Hacia 1910, en la Ciudad de Buenos Aires, un carrito restaurante formaba parte del paisaje cotidiano de una capital que crecía a toda velocidad. La imagen, conservada en registros vinculados al Archivo General de la Nación, no muestra un gran comedor ni un café elegante, sino algo más cercano y popular: una cocina ambulante en plena calle, rodeada de trabajadores, curiosos, niños y transeúntes Estos carritos eran mucho más que simples puestos de comida. Eran una respuesta práctica a una ciudad en movimiento. Buenos Aires vivía años de expansión urbana, inmigración, comercio, obras públicas y transformación social. La vida se aceleraba, y no todos podían sentarse en un restaurante formal. Para muchos trabajadores, vendedores, changadores, cocheros o empleados, comer al paso era una necesidad La escena tiene una fuerza extraordinaria porque une dos mundos. Por un lado, la Buenos Aires antigua de caballos, carros, adoquines y oficios callejeros. Por otro, la ciudad moderna que ya asomaba en sus grandes edificios, en el movimiento constante y en la multiplicación de servicios urbanos. En ese cruce aparece el carrito restaurante: humilde, útil, popular y profundamente porteño. El año de referencia, 1910, coincide con el clima del Centenario de la Revolución de Mayo, cuando Buenos Aires se mostraba como una capital en plena modernización. Pocos años después, el Tercer Censo Nacional de 1914 registraría para la Capital Federal 1.575.814 habitantes, una cifra que ayuda a dimensionar el crecimiento de aquella ciudad. En una urbe así, los vendedores ambulantes y los carros de comida eran parte esencial de la vida diaria. No solo ofrecían alimento: ofrecían cercanía, rapidez y sociabilidad. Eran lugares donde se cruzaban clases sociales, oficios y edades; donde el almuerzo podía resolverse junto a la vereda y donde la calle funcionaba también como comedor, mercado y punto de encuentro. La fotografía permite imaginar aromas, sonidos y gestos: el resoplido de los caballos, el ruido de las ruedas sobre el empedrado, las voces de los vendedores, el humo de la comida caliente y la mirada curiosa de los chicos frente al carro. Todo parece pequeño, pero allí se esconde una historia enorme: la de la alimentación popular antes de los locales modernos, antes de las cadenas de comida rápida y mucho antes de los actuales food trucks. Por eso, este carrito restaurante no es una simple curiosidad antigua. Es una postal de la Buenos Aires trabajadora, callejera y vital. Una ciudad que se alimentaba en movimiento, que mezclaba tradición y modernidad, y que encontraba en cada esquina una escena de vida. En ese carro humilde, estacionado entre edificios, caballos y gente común, late una parte profunda de la memoria urbana porteña. #BuenosAiresAntigua #CarritoRestaurante #BuenosAires1910 #ArchivoGeneralDeLaNación #AGN #ComidaCallejera #VendedoresAmbulantes #CostumbresPorteñas #HistoriaDeBuenosAires #VidaCotidiana #FotografíaHistórica #Adoquines #CarrosAntiguos #MemoriaUrbana #TrabajoCallejero #OldBuenosAires #StreetFoodHistory #UrbanHistory #HistoricalPhotography #BuenosAiresHistory
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martes, 28 de abril de 2026
El carrito restaurante de 1910: cuando Buenos Aires comía al paso entre caballos, adoquines y ciudad moderna
Hacia 1910, en la Ciudad de Buenos Aires, un carrito restaurante formaba parte del paisaje cotidiano de una capital que crecía a toda velocidad. La imagen, conservada en registros vinculados al Archivo General de la Nación, no muestra un gran comedor ni un café elegante, sino algo más cercano y popular: una cocina ambulante en plena calle, rodeada de trabajadores, curiosos, niños y transeúntes Estos carritos eran mucho más que simples puestos de comida. Eran una respuesta práctica a una ciudad en movimiento. Buenos Aires vivía años de expansión urbana, inmigración, comercio, obras públicas y transformación social. La vida se aceleraba, y no todos podían sentarse en un restaurante formal. Para muchos trabajadores, vendedores, changadores, cocheros o empleados, comer al paso era una necesidad La escena tiene una fuerza extraordinaria porque une dos mundos. Por un lado, la Buenos Aires antigua de caballos, carros, adoquines y oficios callejeros. Por otro, la ciudad moderna que ya asomaba en sus grandes edificios, en el movimiento constante y en la multiplicación de servicios urbanos. En ese cruce aparece el carrito restaurante: humilde, útil, popular y profundamente porteño. El año de referencia, 1910, coincide con el clima del Centenario de la Revolución de Mayo, cuando Buenos Aires se mostraba como una capital en plena modernización. Pocos años después, el Tercer Censo Nacional de 1914 registraría para la Capital Federal 1.575.814 habitantes, una cifra que ayuda a dimensionar el crecimiento de aquella ciudad. En una urbe así, los vendedores ambulantes y los carros de comida eran parte esencial de la vida diaria. No solo ofrecían alimento: ofrecían cercanía, rapidez y sociabilidad. Eran lugares donde se cruzaban clases sociales, oficios y edades; donde el almuerzo podía resolverse junto a la vereda y donde la calle funcionaba también como comedor, mercado y punto de encuentro. La fotografía permite imaginar aromas, sonidos y gestos: el resoplido de los caballos, el ruido de las ruedas sobre el empedrado, las voces de los vendedores, el humo de la comida caliente y la mirada curiosa de los chicos frente al carro. Todo parece pequeño, pero allí se esconde una historia enorme: la de la alimentación popular antes de los locales modernos, antes de las cadenas de comida rápida y mucho antes de los actuales food trucks. Por eso, este carrito restaurante no es una simple curiosidad antigua. Es una postal de la Buenos Aires trabajadora, callejera y vital. Una ciudad que se alimentaba en movimiento, que mezclaba tradición y modernidad, y que encontraba en cada esquina una escena de vida. En ese carro humilde, estacionado entre edificios, caballos y gente común, late una parte profunda de la memoria urbana porteña. #BuenosAiresAntigua #CarritoRestaurante #BuenosAires1910 #ArchivoGeneralDeLaNación #AGN #ComidaCallejera #VendedoresAmbulantes #CostumbresPorteñas #HistoriaDeBuenosAires #VidaCotidiana #FotografíaHistórica #Adoquines #CarrosAntiguos #MemoriaUrbana #TrabajoCallejero #OldBuenosAires #StreetFoodHistory #UrbanHistory #HistoricalPhotography #BuenosAiresHistory
Metro 1989: cuando una rebaja en el diario era una pequeña victoria contra la inflación
En octubre de 1989, una página del diario Los Andes mostraba una escena cotidiana, pero profundamente reveladora de la vida mendocina: una gran publicidad de Supermercados Metro anunciaba sus ofertas bajo una frase contundente: “Cuando Metro rebaja, Mendoza gana”. El aviso era mucho más que una promoción comercial. Era una radiografía de época. En plena Argentina de la hiperinflación, cuando los precios podían cambiar de una semana a otra —y a veces de un día para el otro—, encontrar una rebaja en el supermercado era casi una noticia de alivio familiar. Cada austral contaba. Cada oferta importaba. Cada precio impreso en el diario era leído con urgencia por quienes necesitaban estirar el salario hasta fin de mes. La publicidad ofrecía productos esenciales y populares: detergente, mayonesa, queso, salame, salchichas, cerveza Andes, harina, arroz, leche en polvo, mermelada, aceite, artículos de bazar, perfumería y ropa de temporada. Era una mezcla muy propia de los viejos avisos de supermercado: alimentos para la mesa, limpieza para la casa, prendas para el verano y pequeños objetos útiles para la vida diaria. El contexto económico vuelve todavía más significativa la imagen. En 1989, la Argentina atravesaba una de las crisis inflacionarias más fuertes de su historia reciente. Los precios subían a una velocidad que desordenaba la vida cotidiana y obligaba a las familias a planificar compras, comparar ofertas y correr detrás de valores que parecían escaparse de las manos. En julio de ese año, la inflación mensual informada por el INDEC llegó al 196,6 %, un dato que muestra la magnitud de aquella tormenta económica. Por eso, esta publicidad de Metro no vendía solamente productos. Vendía una promesa: la posibilidad de ganarle, aunque fuera por un rato, a la incertidumbre. El supermercado aparecía como un lugar de refugio práctico, donde una rebaja podía significar llenar un changuito, completar la alacena o comprar algo necesario antes de que aumentara. Metro fue una cadena profundamente ligada a Mendoza. Años más tarde, La Nación recordaría que la familia López había iniciado su historia comercial en General Alvear, con un almacén de ramos generales, y que sus descendientes desarrollaron una cadena regional con fuerte presencia mendocina. El mismo artículo señalaba que Mendoza tenía una gran tradición supermercadista, con firmas como Metro, Vea y Átomo entre las protagonistas del formato de góndolas. Esa tradición explica por qué avisos como este quedaron grabados en la memoria popular. Metro no era solo un lugar para comprar: era parte del paisaje urbano y familiar de Mendoza. Sus ofertas aparecían en el diario, se comentaban en la mesa, se recortaban, se comparaban y muchas veces definían la compra semanal. La imagen también muestra una estética comercial muy propia de fines de los años ochenta: tipografías grandes, productos recortados, precios enormes, consignas directas y una composición cargada de información. Todo debía entrar en una sola página porque cada centímetro era una oportunidad para convencer al consumidor. Visto desde hoy, este aviso tiene un valor histórico enorme. No habla únicamente de marcas, precios o productos. Habla de una Mendoza que compraba en australes, que hacía cuentas, que buscaba promociones y que atravesaba la crisis con una mezcla de ingenio, paciencia y memoria familiar. Aquel “Cuando Metro rebaja, Mendoza gana” era más que un eslogan. Era una frase de supervivencia doméstica. En tiempos de inflación desbocada, una rebaja podía sentirse como una pequeña victoria. Y en esa página antigua de supermercado todavía late una Mendoza de changuitos, góndolas, diarios de domingo y familias tratando de ganarle, compra a compra, a un país que cambiaba de precio demasiado rápido. #MendozaAntigua #MetroSupermercados #SupermercadosMetro #Mendoza1989 #LosAndes #PublicidadAntigua #Australes #Hiperinflación #HistoriaDeMendoza #MemoriaMendocina #ComprasDeAntes #SupermercadosDeMendoza #PreciosAntiguos #Góndolas #VidaCotidiana #OldMendoza #VintageAdvertising #SupermarketHistory #Argentina1989 #InflationHistory #MendozaHistory #ConsumerHistory
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28 de Abril de 1890: el día en que el Ferrocarril Oeste dejó de ser orgullo estatal y pasó a manos inglesas (Imagen Ilustrativa)
En 1890, una decisión de enorme peso económico y simbólico marcó la historia ferroviaria argentina: el Ferrocarril Oeste de Buenos Aires, heredero del primer tren del país, fue vendido a capitales británicos y pasó a manos de la empresa The Buenos Aires Western Railway Limited. Conviene precisar que no se trataba de un ferrocarril nacional, sino de una línea que había quedado bajo control de la Provincia de Buenos Aires desde 1863; sin embargo, la venta se inscribió dentro del clima político y económico nacional de fines del siglo XIX, atravesado por endeudamiento, presión de capitales extranjeros y políticas de privatización de servicios públicos. El Ferrocarril Oeste tenía una historia fundacional. Inaugurado el 29 de agosto de 1857, fue el primer ferrocarril construido en territorio argentino. Su recorrido inicial unía la Estación del Parque, ubicada en la zona donde hoy se levanta el Teatro Colón, con La Floresta, en un trayecto de unos 10 kilómetros. La locomotora La Porteña, construida en Inglaterra, quedó asociada para siempre a aquel primer viaje que abrió la era ferroviaria nacional. Durante décadas, el Ferrocarril Oeste fue motivo de orgullo público. Bajo administración bonaerense creció, transportó pasajeros y cargas, conectó la ciudad con la campaña y se convirtió en una herramienta clave para el desarrollo económico. No era solo un tren: era un símbolo de progreso, integración territorial y capacidad estatal. Sus vías ayudaron a expandir la vida urbana, estimularon el comercio y modificaron la relación entre Buenos Aires y su hinterland productivo. Pero hacia fines de la década de 1880, la situación cambió. La Argentina vivía un ciclo de expansión económica basado en crédito externo, obras públicas, concesiones y fuerte presencia británica. En ese contexto, la crisis financiera que estallaría en 1890 aceleró el final de una política ferroviaria estatal. El Museo Roca señala que, por la presión de los capitales británicos y la comprometida situación del Estado nacional por su endeudamiento, el Ferro Carril Oeste fue vendido ese año a la empresa inglesa Buenos Aires Western Railway. La venta fue impulsada en tiempos del presidente Miguel Juárez Celman y del gobernador bonaerense Máximo Paz, y debe leerse como parte de un proceso más amplio: la transferencia de bienes, servicios e infraestructuras estratégicas a compañías extranjeras, especialmente británicas. Para sus defensores, vender el ferrocarril significaba obtener recursos frescos y atraer capitales; para sus críticos, implicaba desprenderse de una de las herramientas más eficaces del desarrollo provincial y nacional. La operación tuvo una carga histórica profunda. El Ferrocarril Oeste no era una línea cualquiera: representaba el punto de partida del sistema ferroviario argentino. Había nacido como promesa de modernidad, había demostrado eficiencia y había sido parte de la construcción material del país. Que pasara a manos inglesas simbolizaba algo más que un cambio de propietario: expresaba la dependencia creciente de la economía argentina respecto del capital británico. Ya bajo administración privada, el Oeste continuó expandiendo sus rieles hacia el interior bonaerense, La Pampa, San Luis y Mendoza, y con el tiempo su traza quedaría integrada a lo que hoy conocemos como el Ferrocarril Domingo Faustino Sarmiento. Sin embargo, la memoria de aquella venta quedó asociada a un debate que todavía resuena: qué debe quedar en manos del Estado y qué sucede cuando las infraestructuras estratégicas se entregan al interés privado. Por eso, recordar la venta del Ferrocarril Oeste no es hablar solo de trenes. Es hablar de soberanía, deuda, modernización, capital extranjero y decisiones políticas que marcaron el rumbo del país. En aquellas vías nacidas con La Porteña viajaba mucho más que pasajeros y cargas: viajaba una idea de Nación. Y en 1890, esa idea cambió de manos. #FerrocarrilOeste #FerrocarrilesArgentinos #LaPorteña #BuenosAiresWesternRailway #Argentina1890 #HistoriaArgentina #HistoriaFerroviaria #TrenesArgentinos #CapitalesBritánicos #JuárezCelman #MáximoPaz #FerrocarrilSarmiento #SoberaníaFerroviaria #MemoriaHistórica #MendozaAntigua #RailwayHistory #ArgentineRailways #BritishCapital #TrainHistory #ArgentinaHistory
El 28 de abril de 1992 comenzó a transmitir en Mendoza la 96.5 FM Radio Universidad de la Universidad Nacional de Cuyo, la voz de la UNCuyo que salió al aire y cambió la comunicación mendocina
El 28 de abril de 1992 comenzó a transmitir en Mendoza la 96.5 FM Radio Universidad de la Universidad Nacional de Cuyo, una emisora que nació para abrir una nueva ventana de comunicación pública, educativa, cultural y universitaria. Su primera sede funcionó en un espacio cedido por la entonces Dirección de Deportes, Recreación y Turismo, y desde agosto de 1999 pasó a instalarse en la torre del edificio central del Centro de Información y Comunicación de la UNCuyo, el CICUNC, en el Centro Universitario. La emisora recibió licencia para operar en Frecuencia Modulada, en el canal 243, frecuencia 96.5 MHz, categoría D, con la señal distintiva LRJ 403, según consigna el manual institucional del CICUNC. Su nacimiento fue mucho más que la aparición de una radio en el dial mendocino. Fue el ingreso de la UNCuyo a una forma de comunicación directa con la sociedad: una radio universitaria pensada para difundir conocimiento, pensamiento crítico, cultura, ciencia, música, debate público y voces que muchas veces quedaban fuera de los grandes medios comerciales. Desde sus primeros años, Radio Universidad construyó una programación con producciones propias, espacios diarios, divulgación científica, educación, análisis de problemáticas regionales y nacionales, promoción de expresiones artísticas y culturales generadas dentro y fuera de la universidad, y participación de colaboradores del ámbito académico, social y cultural. La propia UNCuyo recuerda que sus objetivos fueron la difusión cultural, la divulgación científica y el análisis de temas provinciales, nacionales y universitarios. En sus comienzos, la radio transmitía apenas 28 horas semanales, pero hacia fines de 1992 esa cifra ya se había triplicado. Además, mediante un programa de becas para estudiantes de Comunicación Social, se sumaron diez alumnos como corresponsales, iniciando una relación profunda con la formación de nuevos comunicadores. Con el tiempo, la emisora creció en alcance, contenido y presencia. Hacia 2003, la señal LRJ 403 llegó a contar con 45 programas, entre producciones propias y colaboraciones. En 2010 comenzó a transmitir por streaming y a vincularse con nuevas audiencias a través de redes sociales, integrándose al proceso de transformación digital de los medios universitarios. Radio Universidad también se nutrió de redes y alianzas. A sus contenidos propios se sumaron aportes de espacios universitarios, científicos, culturales y periodísticos, además de producciones de la Asociación de Radios Universitarias Nacionales Argentinas (ARUNA), una red que agrupa a emisoras universitarias públicas del país y promueve la comunicación educativa, pública y federal. La 96.5 se consolidó como una alternativa en el aire de Mendoza por su perfil periodístico, musical y cultural. La UNCuyo destaca que la emisora difundió géneros como rock progresivo, jazz, música africana, folclore latinoamericano y tango, además de acompañar actividades artísticas regionales y coberturas de interés sociocultural. En 2022, al cumplir 30 años, la universidad reconoció al exrector Armando Bertranou, impulsor del nacimiento de la emisora durante su gestión, y bautizó con su nombre el estudio central de Radio U. La UNCuyo la definió entonces como el medio más antiguo de su sistema de medios y una pieza fundamental dentro de la historia de la comunicación universitaria mendocina. Por eso, recordar el nacimiento de Radio Universidad 96.5 es mucho más que evocar una fecha radial. Es volver al momento en que la universidad decidió hablarle directamente a Mendoza: con ciencia, cultura, música, pensamiento crítico, formación de estudiantes y compromiso público. Aquel 28 de abril de 1992, desde un espacio cedido y con recursos modestos, comenzó a sonar una voz que no buscaba repetir el ruido del mercado, sino abrir preguntas, compartir conocimiento y acompañar a la comunidad. Desde entonces, la Radio U sigue demostrando que una universidad también se escucha. #RadioUniversidad #RadioU #UNCuyo #MendozaAntigua #Mendoza1992 #FM965 #LRJ403 #CICUNC #UniversidadNacionalDeCuyo #RadioUniversitaria #MediosUniversitarios #ComunicaciónPública #PeriodismoMendocino #CulturaMendocina #ARUNA #HistoriaDeMendoza #RadioHistory #UniversityRadio #PublicMedia #MendozaHistory
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28 de Abril de 1919: la Iglesia argentina se organiza bajo una consigna poderosa: “unirse es triunfar” (Imagen Ilustrativa)
El 28 de abril de 1919, el Episcopado Argentino impulsó la creación de la Unión Popular Católica Argentina —conocida como UPCA—, una organización nacida con un objetivo claro: reunir de manera efectiva a los católicos del país y dar mayor fuerza, coordinación y eficacia a su acción pública, social y religiosa. Un estudio histórico sobre la institución señala que el Episcopado decidió fundarla en esa fecha y que, para sus impulsores, en el campo católico la frase “unirse es triunfar” funcionaba casi como un axioma. La fundación de la UPCA no ocurrió en el vacío. La Argentina atravesaba años de fuertes tensiones sociales, conflictos obreros, debates ideológicos y cambios políticos. El ciclo de huelgas iniciado en 1917 y, especialmente, la Semana Trágica de enero de 1919, fueron factores decisivos para que la Iglesia buscara una organización más amplia y disciplinada de sus fuerzas laicas y sociales. La Unión Popular Católica Argentina fue pensada como una estructura nacional capaz de articular asociaciones católicas ya existentes, ordenar esfuerzos dispersos y llevar la presencia católica a distintos ámbitos de la sociedad. Sus estatutos preveían la formación de juntas en niveles diocesanos y parroquiales, además de distintas ligas internas orientadas a la acción social, cultural y religiosa. Uno de sus primeros grandes proyectos fue la Gran Colecta Nacional Pro Paz Social de 1919, una iniciativa que buscaba responder a los problemas sociales de la época desde una mirada católica, en un país atravesado por la cuestión obrera, la pobreza urbana y el temor de las élites ante el avance de ideas revolucionarias. La UPCA también debe entenderse dentro del proceso de reorganización del catolicismo argentino de comienzos del siglo XX. Diversos trabajos la consideran un antecedente importante de la futura Acción Católica Argentina, creada en 1931, porque ayudó a centralizar asociaciones, disciplinar la participación laica y reforzar la conducción eclesiástica sobre la acción pública de los católicos. Por eso, la fundación de la Unión Popular Católica Argentina no fue un simple hecho institucional. Fue una respuesta de época. En una Argentina convulsionada por conflictos sociales, nuevas ideas políticas y profundas transformaciones urbanas, la Iglesia buscó reunir fuerzas, intervenir en la vida pública y presentarse como un actor organizado frente a los desafíos del momento. Aquel 28 de abril de 1919, la consigna era clara: la dispersión debilitaba, la unidad fortalecía. Y bajo esa idea, la UPCA intentó convertir la fe católica en una fuerza social coordinada, capaz de actuar, influir y disputar presencia en una Argentina que cambiaba aceleradamente. #UniónPopularCatólicaArgentina #UPCA #Argentina1919 #IglesiaArgentina #CatolicismoSocial #EpiscopadoArgentino #SemanaTrágica #HistoriaArgentina #CatólicosArgentinos #AcciónCatólica #CuestiónSocial #MemoriaHistórica #HistoriaDelCatolicismo #ReligiónYPolítica #ArgentineHistory #CatholicHistory #SocialCatholicism #ChurchHistory #HistoricalMemory #ArgentinaHistory
28 de Abril 1958: el día en que Mendoza vio nacer su primera imagen televisiva (Imagen Ilustrativa)
El 28 de abril de 1958, Mendoza vivió un momento histórico: se realizó la primera transmisión mendocina de televisión por circuito cerrado, una experiencia experimental que acercó a la provincia al nuevo lenguaje audiovisual que ya empezaba a transformar al país. Habían pasado siete años desde la primera emisión televisiva argentina, realizada el 17 de octubre de 1951 por Canal 7, cuando se transmitieron los actos del Día de la Lealtad desde Plaza de Mayo. Aquella experiencia mendocina no fue televisión abierta como la conocemos hoy, sino CCTV, es decir, un circuito cerrado que conectaba por cables un estudio transmisor con una cantidad limitada de televisores instalados en puntos céntricos de la ciudad. El proyecto preveía emitir durante sesenta días, con unas cuatro horas diarias de programación, para receptores colocados en sectores estratégicos del centro mendocino. La historia del periodismo en Mendoza recopilada por Jorge Enrique Oviedo registra esta primera transmisión experimental del 28 de abril de 1958 y su funcionamiento por circuito cerrado. El estudio transmisor funcionaba en el Hotel San Martín, ubicado en la primera cuadra de calle Necochea, desde donde partían las señales hacia los aparatos conectados. Era una tecnología todavía novedosa, casi mágica para la época: imágenes en movimiento que viajaban por cables y aparecían en una pantalla, reuniendo curiosos, técnicos, funcionarios y vecinos frente a una ventana hacia el futuro. Pocos días después, el 1º de mayo de 1958, el sistema permitió transmitir desde la Legislatura de Mendoza la asunción de la nueva fórmula gubernativa integrada por Ernesto Ueltschi y Pedro Lucas Luja, de la Unión Cívica Radical Intransigente. La ceremonia realizada en Casa de Gobierno fue filmada por la productora mendocina Longone y luego emitida por televisión, en una muestra temprana de cómo el nuevo medio podía registrar la vida política provincial. Estudios de la UNCuyo ubican el inicio del gobierno de Ueltschi el 1º de mayo de 1958, dentro del nuevo período democrático abierto ese año. Aquel ensayo fue una antesala de la televisión mendocina moderna. La señal abierta llegaría algunos años más tarde: el 7 de febrero de 1961, a las 20:47, comenzó la primera transmisión oficial de Canal 7 Mendoza, recordada como el inicio del canal de los mendocinos. Por eso, el 28 de abril de 1958 merece ser recordado como una fecha pionera. No hubo aún grandes estudios, programación masiva ni televisores en cada casa. Pero sí hubo una idea poderosa: Mendoza quería ver, transmitir, contar y reconocerse en pantalla. Aquel circuito cerrado fue mucho más que un experimento técnico. Fue el primer destello de una revolución cultural. En esos cables tendidos, en esos receptores del centro y en aquellas imágenes todavía temblorosas, comenzaba a escribirse la historia televisiva de Mendoza. #MendozaAntigua #TelevisiónMendocina #Mendoza1958 #CircuitoCerrado #CCTV #HistoriaDeMendoza #Canal7Mendoza #HotelSanMartín #ErnestoUeltschi #PedroLucasLuja #Longone #TelevisiónArgentina #MediosDeMendoza #MemoriaAudiovisual #HistoriaDeLaTV #OldMendoza #ArgentineTV #TelevisionHistory #MediaHistory #MendozaHistory
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lunes, 27 de abril de 2026
París 1926: cuando la moda bajó del escenario y empezó a escribir la libertad de las mujeres
En 1926, una página de moda titulada “Las últimas modas de París” mostraba dos diseños femeninos que hablaban mucho más que de ropa: hablaban de una época nueva. La ilustración presentaba modelos llegados desde la capital mundial del estilo, en un momento en que París marcaba el pulso de la elegancia, el teatro, la alta costura y el deseo moderno. El primer vestido, según la crónica, era una creación de la casa Callot, recientemente vista en los teatros parisinos. Estaba confeccionado en un delicado tono amarillo pálido, realizado en tussore, una seda de textura firme y aspecto natural, obtenida tradicionalmente de ciertos gusanos de seda asiáticos. El diseño se completaba con adornos del mismo material y largos ribetes de seda, detalles que reforzaban su aire refinado y teatral. El diccionario Collins define el tussore como una seda fuerte, algo áspera y de tono amarronado, además de la tela tejida con esa fibra. La referencia a la casa Callot remite a Callot Soeurs, una de las firmas más influyentes de la alta costura parisina de comienzos del siglo XX. Fundada en París en 1895 por las hermanas Callot, la maison fue reconocida por su elegancia, sus bordados, el uso de materiales ricos y su capacidad para unir comodidad con sofisticación. Europeana la describe como una de las casas de moda más influyentes y exitosas de ese período, mientras que la colección de Villa La Pietra recuerda que estuvo activa entre 1895 y 1937. El segundo modelo de la ilustración pertenecía al mundo de la soirée, la vida nocturna elegante. Su falda combinaba chiffon color carmín con ricos encajes negros de Chantilly, una mezcla pensada para brillar en salones, teatros y reuniones sociales. El encaje también aparecía en el busto, sobre una prenda de corte tipo bolero, mientras que la falda se sujetaba en los costados con dos tiras de encaje. El Fashion History Timeline del Fashion Institute of Technology recuerda que el encaje Chantilly es un encaje de bolillos popularizado en Francia en el siglo XVIII, reconocido por su fondo fino, sus contornos marcados y su abundancia de detalles, generalmente trabajado en seda negra. La imagen es una pequeña joya de los años veinte. Muestra siluetas más sueltas, faldas más cortas, líneas rectas y un cuerpo menos aprisionado por la moda anterior. No es casual: el Metropolitan Museum of Art señala que en los años 20 apareció una silueta muy distinta a la de otros períodos, con vestidos tipo chemise, de construcción casi plana, sin marcar con fuerza pecho, cintura o caderas. Ese cambio era mucho más que estético. Después de la Primera Guerra Mundial, la moda femenina empezó a reflejar nuevas formas de vida: más movimiento, más autonomía, más presencia en la calle, en el teatro, en el baile y en la vida social. El vestido dejó de ser solo ornamento y empezó a ser también una declaración de época. Por eso, esta ilustración de 1926 no muestra simplemente “lo último de París”. Muestra el eco de una revolución silenciosa: mujeres vestidas con telas livianas, encajes audaces, cortes modernos y una elegancia que ya no dependía de la rigidez, sino del movimiento. En esos trazos de tinta, en el chiffon carmín, en el encaje negro y en la seda pálida, se ve una época que quería bailar, cambiar y respirar distinto. Aquellas modas parisinas cruzaban océanos en revistas y diarios, llegaban a ciudades lejanas y encendían la imaginación de lectoras que soñaban con los escenarios, los salones y las vidrieras de Europa. Un simple dibujo de moda podía abrir una ventana al mundo. Y en 1926, esa ventana miraba hacia París. #ModaDeParís #Años20 #Moda1926 #CallotSoeurs #AltaCostura #HistoriaDeLaModa #VestidosDeÉpoca #Chiffon #EncajeChantilly #Tussore #París1926 #MujeresEnLaHistoria #EleganciaVintage #ModaVintage #MendozaAntigua #FashionHistory #ParisFashion #RoaringTwenties #VintageFashion #HauteCouture #1920sFashion #CallotSisters #ChantillyLace
1910: el Plano del Río Uruguay que marcaba los pasos, peligros y rutas de una frontera viva
En 1910, la Dirección General de Obras Hidráulicas del Ministerio de Obras Públicas elaboró un documento cartográfico de enorme valor histórico: el “Plano de navegación del Río Uruguay entre Concepción y Concordia”, conservado por el Archivo General de la Nación. El mapa no es solo una representación geográfica: es una herramienta técnica de navegación. En él se observa el curso del río Uruguay entre la costa argentina y la República Oriental del Uruguay, con referencias a localidades, pasos, canales, bancos, zonas de profundidad, islas, costas, escalas y sectores clave para la circulación fluvial. Entre los nombres visibles aparecen Concordia, Salto, Yeruá, Nueva Escocia y distintos pasos de navegación, como Paso de Corralito y Paso de Hervidero, que incluso aparecen ampliados en recuadros inferiores del plano. La pieza permite imaginar una época en la que el río era mucho más que un límite natural. Era una verdadera vía de comunicación, comercio, transporte y conexión regional. Antes del predominio absoluto de las rutas terrestres y del transporte moderno, los ríos eran caminos líquidos: por ellos circulaban mercaderías, embarcaciones, noticias, trabajadores, proyectos estatales y vínculos entre pueblos de ambas orillas. El plano también revela la mirada técnica del Estado argentino a comienzos del siglo XX. No se trataba únicamente de dibujar el río, sino de medirlo, ordenarlo y hacerlo navegable. La presencia de referencias hidrográficas, escalas, sondajes y detalles de pasos demuestra la importancia que tenía conocer con precisión los sectores seguros, los obstáculos y las condiciones del cauce. En ese sentido, el mapa forma parte de una etapa de modernización en la que las obras públicas, la ingeniería y la cartografía eran herramientas fundamentales para integrar el territorio. La fecha, 1910, tampoco es menor. Ese año la Argentina celebraba el Centenario de la Revolución de Mayo, en un clima de fuerte impulso estatal, obras, infraestructura y construcción de identidad nacional. En ese contexto, mapas como este ayudaban a pensar el país desde sus ríos, fronteras y comunicaciones. Visto hoy, este documento es una joya de la memoria fluvial argentina. Sus pliegues, manchas, líneas y detalles no solo hablan de navegación: hablan de un tiempo en el que el río Uruguay era frontera, camino, desafío técnico y puente entre comunidades. Allí donde el agua dibuja curvas, bancos y pasos, también se lee una historia de comercio, ingeniería, soberanía y vida ribereña. Este Plano de navegación del Río Uruguay no es simplemente un mapa antiguo. Es una fotografía técnica de un río vivo: una guía para navegar, pero también una ventana a la Argentina que buscaba conocerse, medirse y conectarse a través de sus grandes cursos de agua. #RíoUruguay #CartografíaHistórica #ArchivoGeneralDeLaNación #Mapoteca #Argentina1910 #Concordia #ConcepciónDelUruguay #SaltoUruguay #HistoriaFluvial #NavegaciónFluvial #ObrasPúblicas #HistoriaArgentina #MapasAntiguos #PatrimonioCartográfico #FronteraArgentinaUruguay #HistoricalMaps #RiverHistory #UruguayRiver #ArgentineHistory #CartographicHeritage
Plaza de la Victoria, 1854: la Buenos Aires que juró una Constitución frente a la Catedral
En 1854, la actual Plaza de Mayo todavía era conocida como Plaza de la Victoria, y allí Buenos Aires volvió a convertir su espacio central en escenario de historia. Frente a la Catedral, con los balcones ocupados, la plaza colmada y la Pirámide de Mayo decorada para la ocasión, se realizó el juramento de la Constitución del Estado de Buenos Aires, en un momento clave de la organización política argentina La imagen, conservada en el universo documental asociado al Fondo Witcomb del Archivo General de la Nación, permite asomarse a una Buenos Aires muy distinta: baja, solemne, todavía marcada por sus edificios coloniales y por una vida pública que tenía en la plaza su gran teatro cívico. Allí no se observa solo una multitud; se ve una ciudad entera reunida para presenciar un acto político cargado de significado. Conviene sumar un dato importante: la referencia tradicional atribuye la toma a Christiano Junior, pero existe una tensión cronológica, porque el propio Archivo General de la Nación informa que Christiano Junior abrió su primer local fotográfico en Buenos Aires recién el 1 de diciembre de 1867. Por eso, es prudente leer la atribución con cautela: la imagen registra un hecho de 1854, aunque la autoría fotográfica atribuida a Christiano Junior podría corresponder a una copia, reproducción posterior o catalogación histórica discutible. La escena pertenece a un tiempo decisivo. Tras la caída de Rosas y la separación de Buenos Aires de la Confederación Argentina, la provincia organizó sus propias instituciones. La Constitución bonaerense de 1854 declaraba a Buenos Aires como un Estado con ejercicio de soberanía interior y exterior mientras no la delegara expresamente en un gobierno federal. Ese dato ayuda a comprender la carga simbólica de la ceremonia: no era un simple acto protocolar, sino la afirmación pública de un proyecto político. La plaza era el corazón de esa Buenos Aires. En torno a ella se concentraban los edificios del poder, la religión, el comercio y la sociabilidad urbana. La Catedral Metropolitana, visible en la imagen, actuaba como marco solemne; la Pirámide de Mayo, primer monumento patrio de la ciudad, aparecía engalanada; y las casas con balcones, como la recordada zona de los Altos de Riglos, funcionaban como miradores privilegiados de la vida pública.La llamada Casa de Riglos o Altos de Riglos formaba parte de ese paisaje urbano antiguo. Diversas crónicas la recuerdan entre las construcciones destacadas del entorno de la Plaza de Mayo, vinculada a una Buenos Aires de balcones, tertulias, actos públicos y arquitectura previa a las grandes transformaciones urbanas de fines del siglo XIX y comienzos del XX. Vista desde hoy, esta imagen tiene una fuerza extraordinaria. No muestra la Plaza de Mayo de las grandes marchas modernas, ni la del Cabildo recortado por avenidas, ni la del tránsito intenso. Muestra una plaza todavía decimonónica, donde la política se hacía visible ante los ojos de todos y donde cada ceremonia dejaba una huella en la memoria urbana. En esa multitud reunida frente a la Catedral, en los balcones cargados de espectadores y en la Pirámide ornamentada, aparece una Buenos Aires en plena definición de su destino. La Plaza de la Victoria era mucho más que un espacio abierto: era el lugar donde la ciudad se miraba a sí misma, juraba sus leyes, exhibía su poder y escribía, a cielo abierto, una parte central de la historia argentina. #PlazaDeLaVictoria #PlazaDeMayo #BuenosAiresAntigua #BuenosAires1854 #CatedralMetropolitana #CasaDeRiglos #PirámideDeMayo #ArchivoGeneralDeLaNación #FondoWitcomb #HistoriaArgentina #HistoriaDeBuenosAires #Montserrat #ConstituciónDeBuenosAires #MemoriaUrbana #FotografíaHistórica #OldBuenosAires #BuenosAiresHistory #ArgentineHistory #HistoricPhotography #UrbanMemory
Mendoza 1926: cuando los Fiat llegaron como símbolo de velocidad, elegancia y futuro
En 1926, Mendoza ya miraba de frente al futuro sobre cuatro ruedas. Un aviso de época anunciaba los automóviles FIAT de 4 y 6 cilindros, ofrecidos por la firma Mendoza & Videla, concesionarios instalados en San Martín 901, con talleres en Garibaldi 342 y teléfono 799. La publicidad invitaba al público a visitar su exposición y prometía nada menos que 28 modelos distintos, una cifra que habla del entusiasmo creciente por el automóvil en la provincia. El anuncio no vendía solamente un coche. Vendía una idea de progreso. En una Mendoza que empezaba a acelerar su vida urbana, comercial y social, el automóvil representaba independencia, prestigio, velocidad y modernidad. Dejar atrás el ritmo de los carruajes y subir a un Fiat era entrar en una época nueva: la del motor, la ruta, el taller mecánico y el viaje como experiencia posible. La marca FIAT ya tenía entonces una historia importante. Había nacido en Turín, Italia, en 1899, y durante las primeras décadas del siglo XX se expandió como uno de los grandes nombres de la industria automotriz europea. En Argentina, los vehículos Fiat comenzaron a circular desde las primeras décadas del siglo XX; en 1919 se estableció en Buenos Aires una sucursal de FIAT de Turín y, en 1923, se constituyó Fiat Argentina S.A. para la venta y asistencia técnica de automóviles y camiones importados desde Italia. El aviso también destacaba un dato clave para la confianza del comprador: los coches se entregaban equipados con neumáticos Pirelli. No era un detalle menor. Pirelli, fundada en Milán en 1872 por Giovanni Battista Pirelli, ya era una firma reconocida internacionalmente por sus productos de caucho y neumáticos. Además, la Fundación Pirelli recuerda que la empresa había dado sus primeros pasos en Argentina en 1898 con un agente local, abrió una sucursal comercial en Buenos Aires en 1910 y en 1917 transformó esa presencia en una compañía manufacturera, Pirelli S.A. Platense. Por eso, mencionar neumáticos Pirelli en una publicidad mendocina de 1926 era una forma de reforzar seguridad, calidad y prestigio. En tiempos en que los caminos no siempre eran fáciles, contar con buenas cubiertas era tan importante como tener un motor confiable. El aviso prometía, además, “reducido consumo”, un argumento comercial que demuestra que la economía de uso ya preocupaba a los compradores de hace un siglo. La frase “la marca antigua de más reconocida calidad” buscaba apoyarse en la reputación acumulada de Fiat, mientras que la oferta de 4 y 6 cilindros apuntaba a distintos públicos: desde quienes buscaban un vehículo más práctico hasta quienes aspiraban a mayor potencia, comodidad y jerarquía. En los años veinte, Fiat ofrecía modelos muy difundidos como el 501, producido hasta 1926, y el 509, lanzado en 1925 y fabricado hasta 1929, que ayudaron a consolidar la presencia internacional de la marca. Visto desde hoy, este aviso es mucho más que una publicidad de autos. Es una postal de la Mendoza que entraba en la modernidad: una ciudad con concesionarios, talleres, exposiciones comerciales, teléfonos de contacto y una nueva cultura del movimiento. En esas letras grandes, en el dibujo del coche abierto y en la promesa de 28 modelos distintos, aparece una provincia que empezaba a imaginarse conectada, veloz y moderna. Aquel Fiat de 1926 no era solo una máquina. Era una invitación a cambiar la forma de vivir la ciudad y el territorio. Era el ruido del motor entrando en las calles mendocinas. Era el futuro estacionado en una vidriera de calle San Martín. #MendozaAntigua #Fiat #FiatArgentina #Mendoza1926 #AutomóvilesAntiguos #MendozaYVidela #SanMartín901 #Garibaldi342 #Pirelli #AutosClásicos #HistoriaDeMendoza #PublicidadAntigua #MemoriaUrbana #IndustriaAutomotriz #CochesAntiguos #VintageCars #ClassicCars #FiatHistory #OldMendoza #AutomotiveHistory #VintageAdvertising #PirelliHistory
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El 27 de abril de 1977, en la ciudad de La Plata, un grupo de tareas de la última dictadura cívico-militar secuestró a Héctor Germán Oesterheld, el creador de “El Eternauta” que imaginó la resistencia colectiva y fue desaparecido por la dictadura
El 27 de abril de 1977, en la ciudad de La Plata, un grupo de tareas de la última dictadura cívico-militar secuestró a Héctor Germán Oesterheld, guionista, escritor, editor y creador de “El Eternauta”, una de las obras más importantes de la historieta argentina y latinoamericana. Desde entonces permanece desaparecido. El Ministerio de Cultura de la Nación recuerda que no se conoce la fecha exacta de su muerte, que su cuerpo nunca fue hallado y que fue secuestrado poco después de que también fueran secuestradas sus cuatro hijas: Diana, Beatriz, Estela y Marina. Oesterheld había nacido el 23 de julio de 1919 en Buenos Aires. Era hijo de Fernando Oesterheld y Elvira Ana Puyol, de ascendencia vasco-francesa. Se graduó como geólogo en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires, pero su destino terminó unido al mundo de la palabra impresa. Mientras estudiaba trabajó como corrector, experiencia que lo acercó al universo editorial. En 1943 concluyó sus estudios, se casó con Elsa Sánchez y publicó su primer cuento, “Truila y Miltar”. Sus colaboraciones en La Prensa llamaron la atención de distintas editoriales. Al principio escribió textos infantiles y de divulgación científica para sellos como Códex y Abril. Luego, a comienzos de los años cincuenta, comenzó a construir un universo propio dentro de la historieta argentina con personajes publicados en revistas como Misterix, Cinemisterio y Rayo Rojo. Entre sus creaciones más recordadas figuran Bull Rockett, piloto de pruebas; Sargento Kirk, western dibujado por Hugo Pratt; y El Indio Suárez, boxeador ilustrado por Carlos Freixas. En 1957, junto con su hermano Jorge, fundó la Editorial Frontera, desde donde revolucionó el lenguaje de la historieta. Allí nacieron o se consolidaron personajes como Ernie Pike, corresponsal de guerra ilustrado por Hugo Pratt; Randall the Killer; Sherlock Time; Ticonderoga Flint y otros relatos que combinaban aventura, reflexión moral, historia y crítica social. El Ministerio de Cultura lo presenta como una figura que cambió para siempre la forma de escribir y leer historietas en la Argentina. El gran salto llegó el 4 de septiembre de 1957, con la aparición de Hora Cero Semanal, revista de la propia Editorial Frontera. En ese primer número nació “El Eternauta”, con guion de Oesterheld y dibujos de Francisco Solano López. La obra narraba la resistencia de un grupo de vecinos de Buenos Aires frente a una invasión extraterrestre y convirtió a Juan Salvo en un personaje central de la cultura argentina. Ahira señala que “El Eternauta” se publicó desde el primer número de Hora Cero y acompañó al suplemento casi hasta su cierre; por ese impacto, el 4 de septiembre se celebra en Argentina el Día de la Historieta. La fuerza de “El Eternauta” estuvo en haber convertido la ciencia ficción en una historia profundamente argentina. La invasión no ocurría en una ciudad lejana, sino en Buenos Aires; el héroe no era un individuo solitario, sino un grupo que resistía unido. Esa idea del héroe colectivo se volvió una de las claves más poderosas de la obra y explica por qué sigue siendo leída como aventura, metáfora política, memoria social y advertencia histórica. Con el tiempo, la Editorial Frontera atravesó dificultades económicas. Los Oesterheld producían enormes cantidades de material, pero la expansión simultánea de revistas y publicaciones volvió difícil sostener el proyecto. La editorial terminó perdiendo autonomía, aunque el talento de Héctor siguió siendo convocado para continuar escribiendo y creando personajes. Durante los años sesenta, su obra incorporó cada vez con más fuerza su mirada política. Para la editorial Jorge Álvarez participó en una serie de biografías latinoamericanas en historieta. La dedicada al Che Guevara, publicada en 1968, se convirtió en una pieza emblemática; la proyectada sobre Eva Perón no llegó a circular por presiones políticas durante el gobierno de Juan Carlos Onganía. En los años setenta, Oesterheld siguió escribiendo para grandes revistas, adaptó clásicos literarios para publicaciones infantiles y profundizó su compromiso militante. La tragedia familiar fue devastadora. Oesterheld y sus cuatro hijas fueron víctimas del terrorismo de Estado. Abuelas de Plaza de Mayo recuerda que Elsa Sánchez de Oesterheld, su esposa, sufrió la desaparición de sus cuatro hijas, de Héctor y de dos nietos nacidos durante el secuestro de sus madres, que aún son buscados. También señala que Diana y Marina estaban embarazadas al momento de su desaparición. Tras su secuestro, Oesterheld pasó por distintos centros clandestinos de detención. Reconstrucciones oficiales y testimoniales lo ubican en Campo de Mayo, El Vesubio y Sheraton, en La Matanza. La Secretaría de Derechos Humanos bonaerense señala que fue mantenido cautivo en condiciones inhumanas y bajo tormentos en El Campito, dentro de la Guarnición Militar de Campo de Mayo, al menos entre abril y septiembre de 1977. Oesterheld permanece desaparecido, pero su obra no pudo ser borrada. “El Eternauta” sobrevivió como símbolo de resistencia, memoria y cultura popular. La dictadura intentó silenciar al autor; sin embargo, su personaje siguió caminando bajo la nevada mortal de Buenos Aires, recordando que nadie se salva solo y que la verdadera fuerza está en la comunidad. Hoy, Héctor Germán Oesterheld es mucho más que el creador de una historieta legendaria. Es una figura central de la literatura gráfica argentina, un testigo de su tiempo y una víctima del terrorismo de Estado. Su vida y su obra dejaron una frase no escrita, pero profundamente presente en la memoria colectiva: frente al horror, la respuesta siempre vuelve a ser colectiva. #HéctorOesterheld #Oesterheld #ElEternauta #JuanSalvo #FranciscoSolanoLópez #HoraCero #EditorialFrontera #HistorietaArgentina #DíaDeLaHistorieta #MemoriaVerdadYJusticia #NuncaMás #DictaduraArgentina #TerrorismoDeEstado #DerechosHumanos #CulturaArgentina #HéroeColectivo #ArgentineComics #TheEternaut #GraphicNovel #HumanRights #HistoricalMemory #NeverAgain
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La Plata, Provincia de Buenos Aires, Argentina
Plaza Lorea, 1887: el enorme tanque de agua que anunció la Buenos Aires moderna.
En 1887, la antigua Plaza Lorea, en el barrio de Montserrat, ofrecía una imagen muy distinta a la actual zona del Congreso: en medio del espacio público se levantaba un imponente tanque de agua corriente, símbolo de una ciudad que empezaba a modernizar sus servicios básicos. La fotografía pertenece a la Colección Witcomb del Archivo General de la Nación y fue difundida con colaboración de Rumbo Sur. A simple vista, la escena parece una postal urbana más: una plaza con árboles jóvenes, senderos, bancos y edificios bajos. Pero el protagonista verdadero es esa gran estructura metálica elevada, vinculada al abastecimiento de agua potable de la ciudad. En una Buenos Aires que crecía con rapidez, el agua corriente no era solo una comodidad: era una cuestión de salud pública, higiene y supervivencia urbana. La historia de Plaza Lorea es anterior a la imagen. El espacio debe su nombre a Isidro Lorea, propietario de tierras en la zona durante el período colonial. Con el tiempo, aquel sector fue cambiando de función y de aspecto hasta quedar integrado al conjunto urbano que hoy se asocia con Plaza Congreso. El Gobierno de la Ciudad recuerda que el nombre correcto del conjunto es Plaza Congreso, y que está compuesto por tres espacios: Plaza del Congreso, Plaza Mariano Moreno y Plaza Lorea. La fotografía también permite entender una etapa clave de la historia sanitaria porteña. Durante la segunda mitad del siglo XIX, Buenos Aires sufrió epidemias devastadoras, como el cólera y la fiebre amarilla, que pusieron en evidencia la necesidad urgente de obras de agua potable y saneamiento. En ese contexto, los depósitos, cañerías y sistemas de distribución comenzaron a formar parte de la infraestructura esencial de la ciudad moderna. Pocos años después de esta imagen, Buenos Aires avanzaría hacia una obra mucho más monumental: el Palacio de Aguas Corrientes, construido entre 1887 y 1894 por la empresa inglesa Bateman, Parsons & Bateman, con dirección del ingeniero sueco Carlos Nyströmer y del arquitecto noruego Olof Boye. Ese edificio llegó a contener doce tanques con una capacidad total de 72 millones de litros de agua potable, convirtiéndose en uno de los grandes símbolos de la ingeniería sanitaria argentina. Por eso, el tanque de Plaza Lorea no debe verse como una simple estructura desaparecida. Fue parte de una Buenos Aires que empezaba a pensar la ciudad desde la higiene, el abastecimiento, la planificación y el espacio público. En sus hierros elevados aparece el esfuerzo por llevar agua corriente a una población cada vez más numerosa. Con el tiempo, la zona cambiaría por completo. El conjunto de plazas vinculadas al Congreso fue concebido urbanísticamente por Carlos Thays para los festejos del Centenario de la Revolución de Mayo, y su construcción finalizó en 1910. Más tarde, el área fue declarada patrimonio histórico, consolidando su valor urbano y simbólico. Esta imagen de 1887 es, entonces, mucho más que una vista antigua de Montserrat. Es una ventana a la Buenos Aires que dejaba atrás la ciudad colonial y comenzaba a convertirse en una capital moderna. Allí donde hoy pensamos en Congreso, monumentos y manifestaciones, alguna vez se levantó un tanque de agua: una torre práctica, austera y fundamental, que hablaba del progreso antes de que el progreso tuviera fachada de palacio. #PlazaLorea #PlazaCongreso #Montserrat #BuenosAiresAntigua #ColecciónWitcomb #ArchivoGeneralDeLaNación #TanqueDeAgua #AguaCorriente #HistoriaDeBuenosAires #BuenosAires1887 #PatrimonioUrbano #RumboSur #MemoriaPorteña #CiudadModerna #UrbanHistory #OldBuenosAires #BuenosAiresHistory #WaterHistory #HistoricPhotography #UrbanMemory
El 27 de abril de 2022 falleció en San Rafael, Mendoza, Cora Elsa Natividad Teijeiro de Acosta, la maestra pampeana que San Rafael convirtió en memoria viva
Docente, escritora y dirigente política que dejó una marca profunda en la vida cultural, educativa y social del sur mendocino. Había nacido el 25 de diciembre de 1927 en La Pampa y murió a los 94 años, después de una vida atravesada por la enseñanza, la escritura, la participación pública y una enorme vocación de servicio. Cora fue sanrafaelina por adopción y maestra por convicción. Desde la docencia construyó un vínculo permanente con distintos sectores sociales, convencida de que la educación podía abrir caminos, sembrar valores y transformar realidades. Incluso después de sufrir un ACV, no se dejó vencer: aprendió computación a los 80 años y continuó escribiendo, un gesto que sus contemporáneos recordaron como ejemplo de superación y fuerza interior. También tuvo una destacada trayectoria literaria. Participó y obtuvo más de treinta premios en concursos provinciales, nacionales e internacionales. Integró antologías, publicó poemas y se animó también a la prosa con “Estampas de Vida”, obra recordada como parte de su legado cultural. Por su aporte a la cultura fue distinguida en 1998 por la Asociación de Mujeres de Negocios y Profesionales y por Casa del Maestro; ese mismo año fue designada “Persona Ilustre” para el Pregón de la Primera Fiesta de los Pueblos. Su vida pública también tuvo un fuerte compromiso político. Vinculada al radicalismo, fue electa concejala por la Unión Cívica Radical en San Rafael el 8 de septiembre de 1991 y asumió el cargo el 24 de noviembre de ese año. Durante su mandato llegó a ocupar la vicepresidencia del Honorable Concejo Deliberante y trabajó especialmente en temas educativos, culturales y comunitarios. Entre sus iniciativas más recordadas se destacan la ordenanza que impulsó la creación de aulas especiales para alumnos con discapacidad, el Manual para la Enseñanza Primaria y el proyecto que permitió crear el CENS Nº 3-436 en la zona de Pueblo Diamante, una propuesta educativa que otorgaba el título de técnico social cuando San Rafael aún no contaba con una carrera terciaria de esas características. También promovió normas de educación vial y llegó a ejercer interinamente la Intendencia del departamento. A poco más de un año de su muerte, la Legislatura de Mendoza avanzó con una distinción post mortem para reconocer su trayectoria política, educativa y cultural. Ese homenaje recordó no solo sus cargos y logros, sino también el respeto que supo ganarse más allá de las diferencias partidarias. Cora Teijeiro de Acosta fue una mujer de palabra, aula y acción. Su historia resume la fuerza de muchas docentes que no se limitaron a enseñar contenidos, sino que ayudaron a construir comunidad. En ella convivieron la maestra, la escritora, la dirigente política, la vecina comprometida y la mujer que nunca dejó de aprender. Por eso, su nombre sigue ligado a la memoria de San Rafael: porque su vida fue una lección de servicio, cultura y esperanza. #CoraTeijeiroDeAcosta #CoraTeijeiro #SanRafael #MendozaAntigua #MujeresMendocinas #DocentesArgentinas #EscritorasArgentinas #HistoriaDeMendoza #LaPampa #Educación #CulturaMendocina #Radicalismo #MemoriaSanrafaelina #MujeresEnLaHistoria #ArgentineHistory #WomenInHistory #MendozaHistory #EducationHistory #CulturalMemory #LocalHistory
El 27 de abril de 1960, según la referencia compartida, Mendoza sumaba una nueva sala a su intensa vida cinematográfica: el Gran Cine Roxy, ubicado en calle Buenos Aires,
Junto al recordado cine Buenos Aires, en una zona que llegó a ser conocida como una verdadera “calle de los cines” por la cantidad de salas que funcionaron allí durante décadas. Cabe señalar que una investigación local sobre la historia del cine mendocino registra la inauguración del Gran Cine Roxy el 29 de abril de 1960, por lo que existe una pequeña diferencia de fecha entre las referencias disponibles. La película elegida para abrir la sala fue “Esta viña es mía”, dirigida por Henry King y protagonizada por Rock Hudson y Jean Simmons, con Dorothy McGuire y Claude Rains en el elenco. Su título original fue This Earth Is Mine, estrenada en 1959, y narraba una historia de pasiones familiares, ambiciones y conflictos dentro de una dinastía vitivinícola de California durante los años de la Ley Seca en Estados Unidos. La elección del film no pudo ser más simbólica para Mendoza. En una provincia marcada por la cultura del vino, inaugurar una sala con una película centrada en viñedos, herencias familiares y disputas alrededor de la producción vitivinícola parecía tender un puente perfecto entre Hollywood y la identidad mendocina. La función inaugural tuvo además un fin solidario: fue realizada a beneficio de las obras del Hogar de Ancianos, un dato que muestra cómo muchas salas de cine no solo eran espacios de entretenimiento, sino también lugares de encuentro social, beneficencia y vida comunitaria. El Gran Cine Roxy pertenecía a la Organización Cinematográfica Mendocina, propiedad de Alberto A. Garignani. Su edificio fue diseñado por el arquitecto Francisco Pittella y se destacaba por una ambientación de estilo oriental, una pantalla nacarada Perlux y una capacidad de aproximadamente 1.100 localidades, lo que lo convertía en una sala importante dentro del circuito céntrico mendocino. El contexto era el de una Mendoza donde el cine todavía ocupaba un lugar central en la vida cotidiana. Antes de la televisión masiva, las grandes salas eran puntos de reunión, cita, paseo y espectáculo. En el centro convivían cines de gran capacidad, mientras los barrios también desarrollaban sus propias salas. Investigaciones sobre la historia cinematográfica local señalan que entre las décadas de 1930 y 1970 Mendoza vivió una verdadera época dorada de los cines, con grandes estrenos, largas colas y edificios pensados como templos populares del entretenimiento. Por eso, recordar la apertura del Gran Cine Roxy no es solamente evocar una sala desaparecida o una vieja cartelera. Es volver a una Mendoza donde la calle Buenos Aires brillaba con marquesinas, donde cada estreno podía transformarse en acontecimiento urbano y donde una película sobre viñedos inauguraba un cine en el corazón de una provincia que también construyó su identidad alrededor de la vid. El Roxy fue parte de esa memoria: butacas llenas, pantalla luminosa, arquitectura ambiciosa y una ciudad que encontraba en el cine una forma de soñar en comunidad. #GranCineRoxy #MendozaAntigua #CinesDeMendoza #CalleBuenosAires #EstaViñaEsMía #ThisEarthIsMine #RockHudson #JeanSimmons #HenryKing #HistoriaDelCine #Mendoza1960 #CineMendocino #SalasDeCine #MemoriaCultural #Vitivinicultura #OldMendoza #CinemaHistory #VintageCinema #FilmHistory #MendozaHistory
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El 27 de abril de 1925 nació en San José, Guaymallén, Jorge Juan Augusto Contreras, el cura mendocino que eligió estar donde más dolía la pobreza
El 27 de abril de 1925 nació en San José, Guaymallén, Jorge Juan Augusto Contreras, conocido por generaciones de mendocinos como el Padre Contreras o el “cura de los humildes”. Docente, sacerdote y defensor de los derechos humanos, fue una de esas figuras que no se explican solo por los cargos que ocupó, sino por los lugares donde decidió estar: al lado de los pobres, de los presos, de las comunidades huarpes y de quienes vivían en los márgenes de la sociedad. Antes de ordenarse sacerdote, se formó como educador. Estudió en Mendoza y obtuvo el título de profesor de Historia y Geografía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo. Esa formación docente marcó profundamente su modo de actuar: Contreras no solo asistía, también enseñaba, acompañaba, organizaba y ayudaba a que las comunidades encontraran su propia voz. La UNCuyo recuerda que se ordenó sacerdote en Córdoba en 1962. Desde la década de 1970 cumplió funciones en la Vicaría San Pablo, en el barrio Santa Elvira de Guaymallén, donde se vinculó con los sectores populares y con la defensa de los derechos humanos de personas detenidas. El Museo Virtual de Godoy Cruz recuerda que durante esos años se desempeñó como vicario parroquial y se dedicó especialmente a acompañar a los más necesitados y a defender a personas privadas de libertad. En 1981 fue designado cura párroco de Nuestra Señora del Rosario, en Lavalle, donde desarrolló una intensa tarea social tanto en el pueblo como en las zonas del desierto. Allí acompañó los reclamos de reivindicación social, política, económica e histórica del pueblo huarpe, una de las comunidades originarias fundamentales de Mendoza. Su compromiso también lo llevó a trabajar en los barrios más castigados del Gran Mendoza, como La Gloria, en Godoy Cruz, donde fue párroco de la iglesia Virgen Peregrina. La UNCuyo lo recuerda como capellán de la Penitenciaría Provincial, director y profesor del Seminario Diocesano, y referente en la promoción de los derechos humanos y de una sociedad más inclusiva. En la cárcel, su labor fue mucho más que religiosa. Acompañó a internos, gestionó mejoras y se convirtió en una presencia respetada por presos, familiares, autoridades y organizaciones sociales. Su acción en Lavalle, en la Penitenciaría Provincial y en el barrio La Gloria fue reconocida por la propia UNCuyo como parte de una vida orientada a la dignidad humana, la justicia social y la integración de los sectores más desprotegidos. En 2007, la Universidad Nacional de Cuyo lo distinguió como Doctor Honoris Causa por su trayectoria y por su compromiso con los sectores populares. Tras su muerte, ocurrida el 24 de agosto de 2008 en Godoy Cruz, la universidad creó el Programa Padre Jorge Contreras, destinado a mantener vivo su legado mediante acciones de promoción humana, inclusión social, pensamiento crítico y trabajo junto a las comunidades. Su nombre también quedó unido a uno de los espacios más transitados de Mendoza: la Estación Terminal de Ómnibus, que desde 2011 lleva oficialmente el nombre “Padre Jorge Juan Augusto Contreras”, en homenaje a su compromiso inclaudicable con los humildes. La ley provincial que impuso ese nombre fue aprobada por unanimidad, según informó Unidiversidad. El Padre Contreras murió a los 83 años, pero su figura continúa presente en la memoria mendocina. Fue maestro, cura, mediador, defensor de derechos y compañero de los olvidados. Su vida recuerda que la fe, cuando se vuelve compromiso concreto, no se queda encerrada en los templos: camina los barrios, entra a las cárceles, escucha al desierto y se sienta junto a quienes más necesitan ser mirados como personas. #PadreContreras #JorgeContreras #JorgeJuanAugustoContreras #MendozaAntigua #Guaymallén #SanJosé #Lavalle #PuebloHuarpe #DerechosHumanos #CuraDeLosHumildes #HistoriaDeMendoza #UNCuyo #DoctorHonorisCausa #TerminalDeMendoza #MemoriaMendocina #ArgentineHistory #HumanRights #MendozaHistory #SocialJustice #PeopleHistory
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domingo, 26 de abril de 2026
26 de Abril de 1806 - La pensión de la madre de San Martín: el documento que revela la vida austera de Gregoria Matorras
El 26 de abril de 1806, una disposición real ordenó que la Tesorería del Montepío Militar de Madrid abonara a Gregoria Matorras de San Martín, viuda del capitán Juan de San Martín y madre del futuro Libertador José de San Martín, una pensión anual de 1.500 reales de vellón. El pago debía computarse desde el 1º de enero de 1806, ya que Gregoria había fijado su residencia en Madrid desde fines de 1805. La medida no fue un simple trámite administrativo. Detrás de esa pensión aparece una mujer atravesada por la viudez, las dificultades económicas y el esfuerzo por sostener a una familia vinculada al servicio militar de la Corona. Gregoria Matorras había sido esposa de Juan de San Martín, antiguo funcionario y militar que sirvió en el Río de la Plata, entre otros destinos, como teniente gobernador de Yapeyú, donde nació José Francisco de San Martín en 1778. El Instituto Nacional Sanmartiniano recuerda que Juan de San Martín murió en Málaga el 4 de diciembre de 1796, dejando a Gregoria en una situación de verdadera estrechez económica. La propia Gregoria elevó súplicas al rey para obtener auxilio. En sus pedidos recordaba los servicios prestados por su marido y explicaba que había quedado con una hija a su cargo, sin bienes suficientes y sin recursos para sostenerse con dignidad. En 1797, Carlos IV dispuso asignarle 175 pesos fuertes anuales como ayuda sobre rentas del Virreinato de Buenos Aires; años después, al trasladarse a Madrid, se ordenó que la asistencia pasara a pagarse por el Montepío Militar con la suma de 1.500 reales de vellón anuales. El dato adquiere un valor humano especial porque muestra una dimensión poco recordada de la familia San Martín. Mientras sus hijos varones seguían carreras militares en España, Gregoria atravesaba los últimos años de su vida entre gestiones, viudez y modestia económica. El Instituto Nacional Sanmartiniano también señala que en 1806 ella pidió que, después de su muerte, la pensión que disfrutaba pudiera transferirse a su hija María Elena. Gregoria Matorras no llegó a ver la gloria americana de su hijo José. Falleció en Orense, Galicia, en 1813, cuando San Martín ya había iniciado el camino que lo convertiría en una figura decisiva de la independencia sudamericana. Su historia recuerda que detrás del Libertador hubo una familia marcada por traslados, servicios militares, sacrificios y silencios domésticos. Por eso, aquella Real Orden del 26 de abril de 1806 no solo habla de una pensión. Habla de la madre de San Martín en su dimensión más humana: una viuda que había acompañado la carrera de su esposo, criado a sus hijos entre América y España, y que terminó dependiendo de una ayuda oficial para sostener su vida cotidiana. En esos 1.500 reales de vellón late una historia íntima de sacrificio, memoria familiar y destino sanmartiniano. #GregoriaMatorras #MadreDeSanMartín #JoséDeSanMartín #JuanDeSanMartín #SanMartín #HistoriaArgentina #HistoriaSanmartiniana #MontepíoMilitar #Madrid1806 #RealOrden #Yapeyú #Libertador #MemoriaHistórica #MujeresEnLaHistoria #ArgentineHistory #SanMartin #LatinAmericanIndependence #HistoricalMemory #WomenInHistory #HistoryOfArgentina
Whisky Valle del Cura, “el primer whisky elaborado totalmente en Mendoza” en 1950: el aviso que desafió el prejuicio de que “lo argentino era inferior”
En 1950, Mendoza presentaba en sus diarios una publicidad tan curiosa como reveladora: el Whisky Valle del Cura, anunciado como “el primer whisky elaborado totalmente en Mendoza”. El aviso mostraba una botella de gran formato y un texto que iba mucho más allá de una simple estrategia comercial. Era, en realidad, una defensa apasionada de la industria nacional y de la capacidad productiva mendocina. La marca destacaba que habían sido necesarios más de cinco años de trabajo para obtener un producto “noble” y afirmaba que ese logro volvía a demostrar la capacidad industrial de Mendoza, una provincia acostumbrada a proyectar su identidad productiva a través del vino, pero que también buscaba abrirse camino en otros rubros de elaboración. El tono del aviso es especialmente llamativo. En lugar de limitarse a elogiar el sabor del whisky, se dirige directamente al consumidor y le pide que lo pruebe sin prejuicios, que lo compare con un buen whisky escocés y que juzgue por sí mismo. La frase más fuerte del anuncio apunta contra una idea muy arraigada en ciertos sectores de la época: la creencia de que todo producto argentino, por ser nacional, debía ser inferior al extranjero. Ese mensaje encaja muy bien con el clima industrialista de mediados del siglo XX, cuando muchas publicidades buscaban reforzar el orgullo por la producción local. El aviso insiste en que el público debía abandonar “los resabios del pasado” y dejar de desprestigiar lo propio. En ese sentido, el Whisky Valle del Cura no era presentado solo como una bebida, sino como una prueba de madurez industrial: un producto mendocino que aspiraba a competir “sin desmedro” con sus similares importados. Como dato de contexto, el whisky es una bebida obtenida por la destilación de un mosto fermentado de cereales —como cebada, cebada malteada, centeno o maíz— y luego envejecida en barriles de madera, tradicionalmente de roble. Su propio nombre deriva de expresiones gaélicas escocesas e irlandesas que significan “agua de vida”. La comparación con el whisky escocés no era casual. Durante décadas, el imaginario del whisky estuvo fuertemente asociado a Escocia, Irlanda y otros países productores tradicionales. Por eso, que una publicidad mendocina de 1950 invitara a poner una botella local frente a un “buen whisky escocés” revela una ambición clara: disputar prestigio, no solo mercado. El texto también subraya un detalle simbólico: la etiqueta estaba escrita totalmente en castellano. Esa decisión se presentaba como un gesto de honestidad y orgullo: no disfrazar el origen del producto, no simular extranjería, sino declarar con “hidalguía” que se trataba de un whisky elaborado en Mendoza. Visto desde hoy, el aviso adquiere un valor histórico particular. Mendoza volvió a aparecer en los últimos años en noticias vinculadas al whisky, con proyectos que buscan darle identidad andina a la bebida, utilizando elementos locales como agua de deshielo, cebada de altura y procesos desarrollados en la provincia. Eso permite leer al viejo Valle del Cura como un antecedente publicitario notable de una aspiración que todavía resuena: producir destilados con sello mendocino y competir desde una identidad propia. Por eso, esta publicidad de 1950 no es apenas una rareza gráfica. Es una pequeña declaración de época. En una botella, en una etiqueta en castellano y en un texto cargado de orgullo industrial, aparece una Mendoza que se animaba a decirle al consumidor: probá lo nuestro, comparalo con lo mejor de afuera y juzgá sin prejuicios. #MendozaAntigua #WhiskyValleDelCura #WhiskyMendocino #Mendoza1950 #IndustriaNacional #HechoEnMendoza #HistoriaDeMendoza #PublicidadAntigua #BebidasArgentinas #Destilados #OrgulloMendocino #WhiskyArgentino #MemoriaIndustrial #VintageAdvertising #ArgentineWhisky #MendozaHistory #MadeInArgentina #OldAdvertising #WhiskyHistory #IndustrialHeritage. Por lo que se alcanza a leer en la etiqueta de la botella del aviso, el whisky Valle del Cura habría sido elaborado por Santos Giacardi, en Mendoza.
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