La imagen abre una puerta al corazón artesanal de una antigua bodega mendocina: la tonelería, ese espacio donde la madera se transformaba en recipiente, herramienta y destino del vino. En la fotografía, perteneciente a la Colección Bodega Ruttini / AFH, cada trabajador aparece detenido en plena tarea. No hay pose vacía: hay oficio. Sobre la pared descansan las herramientas de los maestros toneleros y aprendices; en el suelo y sobre los bancos se ven duelas, mazas, aros, soportes y piezas de madera que pronto formarían bordelesas, toneles o envases vínicos. El detalle más llamativo es el niño de guardapolvo blanco, que también sostiene una maza. Su presencia recuerda una realidad de época: los oficios se aprendían desde muy temprano, mirando, ayudando y repitiendo los gestos de los mayores. A su lado, un joven acomoda las duelas que darán forma a una bordelesa. En el centro, un obrero de camisa clara sostiene una tapa marcada con el nombre Pedro Ortiz, quizá señal de identificación personal, de pertenencia al taller o incluso del responsable de la sección. La tonelería era una pieza esencial dentro de la bodega. Antes del predominio del acero inoxidable, los recipientes de madera eran indispensables para elaborar, conservar, criar y transportar el vino. Cada barrica exigía precisión: la madera debía ser tallada, rebajada, curvada, ajustada y sujetada con aros metálicos. Un error mínimo podía provocar filtraciones y arruinar el trabajo de toda una cosecha. La escena también habla de la Mendoza que se modernizaba entre fines del siglo XIX y comienzos del XX. La vitivinicultura provincial creció con fuerza gracias al trabajo inmigrante, al ferrocarril, a la expansión de las bodegas y a una red de oficios silenciosos que hicieron posible la industria del vino. Entre ellos, el tonelero ocupaba un lugar fundamental: no elaboraba el vino, pero fabricaba el lugar donde el vino esperaba, maduraba y viajaba. Por eso esta imagen vale tanto. No muestra una simple sala de trabajo: muestra una fábrica dentro de la bodega, un mundo de madera, hierro, manos curtidas y saber transmitido de generación en generación. Allí, antes de que una botella llegara a la mesa, el vino ya había pasado por el pulso invisible de estos artesanos. (GRILLI, Danie)
Bienvenidos al sitio con mayor cantidad de Fotos antiguas de la provincia de Mendoza, Argentina. (mendozantigua@gmail.com) Para las nuevas generaciones, no se olviden que para que Uds. vivan como viven y tengan lo que tienen, primero fue necesario que pase y exista lo que existió... que importante sería que lo comprendan
etiquetas
- Efemérides (8410)
- Otras Provincias (4622)
- Década de 1920 (2714)
- Curiosidades Históricas (2647)
- otros paises (2459)
- Década de 1930 (2375)
- Década de 1910 (1960)
- Sociales (1856)
- Década de 1970 (1798)
- Década de 1900 (1613)
- Década de 1940 (1499)
- Publicidades (1381)
- Deportes en el Recuerdo (1304)
- Década de 1950 (1222)
- Videos (1139)
- Década de 1960 (895)
- Década de 1980 (852)
- Letra chica (686)
- antes de 1900 (659)
- Moda (633)
- Vendimia (578)
- graduados (386)
- solo mujer (286)
- frases (247)
- policiales (236)
- Conociendo Mendoza (235)
- hechos hist. de Mza (221)
- Década de 1990 (209)
- Pioneros de la Vitivinicultura en Mendoza (207)
- Mendoza desde Arriba (110)
- Toponimias (87)
- década del 2000 (77)
- coloreadas (37)
- portadas (37)
- el mundo desde arriba (31)
- bienes patrimoniales (25)
- Constitución de Mendoza (12)
- boletin oficial (12)
- gastronomia (10)
- Joyas sobre Ruedas (5)
- edificios religiosos (3)
lunes, 11 de mayo de 2026
La tonelería secreta de Mendoza: el taller donde el vino nacía golpe a golpe, duela por duela
La imagen abre una puerta al corazón artesanal de una antigua bodega mendocina: la tonelería, ese espacio donde la madera se transformaba en recipiente, herramienta y destino del vino. En la fotografía, perteneciente a la Colección Bodega Ruttini / AFH, cada trabajador aparece detenido en plena tarea. No hay pose vacía: hay oficio. Sobre la pared descansan las herramientas de los maestros toneleros y aprendices; en el suelo y sobre los bancos se ven duelas, mazas, aros, soportes y piezas de madera que pronto formarían bordelesas, toneles o envases vínicos. El detalle más llamativo es el niño de guardapolvo blanco, que también sostiene una maza. Su presencia recuerda una realidad de época: los oficios se aprendían desde muy temprano, mirando, ayudando y repitiendo los gestos de los mayores. A su lado, un joven acomoda las duelas que darán forma a una bordelesa. En el centro, un obrero de camisa clara sostiene una tapa marcada con el nombre Pedro Ortiz, quizá señal de identificación personal, de pertenencia al taller o incluso del responsable de la sección. La tonelería era una pieza esencial dentro de la bodega. Antes del predominio del acero inoxidable, los recipientes de madera eran indispensables para elaborar, conservar, criar y transportar el vino. Cada barrica exigía precisión: la madera debía ser tallada, rebajada, curvada, ajustada y sujetada con aros metálicos. Un error mínimo podía provocar filtraciones y arruinar el trabajo de toda una cosecha. La escena también habla de la Mendoza que se modernizaba entre fines del siglo XIX y comienzos del XX. La vitivinicultura provincial creció con fuerza gracias al trabajo inmigrante, al ferrocarril, a la expansión de las bodegas y a una red de oficios silenciosos que hicieron posible la industria del vino. Entre ellos, el tonelero ocupaba un lugar fundamental: no elaboraba el vino, pero fabricaba el lugar donde el vino esperaba, maduraba y viajaba. Por eso esta imagen vale tanto. No muestra una simple sala de trabajo: muestra una fábrica dentro de la bodega, un mundo de madera, hierro, manos curtidas y saber transmitido de generación en generación. Allí, antes de que una botella llegara a la mesa, el vino ya había pasado por el pulso invisible de estos artesanos. (GRILLI, Danie)
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)

No hay comentarios.:
Publicar un comentario