domingo, 9 de agosto de 2020

9 DE AGOSTO DE 48 A.C.: CÉSAR ROMPIÓ EL EJÉRCITO DE POMPEYO — FARSALIA, LA BATALLA EN LA QUE ROMA COMENZÓ A DEJAR DE SER LA MISMA


El 9 de agosto del año 48 a.C., según la datación tradicional, las llanuras de Tesalia, en la actual Grecia, fueron escenario de uno de los enfrentamientos más decisivos de toda la Antigüedad. Allí, cerca de Farsalia, dos antiguos aliados convertidos en enemigos irreconciliables se disputaron mucho más que una victoria militar: Julio César y Cneo Pompeyo Magno combatieron por el control político de la República romana. El triunfo de César no terminó inmediatamente con todas las guerras civiles, pero destruyó el principal ejército senatorial y transformó de manera irreversible el equilibrio de poder de Roma. El enfrentamiento había comenzado a gestarse mucho antes. César regresaba de sus extraordinarias campañas en las Galias convertido en uno de los generales más prestigiosos y poderosos de Roma, mientras una parte influyente del Senado temía que semejante poder militar terminara colocándolo por encima de las instituciones republicanas. La confrontación política se volvió insostenible a comienzos del 49 a.C.: los tribunos Marco Antonio y Quinto Casio, defensores de los intereses de César, abandonaron Roma después de que fracasaran sus intentos de bloquear las medidas de sus adversarios. Poco después César cruzó el Rubicon con sus tropas, un acto que significaba desafiar abiertamente la autoridad senatorial y que convirtió la crisis política en guerra civil. Pompeyo, uno de los mayores comandantes militares que había conocido Roma, abandonó Italia y reunió en Oriente una poderosa fuerza respaldada por numerosos senadores, gobernantes aliados y contingentes provinciales. César lo persiguió. Después de cruzar el Adriático sufrió un serio revés frente a Dirraquio, la actual Durrës, en Albania, en julio de 48 a.C. Pompeyo había logrado derrotarlo, pero no consiguió convertir aquel éxito en la destrucción definitiva del ejército cesariano. César se retiró hacia el interior de Grecia, reorganizó a sus veteranos y finalmente ambos ejércitos volvieron a encontrarse en Tesalia. Los números parecían favorecer claramente a Pompeyo. En su propio relato, César atribuyó al adversario 110 cohortes y unos 45.000 legionarios, mientras él formó aproximadamente 80 cohortes con 22.000 hombres. Las estimaciones antiguas sobre la caballería varían, pero Plutarco y Apiano permiten calcular una diferencia todavía más espectacular: alrededor de 7.000 jinetes pompeyanos frente a unos 1.000 cesarianos. César, sin embargo, disponía de algo extremadamente valioso: veteranos endurecidos durante años de campañas en la Galia y una extraordinaria capacidad para improvisar sobre el campo de batalla. Pompeyo apostó gran parte de su plan a esa enorme superioridad montada. Concentró su caballería, arqueros y honderos en el ala izquierda con la intención de expulsar a los pocos jinetes de César, envolver el flanco enemigo y atacar a las legiones desde atrás. César comprendió el peligro antes de iniciarse el combate y tomó una decisión que terminaría siendo crucial: retiró varias cohortes de su tercera línea y creó detrás de su ala derecha una cuarta línea de infantería, escondiendo una reserva destinada específicamente a detener a los jinetes de Pompeyo. Cuando comenzó el avance ocurrió uno de los episodios más extraordinarios de la batalla. Pompeyo había ordenado a sus legionarios permanecer quietos y esperar el ataque, esperando que los hombres de César llegaran fatigados y desordenados después de recorrer una distancia mayor. Los cesarianos, veteranos experimentados, advirtieron la maniobra: según el propio César, frenaron espontáneamente aproximadamente a mitad del recorrido, recuperaron fuerzas durante unos instantes y luego reanudaron la carrera, arrojaron sus pila y desenvainaron las espadas. No había sido una retirada ni un arrepentimiento: había sido disciplina de combate. Entonces llegó el momento decisivo. La caballería pompeyana hizo retroceder inicialmente a los jinetes de César y comenzó a envolver el flanco derecho enemigo exactamente como Pompeyo esperaba. Pero César dio la señal. Su cuarta línea apareció y cargó contra los jinetes. La caballería pompeyana se desorganizó y huyó hacia las alturas; detrás quedaron expuestos arqueros y honderos. Las cohortes cesarianas no se detuvieron: giraron y golpearon el ala izquierda de Pompeyo por el costado y la retaguardia. En ese instante César lanzó también su tercera línea, que todavía permanecía fresca, contra una infantería pompeyana que ya llevaba tiempo combatiendo. La estructura enemiga finalmente cedió. Pompeyo vio escapar precisamente a la fuerza en la que había depositado sus mayores esperanzas. Regresó a su campamento y, cuando comprendió que también sería tomado, abandonó sus insignias de comandante, montó a caballo y huyó primero hacia Larisa y después hacia el mar. César aseguró posteriormente que había perdido alrededor de 200 soldados y unos 30 centuriones, mientras adjudicó a sus adversarios unos 15.000 muertos y más de 24.000 rendidos. Son cifras que deben manejarse con prudencia: Apiano transmite otra tradición según la cual Asinio Polión, que estuvo presente en la batalla, contabilizó aproximadamente 6.000 cadáveres pompeianos, muestra de cuánto pueden diferir las estadísticas transmitidas por las fuentes antiguas. La tragedia todavía no había terminado. Pompeyo buscó refugio en Egipto, esperando recibir protección de la corte de Ptolomeo XIII. Ocurrió exactamente lo contrario: los consejeros del joven rey decidieron asesinarlo antes de que pudiera desembarcar y entregaron su cabeza a César cuando éste llegó en persecución de su rival. Las fuentes antiguas sostienen que César reaccionó con indignación y que lloró al recibir el anillo de Pompeyo. Quien había sido uno de los hombres más poderosos del Mediterráneo terminó asesinado lejos de Roma, sin ejército y prácticamente sin patria. Pero Farsalia no terminó por sí sola la guerra civil. Los partidarios de Pompeyo continuaron combatiendo en África y posteriormente en Hispania. César derrotó al núcleo republicano en Tapso en 46 a.C. y finalmente marchó contra Cneo y Sexto Pompeyo —hijos de Pompeyo Magno— y contra su antiguo lugarteniente Tito Labieno. El 17 de marzo de 45 a.C., en la batalla de Munda, César obtuvo otra victoria extremadamente difícil. Labieno murió, Cneo Pompeyo sería capturado y muerto poco después, pero Sexto Pompeyo consiguió escapar y continuaría luchando durante años; por eso no sería correcto afirmar que César eliminó allí a los tres. Farsalia fue, entonces, mucho más que una batalla ganada por un ejército inferior en número. Fue el momento en que la experiencia, la reserva táctica y la capacidad de adaptación de César neutralizaron la ventaja numérica de Pompeyo. Uno de los hombres más célebres de Roma huyó derrotado; otro quedó convertido en árbitro prácticamente indiscutido de la política romana. Apenas cuatro años después, el 15 de marzo de 44 a.C., Julio César sería asesinado en el Senado. Pero Roma ya no podría regresar verdaderamente al mundo anterior a Farsalia: las nuevas guerras civiles terminarían llevando al poder a Octavio Augusto y al nacimiento del régimen imperial. #Farsalia #BatallaDeFarsalia #JulioCésar #PompeyoMagno #Roma #ImperioRomano #RepúblicaRomana #HistoriaDeRoma #HistoriaAntigua #Efemérides #UnDíaComoHoy #HistoriaUniversal #RomanHistory #JuliusCaesar #PompeyTheGreat #BattleOfPharsalus #AncientRome #RomanRepublic #AncientHistory #HistoryFacts #RomanCivilWar #OnThisDay

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