El 23 de septiembre de 1939, mientras Europa acababa de entrar en la Segunda Guerra Mundial, moría en Londres Sigmund Freud, el médico que había sacudido para siempre la manera de pensar la mente humana. Tenía 83 años y llevaba dieciséis enfrentándose a un devastador cáncer de boca y mandíbula. Sus últimos momentos estuvieron rodeados de una circunstancia tan extraordinaria como controvertida: ante un dolor que ya consideraba insoportable, recordó a su médico personal, Max Schur, una antigua promesa de no prolongar inútilmente su sufrimiento. Schur le administró morfina y Freud cayó en coma antes de morir durante la madrugada del 23 de septiembre. Diversos estudios médicos han descrito aquel desenlace como eutanasia o muerte médicamente asistida, aunque el vocabulario y las categorías legales actuales no deben trasladarse mecánicamente a la Londres de 1939. Había nacido el 6 de mayo de 1856 en Freiberg, Moravia, entonces parte del Imperio austríaco y hoy Příbor, República Checa. Su certificado de nacimiento registra el nombre Sigismund Schlomo Freud; en 1875 comenzó a utilizar Sigmund. Su familia se instaló en Viena cuando él era niño y allí desarrollaría prácticamente toda su carrera. Ingresó a la Universidad de Viena en 1873, obtuvo el título de médico en 1881 y pasó por distintas áreas del Hospital General mientras investigaba el sistema nervioso. La Viena en la que se formó estaba atravesada también por fuertes tensiones políticas y antisemitas, una realidad que marcaría profundamente su vida décadas después. Un capítulo menos cómodo de su trayectoria comenzó en 1884, cuando estudió con entusiasmo las posibles aplicaciones medicinales de la cocaína. Freud la probó personalmente y defendió algunos de sus usos terapéuticos. También aconsejó su empleo para tratar la dependencia de morfina de su amigo y colega Ernst von Fleischl-Marxow. El resultado fue desastroso: Fleischl desarrolló una grave dependencia de cocaína además de la que ya padecía con la morfina. Aquel episodio quedó como uno de los grandes errores médicos de los primeros años de Freud y fue posteriormente objeto de numerosos estudios históricos. En 1886 se casó con Martha Bernays y abrió su consulta privada en Viena. A partir del trabajo con pacientes con histeria y neurosis, y de la influencia previa de Josef Breuer, Jean-Martin Charcot y otros investigadores, fue abandonando progresivamente la hipnosis y desarrollando el procedimiento que se convertiría en una pieza central del psicoanálisis: la asociación libre. El paciente debía decir aquello que acudiera a su mente sin seleccionar, ordenar ni censurar sus pensamientos. En 1896 Freud utilizó por primera vez el término “psicoanálisis”. Su obra fundamental, Die Traumdeutung —La interpretación de los sueños— salió realmente de imprenta en noviembre de 1899, aunque la primera edición llevaba la fecha editorial de 1900. Allí expuso su concepción del inconsciente y convirtió los sueños en una de las grandes vías de investigación de la vida psíquica. El libro no provocó inmediatamente la revolución intelectual que hoy podría imaginarse: su difusión inicial fue lenta y sus teorías generaron adhesiones, rechazos y controversias que continúan hasta nuestros días. El reconocimiento comenzó a crecer. En 1902 fue nombrado Professor Extraordinarius en la Universidad de Viena y ese mismo año comenzó a reunirse con un pequeño círculo que terminaría dando origen a la Sociedad Psicoanalítica de Viena. El gran salto internacional llegó en septiembre de 1909, cuando viajó a Estados Unidos invitado por la Clark University de Worcester, Massachusetts. Allí ofreció cinco conferencias sobre el origen y desarrollo del psicoanálisis y recibió un doctorado honorífico. Fue su primer y único viaje a Estados Unidos, y Clark considera aquellas conferencias un momento decisivo en la introducción formal de sus ideas en ese país. Pero desde 1923 su vida estuvo dominada por otra batalla. Le diagnosticaron un cáncer en la región de la boca y el maxilar. Durante los siguientes dieciséis años soportó más de treinta intervenciones quirúrgicas, radioterapia y complejas prótesis destinadas a reemplazar los tejidos y estructuras que habían debido extirparle. Una de aquellas prótesis palatinas llegó a ser conocida por Freud como “el monstruo”. A pesar del dolor, continuó escribiendo, atendiendo pacientes y fumando los cigarros que habían acompañado gran parte de su vida. El golpe definitivo llegó desde la política. Tras la anexión de Austria por la Alemania nazi en marzo de 1938, la vivienda y la editorial de Freud fueron registradas y su hija Anna fue interrogada por la Gestapo. Freud, judío y además autor de obras que los nazis habían quemado públicamente desde 1933, comprendió finalmente que debía marcharse. El 4 de junio de 1938 salió de Viena junto con Martha y Anna, atravesó París y consiguió refugiarse en Londres. Cuatro de sus hermanas que no lograron escapar serían asesinadas durante el Holocausto. En Inglaterra todavía encontró fuerzas para trabajar. Instalado finalmente en el número 20 de Maresfield Gardens, Hampstead, reconstruyó su célebre estudio rodeado de libros, antigüedades y el diván que había acompañado su práctica vienesa. Pero durante 1939 el cáncer avanzó de manera implacable. El 1 de agosto cerró definitivamente su consulta. En septiembre, prácticamente confinado a su estudio y consumido por el dolor, pidió a Max Schur que cumpliera aquella promesa final. Poco después de recibir morfina cayó en coma. Sigmund Freud murió en las primeras horas del 23 de septiembre de 1939. Tres días más tarde, el 26 de septiembre, fue cremado en Golders Green, Londres. Sus cenizas terminaron depositadas en una antigua vasija griega de su colección, regalo de Marie Bonaparte. Allí descansa el hombre que convirtió expresiones como inconsciente, represión, asociación libre, conflicto psíquico o interpretación de los sueños en parte del lenguaje cultural del siglo XX. Sus teorías serían revisadas, discutidas, cuestionadas y reformuladas durante generaciones, pero su influencia sobre la psicología, la psiquiatría, la literatura, el arte y la cultura occidental resulta imposible de separar de la historia intelectual contemporánea. #SigmundFreud #Freud #Psicoanalisis #Psicoanálisis #Historia #Efemerides #Efemérides #23DeSeptiembre #HistoriaDeLaPsicologia #Psicologia #Inconsciente #InterpretacionDeLosSueños #Viena #Londres #HistoriaDelSigloXX #MendozAntigua #Psychoanalysis #Psychology #History #OnThisDay #SigmundFreudHistory #FreudMuseum #HistoryOfPsychology #UnconsciousMind
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miércoles, 23 de septiembre de 2020
23 DE SEPTIEMBRE DE 1939 — SIGMUND FREUD: EL HOMBRE QUE DESCENDIÓ AL INCONSCIENTE Y ENFRENTÓ SU ÚLTIMA NOCHE CON MORFINA
El 23 de septiembre de 1939, mientras Europa acababa de entrar en la Segunda Guerra Mundial, moría en Londres Sigmund Freud, el médico que había sacudido para siempre la manera de pensar la mente humana. Tenía 83 años y llevaba dieciséis enfrentándose a un devastador cáncer de boca y mandíbula. Sus últimos momentos estuvieron rodeados de una circunstancia tan extraordinaria como controvertida: ante un dolor que ya consideraba insoportable, recordó a su médico personal, Max Schur, una antigua promesa de no prolongar inútilmente su sufrimiento. Schur le administró morfina y Freud cayó en coma antes de morir durante la madrugada del 23 de septiembre. Diversos estudios médicos han descrito aquel desenlace como eutanasia o muerte médicamente asistida, aunque el vocabulario y las categorías legales actuales no deben trasladarse mecánicamente a la Londres de 1939. Había nacido el 6 de mayo de 1856 en Freiberg, Moravia, entonces parte del Imperio austríaco y hoy Příbor, República Checa. Su certificado de nacimiento registra el nombre Sigismund Schlomo Freud; en 1875 comenzó a utilizar Sigmund. Su familia se instaló en Viena cuando él era niño y allí desarrollaría prácticamente toda su carrera. Ingresó a la Universidad de Viena en 1873, obtuvo el título de médico en 1881 y pasó por distintas áreas del Hospital General mientras investigaba el sistema nervioso. La Viena en la que se formó estaba atravesada también por fuertes tensiones políticas y antisemitas, una realidad que marcaría profundamente su vida décadas después. Un capítulo menos cómodo de su trayectoria comenzó en 1884, cuando estudió con entusiasmo las posibles aplicaciones medicinales de la cocaína. Freud la probó personalmente y defendió algunos de sus usos terapéuticos. También aconsejó su empleo para tratar la dependencia de morfina de su amigo y colega Ernst von Fleischl-Marxow. El resultado fue desastroso: Fleischl desarrolló una grave dependencia de cocaína además de la que ya padecía con la morfina. Aquel episodio quedó como uno de los grandes errores médicos de los primeros años de Freud y fue posteriormente objeto de numerosos estudios históricos. En 1886 se casó con Martha Bernays y abrió su consulta privada en Viena. A partir del trabajo con pacientes con histeria y neurosis, y de la influencia previa de Josef Breuer, Jean-Martin Charcot y otros investigadores, fue abandonando progresivamente la hipnosis y desarrollando el procedimiento que se convertiría en una pieza central del psicoanálisis: la asociación libre. El paciente debía decir aquello que acudiera a su mente sin seleccionar, ordenar ni censurar sus pensamientos. En 1896 Freud utilizó por primera vez el término “psicoanálisis”. Su obra fundamental, Die Traumdeutung —La interpretación de los sueños— salió realmente de imprenta en noviembre de 1899, aunque la primera edición llevaba la fecha editorial de 1900. Allí expuso su concepción del inconsciente y convirtió los sueños en una de las grandes vías de investigación de la vida psíquica. El libro no provocó inmediatamente la revolución intelectual que hoy podría imaginarse: su difusión inicial fue lenta y sus teorías generaron adhesiones, rechazos y controversias que continúan hasta nuestros días. El reconocimiento comenzó a crecer. En 1902 fue nombrado Professor Extraordinarius en la Universidad de Viena y ese mismo año comenzó a reunirse con un pequeño círculo que terminaría dando origen a la Sociedad Psicoanalítica de Viena. El gran salto internacional llegó en septiembre de 1909, cuando viajó a Estados Unidos invitado por la Clark University de Worcester, Massachusetts. Allí ofreció cinco conferencias sobre el origen y desarrollo del psicoanálisis y recibió un doctorado honorífico. Fue su primer y único viaje a Estados Unidos, y Clark considera aquellas conferencias un momento decisivo en la introducción formal de sus ideas en ese país. Pero desde 1923 su vida estuvo dominada por otra batalla. Le diagnosticaron un cáncer en la región de la boca y el maxilar. Durante los siguientes dieciséis años soportó más de treinta intervenciones quirúrgicas, radioterapia y complejas prótesis destinadas a reemplazar los tejidos y estructuras que habían debido extirparle. Una de aquellas prótesis palatinas llegó a ser conocida por Freud como “el monstruo”. A pesar del dolor, continuó escribiendo, atendiendo pacientes y fumando los cigarros que habían acompañado gran parte de su vida. El golpe definitivo llegó desde la política. Tras la anexión de Austria por la Alemania nazi en marzo de 1938, la vivienda y la editorial de Freud fueron registradas y su hija Anna fue interrogada por la Gestapo. Freud, judío y además autor de obras que los nazis habían quemado públicamente desde 1933, comprendió finalmente que debía marcharse. El 4 de junio de 1938 salió de Viena junto con Martha y Anna, atravesó París y consiguió refugiarse en Londres. Cuatro de sus hermanas que no lograron escapar serían asesinadas durante el Holocausto. En Inglaterra todavía encontró fuerzas para trabajar. Instalado finalmente en el número 20 de Maresfield Gardens, Hampstead, reconstruyó su célebre estudio rodeado de libros, antigüedades y el diván que había acompañado su práctica vienesa. Pero durante 1939 el cáncer avanzó de manera implacable. El 1 de agosto cerró definitivamente su consulta. En septiembre, prácticamente confinado a su estudio y consumido por el dolor, pidió a Max Schur que cumpliera aquella promesa final. Poco después de recibir morfina cayó en coma. Sigmund Freud murió en las primeras horas del 23 de septiembre de 1939. Tres días más tarde, el 26 de septiembre, fue cremado en Golders Green, Londres. Sus cenizas terminaron depositadas en una antigua vasija griega de su colección, regalo de Marie Bonaparte. Allí descansa el hombre que convirtió expresiones como inconsciente, represión, asociación libre, conflicto psíquico o interpretación de los sueños en parte del lenguaje cultural del siglo XX. Sus teorías serían revisadas, discutidas, cuestionadas y reformuladas durante generaciones, pero su influencia sobre la psicología, la psiquiatría, la literatura, el arte y la cultura occidental resulta imposible de separar de la historia intelectual contemporánea. #SigmundFreud #Freud #Psicoanalisis #Psicoanálisis #Historia #Efemerides #Efemérides #23DeSeptiembre #HistoriaDeLaPsicologia #Psicologia #Inconsciente #InterpretacionDeLosSueños #Viena #Londres #HistoriaDelSigloXX #MendozAntigua #Psychoanalysis #Psychology #History #OnThisDay #SigmundFreudHistory #FreudMuseum #HistoryOfPsychology #UnconsciousMind
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