viernes, 4 de septiembre de 2026

🔥🎬DEL DESARROLLISMO DE FRONDIZI AL NUEVO CINE ARGENTINO: CAPITAL EXTRANJERO, AUTORES REBELDES Y EL OCASO DE LA “HOLLYWOOD MENDOCINA” ⚡🏔️


Entre fines de los años cincuenta y comienzos de los sesenta, la Argentina atravesó una transformación económica, política y cultural que también dejó una huella profunda en sus pantallas. Cuando Arturo Frondizi asumió la Presidencia el 1 de mayo de 1958, el desarrollismo buscó acelerar la modernización del país mediante una fuerte expansión industrial, combinando la intervención y planificación estatal con una decidida apertura a inversiones privadas y extranjeras. Petróleo, automotores, petroquímica, siderurgia y otras industrias básicas se convirtieron en sectores estratégicos de un programa que pretendía reducir importaciones, ampliar la capacidad productiva y superar los recurrentes problemas de divisas de la economía argentina. El cine llegó a ese nuevo escenario profundamente golpeado. Aquí conviene corregir un dato que suele repetirse: las 43 películas corresponden a 1955, no a 1956. Las fuentes históricas registran un desplome posterior de la producción, con apenas una docena de filmes durante la etapa inmediatamente posterior al golpe de 1955, acompañado por cierres de estudios, dificultades financieras y un crecimiento de la presencia de películas extranjeras. También es importante precisar que el Instituto Nacional de Cinematografía no fue creado por Frondizi: nació durante el gobierno de facto anterior, mediante el Decreto-Ley Nº 62 del 4 de enero de 1957. Su misión era fomentar y regular la cinematografía nacional, estableciendo créditos, subsidios, premios y mecanismos de protección que se volverían esenciales para una industria en plena reestructuración. Durante la presidencia de Frondizi, ese sistema pasó a servir de respaldo a numerosos productores independientes y a una nueva generación de realizadores que ya no dependía necesariamente de los grandes estudios tradicionales. El cambio económico tuvo su equivalente dentro de la industria cinematográfica. Frente al viejo modelo de compañías con enormes estudios, técnicos y actores contratados permanentemente, comenzó a imponerse una producción independiente mucho más flexible: se alquilaban estudios, equipos y servicios únicamente durante cada rodaje. Uno de los ejemplos fundamentales fue Aries Cinematográfica Argentina, creada en 1956 por Fernando Ayala y Héctor Olivera, que con el tiempo se convertiría en una de las productoras independientes más importantes del país. Pero aquella transformación no fue solamente empresarial. También estaba naciendo una revolución estética. Leopoldo Torre Nilsson se convirtió desde 1957 en uno de los principales puentes hacia un cine argentino de autor, de mayor profundidad psicológica, literaria y visual. Su influencia abrió camino a realizadores como David José Kohon, Manuel Antín, Lautaro Murúa, Fernando Birri y posteriormente Leonardo Favio, entre otros. Era la denominada Generación del 60, el primer gran “Nuevo Cine Argentino”, contemporáneo de movimientos internacionales como la Nouvelle Vague francesa, el Free Cinema británico y el Cinema Novo brasileño. Fernando Birri representaría otra vertiente decisiva: un cine social que intentaba colocar la cámara frente a realidades ignoradas por la industria tradicional. Después de estudiar en Italia, Birri regresó al país y en 1956 impulsó en Santa Fe el Instituto de Cinematografía de la Universidad Nacional del Litoral; de aquella experiencia surgiría Tire dié, obra emblemática del documental social argentino y latinoamericano. El propio sistema de fomento creado en 1957 permitió que realizadores alejados de la producción comercial tradicional encontraran nuevas posibilidades de financiación. Y en esta historia existe un capítulo especialmente poderoso para Mendoza. Mucho antes de aquella renovación, la provincia había protagonizado una experiencia casi irrepetible: Film Andes. Constituida en 1944 con capitales fundamentalmente mendocinos —entre ellos empresarios vinculados con la vitivinicultura— levantó grandes estudios en Godoy Cruz, cerca del Puente Olive, equipados con tecnología notable para la época. Entre 1944 y 1957 desarrolló una importante producción cinematográfica y convirtió por algunos años a Mendoza en aquello que la prensa llegó a llamar la “California Argentina” o la “Hollywood argentina”. Por sus instalaciones desfilaron actores, directores, técnicos y producciones nacionales; allí se rodaron títulos como Lejos del cielo, La pícara Cenicienta, El alma de los niños, Rescate de sangre, El cartero y El último cowboy. La última película con sello propio de Film Andes apareció en la segunda mitad de los años cincuenta y, ya sin poder sostener aquel pesado modelo industrial frente a la crisis y la transformación del negocio cinematográfico, sus estudios terminaron cerrando definitivamente a comienzos de la década de 1960. Así, mientras el desarrollismo soñaba con transformar la estructura productiva argentina mediante petróleo, automóviles, fábricas y capital internacional, el cine experimentaba su propia metamorfosis: morían lentamente los grandes estudios, avanzaban las productoras independientes y aparecía una generación convencida de que una película podía llevar no sólo la firma de una compañía, sino también la mirada personal de un autor. Y en Mendoza quedaba el silencioso recuerdo de enormes estudios cinematográficos junto al Puente Olive, prueba de una época extraordinaria en la que la provincia llegó a soñar seriamente con convertirse en una capital del cine argentino. 🎞️🏔️🇦🇷 #ArturoFrondizi #Desarrollismo #CineArgentino #GeneracionDel60 #FilmAndes #Mendoza #GodoyCruz #HistoriaArgentina #HistoriaDelCine #LeopoldoTorreNilsson #FernandoBirri #FernandoAyala #HectorOlivera #NuevoCineArgentino #MendozAntigua #ArgentineCinema #FilmHistory #ArgentineHistory #NewArgentineCinema #MendozaHistory #CinemaHistory

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