El 6 de octubre de 1688, Cuyo todavía formaba parte del Reino de Chile, una tasación judicial dejó atrapada en el papel una extraordinaria imagen de la vitivinicultura mendocina del siglo XVII. El documento corresponde a los bienes de Juan Moyano de Aguilar y Juana Flores y hoy integra uno de los fondos coloniales conservados en el Archivo General de la Provincia de Mendoza: Época Colonial, Sección Judicial, Carpeta 255, Documento 2, folio 22. Lejos de describir una explotación rudimentaria, la documentación revela una verdadera unidad agroindustrial para los parámetros de la época: una hacienda con unas 5.000 cepas, una capacidad de vasija estimada en 350 arrobas —aproximadamente 12.600 litros tomando la equivalencia de unas 36 litros por arroba utilizada por la investigación histórica—, hornos de botijería y una bodega equipada con lagar y husillo, conjunto tasado en la considerable suma de 600 pesos. El husillo era el gran tornillo, de madera o hierro según los casos, que permitía ejercer presión sobre la uva y el orujo; los estudios comparativos sobre lagares coloniales señalan que este mecanismo estaba asociado a establecimientos de mayor complejidad técnica, lo que convierte al registro de 1688 en un testimonio excepcional sobre la temprana evolución de la industria del vino mendocino. La historia es todavía más sorprendente cuando se reconstruye la trayectoria de los Moyano-Flores. Juan Moyano de Aguilar y Juana Flores habían formado su familia en Mendoza desde la década de 1630 y alrededor de su explotación se desarrolló uno de los emprendimientos botijeros más significativos de la vitivinicultura colonial local. En la testamentaria de la familia ya aparecía un “horno de cocer botijas”, y otra partida de la tasación de 1688 registró tres cuartos de vivienda, hornos, botijería y huerta valorados en 550 pesos. Aquellas botijas y tinajas no eran simples recipientes domésticos: constituían una pieza esencial de la economía del vino, porque permitían elaborar, conservar y transportar mostos, vinos y aguardientes hacia mercados situados a enormes distancias. Durante la década de 1680, la explotación estuvo administrada por Antonio Moyano Flores y las cuentas conservadas muestran hasta qué punto aquel mundo productivo requería mantenimiento permanente: se compraban cueros para forrar tinajas, yeso para reparar instalaciones, brea para impermeabilizar los recipientes, sebo para acondicionar el lagar y las tinajas y leña para las cocciones y demás faenas. En 1688 se registraron incluso gastos de 30 pesos en brea y 42 arrobas de sebo utilizadas en trabajos vinculados con el lagar y los recipientes. Las tinajas podían ser reforzadas con cuero y embreadas para disminuir filtraciones, mientras el vino destinado a los largos viajes hacia los mercados rioplatenses exigía técnicas de conservación desarrolladas por experiencia durante generaciones. Todo esto demuestra que mucho antes de las grandes bodegas industriales, del ferrocarril, de la inmigración vitivinícola masiva y de la Mendoza moderna, ya existía aquí un entramado de viñedos, lagares, prensas, hornos, artesanos, transportistas y comerciantes capaz de transformar la uva en uno de los grandes productos regionales. El documento del 6 de octubre de 1688 es mucho más que una fría enumeración de propiedades: es una fotografía escrita de la Mendoza colonial, un instante en el que podemos contar las cepas, calcular la capacidad de sus vasijas, entrar imaginariamente en una bodega de adobe, contemplar el lagar con su enorme husillo y reconstruir los hornos donde el barro se convertía en las botijas destinadas a transportar el vino a través de cientos de kilómetros. Más de tres siglos después, aquella tasación permite comprobar que las raíces de la identidad vitivinícola mendocina se hunden muchísimo más profundamente en el tiempo de lo que suele sugerir la imagen clásica de las bodegas nacidas a fines del siglo XIX: en 1688, el vino ya era cultivo, industria, tecnología, comercio y patrimonio familiar en Mendoza. #MendozAntigua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #MendozaColonial #Vitivinicultura #HistoriaDelVino #VinoMendocino #BodegasDeMendoza #PatrimonioMendocino #ArchivoHistorico #HistoriaArgentina #Cuyo #SigloXVII #ColonialMendoza #WineHistory #MendozaWine #ArgentineWine #WineHeritage #ColonialHistory #HistoricMendoza - FUENTES: Archivo General de la Provincia de Mendoza, Época Colonial, Sección Judicial, Carp. 255, Doc. 2, f. 22; Pablo Lacoste, Universum, 2007; Atenea, 2011; Revista Historia Social y de las Mentalidades; Gobierno de Mendoza y SciELO Chile.
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martes, 6 de octubre de 2026
6 DE OCTUBRE DE 1688 — CUANDO EL VINO YA ERA PODER EN MENDOZA: LA TASACIÓN QUE CONGELÓ PARA SIEMPRE UNA BODEGA DEL SIGLO XVII
El 6 de octubre de 1688, Cuyo todavía formaba parte del Reino de Chile, una tasación judicial dejó atrapada en el papel una extraordinaria imagen de la vitivinicultura mendocina del siglo XVII. El documento corresponde a los bienes de Juan Moyano de Aguilar y Juana Flores y hoy integra uno de los fondos coloniales conservados en el Archivo General de la Provincia de Mendoza: Época Colonial, Sección Judicial, Carpeta 255, Documento 2, folio 22. Lejos de describir una explotación rudimentaria, la documentación revela una verdadera unidad agroindustrial para los parámetros de la época: una hacienda con unas 5.000 cepas, una capacidad de vasija estimada en 350 arrobas —aproximadamente 12.600 litros tomando la equivalencia de unas 36 litros por arroba utilizada por la investigación histórica—, hornos de botijería y una bodega equipada con lagar y husillo, conjunto tasado en la considerable suma de 600 pesos. El husillo era el gran tornillo, de madera o hierro según los casos, que permitía ejercer presión sobre la uva y el orujo; los estudios comparativos sobre lagares coloniales señalan que este mecanismo estaba asociado a establecimientos de mayor complejidad técnica, lo que convierte al registro de 1688 en un testimonio excepcional sobre la temprana evolución de la industria del vino mendocino. La historia es todavía más sorprendente cuando se reconstruye la trayectoria de los Moyano-Flores. Juan Moyano de Aguilar y Juana Flores habían formado su familia en Mendoza desde la década de 1630 y alrededor de su explotación se desarrolló uno de los emprendimientos botijeros más significativos de la vitivinicultura colonial local. En la testamentaria de la familia ya aparecía un “horno de cocer botijas”, y otra partida de la tasación de 1688 registró tres cuartos de vivienda, hornos, botijería y huerta valorados en 550 pesos. Aquellas botijas y tinajas no eran simples recipientes domésticos: constituían una pieza esencial de la economía del vino, porque permitían elaborar, conservar y transportar mostos, vinos y aguardientes hacia mercados situados a enormes distancias. Durante la década de 1680, la explotación estuvo administrada por Antonio Moyano Flores y las cuentas conservadas muestran hasta qué punto aquel mundo productivo requería mantenimiento permanente: se compraban cueros para forrar tinajas, yeso para reparar instalaciones, brea para impermeabilizar los recipientes, sebo para acondicionar el lagar y las tinajas y leña para las cocciones y demás faenas. En 1688 se registraron incluso gastos de 30 pesos en brea y 42 arrobas de sebo utilizadas en trabajos vinculados con el lagar y los recipientes. Las tinajas podían ser reforzadas con cuero y embreadas para disminuir filtraciones, mientras el vino destinado a los largos viajes hacia los mercados rioplatenses exigía técnicas de conservación desarrolladas por experiencia durante generaciones. Todo esto demuestra que mucho antes de las grandes bodegas industriales, del ferrocarril, de la inmigración vitivinícola masiva y de la Mendoza moderna, ya existía aquí un entramado de viñedos, lagares, prensas, hornos, artesanos, transportistas y comerciantes capaz de transformar la uva en uno de los grandes productos regionales. El documento del 6 de octubre de 1688 es mucho más que una fría enumeración de propiedades: es una fotografía escrita de la Mendoza colonial, un instante en el que podemos contar las cepas, calcular la capacidad de sus vasijas, entrar imaginariamente en una bodega de adobe, contemplar el lagar con su enorme husillo y reconstruir los hornos donde el barro se convertía en las botijas destinadas a transportar el vino a través de cientos de kilómetros. Más de tres siglos después, aquella tasación permite comprobar que las raíces de la identidad vitivinícola mendocina se hunden muchísimo más profundamente en el tiempo de lo que suele sugerir la imagen clásica de las bodegas nacidas a fines del siglo XIX: en 1688, el vino ya era cultivo, industria, tecnología, comercio y patrimonio familiar en Mendoza. #MendozAntigua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #MendozaColonial #Vitivinicultura #HistoriaDelVino #VinoMendocino #BodegasDeMendoza #PatrimonioMendocino #ArchivoHistorico #HistoriaArgentina #Cuyo #SigloXVII #ColonialMendoza #WineHistory #MendozaWine #ArgentineWine #WineHeritage #ColonialHistory #HistoricMendoza - FUENTES: Archivo General de la Provincia de Mendoza, Época Colonial, Sección Judicial, Carp. 255, Doc. 2, f. 22; Pablo Lacoste, Universum, 2007; Atenea, 2011; Revista Historia Social y de las Mentalidades; Gobierno de Mendoza y SciELO Chile.
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