La madrugada del 30 de septiembre de 1974, una violenta explosión sacudió el barrio porteño de Palermo. Frente al edificio de Malabia 3351 —actual República Árabe Siria—, un artefacto explosivo colocado debajo del Fiat 125 del general chileno Carlos Prats González acabó con su vida y con la de su esposa, Sofía Ester Cuthbert Chiarleoni. Prats tenía 59 años y llevaba apenas un año exiliado en la Argentina. La investigación judicial terminaría estableciendo la responsabilidad de integrantes de la Dirección de Inteligencia Nacional de Chile, la DINA, mientras documentación desclasificada difundida por el National Security Archive sostiene que Augusto Pinochet había instruido al jefe de la DINA, Manuel Contreras, para eliminar a Prats; Pinochet, sin embargo, nunca fue procesado por este asesinato. Carlos Prats había nacido en Talcahuano el 2 de febrero de 1915. Ingresó a la Escuela Militar en 1931, con 16 años, y egresó como el mejor alumno de su promoción; se convirtió en oficial de Artillería y, entre 1947 y 1949, volvió a obtener el primer lugar durante sus estudios en la Academia de Guerra. En 1954 realizó cursos de Comando y Estado Mayor en Fort Leavenworth, Estados Unidos, y desarrolló además una importante formación académica en Ciencias Políticas, Relaciones Internacionales y estudios estratégicos. Su destino quedó unido a uno de los períodos más convulsionados de la historia chilena. En octubre de 1970, después de que el comandante en jefe del Ejército René Schneider fuera mortalmente herido en un atentado organizado por sectores que pretendían impedir la llegada de Salvador Allende a la presidencia, el presidente Eduardo Frei Montalva designó a Prats al frente del Ejército; Allende lo mantuvo posteriormente en el cargo. Prats defendía la llamada doctrina constitucionalista asociada a Schneider: las Fuerzas Armadas debían mantenerse profesionales, obedientes al poder civil y al margen de la deliberación política. Durante la grave crisis política y social de 1972, marcada entre otros acontecimientos por el paro de camioneros, Allende incorporó militares a su gabinete y Prats asumió como ministro del Interior el 2 de noviembre. Cuando el presidente viajó al extranjero, ejerció transitoriamente la Vicepresidencia de la República. Fue precisamente en esa condición que el 5 de diciembre de 1972 encabezó en el Estadio Nacional el multitudinario homenaje a Pablo Neruda por el Premio Nobel de Literatura obtenido el año anterior, un episodio del que todavía se conservan fotografías y registros cinematográficos. En 1973 la tensión aumentó dramáticamente. El 29 de junio Prats participó personalmente en la contención del levantamiento militar conocido como el “Tanquetazo”. Semanas después, en medio de una creciente presión política y militar y tras una manifestación de esposas de oficiales frente a su residencia, presentó el 23 de agosto su renuncia a la Comandancia en Jefe del Ejército. Para sucederlo recomendó a Augusto Pinochet, quien entonces era considerado dentro de la cadena de mando un oficial que había mantenido una conducta subordinada durante la comandancia de Prats. Diecinueve días más tarde, el 11 de septiembre, Pinochet encabezó junto con los demás comandantes de las Fuerzas Armadas el golpe de Estado que derrocó a Allende. Cuatro días después del golpe, Prats abandonó Chile rumbo a Buenos Aires. Allí trabajó como gerente de una empresa mientras escribía sus memorias, terminadas apenas diez días antes de su muerte. Al mismo tiempo estaba siendo vigilado por agentes chilenos. Los documentos posteriormente conocidos muestran que la DINA reunió datos sobre su domicilio, su empleo, sus desplazamientos, el automóvil que utilizaba e incluso las características del estacionamiento de su edificio. Michael Townley, ciudadano estadounidense incorporado a la DINA, confesó bajo juramento ante la jueza argentina María Servini en 1999 que viajó a Buenos Aires, localizó a Prats y construyó una bomba con explosivo C4 y detonación electrónica. Según su testimonio, el 29 de septiembre consiguió acceder al garaje y fijó el artefacto debajo del Fiat. Pasada la medianoche, cuando Prats y Sofía regresaron a su domicilio, Townley y Mariana Callejas vigilaban desde las inmediaciones. Townley declaró que Callejas intentó activar el dispositivo y, al fallar, él tomó el detonador y provocó la explosión. La búsqueda judicial se prolongó durante décadas. Enrique Arancibia Clavel, agente de la DINA establecido en Argentina, fue condenado por la justicia argentina, mientras en Chile el proceso culminó el 8 de julio de 2010 con la sentencia definitiva de la Corte Suprema contra antiguos integrantes de la DINA, entre ellos Manuel Contreras, Pedro Espinoza, Raúl Iturriaga Neumann, José Zara, Cristoph Willeke y Juan Morales Salgado, además de otros partícipes. La resolución puso fin en Chile a un expediente iniciado en 2002, casi 36 años después del atentado. Medio siglo después, el sitio de Malabia 3351 conserva una marca de memoria dedicada a Carlos Prats y Sofía Cuthbert. El National Security Archive considera aquel atentado el primer acto de terrorismo internacional patrocinado por la dictadura militar chilena, antecedente de una política represiva que posteriormente tendría otras operaciones fuera de Chile. Fuente de origen: Biblioteca del Congreso Nacional de Chile; Memoria Chilena–Biblioteca Nacional de Chile; Museo de la Memoria y los Derechos Humanos; sentencia de la Corte Suprema de Chile del 8 de julio de 2010; testimonio judicial de Michael Townley ante la jueza María Servini; National Security Archive; Memoria Abierta, Argentina. #CarlosPrats #SofiaCuthbert #30DeSeptiembre #HistoriaDeChile #HistoriaArgentina #BuenosAires #DINA #DerechosHumanos #MemoriaHistorica #HistoriaDelSigloXX #CarlosPrats #SofiaCuthbert #September30 #ChileanHistory #ArgentineHistory #BuenosAires #HumanRights #HistoricalMemory #LatinAmericanHistory
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miércoles, 30 de septiembre de 2020
30 DE SEPTIEMBRE DE 1974 — UNA BOMBA EN BUENOS AIRES Y UN CRIMEN QUE CRUZÓ FRONTERAS: EL ASESINATO DEL GENERAL CARLOS PRATS Y SOFÍA CUTHBERT
La madrugada del 30 de septiembre de 1974, una violenta explosión sacudió el barrio porteño de Palermo. Frente al edificio de Malabia 3351 —actual República Árabe Siria—, un artefacto explosivo colocado debajo del Fiat 125 del general chileno Carlos Prats González acabó con su vida y con la de su esposa, Sofía Ester Cuthbert Chiarleoni. Prats tenía 59 años y llevaba apenas un año exiliado en la Argentina. La investigación judicial terminaría estableciendo la responsabilidad de integrantes de la Dirección de Inteligencia Nacional de Chile, la DINA, mientras documentación desclasificada difundida por el National Security Archive sostiene que Augusto Pinochet había instruido al jefe de la DINA, Manuel Contreras, para eliminar a Prats; Pinochet, sin embargo, nunca fue procesado por este asesinato. Carlos Prats había nacido en Talcahuano el 2 de febrero de 1915. Ingresó a la Escuela Militar en 1931, con 16 años, y egresó como el mejor alumno de su promoción; se convirtió en oficial de Artillería y, entre 1947 y 1949, volvió a obtener el primer lugar durante sus estudios en la Academia de Guerra. En 1954 realizó cursos de Comando y Estado Mayor en Fort Leavenworth, Estados Unidos, y desarrolló además una importante formación académica en Ciencias Políticas, Relaciones Internacionales y estudios estratégicos. Su destino quedó unido a uno de los períodos más convulsionados de la historia chilena. En octubre de 1970, después de que el comandante en jefe del Ejército René Schneider fuera mortalmente herido en un atentado organizado por sectores que pretendían impedir la llegada de Salvador Allende a la presidencia, el presidente Eduardo Frei Montalva designó a Prats al frente del Ejército; Allende lo mantuvo posteriormente en el cargo. Prats defendía la llamada doctrina constitucionalista asociada a Schneider: las Fuerzas Armadas debían mantenerse profesionales, obedientes al poder civil y al margen de la deliberación política. Durante la grave crisis política y social de 1972, marcada entre otros acontecimientos por el paro de camioneros, Allende incorporó militares a su gabinete y Prats asumió como ministro del Interior el 2 de noviembre. Cuando el presidente viajó al extranjero, ejerció transitoriamente la Vicepresidencia de la República. Fue precisamente en esa condición que el 5 de diciembre de 1972 encabezó en el Estadio Nacional el multitudinario homenaje a Pablo Neruda por el Premio Nobel de Literatura obtenido el año anterior, un episodio del que todavía se conservan fotografías y registros cinematográficos. En 1973 la tensión aumentó dramáticamente. El 29 de junio Prats participó personalmente en la contención del levantamiento militar conocido como el “Tanquetazo”. Semanas después, en medio de una creciente presión política y militar y tras una manifestación de esposas de oficiales frente a su residencia, presentó el 23 de agosto su renuncia a la Comandancia en Jefe del Ejército. Para sucederlo recomendó a Augusto Pinochet, quien entonces era considerado dentro de la cadena de mando un oficial que había mantenido una conducta subordinada durante la comandancia de Prats. Diecinueve días más tarde, el 11 de septiembre, Pinochet encabezó junto con los demás comandantes de las Fuerzas Armadas el golpe de Estado que derrocó a Allende. Cuatro días después del golpe, Prats abandonó Chile rumbo a Buenos Aires. Allí trabajó como gerente de una empresa mientras escribía sus memorias, terminadas apenas diez días antes de su muerte. Al mismo tiempo estaba siendo vigilado por agentes chilenos. Los documentos posteriormente conocidos muestran que la DINA reunió datos sobre su domicilio, su empleo, sus desplazamientos, el automóvil que utilizaba e incluso las características del estacionamiento de su edificio. Michael Townley, ciudadano estadounidense incorporado a la DINA, confesó bajo juramento ante la jueza argentina María Servini en 1999 que viajó a Buenos Aires, localizó a Prats y construyó una bomba con explosivo C4 y detonación electrónica. Según su testimonio, el 29 de septiembre consiguió acceder al garaje y fijó el artefacto debajo del Fiat. Pasada la medianoche, cuando Prats y Sofía regresaron a su domicilio, Townley y Mariana Callejas vigilaban desde las inmediaciones. Townley declaró que Callejas intentó activar el dispositivo y, al fallar, él tomó el detonador y provocó la explosión. La búsqueda judicial se prolongó durante décadas. Enrique Arancibia Clavel, agente de la DINA establecido en Argentina, fue condenado por la justicia argentina, mientras en Chile el proceso culminó el 8 de julio de 2010 con la sentencia definitiva de la Corte Suprema contra antiguos integrantes de la DINA, entre ellos Manuel Contreras, Pedro Espinoza, Raúl Iturriaga Neumann, José Zara, Cristoph Willeke y Juan Morales Salgado, además de otros partícipes. La resolución puso fin en Chile a un expediente iniciado en 2002, casi 36 años después del atentado. Medio siglo después, el sitio de Malabia 3351 conserva una marca de memoria dedicada a Carlos Prats y Sofía Cuthbert. El National Security Archive considera aquel atentado el primer acto de terrorismo internacional patrocinado por la dictadura militar chilena, antecedente de una política represiva que posteriormente tendría otras operaciones fuera de Chile. Fuente de origen: Biblioteca del Congreso Nacional de Chile; Memoria Chilena–Biblioteca Nacional de Chile; Museo de la Memoria y los Derechos Humanos; sentencia de la Corte Suprema de Chile del 8 de julio de 2010; testimonio judicial de Michael Townley ante la jueza María Servini; National Security Archive; Memoria Abierta, Argentina. #CarlosPrats #SofiaCuthbert #30DeSeptiembre #HistoriaDeChile #HistoriaArgentina #BuenosAires #DINA #DerechosHumanos #MemoriaHistorica #HistoriaDelSigloXX #CarlosPrats #SofiaCuthbert #September30 #ChileanHistory #ArgentineHistory #BuenosAires #HumanRights #HistoricalMemory #LatinAmericanHistory
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