El 25 de junio de 1896 nacía Fidel De Lucía, uno de los nombres esenciales de la pintura mendocina del siglo XX. Su llegada al mundo ocurrió de manera casi accidental en Brasil, mientras sus padres, Aquilino De Lucía y María Di Fonso, italianos oriundos de Chieti, atravesaban una etapa de viaje y destino abierto. Sin embargo, su verdadera patria artística sería Mendoza: esa tierra de acequias, cerros, suburbios, cielos secos, arboledas profundas y luz dramática que terminaría marcando para siempre su obra. De Lucía no fue solamente un pintor. Fue un constructor silencioso de cultura. Su vida quedó unida a una Mendoza que, a comienzos del siglo XX, intentaba consolidar una escena artística propia en medio de un ambiente todavía difícil, donde el progreso material no siempre iba acompañado por el apoyo necesario a las artes. Eran años de bohemia, vocación y resistencia; años en los que pintar no era solo crear belleza, sino abrir camino. Su formación comenzó desde muy joven. Pasó parte de su infancia en Roma, donde se nutrió del contacto con museos, talleres y una tradición artística europea que luego llevaría en la mirada. Más tarde se radicó en Mendoza y continuó su aprendizaje en la Escuela de Dibujo, Pintura, Escultura y Grabado. Allí encontró un ambiente en plena formación, atravesado por la influencia de grandes maestros y por la figura luminosa de Fernando Fader, cuya presencia marcaría profundamente a toda una generación de artistas cuyanos. Pero Fidel De Lucía no se quedó atrapado en la sombra de nadie. Tomó esa herencia, la atravesó con su sensibilidad y construyó un lenguaje propio. Su pintura fue predominantemente paisajista, de raíz naturalista, con una mirada serena, profunda y evocadora. No buscó el estruendo: buscó la verdad de la luz. Sus paisajes parecen guardar el silencio de la siesta mendocina, la aspereza de la tierra, la sombra de los árboles, la humildad de los suburbios y esa emoción secreta que solo aparece cuando el artista mira su entorno con amor y paciencia. Con su “paleta viajera”, salía a tomar apuntes en los alrededores de Mendoza, observando rincones, caminos, casas, campos y escenas simples que luego trasladaba al lienzo. En esas obras, lo cotidiano dejaba de ser menor para convertirse en memoria. La provincia no aparecía como postal vacía, sino como territorio vivido: una Mendoza real, sensible, austera y luminosa. Su primera muestra, realizada junto a Antonio Bravo en 1918, marcó el inicio de una trayectoria que crecería entre Mendoza y Buenos Aires. Con el tiempo, sus obras circularon en salones, exposiciones y colecciones, ganando reconocimiento por su calidad artística y por su manera de interpretar el paisaje cuyano. Pero su legado no se limita a los cuadros. Fidel De Lucía también fue un hombre de instituciones. Participó en la fundación del Museo Provincial de Bellas Artes, formó parte del impulso de la Academia Provincial de Bellas Artes, organizó el Museo de Bellas Artes “Fernando Fader” de Godoy Cruz y ejerció una intensa tarea docente. Fue maestro de dibujo y pintura, y ayudó a formar a nuevas generaciones de artistas cuando Mendoza necesitaba no solo pintores, sino espacios, escuelas, museos y pensamiento artístico. En él convivieron el creador y el sembrador. Pintaba paisajes, pero también sembraba cultura. Pintaba la luz de Mendoza, pero también ayudaba a construir los lugares donde esa luz pudiera ser estudiada, admirada y preservada. Fidel De Lucía murió en Mendoza el 5 de abril de 1956, a los 59 años. Su nombre permanece unido a una etapa decisiva de las artes plásticas mendocinas, cuando un grupo de artistas transformó la provincia en un territorio de creación, identidad y memoria visual. Hoy, recordarlo es volver a mirar Mendoza con otros ojos. Es descubrir que detrás de cada acequia, cada árbol, cada muro, cada cerro y cada rincón humilde puede esconderse una obra de arte. Fidel De Lucía: el pintor que no solo retrató el paisaje mendocino, sino que ayudó a darle alma, escuela y eternidad. #FidelDeLucía #FidelDeLucia #ArteMendocino #PinturaArgentina #Mendoza #HistoriaDeMendoza #Efemérides #25DeJunio #FernandoFader #MuseoFader #Paisajismo #PaisajeMendocino #CulturaMendocina #MendozAntigua #HistoriaDelArte #ArtHistory #ArgentineArt #MendozaArgentina #LandscapePainting #CulturalHeritage #LatinAmericanArt #VisualMemory
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jueves, 25 de junio de 2026
25 DE JUNIO DE 1896 NACE FIDEL DE LUCÍA, EL PINTOR QUE CONVIRTIÓ A MENDOZA EN PAISAJE ETERNO
El 25 de junio de 1896 nacía Fidel De Lucía, uno de los nombres esenciales de la pintura mendocina del siglo XX. Su llegada al mundo ocurrió de manera casi accidental en Brasil, mientras sus padres, Aquilino De Lucía y María Di Fonso, italianos oriundos de Chieti, atravesaban una etapa de viaje y destino abierto. Sin embargo, su verdadera patria artística sería Mendoza: esa tierra de acequias, cerros, suburbios, cielos secos, arboledas profundas y luz dramática que terminaría marcando para siempre su obra. De Lucía no fue solamente un pintor. Fue un constructor silencioso de cultura. Su vida quedó unida a una Mendoza que, a comienzos del siglo XX, intentaba consolidar una escena artística propia en medio de un ambiente todavía difícil, donde el progreso material no siempre iba acompañado por el apoyo necesario a las artes. Eran años de bohemia, vocación y resistencia; años en los que pintar no era solo crear belleza, sino abrir camino. Su formación comenzó desde muy joven. Pasó parte de su infancia en Roma, donde se nutrió del contacto con museos, talleres y una tradición artística europea que luego llevaría en la mirada. Más tarde se radicó en Mendoza y continuó su aprendizaje en la Escuela de Dibujo, Pintura, Escultura y Grabado. Allí encontró un ambiente en plena formación, atravesado por la influencia de grandes maestros y por la figura luminosa de Fernando Fader, cuya presencia marcaría profundamente a toda una generación de artistas cuyanos. Pero Fidel De Lucía no se quedó atrapado en la sombra de nadie. Tomó esa herencia, la atravesó con su sensibilidad y construyó un lenguaje propio. Su pintura fue predominantemente paisajista, de raíz naturalista, con una mirada serena, profunda y evocadora. No buscó el estruendo: buscó la verdad de la luz. Sus paisajes parecen guardar el silencio de la siesta mendocina, la aspereza de la tierra, la sombra de los árboles, la humildad de los suburbios y esa emoción secreta que solo aparece cuando el artista mira su entorno con amor y paciencia. Con su “paleta viajera”, salía a tomar apuntes en los alrededores de Mendoza, observando rincones, caminos, casas, campos y escenas simples que luego trasladaba al lienzo. En esas obras, lo cotidiano dejaba de ser menor para convertirse en memoria. La provincia no aparecía como postal vacía, sino como territorio vivido: una Mendoza real, sensible, austera y luminosa. Su primera muestra, realizada junto a Antonio Bravo en 1918, marcó el inicio de una trayectoria que crecería entre Mendoza y Buenos Aires. Con el tiempo, sus obras circularon en salones, exposiciones y colecciones, ganando reconocimiento por su calidad artística y por su manera de interpretar el paisaje cuyano. Pero su legado no se limita a los cuadros. Fidel De Lucía también fue un hombre de instituciones. Participó en la fundación del Museo Provincial de Bellas Artes, formó parte del impulso de la Academia Provincial de Bellas Artes, organizó el Museo de Bellas Artes “Fernando Fader” de Godoy Cruz y ejerció una intensa tarea docente. Fue maestro de dibujo y pintura, y ayudó a formar a nuevas generaciones de artistas cuando Mendoza necesitaba no solo pintores, sino espacios, escuelas, museos y pensamiento artístico. En él convivieron el creador y el sembrador. Pintaba paisajes, pero también sembraba cultura. Pintaba la luz de Mendoza, pero también ayudaba a construir los lugares donde esa luz pudiera ser estudiada, admirada y preservada. Fidel De Lucía murió en Mendoza el 5 de abril de 1956, a los 59 años. Su nombre permanece unido a una etapa decisiva de las artes plásticas mendocinas, cuando un grupo de artistas transformó la provincia en un territorio de creación, identidad y memoria visual. Hoy, recordarlo es volver a mirar Mendoza con otros ojos. Es descubrir que detrás de cada acequia, cada árbol, cada muro, cada cerro y cada rincón humilde puede esconderse una obra de arte. Fidel De Lucía: el pintor que no solo retrató el paisaje mendocino, sino que ayudó a darle alma, escuela y eternidad. #FidelDeLucía #FidelDeLucia #ArteMendocino #PinturaArgentina #Mendoza #HistoriaDeMendoza #Efemérides #25DeJunio #FernandoFader #MuseoFader #Paisajismo #PaisajeMendocino #CulturaMendocina #MendozAntigua #HistoriaDelArte #ArtHistory #ArgentineArt #MendozaArgentina #LandscapePainting #CulturalHeritage #LatinAmericanArt #VisualMemory
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