El 26 de julio de 1928 nacía en Nueva York Stanley Kubrick, un director que necesitó apenas trece largometrajes para construir una de las obras más influyentes, discutidas y admiradas de la historia del cine. Antes de ponerse detrás de una cámara cinematográfica había aprendido a observar el mundo como fotógrafo de la revista Look: allí desarrolló su obsesión por el encuadre, la luz, los gestos humanos y esos pequeños detalles que más tarde convertiría en imágenes imposibles de olvidar. Desde su primer largometraje, Fear and Desire, hasta la póstuma Eyes Wide Shut, trabajó durante casi medio siglo investigando cada proyecto, interviniendo en los guiones y controlando minuciosamente la fotografía, el montaje, el diseño, las actuaciones y hasta la promoción de sus películas. Kubrick no se limitó a contar historias: entraba en cada género para desmontarlo y reconstruirlo según sus propias reglas. Con Paths of Glory denunció la maquinaria absurda de la guerra; con Dr. Strangelove transformó la amenaza nuclear en una comedia feroz; con Barry Lyndon reprodujo la atmósfera pictórica del siglo XVIII mediante interiores iluminados con velas; y con Eyes Wide Shut convirtió una crisis matrimonial en un inquietante recorrido por el deseo, los celos, el poder y la identidad. Sus películas podían ser bélicas, históricas, satíricas, eróticas, futuristas o terroríficas, pero casi todas regresaban a una misma pregunta: ¿qué ocurre cuando el ser humano queda atrapado dentro de los sistemas que él mismo ha creado? La música era otro personaje dentro de su universo. Después de 2001: A Space Odyssey, resulta difícil escuchar Así habló Zaratustra o El Danubio azul sin imaginar planetas, estaciones orbitales y naves desplazándose por el vacío. Beethoven quedó unido para siempre a Alex y su perturbadora fascinación por la belleza en A Clockwork Orange, mientras que “Surfin’ Bird”, interpretada por The Trashmen, acompaña en Full Metal Jacket el avance de los soldados por un paisaje devastado. Kubrick comprendía que una melodía colocada en el instante preciso podía ampliar el significado de una escena y crear una asociación visual imborrable. Estrenada en 1968 y desarrollada junto con Arthur C. Clarke, 2001: A Space Odyssey elevó la ciencia ficción cinematográfica hacia territorios filosóficos y visuales hasta entonces poco explorados. La evolución humana, el misterio del universo, la relación entre el hombre y la tecnología y la inquietante inteligencia de HAL 9000 se combinaron en una obra de escasos diálogos, efectos revolucionarios y una precisión estética que todavía conserva su poder. La película obtuvo el Óscar a los mejores efectos visuales y fue incorporada al Registro Nacional de Cine de Estados Unidos por su relevancia cultural, histórica y estética. Tres años después llegó A Clockwork Orange, adaptación de la novela de Anthony Burgess. Violenta, provocadora, satírica y visualmente hipnótica, la película convirtió a Malcolm McDowell en el inolvidable Alex y enfrentó al espectador con un dilema incómodo: si el Estado elimina la capacidad de elegir el mal, ¿también destruye la libertad humana? En 1980, The Shining, inspirada en la novela de Stephen King, transformó el gigantesco Hotel Overlook en un laberinto psicológico. Los movimientos flotantes de la Steadicam, la creciente desintegración de Jack Torrance y la actuación desbordante de Jack Nicholson ayudaron a establecer una nueva manera de representar el terror, basada tanto en el espacio y la sugestión como en la violencia. En Full Metal Jacket, adaptación de The Short-Timers, de Gustav Hasford, Kubrick dividió la experiencia bélica en dos infiernos complementarios: primero, la deshumanización de los reclutas durante el entrenamiento de los marines; después, el caos moral del combate en Vietnam. El sargento Hartman, interpretado por R. Lee Ermey, se transformó en uno de los instructores militares más imitados del cine, mientras la segunda mitad mostró una guerra sin héroes impecables, habitada por jóvenes aterrados que intentaban sobrevivir dentro de una maquinaria capaz de convertir personas en instrumentos de destrucción. Kubrick también dejó proyectos que nunca llegó a concretar. Durante años preparó Aryan Papers, inspirado en la novela Wartime Lies, de Louis Begley, pero terminó archivándolo en la década de 1990, cuando Schindler’s List abordó un territorio histórico semejante y el propio peso emocional del Holocausto dificultaba su realización. Paralelamente desarrolló A.I. Artificial Intelligence, una fábula futurista inspirada en un relato de Brian Aldiss y concebida como una reinterpretación tecnológica de Pinocho. Kubrick consideró que Steven Spielberg era el director adecuado para llevarla a la pantalla; después de su muerte, Spielberg escribió y dirigió la película a partir del extenso trabajo previo, los tratamientos y los diseños supervisados por su amigo. Stanley Kubrick murió el 7 de marzo de 1999 en su casa de Hertfordshire, Inglaterra, antes del estreno de Eyes Wide Shut. Su filmografía fue breve en cantidad, pero gigantesca en consecuencias: revolucionó la ciencia ficción, renovó el terror, desnudó la locura de la guerra, convirtió la música clásica en memoria cinematográfica y demostró que una película podía ser simultáneamente espectáculo, provocación intelectual y obra de arte. Kubrick no filmaba para explicar el mundo: construía enigmas destinados a sobrevivirlo. Y por eso, décadas después, todavía continuamos entrando en sus laberintos sin encontrar una salida definitiva. #StanleyKubrick #HistoriaDelCine #CineClásico #Efemérides #2001OdiseaDelEspacio #LaNaranjaMecánica #ElResplandor #FullMetalJacket #OjosBienCerrados #DirectorDeCine #SéptimoArte #CulturaCinematográfica #FilmHistory #CinemaHistory #ClassicCinema #MovieLegend #MasterOfCinema #StanleyKubrickFilms #CinematicMasterpiece #FilmDirector
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domingo, 26 de julio de 2020
26 DE JULIO DE 1928: NACIÓ STANLEY KUBRICK — EL GENIO QUE FILMÓ SOLO 13 LARGOMETRAJES Y CAMBIÓ PARA SIEMPRE LA FORMA DE MIRAR EL CINE
El 26 de julio de 1928 nacía en Nueva York Stanley Kubrick, un director que necesitó apenas trece largometrajes para construir una de las obras más influyentes, discutidas y admiradas de la historia del cine. Antes de ponerse detrás de una cámara cinematográfica había aprendido a observar el mundo como fotógrafo de la revista Look: allí desarrolló su obsesión por el encuadre, la luz, los gestos humanos y esos pequeños detalles que más tarde convertiría en imágenes imposibles de olvidar. Desde su primer largometraje, Fear and Desire, hasta la póstuma Eyes Wide Shut, trabajó durante casi medio siglo investigando cada proyecto, interviniendo en los guiones y controlando minuciosamente la fotografía, el montaje, el diseño, las actuaciones y hasta la promoción de sus películas. Kubrick no se limitó a contar historias: entraba en cada género para desmontarlo y reconstruirlo según sus propias reglas. Con Paths of Glory denunció la maquinaria absurda de la guerra; con Dr. Strangelove transformó la amenaza nuclear en una comedia feroz; con Barry Lyndon reprodujo la atmósfera pictórica del siglo XVIII mediante interiores iluminados con velas; y con Eyes Wide Shut convirtió una crisis matrimonial en un inquietante recorrido por el deseo, los celos, el poder y la identidad. Sus películas podían ser bélicas, históricas, satíricas, eróticas, futuristas o terroríficas, pero casi todas regresaban a una misma pregunta: ¿qué ocurre cuando el ser humano queda atrapado dentro de los sistemas que él mismo ha creado? La música era otro personaje dentro de su universo. Después de 2001: A Space Odyssey, resulta difícil escuchar Así habló Zaratustra o El Danubio azul sin imaginar planetas, estaciones orbitales y naves desplazándose por el vacío. Beethoven quedó unido para siempre a Alex y su perturbadora fascinación por la belleza en A Clockwork Orange, mientras que “Surfin’ Bird”, interpretada por The Trashmen, acompaña en Full Metal Jacket el avance de los soldados por un paisaje devastado. Kubrick comprendía que una melodía colocada en el instante preciso podía ampliar el significado de una escena y crear una asociación visual imborrable. Estrenada en 1968 y desarrollada junto con Arthur C. Clarke, 2001: A Space Odyssey elevó la ciencia ficción cinematográfica hacia territorios filosóficos y visuales hasta entonces poco explorados. La evolución humana, el misterio del universo, la relación entre el hombre y la tecnología y la inquietante inteligencia de HAL 9000 se combinaron en una obra de escasos diálogos, efectos revolucionarios y una precisión estética que todavía conserva su poder. La película obtuvo el Óscar a los mejores efectos visuales y fue incorporada al Registro Nacional de Cine de Estados Unidos por su relevancia cultural, histórica y estética. Tres años después llegó A Clockwork Orange, adaptación de la novela de Anthony Burgess. Violenta, provocadora, satírica y visualmente hipnótica, la película convirtió a Malcolm McDowell en el inolvidable Alex y enfrentó al espectador con un dilema incómodo: si el Estado elimina la capacidad de elegir el mal, ¿también destruye la libertad humana? En 1980, The Shining, inspirada en la novela de Stephen King, transformó el gigantesco Hotel Overlook en un laberinto psicológico. Los movimientos flotantes de la Steadicam, la creciente desintegración de Jack Torrance y la actuación desbordante de Jack Nicholson ayudaron a establecer una nueva manera de representar el terror, basada tanto en el espacio y la sugestión como en la violencia. En Full Metal Jacket, adaptación de The Short-Timers, de Gustav Hasford, Kubrick dividió la experiencia bélica en dos infiernos complementarios: primero, la deshumanización de los reclutas durante el entrenamiento de los marines; después, el caos moral del combate en Vietnam. El sargento Hartman, interpretado por R. Lee Ermey, se transformó en uno de los instructores militares más imitados del cine, mientras la segunda mitad mostró una guerra sin héroes impecables, habitada por jóvenes aterrados que intentaban sobrevivir dentro de una maquinaria capaz de convertir personas en instrumentos de destrucción. Kubrick también dejó proyectos que nunca llegó a concretar. Durante años preparó Aryan Papers, inspirado en la novela Wartime Lies, de Louis Begley, pero terminó archivándolo en la década de 1990, cuando Schindler’s List abordó un territorio histórico semejante y el propio peso emocional del Holocausto dificultaba su realización. Paralelamente desarrolló A.I. Artificial Intelligence, una fábula futurista inspirada en un relato de Brian Aldiss y concebida como una reinterpretación tecnológica de Pinocho. Kubrick consideró que Steven Spielberg era el director adecuado para llevarla a la pantalla; después de su muerte, Spielberg escribió y dirigió la película a partir del extenso trabajo previo, los tratamientos y los diseños supervisados por su amigo. Stanley Kubrick murió el 7 de marzo de 1999 en su casa de Hertfordshire, Inglaterra, antes del estreno de Eyes Wide Shut. Su filmografía fue breve en cantidad, pero gigantesca en consecuencias: revolucionó la ciencia ficción, renovó el terror, desnudó la locura de la guerra, convirtió la música clásica en memoria cinematográfica y demostró que una película podía ser simultáneamente espectáculo, provocación intelectual y obra de arte. Kubrick no filmaba para explicar el mundo: construía enigmas destinados a sobrevivirlo. Y por eso, décadas después, todavía continuamos entrando en sus laberintos sin encontrar una salida definitiva. #StanleyKubrick #HistoriaDelCine #CineClásico #Efemérides #2001OdiseaDelEspacio #LaNaranjaMecánica #ElResplandor #FullMetalJacket #OjosBienCerrados #DirectorDeCine #SéptimoArte #CulturaCinematográfica #FilmHistory #CinemaHistory #ClassicCinema #MovieLegend #MasterOfCinema #StanleyKubrickFilms #CinematicMasterpiece #FilmDirector
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