Esta imagen reproduce un antiguo plano de la ciudad de Mendoza y de la disposición de su terreno con los cursos de agua, una pieza extraordinaria para entender cómo se organizaba el espacio mendocino en el siglo XVIII. Más que un simple plano, es una verdadera radiografía del vínculo entre ciudad, relieve y agua en una región donde la vida siempre dependió de conducir, repartir y aprovechar con precisión un recurso escaso. La cartografía muestra que Mendoza no puede comprenderse solo como una trama urbana: debe leerse como un oasis construido, sostenido por cauces, tomas, acequias y derivaciones que hicieron posible el poblamiento, la agricultura y la vida cotidiana. La historiografía mendocina ha insistido justamente en esa idea: la ciudad se formó y creció en íntima relación con una cultura del agua que venía de tiempos prehispánicos y fue luego reorganizada durante el período colonial. Lo primero que se advierte en el plano es la fuerte presencia de la cordillera y el piedemonte en la parte superior, dibujados como un telón montañoso del que descienden quebradas, zanjones y cauces aluvionales. No están puestos allí solo como decoración: indican que la ciudad debía convivir con un ambiente marcado por avenidas de agua, arrastres y pendientes que bajaban desde el oeste hacia la llanura. Esa relación entre montaña, piedemonte y oasis ha sido central en la historia mendocina, porque condicionó tanto la ubicación del asentamiento como la necesidad de obras para desviar, encauzar y distribuir el agua. En la imagen también se distingue con claridad que el territorio no aparece representado como una mancha urbana cerrada, sino como una red de canales, tomas y brazos de riego. Se leen referencias como “Toma de la Ciudad”, “Cauce antiguo”, distintos canales y acequias que convergen hacia el damero urbano. Eso es clave: el plano está mostrando que la ciudad colonial mendocina era inseparable de su infraestructura hídrica. El agua no era un elemento secundario, sino la base material del trazado urbano, de los cultivos y de las chacras y haciendas cercanas. Mendoza desarrolló históricamente un sistema de irrigación que terminó convirtiéndose en uno de sus rasgos culturales más distintivos. Otro aspecto muy valioso del plano es que permite ver la ciudad como parte de un territorio productivo más amplio. Alrededor del damero aparecen señalados parajes, propiedades, caminos y espacios de cultivo, lo que sugiere una articulación constante entre el núcleo urbano y las tierras regadas de su entorno. No era una ciudad aislada del campo, sino una cabecera organizada en función del reparto del agua, del control de las tomas y de la producción agrícola. Esa lógica de oasis irrigado fue una constante en la historia mendocina y explica por qué el manejo del agua adquirió desde temprano una importancia política, económica y social enorme. Desde el punto de vista visual, el plano también resulta fascinante porque combina representación topográfica, dibujo paisajístico y esquema urbano. La cuadrícula de la ciudad aparece inserta dentro de un territorio ondulado por cauces y líneas de riego. Es, en cierto modo, una síntesis perfecta de la Mendoza antigua: una ciudad española de damero, sí, pero adaptada a un medio árido y atravesada por una tradición hidráulica que venía de antes de la conquista. Estudios sobre la historia del agua en Mendoza remarcan precisamente esa continuidad entre prácticas indígenas, organización colonial y posteriores transformaciones urbanas, todo dentro de una misma cultura material de acequias, zanjones y canales. En la parte superior, el plano dibuja la montaña y las quebradas desde donde bajaban los escurrimientos. En el centro, aparecen los cauces principales y las zonas donde el agua era derivada o tomada. Hacia la parte media y baja, se observan las acequias y canales de riego que alimentaban chacras, haciendas y caminos. Finalmente, a la derecha inferior, se ve la traza en damero de la ciudad, pequeña frente al enorme territorio que dependía del agua. En otras palabras: el plano enseña que Mendoza no nació solamente como una ciudad, sino como una obra hidráulica y territorial. Hay además un dato histórico importante: la persistencia de este sistema explica por qué las acequias terminaron siendo uno de los signos más reconocibles de Mendoza hasta la actualidad. Incluso en épocas posteriores, distintas fuentes oficiales y académicas siguen destacando que el paisaje urbano mendocino fue moldeado por el riego, el arbolado y las acequias, elementos que no son ornamentales sino parte de una larga tradición de adaptación al ambiente árido. En definitiva, este plano no solo ilustra cauces aluvionales y canales del siglo XVIII: muestra el principio organizador de toda la historia mendocina. El agua aparece como fuerza natural, como recurso estratégico y como base de la ciudad. Ver esta imagen es entender que, en Mendoza, el territorio no se ocupó únicamente con calles y edificios: se construyó, ante todo, encauzando el agua. #MendozaAntigua, #HistoriaDeMendoza, #AcequiasDeMendoza, #CulturaDelAgua, #PlanoAntiguo, #CartografíaHistórica, #MendozaColonial, #PatrimonioMendocino, #CaucesAluvionales, #OasisMendocino, #HistoricMendoza, #WaterHeritage, #HistoricalMap, #ColonialMendoza, #IrrigationHistory, #AndeanOasis, #CulturalLandscape, #UrbanHistory, #OnThisDay, #ArchiveHistory #NostalgiaCore, #Throwback, #TBT, #ThrowbackThursday, #Vintage, #Retro, #VintagePhotography, #HistoricalPhotos, #HistoricPhotos, #ArchivePhoto, #ArchivalPhoto, #OnThisDay, #TodayInHistory, #ThisDayInHistory, #OTD. Fuente: “Plano de la Ciudad de Mendoza, disposición de su terreno y curso de sus aguas” (1761), Archivo Nacional de Chile, Sección Capitanía General. Reproducción conservada en el Archivo General de la Nación Argentina, Mapoteca IV119.
Bienvenidos al sitio con mayor cantidad de Fotos antiguas de la provincia de Mendoza, Argentina. (mendozantigua@gmail.com) Para las nuevas generaciones, no se olviden que para que Uds. vivan como viven y tengan lo que tienen, primero fue necesario que pase y exista lo que existió... que importante sería que lo comprendan
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lunes, 13 de abril de 2026
(1761) - El plano que revela cómo el agua dibujó Mendoza: acequias, cauces y ciudad en el siglo XVIII
Esta imagen reproduce un antiguo plano de la ciudad de Mendoza y de la disposición de su terreno con los cursos de agua, una pieza extraordinaria para entender cómo se organizaba el espacio mendocino en el siglo XVIII. Más que un simple plano, es una verdadera radiografía del vínculo entre ciudad, relieve y agua en una región donde la vida siempre dependió de conducir, repartir y aprovechar con precisión un recurso escaso. La cartografía muestra que Mendoza no puede comprenderse solo como una trama urbana: debe leerse como un oasis construido, sostenido por cauces, tomas, acequias y derivaciones que hicieron posible el poblamiento, la agricultura y la vida cotidiana. La historiografía mendocina ha insistido justamente en esa idea: la ciudad se formó y creció en íntima relación con una cultura del agua que venía de tiempos prehispánicos y fue luego reorganizada durante el período colonial. Lo primero que se advierte en el plano es la fuerte presencia de la cordillera y el piedemonte en la parte superior, dibujados como un telón montañoso del que descienden quebradas, zanjones y cauces aluvionales. No están puestos allí solo como decoración: indican que la ciudad debía convivir con un ambiente marcado por avenidas de agua, arrastres y pendientes que bajaban desde el oeste hacia la llanura. Esa relación entre montaña, piedemonte y oasis ha sido central en la historia mendocina, porque condicionó tanto la ubicación del asentamiento como la necesidad de obras para desviar, encauzar y distribuir el agua. En la imagen también se distingue con claridad que el territorio no aparece representado como una mancha urbana cerrada, sino como una red de canales, tomas y brazos de riego. Se leen referencias como “Toma de la Ciudad”, “Cauce antiguo”, distintos canales y acequias que convergen hacia el damero urbano. Eso es clave: el plano está mostrando que la ciudad colonial mendocina era inseparable de su infraestructura hídrica. El agua no era un elemento secundario, sino la base material del trazado urbano, de los cultivos y de las chacras y haciendas cercanas. Mendoza desarrolló históricamente un sistema de irrigación que terminó convirtiéndose en uno de sus rasgos culturales más distintivos. Otro aspecto muy valioso del plano es que permite ver la ciudad como parte de un territorio productivo más amplio. Alrededor del damero aparecen señalados parajes, propiedades, caminos y espacios de cultivo, lo que sugiere una articulación constante entre el núcleo urbano y las tierras regadas de su entorno. No era una ciudad aislada del campo, sino una cabecera organizada en función del reparto del agua, del control de las tomas y de la producción agrícola. Esa lógica de oasis irrigado fue una constante en la historia mendocina y explica por qué el manejo del agua adquirió desde temprano una importancia política, económica y social enorme. Desde el punto de vista visual, el plano también resulta fascinante porque combina representación topográfica, dibujo paisajístico y esquema urbano. La cuadrícula de la ciudad aparece inserta dentro de un territorio ondulado por cauces y líneas de riego. Es, en cierto modo, una síntesis perfecta de la Mendoza antigua: una ciudad española de damero, sí, pero adaptada a un medio árido y atravesada por una tradición hidráulica que venía de antes de la conquista. Estudios sobre la historia del agua en Mendoza remarcan precisamente esa continuidad entre prácticas indígenas, organización colonial y posteriores transformaciones urbanas, todo dentro de una misma cultura material de acequias, zanjones y canales. En la parte superior, el plano dibuja la montaña y las quebradas desde donde bajaban los escurrimientos. En el centro, aparecen los cauces principales y las zonas donde el agua era derivada o tomada. Hacia la parte media y baja, se observan las acequias y canales de riego que alimentaban chacras, haciendas y caminos. Finalmente, a la derecha inferior, se ve la traza en damero de la ciudad, pequeña frente al enorme territorio que dependía del agua. En otras palabras: el plano enseña que Mendoza no nació solamente como una ciudad, sino como una obra hidráulica y territorial. Hay además un dato histórico importante: la persistencia de este sistema explica por qué las acequias terminaron siendo uno de los signos más reconocibles de Mendoza hasta la actualidad. Incluso en épocas posteriores, distintas fuentes oficiales y académicas siguen destacando que el paisaje urbano mendocino fue moldeado por el riego, el arbolado y las acequias, elementos que no son ornamentales sino parte de una larga tradición de adaptación al ambiente árido. En definitiva, este plano no solo ilustra cauces aluvionales y canales del siglo XVIII: muestra el principio organizador de toda la historia mendocina. El agua aparece como fuerza natural, como recurso estratégico y como base de la ciudad. Ver esta imagen es entender que, en Mendoza, el territorio no se ocupó únicamente con calles y edificios: se construyó, ante todo, encauzando el agua. #MendozaAntigua, #HistoriaDeMendoza, #AcequiasDeMendoza, #CulturaDelAgua, #PlanoAntiguo, #CartografíaHistórica, #MendozaColonial, #PatrimonioMendocino, #CaucesAluvionales, #OasisMendocino, #HistoricMendoza, #WaterHeritage, #HistoricalMap, #ColonialMendoza, #IrrigationHistory, #AndeanOasis, #CulturalLandscape, #UrbanHistory, #OnThisDay, #ArchiveHistory #NostalgiaCore, #Throwback, #TBT, #ThrowbackThursday, #Vintage, #Retro, #VintagePhotography, #HistoricalPhotos, #HistoricPhotos, #ArchivePhoto, #ArchivalPhoto, #OnThisDay, #TodayInHistory, #ThisDayInHistory, #OTD. Fuente: “Plano de la Ciudad de Mendoza, disposición de su terreno y curso de sus aguas” (1761), Archivo Nacional de Chile, Sección Capitanía General. Reproducción conservada en el Archivo General de la Nación Argentina, Mapoteca IV119.
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