A fines del siglo XIX, Mendoza estaba cambiando a una velocidad extraordinaria. La provincia que durante buena parte del siglo había mirado comercialmente hacia Chile mediante la ganadería comenzó a transformarse en un poderoso centro agroindustrial vinculado al mercado argentino. La llegada del ferrocarril en 1885, la inmigración europea, las inversiones, las nuevas tecnologías y las políticas impulsadas por la dirigencia local aceleraron la expansión de la vitivinicultura moderna. El cambio fue gigantesco: durante la década de 1890 se consolidó el nuevo modelo vitivinícola y, para 1899, Mendoza contabilizaba 1.084 bodegas; hacia 1902 ya se habían incorporado más de 20.000 hectáreas a la viticultura. El tren no solamente transportaba vino, trabajadores y maquinaria: también acercaba noticias, espectáculos, modas e inventos capaces de modificar la vida cotidiana. En medio de aquella Mendoza que descubría la electricidad, las nuevas comunicaciones y una sociedad cada vez más urbana, apareció una maravilla que parecía desafiar lo conocido: imágenes que se movían sobre una pantalla. El miércoles 16 de agosto de 1899 quedó registrado el que las investigaciones consideran el primer espectáculo cinematográfico público fehacientemente documentado en Mendoza. Tuvo lugar en el antiguo Teatro Municipal, frente a la entonces Plaza Cobos —actual Plaza San Martín—, apenas tres años después de que Buenos Aires hubiera presenciado una de sus primeras grandes exhibiciones cinematográficas en el Teatro Odeón, en julio de 1896. El historiador Javier Ozollo llegó a esta fecha después de revisar las noticias culturales de Los Andes desde 1895 y no hallar constancia de una función pública anterior; eso no excluye la posibilidad de alguna demostración privada previa, pero convierte al 16 de agosto de 1899 en el punto de partida documental más sólido de la historia del cine mendocino. Aquella función estuvo vinculada a la compañía de Eduardo Roldán y al denominado “Biógrafo Americano”. No existían todavía salas de cine como las conocerían las generaciones posteriores: las breves imágenes animadas aparecían intercaladas entre representaciones teatrales y números de variedades. Las investigaciones registran para aquella jornada piezas como “Juez y parte” y “Cuadros submarinos”; durante la noche también se proyectaron una corrida de toros y escenas de maniobras militares. Las cintas eran mudas, muy breves y utilizaban carteles explicativos. Para un público acostumbrado a fotografías, litografías y pinturas inmóviles, contemplar personas, animales y paisajes desplazándose ante sus ojos debió de resultar casi sobrenatural. La propia prensa mendocina destacó el asombro causado por aquella reproducción de “la vida y el movimiento”. Pero la novedad no quedó encerrada en el teatro. Durante los primeros años del siglo XX comenzaron a multiplicarse los llamados cafés-biógrafos, establecimientos que utilizaban las proyecciones como una poderosa atracción para reunir clientes. Algunos nombres quedaron asociados a aquella etapa pionera: La Chiquita, en la Alameda, y Los Leones y Furriol, sobre calle Belgrano. En determinados lugares las imágenes podían contemplarse incluso al aire libre mientras los asistentes bebían café, horchata o cerveza. Era un mundo anterior a las grandes salas, las marquesinas luminosas y los estrenos multitudinarios: una época en la que una película podía durar apenas unos minutos y, sin embargo, bastaba para dejar maravillada a toda una audiencia. Investigaciones del CONICET sobre la arquitectura y la cultura cinematográfica regional confirman esta transición desde teatros y cafés hacia espacios específicamente diseñados para exhibir cine. Aquella pequeña pantalla de 1899 representaba mucho más que una diversión pasajera. Era el símbolo de una Mendoza que estaba ingresando de lleno en la modernidad: ferrocarriles, inmigrantes, grandes bodegas, nuevas profesiones, crecimiento urbano y ahora también imágenes en movimiento. El cine había llegado casi como una curiosidad dentro de un espectáculo teatral, pero ya no se marcharía. Décadas después la provincia tendría una intensa cultura cinematográfica e incluso llegaría a desarrollar proyectos industriales propios. Todo comenzó, documentalmente, aquella noche en que los mendocinos descubrieron que una fotografía podía dejar de estar quieta. 🎞️🍷🏛️✨ #Mendoza #MendozAntigua #HistoriaDeMendoza #CineEnMendoza #CineArgentino #HistoriaDelCine #Cinematógrafo #Biógrafo #TeatroMunicipal #PlazaSanMartín #MendozaAntigua #Efemérides #SigloXIX #Vitivinicultura #Ferrocarril #Argentina #MendozaHistory #CinemaHistory #ArgentineCinema #EarlyCinema #SilentCinema #VintageMendoza #FilmHistory #ArgentinaHistory
Bienvenidos al sitio con mayor cantidad de Fotos antiguas de la provincia de Mendoza, Argentina. (mendozantigua@gmail.com) Para las nuevas generaciones, no se olviden que para que Uds. vivan como viven y tengan lo que tienen, primero fue necesario que pase y exista lo que existió... que importante sería que lo comprendan
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lunes, 7 de septiembre de 2026
🔥🎞️⚡ 16 DE AGOSTO DE 1899: CUANDO MENDOZA VIO COBRAR VIDA A LAS IMÁGENES… EL DÍA EN QUE EL CINE ENCENDIÓ SU PRIMERA PANTALLA 🎭🍷✨
A fines del siglo XIX, Mendoza estaba cambiando a una velocidad extraordinaria. La provincia que durante buena parte del siglo había mirado comercialmente hacia Chile mediante la ganadería comenzó a transformarse en un poderoso centro agroindustrial vinculado al mercado argentino. La llegada del ferrocarril en 1885, la inmigración europea, las inversiones, las nuevas tecnologías y las políticas impulsadas por la dirigencia local aceleraron la expansión de la vitivinicultura moderna. El cambio fue gigantesco: durante la década de 1890 se consolidó el nuevo modelo vitivinícola y, para 1899, Mendoza contabilizaba 1.084 bodegas; hacia 1902 ya se habían incorporado más de 20.000 hectáreas a la viticultura. El tren no solamente transportaba vino, trabajadores y maquinaria: también acercaba noticias, espectáculos, modas e inventos capaces de modificar la vida cotidiana. En medio de aquella Mendoza que descubría la electricidad, las nuevas comunicaciones y una sociedad cada vez más urbana, apareció una maravilla que parecía desafiar lo conocido: imágenes que se movían sobre una pantalla. El miércoles 16 de agosto de 1899 quedó registrado el que las investigaciones consideran el primer espectáculo cinematográfico público fehacientemente documentado en Mendoza. Tuvo lugar en el antiguo Teatro Municipal, frente a la entonces Plaza Cobos —actual Plaza San Martín—, apenas tres años después de que Buenos Aires hubiera presenciado una de sus primeras grandes exhibiciones cinematográficas en el Teatro Odeón, en julio de 1896. El historiador Javier Ozollo llegó a esta fecha después de revisar las noticias culturales de Los Andes desde 1895 y no hallar constancia de una función pública anterior; eso no excluye la posibilidad de alguna demostración privada previa, pero convierte al 16 de agosto de 1899 en el punto de partida documental más sólido de la historia del cine mendocino. Aquella función estuvo vinculada a la compañía de Eduardo Roldán y al denominado “Biógrafo Americano”. No existían todavía salas de cine como las conocerían las generaciones posteriores: las breves imágenes animadas aparecían intercaladas entre representaciones teatrales y números de variedades. Las investigaciones registran para aquella jornada piezas como “Juez y parte” y “Cuadros submarinos”; durante la noche también se proyectaron una corrida de toros y escenas de maniobras militares. Las cintas eran mudas, muy breves y utilizaban carteles explicativos. Para un público acostumbrado a fotografías, litografías y pinturas inmóviles, contemplar personas, animales y paisajes desplazándose ante sus ojos debió de resultar casi sobrenatural. La propia prensa mendocina destacó el asombro causado por aquella reproducción de “la vida y el movimiento”. Pero la novedad no quedó encerrada en el teatro. Durante los primeros años del siglo XX comenzaron a multiplicarse los llamados cafés-biógrafos, establecimientos que utilizaban las proyecciones como una poderosa atracción para reunir clientes. Algunos nombres quedaron asociados a aquella etapa pionera: La Chiquita, en la Alameda, y Los Leones y Furriol, sobre calle Belgrano. En determinados lugares las imágenes podían contemplarse incluso al aire libre mientras los asistentes bebían café, horchata o cerveza. Era un mundo anterior a las grandes salas, las marquesinas luminosas y los estrenos multitudinarios: una época en la que una película podía durar apenas unos minutos y, sin embargo, bastaba para dejar maravillada a toda una audiencia. Investigaciones del CONICET sobre la arquitectura y la cultura cinematográfica regional confirman esta transición desde teatros y cafés hacia espacios específicamente diseñados para exhibir cine. Aquella pequeña pantalla de 1899 representaba mucho más que una diversión pasajera. Era el símbolo de una Mendoza que estaba ingresando de lleno en la modernidad: ferrocarriles, inmigrantes, grandes bodegas, nuevas profesiones, crecimiento urbano y ahora también imágenes en movimiento. El cine había llegado casi como una curiosidad dentro de un espectáculo teatral, pero ya no se marcharía. Décadas después la provincia tendría una intensa cultura cinematográfica e incluso llegaría a desarrollar proyectos industriales propios. Todo comenzó, documentalmente, aquella noche en que los mendocinos descubrieron que una fotografía podía dejar de estar quieta. 🎞️🍷🏛️✨ #Mendoza #MendozAntigua #HistoriaDeMendoza #CineEnMendoza #CineArgentino #HistoriaDelCine #Cinematógrafo #Biógrafo #TeatroMunicipal #PlazaSanMartín #MendozaAntigua #Efemérides #SigloXIX #Vitivinicultura #Ferrocarril #Argentina #MendozaHistory #CinemaHistory #ArgentineCinema #EarlyCinema #SilentCinema #VintageMendoza #FilmHistory #ArgentinaHistory
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