Antes de que existiera el Boletín Oficial como lo conocemos hoy, las decisiones del gobierno se comunicaban de una manera casi teatral. Un notario, acompañado por soldados —y muchas veces también por música— recorría las calles y leía en voz alta los decretos en las esquinas. Eran los viejos bandos, una costumbre heredada de la época colonial, cuando la palabra oficial debía escucharse en la plaza, en la bocacalle y frente al pueblo reunido. Pero en las primeras décadas del siglo XIX, esa forma de comunicar el poder empezó a quedar vieja. El nuevo Estado necesitaba ordenar leyes, decretos, resoluciones y actos administrativos en un registro estable, escrito y consultable. En ese contexto apareció la figura de Bernardino Rivadavia, uno de los dirigentes más influyentes y controvertidos de la etapa posrevolucionaria. Rivadavia fue designado presidente de las Provincias Unidas del Río de la Plata en febrero de 1826, en medio de un país que todavía discutía su forma de organización y donde crecía la tensión entre unitarios y federales. Casa Rosada recuerda que su mandato se extendió hasta junio de 1827 y que su proyecto político impulsó una fuerte modernización institucional, aunque también provocó resistencias profundas en las provincias. Sin embargo, el antecedente clave del Boletín Oficial no nació exactamente durante su presidencia, sino unos años antes, en 1821, cuando Rivadavia actuaba como ministro de Gobierno de Buenos Aires. Según el registro histórico oficial, mediante un decreto estableció la edición del Registro Nacional, que en ese primer momento tenía jurisdicción provincial y funcionó como antecedente de las futuras publicaciones oficiales del Estado. Aquel cambio tuvo un significado enorme: las disposiciones públicas dejaban de depender únicamente de la voz del pregonero o del bando leído en la calle. Desde entonces, el gobierno buscó dejar constancia escrita y sistemática de sus decisiones. Era una manera nueva de ejercer autoridad: menos ceremonial, más burocrática, más moderna. En ese proceso también se cerraba una etapa simbólica del periodismo revolucionario. La Gaceta de Buenos Aires, nacida en 1810 y ligada a los años iniciales de la Revolución de Mayo, llegó hasta 1821. Estudios sobre su historia señalan que volvió a publicarse bajo ese nombre entre 1815 y septiembre de 1821, antes de desaparecer como periódico político revolucionario y dar paso a nuevas formas de comunicación oficial. La historia posterior completaría ese camino. El actual sistema nacional tuvo otros hitos: en 1870 se creó por ley el “Boletín Oficial de la Nación”, y en 1893 se dispuso la aparición diaria del Boletín Oficial de la República Argentina. Pero el gesto inicial de Rivadavia en 1821 quedó como una pieza clave en la larga construcción del Estado argentino escrito, archivado y publicado. Así, detrás de una simple publicación oficial se esconde una transformación profunda: el paso de una sociedad que se enteraba de las órdenes del gobierno por la voz de un funcionario en la calle, a un país que empezaba a registrar sus normas en papel. Fue el tránsito del bando colonial al documento estatal; de la proclama pública al archivo; de la esquina ruidosa al boletín impreso. Rivadavia no solo impulsó reformas políticas: también ayudó a modificar la manera en que el poder se comunicaba con la sociedad. Y en esa decisión, aparentemente administrativa, se asoma una pregunta mayor: ¿Cuándo empieza realmente a existir un Estado? Tal vez cuando sus decisiones dejan de perderse en el aire y comienzan a quedar escritas para la historia. #MendozAntigua #BernardinoRivadavia #BoletinOficial #RegistroNacional #GacetaDeBuenosAires #HistoriaArgentina #RevolucionDeMayo #UnitariosYFederales #ProvinciasUnidas #EstadoArgentino #HistoriaDelPeriodismo #PeriodismoArgentino #SigloXIX #MemoriaHistorica #EfemeridesHistoricas #ArgentineHistory #OfficialGazette #PoliticalHistory #PressHistory #LatinAmericanHistory #19thCenturyHistory
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viernes, 15 de mayo de 2026
El día en que Rivadavia apagó los bandos y encendió el Estado moderno
Antes de que existiera el Boletín Oficial como lo conocemos hoy, las decisiones del gobierno se comunicaban de una manera casi teatral. Un notario, acompañado por soldados —y muchas veces también por música— recorría las calles y leía en voz alta los decretos en las esquinas. Eran los viejos bandos, una costumbre heredada de la época colonial, cuando la palabra oficial debía escucharse en la plaza, en la bocacalle y frente al pueblo reunido. Pero en las primeras décadas del siglo XIX, esa forma de comunicar el poder empezó a quedar vieja. El nuevo Estado necesitaba ordenar leyes, decretos, resoluciones y actos administrativos en un registro estable, escrito y consultable. En ese contexto apareció la figura de Bernardino Rivadavia, uno de los dirigentes más influyentes y controvertidos de la etapa posrevolucionaria. Rivadavia fue designado presidente de las Provincias Unidas del Río de la Plata en febrero de 1826, en medio de un país que todavía discutía su forma de organización y donde crecía la tensión entre unitarios y federales. Casa Rosada recuerda que su mandato se extendió hasta junio de 1827 y que su proyecto político impulsó una fuerte modernización institucional, aunque también provocó resistencias profundas en las provincias. Sin embargo, el antecedente clave del Boletín Oficial no nació exactamente durante su presidencia, sino unos años antes, en 1821, cuando Rivadavia actuaba como ministro de Gobierno de Buenos Aires. Según el registro histórico oficial, mediante un decreto estableció la edición del Registro Nacional, que en ese primer momento tenía jurisdicción provincial y funcionó como antecedente de las futuras publicaciones oficiales del Estado. Aquel cambio tuvo un significado enorme: las disposiciones públicas dejaban de depender únicamente de la voz del pregonero o del bando leído en la calle. Desde entonces, el gobierno buscó dejar constancia escrita y sistemática de sus decisiones. Era una manera nueva de ejercer autoridad: menos ceremonial, más burocrática, más moderna. En ese proceso también se cerraba una etapa simbólica del periodismo revolucionario. La Gaceta de Buenos Aires, nacida en 1810 y ligada a los años iniciales de la Revolución de Mayo, llegó hasta 1821. Estudios sobre su historia señalan que volvió a publicarse bajo ese nombre entre 1815 y septiembre de 1821, antes de desaparecer como periódico político revolucionario y dar paso a nuevas formas de comunicación oficial. La historia posterior completaría ese camino. El actual sistema nacional tuvo otros hitos: en 1870 se creó por ley el “Boletín Oficial de la Nación”, y en 1893 se dispuso la aparición diaria del Boletín Oficial de la República Argentina. Pero el gesto inicial de Rivadavia en 1821 quedó como una pieza clave en la larga construcción del Estado argentino escrito, archivado y publicado. Así, detrás de una simple publicación oficial se esconde una transformación profunda: el paso de una sociedad que se enteraba de las órdenes del gobierno por la voz de un funcionario en la calle, a un país que empezaba a registrar sus normas en papel. Fue el tránsito del bando colonial al documento estatal; de la proclama pública al archivo; de la esquina ruidosa al boletín impreso. Rivadavia no solo impulsó reformas políticas: también ayudó a modificar la manera en que el poder se comunicaba con la sociedad. Y en esa decisión, aparentemente administrativa, se asoma una pregunta mayor: ¿Cuándo empieza realmente a existir un Estado? Tal vez cuando sus decisiones dejan de perderse en el aire y comienzan a quedar escritas para la historia. #MendozAntigua #BernardinoRivadavia #BoletinOficial #RegistroNacional #GacetaDeBuenosAires #HistoriaArgentina #RevolucionDeMayo #UnitariosYFederales #ProvinciasUnidas #EstadoArgentino #HistoriaDelPeriodismo #PeriodismoArgentino #SigloXIX #MemoriaHistorica #EfemeridesHistoricas #ArgentineHistory #OfficialGazette #PoliticalHistory #PressHistory #LatinAmericanHistory #19thCenturyHistory
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