El 29 de julio de 1973 murió en Madrid Henri Charrière, el exconvicto francés que alcanzó fama mundial bajo el nombre de “Papillon”. Tenía 66 años y padecía cáncer de garganta. Su vida había recorrido un camino casi imposible: pasó de los bajos fondos parisinos y las colonias penitenciarias de la Guayana Francesa a convertirse en escritor superventas, celebridad internacional y símbolo universal de la lucha por la libertad. Sin embargo, detrás de aquella historia extraordinaria quedó una pregunta que continúa abierta: ¿cuánto había vivido realmente Charrière y cuánto pertenecía a las experiencias de otros presidiarios o a la fuerza irresistible de la literatura? Henri Charrière había nacido el 16 de noviembre de 1906 en Saint-Étienne-de-Lugdarès, una pequeña localidad de la región francesa de Ardèche. Perdió a su madre durante la infancia y, con 17 años, ingresó en la Marina francesa, donde permaneció aproximadamente dos años. Más tarde se instaló en París y comenzó a frecuentar los ambientes marginales de Pigalle y Montmartre. Su apodo procedía de una mariposa tatuada en el pecho: papillon significa precisamente “mariposa” en francés. No existe respaldo sólido para la versión según la cual se hizo aquel tatuaje para ocultar su número de presidiario. En 1931 fue declarado culpable del asesinato de un proxeneta parisino, crimen que siempre negó, y condenado a trabajos forzados perpetuos. Dos años después fue enviado al sistema penal de la Guayana Francesa, conocido como el bagne, una gigantesca maquinaria de castigo formada por cárceles, campamentos y establecimientos insulares donde la enfermedad, el aislamiento, el hambre y la violencia reducían drásticamente las posibilidades de regresar con vida. Charrière transformaría aquellos años en una sucesión vertiginosa de intentos de fuga, capturas, calabozos y travesías por el Caribe. Según el relato publicado décadas más tarde en Papillon, escapó junto con otros prisioneros, navegó por territorios costeros, convivió con comunidades indígenas, sufrió largos períodos de aislamiento y protagonizó una fuga espectacular flotando sobre sacos llenos de cocos. En sus páginas, la Isla del Diablo aparece como la última fortaleza que debía vencer: una cárcel rodeada por corrientes peligrosas, considerada prácticamente inexpugnable. Aquellas escenas convirtieron al antiguo preso en un personaje épico, impulsado por dos obsesiones: huir y demostrar que había sido condenado injustamente. La documentación examinada posteriormente, sin embargo, obliga a distinguir entre el hombre histórico y el héroe literario. Investigadores y periodistas comprobaron que varios episodios no coincidían con los registros penitenciarios y que algunas aventuras se parecían notablemente a las vividas por otros condenados. Los archivos difundidos sobre la Isla del Diablo ni siquiera registran a Charrière como prisionero de ese establecimiento. Actualmente, numerosos especialistas consideran Papillon una autobiografía profundamente novelada: un relato construido con experiencias propias, recuerdos alterados, historias escuchadas en prisión y hazañas pertenecientes a otros hombres del bagne. Esto no significa que Charrière hubiera inventado completamente su sufrimiento. Fue condenado, trasladado a la Guayana Francesa y permaneció durante años dentro de uno de los sistemas penitenciarios más despiadados de su tiempo. Finalmente logró abandonar aquel mundo y terminó estableciéndose en Venezuela, donde emprendió una nueva existencia. Allí trabajó en distintos negocios y comenzó a reconstruirse lejos de Francia, convirtiendo la libertad recuperada en su mayor victoria personal. Su segunda obra, Banco, publicada en 1972, continuó la historia relatando sus aventuras posteriores y su vida venezolana. En 1969 apareció Papillon y el éxito fue inmediato. En apenas unos meses vendió alrededor de 800.000 ejemplares en Francia, despertó debates políticos y literarios, fue adquirido para traducciones internacionales y llamó la atención de Hollywood. Charrière ya no era solamente un antiguo convicto: se había transformado en el protagonista de uno de los fenómenos editoriales más extraordinarios de su época. Su relato hablaba de algo que superaba los límites de una cárcel concreta: la negativa del ser humano a aceptar que otro hombre pudiera arrebatarle para siempre la libertad. La adaptación cinematográfica fue dirigida por Franklin J. Schaffner y protagonizada por Steve McQueen como Papillon y Dustin Hoffman como Louis Dega. Pero existe un detalle tan trágico como poco recordado: Charrière murió antes de que la película llegara oficialmente a los cines estadounidenses en diciembre de 1973. No alcanzó a presenciar el fenómeno mundial que convertiría su rostro literario en el rostro cinematográfico de McQueen. La producción terminó siendo un enorme éxito comercial y una de las películas carcelarias más recordadas del siglo XX. Henri Charrière murió convertido en una celebridad, pero dejó tras de sí un personaje mucho más grande que su propia biografía. Tal vez no realizó todas las fugas que describió; quizá tomó prestadas tragedias y proezas escuchadas entre los muros del presidio. Pero consiguió reunir en un solo hombre la memoria colectiva de miles de condenados que padecieron el bagne francés. Papillon fue preso, fugitivo, narrador y fabricante de su propio mito: una mariposa nacida entre barrotes que continúa volando en la frontera incierta entre la historia y la leyenda. #HenriCharrière #Papillon #HistoriaDeFrancia #IslaDelDiablo #GuayanaFrancesa #HistoriasDePrisión #FugasLegendarias #LiteraturaFrancesa #GrandesAventuras #SteveMcQueen #DustinHoffman #CineClásico #HistoriaYLeyenda #Efemérides #Libertad #FrenchHistory #DevilsIsland #PrisonHistory #EscapeStory #LiteraryHistory #ClassicCinema #HistoricalMystery #Freedom #TrueStoryOrFiction
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miércoles, 29 de julio de 2020
29 DE JULIO DE 1973: MURIÓ “PAPILLON” — EL PRESO QUE CONVIRTIÓ EL INFIERNO DEL BAGNE EN UNA LEYENDA ENTRE LA FUGA, LA LIBERTAD Y EL MITO
El 29 de julio de 1973 murió en Madrid Henri Charrière, el exconvicto francés que alcanzó fama mundial bajo el nombre de “Papillon”. Tenía 66 años y padecía cáncer de garganta. Su vida había recorrido un camino casi imposible: pasó de los bajos fondos parisinos y las colonias penitenciarias de la Guayana Francesa a convertirse en escritor superventas, celebridad internacional y símbolo universal de la lucha por la libertad. Sin embargo, detrás de aquella historia extraordinaria quedó una pregunta que continúa abierta: ¿cuánto había vivido realmente Charrière y cuánto pertenecía a las experiencias de otros presidiarios o a la fuerza irresistible de la literatura? Henri Charrière había nacido el 16 de noviembre de 1906 en Saint-Étienne-de-Lugdarès, una pequeña localidad de la región francesa de Ardèche. Perdió a su madre durante la infancia y, con 17 años, ingresó en la Marina francesa, donde permaneció aproximadamente dos años. Más tarde se instaló en París y comenzó a frecuentar los ambientes marginales de Pigalle y Montmartre. Su apodo procedía de una mariposa tatuada en el pecho: papillon significa precisamente “mariposa” en francés. No existe respaldo sólido para la versión según la cual se hizo aquel tatuaje para ocultar su número de presidiario. En 1931 fue declarado culpable del asesinato de un proxeneta parisino, crimen que siempre negó, y condenado a trabajos forzados perpetuos. Dos años después fue enviado al sistema penal de la Guayana Francesa, conocido como el bagne, una gigantesca maquinaria de castigo formada por cárceles, campamentos y establecimientos insulares donde la enfermedad, el aislamiento, el hambre y la violencia reducían drásticamente las posibilidades de regresar con vida. Charrière transformaría aquellos años en una sucesión vertiginosa de intentos de fuga, capturas, calabozos y travesías por el Caribe. Según el relato publicado décadas más tarde en Papillon, escapó junto con otros prisioneros, navegó por territorios costeros, convivió con comunidades indígenas, sufrió largos períodos de aislamiento y protagonizó una fuga espectacular flotando sobre sacos llenos de cocos. En sus páginas, la Isla del Diablo aparece como la última fortaleza que debía vencer: una cárcel rodeada por corrientes peligrosas, considerada prácticamente inexpugnable. Aquellas escenas convirtieron al antiguo preso en un personaje épico, impulsado por dos obsesiones: huir y demostrar que había sido condenado injustamente. La documentación examinada posteriormente, sin embargo, obliga a distinguir entre el hombre histórico y el héroe literario. Investigadores y periodistas comprobaron que varios episodios no coincidían con los registros penitenciarios y que algunas aventuras se parecían notablemente a las vividas por otros condenados. Los archivos difundidos sobre la Isla del Diablo ni siquiera registran a Charrière como prisionero de ese establecimiento. Actualmente, numerosos especialistas consideran Papillon una autobiografía profundamente novelada: un relato construido con experiencias propias, recuerdos alterados, historias escuchadas en prisión y hazañas pertenecientes a otros hombres del bagne. Esto no significa que Charrière hubiera inventado completamente su sufrimiento. Fue condenado, trasladado a la Guayana Francesa y permaneció durante años dentro de uno de los sistemas penitenciarios más despiadados de su tiempo. Finalmente logró abandonar aquel mundo y terminó estableciéndose en Venezuela, donde emprendió una nueva existencia. Allí trabajó en distintos negocios y comenzó a reconstruirse lejos de Francia, convirtiendo la libertad recuperada en su mayor victoria personal. Su segunda obra, Banco, publicada en 1972, continuó la historia relatando sus aventuras posteriores y su vida venezolana. En 1969 apareció Papillon y el éxito fue inmediato. En apenas unos meses vendió alrededor de 800.000 ejemplares en Francia, despertó debates políticos y literarios, fue adquirido para traducciones internacionales y llamó la atención de Hollywood. Charrière ya no era solamente un antiguo convicto: se había transformado en el protagonista de uno de los fenómenos editoriales más extraordinarios de su época. Su relato hablaba de algo que superaba los límites de una cárcel concreta: la negativa del ser humano a aceptar que otro hombre pudiera arrebatarle para siempre la libertad. La adaptación cinematográfica fue dirigida por Franklin J. Schaffner y protagonizada por Steve McQueen como Papillon y Dustin Hoffman como Louis Dega. Pero existe un detalle tan trágico como poco recordado: Charrière murió antes de que la película llegara oficialmente a los cines estadounidenses en diciembre de 1973. No alcanzó a presenciar el fenómeno mundial que convertiría su rostro literario en el rostro cinematográfico de McQueen. La producción terminó siendo un enorme éxito comercial y una de las películas carcelarias más recordadas del siglo XX. Henri Charrière murió convertido en una celebridad, pero dejó tras de sí un personaje mucho más grande que su propia biografía. Tal vez no realizó todas las fugas que describió; quizá tomó prestadas tragedias y proezas escuchadas entre los muros del presidio. Pero consiguió reunir en un solo hombre la memoria colectiva de miles de condenados que padecieron el bagne francés. Papillon fue preso, fugitivo, narrador y fabricante de su propio mito: una mariposa nacida entre barrotes que continúa volando en la frontera incierta entre la historia y la leyenda. #HenriCharrière #Papillon #HistoriaDeFrancia #IslaDelDiablo #GuayanaFrancesa #HistoriasDePrisión #FugasLegendarias #LiteraturaFrancesa #GrandesAventuras #SteveMcQueen #DustinHoffman #CineClásico #HistoriaYLeyenda #Efemérides #Libertad #FrenchHistory #DevilsIsland #PrisonHistory #EscapeStory #LiteraryHistory #ClassicCinema #HistoricalMystery #Freedom #TrueStoryOrFiction
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