sábado, 30 de mayo de 2026

Uriburu puertas adentro: el presidente que dejó el poder sin rencores, entre café, coca y misa dominical


En octubre de 1898, José Evaristo Uriburu descendía de la Presidencia de la Nación y regresaba a la vida privada con una imagen poco habitual para la política de su tiempo: sin odios, sin venganzas visibles y sin dejar tras de sí una estela de rencores. Nacido en Salta en 1831, abogado, diplomático y figura del Partido Autonomista Nacional, Uriburu había llegado a la presidencia el 23 de enero de 1895, tras la renuncia de Luis Sáenz Peña, y gobernó hasta el 12 de octubre de 1898. Su mandato quedó asociado a una etapa de estabilización política, reorganización administrativa, obras públicas y tensiones diplomáticas en un país que todavía buscaba afirmar su lugar moderno en el mundo. Pero detrás del hombre público aparecía otro Uriburu: más íntimo, silencioso y doméstico. Lejos del brillo de los salones y de la agitación política, se lo describía como un hombre de carácter sereno, paciente, reservado, más diplomático que caudillo, más inclinado al equilibrio que al gesto estridente. No era amante de los grandes placeres de la mesa ni de las diversiones teatrales. Su rutina parecía hecha de hábitos simples: café, cigarrillo y coca, que mascaba con gravedad norteña. También padecía insomnios y pasaba largas veladas familiares en tertulias íntimas, jugando a la malilla, juego en el que se decía que era un verdadero experto. El hogar ocupaba un lugar central en su vida. Se lo recordaba como profundamente afectuoso con los suyos, preocupado por la suerte de su familia y respetuoso de sus antepasados. Esa devoción doméstica contrastaba con la imagen rígida y solemne que muchas veces se esperaba de los hombres de Estado del siglo XIX. También era un creyente constante. Cada domingo acostumbraba asistir a la misa mayor en la Iglesia del Socorro, acompañado por su familia y allegados, con una regularidad casi de promesa. Aquella escena —el exmandatario, sus parientes, la misa, el recogimiento— revela una dimensión menos conocida de quien había ocupado la máxima autoridad del país. Uriburu no fue un político de arrebatos. Su fuerza parecía estar en la calma, en la espera, en la paciencia y en esa rara capacidad de mantenerse en equilibrio mientras a su alrededor se disputaban intereses, cargos y destinos. Al dejar la presidencia, volvía a la vida privada como había gobernado: sin teatralidad, sin estridencias, con una mezcla de prudencia, distancia y serenidad. La historia suele recordar presidentes por sus leyes, sus crisis o sus batallas. Pero a veces, un retrato íntimo revela algo más profundo: la humanidad escondida detrás del poder. #MendozAntigua #JoseEvaristoUriburu #HistoriaArgentina #PresidentesArgentinos #Argentina1898 #PoliticaArgentina #HistoriaPolitica #Salta #BuenosAires #VidaPrivada #SigloXIX #ArgentineHistory #ArgentinaHistory #PoliticalHistory #Presidents #19thCentury #HistoricMemory

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