lunes, 11 de mayo de 2026

La tonelería secreta de Mendoza: el taller donde el vino nacía golpe a golpe, duela por duela


La imagen abre una puerta al corazón artesanal de una antigua bodega mendocina: la tonelería, ese espacio donde la madera se transformaba en recipiente, herramienta y destino del vino. En la fotografía, perteneciente a la Colección Bodega Ruttini / AFH, cada trabajador aparece detenido en plena tarea. No hay pose vacía: hay oficio. Sobre la pared descansan las herramientas de los maestros toneleros y aprendices; en el suelo y sobre los bancos se ven duelas, mazas, aros, soportes y piezas de madera que pronto formarían bordelesas, toneles o envases vínicos. El detalle más llamativo es el niño de guardapolvo blanco, que también sostiene una maza. Su presencia recuerda una realidad de época: los oficios se aprendían desde muy temprano, mirando, ayudando y repitiendo los gestos de los mayores. A su lado, un joven acomoda las duelas que darán forma a una bordelesa. En el centro, un obrero de camisa clara sostiene una tapa marcada con el nombre Pedro Ortiz, quizá señal de identificación personal, de pertenencia al taller o incluso del responsable de la sección. La tonelería era una pieza esencial dentro de la bodega. Antes del predominio del acero inoxidable, los recipientes de madera eran indispensables para elaborar, conservar, criar y transportar el vino. Cada barrica exigía precisión: la madera debía ser tallada, rebajada, curvada, ajustada y sujetada con aros metálicos. Un error mínimo podía provocar filtraciones y arruinar el trabajo de toda una cosecha. La escena también habla de la Mendoza que se modernizaba entre fines del siglo XIX y comienzos del XX. La vitivinicultura provincial creció con fuerza gracias al trabajo inmigrante, al ferrocarril, a la expansión de las bodegas y a una red de oficios silenciosos que hicieron posible la industria del vino. Entre ellos, el tonelero ocupaba un lugar fundamental: no elaboraba el vino, pero fabricaba el lugar donde el vino esperaba, maduraba y viajaba. Por eso esta imagen vale tanto. No muestra una simple sala de trabajo: muestra una fábrica dentro de la bodega, un mundo de madera, hierro, manos curtidas y saber transmitido de generación en generación. Allí, antes de que una botella llegara a la mesa, el vino ya había pasado por el pulso invisible de estos artesanos. (GRILLI, Danie)

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