y Canto popular de las comidas, entre muchas otras. En el plano de los reconocimientos, recibió el Premio Casa de las Américas por Canto popular de las comidas; además, su novela Dios era olvido fue distinguida en Bilbao, mientras que la Fundación Konex lo ubicó entre las figuras centrales de la autoría folklórica argentina. Como letrista dejó una huella inmensa en el cancionero latinoamericano. Fue autor de piezas como “Zamba del riego” con música de Oscar Matus; “Zamba azul” y “Regreso a la tonada” con Tito Francia; “Volveré siempre a San Juan” con Ariel Ramírez; “Canción para un niño en la calle” con Ángel “Cacho” Ritro; y, junto a César Isella, “Canción con todos”, obra que con el tiempo se volvió un verdadero emblema de la unidad latinoamericana. Su producción registrada ronda los 220 temas, y varias de sus canciones fueron difundidas por grandes intérpretes del continente. Armando Tejada Gómez murió en Buenos Aires el 3 de noviembre de 1992, pero su palabra sigue viva. Su legado no se limita a la poesía ni a la canción: ayudó a darle voz a los olvidados, a renovar la cultura popular desde Mendoza y a convertir la identidad cuyana en una expresión con resonancia nacional y latinoamericana. #ArmandoTejadaGómez #NuevoCancionero #Mendoza #Guaymallén #PoesíaArgentina #FolkloreArgentino #CanciónConTodos #OscarMatus #MercedesSosa #CulturaPopular #IdentidadCuyana #PoetaMendocino #LatinAmericanSong #ArgentinePoetry #ArgentineFolklore #NuevoCancionero #CulturalHeritage #Songwriter #MendozaCulture #LatinAmericanIdentity
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M5521 Guaymallén, Mendoza, Argentina
lunes, 20 de abril de 2026
1910: así se movía el corazón del vino en Godoy Cruz, en la bodega de Justo Pellegrina - Mendoza
La imagen, fechada hacia 1910, retrata el sector de expedición y filtros del establecimiento vitivinícola de don Justo Pellegrina, identificado en Belgrano, Godoy Cruz, Mendoza. No se trata de un rincón menor de la bodega, sino de una de sus áreas más importantes: el espacio donde el vino pasaba por la filtración y quedaba listo para su fraccionamiento, envasado y salida comercial, es decir, el tramo final de un proceso decisivo para llevar la producción a los mercados. Los estudios sobre las bodegas mendocinas de comienzos del siglo XX describen justamente a los departamentos de envase y expedición como los sectores donde se realizaban esas tareas finales. La escena también permite entender el grado de desarrollo que había alcanzado la vitivinicultura mendocina en esos años. Hacia 1910, Godoy Cruz figuraba entre los departamentos con mayor peso bodeguero de la provincia, y las publicaciones de época exhibían interiores de naves, cavas, maquinarias y etiquetas como prueba visible de esa modernización. En esos mismos años se expandió en Mendoza el uso de prensas, moledoras y filtros importados —y luego adaptados o fabricados localmente—, mientras la electricidad y la fuerza motriz consolidaban el paso de la bodega artesanal a la bodega industrial. En el caso de Justo Pellegrina, además, la documentación histórica lo menciona entre los bodegueros que utilizaban el nombre completo del propietario como marca, una práctica frecuente en la Mendoza vitivinícola de principios del siglo XX. Su firma también aparece asociada a la marca “La Granadina”, con representación comercial en Buenos Aires entre 1910 y 1913, lo que muestra que su producción no quedaba limitada al mercado local, sino que formaba parte de una red de distribución más amplia. Por eso, esta imagen vale mucho más que como simple registro industrial: resume un momento en que Mendoza consolidaba su identidad vitivinícola y convertía al vino en uno de los grandes motores de su economía y de su prestigio. #JustoPellegrina #GodoyCruz #BelgranoGodoyCruz #Mendoza #HistoriaDelVino #Vitivinicultura #BodegasHistóricas #PatrimonioMendocino #IndustriaDelVino #MemoriaVitivinícola #WineHistory #MendozaWine #HistoricWinery #WineHeritage #IndustrialHeritage #ArgentineWine #VintageWinery #CulturalHeritage
19 de Abril de 2026 - Muere Luis Brandoni: se fue un gigante de la escena argentina, pero su obra ya es eterna
Hoy es un día profundamente triste, el dolor obliga: la cultura argentina acaba de perder a uno de sus nombres imprescindibles. Luis Brandoni murió este 20 de abril de 2026 a los 86 años, y con su partida se va mucho más que un actor extraordinario: se apaga una figura central del cine, el teatro y la televisión nacional, un artista que durante más de seis décadas supo convertir personajes, gestos y frases en parte viva de la memoria popular argentina. Nacido como Adalberto Luis Brandoni en Dock Sud el 18 de abril de 1940, debutó en teatro en 1962 y desde muy temprano dejó en claro que su talento no tenía fronteras. Si bien el gran público lo abrazó con pasión por su notable vis cómica, su carrera demostró que podía moverse con la misma solvencia en el drama, la sátira social y esa zona tan difícil y tan rica donde conviven la emoción y el humor. Con el tiempo, esa mezcla de sensibilidad, ironía, ternura y potencia interpretativa lo convirtió en uno de los grandes dueños de la comedia dramática argentina. Brandoni fue, además, uno de esos pocos actores capaces de atravesar generaciones sin perder vigencia. Su trayectoria dejó títulos fundamentales en el drama, como La Patagonia rebelde, La tregua, Darse cuenta, Made in Argentina y, ya en tiempos más recientes, Un gallo para Esculapio. En la comedia quedó asociado para siempre a obras y películas que el público convirtió en clásicos afectivos, entre ellas Cien veces no debo, El verso y, por supuesto, la inmortal Esperando la carroza, cuya ferocidad costumbrista sigue resonando en el habla cotidiana de los argentinos. En sus últimos años redondeó una etapa brillante con títulos como Mi obra maestra, El cuento de las comadrejas, La odisea de los giles, Parque Lezama y la serie Nada, donde sumó un capítulo singular al compartir pantalla con Robert De Niro, con quien mantenía una amistad de décadas. Por eso Luis Brandoni no fue solamente un actor célebre: fue una parte constitutiva de nuestra cultura. Supo trabajar con algunas de las figuras más grandes del espectáculo argentino y dejó una galería de personajes que ya pertenecen al patrimonio emocional del país. En 2025, la Secretaría de Cultura de la Nación lo distinguió como Personalidad Emérita de la Cultura, reconocimiento que él decidió acompañar con la donación del premio económico a la Casa del Teatro, un gesto que volvió a mostrar la dimensión humana detrás del artista. También hubo en él una dimensión ética y gremial que merece ser recordada. En la Asociación Argentina de Actores fue secretario general entre 1972 y 1983, luego volvió a ocupar ese cargo en 1996, y en 1974 debió dejar el país por amenazas. Dos años más tarde, en 1976, fue secuestrado al salir del Teatro Lasalle junto con Marta Bianchi y una amiga, y llevado a Automotores Orletti; más tarde denunció esos hechos ante la Justicia y su testimonio quedó ligado a la memoria de los años más oscuros del país. Esa experiencia ayuda a entender por qué su compromiso excedió siempre el escenario. Su carrera también recibió reconocimientos mayores, entre ellos el Konex de 1991 y el Konex de Platino 2021, además de premios Martín Fierro, Cóndor de Plata y Estrella de Mar. Pero por encima de cualquier distinción, lo que queda es algo más difícil de alcanzar: el cariño de un público que lo sintió cercano, necesario y verdadero. Con su muerte no solo se va un intérprete formidable; se despide una voz inconfundible de la Argentina contemporánea. Y como ocurre con los grandes de verdad, su ausencia ya empezó a convertirse en legado. Como homenaje final, más que repetir literalmente aquel célebre intercambio de Esperando la carroza, vale recordar lo que logró esa escena: convertir una conversación doméstica, absurda y feroz sobre la pobreza, la apariencia y la hipocresía familiar en uno de los momentos más inolvidables del cine argentino. Eso también era Brandoni: la rara capacidad de volver eterno lo cotidiano. #LuisBrandoni #AdiosBrandoni #CineArgentino #TeatroArgentino #TelevisionArgentina #CulturaArgentina #EsperandoLaCarroza #LaPatagoniaRebelde #LaTregua #LaOdiseaDeLosGiles #ParqueLezama #Nada #RobertDeNiro #MemoriaCultural #GrandesActores #LuisBrandoni #ArgentineCinema #ArgentineTheatre #ArgentineCulture #ClassicCinema #FilmLegend #TVIcon #CulturalLegacy #LatinAmericanCinema #ScreenAndStage
Así construyó Mendoza su modernidad: la historia de las oficinas públicas que moldearon la ciudad, la universidad y la vivienda social
La consolidación del ejercicio profesional en Mendoza estuvo estrechamente ligada a la expansión de las agencias estatales. Desde la década de 1920, especialmente durante los gobiernos lencinistas, la obra pública fue adquiriendo una estructura burocrática cada vez más compleja, y los concursos junto con los temas urbanos comenzaron a ocupar un lugar cada vez más relevante dentro del debate arquitectónico. En ese proceso se afianzaron o cobraron nuevo impulso organismos decisivos para la provincia, entre ellos Arquitectura, Turismo, Vialidad, Parques, Calles y Paseos, el Instituto Provincial de la Vivienda y, más tarde, el Departamento de Obras de la Universidad Nacional de Cuyo. En conjunto, esas reparticiones no solo produjeron edificios y ciudad: también consolidaron la inserción del arquitecto en la función pública y lo convirtieron en un actor central del desarrollo territorial mendocino. Uno de los núcleos fundamentales de ese proceso fue la Dirección de Arquitectura. Su antecedente legal apareció en 1908, cuando la Sección Arquitectura fue incorporada al organigrama del Ministerio de Industrias y Obras Públicas por la Ley de Presupuesto 435. A partir de allí, esa oficina fue ganando peso en el diseño, dirección y ejecución de la obra pública provincial. Permaneció bajo la Dirección General de Obras Públicas hasta 1935 y, al año siguiente, mediante la Ley de Presupuesto 1193, fue elevada al rango de Dirección de Arquitectura de la Provincia. Más tarde atravesó varias transformaciones institucionales: en 1954 fue absorbida por la Dirección de Planificación de la Secretaría Técnica de la Gobernación; en 1956, por la Ley 2368, volvió a la órbita del Ministerio de Economía, Obras Públicas y Riego como Dirección de Arquitectura y Urbanismo; en 1967 pasó a llamarse Dirección de Arquitectura y Planeamiento por el Decreto-Acuerdo 3862; en 1987 recuperó el nombre de Dirección de Arquitectura y Urbanismo; y en 1995 adoptó la denominación DACOP, Dirección de Administración de Contratos y Obras Públicas. La propia documentación oficial mendocina subraya que esta repartición fue clave en el desarrollo urbano y patrimonial de la provincia. Los primeros nombres fuertes de esa etapa fueron Manuel Civit —director entre 1936 y 1939—, Arturo Civit —entre 1939 y 1941— y Ewald Weyland, que continuó luego esa línea. Durante el primer peronismo, la repartición quedó en manos de los ingenieros Alberto Beltrán Plos y Francisco Guiñazú; después asumieron temporalmente Raúl Panelo Gelly y más tarde Aniceto Puig. Tras 1955 se sucedieron Gerónimo Tomba, Ricardo Casnati, nuevamente Manuel Civit, Juan Carlos Rogé, Segundo Godoy Nievas, Mario Day Arenas, otra vez Rogé, Miguel Britos García, Juan José Lemos y César Carubín. En paralelo, la segunda mitad del siglo XX estuvo marcada por la formación de equipos técnicos mixtos, donde convivieron arquitectos con experiencia en obra pública y jóvenes profesionales que hicieron allí sus primeras armas. La Dirección creció en especialidades y sumó calculistas, proyectistas, inspectores y expertos en instalaciones, organizando duplas y equipos según áreas como arquitectura escolar, sanitaria o institucional. Dentro de esa “escuela-taller” de arquitectura pública se destacaron, entre otros, Arístides Cottini, Hipólito Corti, Raúl Panelo Gelly, Héctor León, Raúl Gellón, Heriberto Forte, Jesús Corti, Hugo Raina, Manuel Benegas, Jorge Vico, Michel Giraud, Edgardo Alfaro y Hugo Cuervo. A ellos se sumaron profesionales llegados a Mendoza por las oportunidades laborales que ofrecía la provincia —muchos provenientes de Córdoba— y algunos de los primeros titulados locales: Miguel Guisasola, Manuel Blasco, Eugenia Bargna, Marta López, Victorio del Fiol, Hugo Dalla Torre, Liliana Salvo, Ricardo Bekerman, Susana Fasciolo, Miguel Rosso, Osvaldo Cocconi, Francisco Pittella, Antonio Genovart, Gilberto Olguín, Alicia Bevilacqua, Ana Coloma, Juan Bochaca, Carlos Andía, Jaime Perelló y Jorge Cremaschi. Esa acumulación de trayectorias afianzó una capacidad técnica sostenida que permitió a la repartición intervenir durante décadas en educación, salud, seguridad, administración, turismo y cultura, al punto de convertirse en una referencia positiva para el ingreso de arquitectos a la función pública. Otro hito decisivo fue el Departamento de Obras de la Universidad Nacional de Cuyo. La UNCuyo, creada a fines de la década de 1930, articuló centros preexistentes y nuevas unidades académicas en Mendoza, San Juan y San Luis, con sede de gobierno en Mendoza. Durante años funcionó dispersa en más de cincuenta inmuebles y, tras un concurso frustrado en la década de 1940 para crear un núcleo universitario, el proyecto del campus comenzó a volverse realidad alrededor de 1960 con la formación de una oficina técnica especializada. Bajo la conducción del arquitecto Aniceto Puig, ese departamento sostuvo durante más de treinta años un plan de trabajo continuo, con criterios de economía de recursos, adaptación al ambiente y experimentación arquitectónica en una zona sísmica. La propia UNCUYO recuerda que las obras requirieron unos cuatro años de acondicionamiento, proyecto y construcción, y que para 1969 se había ejecutado alrededor del 60% de los 100.000 m² previstos para el Centro Universitario, inaugurado ese mismo año. Entre 1965 y 1968 comenzaron a definirse las piezas iniciales del campus. Tras las obras de urbanización proyectadas por Simón Lacerna, se decidió reutilizar la estructura inconclusa del antiguo Hospital de Niños de la Fundación Eva Perón para instalar la Facultad de Ciencias Médicas, mientras otro edificio incompleto fue adaptado para el Rectorado. Los primeros edificios proyectados específicamente para el nuevo centro fueron el cuerpo central de Filosofía y Letras por Benegas y Aveni; el cuerpo de enseñanza de Ciencias Económicas por Héctor León; el bloque de investigaciones de Ingeniería en Petróleos por Jacques Caspi; y la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales por Juan Brugiavini. En simultáneo, Mario Pagés diseñó el refugio de alta montaña en Vallecitos y el sector de Maestranza; Lacerna y Raúl Maroi trabajaron el área deportiva y los vestuarios; Lacerna proyectó además el puente sobre Avenida Champagnat; y Juan Dalessandro intervino en Ciencias Agrarias y en la fábrica de aceite para la cátedra de Industrias Agrarias. Durante los años setenta y ochenta el conjunto siguió creciendo con el Hogar y Club Universitario —hoy Comedor Universitario—, la ampliación del Rectorado, nuevas aulas para Filosofía y Letras, el edificio del Colegio del Magisterio, el refugio en Villa La Angostura, el conjunto para el CRICYT, el Liceo Agrícola y Enológico Domingo F. Sarmiento y el edificio del Departamento de Asistencia Médico Social Universitario. Más adelante, Dalessandro proyectó aulas para Ingeniería, el sector de clínicas de Odontología, el edificio del Instituto Tecnológico Universitario, el DAD, aulas interdisciplinarias para Artes y Diseño y el edificio de Derecho; a fines de los noventa, Juan Brugiavini proyectó la Biblioteca Central, inaugurada en 2001. En términos formales, la etapa inicial estuvo signada por el aluminio, el plástico, el ladrillo semiprensado, el vidrio templado y la exploración del hormigón armado; desde aproximadamente 1980 se impuso un lenguaje más ligado al ladrillo visto, carpinterías de vidrio repartido, muros enlucidos y algunos techos inclinados. La tercera gran agencia estatal de este proceso fue el Instituto Provincial de la Vivienda (IPV), creado en 1947 bajo el gobierno de Faustino Picallo por la Ley 1658, con la misión de dar vivienda confortable, económica y antisísmica a las familias mendocinas de menores recursos. La documentación oficial del propio instituto y del Gobierno de Mendoza lo reconoce como el primer organismo provincial del país dedicado específicamente a atender el problema habitacional. Su directorio combinaba perfiles técnicos y representativos: presidente, directores profesionales —arquitectos, ingenieros o contadores—, y delegados obrero, empleado y patronal. Además de construir barrios urbanos y rurales para venta o alquiler, debía promover saneamiento, renovación del parque habitacional, estímulos fiscales para edificaciones de bajo costo y la obligación de dotar de vivienda a cuidadores o contratistas de fincas con cultivos permanentes. Durante el ciclo peronista levantó alrededor de 3.000 viviendas, sin alcanzar todavía a cubrir el déficit existente. En las décadas de 1960 y 1970, los cambios culturales y políticos llevaron a priorizar soluciones habitacionales más ajustadas al contexto local. En ese clima también circularon las ideas de John Turner, que defendían la participación de los usuarios en la producción de su hábitat. El IPV amplió entonces su planta profesional: además de técnicos y arquitectos, incorporó trabajadores sociales, que intervenían junto a los equipos proyectuales en los programas de erradicación, acompañando a las familias en cuestiones de salud, trabajo, organización y apropiación del proyecto. Entre los profesionales ligados al organismo se destacaron Ricardo Bekerman, Adolfo Grinfeld, Vittorio Allegrini, Juan José Schmidt y, en cargos directivos, Carlos Gainza. Uno de los hitos de esa etapa fue la experiencia de Ayuda Mutua, considerada pionera en el Cono Sur: en 1967 la provincia adhirió al Plan de Erradicación de Villas de Emergencia y se puso en marcha la primera etapa del Barrio San Martín, dirigida por el arquitecto Bozidar Bajuk. La creación del FONAVI en 1972 fue modificando ese esquema y empujó el paso hacia el modelo de viviendas terminadas “llave en mano”, construido por empresas contratistas. Ese giro se reforzó desde 1977, cuando el IPV alcanzó un nuevo estatus institucional y aumentó fuertemente su productividad. Allí se abrieron nuevas oportunidades para arquitectos vinculados a empresas constructoras o ganadores de concursos impulsados por el IPV y el Banco Hipotecario, entre ellos Mario Romano, Graciela Hidalgo, Mario Pagés, Aldo Oliva y José María Tonidandel. Con el retorno democrático y, sobre todo, tras el sismo de enero de 1985, la emergencia habitacional se agravó. La respuesta llegó por varias vías —Comité de Reconstrucción, IPV, Banco Hipotecario y municipios— y dio lugar al llamado Plan Sismo, cuyas viviendas se completaron hacia 1991. Entre los barrios resultantes estuvieron La Estanzuela, Pedro Molina, Los Toneles y Los Glaciares; en La Estanzuela la dirección de obra estuvo a cargo de Eduardo Duek. Desde 1992, la transferencia directa de fondos FONAVI a las provincias promovió una nueva política habitacional más descentralizada. El IPV dejó de concentrar funciones financieras, sociales, legales y de planificación integral, que pasaron en parte a bancos, municipios y entidades intermedias. En ese marco crecieron las direcciones municipales de vivienda y se conformó un consejo técnico consultivo junto con el IPV. El instituto, ya con menor personal, quedó más orientado a la administración de recursos, auditoría, evaluación de programas y otorgamiento de créditos priorizados por los municipios. A esta etapa estuvieron vinculados Ana Gibert, Fernando Armani, Mirta Almenara y Juan Carlos Lemos. También se abrió un nuevo campo profesional para los arquitectos a través de cooperativas, mutuales, sindicatos y uniones vecinales que presentaban sus propios proyectos. Hacia el final del siglo, el Gobierno provincial reforzó nuevamente el papel de contralor del IPV, impulsó registros de empresas y profesionales y sostuvo programas nuevos o derivados de la vieja tradición de ayuda mutua. Dentro del recorte que señalás, una de las últimas obras emblemáticas fue la de la Nueva Villa de Potrerillos en 2001, con participación de Ernesto Martinelli y Dino Fantozzi. Como dato adicional, el propio Gobierno de Mendoza informó que el IPV superó las 100.000 soluciones habitacionales entregadas en sus primeras siete décadas, lo que ayuda a dimensionar su peso histórico en la provincia. En síntesis, la profesionalización de la arquitectura mendocina desde el Estado no fue un fenómeno secundario sino estructural. La Dirección de Arquitectura, el Departamento de Obras de la UNCuyo y el IPV operaron como verdaderas usinas de proyecto, formación y ensayo técnico. Desde escuelas, hospitales y comisarías hasta facultades, barrios obreros, complejos universitarios y planes de reconstrucción, esas agencias hicieron mucho más que administrar obra pública: ayudaron a construir la Mendoza moderna, consolidaron el prestigio profesional de los arquitectos y dejaron una huella material que todavía organiza buena parte de la vida cotidiana de la provincia. #ArquitecturaMendocina #ObraPública #HistoriaDeMendoza #PatrimonioArquitectónico #DirecciónDeArquitectura #UNCuyo #CentroUniversitario #IPV #ViviendaSocial #Urbanismo #Mendoza #ArquitecturaArgentina #MendozaArchitecture #PublicWorks #ArchitecturalHeritage #UrbanHistory #SocialHousing #CampusHistory #ArgentineArchitecture #StateAndCity
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20 de Abril de 1997 - Murió en Mendoza, pero su voz quedó para siempre en Cuyo: Clemente Cancielo, el cantor que volvió eterna la tonada
El 20 de abril de 1997 murió en Mendoza Antonio Clemente Cancielo, una de las voces más recordadas del cancionero cuyano. Cantor y compositor de fuerte raíz popular, había nacido el 23 de noviembre de 1923 en La Dormida, departamento de Santa Rosa, y falleció a los 73 años, dejando una huella profunda en la música regional. Las referencias biográficas disponibles coinciden en esos datos y lo ubican entre los intérpretes más representativos del folklore de Cuyo. Cancielo fue reconocido como la última primera voz de Los Trovadores de Cuyo, el célebre conjunto ligado a Hilario Cuadros, con quien cantó a dúo y grabó diecisiete temas. Las mismas fuentes lo describen además como hijo de inmigrantes italianos y destacan que, tras la muerte de Cuadros, continuó esa línea artística con un estilo propio, siempre ligado a la tonada, la cueca y la identidad mendocina. Como dato adicional, en 1966 la revista Folklore ya lo mencionaba como director de “Los Cantares de la Cañadita”, señal de la proyección que había alcanzado dentro del ambiente folklórico. Y años más tarde, su nombre quedó incorporado también a la memoria pública mendocina: una ordenanza oficial de Guaymallén bautizó una calle del Barrio Hilario Cuadros con el nombre Clemente Cancielo, reconocimiento institucional a su aporte cultural. Así, su muerte no marcó solo la despedida de un artista: significó la partida de una de esas voces que ayudaron a darle forma, sentimiento y permanencia a la música cuyana. Aunque el tiempo haya pasado, Clemente Cancielo sigue vivo en la memoria de Mendoza y en el eco de sus canciones #ClementeCancielo #FolkloreCuyano #Mendoza #LaDormida #SantaRosaMendoza #HistoriaDeMendoza #MúsicaCuyana #TonadaCuyana #LosTrovadoresDeCuyo #HilarioCuadros #Cuyo #PatrimonioCultural #ClementeCancielo #CuyanFolklore #MendozaHistory #ArgentineFolklore #TraditionalMusic #CulturalHeritage #LatinAmericanMusic #FolkLegacy
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1910 - La postal del vino que hizo grande a Godoy Cruz: así trabajaba la histórica bodega de Honorio Barraquero
La imagen retrata la carga de cascos de vino en la planchada de expedición de la Bodega y Viñedos de don Honorio Barraquero, en Godoy Cruz, Mendoza, uno de los establecimientos más antiguos y representativos del desarrollo vitivinícola local. El origen de la bodega se ubica hacia 1870, tal como señala la tradición histórica del establecimiento. La casa estaba situada en las actuales calles San Martín y Brasil, y fue reconocida como una de las primeras bodegas del departamento, donde se produjo vino bajo la marca “Baco”. La escena no muestra solo una tarea cotidiana: resume una época entera de la vitivinicultura mendocina. La planchada de expedición era la plataforma sobreelevada desde la cual se cargaban primero los carros y más tarde los vagones del ferrocarril, una pieza clave en la logística del vino hacia los mercados. En el caso de Barraquero, además, el crecimiento de la firma fue notable: en su establecimiento llegaron a trabajar 300 operarios, y la bodega se consolidó entre las grandes empresas del sector. Para 1903, la Testamentaría Honorio Barraquero, con dos bodegas, figuraba entre las principales firmas vitivinícolas mendocinas, con una producción de 5.475.400 litros, equivalente al 7,13% del total provincial registrado en esa nómina. La historia de la bodega también estuvo marcada por episodios decisivos. El establecimiento sufrió un incendio en 1882, pero ya al año siguiente funcionaba nuevamente en un edificio renovado que contaba con túneles, señal de la magnitud y modernización alcanzadas por la empresa. Sus vinos, además, integraron el grupo de productos mendocinos distinguidos en la Exposición Universal de París de 1889, donde Honorio Barraquero aparece entre los premiados por vino blanco y tinto. La bodega dejó de funcionar hacia 1920, pero su nombre quedó ligado para siempre al crecimiento industrial y patrimonial de Godoy Cruz. #HonorioBarraquero #BodegaBarraquero #GodoyCruz #Mendoza #HistoriaDelVino #Vitivinicultura #PatrimonioMendocino #HistoriaDeMendoza #BodegasHistóricas #MemoriaDelVino #WineHistory #MendozaWine #ArgentineWine #WineHeritage #HistoricWineries
20 de abril de 1907: Manuel Iglesias el gallego de Campana que inventó el "mataperros", el primer auto 100% argentino, y el porteño que lo puso a competir en Europa
Un 20 de abril de 1907, en su taller de la calle Colón 226 de Campana, provincia de Buenos Aires, el mecánico Manuel Iglesias mostró al pueblo el vehículo que había armado pieza por pieza con sus propias manos. Era el primer automóvil construido íntegramente en el país. Iglesias no era ingeniero de título. Había nacido el 22 de enero de 1870 en Vila de Cruces, Pontevedra, y llegó a la Argentina con 14 años. Aprendió el oficio en los talleres del Ferrocarril Central Argentino en San Martín, donde se hizo mecánico leyendo revistas técnicas. Entre 1903 y 1907, en sus ratos libres, fabricó un torno a pedal y luego un chasis rectangular con eje rígido, ruedas de madera con llantas de hierro, y un motor monocilíndrico de 1.938 cm³ sin acelerador que giraba a 400 rpm. Solo compró afuera la bujía y el magneto. Alcanzaba 12 km/h y se arrancaba a manivela. La leyenda local cuenta que lo sacó por primera vez el 20 de noviembre de 1907 para el cumpleaños de su esposa María, y que tuvo que voltear el tapial de su casa para sacarlo a la calle. Los vecinos lo bautizaron "mataperros" por el ruido, aunque nunca atropelló a ninguno. Con los años lo desarmó para usar el motor como bomba de agua. Iglesias murió en el anonimato el 15 de enero de 1955, sin saber que Campana sería declarada "Cuna del Primer Automóvil Argentino" en 1975 y que cada último domingo de noviembre se celebraría el Día del Automóvil Argentino, con un monumento inaugurado en 1973. Cuatro años después del "mataperros", la historia dio el salto a la serie. Horacio Anasagasti, ingeniero porteño de origen vasco nacido el 16 de julio de 1879 y recibido en la UBA a los 23 años, ya había fundado el Automóvil Club Argentino en 1904. El 30 de diciembre de 1909 abrió su fábrica en la Avenida Alvear. Tras un viaje a Europa, en julio de 1911 terminó su primer prototipo y lo presentó oficialmente el 17 de septiembre de 1911 en la carrera Rosario-Córdoba-Rosario, corriendo bajo el seudónimo "Samurai". Era un paso adelante: carrocería nacional, motor francés Ballot de 2.125 cm³ y 15 HP importado, capaz de superar los 50 km/h. Lo vendía a $6.500 al contado o en cuotas de $200, un sistema inédito para la época. Entre 1912 y 1915 fabricó unas cincuenta unidades, las primeras en serie del país, y las llevó a competir a Europa, donde ganó la exigente París-Madrid de 1.500 km. La Primera Guerra Mundial cortó el suministro de piezas y obligó a cerrar la empresa en 1915. Anasagasti murió el 8 de abril de 1932 en Bariloche, donde impulsó la creación del Parque Nacional Nahuel Huapi. Dos pioneros, dos caminos: Iglesias, el artesano que lo hizo todo a mano en Campana; Anasagasti, el ingeniero que soñó con una industria y puso un auto argentino a correr en Europa. #PrimerAutoArgentino #ManuelIglesias #Mataperros #Campana #20deAbril #HoracioAnasagasti #Anasagasti1911 #IndustriaArgentina #HistoriaArgentina #AutosClasicos #MadeInArgentina #FirstArgentineCar #AutomotiveHistory #VintageCars #Ballot #SouthAmericanCars
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