En febrero de 1887, una antigua publicación s mendocina registró una noticia tan curiosa como inquietante: la existencia de una supuesta máquina eléctrica pensada para castigar a niños considerados “desaplicados” o revoltosos. La nota mencionaba a Mr. Henry Roget, presentado como físico ginebrino, y describía un artefacto que pretendía reemplazar los castigos tradicionales por descargas reguladas según la falta cometida. La escena parece salida de una pesadilla pedagógica del siglo XIX: el alumno era colocado frente al aparato, la intensidad se graduaba como si se tratara de una lección de física, y la descarga debía provocar un dolor breve, fuerte y sin señales visibles. La promesa era escalofriante: castigar sin dejar huellas en la piel. El hallazgo no queda aislado. Una versión francesa anterior, publicada en Le Rasoir el 9 de octubre de 1886, ya hablaba de Henri Roget y de un “nuevo modo de castigo” para escolares rebeldes, mediante hilos metálicos conectados a una máquina eléctrica. Allí también se presentaba la supuesta ventaja del sistema: producir dolor sin las marcas que dejaban otros métodos físicos. Otro registro francófono, atribuido a Le Sorelois en octubre de 1886, reproduce la misma idea y señala que el castigo se aplicaría con chispas proporcionales a la falta cometida. Pero cuanto más se busca a Roget, más se vuelve una figura borrosa. Su nombre cambia entre Henry y Henri, su origen aparece ligado a Ginebra, y el invento circula en distintas versiones con escenarios modificados. Tal vez existió. Tal vez fue una deformación de la prensa internacional. Tal vez fue apenas un nombre útil para vestir de ciencia una fantasía disciplinaria de la época. Lo más revelador no es solo la rareza del aparato, sino el momento histórico en que esta noticia circulaba. Apenas tres años antes, en 1884, Argentina había promulgado la Ley 1420 de Educación Común, considerada una base fundamental del sistema educativo nacional, con enseñanza primaria común, gratuita y obligatoria. Esa misma ley prohibía expresamente a directores, subdirectores y ayudantes imponer a los alumnos castigos corporales o afrentosos. Por eso, la máquina de Roget aparece como un símbolo brutal de transición: mientras la educación moderna comenzaba a apartarse de la vara, el golpe y la humillación, alguien imaginaba conservar el castigo bajo una apariencia nueva, técnica, limpia, “científica”. Era la vieja violencia con traje de progreso. La electricidad, en pleno siglo XIX, representaba futuro: telégrafo, industria, iluminación, comunicación, modernidad. El Smithsonian recuerda que la batería abrió el camino a múltiples desarrollos eléctricos y alimentó tecnologías como el telégrafo y el teléfono. Sin embargo, en esta historia, ese mismo símbolo del porvenir aparece torcido hacia una finalidad oscura: disciplinar el cuerpo infantil. Durante el siglo XIX las prácticas de castigo físico en las escuelas fueron puestas en discusión dentro de un proceso de “humanización” y revisión de las penalidades sobre los niños. Hoy, la Organización Mundial de la Salud advierte que los castigos físicos pueden provocar consecuencias psicológicas y fisiológicas dañinas, además de afectar el bienestar, el desarrollo y el aprendizaje de niñas y niños. Más de un siglo después, aquella máquina no quedó como invento triunfal, sino como advertencia. Roget se perdió entre papeles viejos, versiones extranjeras y nombres dudosos. Su aparato también desapareció. Pero la noticia sobrevivió como una marca de época: una prueba de que muchas veces la crueldad no se presenta como atraso, sino como innovación. Y ahí está lo más perturbador: aquella máquina prometía no dejar señales visibles. Pero la historia demuestra que algunas marcas no quedan en la piel. Quedan en la memoria. #HistoriaArgentina #HistoriaDeMendoza #MendozaAntigua #EducacionArgentina #Ley1420 #EscuelaArgentina #SigloXIX #CastigosEscolares #HistoriaDeLaEducacion #ArchivoHistorico #MemoriaHistorica #Infancia #Pedagogia #CulturaArgentina #MendozAntigua #ArgentineHistory #MendozaHistory #EducationHistory #SchoolHistory #19thCentury #HistoricalMemory #ChildhoodHistory #HistoryOfEducation #VintageHistory #ArgentinaHistory #HumanRights #SocialHistory #OldArchives #HistoryLovers (Diario Los Andes)
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domingo, 28 de junio de 2026
1887 - EL CASTIGO QUE PROMETÍA NO DEJAR MARCAS: LA MÁQUINA ELÉCTRICA PARA “CORREGIR” NIÑOS (Imagen Ilustrativa)
En febrero de 1887, una antigua publicación s mendocina registró una noticia tan curiosa como inquietante: la existencia de una supuesta máquina eléctrica pensada para castigar a niños considerados “desaplicados” o revoltosos. La nota mencionaba a Mr. Henry Roget, presentado como físico ginebrino, y describía un artefacto que pretendía reemplazar los castigos tradicionales por descargas reguladas según la falta cometida. La escena parece salida de una pesadilla pedagógica del siglo XIX: el alumno era colocado frente al aparato, la intensidad se graduaba como si se tratara de una lección de física, y la descarga debía provocar un dolor breve, fuerte y sin señales visibles. La promesa era escalofriante: castigar sin dejar huellas en la piel. El hallazgo no queda aislado. Una versión francesa anterior, publicada en Le Rasoir el 9 de octubre de 1886, ya hablaba de Henri Roget y de un “nuevo modo de castigo” para escolares rebeldes, mediante hilos metálicos conectados a una máquina eléctrica. Allí también se presentaba la supuesta ventaja del sistema: producir dolor sin las marcas que dejaban otros métodos físicos. Otro registro francófono, atribuido a Le Sorelois en octubre de 1886, reproduce la misma idea y señala que el castigo se aplicaría con chispas proporcionales a la falta cometida. Pero cuanto más se busca a Roget, más se vuelve una figura borrosa. Su nombre cambia entre Henry y Henri, su origen aparece ligado a Ginebra, y el invento circula en distintas versiones con escenarios modificados. Tal vez existió. Tal vez fue una deformación de la prensa internacional. Tal vez fue apenas un nombre útil para vestir de ciencia una fantasía disciplinaria de la época. Lo más revelador no es solo la rareza del aparato, sino el momento histórico en que esta noticia circulaba. Apenas tres años antes, en 1884, Argentina había promulgado la Ley 1420 de Educación Común, considerada una base fundamental del sistema educativo nacional, con enseñanza primaria común, gratuita y obligatoria. Esa misma ley prohibía expresamente a directores, subdirectores y ayudantes imponer a los alumnos castigos corporales o afrentosos. Por eso, la máquina de Roget aparece como un símbolo brutal de transición: mientras la educación moderna comenzaba a apartarse de la vara, el golpe y la humillación, alguien imaginaba conservar el castigo bajo una apariencia nueva, técnica, limpia, “científica”. Era la vieja violencia con traje de progreso. La electricidad, en pleno siglo XIX, representaba futuro: telégrafo, industria, iluminación, comunicación, modernidad. El Smithsonian recuerda que la batería abrió el camino a múltiples desarrollos eléctricos y alimentó tecnologías como el telégrafo y el teléfono. Sin embargo, en esta historia, ese mismo símbolo del porvenir aparece torcido hacia una finalidad oscura: disciplinar el cuerpo infantil. Durante el siglo XIX las prácticas de castigo físico en las escuelas fueron puestas en discusión dentro de un proceso de “humanización” y revisión de las penalidades sobre los niños. Hoy, la Organización Mundial de la Salud advierte que los castigos físicos pueden provocar consecuencias psicológicas y fisiológicas dañinas, además de afectar el bienestar, el desarrollo y el aprendizaje de niñas y niños. Más de un siglo después, aquella máquina no quedó como invento triunfal, sino como advertencia. Roget se perdió entre papeles viejos, versiones extranjeras y nombres dudosos. Su aparato también desapareció. Pero la noticia sobrevivió como una marca de época: una prueba de que muchas veces la crueldad no se presenta como atraso, sino como innovación. Y ahí está lo más perturbador: aquella máquina prometía no dejar señales visibles. Pero la historia demuestra que algunas marcas no quedan en la piel. Quedan en la memoria. #HistoriaArgentina #HistoriaDeMendoza #MendozaAntigua #EducacionArgentina #Ley1420 #EscuelaArgentina #SigloXIX #CastigosEscolares #HistoriaDeLaEducacion #ArchivoHistorico #MemoriaHistorica #Infancia #Pedagogia #CulturaArgentina #MendozAntigua #ArgentineHistory #MendozaHistory #EducationHistory #SchoolHistory #19thCentury #HistoricalMemory #ChildhoodHistory #HistoryOfEducation #VintageHistory #ArgentinaHistory #HumanRights #SocialHistory #OldArchives #HistoryLovers (Diario Los Andes)
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