miércoles, 9 de diciembre de 2020

El 9 de Diciembre de 1824, en la Pampa de Quinua, actual Perú, se llevaba a cabo la batalla decisiva por la independencia de América, ese día se desarrolló la Batalla de Ayacucho.

El legado independentista de José de San Martín y Simón Bolívar recaía en el General Venezolano Antonio José de Sucre que sentía que en sus manos estaba la estocada final a la presencia Española en América. Por su parte las tropas realistas acumulaban derrotas, repliegues y traiciones. Se debatían en problemas internos por la vuelta de Fernando VII al poder y los vaivenes que provocaba la derogación y puesta en vigencia de la Constitución liberal. Esto último hacía imposible encontrar consenso para el envió de 20.000 reservistas para reforzar las tropas de ocupación en América. El último bastión realista se encontraba en Perú que con casi 10.000 hombres significaba un último, pero alto escalón por sortear. Sucre se movilizó con cerca de 8.000 almas, entre las que se encontraban refuerzos de la Gran Colombia, Provincias Unidas del Río de la Plata y Chile. La mañana del 9 de Diciembre de 1824 con las tropas de Sucre alistadas, se produjo el ataque realista con una primera división que bajó del cerro Condorcunca. La división peruana a cargo de José de La Mar resistió el ataque y cuando fue apoyado por la división de Marcelino Carreño obligaron a los realistas a replegarse a sus posiciones originales. Un segundo y masivo ataque fue repelido por la división de José María Córdoba, al ver que su ejército sumaba bajas y ningún avance territorial, el mismo virrey La Serna entró en combate con el grueso de su escuadra. La determinación de los patriotas provocó grietas en la columna central del ataque que permitió capturar al Virrey al mando. Su captura doblegó la moral de la tropa realista que comenzó a huir desprolijamente. El general José de Canterac se hizo cargo de la retirada e intentó reagruparlos, pero los hombres de Jacinto Lara y Guillermo Miller lo impidieron. El caos reinante en la tropa realista sumado a los casi 2.000 muertos, 1.500 heridos y casi 3.000 capturados, obligaron a José de Canterac a tener que negociar con Sucre. El resultado fue la "Capitulación de Ayacucho" que implicaba el fin del dominio español, la disolución del Virreinato del Perú, su inmediata independencia, aunque España recién renunció formalmente a sus pretensiones en 1836. El grito de Sucre para arengar a sus tropas fue "¡Soldados!, de los esfuerzos de hoy depende la suerte de América del Sur, otro día de gloria va a coronar vuestra admirable constancia. ¡Soldados!, ¡Viva el Libertador! ¡Viva Bolívar, Salvador del Perú!". La gesta iniciada por San Martín y Bolívar llegaba a su fin.


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