Antes de convertirse en creador de la Bandera, vocal de la Primera Junta y general de la independencia, Manuel Belgrano fue un joven rioplatense instalado en España, con el título bajo el brazo, cartas familiares, trámites urgentes y una cabeza encendida por nuevas ideas. Durante su estadía en la Península, Belgrano no solo estudió Derecho. También se formó en idiomas, economía política y derecho público, saberes que más tarde serían decisivos en su mirada sobre el comercio, la educación, la agricultura y el desarrollo del Río de la Plata. El Ministerio de Cultura recuerda que su formación superior la realizó en España y que él mismo confesó en su autobiografía que no se dedicó tanto a la carrera jurídica como al estudio de las lenguas vivas, la economía política y el derecho público. Instalado en Madrid, Belgrano realizó prácticas jurídicas y colaboró en gestiones vinculadas a un proceso que afectaba a su padre, Domingo Belgrano y Peri, comerciante genovés radicado en Buenos Aires. La Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Córdoba recuerda que Domingo Belgrano sufrió quebrantos financieros por un proceso en el que se vio implicado, situación que complicó a la familia en los últimos años de su vida. Las cartas de Manuel a su padre permiten asomarse a ese Belgrano íntimo, todavía joven, lejos de Buenos Aires y ocupado en asuntos familiares, académicos y administrativos. En una de ellas, fechada el 8 de diciembre de 1790, cuenta el reencuentro con su hermano mayor Carlos en Madrid. El detalle es humano y conmovedor: al verlo entrar, no lo reconoció de inmediato; recién lo identificó al escuchar su voz. El tiempo, decía, también hacía estragos en las cosas más pequeñas de la naturaleza. En esos días, además, Belgrano cumplía encargos institucionales. Las autoridades del Real Colegio de San Carlos, donde se había formado en Buenos Aires, le encomendaron saludar ante la corte al nuevo monarca, Carlos IV, y expresarle lealtad. Era un gesto formal propio del mundo colonial, pero también muestra el lugar que Belgrano ya ocupaba como joven ilustrado capaz de moverse entre expedientes, universidades y despachos reales. Sin embargo, lo más revelador es su mirada sobre el doctorado. Belgrano no se dejó deslumbrar por la “borla” de doctor ni por el prestigio vacío del título. Consideraba que podía ser abogado sin perder años en estudios que juzgaba poco útiles para la práctica. No era desprecio por el conocimiento: era todo lo contrario. Quería aprender aquello que sirviera para transformar la realidad. En 1793, viajó a Valladolid para obtener la habilitación profesional. El Archivo de la Real Chancillería de Valladolid conserva documentación sobre su incorporación como abogado; allí consta que, presentada su documentación, el Real Acuerdo ordenó el 24 de enero de 1793 remitir el expediente al Colegio de Abogados. Poco después, Belgrano quedó habilitado como licenciado, cerrando así una etapa decisiva de su formación europea. Ese joven que caminaba por Madrid y Valladolid todavía no era el prócer de los manuales. Era un estudiante inquieto, un hijo preocupado por su familia, un lector voraz y un hombre que empezaba a comprender que el verdadero poder de las ideas estaba en ponerlas al servicio del bien público. Porque antes de empuñar una espada o levantar una bandera, Belgrano eligió algo fundamental: prepararse para servir. #ManuelBelgrano #Belgrano #HistoriaArgentina #PróceresArgentinos #Madrid #Valladolid #RealColegioDeSanCarlos #CarlosIV #Derecho #EconomíaPolítica #Educación #Ilustración #IndependenciaArgentina #MendozAntigua #ArgentineHistory #ManuelBelgranoHistory #LatinAmericanHistory #Enlightenment #HistoricMemory #EducationAndFreedom
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sábado, 16 de mayo de 2026
Belgrano en Madrid: el joven abogado que rechazó los títulos vacíos y empezó a soñar una patria moderna (Imagen Ilustrativa)
Antes de convertirse en creador de la Bandera, vocal de la Primera Junta y general de la independencia, Manuel Belgrano fue un joven rioplatense instalado en España, con el título bajo el brazo, cartas familiares, trámites urgentes y una cabeza encendida por nuevas ideas. Durante su estadía en la Península, Belgrano no solo estudió Derecho. También se formó en idiomas, economía política y derecho público, saberes que más tarde serían decisivos en su mirada sobre el comercio, la educación, la agricultura y el desarrollo del Río de la Plata. El Ministerio de Cultura recuerda que su formación superior la realizó en España y que él mismo confesó en su autobiografía que no se dedicó tanto a la carrera jurídica como al estudio de las lenguas vivas, la economía política y el derecho público. Instalado en Madrid, Belgrano realizó prácticas jurídicas y colaboró en gestiones vinculadas a un proceso que afectaba a su padre, Domingo Belgrano y Peri, comerciante genovés radicado en Buenos Aires. La Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Córdoba recuerda que Domingo Belgrano sufrió quebrantos financieros por un proceso en el que se vio implicado, situación que complicó a la familia en los últimos años de su vida. Las cartas de Manuel a su padre permiten asomarse a ese Belgrano íntimo, todavía joven, lejos de Buenos Aires y ocupado en asuntos familiares, académicos y administrativos. En una de ellas, fechada el 8 de diciembre de 1790, cuenta el reencuentro con su hermano mayor Carlos en Madrid. El detalle es humano y conmovedor: al verlo entrar, no lo reconoció de inmediato; recién lo identificó al escuchar su voz. El tiempo, decía, también hacía estragos en las cosas más pequeñas de la naturaleza. En esos días, además, Belgrano cumplía encargos institucionales. Las autoridades del Real Colegio de San Carlos, donde se había formado en Buenos Aires, le encomendaron saludar ante la corte al nuevo monarca, Carlos IV, y expresarle lealtad. Era un gesto formal propio del mundo colonial, pero también muestra el lugar que Belgrano ya ocupaba como joven ilustrado capaz de moverse entre expedientes, universidades y despachos reales. Sin embargo, lo más revelador es su mirada sobre el doctorado. Belgrano no se dejó deslumbrar por la “borla” de doctor ni por el prestigio vacío del título. Consideraba que podía ser abogado sin perder años en estudios que juzgaba poco útiles para la práctica. No era desprecio por el conocimiento: era todo lo contrario. Quería aprender aquello que sirviera para transformar la realidad. En 1793, viajó a Valladolid para obtener la habilitación profesional. El Archivo de la Real Chancillería de Valladolid conserva documentación sobre su incorporación como abogado; allí consta que, presentada su documentación, el Real Acuerdo ordenó el 24 de enero de 1793 remitir el expediente al Colegio de Abogados. Poco después, Belgrano quedó habilitado como licenciado, cerrando así una etapa decisiva de su formación europea. Ese joven que caminaba por Madrid y Valladolid todavía no era el prócer de los manuales. Era un estudiante inquieto, un hijo preocupado por su familia, un lector voraz y un hombre que empezaba a comprender que el verdadero poder de las ideas estaba en ponerlas al servicio del bien público. Porque antes de empuñar una espada o levantar una bandera, Belgrano eligió algo fundamental: prepararse para servir. #ManuelBelgrano #Belgrano #HistoriaArgentina #PróceresArgentinos #Madrid #Valladolid #RealColegioDeSanCarlos #CarlosIV #Derecho #EconomíaPolítica #Educación #Ilustración #IndependenciaArgentina #MendozAntigua #ArgentineHistory #ManuelBelgranoHistory #LatinAmericanHistory #Enlightenment #HistoricMemory #EducationAndFreedom
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