jueves, 3 de septiembre de 2026

🔥🏔️ 3 DE SEPTIEMBRE DE 2012: EL DÍA EN QUE EL ACONCAGUA “CAMBIÓ DE ALTURA” Y MENDOZA VOLVIÓ A MEDIR EL TECHO DE AMÉRICA 🇦🇷📡


El 3 de septiembre de 2012, Mendoza fue escenario de un acontecimiento científico que modificó uno de los números más emblemáticos de la geografía argentina. A las 10:30, en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo, investigadores del Instituto Geográfico Nacional y del Programa SIGMA presentaron públicamente el resultado de dos años de trabajos en el gigante de los Andes: la nueva altura oficial del Aconcagua era de 6.960,8 metros sobre el nivel medio del mar. No era una cifra aproximada ni una simple lectura tomada por un montañista con un GPS portátil. Detrás de esos cuatro dígitos había campañas geodésicas realizadas durante 2011 y 2012, ascensos científicos, mediciones GPS de precisión y estudios gravimétricos destinados a relacionar la posición obtenida mediante satélites con una altura referida al nivel medio del mar. El propio IGN explica que el GPS trabaja respecto de un elipsoide matemático, mientras que para hablar rigurosamente de metros sobre el nivel del mar interviene el geoide, una superficie determinada por el campo de gravedad terrestre. Hasta entonces, la referencia histórica utilizada era de 6.959,6 metros, surgida de una medición realizada por el Instituto de Geodesia de la Universidad de Buenos Aires en 1956. La diferencia parecía espectacular: 1,2 metros. Los titulares podían decir que el Aconcagua había “crecido”, pero los propios científicos hicieron una advertencia fundamental: NO podía afirmarse eso. Sergio Címbaro, responsable de las mediciones del IGN, explicó que ambos valores habían sido obtenidos mediante tecnologías e instrumentos diferentes y, por lo tanto, no eran directamente comparables. En otras palabras, el 3 de septiembre de 2012 no se descubrió que la montaña hubiera aumentado físicamente 1,2 metros; lo que cambió fue la precisión con la que Argentina podía determinar oficialmente su altura. La campaña tuvo además un objetivo mucho mayor que resolver una cifra. El proyecto SIGMA estudiaba los desplazamientos de la corteza terrestre a lo largo de los Andes centrales, además de volcanes y glaciares, dentro de una extensa red científica. El IGN había llevado mediciones gravimétricas y GPS diferencial desde Mendoza hasta el Parque Provincial Aconcagua, trabajando en puntos como Plaza de Mulas, Plaza Canadá y Nido de Cóndores. Allí, cerca de los 5.400 metros, quedó instalada la estación GPS permanente NICO, concebida para registrar los movimientos de la corteza provocados por la tectónica y por grandes terremotos. La planificación técnica preveía combinar sus datos con nuevas observaciones GPS periódicas en la cumbre, permitiendo que, a partir de entonces, sí pudiera analizarse científicamente si la montaña experimentaba desplazamientos verticales con el paso de los años. El contexto geológico hacía aquella tarea todavía más fascinante. Los Andes son una cordillera tectónicamente activa y el proyecto también buscaba estudiar las consecuencias que el gigantesco terremoto de Chile del 27 de febrero de 2010 había producido sobre la red geodésica argentina. Medir el Aconcagua significaba, entonces, mucho más que ponerle una cifra a una montaña: significaba utilizar al Coloso de América como un enorme laboratorio natural para observar cómo se mueve una de las regiones tectónicas más activas del planeta. El trabajo reunió al Instituto Geográfico Nacional, la Universidad Nacional de Cuyo, las universidades nacionales de Rosario y San Juan y científicos vinculados al Programa SIGMA; la UNCuyo consignó además la participación de instituciones como IANIGLA-CONICET y otros organismos científicos y provinciales. La presentación técnica estuvo a cargo de Luis Lenzano, director de SIGMA, y Sergio Címbaro, del IGN. Así, aquel lunes 3 de septiembre de 2012, mientras el Aconcagua seguía exactamente donde había estado durante milenios, algo sí cambió en Mendoza: nuestra capacidad de conocerlo. Desde aquel día, 6.960,8 metros quedó como el valor anunciado oficialmente por el Instituto Geográfico Nacional para la montaña más alta de América y la máxima elevación de los hemisferios Sur y Occidental. No fue el día en que el Aconcagua “creció” 1,2 metros. Fue algo científicamente mucho más interesante: el día en que Argentina consiguió medir con tecnología moderna, GPS y gravedad, casi siete kilómetros de montaña hasta una precisión extraordinaria. Y ocurrió aquí, en Mendoza. El 3 de septiembre de 2012, Mendoza fue escenario de un acontecimiento científico que modificó uno de los números más emblemáticos de la geografía argentina. A las 10:30, en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo, investigadores del Instituto Geográfico Nacional y del Programa SIGMA presentaron públicamente el resultado de dos años de trabajos en el gigante de los Andes: la nueva altura oficial del Aconcagua era de 6.960,8 metros sobre el nivel medio del mar. No era una cifra aproximada ni una simple lectura tomada por un montañista con un GPS portátil. Detrás de esos cuatro dígitos había campañas geodésicas realizadas durante 2011 y 2012, ascensos científicos, mediciones GPS de precisión y estudios gravimétricos destinados a relacionar la posición obtenida mediante satélites con una altura referida al nivel medio del mar. El propio IGN explica que el GPS trabaja respecto de un elipsoide matemático, mientras que para hablar rigurosamente de metros sobre el nivel del mar interviene el geoide, una superficie determinada por el campo de gravedad terrestre. Hasta entonces, la referencia histórica utilizada era de 6.959,6 metros, surgida de una medición realizada por el Instituto de Geodesia de la Universidad de Buenos Aires en 1956. La diferencia parecía espectacular: 1,2 metros. Los titulares podían decir que el Aconcagua había “crecido”, pero los propios científicos hicieron una advertencia fundamental: NO podía afirmarse eso. Sergio Címbaro, responsable de las mediciones del IGN, explicó que ambos valores habían sido obtenidos mediante tecnologías e instrumentos diferentes y, por lo tanto, no eran directamente comparables. En otras palabras, el 3 de septiembre de 2012 no se descubrió que la montaña hubiera aumentado físicamente 1,2 metros; lo que cambió fue la precisión con la que Argentina podía determinar oficialmente su altura. La campaña tuvo además un objetivo mucho mayor que resolver una cifra. El proyecto SIGMA estudiaba los desplazamientos de la corteza terrestre a lo largo de los Andes centrales, además de volcanes y glaciares, dentro de una extensa red científica. El IGN había llevado mediciones gravimétricas y GPS diferencial desde Mendoza hasta el Parque Provincial Aconcagua, trabajando en puntos como Plaza de Mulas, Plaza Canadá y Nido de Cóndores. Allí, cerca de los 5.400 metros, quedó instalada la estación GPS permanente NICO, concebida para registrar los movimientos de la corteza provocados por la tectónica y por grandes terremotos. La planificación técnica preveía combinar sus datos con nuevas observaciones GPS periódicas en la cumbre, permitiendo que, a partir de entonces, sí pudiera analizarse científicamente si la montaña experimentaba desplazamientos verticales con el paso de los años. El contexto geológico hacía aquella tarea todavía más fascinante. Los Andes son una cordillera tectónicamente activa y el proyecto también buscaba estudiar las consecuencias que el gigantesco terremoto de Chile del 27 de febrero de 2010 había producido sobre la red geodésica argentina. Medir el Aconcagua significaba, entonces, mucho más que ponerle una cifra a una montaña: significaba utilizar al Coloso de América como un enorme laboratorio natural para observar cómo se mueve una de las regiones tectónicas más activas del planeta. El trabajo reunió al Instituto Geográfico Nacional, la Universidad Nacional de Cuyo, las universidades nacionales de Rosario y San Juan y científicos vinculados al Programa SIGMA; la UNCuyo consignó además la participación de instituciones como IANIGLA-CONICET y otros organismos científicos y provinciales. La presentación técnica estuvo a cargo de Luis Lenzano, director de SIGMA, y Sergio Címbaro, del IGN. Así, aquel lunes 3 de septiembre de 2012, mientras el Aconcagua seguía exactamente donde había estado durante milenios, algo sí cambió en Mendoza: nuestra capacidad de conocerlo. Desde aquel día, 6.960,8 metros quedó como el valor anunciado oficialmente por el Instituto Geográfico Nacional para la montaña más alta de América y la máxima elevación de los hemisferios Sur y Occidental. No fue el día en que el Aconcagua “creció” 1,2 metros. Fue algo científicamente mucho más interesante: el día en que Argentina consiguió medir con tecnología moderna, GPS y gravedad, casi siete kilómetros de montaña hasta una precisión extraordinaria. Y ocurrió aquí, en Mendoza. #Aconcagua #Mendoza #MendozAntigua #Efemérides #HistoriaDeMendoza #CordilleraDeLosAndes #Andes #Argentina #Montañismo #AltaMontaña #Geodesia #CienciaArgentina #UNCuyo #InstitutoGeográficoNacional #IGN #ProgramaSIGMA #TechoDeAmérica #HistoriaArgentina #GPS #Gravimetría #MountAconcagua #MendozaArgentina #AndesMountains #Mountaineering #ArgentineHistory #Geodesy #ScienceHistory #HighestPeak #SouthAmerica #Argentina


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