El 6 de agosto de 1881 nació en Lochfield Farm, cerca de Darvel, Escocia, Alexander Fleming, el médico y bacteriólogo cuyo talento para observar aquello que otros habrían descartado cambió para siempre la historia de la medicina. Tras completar su formación se incorporó en 1906 al Departamento de Inoculación del Hospital St. Mary de Londres, dirigido por el prestigioso inmunólogo Almroth Wright, donde trabajó en vacunas, sueros y mecanismos de defensa contra las infecciones. Durante la Primera Guerra Mundial fue destinado a un laboratorio dedicado al estudio de heridas en Boulogne, Francia, y comprobó una realidad estremecedora: numerosos soldados no morían únicamente por la gravedad de sus lesiones, sino por infecciones que la medicina todavía era incapaz de controlar. También demostró que algunos antisépticos empleados entonces podían dañar los glóbulos blancos antes de eliminar las bacterias alojadas en heridas profundas. En 1921 realizó su primer gran descubrimiento al observar que ciertas secreciones humanas contenían una sustancia capaz de desintegrar determinados microorganismos. La llamó lisozima y posteriormente fue encontrada en lágrimas, saliva, sangre, leche y mucosidades. La historia popular asegura que todo comenzó cuando Fleming estornudó accidentalmente sobre una placa de cultivo; sin embargo, las fuentes históricas más prudentes confirman la participación de secreciones nasales, pero no permiten asegurar con la misma certeza todos los detalles pintorescos de aquella anécdota. Aunque la lisozima resultó poco eficaz contra muchas bacterias peligrosas, aquella experiencia enseñó a Fleming que el organismo y la propia naturaleza podían esconder poderosos mecanismos antibacterianos. La escena que lo llevaría a la inmortalidad científica ocurrió en 1928. Al regresar de unas vacaciones, Fleming revisó varias placas con cultivos de estafilococos y descubrió que una de ellas había sido contaminada por un moho. En lugar de arrojarla a la basura, observó que alrededor del hongo se había formado una zona transparente en la que las bacterias habían desaparecido. El microorganismo fue identificado entonces como Penicillium notatum, y Fleming llamó penicilina a la sustancia que impedía el crecimiento bacteriano. Publicó sus resultados en 1929, pero no consiguió aislar un compuesto suficientemente estable y puro para convertirlo en medicamento; durante casi una década, aquel extraordinario hallazgo permaneció como una prometedora curiosidad de laboratorio. La penicilina se transformó verdaderamente en un tratamiento gracias al trabajo colectivo desarrollado desde finales de la década de 1930 en la Universidad de Oxford. Howard Florey, Ernst Boris Chain, Norman Heatley, Edward Abraham y otros investigadores lograron concentrarla, purificarla, probarla en animales y comenzar los primeros tratamientos humanos. Gran Bretaña, castigada por la guerra, no tenía capacidad suficiente para fabricarla masivamente, por lo que Florey y Heatley viajaron a Estados Unidos en 1941. Allí, laboratorios gubernamentales, universidades y compañías farmacéuticas perfeccionaron la fermentación industrial que permitió disponer de grandes cantidades del antibiótico para tratar infecciones durante la Segunda Guerra Mundial. Fleming había descubierto la puerta; el equipo de Oxford y la producción angloestadounidense consiguieron abrirla para toda la humanidad. En 1945, Alexander Fleming, Howard Florey y Ernst Chain compartieron el Premio Nobel de Fisiología o Medicina por el descubrimiento de la penicilina y su efecto curativo sobre distintas enfermedades infecciosas. Aquel avance inauguró la era moderna de los antibióticos y convirtió infecciones que hasta entonces podían resultar mortales —incluso después de una herida pequeña— en enfermedades tratables. Fleming, sin embargo, comprendió que aquel triunfo también escondía un peligro: ese mismo año advirtió que el empleo inadecuado o insuficiente de los antibióticos podía favorecer la aparición de microorganismos resistentes, una amenaza que décadas después se transformaría en uno de los mayores desafíos de la medicina mundial. Alexander Fleming murió de un ataque cardíaco en Londres el 11 de marzo de 1955. Fue cremado y sus cenizas quedaron depositadas en la cripta de la Catedral de San Pablo, donde una placa recuerda al científico escocés que supo detenerse frente a una placa aparentemente arruinada. Su grandeza no consistió solamente en encontrar un moho extraordinario, sino en comprender que dentro de aquel accidente se ocultaba una revolución. Desde entonces, millones de personas sobrevivieron a infecciones que durante siglos habían significado una sentencia de muerte: la naturaleza dejó caer una espora y Fleming tuvo la inteligencia de no mirar hacia otro lado. #AlexanderFleming #August6 #Penicillin #Antibiotics #MedicalHistory #HistoryOfMedicine #Microbiology #Lysozyme #NobelPrize #ScientificDiscovery #ModernMedicine #ScienceHistory #Bacteriology #AntimicrobialResistance #OnThisDay #MedicalBreakthrough #MendozAntigua #AlexanderFleming #6DeAgosto #Penicilina #Antibióticos #HistoriaDeLaMedicina #Ciencia #Microbiología #Lisozima #PremioNobel #DescubrimientosCientíficos #MedicinaModerna #HistoriaCientífica #Salud #ResistenciaAntimicrobiana #Efemérides
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jueves, 6 de agosto de 2020
6 DE AGOSTO DE 1881: NACE FLEMING, EL HOMBRE QUE ABRIÓ LA ERA DE LOS ANTIBIÓTICOS
El 6 de agosto de 1881 nació en Lochfield Farm, cerca de Darvel, Escocia, Alexander Fleming, el médico y bacteriólogo cuyo talento para observar aquello que otros habrían descartado cambió para siempre la historia de la medicina. Tras completar su formación se incorporó en 1906 al Departamento de Inoculación del Hospital St. Mary de Londres, dirigido por el prestigioso inmunólogo Almroth Wright, donde trabajó en vacunas, sueros y mecanismos de defensa contra las infecciones. Durante la Primera Guerra Mundial fue destinado a un laboratorio dedicado al estudio de heridas en Boulogne, Francia, y comprobó una realidad estremecedora: numerosos soldados no morían únicamente por la gravedad de sus lesiones, sino por infecciones que la medicina todavía era incapaz de controlar. También demostró que algunos antisépticos empleados entonces podían dañar los glóbulos blancos antes de eliminar las bacterias alojadas en heridas profundas. En 1921 realizó su primer gran descubrimiento al observar que ciertas secreciones humanas contenían una sustancia capaz de desintegrar determinados microorganismos. La llamó lisozima y posteriormente fue encontrada en lágrimas, saliva, sangre, leche y mucosidades. La historia popular asegura que todo comenzó cuando Fleming estornudó accidentalmente sobre una placa de cultivo; sin embargo, las fuentes históricas más prudentes confirman la participación de secreciones nasales, pero no permiten asegurar con la misma certeza todos los detalles pintorescos de aquella anécdota. Aunque la lisozima resultó poco eficaz contra muchas bacterias peligrosas, aquella experiencia enseñó a Fleming que el organismo y la propia naturaleza podían esconder poderosos mecanismos antibacterianos. La escena que lo llevaría a la inmortalidad científica ocurrió en 1928. Al regresar de unas vacaciones, Fleming revisó varias placas con cultivos de estafilococos y descubrió que una de ellas había sido contaminada por un moho. En lugar de arrojarla a la basura, observó que alrededor del hongo se había formado una zona transparente en la que las bacterias habían desaparecido. El microorganismo fue identificado entonces como Penicillium notatum, y Fleming llamó penicilina a la sustancia que impedía el crecimiento bacteriano. Publicó sus resultados en 1929, pero no consiguió aislar un compuesto suficientemente estable y puro para convertirlo en medicamento; durante casi una década, aquel extraordinario hallazgo permaneció como una prometedora curiosidad de laboratorio. La penicilina se transformó verdaderamente en un tratamiento gracias al trabajo colectivo desarrollado desde finales de la década de 1930 en la Universidad de Oxford. Howard Florey, Ernst Boris Chain, Norman Heatley, Edward Abraham y otros investigadores lograron concentrarla, purificarla, probarla en animales y comenzar los primeros tratamientos humanos. Gran Bretaña, castigada por la guerra, no tenía capacidad suficiente para fabricarla masivamente, por lo que Florey y Heatley viajaron a Estados Unidos en 1941. Allí, laboratorios gubernamentales, universidades y compañías farmacéuticas perfeccionaron la fermentación industrial que permitió disponer de grandes cantidades del antibiótico para tratar infecciones durante la Segunda Guerra Mundial. Fleming había descubierto la puerta; el equipo de Oxford y la producción angloestadounidense consiguieron abrirla para toda la humanidad. En 1945, Alexander Fleming, Howard Florey y Ernst Chain compartieron el Premio Nobel de Fisiología o Medicina por el descubrimiento de la penicilina y su efecto curativo sobre distintas enfermedades infecciosas. Aquel avance inauguró la era moderna de los antibióticos y convirtió infecciones que hasta entonces podían resultar mortales —incluso después de una herida pequeña— en enfermedades tratables. Fleming, sin embargo, comprendió que aquel triunfo también escondía un peligro: ese mismo año advirtió que el empleo inadecuado o insuficiente de los antibióticos podía favorecer la aparición de microorganismos resistentes, una amenaza que décadas después se transformaría en uno de los mayores desafíos de la medicina mundial. Alexander Fleming murió de un ataque cardíaco en Londres el 11 de marzo de 1955. Fue cremado y sus cenizas quedaron depositadas en la cripta de la Catedral de San Pablo, donde una placa recuerda al científico escocés que supo detenerse frente a una placa aparentemente arruinada. Su grandeza no consistió solamente en encontrar un moho extraordinario, sino en comprender que dentro de aquel accidente se ocultaba una revolución. Desde entonces, millones de personas sobrevivieron a infecciones que durante siglos habían significado una sentencia de muerte: la naturaleza dejó caer una espora y Fleming tuvo la inteligencia de no mirar hacia otro lado. #AlexanderFleming #August6 #Penicillin #Antibiotics #MedicalHistory #HistoryOfMedicine #Microbiology #Lysozyme #NobelPrize #ScientificDiscovery #ModernMedicine #ScienceHistory #Bacteriology #AntimicrobialResistance #OnThisDay #MedicalBreakthrough #MendozAntigua #AlexanderFleming #6DeAgosto #Penicilina #Antibióticos #HistoriaDeLaMedicina #Ciencia #Microbiología #Lisozima #PremioNobel #DescubrimientosCientíficos #MedicinaModerna #HistoriaCientífica #Salud #ResistenciaAntimicrobiana #Efemérides
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