En la madrugada del 25 de julio de 1938, miles de soldados republicanos comenzaron a cruzar silenciosamente el río Ebro mediante barcas, pasarelas, puentes improvisados e incluso a nado. Aquella maniobra, preparada por el jefe del Estado Mayor Central, Vicente Rojo Lluch, sorprendió inicialmente a las fuerzas franquistas y abrió la batalla más extensa, devastadora y decisiva de la Guerra Civil Española. No era simplemente una ofensiva militar: era el intento desesperado de una República que se negaba a desaparecer. La situación era crítica. El 15 de abril de 1938, las tropas de Franco habían llegado al Mediterráneo por Vinaròs, cortando las comunicaciones terrestres entre Cataluña y Valencia y dividiendo en dos el territorio republicano. Mientras el ejército sublevado avanzaba hacia el Levante, el mando republicano buscó recuperar la iniciativa, aliviar la presión sobre Valencia, elevar la moral de una población agotada y demostrar ante Europa que la guerra todavía no estaba decidida. Durante las primeras horas, la operación pareció un éxito. Las unidades del Ejército del Ebro atravesaron el río por numerosos puntos, tomaron posiciones y avanzaron rápidamente hacia Gandesa, uno de los principales nudos de comunicación de la región. Sin embargo, la falta de vehículos pesados al otro lado del río, las dificultades para trasladar artillería y blindados y la reorganización defensiva franquista detuvieron el impulso inicial antes de que pudiera conquistarse la ciudad. A partir de entonces comenzó una brutal batalla de desgaste en las sierras de Pàndols y Cavalls. El paisaje se transformó en una sucesión interminable de trincheras, cráteres, montañas abrasadas y pueblos destruidos. Bajo el calor sofocante del verano, hombres exhaustos combatieron por colinas que cambiaban de manos una y otra vez. La aviación franquista, respaldada por medios alemanes e italianos, bombardeó constantemente los puentes y pasarelas republicanos. Durante la noche, los pontoneros intentaban reconstruir lo que los aviones destruían durante el día, mientras las crecientes provocadas desde los embalses dificultaban todavía más el traslado de tropas, alimentos y municiones. La batalla se prolongó durante 115 días, hasta el 16 de noviembre de 1938. Finalmente, las últimas fuerzas republicanas regresaron a la orilla oriental y volaron el puente de hierro de Flix detrás de ellas. El frente quedó prácticamente donde se encontraba antes del ataque, pero el Ejército Popular había perdido gran parte de sus mejores unidades, armamento y capacidad de resistencia. Las cifras exactas continúan siendo discutidas: Patrimonio Cultural de la Generalitat de Cataluña resume aproximadamente 120.000 bajas entre ambos ejércitos, incluyendo unos 30.000 muertos, 75.000 heridos y 15.000 prisioneros. La Batalla del Ebro no terminó inmediatamente con la guerra, pero dejó a la República gravemente debilitada y abrió el camino para la ofensiva franquista sobre Cataluña. Barcelona cayó en enero de 1939 y cientos de miles de personas emprendieron el doloroso camino del exilio. El 1 de abril de 1939, Franco firmó el último parte militar anunciando el final de la contienda. Comenzaba así una dictadura que se mantendría hasta su muerte en 1975. El Ebro volvió a correr entre sus orillas, pero debajo de aquella tierra quedaron sepultadas generaciones enteras de españoles. Más que una victoria o una derrota, la batalla fue una inmensa tragedia humana: españoles enfrentados contra españoles en una lucha que convirtió campos, pueblos y montañas en cicatrices todavía visibles. Allí, durante 115 días, no solo se decidió una campaña militar: también comenzó a apagarse la última gran esperanza de la Segunda República. #BatallaDelEbro #GuerraCivilEspañola #HistoriaDeEspaña #25DeJulio #MemoriaHistórica #SegundaRepública #EjércitoDelEbro #VicenteRojo #Gandesa #Cataluña #Ebro1938 #HistoriaMilitar #NuncaMás #SpanishCivilWar #BattleOfTheEbro #SpanishHistory #HistoricalMemory #EbroBattle #MilitaryHistory #HistoryMatters
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sábado, 25 de julio de 2020
25 DE JULIO DE 1938: EL EBRO SE CONVIRTIÓ EN UN INFIERNO — 115 DÍAS QUE QUEBRARON LA ÚLTIMA GRAN ESPERANZA DE LA REPÚBLICA
En la madrugada del 25 de julio de 1938, miles de soldados republicanos comenzaron a cruzar silenciosamente el río Ebro mediante barcas, pasarelas, puentes improvisados e incluso a nado. Aquella maniobra, preparada por el jefe del Estado Mayor Central, Vicente Rojo Lluch, sorprendió inicialmente a las fuerzas franquistas y abrió la batalla más extensa, devastadora y decisiva de la Guerra Civil Española. No era simplemente una ofensiva militar: era el intento desesperado de una República que se negaba a desaparecer. La situación era crítica. El 15 de abril de 1938, las tropas de Franco habían llegado al Mediterráneo por Vinaròs, cortando las comunicaciones terrestres entre Cataluña y Valencia y dividiendo en dos el territorio republicano. Mientras el ejército sublevado avanzaba hacia el Levante, el mando republicano buscó recuperar la iniciativa, aliviar la presión sobre Valencia, elevar la moral de una población agotada y demostrar ante Europa que la guerra todavía no estaba decidida. Durante las primeras horas, la operación pareció un éxito. Las unidades del Ejército del Ebro atravesaron el río por numerosos puntos, tomaron posiciones y avanzaron rápidamente hacia Gandesa, uno de los principales nudos de comunicación de la región. Sin embargo, la falta de vehículos pesados al otro lado del río, las dificultades para trasladar artillería y blindados y la reorganización defensiva franquista detuvieron el impulso inicial antes de que pudiera conquistarse la ciudad. A partir de entonces comenzó una brutal batalla de desgaste en las sierras de Pàndols y Cavalls. El paisaje se transformó en una sucesión interminable de trincheras, cráteres, montañas abrasadas y pueblos destruidos. Bajo el calor sofocante del verano, hombres exhaustos combatieron por colinas que cambiaban de manos una y otra vez. La aviación franquista, respaldada por medios alemanes e italianos, bombardeó constantemente los puentes y pasarelas republicanos. Durante la noche, los pontoneros intentaban reconstruir lo que los aviones destruían durante el día, mientras las crecientes provocadas desde los embalses dificultaban todavía más el traslado de tropas, alimentos y municiones. La batalla se prolongó durante 115 días, hasta el 16 de noviembre de 1938. Finalmente, las últimas fuerzas republicanas regresaron a la orilla oriental y volaron el puente de hierro de Flix detrás de ellas. El frente quedó prácticamente donde se encontraba antes del ataque, pero el Ejército Popular había perdido gran parte de sus mejores unidades, armamento y capacidad de resistencia. Las cifras exactas continúan siendo discutidas: Patrimonio Cultural de la Generalitat de Cataluña resume aproximadamente 120.000 bajas entre ambos ejércitos, incluyendo unos 30.000 muertos, 75.000 heridos y 15.000 prisioneros. La Batalla del Ebro no terminó inmediatamente con la guerra, pero dejó a la República gravemente debilitada y abrió el camino para la ofensiva franquista sobre Cataluña. Barcelona cayó en enero de 1939 y cientos de miles de personas emprendieron el doloroso camino del exilio. El 1 de abril de 1939, Franco firmó el último parte militar anunciando el final de la contienda. Comenzaba así una dictadura que se mantendría hasta su muerte en 1975. El Ebro volvió a correr entre sus orillas, pero debajo de aquella tierra quedaron sepultadas generaciones enteras de españoles. Más que una victoria o una derrota, la batalla fue una inmensa tragedia humana: españoles enfrentados contra españoles en una lucha que convirtió campos, pueblos y montañas en cicatrices todavía visibles. Allí, durante 115 días, no solo se decidió una campaña militar: también comenzó a apagarse la última gran esperanza de la Segunda República. #BatallaDelEbro #GuerraCivilEspañola #HistoriaDeEspaña #25DeJulio #MemoriaHistórica #SegundaRepública #EjércitoDelEbro #VicenteRojo #Gandesa #Cataluña #Ebro1938 #HistoriaMilitar #NuncaMás #SpanishCivilWar #BattleOfTheEbro #SpanishHistory #HistoricalMemory #EbroBattle #MilitaryHistory #HistoryMatters
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