miércoles, 29 de julio de 2020

29 DE JULIO DE 1945: EL INFIERNO DEL USS INDIANAPOLIS — ENTREGÓ EL CORAZÓN DE LA BOMBA ATÓMICA Y DESAPARECIÓ ENTRE TORPEDOS, SED Y TIBURONES


En los últimos minutos del día 29 y  primeros minutos del 30 de julio de 1945, cuando la Segunda Guerra Mundial se acercaba a su desenlace, el mar de Filipinas se convirtió en escenario de una de las tragedias más estremecedoras de la historia naval estadounidense. El protagonista fue el USS Indianapolis, un crucero pesado de la clase Portland construido por la New York Shipbuilding Corporation en Camden, Nueva Jersey, botado en 1931 y veterano de numerosas operaciones en el Pacífico. Meses antes había sido alcanzado por un avión kamikaze durante la campaña de Okinawa y, luego de ser reparado en Mare Island, recibió una misión tan secreta que la mayoría de sus tripulantes ignoraba qué transportaba. El 16 de julio partió de California rumbo a la isla de Tinian llevando piezas fundamentales y material de uranio enriquecido destinado a Little Boy, la bomba atómica que sería lanzada sobre Hiroshima el 6 de agosto. Tras cruzar el Pacífico a gran velocidad, entregó su carga el 26 de julio y continuó hacia Guam; desde allí zarpó rumbo a Leyte, en Filipinas, sin escolta y sin haber recibido información completa sobre la presencia de submarinos enemigos en su ruta. Poco después de la medianoche, el submarino japonés I-58, comandado por Mochitsura Hashimoto, detectó su silueta y lanzó una salva de torpedos. Dos impactos destrozaron el costado de estribor, provocaron incendios y dejaron al buque herido de muerte. El Indianapolis desapareció bajo las aguas en aproximadamente doce minutos, con tan poca rapidez para organizar la evacuación que muchos botes y equipos de supervivencia no pudieron ser utilizados. De los casi 1.200 marinos y soldados que viajaban a bordo, alrededor de 300 se hundieron con el barco y cerca de 900 quedaron dispersos en el océano, muchos apenas sostenidos por chalecos salvavidas, redes flotantes o restos del crucero. La destrucción de los sistemas de comunicación, sumada a graves errores en los procedimientos para informar que el buque no había llegado a destino, hizo que nadie iniciara inmediatamente una búsqueda. Durante más de cuatro días, los supervivientes soportaron heridas abiertas, quemaduras, hambre, un sol abrasador, noches heladas, sed extrema y el progresivo deterioro de unos salvavidas que perdían flotabilidad. Algunos, desesperados, bebieron agua de mar y comenzaron a sufrir delirios, convulsiones y alucinaciones; hubo hombres que se alejaron de los grupos, atacaron a sus compañeros o se sumergieron convencidos de que encontrarían agua potable debajo de la superficie. A ese infierno se sumaron los tiburones oceánicos de puntas blancas y otras especies atraídas por la sangre, los cuerpos y el movimiento de los náufragos. Atacaron tanto a muertos como a hombres debilitados, aunque el número exacto de personas devoradas nunca pudo establecerse y fue muy inferior a las cifras legendarias difundidas durante décadas. Los supervivientes intentaban permanecer unidos, golpeaban el agua cuando aparecían las aletas y se turnaban para descansar sobre los pocos restos flotantes disponibles. Finalmente, el 2 de agosto, el piloto Wilbur Gwinn observó casualmente una mancha de petróleo y numerosos hombres en el agua durante un vuelo de patrulla. La alarma movilizó un hidroavión PBY Catalina, cuyo comandante Adrian Marks decidió amerizar pese al riesgo para recoger náufragos, y a varios buques, entre ellos el USS Cecil J. Doyle. Cuando terminó el rescate, solamente 316 hombres seguían vivos. Entre ellos estaba el capitán Charles Butler McVay III, quien meses después fue sometido a consejo de guerra y condenado por haber puesto en peligro el barco al suspender la navegación en zigzag, pese a que Hashimoto declaró que aquella maniobra probablemente no habría evitado el ataque. McVay continuó en servicio y se retiró en 1949 con el grado de contralmirante, pero cargó durante años con la tragedia y murió por suicidio en 1968. Después de una prolongada campaña impulsada por supervivientes, historiadores y familiares, el Congreso estadounidense declaró en 2000 que su condena había constituido una injusticia, y en 2001 la Marina incorporó formalmente esa exoneración a su expediente. El USS Indianapolis había completado una de las misiones más secretas y trascendentales de la guerra, pero su tripulación terminó abandonada en medio del océano por una combinación devastadora de torpedos, comunicaciones destruidas y fallas administrativas. Su historia no es solamente la de un barco hundido: es el relato de casi novecientos hombres enfrentados durante días a la inmensidad del mar, mientras el mundo desconocía que seguían vivos y luchaban por regresar. #USSIndianapolis #SegundaGuerraMundial #HistoriaNaval #GuerraDelPacífico #ProyectoManhattan #LittleBoy #Hiroshima #Tiburones #Náufragos #HistoriaMilitar #Efemérides #UnDíaComoHoy #MendozAntigua #WorldWarII #WWIIHistory #USSIndianapolisCA35 #NavalHistory #PacificWar #ManhattanProject #SurvivalAtSea #MilitaryHistory #OnThisDay #HistoryFacts

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