miércoles, 3 de junio de 2020

3 de junio de 2016, en Scottsdale, Arizona, Estados Unidos, moría Muhammad Ali: el hombre que golpeó al mundo y jamás bajó la mirada


El 3 de junio de 2016, en Scottsdale, Arizona, se apagaba la vida de Muhammad Ali, pero no su leyenda. Nacido el 17 de enero de 1942 en Louisville, Kentucky, como Cassius Marcellus Clay Jr., creció en una sociedad marcada por la segregación racial, en un tiempo donde ser joven, negro y pobre significaba aprender temprano el peso de la injusticia. La historia cuenta que todo comenzó con una bicicleta robada. Tenía apenas 12 años cuando, furioso, fue a denunciar el robo. Allí apareció Joe Martin, policía y entrenador de boxeo, quien le dio un consejo que cambiaría la historia del deporte: antes de pelear, debía aprender a hacerlo. Ese episodio abrió la puerta del gimnasio y, sin saberlo, también la del mito. Cassius Clay creció rápido sobre el ring. Su velocidad, su desparpajo y su confianza desmedida lo llevaron hasta los Juegos Olímpicos de Roma 1960, donde ganó la medalla de oro en peso semipesado con solo 18 años. Aquella victoria fue el primer gran aviso: el mundo estaba frente a alguien distinto. El 25 de febrero de 1964 sacudió al planeta al derrotar a Sonny Liston y conquistar el título mundial de los pesos pesados. Al día siguiente anunció públicamente su conversión al Islam; durante unos días usó el nombre Cassius X y luego recibió el nombre por el que sería inmortal: Muhammad Ali. Pero Ali no fue solamente un campeón de boxeo. Fue una voz. Fue desafío. Fue orgullo afroamericano en una época de heridas abiertas. En 1967 se negó a ser reclutado para la guerra de Vietnam por objeción de conciencia. Esa decisión le costó caro: fue condenado, perdió su licencia de boxeador y fue despojado de sus títulos. Sin embargo, en 1971 la Corte Suprema de Estados Unidos anuló su condena, reconociendo fallas en el rechazo de su solicitud como objetor de conciencia. La revancha deportiva llegó en 1974, cuando enfrentó a George Foreman en Kinshasa, Zaire, en la legendaria “Rumble in the Jungle”. Contra todos los pronósticos, Ali venció por nocaut en el octavo asalto y recuperó la corona mundial. En 1978, tras perder ante Leon Spinks, volvió a ganarle en la revancha y se convirtió en el primer peso pesado en ser campeón mundial en tres ocasiones. Con los años, su cuerpo comenzó a pagar el precio de tantas batallas. El Parkinson marcó sus últimas décadas, pero nunca destruyó su grandeza. Ali siguió siendo símbolo de resistencia, dignidad, fe y humanidad. En 1997 prestó su nombre y su figura a la lucha contra esa enfermedad a través del Muhammad Ali Parkinson Center, reforzando una causa que trascendía el deporte. Muhammad Ali murió a los 74 años, pero dejó algo más poderoso que un récord: dejó una forma de plantarse ante el mundo. Fue campeón con los puños, rebelde con la palabra y eterno por sus principios. Porque Ali no solo peleó contra rivales. Peleó contra el racismo, contra la guerra, contra el miedo y contra el olvido. No fue “el más grande” solo por ganar. Fue el más grande porque se atrevió a perderlo todo antes que traicionarse a sí mismo. #MuhammadAli #ElMasGrande #HistoriaDelBoxeo #BoxeoMundial #LeyendasDelDeporte #AliEterno #OrgulloAfroamericano #DerechosCiviles #VietnamWar #BoxingLegend #TheGreatest #SportsHistory #CivilRights #HeavyweightChampion #MuhammadAliLegacy #MendozAntigua

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