viernes, 2 de octubre de 2026

2 DE OCTUBRE DE 1633 — BUENOS AIRES PIDIÓ AL REY VEINTE AÑOS DE RECURSOS PARA FORTIFICARSE: LA CARTA QUE REVELA UNA CIUDAD EXPUESTA FRENTE AL RÍO


El 2 de octubre de 1633, hace 393 años, el Cabildo de Buenos Aires dirigía al rey Felipe IV una petición que permite asomarse a la fragilidad de aquella pequeña ciudad colonial levantada junto al inmenso Río de la Plata. Los capitulares solicitaban que la Corona concediera a Buenos Aires, durante veinte años, el producido de las condenaciones conocidas como “penas de cámara y gastos de justicia” para continuar las obras de fortificación que consideraban indispensables. Aquellas penas eran, en términos generales, multas pecuniarias y recursos vinculados con la administración judicial que podían constituir una fuente significativa de financiación pública. El pedido no surgió de la nada: investigaciones recientes sobre la representación política del Cabildo porteño muestran que desde comienzos de la década de 1610 la ciudad ya había recibido por diez años ingresos procedentes de penas de cámara y gastos de justicia destinados a la construcción del fuerte y otras obras públicas, y que las autoridades locales insistieron repetidamente ante la Corona para prolongar esos beneficios. En 1633 el problema defensivo había adquirido especial importancia. Dos años antes había asumido el gobierno Pedro Esteban Dávila, militar experimentado que llegó al Río de la Plata con proyectos para reforzar el sistema defensivo, reconstruir el fuerte y establecer una guarnición permanente. La preocupación tenía un escenario internacional concreto: la expansión neerlandesa sobre el Atlántico sur y el Brasil durante la Guerra de los Treinta Años había aumentado el valor estratégico del puerto de Buenos Aires, mientras las defensas locales seguían siendo modestas y dependían de construcciones de tierra, madera y otros materiales vulnerables. Una extraordinaria imagen realizada hacia 1628, apenas cinco años antes de esta carta, muestra desde el río aquella Buenos Aires diminuta, de horizonte bajo, construcciones dispersas y un pequeño recinto defensivo: es probablemente la referencia visual más cercana que conservamos de la ciudad que formuló aquel pedido. La carta del 2 de octubre de 1633 quedó registrada posteriormente por Roberto Levillier entre los documentos procedentes del Archivo General de Indias con una descripción inequívoca: el Cabildo solicitaba al rey la merced “por veinte años” de esas condenaciones para continuar unas obras de fortificación consideradas “muy necesarias”. Más que un simple trámite administrativo, el documento muestra cómo el Cabildo intentaba conseguir en Madrid los recursos que Buenos Aires necesitaba para sobrevivir como puerto y enclave de la Monarquía Hispánica en uno de los confines del imperio. También permite comprender hasta qué punto la defensa de una ciudad podía depender de mecanismos fiscales hoy casi olvidados: cada multa, cada condenación pecuniaria y parte de los recursos generados por la justicia podían terminar transformados en muros, fosos, baluartes y reparaciones. La pieza está documentada en la colección histórica reunida a partir de originales del Archivo General de Indias y corresponde con seguridad al 2 de octubre de 1633; no encontramos todavía individualizada de manera inequívoca su signatura moderna específica en PARES, por lo que resulta más riguroso mantener la referencia al Archivo General de Indias y a la edición documental de Levillier antes que atribuirle un legajo sin comprobación. #BuenosAires #HistoriaArgentina #HistoriaColonial #CabildoDeBuenosAires #ArchivoGeneralDeIndias #SigloXVII #FuerteDeBuenosAires #PatrimonioDocumental #MendozAntigua #ArgentineHistory #BuenosAiresHistory #ColonialHistory #HistoricalArchives. Fuente de origen: Archivo General de Indias, carta del Cabildo de Buenos Aires al Rey, 2 de octubre de 1633, signatura moderna pendiente de individualización. Referencia: Roberto Levillier, Correspondencia de la ciudad de Buenos Ayres con los Reyes de España, tomo II (1615-1635), 1918, y Repertorio de los documentos históricos procedentes del Archivo de Indias, Madrid, 1921, p. 134. Contexto complementario: estudios de Arrigo Amadori sobre el Cabildo porteño, las penas de cámara y las obras defensivas de Buenos Aires.

2 DE OCTUBRE DE 1708 — LA CARTA QUE LLEVÓ LA MENDOZA COLONIAL HASTA EL REY: VIÑAS, PAMPAS Y UNA PROVINCIA QUE QUERÍA CAMBIAR SU DESTINO (IMAGEN ILUSTRATIVA)


El 2 de octubre de 1708, hace 318 años, el obispo de Santiago de Chile Luis Francisco Romero dirigía al rey una carta que hoy constituye un extraordinario testimonio para asomarnos a la Mendoza de comienzos del siglo XVIII. Romero había llegado poco antes a Cuyo durante el viaje hacia su sede episcopal y permaneció cerca de tres meses realizando una extensa visita pastoral; recorrió parroquias, iglesias, capillas y oratorios y pudo observar personalmente las enormes distancias, la escasa población, las dificultades económicas y los problemas de asistencia religiosa de una región que entonces dependía política y eclesiásticamente de Chile. La investigación de la historiadora Alba María Acevedo identifica expresamente el documento como la “Carta del Obispo Luis Francisco Romero al Rey del 2 de octubre de 1708” y la referencia en el Archivo General de Indias, Audiencia de Chile, legajo 149. La carta resulta especialmente valiosa porque estaba vinculada a una cuestión que podía haber cambiado tempranamente la historia administrativa de Mendoza: años antes, en septiembre de 1703, el Cabildo mendocino había solicitado a la Corona separarse del gobierno de Chile y quedar agregado al de Tucumán. Los vecinos argumentaban que sufrían escasez de población indígena, que los gobernadores de Chile no atendían suficientemente sus intereses y que la economía local dependía en gran medida de las viñas y del comercio de vino y aguardiente hacia Buenos Aires, Santa Fe y Tucumán, soportando elevados costos y gravámenes durante aquellas largas travesías en carretas, bueyes y mulas. Romero conocía el territorio personalmente y el rey le pidió opinión. El obispo reconoció las dificultades que soportaba el tráfico mendocino del vino, pero discrepó con parte de los argumentos del Cabildo: sostuvo que la disminución de indígenas no se explicaba simplemente por su traslado a Chile y señaló la proximidad de las extensas Pampas como uno de los factores vinculados a las fugas. También consideró que pasar Mendoza a la jurisdicción de Tucumán no solucionaría el problema y se manifestó contrario a separar Cuyo de Chile.  Su informe nos permite además reconstruir una Mendoza diminuta frente a la ciudad actual: una población dispersa, rodeada por una jurisdicción enorme, sostenida por sementeras, ganadería y, de manera muy particular, por las viñas. La documentación vinculada con aquella visita registra también la presencia en Mendoza de mercedarios, jesuitas, franciscanos, dominicos y agustinos; sus comunidades eran muy pequeñas y ninguna superaba los ocho religiosos. Los franciscanos mantenían entonces un hospicio que años después sería autorizado a convertirse en convento bajo la advocación de San Francisco Solano.  La historia no terminó allí. El 14 de enero de 1710 una Real Cédula ordenó a la Audiencia de Chile informar detalladamente sobre la petición mendocina. El documento volvió a enumerar las viñas como uno de los principales recursos de la provincia, el comercio de vino y aguardiente hacia Buenos Aires, Santa Fe y Tucumán y las dificultades padecidas por aquellos traficantes; incluso señala que las carretas mendocinas sufrían demoras y cargas adicionales durante sus viajes. La cédula hacía referencia expresa a lo informado previamente por el obispo de Santiago. Finalmente, Mendoza continuó dentro de la jurisdicción chilena durante varias décadas más, hasta que Cuyo fue incorporado al nuevo Virreinato del Río de la Plata en 1776. Aquella carta del 2 de octubre de 1708 es, por lo tanto, mucho más que una comunicación eclesiástica: es una ventana escrita hacia una Mendoza remota de viñedos, carretas, conventos, extensas pampas y disputas jurisdiccionales, cuando las noticias tardaban meses en cruzar el océano y las decisiones sobre el destino de esta pequeña ciudad cuyana podían terminar sobre el escritorio del propio rey de España. Fuente de origen: Archivo General de Indias, Audiencia de Chile, legajo 149, “Carta del Obispo Luis Francisco Romero al Rey”, 2 de octubre de 1708, citada por Alba María Acevedo, “Visitar para conocer. Conocer para poder reformar: las visitas de los obispos de Santiago de Chile a Cuyo a comienzos del siglo XVIII (1700-1730)”, Épocas. Revista de Historia, Nº 10, Universidad del Salvador, 2014, autora perteneciente al CIHAC de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo. Fuente complementaria: Carlos Salinas Araneda, “Catálogo de los libros registros del Cedulario Chileno, 1573-1727 (VII)”, Revista de Estudios Histórico-Jurídicos XXI, 1999, Real Cédula Nº 2267 del 14 de enero de 1710, Archivo General de Indias, Audiencia de Chile, legajo 168, volumen 3. PARES registra además CHILE,107, correspondiente a cartas y expedientes de cabildos seculares de 1696-1758, entre ellos Mendoza; es un fondo complementario de enorme interés, pero no debe confundirse con el legajo 149 citado específicamente para la carta del 2 de octubre de 1708.  #MendozAntigua #MendozaColonial #HistoriaDeMendoza #Cuyo #ArchivoGeneralDeIndias #HistoriaArgentina #MemoriaHistorica #ColonialMendoza #ArgentineHistory #LatinAmericanHistory #HistoricalArchives

1970: CUANDO EL SABER ECONÓMICO ENCONTRÓ SU CASA EN LA UNCuyo — LA BIBLIOTECA QUE ATRAVESÓ GENERACIONES


La imagen retrata la Biblioteca de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Cuyo en su sede del Centro Universitario, un espacio que durante décadas ha acompañado la formación de miles de estudiantes, docentes e investigadores mendocinos. La historia de esta casa de estudios comenzó el 16 de agosto de 1939, cuando empezó a funcionar como Escuela de Ciencias Económicas dependiente de la entonces Facultad de Ciencias; el proceso que la convirtió definitivamente en Facultad de Ciencias Económicas culminó el 10 de febrero de 1947.  Durante sus primeras décadas, la institución ocupó distintos edificios del centro mendocino: funcionó en Buenos Aires 253 y, desde mediados de los años cincuenta, en Lavalle 373. Aquellos años fueron de enorme crecimiento académico y también de transformación de sus servicios: en 1963 comenzó una reorganización técnica de la Biblioteca y, finalmente, en 1970 la Facultad se trasladó al edificio del Centro Universitario que continúa ocupando en la actualidad.  Allí la biblioteca terminó consolidándose como uno de los espacios esenciales de la vida universitaria. Hoy lleva el nombre de Biblioteca “Manuel Belgrano” y forma parte del Sistema Integrado de Documentación de la UNCuyo. Sus instalaciones cuentan con una sala parlante de 190 puestos, una sala silenciosa con 48 lugares individuales, un aula taller para 50 personas, computadoras de consulta, hemeroteca, acceso a internet, biblioteca abierta y numerosos servicios bibliográficos y digitales. Desde 2012 incorporó además el repositorio institucional de tesis de grado y, en una actualización especialmente significativa, desde 2026 también pone a disposición tesis de maestrías, especializaciones y doctorados de Ciencias Económicas.Aquella sala de largas mesas, estanterías y lámparas suspendidas que vemos en la fotografía representa mucho más que un ámbito de estudio: es parte de la memoria cotidiana de la universidad mendocina, escenario de generaciones enteras que pasaron horas entre apuntes, libros, investigaciones y exámenes. La propia imagen quedó incorporada al patrimonio documental de la Universidad en la obra Encuentro de saberes. 1939-2017: historia de las facultades, institutos y colegios de la Universidad Nacional de Cuyo, publicada por EDIUNC, donde aparece identificada como “Biblioteca de la Facultad en la sede actual del Centro Universitario”.  Fuente de origen de la imagen y referencia histórica: García, Adriana Aída (dir.) y otros, Encuentro de saberes. 1939-2017: historia de las facultades, institutos y colegios de la Universidad Nacional de Cuyo, EDIUNC–Biblioteca Digital UNCuyo, 2017, sección Facultad de Ciencias Económicas, p. 105. Información actualizada: Facultad de Ciencias Económicas, Universidad Nacional de Cuyo, Biblioteca “Manuel Belgrano”.  #MendozAntigua #Mendoza #UNCuyo #CienciasEconómicas #BibliotecaManuelBelgrano #HistoriaDeMendoza #UniversidadNacionalDeCuyo #MemoriaUniversitaria #Bibliotecas #PatrimonioMendocino #MendozaHistory #UniversityHistory #HistoricLibraries #AcademicHeritage #ArgentinaHistory

2 DE OCTUBRE DE 1928: MUERE LA MADRE MARÍA, LA MUJER QUE CONVIRTIÓ SU FE EN LEYENDA Y CUYO CULTO SOBREVIVIÓ A SU MUERTE


El 2 de octubre de 1928 moría en Turdera, provincia de Buenos Aires, María Salomé Loredo y Otaola de Subiza, más conocida como la Madre María, una de las figuras más singulares de la religiosidad popular argentina. Había nacido el 22 de octubre de 1854 en San Julián de Musques —actual Muskiz—, Vizcaya, España, y emigró siendo adolescente a la Argentina, donde su familia se estableció en territorio bonaerense. Una precisión importante permite corregir un dato repetido en algunas reseñas: no pudo haberse radicado en Buenos Aires en 1858, ya que entonces tenía apenas cuatro años; las fuentes biográficas más consistentes sitúan su emigración alrededor de los 14 años, hacia fines de la década de 1860.  Tras enviudar dos veces y atravesar serios problemas de salud, su vida quedó profundamente vinculada a Francisco “Pancho” Sierra, célebre sanador bonaerense del siglo XIX. La tradición de sus seguidores sostiene que aquel encuentro marcó el comienzo de su misión espiritual y que Sierra la señaló como continuadora de su obra. Con el paso de los años, María desarrolló una doctrina religiosa propia basada en la fe cristiana, la regeneración moral, la purificación espiritual y la reencarnación, mientras miles de personas acudían en busca de consejo, consuelo o alivio para sus padecimientos. Primero recibió multitudes en su casa de Rioja 771, en la ciudad de Buenos Aires, y más tarde en Turdera, donde transcurrieron sus últimos años. Los estudios históricos señalan que su fama como sanadora llegó a colocarla bajo la mirada de las autoridades: en 1911 fue procesada por ejercicio ilegal de la medicina y en 1912 resultó sobreseída.  Su muerte, ocurrida apenas veinte días antes de cumplir 74 años, no terminó con el fenómeno: sus discípulos continuaron difundiendo sus enseñanzas y su sepultura en el Cementerio de la Chacarita se transformó en lugar de peregrinación, cubierta durante generaciones por flores, agradecimientos y pedidos de quienes mantienen viva su memoria. Todavía en la actualidad el mausoleo abre especialmente los días 2 y 22 de cada mes, fechas asociadas respectivamente con su muerte y su nacimiento. Su figura atravesó incluso las fronteras del culto popular para ingresar definitivamente en la cultura argentina: en 1974 Lucas Demare dirigió La Madre María, protagonizada por Tita Merello y con guion de Demare y Augusto Roa Bastos, una película que volvió a llevar su historia ante un público masivo y que décadas después fue recuperada por la Biblioteca Nacional dentro de sus muestras dedicadas a las devociones populares argentinas. Casi un siglo después de aquella mañana de 1928, María Salomé Loredo de Subiza permanece en ese territorio donde historia, fe y leyenda se entrecruzan: para la investigación histórica fue una poderosa referente religiosa y sanadora popular; para sus seguidores, sencillamente, continúa siendo la Madre María. Fuente de origen: Biblioteca Nacional Mariano Moreno, “Devociones populares argentinas” y “Santa popular a juicio”; investigaciones académicas disponibles en CONICET sobre religiosidad y prácticas terapéuticas en Argentina; biografía histórica de la Misión de la Madre María; CINE.AR–INCAA, ficha de La Madre María (1974).  #MadreMaría #MaríaSaloméLoredo #HistoriaArgentina #HistoriaDeBuenosAires #Efemérides #CultoPopular #DevociónPopular #BuenosAiresAntiguo #Turdera #Chacarita #HistoriasArgentinas #ArgentinaHistory #ArgentineHistory #FolkSaints #PopularDevotion #BuenosAiresHistory #HistoricalArgentina

12 DE OCTUBRE DE 1907, NACE EL HOMBRE QUE ESCRIBIÓ LA MEMORIA DEL SUR: RAÚL MARCÓ DEL PONT, EL HISTORIADOR QUE RESCATÓ EL SAN RAFAEL DE LOS PIONEROS


2 de octubre de 1907 – Nacía en San Rafael Raúl Marcó del Pont, escritor, periodista, cronista, historiador y escribano público que dedicó buena parte de su vida a reconstruir la memoria del sur mendocino. Hijo de Augusto Marcó del Pont, también estrechamente ligado a la investigación histórica sanrafaelina, Raúl creció en un ambiente donde los documentos, los libros y el pasado regional tenían un lugar privilegiado. Con el tiempo convirtió esa herencia intelectual en una obra propia y se transformó en uno de los nombres de referencia para quienes buscaban comprender los orígenes y la evolución de San Rafael. Su trabajo fundamental fue Historia del Sud Mendocino, publicada en 1948, una extensa obra de unas 344 páginas dedicada a reconstruir la formación histórica de aquella región. El libro recibió posteriormente el Premio de la Comisión Nacional de Cultura correspondiente al trienio 1947-1949, Región Andina, y todavía hoy aparece citado en investigaciones académicas sobre la historia económica, territorial y vitivinícola de Mendoza.  Su curiosidad histórica fue mucho más allá de los límites provinciales. En 1952 publicó El mariscal Francisco Casimiro Marcó del Pont, último capitán general de Chile, un volumen de 220 páginas dedicado al último gobernador español de Chile antes del triunfo independentista de Chacabuco; la existencia y fecha de esa edición están registradas tanto por Google Books como por el catálogo de la Biblioteca del Congreso Nacional de Chile. La obra fue además distinguida en un certamen de la Asociación Interamericana de Escritores, aunque las reseñas biográficas disponibles presentan una discrepancia sobre el año exacto de ese reconocimiento, situándolo entre 1950 y 1953.  En 1953 presentó Orígenes de la ciudad de San Rafael en un congreso histórico realizado en Santiago del Estero; dos años más tarde publicó Fausto Burgos, el nativista, y en 1964 apareció otro de sus trabajos emblemáticos: El Doctor Schestakow. Vida de un médico ejemplar y el surgimiento de una ciudad, dedicado a reconstruir la vida del célebre médico que marcó profundamente los primeros tiempos del San Rafael moderno.Pero Marcó del Pont no fue solamente un investigador encerrado entre papeles. Dirigió el diario sanrafaelino La Capital, estuvo al frente de publicaciones culturales como el Boletín de la Comisión Municipal de Cultura y Hombres de San Rafael, y colaboró en medios como El Comercio, Los Andes, Tiempo de Cuyo y La Quincena Social. También participó activamente de instituciones culturales y llegó a dirigir la Biblioteca Popular Mariano Moreno y la Biblioteca Popular y Ateneo Lisandro de la Torre.  Existe además un detalle extraordinario para la memoria visual de San Rafael: durante años reunió una importante colección de fotografías antiguas de la ciudad. Antes de abandonar definitivamente el departamento, esa colección fue adquirida por Pocho De Cunto y por el arqueólogo Humberto Lagiglia con destino al Museo de Historia Natural, preservando así una parte del patrimonio fotográfico que el propio historiador había rescatado. Marcó del Pont terminó radicándose en Córdoba, ciudad donde murió en 2004, después de una vida dedicada a evitar que nombres, personajes y episodios del sur mendocino desaparecieran entre las páginas del tiempo.  Hoy, a 119 años de su nacimiento, sus libros continúan siendo citados y consultados: una demostración de que investigar la historia de un pueblo también es una manera de impedir que ese pueblo pierda su memoria. #RaúlMarcóDelPont #SanRafael #Mendoza #HistoriaDeMendoza #HistoriaArgentina #SurMendocino #MendozAntigua #MemoriaHistórica #PatrimonioCultural #Efemérides #HistoriaLocal #SanRafaelHistory #MendozaHistory #ArgentineHistory #HistoricalMemory #CulturalHeritage #LocalHistory Fuente de origen: La Melesca, efemérides de octubre; Diario UNO San Rafael, “Historia de San Rafael: Augusto y Raúl Marcó del Pont, escribanía e historia”; Raúl Marcó del Pont, Historia del Sud Mendocino, San Rafael, 1948; Biblioteca del Congreso Nacional de Chile, catálogo bibliográfico; Google Books; referencias académicas de SciELO sobre Historia del Sud Mendocino. 


jueves, 1 de octubre de 2026

2 DE OCTUBRE DE 1887, DE MENDOZA AL TITANIC: VIOLETA JESSOP, LA ARGENTINA “INHUNDIBLE” QUE DESAFIÓ TRES VECES AL MAR



El 2 de octubre de 1887 nació Violet Constance Jessop, conocida en la Argentina como Violeta Jessop, una mujer cuya extraordinaria vida quedó unida para siempre a tres de los barcos más célebres de comienzos del siglo XX: Olympic, Titanic y Britannic. Había nacido en la zona de Sauce Grande, en el sudoeste de la provincia de Buenos Aires, cerca de Bahía Blanca, hija de los inmigrantes irlandeses William Jessop y Katherine Kelly. Existe una pequeña discrepancia documental sobre la fecha: la mayoría de las biografías y fuentes argentinas utiliza el 2 de octubre de 1887, mientras que su certificado británico de defunción consignó el 1 de octubre.Su historia tiene, además, un capítulo profundamente mendocino. Durante su infancia Violet sufrió una grave enfermedad pulmonar, identificada posteriormente en las biografías como tuberculosis, y los médicos aconsejaron a la familia buscar un clima más favorable. Los Jessop viajaron entonces hacia Mendoza y se instalaron en calle Tiburcio Benegas, frente a los talleres ferroviarios, donde William consiguió empleo como inspector de calderas de locomotoras. La familia atravesó años muy duros: en Mendoza falleció Samuel, uno de los pequeños hermanos de Violet, y posteriormente también murió una de las gemelas nacidas durante aquella etapa. Pero fue aquí donde Violet recuperó su salud, asistió a la escuela pública y, en marzo de 1900, ingresó a la Escuela Normal dirigida por la célebre educadora estadounidense Mary Morse. Los testimonios reconstruidos por la prensa mendocina incluso señalan el profundo afecto que Violet conservó por aquella etapa de su vida.  En 1903 llegó otro golpe decisivo: su padre enfermó gravemente y murió en Mendoza. Katherine quedó al frente de la familia y resolvió regresar con sus hijos a Gran Bretaña, adonde partieron en mayo de ese año. Violet continuó sus estudios y, años más tarde, cuando la salud de su madre se deterioró, debió comenzar a trabajar para ayudar a mantener a sus hermanos. En 1908 inició su carrera como camarera de navegación en la Royal Mail Line y posteriormente pasó a la White Star Line, una de las grandes compañías transatlánticas de la época.  El destino comenzó entonces a convertir su vida en una historia casi increíble. El 20 de septiembre de 1911 estaba trabajando a bordo del gigantesco RMS Olympic cuando el transatlántico colisionó con el crucero británico HMS Hawke. Ambos barcos resultaron seriamente dañados, aunque no hubo víctimas fatales. Violet sobrevivió al accidente y continuó trabajando en el mar.  Apenas siete meses después se incorporó como camarera a la tripulación del flamante RMS Titanic. El 10 de abril de 1912 partió desde Southampton en su viaje inaugural rumbo a Nueva York. Violet era una de las pocas mujeres entre una tripulación de casi 900 personas. Cuatro noches después, a las 23:40 del 14 de abril, el Titanic chocó contra un iceberg en el Atlántico Norte. Durante la evacuación, Jessop recibió la orden de subir al bote salvavidas Nº 16. Los estudios sobre ese bote indican que llevaba alrededor de medio centenar de personas, por lo que la cifra de 39 que suele repetirse en algunas narraciones no parece correcta. Mientras descendían hacia el océano, un oficial le entregó un bebé para que lo protegiera. Violet permaneció durante horas en el pequeño bote hasta que el RMS Carpathia recogió a los sobrevivientes y los llevó a Nueva York, donde arribaron el 18 de abril. Cualquier otra persona posiblemente habría abandonado para siempre los grandes barcos, pero Violet Jessop regresó al mar. Durante la Primera Guerra Mundial prestó servicio como integrante del Voluntary Aid Detachment y estuvo destinada en el HMHS Britannic, el tercer gran buque de la clase Olympic, transformado entonces en hospital flotante. El 21 de noviembre de 1916, mientras navegaba por el mar Egeo, el Britannic golpeó una mina alemana y se hundió en apenas 55 minutos. Violet volvió a salvar su vida, aunque estuvo peligrosamente cerca de las enormes hélices del buque durante la evacuación. Así quedó asociada a una combinación extraordinaria: sobrevivió al choque del Olympic en 1911, al hundimiento del Titanic en 1912 y al naufragio del Britannic en 1916. Por eso la posteridad terminaría llamándola “Miss Unsinkable”, la “Señorita Inhundible”. Ni siquiera aquellas experiencias consiguieron alejarla definitivamente de los océanos. Trabajó para distintas compañías y continuó vinculada a la navegación durante décadas, hasta retirarse en 1950 después de una carrera iniciada en 1908. Pasó sus últimos años en Great Ashfield, Suffolk, dedicada entre otras cosas a su jardín y a la cría de gallinas. Falleció el 5 de mayo de 1971, a los 83 años; una precisión documental permite señalar que su residencia estaba en Great Ashfield, pero su certificado de defunción registra que murió en el St. Mary’s Hospital de Bury St Edmunds, a causa de bronconeumonía y fallo cardíaco congestivo. Aquella niña que había llegado enferma a Mendoza, que caminó por sus calles, estudió en una escuela mendocina y vio trabajar a su padre entre locomotoras, terminaría convirtiéndose en testigo directa de tres episodios que marcaron la historia de la navegación mundial. Violeta Jessop sobrevivió al Olympic, escapó del Titanic y volvió a desafiar a la muerte en el Britannic. Una vida nacida en la pampa argentina, fortalecida durante sus años en Mendoza y escrita después entre algunos de los gigantes más famosos que alguna vez cruzaron los océanos. Fuente de origen: Diario Los Andes, “La camarera del Titanic”, 5 de abril de 2015; La Nueva de Bahía Blanca, investigaciones sobre Violet Constance Jessop; The National Archives del Reino Unido, registros de la tripulación del Titanic; Titanic Belfast; Encyclopedia Titanica, ficha de Violet Constance Jessop y registros del bote salvavidas Nº 16; certificado británico de defunción de Violet Jessop; memorias publicadas como Titanic Survivor: The Newly Discovered Memoirs of Violet Jessop.  #VioletaJessop #VioletJessop #MendozAntigua #Mendoza #HistoriaArgentina #Titanic #RMSOlympic #HMHSBritannic #WhiteStarLine #HistoriaDeMendoza #Efemérides #HistoriaMarítima #TitanicSurvivor #MissUnsinkable #MaritimeHistory #ArgentineHistory #MendozaHistory #OceanLiners

2 DE OCTUBRE DE 1866 – NACIÓ UN TERRITORIO EN EL CORAZÓN DE LOS LLANOS: TAMA, CAUDILLOS, CÓNDORES Y CUATRO SIGLOS DE HISTORIA RIOJANA


El 2 de octubre de 1866 quedó asociado a la creación del territorio que hoy conocemos como departamento General Ángel Vicente Peñaloza, en la provincia de La Rioja, con la histórica Tama como ciudad cabecera. Hay, sin embargo, una precisión importante que permite contar mejor esta historia: en aquel tiempo el departamento no llevaba todavía el nombre del célebre caudillo riojano Ángel Vicente Peñaloza, “el Chacho”, sino que durante buena parte de su historia fue conocido oficialmente como Vélez Sarsfield; incluso el Censo Nacional de 1947 registra a Tama dentro del departamento Vélez Sarsfield. Las referencias históricas consultadas sitúan en 1964 la adopción de la denominación General Ángel Vicente Peñaloza. Desde entonces, el nombre de uno de los grandes protagonistas de las guerras civiles argentinas quedó unido para siempre a este rincón de los Llanos riojanos. Tama se levanta en el sudeste provincial, dentro de un paisaje donde las extensiones llanas se encuentran con sierras, quebradas y formaciones rocosas. Actualmente continúa siendo la cabecera departamental, en un territorio de unos 3.106 km² que registró 3.185 habitantes en el Censo 2022.  Pero la riqueza de esta tierra supera ampliamente sus cifras. Muy cerca aparece uno de sus grandes monumentos naturales: la Quebrada del Cóndor, en la Sierra de los Quinteros, aproximadamente a 30 kilómetros de Tama. Allí los senderos ascienden entre rocas y quebradas hasta zonas privilegiadas de observación; el Mirador de los Cóndores se encuentra a unos 1.800 metros sobre el nivel del mar y permite contemplar el vuelo del cóndor andino en uno de los escenarios más espectaculares de La Rioja. Trekking, caminatas y cabalgatas completan un paisaje en el que las montañas parecen abrirse sobre la inmensidad de los Llanos.  Tama conserva además una profunda memoria histórica. El Museo Histórico Federal reúne testimonios vinculados con la historia regional y con los caudillos riojanos, mientras que la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario constituye uno de los grandes tesoros documentales y religiosos de la zona. Aquí conviene distinguir dos momentos: fuentes oficiales de planificación turística remontan los antecedentes del templo y de la presencia parroquial por lo menos a mediados del siglo XVIII, mientras que testimonios históricos locales señalan que el edificio actual fue levantado en 1887; una inscripción colocada en 1987 conmemoró precisamente el centenario de aquella iglesia. En su interior se preservan imágenes antiguas y, todavía más extraordinario para la historia riojana, archivos parroquiales con registros de bautismos y matrimonios vinculados a familias y protagonistas de los Llanos. Investigaciones sobre esos fondos han documentado, por ejemplo, registros de la familia de Victoria Romero y del propio mundo familiar que rodeó al Chacho Peñaloza. Así, aquel 2 de octubre de 1866 no representa solamente una fecha administrativa: marca el comienzo institucional de un territorio donde el paisaje y la memoria parecen confundirse. Entre antiguas parroquias, documentos centenarios, historias de caudillos, caminos serranos y cóndores que sobrevuelan las quebradas, Tama sigue custodiando una parte singular de la identidad de los Llanos de La Rioja. Fuentes: Gobierno de La Rioja – Turismo; Argentina.gob.ar – planificación turística de La Rioja; Censo Nacional 1947; datos del Censo 2022 reproducidos por organismos oficiales de La Rioja; Diócesis de La Rioja; referencias históricas sobre la Parroquia Nuestra Señora del Rosario de Tama.  #LaRioja #Tama #ÁngelVicentePeñaloza #ElChacho #LlanosRiojanos #HistoriaArgentina #HistoriaRiojana #QuebradaDelCóndor #CóndorAndino #NuestraSeñoraDelRosario #PatrimonioHistórico #Efemérides #ArgentinaHistory #LaRiojaArgentina #ArgentineHistory #HistoricArgentina #AndeanCondor #CulturalHeritage #SouthAmericaHistory

2 DE OCTUBRE DE 1824: SE APAGÓ UNA VOZ DE TINTA — LAS DISPUTAS POLÍTICAS SELLARON EL FINAL DE “EL AMIGO DEL PAÍS” EN MENDOZA (IMAGEN ILUSTRATIVA)


El 2 de octubre de 1824 salió por última vez en Mendoza El Amigo del País, uno de aquellos tempranos periódicos que hicieron de la imprenta una verdadera arena de discusión pública en los años posteriores a la Independencia. Su existencia había comenzado apenas el 19 de junio de ese mismo año y, según la reconstrucción historiográfica tradicional, habría alcanzado alrededor de 16 números antes de desaparecer poco más de tres meses después. La investigación de Andrea Carina Greco de Álvarez, publicada por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo, señala —siguiendo al bibliógrafo Antonio Zinny— que se imprimía en la Imprenta de Escalante y que su desaparición estuvo relacionada con “desavenencias políticas”. La misma fuente atribuye con cautela su redacción a Francisco Borja Correas o al padre Torres, por lo que la autoría exacta no debe darse como definitivamente establecida.  Aquella breve existencia adquiere otra dimensión cuando se observa el momento histórico. La prensa mendocina tenía apenas unos años de desarrollo y sus páginas estaban muy lejos del concepto moderno de un periódico dedicado principalmente a transmitir noticias: los impresos de la primera mitad del siglo XIX funcionaban fundamentalmente como espacios de argumentación, controversia política, difusión de ideas y combate intelectual. Mendoza ya había conocido El Termómetro del Día, la Gaceta de Mendoza, El Verdadero Amigo del País y el Registro Ministerial, en un escenario donde las imprentas se transformaban en instrumentos fundamentales de la vida pública.  Francisco Borja Correas aparece estrechamente relacionado con El Amigo del País: una reconstrucción histórica publicada por Los Andes señala que participó en aquella publicación, confirma su aparición el 19 de junio de 1824, su impresión en el taller de Escalante y el final de su edición el 2 de octubre. Poco después, Correas continuaría vinculado al periodismo mendocino y colaboraría en El Eco de los Andes junto con Juan Gualberto Godoy, José Lisandro Calle y José María Salinas.  Hay además una particularidad que vuelve todavía más interesante esta historia: El Eco de los Andes ya había comenzado a circular el 23 de septiembre de 1824, apenas nueve días antes de que El Amigo del País dejara de publicarse. De este modo, durante unos pocos días convivieron dos testimonios de aquella Mendoza donde una hoja impresa podía convertirse en tribuna, arma dialéctica y escenario de las disputas que atravesaban a la sociedad. La edición facsimilar de El Eco de los Andes conservó posteriormente buena parte de aquel universo periodístico y permite aproximarse materialmente a cómo lucían las publicaciones mendocinas de esos años.  La documentación, sin embargo, obliga a una última precisión histórica: Greco advierte que las referencias bibliográficas antiguas presentan posibles confusiones entre El Amigo del País y El Amigo del Orden, incluso por la coincidencia de fechas atribuida a algunos ejemplares. Por eso, el dato firmemente sostenido por la historiografía consultada es que El Amigo del País comenzó el 19 de junio y terminó su recorrido el 2 de octubre de 1824, mientras que aspectos como el número exacto de entregas y la identidad definitiva de su redactor deben conservarse con cautela.  Doscientos dos años después, aquel cierre recuerda cuán intensa era la batalla de ideas en la Mendoza de 1824: un periódico podía nacer, intervenir ferozmente en las discusiones de su tiempo y desaparecer en cuestión de semanas, dejando detrás apenas unas hojas de papel convertidas hoy en fragmentos preciosos de nuestra memoria. #MendozAntigua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #Efemérides #PrensaMendocina #Periodismo #HistoriaArgentina #1824 #FranciscoBorjaCorreas #Imprenta #MemoriaHistórica #OldMendoza #MendozaHistory #ArgentineHistory #HistoricPress #NewspaperHistory #PrintingHistory Fuente de origen: Andrea Carina Greco de Álvarez, Disparos de tinta. Periodismo en Cuyo y guerra civil en la Argentina, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, 2018, p. 104; la autora remite a Antonio Zinny, Efemeridografía argiroparquiótica, p. 229. Como fuente complementaria: Los Andes, “El periodismo, entre la pluma y la espada”. 


2 DE OCTUBRE – NACE CHACHO PEÑALOZA: EL CAUDILLO DE LOS LLANOS QUE DESAFIÓ AL PODER CENTRAL Y TERMINÓ ASESINADO EN OLTA


El 2 de octubre se recuerda el nacimiento de Ángel Vicente Peñaloza, el legendario “Chacho”, una de las figuras decisivas de las guerras civiles argentinas del siglo XIX y uno de los grandes referentes del federalismo del interior. Su nacimiento suele fecharse en 1798 en Guaja —también escrito Huaja—, en Los Llanos riojanos, aunque existe una discrepancia histórica que conviene señalar: el Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas y otras fuentes oficiales utilizan 1798, mientras que la Legislatura de La Rioja y Educ.ar registran 1796. Por eso, el 2 de octubre está firmemente asociado a su natalicio, pero el año exacto no es unánime en las fuentes.  Criado en el mundo rural de Los Llanos, recibió de niño el apodo de “Chacho”, relacionado con la palabra “muchacho”, y desde muy joven se incorporó a las milicias riojanas vinculadas a Juan Facundo Quiroga. Su trayectoria política fue mucho más compleja que una simple división entre unitarios y federales: después del asesinato de Quiroga en 1835 se enfrentó al gobierno de Juan Manuel de Rosas, participó en las luchas de la Coalición del Norte y, años más tarde, se vinculó con Justo José de Urquiza y la Confederación. Con el tiempo alcanzó el grado de general y se convirtió en una figura de enorme influencia en La Rioja y otras provincias del oeste argentino.  Su fuerza no dependía solamente de las armas. El historiador Ariel de la Fuente, en su estudio Children of Facundo, reconstruyó el profundo vínculo político, social y cultural existente entre los caudillos federales riojanos y los gauchos y pobladores rurales que los seguían. Peñaloza compartía formas de sociabilidad, costumbres y códigos con aquellos hombres, y su liderazgo sobrevivió durante décadas en canciones, relatos y tradiciones populares de Los Llanos. La investigación histórica moderna muestra así que las montoneras no fueron simplemente masas conducidas sin ideas propias: para muchos de sus integrantes, federalismo y unitarismo representaban identidades políticas claramente diferenciadas y experiencias concretas frente a la formación del nuevo Estado nacional.  Después de la batalla de Pavón de 1861 y del predominio político y militar alcanzado por Bartolomé Mitre, Peñaloza encabezó nuevas resistencias en el interior. El 30 de mayo de 1862 llegó incluso a firmarse el Tratado de La Banderita, un intento de poner fin a las hostilidades; la importancia del episodio fue reconocida oficialmente cuando el Congreso Nacional declaró Lugar Histórico Nacional las ruinas del sitio donde se celebró aquel acuerdo.Pero la paz duró poco. Durante 1863 el conflicto volvió a estallar y las fuerzas del Chacho fueron finalmente derrotadas. El 12 de noviembre, cerca de Olta, Peñaloza se entregó al comandante Ricardo Vera y quedó desarmado. Poco después llegó Pablo Irrazábal, quien lo mató de un lanzazo; posteriormente fue baleado, decapitado y su cabeza quedó expuesta en la plaza de Olta. Fuentes académicas y documentales coinciden en los elementos centrales de aquel desenlace, aunque algunos detalles transmitidos posteriormente —como las circunstancias exactas de quienes presenciaron la muerte— presentan versiones diferentes. Su muerte tampoco cerró la historia: abrió otra batalla, esta vez por su memoria. José Hernández publicó ese mismo año sus Rasgos biográficos del general D. Ángel Vicente Peñaloza, mientras Domingo Faustino Sarmiento construiría posteriormente su propia interpretación del caudillo. Desde entonces, el Chacho quedó situado en el centro de una discusión histórica sobre federalismo, poder provincial, construcción del Estado y participación política de los sectores rurales.  Más de siglo y medio después, su figura permanece ligada a Los Llanos riojanos: la casa natal de Huaja forma parte de la Ruta de los Caudillos y su rostro quedó preservado en obras como el retrato realizado por Ignacio Baz, conservado por el Museo Nacional de Bellas Artes. #ChachoPeñaloza #ÁngelVicentePeñaloza #LaRioja #LosLlanos #HistoriaArgentina #Caudillos #Federalismo #GuerrasCivilesArgentinas #HistoriaDelInterior #Efemérides #ArgentinaHistory #ChachoPenaloza #LaRiojaHistory #ArgentineHistory #Federalism #ArgentineCivilWars #HistoryOfArgentina #MendozAntigua Fuentes consultadas: Legislatura de la Provincia de La Rioja; Educ.ar; Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas y Archivo General de la Nación; Ley Nacional 24.888; Ariel de la Fuente, Duke University Press; UNIPE y documentación académica de la Universidad Nacional de Córdoba.

BUENOS AIRES, 1905: CUANDO LA FOTOGRAFÍA QUISO MOVERSE COMO EL CINE — JOSEFINA OLIVER Y EL RETRATO EN SECUENCIA QUE VENCIÓ AL TIEMPO


Buenos Aires, 1905. En una ciudad que ingresaba aceleradamente en la modernidad, una mujer de enorme curiosidad por la fotografía posaba junto a su pequeña sobrina ante la cámara del italiano Bernardino Pascale. La imagen que vemos no era un retrato convencional: pertenecía a la moda de los llamados “retratos seriados”, composiciones en las que una misma persona era fotografiada sucesivamente en distintas actitudes para construir una pequeña narración visual. La reproducción conservada en esta publicación muestra tres poses, aunque el trabajo original estaba compuesto por seis. Cada toma debía realizarse por separado y después reunirse mediante un delicado proceso de laboratorio sobre una sola tira apaisada de papel a la gelatina de plata, de aproximadamente 7 por 23 centímetros. El resultado producía una sorprendente sensación de movimiento, casi como una diminuta película inmóvil. El historiador de la fotografía Abel Alexander señala que estos retratos seriados alcanzaron especial popularidad en Buenos Aires durante los primeros años del siglo XX y que su desarrollo estuvo relacionado con la fascinación que despertaba el naciente cinematógrafo.La competencia entre fotógrafos era enorme. Las guías comerciales permiten dimensionar aquel universo: en 1907 se registraban 88 firmas fotográficas en Buenos Aires y para 1910 la cifra había aumentado a 105; más de medio centenar de las registradas en 1907 pertenecían a profesionales italianos. En aquella Corrientes todavía angosta trabajaban varios de los estudios más prestigiosos. Bernardino Pascale, pintor y fotógrafo nacido en Nápoles, ya dirigía hacia 1905 su establecimiento “Fotografía y Pintura” en Corrientes 1670/1676; más tarde también se destacaría su hermano Nicolás Pascale, y ambos hicieron de estas curiosas secuencias una de sus especialidades.  Pero la verdadera protagonista de esta historia es Josefina Oliver, nacida en Buenos Aires el 1 de marzo de 1875. La mujer del gran sombrero que aparece en la fotografía no fue solamente una clienta de los estudios porteños: desde 1897 practicaba fotografía por su cuenta y hacia 1899 ya realizaba autorretratos, escenas familiares, interiores y paisajes, revelando sus propias imágenes y coloreando muchas copias a mano. Llegó incluso a convertir su dormitorio en improvisado estudio fotográfico y desarrolló una llamativa experimentación con escenografías, disfraces, autorretratos e imágenes iluminadas con pinturas a la albúmina.  Su legado resulta todavía más extraordinario. El 1 de enero de 1892, cuando tenía apenas 16 años y estaba próxima a cumplir 17, comenzó a escribir los “Apuntes” que terminarían transformándose en un monumental diario personal. Continuó esa tarea hasta 1956: veinte tomos y 8.440 páginas en las que registró familia, amistades, comercios, modas, enfermedades, acontecimientos políticos, viajes, espectáculos y transformaciones de Buenos Aires. El archivo reunido y estudiado desde 2006 por su sobrina nieta Patricia Viaña reveló una obra mucho mayor de lo que se conocía originalmente: actualmente se contabilizan más de 2.700 fotografías, además de álbumes, postales, collages y numerosas imágenes coloreadas por la propia Josefina. Aquella mujer que en 1905 permaneció quieta varias veces frente al objetivo de Pascale estaba haciendo, sin imaginarlo, algo extraordinario: posaba para una tecnología que intentaba convertir unos segundos de su vida en una secuencia y, al mismo tiempo, ella misma estaba construyendo uno de los archivos privados más singulares de la historia fotográfica argentina. Más de un siglo después podemos observar su vestido oscuro, el enorme sombrero característico de la moda de comienzos del siglo XX, el caballo de juguete, el alto soporte donde se encuentra la niña y las diferentes posiciones cuidadosamente preparadas dentro del estudio. Tres instantes separados que, colocados uno junto al otro, parecen devolvernos el movimiento de una tarde porteña de 1905. La fotografía había dejado de limitarse a inmortalizar un rostro: comenzaba también a contar una historia. Fuente de la imagen original reproducida: Bernardino Pascale, “Fotografía y Pintura”, Buenos Aires; colección Patricia Viaña, . Fuentes históricas complementarias: Archivo Josefina Oliver, investigación de Patricia Viaña; Centro de Fotografía de Montevideo; Abel Alexander, Sociedad Iberoamericana de Historia de la Fotografía/Hilario; Junta Central de Estudios Históricos de la Ciudad de Buenos Aires.  m#BuenosAires #BuenosAires1905 #JosefinaOliver #BernardinoPascale #FotografiaAntigua #HistoriaDeLaFotografia #ArgentinaAntigua #MemoriaFotografica #BelleEpoque #RetratosAntiguos #HistoriaArgentina #ArchivoFotografico #OldBuenosAires #VintagePhotography #HistoricPhotography #ArgentinaHistory #EarlyPhotography #PhotographicHistory #BelleEpoque #WomenPhotographers

1 DE OCTUBRE DE 1987 – MURIÓ EUSEBIO GUÍÑEZ: EL MENDOCINO QUE DESAFIÓ AL MUNDO Y SE METIÓ ENTRE LOS CINCO GIGANTES DE LA MARATÓN OLÍMPICA


El 1 de octubre de 1987 se apagaba en Mendoza la vida de Eusebio Crispín Guíñez, uno de los grandes fondistas que dio el atletismo mendocino y protagonista de una de las páginas más memorables del deporte argentino. Había nacido en Rivadavia, Mendoza, el 16 de diciembre de 1906, por lo que al morir tenía 80 años —y no 81, como suele repetirse en algunas reseñas—.  Mucho antes de llegar a los Juegos Olímpicos ya había dejado su huella en las pistas sudamericanas: en 1933, en Montevideo, se consagró campeón sudamericano de los 10.000 metros con 33m08s, además de integrar una destacada generación argentina de corredores de fondo. Los registros históricos del atletismo sudamericano también documentan nuevas actuaciones internacionales de Guíñez durante las décadas de 1930 y 1940.  Pero su nombre alcanzaría dimensión olímpica el 7 de agosto de 1948, cuando salió a correr los 42,195 kilómetros de la maratón de los Juegos de Londres. Argentina presentó un formidable trío integrado por Delfo Cabrera, Eusebio Guíñez y Armando Sensini. Las crónicas de aquella jornada muestran a Guíñez tomando la punta durante el comienzo de la prueba y formando parte de una carrera que terminaría siendo histórica: Cabrera conquistó la medalla de oro con 2h34m51,6s, mientras que el mendocino llegó quinto en 2h36m36s, apenas 1 minuto y 44 segundos después del campeón olímpico. Sensini completó la extraordinaria actuación argentina en el noveno lugar.  Aquel quinto puesto convirtió a Guíñez en uno de los mejores maratonistas de los Juegos de Londres y quedó registrado como uno de los grandes resultados olímpicos del atletismo mendocino. Su historia resulta todavía más notable por su trayectoria previa: investigaciones sobre el deporte argentino señalan que meses antes de Londres había ganado una prueba selectiva de 30 kilómetros disputada sobre la avenida General Paz, delante de Cabrera y Sensini, confirmando que no viajó a Inglaterra como simple acompañante, sino como uno de los fondistas argentinos más fuertes del momento.  Las fotografías de aquella maratón lo inmortalizaron con el dorsal 234 y su característica gorra blanca, avanzando por los caminos londinenses en una carrera que quedó para siempre ligada al oro de Delfo Cabrera, pero también al enorme desempeño de aquel mendocino nacido en Rivadavia que terminó entre los cinco mejores maratonistas olímpicos del mundo. Casi cuatro décadas después de aquella hazaña, Eusebio Crispín Guíñez murió en Mendoza el 1 de octubre de 1987. Su nombre permanece unido a una generación de atletas que llevó al fondo argentino a uno de sus momentos de mayor prestigio internacional. Fuente de origen: Olympedia, ficha biográfica y resultados olímpicos de Eusebio Guiñez; Confederación Sudamericana de Atletismo, historial de Campeonatos Sudamericanos; Confederación Atlética, registros del Sudamericano de Montevideo 1933; archivo histórico de El Gráfico sobre la Maratón Olímpica de Londres 1948; Historia Política del Deporte Argentino, Víctor F. Lupo.  #EusebioGuiñez #Mendoza #Rivadavia #HistoriaDeMendoza #MendozAntigua #AtletismoArgentino #Maratón #Londres1948 #JuegosOlímpicos #HistoriaDelDeporte #ArgentinaOlímpica #RunningHistory #OlympicHistory #London1948 #Marathon #ArgentineAthletics #MendozaHistory

1 DE OCTUBRE DE 1976 – MENDOZA DESPEDÍA A BENITO MARIANETTI: EL ABOGADO Y ESCRITOR QUE HIZO DE CUYO, LA VIÑA Y LOS CONFLICTOS SOCIALES EL CENTRO DE SU OBRA


El 1 de octubre de 1976 moría en Mendoza, a los 73 años, Benito Marianetti, abogado, escritor, intelectual y dirigente político cuya extensa trayectoria quedó profundamente vinculada con la historia social, cultural y vitivinícola de la provincia. Había nacido el 15 de enero de 1903 en Luján de Cuyo, en una familia de agricultores inmigrantes italianos: sus padres fueron José Marianetti y Teresa Giovarruscio. Estudió en el Colegio Nacional de Mendoza y posteriormente viajó a Buenos Aires para cursar Derecho en la Universidad de Buenos Aires, donde se graduó como abogado en 1927. Su participación política había comenzado muy temprano: se incorporó al Partido Socialista en 1918, participó del movimiento estudiantil de la década de 1920 y, ya nuevamente en Mendoza, desarrolló una prolongada actividad pública. Fue legislador provincial en distintas etapas, intervino en convenciones constituyentes y participó en la creación del Partido Socialista Obrero; posteriormente se incorporó al Partido Comunista.  Pero Marianetti fue mucho más que un dirigente partidario. Su producción escrita abordó derecho, economía, historia, política, cuestiones laborales y, de manera especial, los grandes problemas de Cuyo. La Universidad Nacional de Cuyo destaca precisamente el lugar que Mendoza ocupa dentro de su pensamiento y de sus escritos. Entre sus obras aparecen La conquista del poder, La situación obrera en Mendoza, Problemas de Cuyo, La cuestión vitivinícola, El racimo y su aventura, Semblanzas y narraciones y La verde lejanía del recuerdo. El relevamiento biográfico del CeDInCI registra 25 libros y 20 folletos, además de centenares de colaboraciones periodísticas, mientras otras reconstrucciones amplían el recuento al considerar diferentes ediciones, artículos y publicaciones.  Una de las facetas más interesantes de Marianetti fue su atención a la vitivinicultura, que conocía también por sus raíces familiares y por la realidad productiva mendocina. En sus trabajos analizó la situación de productores y trabajadores, los problemas estructurales de la industria, la comercialización, la calidad de los vinos y el cooperativismo. El racimo y su aventura. La cuestión vitivinícola, publicado en 1965, continúa siendo citado en investigaciones académicas contemporáneas sobre la historia del vino argentino y la evolución de la vitivinicultura regional.  Su vida atravesó además décadas de fuertes enfrentamientos políticos. Fue detenido en diferentes momentos y, según la reconstrucción biográfica del CeDInCI, el 1 de enero de 1975 una rama mendocina de la organización parapolicial Triple A hizo estallar su casa de la ciudad de Mendoza. Después del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 continuó ejerciendo como abogado de presos políticos. Murió apenas seis meses después, el 1 de octubre, en Mendoza; la misma fuente registra como causa un edema pulmonar.  Su casa de calle Perú 1176 había sido también lugar de encuentro de escritores, artistas, abogados y dirigentes: testimonios familiares publicados años después recuerdan el paso por allí de figuras como Rafael Alberti, Miguel Ángel Asturias, Carlos Alonso, Armando Tejada Gómez, Atahualpa Yupanqui, Mercedes Sosa y Jorge Cafrune.  Hasta la música y la poesía dejaron rastros de aquella relación entre Marianetti y el mundo cultural: el registro biográfico del CeDInCI señala que Horacio Guarany le dedicó “Canto a Don Benito” y Nicolás Guillén escribió “Al señor de los cerezos en flor”.  Así terminaba, aquel 1 de octubre de 1976, una vida que había comenzado entre las viñas de Luján de Cuyo y que durante más de medio siglo quedó entrelazada con debates políticos, jurídicos, sociales y económicos de Mendoza. Sus libros siguen siendo fuentes utilizadas para estudiar la provincia, especialmente su mundo del trabajo y su industria vitivinícola. Fuente de origen de la efeméride: La Melesca, “Octubre”, que registra su fallecimiento en Mendoza el 1 de octubre de 1976, su nacimiento en Luján de Cuyo el 15 de enero de 1903 y su edad de 73 años. - Fuentes complementarias: Diccionario Biográfico de las Izquierdas Latinoamericanas – CeDInCI, entrada “Marianetti, Benito”; Biblioteca Digital de la Universidad Nacional de Cuyo, Patricia Chaves, “Benito Marianetti, autor mendocino”; Honorable Cámara de Senadores de Mendoza, Diario de Sesiones del 8 de agosto de 2017; investigaciones académicas sobre historia vitivinícola que utilizan sus obras como fuente.  #BenitoMarianetti #Mendoza #LujánDeCuyo #HistoriaDeMendoza #MendozAntigua #HistoriaArgentina #Vitivinicultura #HistoriaDelVino #CulturaMendocina #MemoriaHistórica #Abogacía #LiteraturaMendocina #ArgentineHistory #MendozaHistory #BenitoMarianetti #WineHistory #ArgentineWine #Cuyo #HistoricalMemory

1 DE OCTUBRE DE 1958 – NACE OCTAVIO JOAQUÍN: EL MENDOCINO QUE CONVIRTIÓ DESECHOS, NUDOS Y CICATRICES EN ARTE


El 1 de octubre de 1958 nació en Mendoza Octavio Alberto Joaquín Tapia, conocido artísticamente como Octavio Joaquín, una figura de extensa trayectoria dentro de las artes visuales mendocinas. Su primer contacto con el arte comenzó mucho antes de las aulas: siendo niño observaba fascinado a sus hermanos mayores pintar imágenes figurativas sobre una pared del patio familiar que sus padres habían destinado especialmente a aquellas experiencias creativas. Esa suerte de taller doméstico terminó convirtiéndose en una de las primeras semillas de una vida dedicada a experimentar con imágenes, objetos y materiales. La efeméride mendocina de La Melesca, basada en información de Revista Ophelia, registra su nacimiento precisamente el 1 de octubre de 1958 y recuerda aquel origen familiar de su vocación. A los 14 años comenzó sus estudios en la antigua Escuela Superior de Bellas Artes de Mendoza. Su formación quedó atravesada por uno de los períodos más convulsionados de la historia argentina: Los Andes señala que durante la década de 1970 fue expulsado de la institución por su militancia estudiantil. Lejos de terminar allí su recorrido, continuó construyendo una carrera que con el tiempo lo llevaría a exponer tanto en la Argentina como en el exterior. Sus dibujos llegaron a espacios y exposiciones de Egipto, Alemania, Colombia y hasta Art Basel en Miami, mientras su lenguaje artístico fue incorporando dibujo, pintura, escultura, instalaciones, textiles y materiales reciclados.  Octavio nunca quedó sujeto a un único soporte. Sábanas descartadas, papeles, fibras, telas, envoltorios y bolsas plásticas pueden convertirse en materia artística. Una de sus búsquedas más reconocibles cristalizó en la serie “Lo que mata embellece”, en la que anuda y entrelaza fibras plásticas recicladas hasta transformarlas en enormes estructuras textiles. La operación es estética, pero también plantea una reflexión ambiental: aquello destinado a convertirse en residuo y contaminación puede adquirir una nueva existencia mediante el arte. En 2025, la serie volvió a ocupar un lugar destacado con la exposición “Intersticios entre piel y plástico”, realizada junto con Juan Castillo, donde se presentaron sus esculturas textiles elaboradas mediante nudos y tramas de plástico reutilizado. Su producción forma parte de colecciones como las del Museo Municipal de Arte Moderno de Mendoza y el Museo Provincial de Bellas Artes Emiliano Guiñazú–Casa Fader. Ese reconocimiento institucional siguió creciendo: en 2025 el Museo Municipal de Arte Moderno incorporó a su patrimonio la “Obra N.º 3” de la serie “Lo que mata embellece, nudos”, realizada en 2024, sumándola a un dibujo del artista que ya integraba la colección.  Su trayectoria también atravesó uno de los momentos de renovación del arte mendocino de los años ochenta. Una investigación académica publicada por la Universidad Nacional de La Plata documenta su participación en Grupoto, colectivo integrado por artistas como Gladys Ariño, Carlos Soria, Gladys Tarifeño, Laura Santos, Luis Marmil, Martha Mom y Mecha Anzorena, que produjo colectivamente durante 1984 y 1985 y formó parte de nuevas experiencias del arte contemporáneo provincial.  A esa extensa producción se agregó otra dimensión singular: durante décadas Joaquín vinculó las artes visuales con la arteterapia. Entre 2000 y 2024 desarrolló actividades vinculadas con esta disciplina en la Escuela del Hospital Psiquiátrico Dr. Carlos Pereyra de Mendoza, además de participar en ámbitos educativos, sanitarios y universitarios.  Así, aquel niño que contemplaba una pared convertida en improvisado lienzo familiar terminó construyendo una obra donde nada parece definitivamente descartado: una sábana puede transformarse en memoria, un envoltorio en textura, una bolsa plástica en escultura y un simple nudo en lenguaje artístico. Octavio Joaquín convirtió la experimentación, la identidad mendocina y la reutilización de materiales en las herramientas de una trayectoria que ya supera cuatro décadas y ocupa un lugar propio dentro del arte contemporáneo de Mendoza. Fuente de origen: Revista Ophelia, reproducida en las Efemérides de La Melesca. Fuentes de verificación y ampliación: Diario Los Andes, “Octavio Joaquín: artista plástico” (6 de noviembre de 2016); Los Andes, “Intersticios entre piel y plástico” (27 de septiembre de 2025); Universidad Nacional de La Plata, revista Arte e Investigación N.º 13 (2017); Diario Uno, información sobre la incorporación de su obra a la colección del MMAMM; Enolife, biografía y trayectoria del artista.  #OctavioJoaquín #ArteMendocino #Mendoza #HistoriaDeMendoza #MendozAntigua #ArtesVisuales #ArteContemporáneo #CulturaMendocina #ArtistasMendocinos #ArteArgentino #MemoriaCultural #ArteReciclado #ContemporaryArt #ArgentineArt #MendozaArt #VisualArts #RecycledArt #ArtHistory #MendozaHistory #LatinAmericanArt

BUENOS AIRES TUVO SU PROPIA VENECIA: LAS GÓNDOLAS QUE SURCARON LOS LAGOS DE PALERMO Y UN MUNDO DE LUJO QUE DESAPARECIÓ


Parece una postal llegada desde Venecia, pero la escena ocurrió en pleno Buenos Aires. A comienzos del siglo XX, los lagos artificiales del Parque Tres de Febrero fueron escenario de una atracción que hoy resulta casi increíble: auténticos paseos en góndolas de inspiración veneciana, conducidas con largos remos y utilizadas por porteños que buscaban disfrutar de una experiencia elegante y exótica sin abandonar Palermo. La fotografía del recorte adjunto está atribuida al portugués António Passaporte, fotógrafo de Colecciones Loty, y aparece fechada aproximadamente hacia 1931; sin embargo, documentación sobre su trayectoria registra expresamente un viaje a Buenos Aires en marzo de 1930, por lo que resulta más prudente situar esta imagen hacia 1930. Passaporte, nacido en Évora en 1901, había sido contratado por Colecciones Loty para formar un gran archivo fotográfico destinado a postales, publicaciones y agencias, y recorrió España, Portugal, el norte de África y también la Argentina.  La historia de aquellas góndolas estaba íntimamente ligada al extraordinario Pabellón de los Lagos, una construcción de hierro y vidrio levantada a fines del siglo XIX junto al actual Lago del Rosedal, en el sector donde hoy se encuentra el Patio Andaluz. Diseñado por el arquitecto Rolando Le Vacher, combinaba elementos orientales, grandes superficies vidriadas y una arquitectura tan llamativa que se convirtió en uno de los centros sociales más singulares del Buenos Aires de la Belle Époque. Allí funcionaron restaurante, confitería, teatro de verano y cinematógrafo, mientras sobre el lago se ofrecían paseos en góndolas venecianas.Y no se trataba de una leyenda transmitida de generación en generación: la documentación de época confirma aquellas diversiones. Una investigación editada por el Instituto Nacional del Teatro reproduce la cartelera porteña de noviembre de 1908 y señala que el Pabellón de los Lagos anunciaba diariamente teatro de fantoches, cine, gramófono, calesitas, góndolas venecianas y otras atracciones, incluso con entrada libre. Era prácticamente un pequeño complejo de entretenimiento instalado en medio de los jardines de Palermo. Todo aquel escenario formaba parte del Parque Tres de Febrero, inaugurado el 11 de noviembre de 1875 y transformado durante las décadas siguientes en uno de los grandes paseos públicos de Buenos Aires. Sus lagos eran artificiales y todavía hoy sobreviven cuatro grandes espejos de agua: Regatas, Rosedal, Planetario y Victoria Ocampo.  Pero el espectacular Pabellón de los Lagos tuvo una existencia breve. En 1929 fue demolido para permitir la construcción del Patio Andaluz del Rosedal, inaugurado oficialmente el 13 de octubre de ese mismo año. Documentación del Gobierno de la Ciudad confirma que para emplazar aquella nueva obra fue necesario eliminar el antiguo pabellón, que para entonces ya se encontraba deteriorado. desapareció uno de los escenarios más extravagantes de la Buenos Aires de principios del siglo XX, aunque las fotografías conservaron algo que parece salido de un sueño: árboles reflejados sobre el agua, pasajeros elegantemente vestidos y una estilizada góndola avanzando lentamente por Palermo. Durante unas décadas, Buenos Aires también quiso parecerse a Venecia. Fuente de origen de la imagen: António Passaporte, Buenos Aires, hacia 1930; Colecciones Loty / Archivo Carlos Teixidor, según el crédito impreso en el recorte adjunto. Fuentes históricas complementarias: Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires; Instituto Nacional del Teatro, Antología de obras de teatro argentino, tomo VI; Instituto del Patrimonio Cultural de España / Ministerio de Cultura de España; Archivo General de la Nación citado en investigaciones sobre el Pabellón de los Lagos.  #BuenosAires #Palermo #BosquesDePalermo #LagosDePalermo #PabellónDeLosLagos #Góndolas #BuenosAiresAntigua #HistoriaArgentina #HistoriaDeBuenosAires #FotosAntiguas #MemoriaHistórica #BelleÉpoque #ArgentinaAntigua #OldBuenosAires #BuenosAiresHistory #HistoricBuenosAires #VintageArgentina #OldPhotos #PalermoBuenosAires #ArgentineHistory

1 DE OCTUBRE DE 1661 – UN TESTAMENTO DE HACE 365 AÑOS ABRE UNA VENTANA AL BUENOS AIRES COLONIAL: JERÓNIMA HURTADO DE MENDOZA Y UNA HISTORIA DE HERENCIAS, ESCLAVITUD Y LIBERTAD CONSERVADA EN EL AGN (IMAGEN ILUSTRATIVA)


1 de octubre de 1661 – Hace exactamente 365 años, en el todavía pequeño Buenos Aires colonial, doña Jerónima Hurtado de Mendoza dejaba asentada su voluntad ante escribano en un documento que logró atravesar más de tres siglos y medio de historia. Su testamento forma parte de las extraordinarias Escribanías Antiguas conservadas por el Archivo General de la Nación, una serie documental que reúne escrituras desde fines del siglo XVI y constituye una de las fuentes fundamentales para reconstruir la vida cotidiana, las familias, propiedades, deudas, herencias y relaciones sociales de la temprana ciudad porteña. Una investigación del historiador Miguel Ángel Rosal, investigador del CONICET y del Instituto Ravignani de la UBA, identifica expresamente el “Testamento y codicilo de doña Jerónima Hurtado de Mendoza” y fecha el primero el 1 de octubre de 1661, en el tomo 36, folio 35 de Escribanías Antiguas; el mismo trabajo registra un codicilo posterior del 20 de abril de 1665, conservado en el tomo 37, folio 657.  El dato del codicilo es especialmente importante: demuestra que aquel escrito de 1661 no fue el último documento conocido de Jerónima, sino una voluntad que años después todavía podía ser modificada o complementada. La documentación genealógica compilada por José María Pico la identifica además como natural de Salamanca, hija de Pedro Sánchez de Pedraza y Leonor Hurtado de Mendoza, viuda de Benito Gómez y madre, entre otros, de Pedro Hurtado de Mendoza y de Miguel Gómez Hurtado de Mendoza. En esa compilación aparece igualmente registrado su testamento del 1 de octubre de 1661, aunque con una foliación diferente.Esta diferencia de números no necesariamente significa que se trate de documentos distintos: Rosal advierte que las Escribanías Antiguas pueden presentar varias foliaciones y señala expresamente que para su investigación utilizó la numeración establecida durante la microfilmación; incluso explica que algunos documentos conservan hasta cinco foliaciones distintas.  Pero la huella documental de Jerónima guarda todavía otro episodio extraordinario. El 27 de mayo de 1663, menos de dos años después de aquel testamento, otorgó una carta de libertad a una mujer esclavizada llamada María, de más de treinta años. El documento establece un valor de 400 pesos y contiene una expresión reveladora sobre la relación entre ambas: Jerónima manifestó hacerlo por el afecto y el servicio que María le había prestado. Rosal localiza esa escritura en AGN, Escribanías Antiguas, tomo 36, folio 301, y su estudio también relaciona el testamento de 1661 y el codicilo de 1665 con referencias posteriores a la obtención de la libertad de una María vinculada a Manuel, perteneciente a la Compañía de Jesús. El episodio debe comprenderse dentro de una sociedad profundamente atravesada por la esclavitud: durante el siglo XVII Buenos Aires funcionó como puerto de ingreso y redistribución de africanos esclavizados hacia distintas regiones del Río de la Plata, Chile y el espacio altoperuano. Las Escribanías Antiguas registran compras y ventas de personas, obligaciones de pago, testamentos, dotes y cartas de libertad, permitiendo seguir aspectos de vidas que muchas veces quedaron casi invisibles en otros documentos oficiales.  Hacia mediados de aquel siglo Buenos Aires era todavía una pequeña ciudad concentrada alrededor de la actual Plaza de Mayo; un estudio citado por Rosal estima unos 5.000 habitantes para 1643, mientras la traza urbana avanzaba lentamente sobre la ribera del Río de la Plata.  Por eso este testamento es mucho más que una antigua escritura notarial. Es una diminuta puerta abierta hacia la sociedad porteña de hace 365 años: una mujer nacida en España y establecida en el Río de la Plata, sus descendientes, sus bienes y decisiones privadas, y también la realidad de hombres y mujeres sometidos a esclavitud que aparecen entre las líneas de documentos jurídicos escritos cuando Buenos Aires era apenas una aldea del Imperio español. Cada folio de estas Escribanías permite recuperar nombres, vínculos y acontecimientos concretos que de otro modo se habrían perdido para siempre. FUENTE DE ORIGEN: Archivo General de la Nación Argentina, Gobierno Colonial, Escribanías Antiguas, testamento de doña Jerónima Hurtado de Mendoza, tomo 36, folio 35, 1 de octubre de 1661; codicilo, tomo 37, folio 657, 20 de abril de 1665; carta de libertad, tomo 36, folio 301, 27 de mayo de 1663. Miguel Ángel Rosal, “Manumisiones de esclavos en Buenos Aires (1600-1670)”, Estudios Históricos, Año V, Nº 11, diciembre de 2013, CONICET–Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr. Emilio Ravignani”, UBA. José María Pico, “Testamentos y codicilos porteños de los siglos XVII y XVIII. 1643-1750”, Genealogía, Nº 22, Instituto Argentino de Ciencias Genealógicas, Buenos Aires, 1987.  #HistoriaArgentina #BuenosAiresColonial #1DeOctubre #ArchivoGeneralDeLaNación #AGN #SigloXVII #HistoriaColonial #DocumentosHistóricos #Testamentos #EscribaníasAntiguas #JerónimaHurtadoDeMendoza #MemoriaHistórica #Genealogía #Esclavitud #Manumisión #HistoriaRioplatense #ArgentinaHistory #ColonialBuenosAires #ColonialHistory #HistoricalDocuments #SeventeenthCentury #ArgentineHistory #SlaveryHistory #Manumission #Genealogy #Archives

CUANDO LA RIQUEZA TENÍA CUERNOS: HACENDADOS, VAQUERÍAS Y EL GANADO QUE FORJÓ EL PODER EN EL RÍO DE LA PLATA


Durante buena parte de la época colonial y los primeros años del siglo XIX, en el Río de la Plata la riqueza podía literalmente caminar sobre cuatro patas. En Buenos Aires, el Litoral y la Banda Oriental, la palabra “hacienda” adquirió una fuerte asociación con el ganado —especialmente el vacuno— y ser propietario de animales, marcas, derechos de captura o grandes rodeos podía representar un capital extraordinario. Pero aquel mundo era bastante más complejo que la imagen tradicional del gran estanciero dueño absoluto de enormes campos. Desde comienzos del siglo XVII existieron los llamados “accioneros” o poseedores de “acciones sobre el ganado”: vecinos reconocidos por las autoridades con derecho a organizar vaquerías, capturar ganado cimarrón y, en determinados casos, reunir animales para poblar o repoblar estancias. Es decir, durante una etapa temprana el derecho sobre el ganado y el dominio de la tierra podían ser cuestiones relacionadas, pero no necesariamente idénticas.  En aquellas llanuras inmensas, los descendientes del ganado introducido por los europeos encontraron condiciones extraordinarias para multiplicarse. Las vaquerías se internaban en la campaña para reunir o sacrificar animales, obteniendo sobre todo cueros, mientras que los rodeos domésticos fueron ganando importancia a medida que disminuían los grandes conjuntos de ganado cimarrón. Con el tiempo, aquella economía basada en animales dispersos y derechos de captura fue dando paso a explotaciones más estables. Las estancias se especializaron principalmente en ganadería, aunque la investigación histórica actual advierte algo fundamental: el campo bonaerense del siglo XVIII no fue un territorio exclusivamente ganadero ni estuvo compuesto únicamente por enormes latifundios. Existieron establecimientos de muy diferentes dimensiones, junto con chacras, quintas y unidades mixtas donde se criaban animales y también se cultivaban trigo, hortalizas, forrajes y frutales.  De allí nacieron términos que muchas veces aparecen mezclados en los documentos: estanciero, criador, ganadero y hacendado. No siempre significaban exactamente lo mismo ni definían una categoría social rígida; su utilización dependía del lugar y del momento histórico. Sin embargo, hacia comienzos del siglo XIX “hacendado” comenzó a quedar fuertemente asociado con los productores rurales de mayor patrimonio, capaces de reunir tierras, animales y capital. Esa riqueza contrastaba con la situación de numerosos labradores. Manuel Belgrano conocía perfectamente aquel desequilibrio. Ya en su Memoria del Consulado de 1796 había colocado a la agricultura en el centro de su programa económico y afirmaba que “todo depende y resulta del cultivo de las tierras”. Años después, desde el Correo de Comercio, iniciado en 1810, volvió sobre la situación de los agricultores, reclamó mejoras de caminos, puentes y riego, impulsó mejores métodos de cultivo y llegó a señalar la falta de acceso a la propiedad de la tierra como uno de los grandes problemas de los labradores.  La ganadería, mientras tanto, tenía una ventaja decisiva: podía desarrollarse sobre enormes superficies con una demanda de trabajo relativamente menor y generaba productos capaces de insertarse en circuitos comerciales que iban mucho más allá de Buenos Aires. La carne abastecía a las ciudades; los cueros encontraban compradores en el comercio atlántico; el sebo servía para fabricar velas y jabón y, con la expansión de los saladeros durante el siglo XIX, el tasajo se transformó también en un producto de exportación. La economía ganadera bonaerense terminó creciendo al ritmo de la apertura comercial, la ampliación de la frontera y la incorporación de nuevas tierras, proceso que también implicó el avance de las estancias sobre territorios ocupados por pueblos indígenas.  Por eso aquellas antiguas palabras guardan mucho más de lo que parece. “Hacienda” no era simplemente una finca; podía representar animales, capital, prestigio y poder. Una marca grabada sobre el cuero identificaba propiedad, una vaquería podía significar una pequeña fortuna y detrás de cada estancia coexistían patrones, mayordomos, peones, esclavizados, agregados, pequeños productores y familias rurales. Antes de que la Argentina fuese conocida mundialmente por sus carnes y sus pampas, allí ya se estaba formando una estructura económica y social que marcaría durante generaciones la historia del país. Las extraordinarias escenas dejadas por viajeros y artistas permiten imaginar aquel universo: Emeric Essex Vidal retrató hacia 1817-1820 el trabajo con el ganado y las estancias rioplatenses, mientras que César Hipólito Bacle inmortalizó en 1834 “La hierra”, una espectacular escena de marcación donde caballos, peones, reses y corrales condensan visualmente todo aquel mundo rural. F
uente: nota de Clarín/Viva. Actualización histórica se contrastó además con trabajos de Mundo Agrario–Universidad Nacional de La Plata; Magallánica, Revista de Historia Moderna de la Universidad Nacional de Mar del Plata; documentos oficiales sobre los escritos económicos de Manuel Belgrano publicados por Argentina.gob.ar; y materiales históricos de la Dirección General de Cultura y Educación de la Provincia de Buenos Aires.#HistoriaArgentina #HistoriaDelRíoDeLaPlata #Hacendados #Estancias #Ganadería #Vaquerías #BuenosAiresColonial #ManuelBelgrano #HistoriaRural #GanadoCriollo #ArgentineHistory #RiverPlateHistory #RanchingHistory #CattleHistory #ColonialHistory

1 DE OCTUBRE DE 1862 – CUANDO MENDOZA VOLVÍA A DIBUJARSE DESDE LAS RUINAS: EL DEPARTAMENTO TOPOGRÁFICO Y LA BATALLA POR LEVANTAR UNA NUEVA CIUDAD (IMAGEN ILUSTRATIVA)


Apenas un año y medio después del devastador terremoto del 20 de marzo de 1861, Mendoza seguía intentando reconstruirse material, institucional y territorialmente. En ese escenario aparece una pieza excepcional conservada en el Archivo General de la Provincia de Mendoza: un documento del Departamento Topográfico fechado el 1 de octubre de 1862, registrado en la Sección Independiente, Carpeta 34, Documento 48, foja 1. Su importancia puede comprenderse mucho mejor gracias a investigaciones académicas recientes. Lucía Cortez, al reconstruir la historia del Departamento Topográfico mendocino, utiliza expresamente esta pieza documental como respaldo para estudiar el regreso de José Galigniana a la conducción de aquella oficina técnica; la autora ubica su reincorporación como jefe en julio de 1862 y remite específicamente al documento del AGPM fechado el 1 de octubre.No era una repartición funcionando en condiciones normales. El terremoto había destruido su sede, afectado sus archivos e instrumentos y dejado al organismo prácticamente desarticulado. Durante los años siguientes el Departamento funcionó casi como una verdadera “oficina itinerante”: Galigniana concentraba buena parte de las tareas y debía desplazarse continuamente por la ciudad y la campaña para realizar mensuras, delineaciones, rectificaciones de calles, inspecciones y trabajos vinculados con las nuevas construcciones. La investigación documental muestra que José Galigniana permaneció al frente del Departamento entre 1862 y 1869 y que esa continuidad resultó fundamental para mantener activa una institución encargada, literalmente, de medir y ordenar una provincia que intentaba ponerse nuevamente de pie.  El contexto del 1 de octubre de 1862 era extraordinario. Apenas unos meses antes, el 21 de julio, la Legislatura había dispuesto que la futura capital se levantara en la zona de Las Tortugas, en sectores que hoy corresponden a Maipú y Godoy Cruz. Aquella solución, sin embargo, sería abandonada: el 12 de marzo de 1863 una nueva ley estableció finalmente la capital sobre la antigua Hacienda de San Nicolás, origen del núcleo de la actual Ciudad de Mendoza alrededor de la Plaza Independencia.  Y aquí aparece un dato todavía más fascinante: otras fojas del mismo Documento 48 permiten ver hasta qué punto el Departamento Topográfico estaba involucrado en la discusión sobre cómo debía renacer Mendoza. Una investigación publicada en Res Gesta señala que en octubre de 1862 el gobernador Franklin Villanueva escribió al jefe del Departamento acerca de criterios para la nueva ciudad y mencionó un croquis elaborado por el coronel Gerónimo Espejo, cuyo trazado buscaba ventajas de salubridad mediante la orientación de las calles. La autora interpreta estas disposiciones como parte del esfuerzo por establecer normas constructivas y preventivas después de la catástrofe de 1861; la referencia documental para ese pasaje es precisamente el Documento 48, foja 2. Es decir que detrás de aquellas hojas amarillentas no había solamente trámites burocráticos: estaba comenzando a definirse una nueva manera de pensar Mendoza. Agrimensores, planos, croquis, mensuras, calles, propiedades, acequias y criterios de salubridad formaban parte de una gigantesca operación destinada a ordenar el territorio después de que el terremoto hubiera borrado buena parte de la antigua ciudad. En 1863 ese proceso desembocaría en el trazado de la nueva capital sobre San Nicolás, asociado al proyecto impulsado por Eusebio Blanco y materializado por el agrimensor Julio Balloffet, con una gran plaza central y cuatro plazas secundarias, configuración que todavía constituye uno de los rasgos urbanos más reconocibles de Mendoza.  A 164 años de aquel documento, la Carpeta 34 del Archivo General de la Provincia conserva algo mucho más poderoso que una simple comunicación administrativa: conserva las huellas del momento en que Mendoza, todavía cubierta de escombros, empezó a medirse, ordenarse y dibujarse nuevamente sobre el papel antes de volver a levantarse sobre la tierra. Fuente de origen: Archivo General de la Provincia de Mendoza (AGPM), Sección/Época Independiente, Departamento Topográfico, Carpeta 34, Documento 48, foja 1, 1 de octubre de 1862; Documento 48, foja 2. Bibliografía de apoyo: Lucía Cortez, “Entre la personalización y la institucionalización. Una reflexión sobre el Departamento Topográfico mendocino a partir de las trayectorias de sus miembros (1853-1887)”, en El Estado y sus burocracias, 2023; Lucía Cortez, estudios publicados en Res Gesta sobre el Departamento Topográfico mendocino; investigaciones de la Universidad Nacional de Cuyo sobre la reconstrucción urbana posterior al terremoto de 1861.  #Mendoza #MendozAntigua #HistoriaDeMendoza #MendozaAntigua #TerremotoDe1861 #DepartamentoTopografico #ArchivoGeneralDeMendoza #AGPM #JoseGaligniana #GeronimoEspejo #HistoriaArgentina #CiudadDeMendoza #Urbanismo #Agrimensura #PatrimonioHistorico #ArchivosHistoricos #MendozaHistory #OldMendoza #HistoricMendoza #ArgentineHistory #UrbanHistory #HistoricalArchives #Cartography #SurveyingHistory

1962 – LE CARAVELLE: EL CAFÉ PORTEÑO QUE CASI NAUFRAGÓ, FUE SALVADO POR UN CLIENTE Y CONVIRTIÓ UN CAPUCHINO EN LEYENDA


En el corazón del Microcentro porteño, cuando la calle Lavalle todavía brillaba con las marquesinas de sus cines, las funciones continuadas, los restaurantes y una multitud que recorría el centro hasta entrada la noche, abrió sus puertas en 1962 un pequeño café de espíritu profundamente italiano que terminaría convirtiéndose en una auténtica cápsula del tiempo: Le Caravelle. El histórico local continúa en Lavalle 726, a metros de Maipú, y su origen está ligado a inmigrantes italianos de apellido Rocca. La fecha exacta de inauguración dentro de aquel año no quedó establecida con certeza, pero tanto la documentación periodística como el sitio oficial de Turismo de Buenos Aires coinciden en 1962 como el año de apertura.  Su nombre significa “Las Carabelas” y esa identidad quedó grabada desde el comienzo en sus tazas y en la marquesina, donde tres pequeños navíos recuerdan la inspiración italiana de sus fundadores y la travesía atlántica de tantos inmigrantes. Adentro sobrevivió una costumbre que durante décadas formó parte del ritmo cotidiano del centro: tomar el café de pie, apoyado en la barra, casi sin detener la marcha de la ciudad. El local histórico posee dos barras; una vinculada tradicionalmente con el bar y la sandwichería y otra dedicada especialmente al café. Fotografías de Roma, referencias a Piazza Navona, la Fontana di Trevi y Piazza di Spagna reforzaron durante años esa pequeña atmósfera italiana escondida en pleno Buenos Aires. Por allí pasaron oficinistas, abogados, escribanos, arquitectos, escritores, artistas, deportistas, integrantes de la colectividad italiana y generaciones enteras de habitués. Hubo una época en que, según recordó Ángel Soria, histórico trabajador del lugar, podían despacharse entre 3.000 y 4.000 cafés en una sola jornada: eran los años en que el Microcentro hervía de actividad y Lavalle era una de las grandes arterias del entretenimiento porteño.  Pero Le Caravelle terminaría haciéndose especialmente famoso por otro ritual: su cappuccino alla italiana, servido con una extraordinaria corona de espuma de leche que puede elevarse unos tres centímetros por encima de la taza, espolvoreada con cacao y canela. La técnica exige leche fría y una temperatura controlada para conseguir una espuma tan consistente que conserve la forma durante varios minutos. En 2022, Clarín registraba que se preparaban entre 60 y 80 de esos capuchinos por día, cuando anteriormente apenas se pedían tres o cuatro. Las redes sociales transformaron aquella preparación tradicional en una nueva atracción y comenzaron a llevar hasta la barra visitantes argentinos y extranjeros.  Sin embargo, la historia estuvo muy cerca de terminar abruptamente. El 30 de diciembre de 2016 el histórico café cerró sus puertas y apareció el temido cartel de alquiler. Parecía el final de otro símbolo de una calle Lavalle profundamente transformada por la desaparición de numerosos cines y por los cambios del Microcentro. Entonces ocurrió algo extraordinario: Javier Da Cruz, que hasta ese momento era cliente habitual, decidió tomar la posta. Reabrió Le Caravelle el 7 de marzo de 2017 y mantuvo a trabajadores históricos como Ángel Soria y Agustín Villafañe. Así, un habitué terminó convirtiéndose en el responsable de rescatar el café al que durante años había ido como cliente. El renacimiento coincidió además con una inesperada segunda vida en las redes sociales: fotografías y publicaciones del famoso capuchino llevaron nuevas generaciones hasta aquella vieja barra de fórmica. Le Caravelle recibió también una placa de la Legislatura porteña alusiva a su cappuccino alla italiana y se consolidó dentro del circuito de Bares Notables de Buenos Aires. Y la historia continúa: en 2026, sesenta y cuatro años después de su apertura, la casa histórica de Lavalle 726 permanece activa y sigue siendo difundida por el sitio oficial de Turismo de la Ciudad como uno de los cafés tradicionales porteños.  Entre el ruido del centro moderno, los comercios que cambiaron de nombre y una calle donde desaparecieron casi todas aquellas marquesinas cinematográficas, Le Caravelle sigue defendiendo un pequeño ritual nacido en otra Buenos Aires: entrar, acercarse a la barra, pedir un café y beberlo de pie. Un local de apenas unos metros, tres carabelas como emblema y una historia que estuvo a punto de hundirse para siempre, hasta que uno de sus propios clientes decidió volver a ponerla a flote. Fuente de origen: Clarín, sección Ciudades, Karina Niebla, “Los 60 años de Le Caravelle, el ‘café de parado’ que atrae nuevos clientes con su ritual del capuchino”, edición impresa del jueves 17 de noviembre de 2022, pág. 31, imagen adjunta; Sitio Oficial de Turismo de la Ciudad de Buenos Aires, ficha “Confitería Le Caravelle”; La Nación, 30 de julio de 2020; actualización de vigencia consultada en fuentes de 2026.  #LeCaravelle #BuenosAires #Microcentro #CalleLavalle #BaresNotables #CafésDeBuenosAires #HistoriaPorteña #BuenosAiresAntigua #CaféConHistoria #Capuccino #InmigraciónItaliana #PatrimonioPorteño #Argentina #HistoricCafes #BuenosAiresHistory #CoffeeHistory #ItalianCoffee #HistoricBuenosAires #CafeCulture #ArgentinaHistory

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