¡Muchísimo antes de la llegada de los conquistadores españoles, de la fundación de Mendoza y del nacimiento de nuestras ciudades, los antiguos habitantes del norte mendocino protagonizaron una de las transformaciones tecnológicas más extraordinarias de su historia! ¡Hace aproximadamente 2.100 años, algunas comunidades ya habían incorporado una innovación que modificaría profundamente sus formas de preparar alimentos, aprovechar los recursos naturales y organizar la vida doméstica: la fabricación de recipientes de cerámica! ¡Aquellas manos anónimas aprendieron a transformar la arcilla mediante técnicas de modelado y cocción, convirtiéndola en vasijas capaces de resistir el calor y desempeñar funciones fundamentales en la vida cotidiana! No se trataba simplemente de fabricar objetos, sino de desarrollar conocimientos sobre las propiedades de los materiales, el comportamiento del fuego y las posibilidades que ofrecía una tecnología destinada a adquirir una enorme importancia cultural y económica. ¡Y lo verdaderamente fascinante es que las huellas de aquella revolución permanecieron enterradas durante casi dos milenios bajo el suelo de la actual ciudad de Mendoza! ¡Uno de los descubrimientos arqueológicos más extraordinarios ocurrió en 2011, durante las excavaciones destinadas a construir el Memorial de la Bandera, frente a la Casa de Gobierno, en pleno Centro Cívico mendocino! Allí, a más de cuatro metros de profundidad, los especialistas identificaron vestigios de antiguas ocupaciones humanas que revelaron una historia prácticamente desconocida de aquel sector urbano. Las investigaciones encabezadas por Horacio Chiavazza, junto con Cristina Prieto-Olavarría, Lorena Puebla y otros integrantes de un equipo interdisciplinario, permitieron documentar ocupaciones comprendidas aproximadamente entre 2.100 y 1.200 años antes del presente, mediante estudios arqueológicos y dataciones radiocarbónicas. ¡Los resultados fueron verdaderamente sorprendentes! Durante los trabajos se supervisaron unos 2.400 metros cuadrados y se identificaron 15 estructuras o rasgos arqueológicos en un sector de aproximadamente 130 metros cuadrados. Entre ellos se reconocieron tres posibles viviendas semisubterráneas, espacios de combustión, hornillos y estructuras interpretadas preliminarmente como instalaciones vinculadas con el manejo del agua. ¡Allí, donde hoy se levantan edificios gubernamentales y circulan miles de mendocinos, existieron asentamientos indígenas cuyos habitantes desarrollaron sus actividades cotidianas siglos antes de que Mendoza apareciera en los mapas coloniales! En los niveles profundos se recuperaron 195 fragmentos cerámicos, algunos de los cuales pudieron ensamblarse. Sus superficies presentaban principalmente tonalidades grises y marrones, mientras ciertas piezas conservaban decoraciones incisas, motivos geométricos en forma de espiga o chevrón y aplicaciones de arcilla. ¡Cada uno de aquellos pequeños fragmentos constituía una auténtica ventana hacia un pasado extraordinariamente remoto! ¡Pero uno de los hallazgos más reveladores surgió cuando los investigadores comenzaron a examinar las marcas que el uso cotidiano había dejado sobre aquellas antiguas vasijas! El análisis determinó que aproximadamente el 67 % de los fragmentos presentaba alteraciones producidas por la exposición al calor, mientras que 31 conservaban depósitos de hollín grueso y adherido, indicios compatibles con recipientes utilizados para cocinar y hervir alimentos. ¡Y todavía apareció una evidencia más extraordinaria! Los estudios arqueobotánicos identificaron microscópicos granos de almidón de maíz y algarrobo asociados con un fragmento cerámico, confirmando que estos vegetales formaban parte de los recursos alimenticios utilizados por aquellas poblaciones. ¡Imaginemos por un instante las escenas que estos descubrimientos permiten reconstruir: familias reunidas alrededor del fuego, recipientes de barro empleados para preparar alimentos y comunidades que transmitían sus conocimientos técnicos de una generación a otra! Las excavaciones también permitieron recuperar herramientas de piedra, restos de animales y vestigios vegetales que contribuyeron a comprender sus estrategias de subsistencia. El paisaje de entonces tampoco era idéntico al que conocemos actualmente: las investigaciones sugieren que, en las proximidades del antiguo cauce aluvional del Zanjón Frías, pudieron existir ambientes húmedos que ofrecían recursos naturales hoy ausentes de ese sector urbanizado. La presencia de viviendas semisubterráneas y determinadas estructuras domésticas permite plantear una mayor estabilidad en algunos asentamientos, aunque no necesariamente una ocupación permanente. Del mismo modo, los restos de maíz y otras evidencias abren la posibilidad de prácticas agrícolas tempranas, pero todavía no permiten determinar con certeza si aquellos productos eran cultivados localmente o también obtenidos mediante intercambios con otras comunidades. ¡Con el transcurso de los siglos, la alfarería mendocina continuó evolucionando y adquirió una extraordinaria diversidad de formas, técnicas y estilos decorativos! Entre las tradiciones arqueológicas reconocidas en el norte y centro provincial se destaca Agrelo, caracterizada por producciones cerámicas generalmente vinculadas con sociedades del período alfarero medio, en las que aparecen superficies grises o marrones y diversas decoraciones realizadas mediante incisiones, estriados y otras técnicas. Sin embargo, las investigaciones contemporáneas demostraron que la historia de la cerámica regional fue considerablemente más compleja que una simple sucesión de culturas. Los especialistas también identificaron otros conjuntos tecnológicos, entre ellos los denominados Gris/Marrón y Anaranjado Rojizo, además de materiales relacionados con regiones vecinas, cuya presencia permite estudiar los contactos, desplazamientos e intercambios entre distintas poblaciones. ¡Muchos siglos después, durante la expansión del Imperio incaico hacia el centro oeste argentino y los primeros tiempos de la dominación española, las comunidades locales desarrollaron la célebre cerámica Viluco! Esta producción, vinculada con las poblaciones huarpes, se caracterizó por sus formas particulares, aplicaciones decorativas y diseños pintados que reflejan influencias de distintas tradiciones del mundo andino. Sus principales manifestaciones se registran en contextos correspondientes a los siglos XV, XVI y XVII, aunque las investigaciones también examinan su continuidad y transformación durante la época colonial. ¡Pero existe una distinción fundamental! Las cerámicas tempranas del norte mendocino, las producciones clasificadas como Agrelo y las posteriores manifestaciones Viluco no deben interpretarse como etapas de una evolución necesariamente lineal. Cada conjunto responde a circunstancias históricas, conocimientos tecnológicos y procesos de interacción que continúan siendo investigados. ¡Detrás de cada vasija existieron decisiones, aprendizajes, experiencias y relaciones sociales que permiten reconstruir una parte esencial de nuestro pasado! ¡Hoy, gracias al trabajo de arqueólogos e investigadores de la Universidad Nacional de Cuyo, el CONICET y otras instituciones científicas, aquellos humildes fragmentos de barro vuelven a hablarnos desde las profundidades del tiempo! Los descubrimientos del Memorial de la Bandera, junto con las evidencias recuperadas en otros sitios del norte mendocino, constituyen testimonios fundamentales para comprender los cambios tecnológicos y las formas de vida de las antiguas poblaciones de nuestra provincia. ¡Porque muchísimo antes de las avenidas, los edificios monumentales y la Mendoza moderna, estas tierras ya eran escenario de extraordinarias experiencias humanas, de conocimientos transmitidos entre generaciones y de comunidades capaces de transformar los recursos de su entorno! ¡Y entre las huellas más conmovedoras de aquella historia milenaria se encuentran las de quienes aprendieron a modelar la tierra y endurecerla mediante el fuego, dejando un legado arqueológico que todavía nos permite descubrir cómo vivían los antiguos habitantes de Mendoza! ¡UNA HISTORIA ESCRITA EN ARCILLA, CONSERVADA BAJO NUESTROS PIES Y RESCATADA DEL OLVIDO POR LA ARQUEOLOGÍA! Fuentes: Chiavazza, H., Prieto-Olavarría, C. y colaboradores, «Ocupaciones alfareras tempranas», Estudios Atacameños, vol. 67 (2021); Prieto-Olavarría, C., Chiavazza, H. y Musaubach, M. G., «Microrrestos de vegetales cultivados y silvestres», Arqueología, 25(1), 2019; Prieto-Olavarría, C. y colaboradores, «Estado actual de las investigaciones de la cerámica indígena del norte de Mendoza», Revista del Museo de Antropología (2017); Carosio, S. y Ots, M. J., «Prácticas de manufactura cerámica», Relaciones de la Sociedad Argentina de Antropología, 45(2), 2020; Prieto-Olavarría, C. y Tobar, V., «Interacciones y lenguajes visuales», Estudios Atacameños, n.º 55 (2017); CONICET Mendoza, «Cerámica huarpe, una ventana hacia el pasado» (2021). #AncientMendoza, #AncientPottery, #Archaeology, #IndigenousHistory, #PreColumbianHistory, #AncientCivilizations, #CulturalHeritage, #AndeanHistory, #PotteryHistory, #HistoriaDeMendoza, #ArqueologíaArgentina, #PueblosOriginarios, #CerámicaPrehispánica, #CulturaAgrelo, #CulturaViluco, #HistoriaHuarpe, #PatrimonioArqueológico, #MendozAntigua
Bienvenidos al sitio con mayor cantidad de Fotos antiguas de la provincia de Mendoza, Argentina. (mendozantigua@gmail.com) Para las nuevas generaciones, no se olviden que para que Uds. vivan como viven y tengan lo que tienen, primero fue necesario que pase y exista lo que existió... que importante sería que lo comprendan
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sábado, 7 de noviembre de 2026
🏺🔥🏔️🇦🇷 ¡HACE 2.100 AÑOS, LA ARCILLA REVOLUCIONÓ MENDOZA! LOS ANTIGUOS ALFAREROS QUE TRANSFORMARON LA VIDA COTIDIANA Y DEJARON UNA HERENCIA MILENARIA MUCHO ANTES DE VILUCO
¡Muchísimo antes de la llegada de los conquistadores españoles, de la fundación de Mendoza y del nacimiento de nuestras ciudades, los antiguos habitantes del norte mendocino protagonizaron una de las transformaciones tecnológicas más extraordinarias de su historia! ¡Hace aproximadamente 2.100 años, algunas comunidades ya habían incorporado una innovación que modificaría profundamente sus formas de preparar alimentos, aprovechar los recursos naturales y organizar la vida doméstica: la fabricación de recipientes de cerámica! ¡Aquellas manos anónimas aprendieron a transformar la arcilla mediante técnicas de modelado y cocción, convirtiéndola en vasijas capaces de resistir el calor y desempeñar funciones fundamentales en la vida cotidiana! No se trataba simplemente de fabricar objetos, sino de desarrollar conocimientos sobre las propiedades de los materiales, el comportamiento del fuego y las posibilidades que ofrecía una tecnología destinada a adquirir una enorme importancia cultural y económica. ¡Y lo verdaderamente fascinante es que las huellas de aquella revolución permanecieron enterradas durante casi dos milenios bajo el suelo de la actual ciudad de Mendoza! ¡Uno de los descubrimientos arqueológicos más extraordinarios ocurrió en 2011, durante las excavaciones destinadas a construir el Memorial de la Bandera, frente a la Casa de Gobierno, en pleno Centro Cívico mendocino! Allí, a más de cuatro metros de profundidad, los especialistas identificaron vestigios de antiguas ocupaciones humanas que revelaron una historia prácticamente desconocida de aquel sector urbano. Las investigaciones encabezadas por Horacio Chiavazza, junto con Cristina Prieto-Olavarría, Lorena Puebla y otros integrantes de un equipo interdisciplinario, permitieron documentar ocupaciones comprendidas aproximadamente entre 2.100 y 1.200 años antes del presente, mediante estudios arqueológicos y dataciones radiocarbónicas. ¡Los resultados fueron verdaderamente sorprendentes! Durante los trabajos se supervisaron unos 2.400 metros cuadrados y se identificaron 15 estructuras o rasgos arqueológicos en un sector de aproximadamente 130 metros cuadrados. Entre ellos se reconocieron tres posibles viviendas semisubterráneas, espacios de combustión, hornillos y estructuras interpretadas preliminarmente como instalaciones vinculadas con el manejo del agua. ¡Allí, donde hoy se levantan edificios gubernamentales y circulan miles de mendocinos, existieron asentamientos indígenas cuyos habitantes desarrollaron sus actividades cotidianas siglos antes de que Mendoza apareciera en los mapas coloniales! En los niveles profundos se recuperaron 195 fragmentos cerámicos, algunos de los cuales pudieron ensamblarse. Sus superficies presentaban principalmente tonalidades grises y marrones, mientras ciertas piezas conservaban decoraciones incisas, motivos geométricos en forma de espiga o chevrón y aplicaciones de arcilla. ¡Cada uno de aquellos pequeños fragmentos constituía una auténtica ventana hacia un pasado extraordinariamente remoto! ¡Pero uno de los hallazgos más reveladores surgió cuando los investigadores comenzaron a examinar las marcas que el uso cotidiano había dejado sobre aquellas antiguas vasijas! El análisis determinó que aproximadamente el 67 % de los fragmentos presentaba alteraciones producidas por la exposición al calor, mientras que 31 conservaban depósitos de hollín grueso y adherido, indicios compatibles con recipientes utilizados para cocinar y hervir alimentos. ¡Y todavía apareció una evidencia más extraordinaria! Los estudios arqueobotánicos identificaron microscópicos granos de almidón de maíz y algarrobo asociados con un fragmento cerámico, confirmando que estos vegetales formaban parte de los recursos alimenticios utilizados por aquellas poblaciones. ¡Imaginemos por un instante las escenas que estos descubrimientos permiten reconstruir: familias reunidas alrededor del fuego, recipientes de barro empleados para preparar alimentos y comunidades que transmitían sus conocimientos técnicos de una generación a otra! Las excavaciones también permitieron recuperar herramientas de piedra, restos de animales y vestigios vegetales que contribuyeron a comprender sus estrategias de subsistencia. El paisaje de entonces tampoco era idéntico al que conocemos actualmente: las investigaciones sugieren que, en las proximidades del antiguo cauce aluvional del Zanjón Frías, pudieron existir ambientes húmedos que ofrecían recursos naturales hoy ausentes de ese sector urbanizado. La presencia de viviendas semisubterráneas y determinadas estructuras domésticas permite plantear una mayor estabilidad en algunos asentamientos, aunque no necesariamente una ocupación permanente. Del mismo modo, los restos de maíz y otras evidencias abren la posibilidad de prácticas agrícolas tempranas, pero todavía no permiten determinar con certeza si aquellos productos eran cultivados localmente o también obtenidos mediante intercambios con otras comunidades. ¡Con el transcurso de los siglos, la alfarería mendocina continuó evolucionando y adquirió una extraordinaria diversidad de formas, técnicas y estilos decorativos! Entre las tradiciones arqueológicas reconocidas en el norte y centro provincial se destaca Agrelo, caracterizada por producciones cerámicas generalmente vinculadas con sociedades del período alfarero medio, en las que aparecen superficies grises o marrones y diversas decoraciones realizadas mediante incisiones, estriados y otras técnicas. Sin embargo, las investigaciones contemporáneas demostraron que la historia de la cerámica regional fue considerablemente más compleja que una simple sucesión de culturas. Los especialistas también identificaron otros conjuntos tecnológicos, entre ellos los denominados Gris/Marrón y Anaranjado Rojizo, además de materiales relacionados con regiones vecinas, cuya presencia permite estudiar los contactos, desplazamientos e intercambios entre distintas poblaciones. ¡Muchos siglos después, durante la expansión del Imperio incaico hacia el centro oeste argentino y los primeros tiempos de la dominación española, las comunidades locales desarrollaron la célebre cerámica Viluco! Esta producción, vinculada con las poblaciones huarpes, se caracterizó por sus formas particulares, aplicaciones decorativas y diseños pintados que reflejan influencias de distintas tradiciones del mundo andino. Sus principales manifestaciones se registran en contextos correspondientes a los siglos XV, XVI y XVII, aunque las investigaciones también examinan su continuidad y transformación durante la época colonial. ¡Pero existe una distinción fundamental! Las cerámicas tempranas del norte mendocino, las producciones clasificadas como Agrelo y las posteriores manifestaciones Viluco no deben interpretarse como etapas de una evolución necesariamente lineal. Cada conjunto responde a circunstancias históricas, conocimientos tecnológicos y procesos de interacción que continúan siendo investigados. ¡Detrás de cada vasija existieron decisiones, aprendizajes, experiencias y relaciones sociales que permiten reconstruir una parte esencial de nuestro pasado! ¡Hoy, gracias al trabajo de arqueólogos e investigadores de la Universidad Nacional de Cuyo, el CONICET y otras instituciones científicas, aquellos humildes fragmentos de barro vuelven a hablarnos desde las profundidades del tiempo! Los descubrimientos del Memorial de la Bandera, junto con las evidencias recuperadas en otros sitios del norte mendocino, constituyen testimonios fundamentales para comprender los cambios tecnológicos y las formas de vida de las antiguas poblaciones de nuestra provincia. ¡Porque muchísimo antes de las avenidas, los edificios monumentales y la Mendoza moderna, estas tierras ya eran escenario de extraordinarias experiencias humanas, de conocimientos transmitidos entre generaciones y de comunidades capaces de transformar los recursos de su entorno! ¡Y entre las huellas más conmovedoras de aquella historia milenaria se encuentran las de quienes aprendieron a modelar la tierra y endurecerla mediante el fuego, dejando un legado arqueológico que todavía nos permite descubrir cómo vivían los antiguos habitantes de Mendoza! ¡UNA HISTORIA ESCRITA EN ARCILLA, CONSERVADA BAJO NUESTROS PIES Y RESCATADA DEL OLVIDO POR LA ARQUEOLOGÍA! Fuentes: Chiavazza, H., Prieto-Olavarría, C. y colaboradores, «Ocupaciones alfareras tempranas», Estudios Atacameños, vol. 67 (2021); Prieto-Olavarría, C., Chiavazza, H. y Musaubach, M. G., «Microrrestos de vegetales cultivados y silvestres», Arqueología, 25(1), 2019; Prieto-Olavarría, C. y colaboradores, «Estado actual de las investigaciones de la cerámica indígena del norte de Mendoza», Revista del Museo de Antropología (2017); Carosio, S. y Ots, M. J., «Prácticas de manufactura cerámica», Relaciones de la Sociedad Argentina de Antropología, 45(2), 2020; Prieto-Olavarría, C. y Tobar, V., «Interacciones y lenguajes visuales», Estudios Atacameños, n.º 55 (2017); CONICET Mendoza, «Cerámica huarpe, una ventana hacia el pasado» (2021). #AncientMendoza, #AncientPottery, #Archaeology, #IndigenousHistory, #PreColumbianHistory, #AncientCivilizations, #CulturalHeritage, #AndeanHistory, #PotteryHistory, #HistoriaDeMendoza, #ArqueologíaArgentina, #PueblosOriginarios, #CerámicaPrehispánica, #CulturaAgrelo, #CulturaViluco, #HistoriaHuarpe, #PatrimonioArqueológico, #MendozAntigua
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